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Contrato millonario

Fandom: Jeongcheol

Creado: 18/12/2025

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Sombras en el Jardín de Cristal


Minhee, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, se sentó frente a Minjae Jeon en el pulcro salón de té. El aroma a jazmín inundaba el aire, pero la tensión era tan densa que casi se podía cortar con un cuchillo. Minjae, un hombre de negocios astuto y reservado, observaba a la madre de Seungcheol con una mezcla de curiosidad y cautela. Sabía que la visita de Minhee rara vez auguraba algo bueno.

—Gracias por recibirme, Minjae —comenzó Minhee, su voz suave como la seda, pero con un matiz de acero que no pasó desapercibido—. Es tan agradable poder conversar en un ambiente tan tranquilo.

Minjae asintió, su rostro impasible. —¿A qué debo el placer de tu visita, Minhee? Sabes que mi tiempo es valioso.

Minhee soltó una risita delicada, como el tintineo de campanillas de viento. —Directo al grano, como siempre. Admiro eso de ti. Verás, he estado… reflexionando mucho sobre la unión de nuestros hijos.

Minjae frunció el ceño. —¿Hay algún problema? Seungcheol y Jeonghan parecen estar bien.

—¿Lo están? —Minhee arqueó una ceja, una pequeña chispa de malicia brillando en sus ojos—. Me pregunto si realmente conoces la magnitud de la situación, Minjae. O quizás, la magnitud de la verdad.

El ambiente se tensó aún más. Minjae dejó su taza de té con un suave tintineo. —¿A qué te refieres, Minhee? Sé exactamente qué tipo de acuerdo se hizo entre nuestras familias. Un matrimonio por contrato, para asegurar la estabilidad de ambas empresas y, por supuesto, la continuación del linaje Choi.

—Ah, el linaje Choi —Minhee sonrió, una sonrisa fría que no llegaba a sus ojos—. Y, ¿qué pasa con el linaje Jeon? ¿Estás tan seguro de que Jeonghan es quien dice ser?

Minjae se endureció. —¿Estás insinuando algo sobre mi hijo?

—No, no, por supuesto que no —Minhee agitó una mano con aparente inocencia—. Solo me pregunto si conoces todos los detalles de su… origen. Después de todo, Jeonghan fue adoptado, ¿no es así? Y los registros… bueno, a veces los registros pueden ser un poco… incompletos.

El corazón de Minjae dio un vuelco. Era un secreto que había guardado celosamente durante décadas, un secreto que ni siquiera Jeonghan conocía por completo. Había adoptado a Jeonghan cuando era un bebé, en circunstancias que siempre había mantenido en la más estricta confidencialidad. Los padres biológicos de Jeonghan habían sido un tema tabú, y Minjae había jurado proteger al niño de cualquier dolor relacionado con su pasado.

—No entiendo a dónde quieres llegar, Minhee —dijo Minjae, tratando de mantener la calma, aunque un sudor frío empezaba a recorrer su espalda.

Minhee se inclinó hacia adelante, su voz bajando a un susurro conspirador. —Digamos que tengo información. Información que podría poner en entredicho no solo la paternidad de Jeonghan, sino también la validez de todo este matrimonio por contrato. ¿Qué pasaría si se descubriera que Jeonghan no es apto para portar el nombre Jeon en el sentido más estricto? ¿O que su linaje… no es tan puro como se creía?

La insinuación fue un golpe directo. Minjae apretó los puños bajo la mesa. —¿Estás amenazándome?

—No, Minjae. Estoy… advirtiéndote —Minhee se reclinó, su expresión ahora de falsa preocupación—. Seungcheol necesita un heredero. Un heredero Choi, con sangre Choi pura. Y si Jeonghan no puede proporcionárselo, o si su propio linaje es cuestionable, entonces todo el acuerdo se desmorona. Y con él, la reputación de tu familia.

Minjae la miró fijamente, sus ojos oscuros y penetrantes. Sabía que Minhee era una mujer peligrosa, capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quería: un heredero varón para la fortuna Choi, y el control total sobre su hijo.

—Jeonghan está embarazado —dijo Minjae, su voz firme—. Espera una niña.

La sonrisa de Minhee se desvaneció por un instante, un destello de rabia pura cruzando sus facciones. —Una niña. Qué… conveniente. Pero no es suficiente, Minjae. No para Seungcheol, no para la familia Choi. Necesitamos un hijo. Un varón.

—Eso es algo que Seungcheol y Jeonghan deben decidir —replicó Minjae.

