
Siempre el
Fandom: A todos los chicos de los que me enamoré
Creado: 2/11/2026
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Las cartas que nunca debieron cruzar el umbral
El aroma a madera vieja y lavanda del armario de Park Jimin era su refugio más sagrado. Allí, en una caja de zapatos de color azul desgastado, guardaba sus secretos más peligrosos. Jimin no era un chico de confrontaciones; prefería la seguridad de la tinta sobre el papel, donde sus sentimientos podían ser tan dramáticos y absolutos como él quisiera sin herir a nadie. Eran cinco cartas en total. Cinco confesiones dirigidas a los chicos que habían hecho que su corazón latiera con una fuerza que él no sabía cómo gestionar en el mundo real.
La última, la más reciente, quemaba incluso a través del sobre. Estaba dirigida a Kim Taehyung.
Taehyung era la calidez de una tarde de otoño, el mejor amigo de la infancia que siempre sabía qué decir. El problema, sin embargo, no era solo que Taehyung fuera su amigo; era que Taehyung estaba saliendo con Park Bogum, el hermano mayor de Jimin.
—Es lo correcto —susurró Jimin para sí mismo, cerrando la tapa de la caja con un golpe seco—. Si lo escribo, el sentimiento sale de mi cuerpo. Se queda aquí. Y Bogum hyung puede ser feliz.
Jimin suspiró, acomodándose el flequillo naranja frente al espejo. La ruptura de Bogum y Taehyung había ocurrido apenas unos días atrás, dejando un vacío incómodo en la casa de los Park. Bogum, siempre tan elegante y protector, se mantenía en un silencio estoico, mientras Jimin luchaba contra la culpa de sentir una chispa de esperanza prohibida. Por eso la carta era necesaria. Para decir adiós a lo que nunca empezó.
Lo que Jimin no sabía era que, mientras él se duchaba esa noche, una sombra pequeña y astuta se deslizaba por su habitación. Park Jihyun, su hermano menor, poseía una curiosidad que rayaba en lo delictivo. Jihyun no buscaba hacer daño, simplemente creía que Jimin era demasiado aburrido y que necesitaba un empujón hacia la realidad. Cuando encontró la caja y leyó los nombres en los sobres, una sonrisa traviesa cruzó su rostro.
—Esto es demasiado bueno para estar guardado —murmuró Jihyun, metiendo los sobres en su mochila.
El lunes por la mañana en la escuela comenzó como cualquier otro, pero el aire se sentía cargado de una electricidad extraña. Jimin caminaba por el pasillo principal, con los libros apretados contra el pecho, cuando una figura alta y atlética le bloqueó el paso.
Era Jeon Jungkook.
Jungkook no era solo el capitán del equipo de atletismo; era el chico que solía burlarse de Jimin en la secundaria, el de la sonrisa presumida y la mirada intensa que siempre parecía saber algo que los demás ignoraban.
—¿Jungkook? —Jimin parpadeó, confundido por la cercanía—. ¿Necesitas algo?
Jungkook dio un paso adelante, invadiendo el espacio personal de Jimin. Tenía un trozo de papel arrugado en la mano.
—Leí tu carta, Park —dijo Jungkook con una voz que oscilaba entre la diversión y algo más profundo—. "Tus ojos son como galaxias en las que me da miedo perderme". ¿En serio? Casi me desmayo de la impresión al abrir el buzón.
Jimin sintió que la sangre se le drenaba del rostro. El mundo pareció inclinarse.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? Esa carta... esa carta no debería estar contigo.
—Pues llegó a mi casa el sábado. Con sello y todo —Jungkook se cruzó de brazos, su sonrisa traviesa volviéndose más marcada—. No sabía que tenías un lado tan poético, Jimin.
Jimin no tuvo tiempo de procesar el horror. Por encima del hombro de Jungkook, vio aparecer una figura que conocía demasiado bien. Kim Taehyung caminaba hacia ellos, y en su mano sostenía un sobre idéntico al que Jungkook acababa de mencionar. El pánico, una fuerza fría y visceral, se apoderó de Jimin. Si Taehyung hablaba, si Taehyung le preguntaba por la carta frente a Jungkook, el mundo explotaría.
—¡Jimin! —llamó Taehyung con esa voz cálida que solía reconfortarlo, pero que ahora sonaba como una sentencia de muerte.
Jimin miró a Jungkook. Miró a Taehyung, que estaba a solo unos metros. Sus pulmones se cerraron. Necesitaba una distracción, algo tan impactante que hiciera que Taehyung se diera la vuelta y que Jungkook dejara de mirarlo con esa superioridad.
Sin pensarlo, Jimin agarró a Jungkook por las solapas de su chaqueta y tiró de él hacia abajo.
El beso fue caótico, un choque de labios y sorpresa en medio de la pista de la escuela. Jungkook se quedó rígido por un segundo antes de que sus manos, por puro instinto, se posaran en la cintura de Jimin. Jimin cerró los ojos con fuerza, rezando para que Taehyung se hubiera detenido.
—¿Pero qué demonios...? —la voz de Taehyung se cortó, llena de confusión.
