Fanfy
.studio
Imagen de fondo

El secreto de jaune arc Ruby rose y pirrha nikos

Fandom: Rwby

Creado: 4/11/2026

≡ Índice

Sombras y Pétalos de Acero

La noche en la Academia Beacon solía ser sinónimo de un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el susurro del viento contra las torres de piedra y el lejano aullido de algún Grimm en los bosques de Emerald Forest. Sin embargo, para tres estudiantes de primer año, el silencio era la máscara perfecta.

En la habitación del equipo JNPR, las luces estaban apagadas. Cualquiera que pasara por el pasillo pensaría que sus ocupantes descansaban tras un agotador día de entrenamiento con el profesor Glynda Goodwitch. Pero dentro, la atmósfera vibraba con una tensión eléctrica, cargada de una intimidad que nadie en Remnant podría haber imaginado.

Jaune Arc estaba sentado en el borde de su cama, con el corazón martilleando contra sus costillas. A su izquierda, Pyrrha Nikos se deshacía de su icónica armadura de bronce con una elegancia silenciosa, dejando que las piezas descansaran sobre la alfombra sin emitir un solo tintineo. A su derecha, una figura más pequeña y envuelta en una capa roja se movía con la agilidad de una sombra.

—¿Estás segura de que Yang no sospecha nada? —susurró Jaune, su voz apenas un hilo de aire.

Ruby Rose se quitó la capucha, revelando sus ojos plateados que brillaban con una mezcla de picardía y alivio. Se acercó a Jaune y le puso una mano en el hombro, apretando ligeramente.

—Está roncando como un Ursa —respondió Ruby con una sonrisa traviesa—. Además, cree que vine aquí para una "sesión de estrategia de armas de última hora". Sabes que no cuestiona nada que involucre a Crescent Rose.

Pyrrha se acercó a ellos, quedando a la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Sin su armadura, se veía más vulnerable, pero sus ojos verdes ardían con una intensidad que siempre lograba dejar a Jaune sin aliento.

—No podemos arriesgarnos mucho tiempo —dijo Pyrrha, rodeando el cuello de Jaune con sus brazos—. Si Nora se despierta y ve que no estoy en mi cama, o si Ren decide ir por un vaso de agua...

—Ren tiene el sueño pesado cuando medita antes de dormir —la interrumpió Jaune, aunque sus manos ya buscaban la cintura de la campeona—. Y Nora... bueno, Nora es Nora.

Ruby se deslizó entre ambos, rompiendo el espacio personal con esa naturalidad que solo ella poseía. Sus manos buscaron las de Jaune y las de Pyrrha, entrelazando sus dedos en un nudo que simbolizaba su secreto.

—Me gusta esto —admitió Ruby en voz baja, apoyando la cabeza en el pecho de Jaune—. Me gusta que seamos solo nosotros. Sin equipos, sin expectativas de ser "la líder" o "la campeona" o "el caballero". Solo nosotros tres.

—Es nuestro pequeño santuario —coincidió Pyrrha, inclinándose para besar la mejilla de Ruby antes de buscar los labios de Jaune.

El beso fue lento, una exploración cuidadosa que rápidamente se tornó en algo más profundo. Jaune sintió el calor de ambas rodeándolo. Era una dinámica extraña, una que desafiaba todas las normas que le habían enseñado en su hogar en Ansel, pero con ellas, todo se sentía extrañamente correcto. Pyrrha era su roca, su mentora, la mujer que veía en él un potencial que nadie más percibía. Ruby era su chispa, su igual, la persona que compartía sus miedos y sus sueños más infantiles.

—A veces me siento mal por mentirles a los demás —murmuró Jaune entre besos, mientras sus manos se perdían en el cabello rojo de Pyrrha.

—No es mentir, Jaune —dijo Pyrrha, separándose apenas unos milímetros—. Es proteger algo precioso. Si el mundo supiera, intentarían definirlo, etiquetarlo... o separarnos.

Ruby asintió, desabrochando con dedos ágiles los botones de la camisa de dormir de Jaune.

