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Viendo el presente

Fandom: Shokugeki soma

Creado: 3/11/2026

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El Sabor del Destino: Entre Luces y Sombras

El aire en la Academia Tōtsuki siempre olía a una mezcla embriagadora de especias, mantequilla clarificada y ambición. Sin embargo, en un parpadeo, ese aroma fue reemplazado por el olor neutro y ligeramente rancio de una alfombra vieja y aire acondicionado industrial.

La confusión no fue gradual; fue instantánea y ruidosa.

— ¡¿Pero qué demonios?! —El grito de Soma Yukihira rompió el silencio inicial. Se encontraba de pie, con su cinta blanca aún atada a la muñeca, mirando a su alrededor con la misma curiosidad con la que inspeccionaría un ingrediente exótico.

A su lado, Erina Nakiri tropezó, siendo sostenida de inmediato por Hisako Arato. La "Lengua Divina" palideció al observar el entorno: una sala de cine colosal, de techos tan altos que se perdían en la penumbra, con cientos de butacas de terciopelo rojo dispuestas en semicírculo frente a una pantalla blanca gigantesca que parecía vibrar con una energía extraña.

— ¡Erina-sama! ¿Se encuentra bien? —preguntó Hisako, alerta, escaneando la sala en busca de amenazas.

— Estoy... estoy bien, Hisako. Pero, ¿dónde estamos? Esto no parece Tōtsuki —respondió Erina, tratando de recuperar su compostura real.

El caos estalló. Los estudiantes del dormitorio Estrella Polar se agruparon por instinto. Megumi Tadokoro temblaba ligeramente, aferrándose al brazo de Yuki Yoshino, quien ya estaba gritando sobre una posible abducción alienígena. Ryoko Sakaki intentaba calmarlos, mientras que Shun Ibusaki observaba las sombras con sospecha y Zenji Marui limpiaba sus gafas frenéticamente, murmurando sobre las leyes de la física que acababan de ser violadas.

— ¡Qué lugar tan interesante! —Rindo Kobayashi, el segundo asiento, apareció de la nada saltando sobre una de las butacas—. ¡Eishi, mira! ¡No hay cocina, pero las sillas son muy cómodas!

Eishi Tsukasa, el primer asiento, parecía al borde de un colapso nervioso.

— Rindo, por favor... esto es terrible. ¿Y si tenemos que cocinar aquí y no tengo mis utensilios? La iluminación es pésima para el emplatado... —susurró con una mano en la frente.

En medio del alboroto, una presencia imponente acalló las voces. Senzaemon Nakiri, el "Demonio de la Gastronomía", permanecía en el centro del pasillo principal. Su torso desnudo bajo el kimono vibraba con una autoridad natural. Al notar un peso extraño en su mano derecha, bajó la vista.

Tenía un sobre de papel pergamino con un sello de cera negra.

— ¡Silencio! —rugió Senzaemon. El eco de su voz hizo que hasta los hermanos Aldini, que estaban discutiendo en voz baja sobre quién había sido el responsable del traslado, se congelaran.

Senzaemon abrió el sobre y leyó en voz alta:

— "Bienvenidos, arquitectos del sabor. Se les ha convocado en este espacio fuera del tiempo para presenciar las verdades que el destino les depara y las sombras que acechan en sus corazones. Tomen asiento según sus vínculos. El espectáculo comenzará cuando el último de ustedes acepte su lugar".

— ¿Un mensaje? —Alice Nakiri se acercó a su abuelo, seguida de cerca por un Ryo Kurokiba que parecía listo para morder a alguien—. ¡Qué dramático! ¡Es como una película de ciencia ficción! ¿Verdad, Ryo-kun?

— Mientras no me quiten el pañuelo, me da igual —gruñó Ryo.

— Esto es obra de alguien con mucho poder... o mucha locura —comentó Gin Dojima, quien apareció junto a Joichiro Yukihira. El padre de Soma tenía una sonrisa ladeada, rascándose la nuca con despreocupación.

— Bueno, Gin, si hay asientos cómodos y no hay que lavar platos, no me quejo —bromeó Joichiro, aunque sus ojos escudriñaban la sala con una intensidad que delataba su pasado como el "Asura".

