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Mi profesor favorito

Fandom: Harry Potter

Creado: 23/10/2026

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RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloFantasíaEstudio de PersonajeAmbientación CanonDivergencia
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Sombras en la mazmorra

El castillo de Hogwarts vibraba con una energía que Luka Black encontraba insoportable. Los pasillos, usualmente fríos y solemnes, estaban decorados con guirnaldas mágicas que emitían un brillo plateado, y el eco de las risas de los estudiantes que se preparaban para el Baile de Navidad resonaba incluso en los rincones más profundos. Pero para Luka, el mundo se había detenido esa misma mañana, cuando el titular de El Profeta gritó desde la mesa del Gran Comedor: «Sirius Black escapa de Azkaban».

Luka no se había puesto su túnica de gala. No le importaba el color de la corbata ni quién sería su pareja. Mientras el resto del colegio se dirigía hacia el Gran Comedor, transformado en un palacio de hielo para la ocasión, él caminó en dirección opuesta. Sus pasos lo llevaron hacia abajo, donde el aire se volvía más denso y el aroma a musgo y caldero viejo reemplazaba el perfume de las flores mágicas.

Las mazmorras eran su refugio. O, al menos, el único lugar donde sentía que el apellido que pesaba sobre sus hombros como una losa de plomo no lo asfixiaría ante la mirada de cientos de personas.

Se sentó en un rincón oscuro de la sala común de Slytherin, frente a una chimenea que apenas emitía un resplandor verdoso. El silencio era absoluto, roto solo por el crujido ocasional de la leña y el chapoteo del agua del Lago Negro contra los ventanales reforzados.

—Deberías estar arriba, presumiendo esa elegancia que tanto te esfuerzas en ocultar.

La voz, profunda y cargada de una mezcla de severidad y algo que Luka no lograba descifrar, lo hizo sobresaltarse. No necesitaba girarse para saber quién era.

—No tengo nada que celebrar, profesor —respondió Luka, manteniendo la vista fija en las brasas.

Severus Snape emergió de las sombras con la fluidez de un espectro. No vestía sus túnicas de gala, sino su habitual atuendo negro, abotonado hasta la barbilla. Se detuvo a unos pasos de Luka, observando la postura derrotada del joven. Sus ojos negros, usualmente gélidos, se suavizaron apenas una fracción al notar el temblor en las manos del chico.

—La noticia ha causado un revuelo innecesario —dijo Snape, cruzando los brazos—. El director cree que el castillo es seguro.

Luka soltó una risa seca, carente de humor.

—¿Seguro? Mi padre es el primer hombre en burlar la seguridad de Azkaban, señor. Si ha salido, no es para irse de vacaciones. Todo el mundo me mira como si fuera a abrirle la puerta principal. O peor, como si fuera a convertirme en él en cualquier momento.

Snape guardó silencio durante un largo minuto. Se acercó un poco más, rompiendo la barrera de distancia profesional que siempre intentaba mantener, aunque cada vez le resultaba más difícil cuando se trataba de Luka. Desde el primer día que el chico puso un pie en su aula, Severus había sentido una punzada de algo que no era odio, ni tampoco la amargura que sentía por Sirius Black. Era una fascinación peligrosa por la mezcla de vulnerabilidad y fuego que Luka poseía.

—Tú no eres él —sentenció Snape con firmeza—. Tienes su sangre, sí. Tienes su imprudencia ocasional. Pero no eres un asesino, ni un traidor.

Luka levantó la mirada, encontrándose con la intensidad del profesor.

—¿Cómo puede estar tan seguro? Usted lo conoció. Usted lo odia.

—Precisamente porque lo conocí —replicó Severus, bajando la voz hasta convertirla en un susurro magnético—, sé distinguir entre el hombre que él era y el hombre en el que tú te estás convirtiendo. Él era ruido y arrogancia. Tú eres... otra cosa.

Luka sintió un nudo en la garganta. La presencia de Snape siempre le resultaba imponente, pero en la soledad de las mazmorras, esa autoridad se transformaba en algo mucho más íntimo y perturbador.

