
Mi hija..
Fandom: Marvel
Creado: 21/10/2026
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El silencio tras el estruendo
La lluvia de escombros y el polvo en suspensión creaban una neblina grisácea que envolvía las ruinas del complejo de la bruja. El aire apestaba a ozono, a magia oscura residual y a la inconfundible fragilidad de la vida humana. Peter Parker, bajo la máscara de Spider-Man, sentía que el corazón le martilleaba contra las costillas con una fuerza dolorosa. Sus sentidos arácnidos, normalmente una sinfonía de advertencias, ahora solo emitían un zumbido sordo y estático, como si el mundo mismo estuviera en shock.
A unos metros, la ambulancia cerró sus puertas traseras con un golpe seco y metálico que resonó en el vacío de la calle. Dentro iba ella. La niña que Peter no sabía que existía. La niña que Wade Wilson, el mercenario bocazas que nunca se tomaba nada en serio, había intentado proteger con una desesperación que ahora cobraba un sentido aterrador.
Wade estaba allí, de pie, frente a las puertas cerradas del vehículo de emergencias. No llevaba su traje rojo y negro habitual; vestía aquel atuendo oscuro, una capucha que ocultaba su rostro y que parecía absorber la poca luz que quedaba en el atardecer. Sus hombros, normalmente anchos y altivos, estaban hundidos. Sus manos, enguantadas y manchadas de hollín y sangre, temblaban en el aire, trazando movimientos erráticos, como si quisiera tocar el metal de la ambulancia pero temiera que su mero contacto terminara de romper lo poco que quedaba en pie.
Peter dio un paso adelante, sintiendo el peso de su propio traje, el peso de su justicia y de su moralidad, que de repente se sentía como una armadura demasiado pequeña y sofocante.
—Wade... —La voz de Peter salió quebrada, apenas un susurro que el viento casi se lleva.
El mercenario no se movió. Su respiración era errática, un sonido sibilante y rápido que delataba una hiperventilación severa. El hombre que siempre tenía un chiste de mal gusto, que siempre comentaba lo bien que le sentaba el traje de Spidey en la parte trasera, que siempre buscaba una reacción, ahora era un pozo de silencio absoluto. Y ese silencio daba más miedo que cualquier villano al que Peter se hubiera enfrentado.
—Wade, escúchame —insistió Peter, acercándose un poco más, extendiendo una mano enguantada—. Yo no lo sabía. Si hubiera sabido que ella estaba aquí, si hubiera entendido por qué estabas trabajando para esa mujer...
Deadpool comenzó a girar la cabeza. Fue un movimiento lento, casi mecánico, como si le costara mover los músculos del cuello. Cuando finalmente se enfrentó a Spider-Man, la máscara negra no permitía ver sus ojos, pero Peter podía sentir la mirada gélida y vacía que emanaba de detrás de la tela.
—Te lo pedí —dijo Wade. Su voz no era la habitual, no tenía ese tono rasposo y juguetón. Era una voz muerta, plana, carente de cualquier rastro de humanidad—. Te pedí una sola cosa, Spidey. Una. Sola. Cosa.
—Pensé que estabas en peligro, que ella te estaba obligando a hacer algo terrible —trató de explicar Peter, dando un paso más, desesperado por cerrar la brecha emocional que se acababa de abrir—. Los Avengers... recibimos un informe de actividad mutante ilegal. Yo solo quería ayudarte.
Wade soltó una risa seca, un sonido carente de alegría que hizo que a Peter se le erizara el vello de la nuca.
—¿Ayudarme? No, Petey. No viniste a ayudarme. Viniste a detener al monstruo. Porque eso es lo que soy para ti, ¿verdad? —Wade dio un paso hacia él, y por primera vez en años, Peter sintió el impulso instintivo de retroceder—. Siempre soy el mercenario inestable, el chiste con patas, el tipo al que hay que vigilar. No podías simplemente confiar en que, por una vez en mi miserable vida, sabía exactamente lo que estaba haciendo.
—¡No es así! —exclamó Peter, con la voz cargada de una culpa que lo estaba devorando vivo—. Confío en ti, Wade. Pero esto... una niña, tu hija... ¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque sabía que pasaría esto —respondió Wade, señalando con un gesto violento hacia la ambulancia que empezaba a alejarse con las sirenas apagadas, un presagio funesto—. La escondí en Brasil. Lejos de los satélites de Stark, lejos de los archivos de SHIELD, lejos de todo este mundo de mierda. Estaba a salvo hasta que esa bruja de otra dimensión la encontró. Y la única forma de mantenerla con vida era seguirle el juego hasta encontrar una salida.