—Además, ¿te imaginas la cara de Weiss? —soltó una risita ahogada—. Probablemente sufriría un colapso nervioso.

La risa de los tres fue contenida, un sonido compartido que alivió la tensión. Se movieron hacia la cama de Jaune, que habían reforzado semanas atrás para que no rechinara ante el menor movimiento. En la penumbra, la ropa comenzó a desaparecer, dejando al descubierto la piel cálida y los corazones acelerados.

El contacto físico era una necesidad casi biológica. Para cazadores en formación, que pasaban sus días enfrentando a la muerte y al estrés constante, aquellos momentos de intimidad sexual y emocional eran su única forma de mantenerse cuerdos.

Jaune se encontró acostado de espaldas, con Pyrrha a un lado y Ruby al otro. Las manos de Pyrrha eran expertas, guiando a Jaune con una delicadeza que contrastaba con su fuerza en el campo de batalla. Ruby, por otro lado, era puro instinto y curiosidad, explorando cada rincón de la piel de sus compañeros con un asombro que hacía que Jaune se sintiera el hombre más afortunado de Remnant.

—¿Estás bien, Ruby? —preguntó Jaune, notando un ligero temblor en las manos de la chica de rojo.

—Sí —respondió ella, subiéndose sobre él y dejando que su cabello oscuro rozara el rostro de Jaune—. Es solo que... cada vez se siente más real. No quiero que termine nunca.

—No tiene por qué terminar —intervino Pyrrha, acariciando la espalda de Ruby mientras se unía a ellos en un abrazo colectivo—. Mientras estemos juntos, este espacio nos pertenece.

El encuentro se volvió más intenso, una danza de suspiros ahogados y caricias que quemaban. No había prisa, solo el deseo de perderse en el otro. Jaune se maravillaba de cómo Pyrrha podía ser tan dominante y a la vez tan entregada, y cómo Ruby florecía bajo su atención, perdiendo esa timidez juvenil para convertirse en una mujer segura de sus deseos.

En el clímax de la pasión, los nombres se susurraban como oraciones. No había títulos, no había misiones, no había Grimm. Solo estaba el calor de la piel de Pyrrha contra su costado y la respiración entrecortada de Ruby contra su cuello.

Horas más tarde, cuando la luna ya comenzaba su descenso, los tres permanecían entrelazados bajo las mantas. El sudor se enfriaba en sus cuerpos, pero el calor interno persistía.

—Debería volver —dijo Ruby, aunque no hizo ningún movimiento por levantarse—. Si Yang se despierta temprano para entrenar y no me ve...

—Cinco minutos más —suplicó Jaune, rodeándola con un brazo mientras el otro servía de almohada para Pyrrha.

—Cinco minutos —concedió la pelirroja, cerrando los ojos con una sonrisa de absoluta paz.

Se quedaron así, en un silencio cómodo, escuchando sus propios latidos sincronizados. Era un equilibrio precario. Sabían que el mundo exterior era cruel y que las responsabilidades de ser los protectores de la humanidad pronto llamarían a su puerta con una violencia que no perdonaría secretos.

—¿Creen que algún día podamos decírselo? —preguntó Ruby de repente, con la mirada fija en el techo de la habitación.

Jaune y Pyrrha intercambiaron una mirada. Había tantas complicaciones: las reglas de la academia, las expectativas de la familia Nikos, la sobreprotección de Yang, el papel de Jaune como líder del equipo rival.

—Tal vez algún día —dijo Pyrrha con suavidad—, cuando la guerra termine y ya no tengamos que ser soldados.

—Hasta entonces —añadió Jaune, besando la frente de ambas—, seremos nosotros contra el mundo. En las sombras.

Ruby se incorporó lentamente, buscando su ropa esparcida por el suelo. Se vistió con la eficiencia de quien está acostumbrada a las misiones de sigilo. Antes de ponerse la capa, se inclinó y besó a Jaune y luego a Pyrrha con una ternura que dolía.

—Nos vemos en el desayuno —susurró—. Intenten no verse demasiado... satisfechos. Ren es muy observador.

