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Ayudame alfa!

Fandom: Marvel

Creado: 30/10/2026

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La Deuda del Instinto

El aire en el sótano del club "La Colmena" era pesado, saturado de un aroma artificial a vainilla y sedantes que intentaba enmascarar el miedo. Peter Parker se ajustó las gafas, sintiendo que el suéter de lana marrón le picaba más de lo habitual. No debería estar allí. Él era un estudiante de la Universidad de Empire State, un fotógrafo independiente y, en secreto, el héroe que balanceaba la esperanza de Nueva York sobre sus hombros. Pero la tía May necesitaba sus medicinas, el alquiler no esperaba y su jefe en el Daily Bugle, J. Jonah Jameson, no estaba pagando lo suficiente por las fotos de "la amenaza arácnida".

Su jefe en este trabajo temporal, un hombre de mirada turbia llamado Miller, le había prometido que solo sería una cena. "Solo tienes que verte bonito, Peter. Eres un Beta, nadie te tocará si no quieres", le había dicho.

Peter, cuyo metabolismo de araña y supresores experimentales mantenían su verdadera naturaleza Omega bajo siete llaves, había aceptado. Necesitaba el dinero.

—El cliente ya llegó —dijo Miller, empujando a Peter hacia una habitación privada decorada con una opulencia vulgar.

Antes de que Peter pudiera articular una palabra, sintió un pinchazo agudo en el cuello.

—¡Hey! ¿Qué demonios...? —Peter se llevó la mano a la nuca, pero ya era tarde.

—Es un acelerador hormonal de amplio espectro, chico —susurró Miller, retrocediendo hacia la puerta—. El cliente pagó una fortuna por un "despertar" en vivo. Disfruta tu bono.

La puerta se cerró con un clic metálico. Peter cayó de rodillas. Su cuerpo, siempre bajo control, comenzó a traicionarlo. La temperatura de su sangre subió a niveles febriles. Sus sentidos, ya de por sí agudos, se volvieron una tortura. El olor del cuero y el metal en la habitación se volvió embriagador, y de repente, un aroma lo golpeó como un camión de carga: pólvora, sándalo y algo puramente masculino, agresivo y dominante.

Era el olor de un Alfa. Un Alfa de verdad.

—Vaya, vaya... Miller no mentía cuando dijo que tenía una joya escondida tras esas ropas de bibliotecario.

Peter levantó la vista, con la visión borrosa y las pupilas dilatadas hasta casi borrar el color avellana de sus ojos. Frente a él, sentado en un sillón de terciopelo rojo, estaba un hombre que parecía esculpido por los mismos dioses de la guerra. Era alto, de hombros anchos que amenazaban con romper las costuras de su traje de diseñador. Su cabello era de un rubio platino casi blanco, y su rostro... era perfecto. Rasgos afilados, una mandíbula cuadrada y unos ojos azules que brillaban con una intensidad depredadora.

Peter lo reconoció al instante. No era solo un millonario. Era Wade Wilson. El mercenario conocido como Deadpool, el hombre que no ocultaba su identidad porque nadie era lo suficientemente estúpido como para intentar matarlo dos veces. Y el hombre que llevaba meses acosando a Spider-Man con chistes de doble sentido y propuestas indecentes sobre su trasero en mallas.

—¿W-Wade? —jadeó Peter, su voz rompiéndose en un gemido agudo que delataba su estado.

Wade se levantó, su presencia llenando la habitación. Su aura de Alfa dominante se expandió, reclamando el espacio, aplastando la resistencia de Peter.

—¿Me conoces, precioso? —Wade sonrió, una expresión lobuna que hizo que las entrañas de Peter se retorcieran de deseo—. Aunque, espera... ese olor. Esa mezcla de miedo y azúcar... Dios, eres un Omega. Y no cualquier Omega.

Wade se acercó, arrodillándose frente a Peter. Sus manos grandes y callosas tomaron el rostro del castaño, obligándolo a mirar hacia arriba.

—Tienes ojos de bambi, dulzura. Pero hueles a algo que he estado persiguiendo por todos los tejados de Manhattan —Wade inhaló profundamente cerca del cuello de Peter, y este soltó un sollozo—. Hueles a mi pequeña araña.

—Por favor... —suplicó Peter, aunque ni él mismo sabía si pedía que se detuviera o que terminara con el tormento del celo inducido.

—Oh, no llores, Petey. He pagado mucho por esta noche —Wade lamió la mejilla de Peter, saboreando la sal de sus lágrimas y el calor de su piel—. Y yo siempre obtengo lo que pago. Especialmente cuando el destino me entrega a mi obsesión en bandeja de plata.

Wade se puso de pie y, con una fuerza asombrosa, levantó a Peter y lo lanzó sobre la cama de seda que dominaba el centro de la estancia. Peter intentó luchar, pero sus músculos se sentían como gelatina. El celo estaba rompiendo todas sus barreras. Su útero, vacío y hambriento, latía con una necesidad primitiva de ser reclamado.