—Y lo harán —Minhee sonrió de nuevo, una sonrisa gélida—. Pero quizás con un poco de… persuasión. Verás, tengo una oferta para ti, Minjae. Una que podría evitar que ciertos… secretos salgan a la luz.

Minjae sabía que estaba en un punto de quiebre. Minhee no era de las que faroleaban. Si tenía información sobre el pasado de Jeonghan, era probable que fuera explosiva.

—¿Qué quieres? —preguntó Minjae, su voz apenas un susurro.

—Quiero que Jeonghan… desaparezca —dijo Minhee, sus ojos brillando con una intensidad inquietante—. No para siempre, por supuesto. Solo lo suficiente para que Seungcheol se dé cuenta de que su verdadero lugar es con una mujer que pueda darle el heredero que necesita. Y tú, Minjae, te aseguras de que Jeonghan se mantenga alejado. Que él y esa niña… se mantengan alejados.

El aire en el salón de té se volvió asfixiante. Minjae sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Minhee estaba pidiéndole que traicionara a su propio hijo, que lo abandonara a su suerte.

—Nunca —gruñó Minjae, la furia finalmente rompiendo su fachada de calma—. Jeonghan es mi hijo. Y no permitiré que nadie le haga daño.

Minhee soltó una risa seca. —¿Estás seguro de eso, Minjae? Porque si mis informaciones son correctas, el pasado de Jeonghan es mucho más oscuro de lo que crees. Y si sale a la luz, no solo dañará a Jeonghan, sino también a la reputación de tu familia. Y a su vez, a tu empresa. Piénsalo bien. ¿Realmente quieres arriesgarlo todo por un hijo que ni siquiera es de tu sangre?

La crueldad de las palabras de Minhee caló hondo en Minjae. La verdad era que, aunque amaba a Jeonghan como a su propio hijo, el miedo a que su pasado saliera a la luz siempre había sido una sombra persistente. Un pasado lleno de secretos que podrían destruir todo lo que había construido.

Mientras tanto, Jeonghan, ajeno a la oscura conversación que se desarrollaba, paseaba por los jardines de la mansión Choi. Su cabello rubio rizado brillaba bajo el sol de la tarde, y sus ojos almendrados se posaban con dulzura en su vientre ligeramente abultado. Estaba embarazado de casi cuatro meses, y la idea de tener una niña llenaba su corazón de una alegría inmensa.

Seungcheol, su esposo, había estado más atento de lo habitual últimamente. Desde que se enteraron del embarazo, su relación, que había comenzado como un frío matrimonio por contrato, había empezado a florecer. Pequeños gestos de cariño, miradas furtivas, y conversaciones más profundas habían ido tejiendo una conexión que Jeonghan nunca esperó.

Pero la sombra de Minhee siempre estaba presente. La madre de Seungcheol no había disimulado su descontento con el embarazo de Jeonghan, y mucho menos con la noticia de que sería una niña. Sus comentarios sarcásticos y sus miradas desaprobatorias eran una constante fuente de ansiedad para Jeonghan.

Ese mismo día, en la oficina de Seungcheol, el ambiente era tenso. Su padre, el abuelo Choi, lo había convocado para una conversación seria.

—Seungcheol, hijo —comenzó su abuelo, su voz grave y autoritaria—. Tu madre me ha estado informando sobre el embarazo de Jeonghan.

Seungcheol sintió un escalofrío. Sabía que las "informaciones" de su madre siempre venían con una agenda oculta.

—Sí, abuelo. Jeonghan está bien. La bebé también.

—Una niña —el abuelo Choi suspiró, la decepción evidente en su voz—. No es lo que esperábamos.

Seungcheol apretó los puños. —Abuelo, lo importante es que la bebé nazca sana. Y es mi hija.

—Lo sé, lo sé —dijo el abuelo, agitando una mano con impaciencia—. Pero la línea Choi necesita un heredero varón. Un verdadero heredero. Tu madre tiene razón en preocuparse.

—Mi madre solo se preocupa por sus propios intereses —Seungcheol replicó, la voz cargada de frustración—. Ella no acepta a Jeonghan, y mucho menos a nuestra hija.

—Tu madre siempre ha velado por el bienestar de esta familia, Seungcheol —el abuelo Choi lo miró fijamente—. Y tiene información que podría ser… preocupante.

Seungcheol frunció el ceño. —¿Qué tipo de información?