Poco a poco, los grupos comenzaron a formarse. Los Diez de Élite ocuparon las filas centrales. Eizan calculaba mentalmente el costo de una instalación así, mientras que Kuga no dejaba de parlotear sobre cómo su cocina de Sichuan se vería increíble en pantalla gigante. Nene Kinokuni se sentó con elegancia rígida, ignorando las payasadas de Isshiki, quien, para sorpresa de nadie, ya se había quitado parte del uniforme para quedar en su característico delantal.

En la sección más elevada, la atmósfera era más tensa. Azami Nakiri permanecía de pie, con su mirada gélida fija en Erina. A su lado, Mana Nakiri mantenía una distancia emocional casi palpable, su elegancia ocultando el vacío que la comida solía dejar en ella. Sōe y Leonora Nakiri, junto a sus asistentes Berta y Cilla, intentaban mantener un tono más ligero, aunque la preocupación por sus hijas era evidente.

— ¡Oh, Sōe-kun! ¡Mira qué pantalla tan grande! ¡Podremos ver las células de los ingredientes con total claridad! —exclamó Leonora, tratando de animar el ambiente, mientras Berta y Cilla asentían con sincronía mecánica.

— Sí, querida, pero me preocupa quién tiene el control del proyector —respondió Sōe con seriedad.

Cerca de ellos, los evaluadores y profesores se acomodaban. Roland Chapelle mantenía su rostro de piedra, aunque sus ojos reflejaban una curiosidad científica. Jun Shiomi tropezó con un escalón y fue atrapada por Akira Hayama, quien suspiró con resignación.

— Profesora, por favor, intente no matarse antes de que empiece la función —dijo Akira, mientras su nariz detectaba un aroma extraño en el aire: ozono y algo parecido a la canela vieja.

— Lo siento, Akira-kun... es que este lugar tiene una concentración de especias muy baja, me marea un poco —murmuró Jun, ajustándose las gafas.

Hinako Inui y Kojiro Shinomiya se sentaron cerca. Hinako ya estaba sacando unos aperitivos de su bolso, ganándose una mirada asesina de Shinomiya.

— Inui, si haces ruido con la bolsa de papas, te juro que te expulsaré de esta sala personalmente —amenazó el chef francés.

— ¡Eres tan cruel, Shinomiya-senpai! ¡Solo tengo hambre por el estrés! —lloriqueó ella.

Cuando todos estuvieron finalmente sentados, las luces de la sala comenzaron a atenuarse. Un silencio sepulcral descendió sobre los presentes. Incluso los más ruidosos, como Yuki o Kuga, guardaron silencio al sentir que el aire se volvía denso.

— ¡Atención a todos! —La voz de Urara Kawashima resonó, aunque ella no tenía un micrófono. Estaba sentada en la primera fila, luciendo tan confundida como los demás, pero su instinto de presentadora afloró—. ¡Parece que la pantalla está reaccionando!

Efectivamente, una luz azulada comenzó a emanar de la superficie blanca. Palabras empezaron a formarse en el centro.

"EL ORIGEN DEL ASURA Y LA LENGUA DIVINA"

Erina sintió un escalofrío recorrer su espalda. Miró hacia su padre, Azami, quien mantenía una sonrisa críptica, y luego hacia Soma, que estaba sentado a solo unos metros de ella. Soma no parecía asustado; sus ojos brillaban con esa determinación irritante que siempre lo caracterizaba.

— Oye, Nakiri —susurró Soma, inclinándose hacia ella—. Si esto va a mostrar cómo cocinamos, espero que hayan grabado mi mejor ángulo.

— ¡Idiota! —siseó Erina, aunque el comentario logró aliviar un poco su tensión—. Esto es serio. Podrían mostrar secretos... o cosas que no queremos recordar.

— Pues si es así —intervino Takumi Aldini desde el asiento de atrás—, me aseguraré de observar cada uno de tus errores, Yukihira, para derrotarte en nuestro próximo duelo.

— ¡Esa es la actitud, hermano! —apoyó Isami con una risa suave.

De repente, una figura apareció en la pantalla. No era una imagen estática, sino un video de alta definición que mostraba los pasillos de Tōtsuki años atrás.

— ¿Ese es... el dormitorio Estrella Polar? —preguntó Fumio Daimido, la administradora, con la voz entrecortada por la nostalgia—. Pero se ve... nuevo.

