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Hermanos gemelos y jimin

Fandom: Vmin

Creado: 18/10/2026

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RomanceDramaAngustiaPsicológicoOscuroCelosEstudio de Personaje
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El reflejo del engaño

La penumbra de la habitación estaba impregnada con el aroma a sándalo y lluvia, el perfume característico que siempre inundaba el apartamento de los gemelos Kim. Taehyung estaba sentado en el borde de la cama, con la mirada perdida en el ventanal donde las luces de Seúl parpadeaban como estrellas distantes. Llevaba puesta una bata de seda negra, idéntica a la que su hermano, Taehaa, solía usar para dormir.

Había algo doloroso en ser el espejo de alguien más. Taehyung y Taehaa no solo compartían el rostro, sino los gestos, el tono de voz y, a veces, incluso los suspiros. Pero había una diferencia abismal que nadie parecía notar, excepto el propio Taehyung: su corazón latía por la única persona que no podía tener.

Park Jimin.

Jimin era el novio de Taehaa. Era la risa que llenaba los pasillos, las manos cálidas que siempre buscaban el contacto y los ojos que brillaban con una devoción que Taehyung envidiaba desde las sombras. Esa noche, Taehaa había salido tarde por una emergencia en el trabajo, olvidando avisar a Jimin que no llegaría a tiempo para su aniversario mensual.

Cuando la puerta de la habitación se abrió suavemente, Taehyung contuvo el aliento. Sabía que debía hablar, que debía encender la luz y decir: "Soy yo, Jimin, Taehaa no está". Pero el silencio se volvió un cómplice oscuro.

—¿Tae? —La voz de Jimin era un susurro dulce, cargado de un cansancio amoroso—. Siento haber tardado tanto, el tráfico estaba terrible.

Taehyung no respondió con palabras. Se limitó a asentir ligeramente, manteniendo el rostro en la penumbra. El corazón le golpeaba las costillas con tal fuerza que temió que Jimin pudiera escucharlo.

Jimin se acercó, dejando caer su chaqueta en una silla antes de sentarse detrás de Taehyung. Unas manos pequeñas y suaves rodearon su cintura, y el calor del cuerpo de Jimin se filtró a través de la seda de la bata.

—Estás muy callado hoy —murmuró Jimin, dejando un beso húmedo en la curva de su cuello—. ¿Estás enfadado conmigo por la tardanza?

Taehyung cerró los ojos con fuerza. El contacto era eléctrico, una descarga que recorrió su columna vertebral. Negó con la cabeza y se giró lentamente, permitiendo que la escasa luz de la luna delineara su perfil. En la oscuridad, las diferencias entre los gemelos desaparecían. La pequeña peca en la nariz de Taehyung quedaba oculta, y su mirada, usualmente más profunda y melancólica que la de su hermano, era interpretada por Jimin como deseo.

—No... —susurró Taehyung, forzando su voz a un tono más suave, imitando la cadencia ligera de Taehaa—. Solo te extrañaba.

Jimin sonrió, esa sonrisa que hacía que sus ojos desaparecieran en dos medias lunas encantadoras. Sin esperar más, acortó la distancia y unió sus labios con los de Taehyung.

El beso fue hambriento, desesperado. Jimin besaba con la familiaridad de quien conoce cada rincón de la boca del otro, pero para Taehyung, era un territorio virgen y sagrado. Sus manos, temblorosas al principio, subieron para enredarse en el cabello rubio de Jimin, atrayéndolo más hacia él.

—Tae... —jadeó Jimin contra sus labios—. Estás especialmente cariñoso esta noche. Me encanta.

Jimin no perdió tiempo. Con un movimiento ágil, empujó a Taehyung hacia atrás sobre los edredones de seda. Se posicionó sobre él, horcajadas sobre sus muslos, y comenzó a desabrochar los botones de su propia camisa con dedos impacientes.

Taehyung observaba cada movimiento con una mezcla de pavor y éxtasis. Sabía que esto era una traición, un pecado que no tendría perdón, pero el hambre de años de ser el observador invisible lo venció. Quería ser amado por Jimin, aunque fuera bajo una identidad falsa. Quería sentir esas manos recorriendo su piel, aunque Jimin estuviera imaginando a otro hombre.

—Mírame —pidió Jimin en voz baja, su rostro a escasos centímetros del de Taehyung.

Taehyung lo miró. Sus ojos oscuros brillaban con una intensidad que Jimin confundió con pasión desenfrenada.

—Te amo tanto, Taehaa —susurró Jimin antes de volver a besarlo.

Ese nombre fue como una puñalada en el pecho de Taehyung, pero la sensación de la lengua de Jimin explorando la suya ahogó el dolor físico. Jimin comenzó a bajar la bata de los hombros de Taehyung, dejando su pecho al descubierto. Sus manos descendieron, acariciando la piel firme, trazando líneas de fuego que hacían que Taehyung arqueara la espalda.