—Sobre el pasado de Jeonghan. Sobre su verdadera ascendencia —el abuelo Choi se inclinó hacia adelante, su voz bajando a un tono confidencial—. Tu madre dice que Minjae Jeon no es el padre biológico de Jeonghan, y que su origen es… incierto. Que hay secretos oscuros en su pasado que podrían dañar la reputación de nuestra familia si salieran a la luz.

La noticia golpeó a Seungcheol como un rayo. Nunca había cuestionado la paternidad de Minjae sobre Jeonghan. Siempre había asumido que era su hijo biológico. La idea de que Jeonghan pudiera tener un pasado oculto, un origen incierto, lo dejó aturdido.

—¿De qué estás hablando, abuelo? —preguntó Seungcheol, su voz apenas un susurro.

—Tu madre ha estado investigando. Y lo que ha encontrado… podría poner en peligro todo lo que hemos construido —el abuelo Choi se puso de pie, su expresión severa—. Necesitas averiguar la verdad, Seungcheol. Por el bien de la familia Choi. Y por el bien de tu futuro heredero.

Seungcheol salió de la oficina de su abuelo con la cabeza dando vueltas. Las palabras de su madre y su abuelo resonaban en su mente, sembrando semillas de duda y desconfianza. ¿Podría ser cierto? ¿Podría Jeonghan haberle ocultado algo tan fundamental?

Esa noche, Seungcheol observó a Jeonghan mientras dormía. Su rostro, enmarcado por sus rizos rubios, era sereno y hermoso. La mano de Jeonghan descansaba sobre su vientre, y Seungcheol sintió una punzada de culpa al pensar en las palabras de su madre. ¿Cómo podía dudar de la persona que llevaba a su hija?

Pero la semilla de la duda ya estaba plantada. Y Minhee, consciente de que su plan estaba en marcha, sonrió para sí misma en la oscuridad de su habitación. Las sombras se alargaban, y el jardín de cristal, donde Jeonghan había encontrado una efímera felicidad, empezaba a resquebrajarse.

Al día siguiente, Jeonghan se sintió extrañamente vigilado. Pequeñas cosas, miradas furtivas de los sirvientes, susurros que se silenciaban cuando él se acercaba. La tensión en la mansión era palpable. Seungcheol, por su parte, se había vuelto distante, absorto en sus pensamientos, y sus ojos oscuros a menudo se posaban en Jeonghan con una expresión indescifrable.

Jeonghan decidió confrontar a Seungcheol durante la cena. El ambiente era frío, la conversación escasa.

—¿Pasa algo, Seungcheol? —preguntó Jeonghan, su voz suave pero firme.

Seungcheol levantó la vista de su plato, sus ojos encontrándose con los de Jeonghan. Había una sombra de dolor y confusión en su mirada.

—No, nada —respondió Seungcheol, pero su voz no sonaba convincente.

—Sé que algo te preocupa —insistió Jeonghan—. Has estado distante, Seungcheol. ¿Es por el embarazo? ¿Por la bebé?

Seungcheol dejó los cubiertos con un suave tintineo. —No es eso, Jeonghan. Es… otra cosa.

—¿Qué cosa? —Jeonghan sintió un nudo en el estómago.

Seungcheol dudó por un momento, sus ojos esquivando los de Jeonghan. Sabía que las palabras que estaba a punto de pronunciar podrían romper la frágil confianza que habían construido.

—Mi madre… ella me ha dicho cosas —comenzó Seungcheol, su voz apenas audible—. Sobre tu pasado. Sobre tu… origen.

El corazón de Jeonghan dio un vuelco. El secreto de su adopción, un tema que su padre Minjae siempre había mantenido en la oscuridad, era una herida abierta en su alma.

—¿Qué te ha dicho tu madre? —preguntó Jeonghan, su voz temblaba ligeramente.

Seungcheol lo miró directamente a los ojos, una mezcla de dolor y recriminación en su mirada. —Dice que Minjae Jeon no es tu padre biológico. Que tu linaje es incierto. Y que hay secretos en tu pasado que podrían dañar nuestra familia. ¿Es eso cierto, Jeonghan? ¿Me has ocultado algo?

Las palabras de Seungcheol cayeron como un golpe. Jeonghan sintió un frío recorrer su cuerpo. La traición, la duda en los ojos de Seungcheol, eran insoportables. Las maquinaciones de Minhee habían comenzado a dar sus frutos, sembrando la discordia entre ellos. El jardín de cristal, que Jeonghan había empezado a ver como su hogar, se estaba desmoronando a su alrededor. Y las sombras, que Minhee había invocado, empezaban a envolverlo todo.
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