— Es el pasado —dijo Senzaemon con solemnidad—. El inicio de todo.

En la pantalla, un joven de cabello desordenado y mirada salvaje caminaba por los pasillos con una caja de ingredientes bajo el brazo.

— ¡Papá! —exclamó Soma, señalando la imagen.

Joichiro Yukihira se hundió un poco más en su asiento, soltando un suspiro largo.

— Vaya, qué recuerdos. Tenía mucho más cabello en esa época.

— No bromees, Joichiro —dijo Gin Dojima, con la mirada fija en su versión joven que aparecía siguiendo al pelirrojo—. Esa fue la época en la que el mundo de la cocina empezó a temblar.

La pantalla cambió de escena rápidamente. Ahora mostraba a una niña pequeña, de cabellos rubios y ojos violetas, sentada frente a una mesa llena de platos exquisitos. Su expresión no era de alegría, sino de un juicio implacable que no correspondía a su edad.

— Erina... —murmuró Hisako, apretando los puños.

— Esa es mi hija —dijo Mana Nakiri, su voz resonando con una frialdad que hizo que varios estudiantes se estremecieran.

La niña en la pantalla escupió un bocado de una mousse de trufa blanca y miró al chef con un desprecio absoluto.

— "Demasiado rústico. El equilibrio de la sal es un insulto a mi paladar" —dijo la pequeña Erina en el video.

— ¡Vaya, Nakiri! ¡Eras igual de mandona desde pequeña! —se rió Soma, recibiendo un codazo inmediato de Erina.

— ¡Cállate, Yukihira! ¡No tienes idea de lo que era eso! —replicó ella, aunque sus ojos estaban fijos en la pantalla, recordando el peso de la "Lengua Divina" que la había aislado del mundo desde su infancia.

De repente, el video se detuvo y una voz incorpórea llenó la sala.

— "La gastronomía es un arte de sacrificio. Para que uno brille, otros deben consumirse en las sombras. Hoy verán qué sucede cuando el hambre de gloria supera a la pasión por crear".

La pantalla se dividió en dos. En un lado, el joven Joichiro cocinando con una ferocidad que asustaba; en el otro, la pequeña Erina siendo entrenada bajo la estricta y oscura tutela de Azami Nakiri.

— Esto no me gusta —murmuró Megumi, frotándose los brazos—. Siento que vamos a ver algo muy triste.

— La verdad suele serlo, Megumi-chan —dijo Satoshi Isshiki, perdiendo por un momento su sonrisa habitual—. Pero es necesario enfrentarla para seguir adelante.

En la fila de los Diez de Élite, Momo Akanegakubo abrazaba con fuerza a su peluche Bucchi.

— Esto es demasiado amargo... no me gusta el sabor de este ambiente —susurró.

— Tranquila, Momo —dijo Somei Saito, cruzando los brazos como un samurái frente a una batalla—. Solo es información. Un guerrero no teme al conocimiento.

— ¡Pero yo quiero ver comida exótica! —se quejó Rindo—. ¡Pongan a alguien cocinando un caimán o algo así!

— ¡Rindo, cállate! —gritó Shinomiya desde lejos.

La pantalla volvió a iluminarse con fuerza. Esta vez, la imagen mostraba un enfrentamiento que nadie esperaba. Era el joven Joichiro frente a un tribunal de jueces que lloraban de éxtasis, pero él... él no sonreía. Sus ojos estaban vacíos.

— El momento en que el Asura perdió su alma —susurró Senzaemon.

Soma miró a su padre. Siempre lo había visto como un muro invencible, un hombre que disfrutaba de la cocina incluso cuando hacía platos horribles como los tentáculos de calamar con miel. Ver esa expresión de vacío en el rostro de su héroe le revolvió el estómago.

— Papá... ¿eso fue lo que pasó? —preguntó Soma en voz baja.

Joichiro no respondió de inmediato. Solo cerró los ojos y asintió levemente.

— Cocinar para los demás es un regalo, Soma. Pero cuando cocinas solo para ganar, el sabor se vuelve ceniza.

En ese momento, la imagen de la pantalla cambió bruscamente a una escena moderna. Soma y Erina estaban cocinando juntos en lo que parecía ser una cocina desconocida, rodeados de una luz blanca cegadora. No estaban compitiendo; estaban coordinados, moviéndose como si fueran una sola entidad.