—¿Por qué no está en el baile, profesor? —preguntó Luka, intentando desviar el tema—. Se supone que los jefes de casa deben supervisar.

—Karkarov y Dumbledore tienen suficiente con sus propios secretos como para notar mi ausencia —respondió Snape, sentándose con elegancia en la butaca frente a Luka—. Además, prefiero la compañía del silencio a la de adolescentes eufóricos y música mediocre.

—Entonces estamos igual —dijo Luka con una pequeña sonrisa triste.

—No exactamente —Snape lo observó con detenimiento—. Yo estoy aquí por elección. Tú estás aquí por miedo.

—No tengo miedo de él —replicó Luka rápidamente, aunque su voz flaqueó—. Tengo miedo de lo que su regreso le haga a mi vida. Apenas estaba logrando que la gente olvidara mi apellido. Ahora... ahora volveré a ser el hijo del monstruo.

Snape se inclinó hacia adelante. El resplandor verde de la chimenea acentuaba las líneas de su rostro, dándole un aspecto casi escultural.

—Escúchame bien, Luka. El mundo siempre buscará una razón para condenarte. Si no es tu apellido, será tu talento, o tu silencio. No puedes permitir que la sombra de un hombre que te abandonó dicte dónde debes estar esta noche.

—Pero no quiero estar allí arriba —insistió el joven, sintiendo que los ojos de Snape lo desnudaban emocionalmente—. Prefiero estar aquí. Con usted.

El aire pareció electrificarse. Snape no retrocedió, aunque la confesión de Luka fue como un golpe directo a su autocontrol. Había pasado meses reprimiendo ese interés que rayaba en lo obsesivo, convenciéndose de que era solo una proyección de sus propios traumas. Pero ver a Luka allí, tan roto y a la vez tan desafiante, despertaba en él un instinto de protección que amenazaba con devorarlo.

—Es una elección peligrosa —dijo Snape, su voz ahora más áspera—. Las mazmorras son frías, y mi compañía no suele ser considerada... agradable.

—Para mí lo es —afirmó Luka, ganando valor—. Usted es el único que no me mira con lástima. El único que parece ver quién soy realmente, más allá de la cicatriz de mi nombre.

Snape extendió una mano, deteniéndose a milímetros de la mejilla de Luka. Sus dedos largos y pálidos rozaron el aire, dudando. Finalmente, cedió a la tentación y acarició el pómulo del joven con una suavidad que nadie en Hogwarts creería posible en el temido profesor de Pociones.

—Eres demasiado joven para cargar con tanto peso —susurró Severus.

Luka cerró los ojos ante el contacto, inclinando la cabeza hacia la mano del hombre.

—Entonces ayúdeme a llevarlo. Solo por esta noche. Olvidemos lo que hay afuera. Olvidemos a Sirius Black y el baile.

Snape retiró la mano, pero no para alejarse, sino para levantarse y ofrecerle el brazo a Luka, en un gesto cargado de una ironía melancólica.

—Si vamos a ignorar las festividades, al menos hagámoslo con propiedad. Tengo un suministro privado de hidromiel envejecida en mi despacho y un caldero que requiere una atención que no encontrará en el Gran Comedor.

Luka aceptó la invitación, sintiendo que el peso en su pecho se aligeraba por primera vez en todo el día. Mientras caminaban por los pasillos oscuros hacia los aposentos privados del profesor, el sonido de la música lejana se desvanecía, siendo reemplazado por el rítmico eco de sus capas rozando el suelo de piedra.

Una vez en el despacho de Snape, el ambiente cambió. Ya no eran profesor y alumno bajo la mirada del colegio, sino dos almas solitarias buscando refugio en la oscuridad compartida. Severus sirvió dos copas con movimientos precisos.

—¿Cree que lo atrapen? —preguntó Luka después de un largo trago que le quemó la garganta de forma reconfortante.

—Sirius Black siempre fue escurridizo —dijo Snape, apoyándose contra su escritorio—. Pero Azkaban cambia a un hombre. Lo vuelve errático. Cometerá un error. Y cuando lo haga, los dementores estarán esperando.

Luka bajó la mirada a su copa.