Jimin se separó de Jungkook, con el corazón martilleando contra sus costillas como un pájaro enjaulado. Sin mirar a ninguno de los dos, se dio la vuelta y salió corriendo hacia el edificio de artes, dejando atrás una estela de murmullos y a un Jeon Jungkook completamente desconcertado.
El resto del día fue una pesadilla borrosa. Jimin intentó esconderse en la biblioteca, pero allí se encontró con Taemin, otro de los destinatarios de sus cartas.
—Oye, Jimin —dijo Taemin, rascándose la nuca con incomodidad—. Recibí tu nota. Mira, eres un buen chico, de verdad, pero... soy hetero. No quería que las cosas fueran raras entre nosotros.
Jimin sintió que quería que la tierra se lo tragara.
—Lo sé, Taemin. Fue un error. Todo es un error —logró articular antes de huir de nuevo.
Al llegar a casa, la situación no mejoró. Taehyung estaba allí, sentado en el porche, esperando una explicación. Jimin no podía enfrentarlo, no cuando su hermano Bogum estaba dentro, probablemente preguntándose por qué su exnovio estaba merodeando. Jimin dio media vuelta y caminó sin rumbo hasta terminar en su restaurante favorito de ramen.
Para su sorpresa, Jungkook ya estaba allí, sentado en una de las mesas del rincón con una expresión pensativa.
—Sabía que vendrías aquí —dijo Jungkook cuando Jimin se sentó frente a él, derrotado—. Supongo que me debes una explicación por lo del beso. Y por la carta. Y por el hecho de que Taehyung parece querer asesinarme con la mirada.
Jimin suspiró, escondiendo el rostro entre las manos.
—Solo quería que se fuera —confesó Jimin en un susurro—. Él estaba saliendo con mi hermano. No puedo... no puedo estar enamorado del ex de mi hermano. Es sucio. Es horrible. Las cartas se enviaron por accidente. Alguien las robó de mi cuarto.
Jungkook guardó silencio un momento. Sus ojos intensos analizaron a Jimin, notando la vulnerabilidad que el chico intentaba ocultar tras su fachada dramática.
—Escucha, Park —dijo Jungkook, inclinándose hacia adelante—. Tengo una propuesta. Mi ex, Lee Yu Bi, me está volviendo loco. Cree que sigo colgado por ella y está haciendo de mi vida un infierno de comentarios pasivo-agresivos. Y tú... tú necesitas que Taehyung crea que no sientes nada por él.
Jimin levantó la vista, intrigado a pesar de sí mismo.
—¿Qué sugieres?
—Fingamos —propuso Jungkook con una sonrisa que esta vez no era burlona, sino casi cómplice—. Salgamos juntos. De verdad. Que toda la escuela lo crea. Yu Bi se morirá de celos al ver que me he fijado en alguien como tú, y Taehyung dejará de perseguirte con esa carta porque pensará que tu corazón ya está ocupado.
—¿Fingir? —Jimin arrugó la nariz—. Jungkook, tú y yo no tenemos nada en común. Tú eres... tú. Y yo soy... yo.
—Exacto. Nadie se lo esperará. Será perfecto.
Jimin lo meditó. La idea de estar cerca de Jungkook, el chico que solía molestarlo, era aterradora. Pero la idea de enfrentar a Taehyung y la decepción de Bogum era peor.
—Está bien —aceptó Jimin—. Pero con una condición: nada de besos reales. Lo de hoy fue una emergencia.
Jungkook soltó una carcajada, una que hizo que los ojos de Jimin brillaran por un instante.
—Trato hecho, Park.
Los meses siguientes fueron una montaña rusa de emociones fingidas que empezaron a sentirse peligrosamente reales. Jungkook resultó ser más que un atleta presumido; era atento, sabía escuchar y tenía un lado artístico que Jimin nunca hubiera imaginado. Por su parte, Jimin descubrió que Jungkook disfrutaba de sus dramas y que, a menudo, era el primero en defenderlo cuando Lee Yu Bi lanzaba sus dardos envenenados.
La escuela entera estaba convencida. Bogum parecía aliviado, aunque algo escéptico, y Taehyung finalmente se había distanciado, aunque sus ojos siempre buscaban a Jimin con una sombra de duda.
El punto de ruptura llegó durante el viaje de esquí de la escuela. En la cabaña, lejos de las miradas curiosas, la tensión entre Jimin y Jungkook se volvió insoportable. Terminaron solos en un jacuzzi, bajo el cielo estrellado y el frío cortante de la montaña.
—¿Sigues fingiendo, Jimin? —preguntó Jungkook, su voz baja y ronca, mientras el vapor del agua los rodeaba.
—No lo sé —admitió Jimin, sintiendo que el corazón se le escapaba del pecho—. ¿Y tú?
Jungkook no respondió con palabras. Se acercó y esta vez, el beso no fue un accidente ni una distracción. Fue una confesión.
Sin embargo, la felicidad duró poco. Al terminar el viaje, Lee Yu Bi interceptó a Jimin en el pasillo. Tenía una sonrisa triunfal que heló la sangre de Jimin.