— ¡¿Qué?! —Erina se puso de pie, su rostro completamente rojo—. ¡¿Cuándo sucedió eso?! ¡Yo nunca cocinaría así con ese plebeyo!

— ¡Oye! —protestó Soma—. ¡Parece que estamos haciendo algo increíble! ¡Mira ese salteado!

— "El futuro es un lienzo que aún no ha sido pintado" —dijo la voz de la sala—. "Pero para llegar a esa armonía, primero deben entender el dolor que los trajo aquí".

La pantalla se oscureció de nuevo y aparecieron nombres: "EL EXAMEN DE ADMISIÓN", "EL CAMPAMENTO DEL INFIERNO", "EL RÉGIMEN DE COOK-OFF".

— Parece que vamos a repasar toda nuestra historia —comentó Subaru Mimasaka, quien ya estaba sacando una libreta para anotar detalles de sus rivales—. Esto será muy útil para mis futuras copias.

— ¡Ni se te ocurra, acosador! —le gritó Ikumi Mito, protegiendo su lugar.

— ¡Silencio todos! —Urara volvió a gritar—. ¡Va a empezar de verdad!

La primera imagen real apareció: Soma Yukihira frente a las puertas de Tōtsuki, con su mochila al hombro y esa sonrisa desafiante.

— "Mi nombre es Soma Yukihira. Y voy a ser el número uno de esta escuela".

— ¡Ah, el día que empezaron mis migrañas! —exclamó Erina, hundiéndose en su asiento mientras los demás estudiantes se reían.

— ¡Ese fue un gran discurso, Yukihira! —gritó Daigo Aoki desde la sección del Estrella Polar.

— ¡Sí, aunque casi nos matan a todos por tu culpa! —añadió Shoji Sato.

Soma se rió, rascándose la nuca.

— Bueno, ¡al menos no fue aburrido!

A medida que las imágenes avanzaban, la sala se llenaba de una mezcla de nostalgia, risas y una tensión subyacente. Sabían que, tarde o temprano, las imágenes mostrarían las grietas en sus vidas, los fracasos que los marcaron y las conspiraciones que casi destruyen la academia.

Azami Nakiri observaba con una calma inquietante. Para él, esto era solo una validación de su ideología. Nana Nakiri, por su parte, mantenía una mirada melancólica sobre Erina, deseando poder cruzar el espacio entre sus asientos y decirle algo que las palabras nunca habían podido expresar.

Anne, la evaluadora de la WGO, tomaba notas mentales.

— Es fascinante —le susurró a otra evaluadora—. Ver la evolución de estos chefs desde una perspectiva omnisciente... esto cambiará la forma en que calificamos el talento.

— Si salimos de aquí con vida, Anne —respondió su colega con un suspiro.

La pantalla mostró entonces el primer encuentro entre Soma y Erina en el jardín de la academia. La tensión entre ambos era casi eléctrica, incluso en la grabación.

— "Tu comida... no es tan mala" —dijo la Erina del video, aunque sus palabras decían lo contrario mientras su rostro mostraba una lucha interna por admitir que le había gustado el plato de Soma.

— ¡Lo admitiste! —gritó Soma triunfante—. ¡En video! ¡No puedes negarlo ahora, Nakiri!

— ¡Fue un error de juventud! ¡Estaba confundida! —gritó Erina, cubriéndose la cara con las manos mientras Alice se burlaba de ella sin piedad.

— ¡Oh, Erina-chi está enamorada del sabor de la plebe! —canturreó Alice.

— ¡Alice, te voy a confiscar todos tus nitrógenos líquidos! —amenazó Erina.

En medio de las risas y las disputas, Senzaemon Nakiri observaba la pantalla con una sonrisa oculta tras su mano. Sabía que este misterioso cine no solo les mostraría el pasado, sino que los obligaría a forjar un futuro más fuerte.

— Que comience la verdadera lección —susurró el director.

Las luces se apagaron por completo, dejando solo el brillo de la pantalla iluminando los rostros de los mejores chefs del mundo, listos para ver cómo sus vidas se convertían en el ingrediente principal de una historia que apenas comenzaba a cocinarse.

El primer capítulo de sus recuerdos estaba a punto de servirse, y el sabor prometía ser inolvidable.

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