—Eres tan pequeño bajo toda esa ropa de lana —dijo Wade, rasgando el suéter de Peter con una facilidad aterradora—. Pero debajo... debajo eres pura fibra, puro músculo atlético. Eres perfecto.

Wade se deshizo de su propia ropa con una eficiencia militar. Peter no pudo evitar mirar. El cuerpo del mercenario era una oda a la violencia y a la virilidad; cicatrices de batallas pasadas decoraban su piel perfecta, y su masculinidad, ya despierta y masiva, prometía una plenitud que Peter nunca había imaginado.

—Soy un Alfa grande, Petey —gruñó Wade, posicionándose entre las piernas del chico—. Mi nudo no es para Omegas normales. Te va a doler, te va a llenar, y vas a suplicar por más.

—Hazlo... —gimió Peter, arqueando la espalda, su instinto Omega finalmente tomando el control total—. ¡Lléname, Alfa! ¡Ahora!

Wade no necesitó que se lo repitieran. Se hundió en Peter de una sola estocada, rompiendo cualquier rastro de duda. Peter gritó, con la cabeza echada hacia atrás, sus dedos clavándose en los hombros musculosos de Wade. La plenitud fue inmediata, dolorosa y exquisita. Era como si Wade estuviera reclamando no solo su cuerpo, sino su misma alma.

—Eso es, trágatelo todo —susurró Wade al oído de Peter, mordiendo la unión entre su cuello y su hombro, marcándolo temporalmente—. Eres mío. No me importa si eres un héroe o un estudiante. Esta noche, eres mi nido.

El ritmo que siguió fue brutal. Wade no tenía delicadeza; era un mercenario, un hombre acostumbrado a tomar lo que quería por la fuerza, y su deseo por el chico bajo él era una obsesión que había ardido durante años. Cada embestida hacía que Peter sollozara de placer, sus piernas envueltas con fuerza alrededor de la cintura de Wade, buscando más, buscando el fondo.

—¡Wade! ¡Wade, por favor! —Peter deliraba, el calor del celo quemándolo desde adentro.

—Aquí voy, Petey. Prepárate para el regalo de tu Alfa.

Wade sintió el espasmo inicial que precedía al nudo. Sus manos sujetaron las caderas de Peter con un agarre de hierro, inmovilizándolo contra el colchón. Con un gruñido gutural, Wade se hundió hasta el fondo de la matriz de Peter y su nudo comenzó a hincharse.

Peter abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo se expandía dentro de él, estirando sus paredes internas hasta el límite absoluto. Era una presión increíble, una invasión total. Y entonces, comenzó la descarga.

Wade se corrió con la fuerza de un torrente, llenando el útero de Peter con oleadas de semen caliente y espeso. Peter gritó, su cuerpo sacudiéndose en un orgasmo tras otro mientras era reclamado de la manera más biológica posible. El nudo de Wade, masivo y firme, actuaba como un tapón, asegurando que ni una sola gota del líquido seminal escapara.

Pasaron los minutos, pero el nudo no cedía. Wade se mantuvo encima de Peter, jadeando, cubriendo el rostro del chico con besos posesivos.

—Mira lo que te he hecho, Petey —susurró Wade con una sonrisa de satisfacción pura.

Peter, agotado y tembloroso, bajó la vista hacia su propio cuerpo. Su abdomen, antes plano y atlético, estaba visiblemente distendido, hinchado por la enorme cantidad de semen que Wade había depositado dentro de él. La piel de su vientre estaba tensa, mostrando una curvatura que delataba la plenitud de su útero.

—Estás tan lleno de mí... —continuó Wade, pasando una mano grande sobre el vientre abultado de Peter, acariciándolo con una mezcla de ternura y triunfo—. Voy a asegurarme de que no puedas caminar en una semana. Voy a asegurarme de que cada vez que te muevas, sientas mi peso dentro de ti.

Peter no pudo responder con palabras, solo con un ronroneo involuntario que vibró en su pecho. El instinto le decía que este Alfa era peligroso, que era un loco y un asesino, pero su cuerpo... su cuerpo nunca se había sentido tan completo.

—¿Te gusta estar así de lleno para tu Alfa, arañita? —preguntó Wade, volviendo a besarlo, esta vez con una pasión que prometía que esto era solo el comienzo.

Peter cerró los ojos, dejando que su cabeza descansara en el hombro de Wade. El celo seguía rugiendo, y aunque el nudo empezaba a disminuir lentamente, sabía que Wade Wilson no lo dejaría ir tan fácilmente. Había pagado por él, lo había reclamado, y ahora que conocía el secreto bajo la máscara y bajo la ropa de lana, el mercenario nunca dejaría de perseguir su premio.

—Sí... —susurró Peter finalmente, su voz apenas un aliento contra la piel de Wade—. Lléname otra vez.

Wade sonrió, sus ojos azules brillando con una luz peligrosa y satisfecha.

—Con mucho gusto, Petey. Tenemos toda la noche, y yo tengo mucha más munición que gastar en ti.

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