—Fue una noche linda en la montaña, ¿verdad? —dijo Yu Bi, jugando con un brazalete en su muñeca—. Lástima que Jungkook terminara en mi habitación después de dejarte a ti. Me dijo que necesitaba algo... familiar. Y me dejó esto.
Jimin sintió un golpe en el estómago. El brazalete era suyo. Se lo había prestado a Jungkook porque se le había soltado el cierre.
—Eres una mentirosa —dijo Jimin, aunque su voz temblaba.
—Pregúntale a él —respondió ella, dándose la vuelta con elegancia.
Furioso y con el corazón roto, Jimin rompió con Jungkook antes de darle oportunidad de hablar. Se refugió en su casa, solo para encontrarse con que Bogum había regresado de la universidad para las vacaciones. Pero la paz no duró. Jungkook llegó a la casa, desesperado por explicar que Yu Bi le había robado el brazalete mientras él dormía solo en su propia habitación. Y entonces, como si el destino quisiera terminar de destruirlo, Taehyung también apareció.
En medio de la sala, los secretos estallaron. Bogum escuchó la verdad sobre los sentimientos pasados de Jimin por Taehyung, y su mirada serena se transformó en una de profunda traición y enojo.
—¿Tú... y él? —preguntó Bogum, mirando a su hermano menor como si no lo conociera.
—¡Váyanse todos! —gritó Jimin, al borde de las lágrimas.
Pero lo peor estaba por venir. Jihyun entró corriendo a la sala con su teléfono en la mano, su rostro pálido.
—Jimin hyung... tienes que ver esto.
En la pantalla de Instagram, un video se estaba volviendo viral. Eran Jimin y Jungkook en el jacuzzi. El ángulo era malintencionado, las sombras jugaban de tal manera que parecía que estaban haciendo mucho más que besarse. Los comentarios eran crueles, rápidos y destructivos.
Jimin sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Miró a Jungkook, quien parecía tan horrorizado como él, y luego a Bogum, cuyo silencio era más doloroso que cualquier grito.
—Yo no hice eso —susurró Jimin, las lágrimas finalmente cayendo—. Bogum, te lo juro, yo no soy ese tipo de persona.
Bogum, viendo la genuina desesperación en los ojos de su hermano pequeño, dejó caer sus hombros y se acercó para rodear a Jimin con sus brazos.
—Lo sé, Minnie. Lo sé. Vamos a arreglarlo.
Fue entonces cuando Jihyun, con la voz quebrada por la culpa, confesó haber enviado las cartas.
—Solo quería que fueras feliz —sollozó el pequeño—. Pensé que si ellos sabían lo que sentías, alguien te elegiría.
Jimin estaba furioso, pero Bogum le hizo una pregunta que lo detuvo en seco.
—Jimin, ¿por qué las cartas tenían dirección y sello si nunca pensaste enviarlas?
Jimin se quedó helado. La verdad, oculta incluso para él mismo, emergió.
—Porque... porque tenía miedo de ser yo quien las enviara —admitió Jimin—. Quería que supieran, pero no quería ser el responsable de las consecuencias.
Tras borrar el video con la ayuda de las autoridades escolares y pasar unas Navidades tensas, el regreso a clases fue brutal. Los susurros lo seguían, pero Jungkook no se apartó de su lado, enfrentando a cada persona que se atrevía a mencionar el video. Jimin finalmente confrontó a Yu Bi, descubriendo que su odio venía de un juego de "gira la botella" en séptimo grado, una herida infantil que ella había dejado pudrir.
Después de hacer las paces con Taehyung, volviendo a esa amistad pura de la infancia, Jimin se encontró solo en el pasillo con Jungkook el último día antes de las vacaciones de primavera. Jihyun le había entregado esa misma mañana una caja nueva. No eran cartas de Jimin para otros, sino notas que Jungkook había escrito para Jimin durante sus meses de "relación fingida".
Jimin leyó la última: "Nunca fue un juego para mí".
Jimin corrió por el pasillo hasta encontrar a Jungkook junto a su casillero.
—¿Lo decías en serio? —preguntó Jimin, recuperando el aliento.
Jungkook cerró su casillero y se acercó, atrapando a Jimin entre su cuerpo y el metal frío. Su mirada ya no era traviesa, era de una honestidad que desarmaba.
—Park Jimin, estoy enamorado de ti. Y esta vez, no necesito una carta para decírtelo.
Jimin sonrió, esa sonrisa encantadora que Jungkook siempre había adorado, y lo besó. Esta vez, no había nadie a quien engañar, ni cámaras escondidas, ni secretos guardados en un armario. Solo estaban ellos dos, y el comienzo de una historia que, por fin, era completamente suya.
Sin embargo, mientras se alejaban de la mano, Jimin no pudo evitar notar a alguien observándolos desde el final del pasillo. Era una figura que no debería estar allí, alguien que sostenía una cámara y una sonrisa que prometía que el drama, lejos de terminar, apenas estaba cambiando de forma.