—Ah... Jimin —gimió Taehyung, su voz rompiéndose.

Jimin se detuvo un segundo, sorprendido por la profundidad del tono, pero la lujuria era demasiado fuerte. Bajó la cabeza para succionar la piel sensible de la clavícula de Taehyung, marcándolo, reclamándolo como suyo.

—Hoy te sientes diferente —murmuró Jimin entre besos—, tu piel huele más a ti... no sé cómo explicarlo. Me vuelves loco.

—Entonces no hables —respondió Taehyung, agarrando a Jimin por la nuca para obligarlo a subir de nuevo—. Solo hazlo. Hazme tuyo.

Jimin soltó una risa ronca, una vibración que Taehyung sintió contra su propio pecho. Sin más preámbulos, Jimin se deshizo del resto de su ropa y ayudó a Taehyung a quedar completamente desnudo bajo él. La piel contra piel fue una explosión de sensaciones. Jimin era fuego y Taehyung era cera derritiéndose bajo su tacto.

Jimin comenzó a moverse, sus manos explorando cada centímetro del cuerpo de Taehyung con una devoción casi religiosa. Lo montó con una confianza que hablaba de meses de intimidad, sus caderas moviéndose en un ritmo hipnótico que sacaba jadeos entrecortados de la garganta de Taehyung.

—Eres perfecto —susurraba Jimin, sudoroso, con el cabello alborotado y los labios hinchados—. Siempre eres tan perfecto para mí.

Taehyung lo sujetó por la cintura, hundiendo sus dedos en la carne suave de Jimin, guiando sus movimientos. Por un momento, se permitió olvidar que era Taehyung. Se permitió creer que esos "te amo" eran para él, que ese cuerpo que se entregaba con tanta pasión era suyo por derecho.

El clímax llegó como una ola devastadora. Jimin se arqueó, gritando el nombre de Taehaa mientras se deshacía en los brazos de Taehyung. Taehyung, por su parte, alcanzó su propio límite segundos después, enterrando su rostro en el cuello de Jimin para ocultar las lágrimas que comenzaban a brotar de sus ojos.

El silencio que siguió fue pesado, solo roto por el sonido de sus respiraciones agitadas. Jimin se desplomó sobre el pecho de Taehyung, buscando su calor, con el corazón latiendo a mil por hora.

—Eso fue... increíble —dijo Jimin, recuperando el aliento—. Nunca había sido tan intenso, Tae.

Taehyung no podía hablar. El nudo en su garganta era demasiado grande. Se limitó a acariciar el cabello de Jimin, sintiendo la suavidad de las hebras entre sus dedos. Sabía que en cualquier momento la realidad golpearía la puerta.

Y así fue.

El sonido de una llave girando en la cerradura de la puerta principal resonó en el apartamento silencioso.

—¡Ya llegué! —La voz de Taehaa, clara y vibrante, llegó desde la sala—. ¡Jimin, lo siento mucho! El jefe me retuvo más de la cuenta. ¿Estás aquí?

El cuerpo de Jimin se tensó instantáneamente. Se incorporó sobre sus codos, con los ojos abiertos de par en par por la confusión y el miedo. Miró hacia la puerta de la habitación y luego bajó la vista hacia el hombre que estaba debajo de él.

Taehyung no se movió. Se quedó allí, desnudo y expuesto, con la verdad escrita en sus ojos tristes.

—¿Taehaa? —preguntó Jimin, su voz temblando. Miró hacia la puerta de nuevo y luego volvió a mirar a Taehyung—. Si él está allá fuera... ¿quién...?

Jimin retrocedió, bajándose de la cama como si el contacto con la piel de Taehyung lo quemara. La luz del pasillo se filtró cuando la puerta de la habitación se abrió por completo, y Taehaa apareció allí, todavía con su traje de oficina, sosteniendo un ramo de flores.

Taehaa se detuvo en seco. Su mirada viajó de un Jimin semidesnudo y aterrorizado a la figura de su gemelo en la cama, deshecho y con la mirada perdida.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Taehaa, su voz apenas un hilo, mientras las flores caían al suelo.

Jimin miró a Taehyung, y por primera vez en toda la noche, realmente lo vio. Vio la pequeña peca en la punta de su nariz que Taehaa no tenía. Vio la cicatriz casi imperceptible en su hombro de una caída en la infancia. Vio el dolor crudo en sus ojos que nunca había visto en los de su novio.

—Taehyung... —susurró Jimin, el nombre cayendo de sus labios como una maldición.

