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Experimentando el amor

Fandom: Meovv

Creado: 20/10/2026

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El eco del silencio incómodo

La sala de prácticas de The Black Label solía estar llena de risas, el sonido rítmico de las zapatillas contra el suelo de madera y la energía inagotable de cinco chicas persiguiendo un mismo sueño. Sin embargo, para Gawon, el aire se sentía más pesado de lo habitual. Cada vez que su mirada se cruzaba con la de Ella a través del enorme espejo frontal, sentía un pinchazo en el pecho que la obligaba a desviar la vista hacia sus propios pies.

Gawon siempre había sido el pilar silencioso de Meovv. A sus veintiún años, su naturaleza protectora y madura la convertía en la "mamá" del grupo, pero detrás de esa fachada de serenidad, libraba una batalla interna que amenazaba con desbordarla. Estaba enamorada de Ella Gross. Y ese sentimiento, lejos de ser una fuente de alegría, se había convertido en una carga de inseguridades.

—¡Cinco minutos de descanso! —exclamó Sooin, dejándose caer al suelo mientras buscaba su botella de agua.

Ella, fiel a su personalidad hiperactiva, no se sentó. En su lugar, comenzó a dar saltitos hacia Gawon, con esa sonrisa traviesa que siempre lograba desarmar a la mayor.

—¡Gawonnie! ¿Viste mi giro en el segundo estribillo? Estuvo perfecto, ¿verdad? —Ella se acercó tanto que Gawon pudo oler el suave aroma a melocotón de su perfume mezclado con el sudor del esfuerzo—. ¡Dime que sí!

Normalmente, Gawon habría rodeado los hombros de Ella, le habría revuelto el cabello y le habría soltado algún comentario meloso sobre lo orgullosa que estaba de su "pequeña". Pero hoy, las palabras de su terapeuta y las voces de su propia duda resonaban en su cabeza. Ella es menor. Ella no te ve así. Ella nunca aceptaría a alguien como tú. La realidad de ser intersexual siempre había sido su mayor secreto y su mayor miedo; la idea de que Ella la viera con rechazo o confusión era algo que Gawon no podría soportar.

—Sí, estuvo bien, Ella —respondió Gawon con una voz plana, dando un paso lateral para recoger su toalla, rompiendo el espacio personal que la menor acababa de invadir—. Sigue practicando así.

Ella se quedó estática, con la mano a medio camino de agarrar el brazo de Gawon. Sus ojos grandes y expresivos parpadearon con desconcierto.

—¿"Estuvo bien"? ¿Solo eso? —preguntó Ella, ladeando la cabeza—. Usualmente dices que soy la mejor bailarina del universo y me das un abrazo que casi me asfixia. ¿Estás enferma?

—Solo estoy cansada —mintió Gawon sin mirarla—. Voy a buscar un poco de aire al pasillo.

Gawon salió de la sala sin esperar respuesta, dejando tras de sí un silencio gélido que Narin y Anna notaron de inmediato.

Ella se quedó mirando la puerta cerrada, frunciendo el ceño. Durante meses, se había quejado —en broma, por supuesto— de lo empalagosa que podía ser Gawon. Le molestaba que la tratara como a una bebé, que le apretara las mejillas o que buscara su mano en cada entrevista. Pero ahora que ese contacto había desaparecido de golpe, el vacío se sentía como un abismo.

—¿Qué le pasa? —susurró Ella, acercándose a Narin, quien estaba estirando en una esquina.

Narin, que siempre tenía una percepción aguda de las dinámicas del grupo, suspiró y miró a la menor con una mezcla de lástima y cautela.

—No lo sé, Ella. Tal vez de verdad está cansada. El comeback está cerca.

—No es eso —insistió Ella, sentándose al lado de Narin—. Lleva tres días evitándome. Ayer intenté quitarle un poco de su ramen y ni siquiera me regañó, simplemente me dio el cuenco entero y se fue a su habitación. ¡A Gawon le encanta su ramen! Y hoy... ni siquiera me miró a los ojos.