Wade se acercó más, invadiendo el espacio personal de Peter. A pesar de la máscara, Peter podía imaginar perfectamente los rasgos afilados de Wade, su cabello rubio y esa cara que, en su forma civil, era injustamente perfecta para alguien con un alma tan atormentada.
—Te rogué que te fueras —susurró Wade, y esta vez su voz tembló de pura rabia contenida—. Te puse las manos en los hombros y te supliqué. No como Deadpool, sino como un hombre que no tenía nada más que perder. Pero claro, el gran Spider-Man no puede dejar que un criminal se salga con la suya. Tenías que investigar. Tenías que traer a tus amigos. Tenías que causar este caos.
—Wade, ella va a estar bien, los médicos de la Torre... —empezó Peter, pero Wade lo cortó en seco.
—No vuelvas a mencionarla. No tienes derecho.
El silencio volvió a caer sobre ellos, más pesado que antes. Los equipos de rescate y otros miembros de los Avengers se movían a lo lejos, entre las luces azules y rojas de las patrullas, pero en ese rincón de la calle, solo existían ellos dos y el abismo que los separaba.
Peter bajó la cabeza. El remordimiento era una piedra en su estómago. Recordó el momento, días atrás, cuando Wade lo había agarrado en aquel pasillo oscuro de la base. Recordó la urgencia en sus manos, el tono de su voz que él había interpretado como simple nerviosismo o una de sus tantas bromas pesadas. Si tan solo se hubiera detenido a escuchar de verdad. Si tan solo no hubiera asumido que Wade Wilson siempre era el problema que necesitaba ser resuelto.
—Lo siento —dijo Peter, y esta vez su voz era firme, aunque cargada de dolor—. Sé que no significa nada ahora, pero lo siento de verdad.
Wade guardó silencio durante un largo minuto. La lluvia empezó a caer, finas gotas que se mezclaban con el hollín en sus trajes.
—Eso es lo que más duele, Spidey —dijo Wade finalmente, retrocediendo hacia las sombras de un callejón cercano—. Que ni siquiera me veías como a alguien que pudiera tener algo que proteger. Para ti, solo soy el monstruo que hace chistes sobre tu trasero.
—Wade, espera...
—No me sigas —advirtió el mercenario, y había una frialdad en su tono que Peter nunca había escuchado antes. Era la voz de alguien que acababa de cerrar una puerta por dentro—. Has hecho suficiente por hoy. Ve a celebrar tu victoria con los héroes. Yo tengo que recoger los pedazos de lo que dejaste.
Wade Wilson se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la oscuridad. Su figura, envuelta en la capa negra, parecía desvanecerse, integrándose con las sombras del callejón.
Peter extendió una mano, pero sus dedos solo atraparon el aire frío y húmedo. Quería quitarse la máscara, mostrarle a Wade sus propios ojos, los ojos color avellana que Wade siempre decía que parecían de bambi, y rogarle que no se fuera así. Quería decirle que bajo el traje de Spider-Man solo había un chico de universidad que cometía errores, que también tenía miedo y que, a pesar de todo, lo consideraba su mejor amigo.
Pero las palabras se quedaron atascadas en su garganta. Se quedó allí, bajo la lluvia, viendo cómo el hombre que siempre lo hacía reír, el hombre que lo sacaba de quicio con sus flirteos constantes, desaparecía sin mirar atrás.
El gran Spider-Man, el héroe de Nueva York, se sintió de repente muy pequeño. La victoria de haber derrotado a la bruja y rescatado a los cautivos sabía a ceniza. Porque en el proceso, había destruido lo único sagrado que Wade Wilson poseía: su confianza.
Peter se dio la vuelta, mirando hacia donde los Avengers terminaban de asegurar la zona. Tony le haría preguntas, Steve le pediría un informe. Y él tendría que poner su mejor cara de héroe, esconder sus ojos de bambi tras los lentes blancos de su máscara y fingir que no acababa de perder algo que ni siquiera sabía que tenía hasta que fue demasiado tarde.
Mientras se alejaba, una última frase de Wade resonó en su mente, una que no había dicho, pero que Peter podía sentir en el aire: "Confiar es más peligroso que cualquier bala".
Y por primera vez en su carrera como héroe, Peter Parker deseó no tener poderes, para no haber tenido que estar allí, para no haber sido el responsable de ese silencio ensordecedor que ahora lo acompañaría en cada patrullaje nocturno, buscando una mancha roja y negra que, temía, no volvería a ver en mucho, mucho tiempo.