—Lo intentaremos —rio Jaune en voz baja.

Ruby se deslizó hacia la puerta, abriéndola apenas unos centímetros para verificar el pasillo. Con un último saludo con la mano, desapareció en la oscuridad, dejando tras de sí solo el ligero aroma a pétalos de rosa y el eco de una promesa.

Pyrrha se acurrucó contra Jaune, buscando el calor que Ruby había dejado.

—¿Crees que estamos haciendo lo correcto, Jaune? —preguntó ella, con una nota de vulnerabilidad que rara vez mostraba.

Jaune la abrazó con fuerza, sintiendo el peso de su espada y su escudo en el soporte cercano, pero prefiriendo mil veces el peso de la mujer que amaba en sus brazos.

—No sé si es lo "correcto" según los libros de texto, Pyrrha —admitió él—. Pero sé que nunca me he sentido más vivo. Y sé que no puedo imaginarme enfrentar lo que viene sin ustedes dos a mi lado.

Pyrrha asintió, acomodando su cabeza en el hueco del hombro de Jaune.

—Entonces es suficiente para mí.

El sueño finalmente los venció, un descanso profundo y reparador que solo llega cuando uno se siente verdaderamente a salvo. A la mañana siguiente, volverían a ser el líder torpe, la campeona perfecta y la niña prodigio de la guadaña. Caminarían por los pasillos de Beacon, compartirían comidas con sus amigos y lucharían codo con codo contra los monstruos que acechaban en la oscuridad.

Nadie notaría las miradas persistentes sobre el café, ni el roce accidental de las manos bajo la mesa de la biblioteca, ni la forma en que los tres siempre parecían moverse en una sincronía perfecta, como si sus almas estuvieran atadas por hilos invisibles.

Porque en un mundo lleno de monstruos y sombras, ellos habían encontrado su propia luz. Una luz secreta, prohibida y ardiente, que los mantendría unidos hasta que el último pétalo cayera y el acero se quebrara.

Y mientras el sol comenzaba a asomar por el horizonte de Vale, iluminando las torres de la academia, el secreto permanecía a salvo, guardado bajo llave en el corazón de tres jóvenes que habían aprendido que el amor, al igual que la guerra, requería sus propios sacrificios y sus propias sombras.

En el comedor, una hora después, Nora Valkyrie devoraba una montaña de panqueques con su energía habitual.

—¡Oigan! —exclamó Nora, mirando a Jaune y a Pyrrha—. Se ven muy descansados hoy. ¿Pasó algo bueno anoche?

Jaune casi se atraganta con su jugo de naranja, mientras Pyrrha mantenía una compostura envidiable, aunque un leve rubor traicionero subía por su cuello.

—Solo dormimos bien, Nora —respondió Pyrrha con una sonrisa tranquila—. El entrenamiento de ayer fue agotador.

En la mesa de al lado, Ruby Rose levantó la vista de su plato de galletas, guiñando un ojo plateado hacia Jaune antes de volver a su conversación con Blake.

—Sí —añadió Jaune, recuperando el aliento—. Fue exactamente lo que necesitábamos.

Ren, sentado al lado de Nora, observó al trío por un momento por encima de su taza de té. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, notando esa extraña aura de satisfacción que los rodeaba, pero decidió no decir nada. En Beacon, todos tenían sus secretos, y si el de ellos los hacía pelear mejor y sonreír más, quién era él para intervenir.

El día continuó como cualquier otro. Pero para Jaune, Ruby y Pyrrha, el mundo era diferente. Era más brillante, más intenso y, sobre todo, les pertenecía solo a ellos.

≡ Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic

Novedades de Fanfy

Un nuevo modelo para tus historias

Hemos actualizado el modelo de generación para que tus historias sean aún mejores. El nuevo modelo ya está activado.

Si prefieres la versión anterior, elige «Anterior» en el menú de tu perfil: haz clic en tu avatar en la esquina superior derecha.

Tus capítulos ya escritos se conservan. Tu elección se aplica a las próximas generaciones.