Taehyung se sentó lentamente, cubriéndose con la sábana, pero no bajó la cabeza. El daño estaba hecho.

—Él pensó que eras yo —dijo Taehaa, dando un paso hacia atrás, con la traición grabada en el rostro—. Taehyung, ¿cómo pudiste?

—No lo detuve —confesó Taehyung, su voz ronca y desprovista de emoción—. No pude detenerlo.

Jimin se cubrió la cara con las manos, soltando un sollozo ahogado. La comprensión de lo que acababa de hacer, de la intimidad que había compartido con el hombre equivocado, lo golpeó con la fuerza de un huracán.

—Yo... yo te toqué —dijo Jimin, mirando a Taehyung con una mezcla de horror y algo que Taehyung no pudo identificar—. Te dije que te amaba. Pensé que eras...

—Lo sé —lo interrumpió Taehyung, poniéndose de pie y caminando hacia el armario para buscar algo de ropa—. Sé perfectamente a quién amabas, Jimin. Pero por una hora... por una maldita hora, fuiste mío.

Taehaa soltó una risa amarga, sus ojos llenos de lágrimas.

—Es mi hermano, Taehyung. Es mi novio. ¿Tan poco te importo?

Taehyung se detuvo con la camisa en la mano y miró a su gemelo.

—Te importa tanto a ti como a mí me importa él —respondió Taehyung con frialdad—. Siempre nos hemos dividido todo, Taehaa. La ropa, los juguetes, las notas. Pero esto... esto era lo único que yo quería para mí solo. Y sabía que nunca lo tendría de otra forma.

Jimin se vistió a toda prisa, sus manos temblaban tanto que apenas podía subir la cremallera de sus pantalones. No podía mirar a ninguno de los dos. Se sentía sucio, utilizado, pero al mismo tiempo, una parte oscura y profunda de su mente recordaba la intensidad de los toques de Taehyung, la forma en que su cuerpo había respondido a él con una ferocidad que nunca había experimentado con Taehaa.

—Me voy —dijo Jimin, dirigiéndose a la puerta sin mirar atrás.

—¡Jimin, espera! —gritó Taehaa, intentando detenerlo, pero Jimin lo esquivó, saliendo del apartamento y cerrando la puerta con un golpe seco.

El silencio que quedó en la habitación era asfixiante. Los dos hermanos se quedaron frente a frente, dos reflejos exactos en el exterior, pero mundos completamente diferentes en el interior.

—Lo has arruinado todo —dijo Taehaa con voz quebrada.

—No —respondió Taehyung, terminando de vestirse—. Solo he mostrado la verdad. Él no pudo notar la diferencia, Taehaa. Tu gran amor no supo distinguir entre tú y yo en la cama. ¿Qué dice eso de tu relación?

Taehaa no respondió. Se dejó caer en la cama, la misma cama que todavía guardaba el calor de Jimin y Taehyung, y comenzó a llorar en silencio.

Taehyung salió de la habitación. Sabía que Jimin estaría abajo, en el portal, tratando de asimilar lo ocurrido. Y aunque sabía que lo que había hecho era imperdonable, mientras caminaba hacia el ascensor, todavía podía sentir el sabor de Jimin en sus labios y el calor de su cuerpo contra el suyo.

Había sido un engaño, sí. Pero para Taehyung, había sido el único momento de su vida en el que se había sentido verdaderamente vivo.

Al llegar a la calle, vio a Jimin apoyado contra un poste de luz, con la cabeza baja. Taehyung se acercó lentamente. Jimin levantó la vista, y por un segundo, la ira en sus ojos fue reemplazada por una confusión dolorosa.

—No me sigas —advirtió Jimin.

—No lo hago —dijo Taehyung—. Solo quería decirte que... no me arrepiento.

Jimin apretó los puños.

—Me usaste. Usaste a tu hermano.

—Tú también me usaste, Jimin —replicó Taehyung con una sonrisa triste—. Usaste mi cuerpo para saciar un deseo que Taehaa no te estaba dando esa noche. Y lo disfrutaste. No mientas.

Jimin abrió la boca para protestar, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Recordó la forma en que Taehyung lo había sujetado, la profundidad de sus gemidos, la pasión cruda que lo había envuelto. No era la dulzura de Taehaa. Era algo más oscuro, más atrayente.

—Vete al diablo, Taehyung —dijo Jimin, dándose la vuelta y caminando hacia la oscuridad de la noche.

Taehyung lo vio alejarse, sabiendo que nada volvería a ser igual. Había roto su familia, había traicionado a su gemelo y había manchado el amor de Jimin. Pero mientras el viento frío de Seúl le golpeaba el rostro, Taehyung cerró los ojos y recordó el peso de Jimin sobre él.

A veces, el reflejo del engaño es lo único real que tenemos.

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