—A veces me pregunto si debería odiarlo más de lo que lo hago. Pero solo siento... vacío. Como si habláramos de un personaje de un libro de terror y no de mi propio padre.

—El vacío es una defensa —explicó Snape—. Es preferible a la agonía de una traición activa. Créeme, lo sé mejor que nadie.

Luka lo observó con curiosidad. Sabía que Snape ocultaba mucho, que su pasado estaba lleno de sombras tan densas como las de los Black.

—¿Usted también se siente así? ¿Solo?

Severus dejó su copa sobre la mesa y se acercó a Luka. La distancia entre ellos desapareció. El joven podía oler el aroma a sándalo y hierbas secas que siempre emanaba de las túnicas del profesor.

—He vivido en la soledad tanto tiempo que se ha convertido en mi piel, Luka. Pero hay momentos... —Snape hizo una pausa, sus ojos escaneando el rostro del chico con una intensidad febril—, momentos en los que esa piel se siente demasiado estrecha. Especialmente cuando estás cerca.

Luka sintió que el corazón le daba un vuelco.

—Profesor... Severus...

—No lo digas —interrumpió Snape, aunque no se alejó—. Si lo dices, no habrá vuelta atrás. Y el mundo ya es lo suficientemente cruel contigo como para añadirme a mí a tus complicaciones.

—No me importa el mundo —desafió Luka, acortando el último espacio que los separaba—. El mundo me odia por algo que no hice. Usted me quiere por quien soy. ¿No es eso lo que importa?

Snape soltó un suspiro que fue mitad rendición y mitad tormento. Sus manos buscaron los hombros de Luka, apretándolos con fuerza contenida.

—Eres un insensato. Un Slytherin con el corazón de un Gryffindor, la peor combinación posible.

—Y aun así, no me echa de su despacho —replicó Luka con un hilo de voz.

Severus no respondió con palabras. Se inclinó, permitiendo que sus frentes se tocaran. Fue un gesto de una intimidad devastadora, un reconocimiento silencioso de la conexión que ambos habían intentado ignorar desde el inicio del curso. En ese despacho rodeado de ingredientes de pociones y libros prohibidos, el caos del escape de Sirius Black y el brillo del baile de Navidad parecían pertenecer a otro universo.

—Quédate aquí —ordenó Snape en un susurro—. Esta noche, las sombras te protegerán. Y yo me encargaré de que nadie, ni vivo ni muerto, cruce esa puerta.

Luka asintió, sintiendo una seguridad que no había experimentado nunca. Sabía que afuera, el nombre de su padre estaba en boca de todos, que el miedo se extendía por el castillo y que su vida cambiaría para siempre a partir del amanecer. Pero allí, en la penumbra de las mazmorras, bajo la mirada protectora y oscura de Severus Snape, Luka Black finalmente encontró un lugar donde no tenía que ser un heredero, ni una víctima, ni un monstruo.

Simplemente era Luka. Y por esa noche, eso era más que suficiente.

—¿Me enseñará esa poción de la que habló? —preguntó el joven, intentando romper la tensión con una sonrisa leve.

Snape arqueó una ceja, recuperando parte de su máscara habitual, aunque sus ojos seguían brillando con una luz inusual.

—Es una poción de nivel de ÉXTASIS, Black. Dudo que tu intelecto, nublado por el drama familiar, pueda procesar la complejidad del corte de las raíces de valeriana.

—Póngame a prueba, profesor.

Severus soltó una pequeña y rara sonrisa, una que no contenía veneno.

—Muy bien. Acércate al caldero. Pero si arruinas la mezcla, te aseguro que el escape de tu padre será el menor de tus problemas comparado con mi detención.

Luka rió, un sonido limpio que rompió la pesadez del ambiente. Se movió hacia la mesa de trabajo, sintiendo la mirada de Snape en su espalda, una mirada que ya no ocultaba el deseo ni la devoción. El baile seguía arriba, con sus luces y su falsa alegría, pero en las profundidades de Hogwarts, dos náufragos habían encontrado una isla, y no tenían ninguna intención de ser rescatados.

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