Narin dejó de estirar y observó la genuina angustia en el rostro de Ella. La pequeña del grupo, a punto de cumplir los dieciocho, solía ser un torbellino de energía y sarcasmo, pero ahora parecía una niña perdida.

—¿Por qué te importa tanto? —preguntó Narin con curiosidad—. Siempre dices que Gawon es demasiado pesada contigo.

—¡Porque es mi Gawonnie! —exclamó Ella, y luego bajó la voz, dándose cuenta de lo posesiva que había sonado—. O sea... es la dinámica del grupo. Si ella deja de ser ella misma, todo se siente raro. Extraño sus abrazos molestos. Extraño que me diga cosas cursis. Es... es incómodo que no lo haga.

Narin guardó silencio un momento, debatiéndose si debía intervenir en los complicados sentimientos de sus compañeras. Sabía que Gawon estaba sufriendo, aunque no conocía todos los detalles de su inseguridad.

—Tal vez ella piensa que a ti no te gusta que sea así —dijo Narin finalmente—. Piénsalo, Ella. Siempre te quejas. Quizás ella finalmente decidió darte el espacio que creía que querías.

Ella sintió un vuelco en el corazón. ¿Había sido tan dura con Gawon que la había alejado? La idea de que Gawon hubiera decidido, conscientemente, dejar de quererla de esa forma tan pública y cálida, le dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—Pero yo no quería que se detuviera de verdad —susurró Ella, tirando de un hilo suelto de sus pantalones de chándal—. Solo era... nuestra forma de ser.


Esa noche, en el dormitorio, el ambiente era tenso. Sooin y Anna estaban viendo un drama en el salón, mientras que Gawon se había encerrado temprano en la habitación que compartía con Narin.

Ella caminaba de un lado a otro en el pasillo. Su mente no dejaba de dar vueltas. Extrañaba la seguridad que sentía cuando Gawon estaba cerca. Extrañaba cómo la mayor siempre se aseguraba de que hubiera comido, o cómo le ponía la manta encima cuando se quedaba dormida en el sofá. Sin esas pequeñas muestras de afecto, Ella se sentía extrañamente vulnerable.

Finalmente, tomó aire y llamó a la puerta de la habitación de Gawon.

—¿Gawon? ¿Estás despierta? —preguntó en voz baja.

No hubo respuesta inmediata. Unos segundos después, la puerta se abrió apenas unos centímetros. Gawon apareció con el cabello desordenado y los ojos ligeramente enrojecidos, como si hubiera estado luchando contra el sueño o contra las lágrimas.

—Es tarde, Ella. Deberías ir a dormir, mañana tenemos grabación a las seis.

—No puedo dormir —dijo Ella, empujando suavemente la puerta para entrar—. Necesito hablar contigo.

Gawon retrocedió, manteniendo una distancia prudencial. Se sentó en el borde de su cama, evitando el contacto visual.

—Si es por la coreografía, podemos revisarla mañana...

—No es por la coreografía y lo sabes —la interrumpió Ella, plantándose frente a ella—. ¿Qué hice, Gawon?

Gawon levantó la vista, sorprendida por la franqueza en la voz de la menor.

—No has hecho nada, Ella. No sé de qué hablas.

—¡Mientes! —Ella cruzó los brazos sobre el pecho—. Ya no me abrazas. Ya no te burlas de mis chistes malos. Ni siquiera te sientas a mi lado en la furgoneta. Si hice algo que te molestó, dímelo, pero no me trates como a una extraña. No lo soporto.

Gawon sintió que el nudo en su garganta se apretaba. Quería estirar la mano, tomar a Ella de la cintura y decirle que la amaba tanto que le dolía respirar. Pero el miedo era un muro infranqueable.

—Solo estoy tratando de ser más profesional —respondió Gawon,

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