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Loveless
Fandom: Harry Potter
Creado: 27/12/2025
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UA (Universo Alternativo)DramaEstudio de PersonajeOscuroPsicológicoFantasíaAngustiaTragediaCrimenRomanceDistopía
La Serpiente Dorada de Gryffindor
El sombrero seleccionador se posó sobre la cabeza de Ronald Weasley, y un silencio expectante llenó el Gran Comedor. Los ojos de los estudiantes y profesores estaban fijos en el pelirrojo, ansiosos por ver a qué casa enviaría el mágico sombrero a otro Weasley. La familia Weasley era conocida por su lealtad inquebrantable a Gryffindor, y la idea de que alguno de ellos terminara en otra casa era casi impensable.
—¡Slytherin!— resonó la voz del Sombrero Seleccionador, y el Gran Comedor estalló en un murmullo de sorpresa.
Ron, con una mezcla de shock y una extraña sensación de satisfacción, se dirigió a la mesa de Slytherin. Los estudiantes de la casa de las serpientes lo miraron con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Un Weasley en Slytherin era algo inaudito, y la tensión en el aire era palpable.
Al sentarse, Draco Malfoy, con su típica arrogancia, lo miró de arriba abajo.
—Vaya, vaya, un Weasley en Slytherin. ¿Qué sigue? ¿Un elfo doméstico como profesor de pociones?—
Ron, en lugar de encogerse, lo miró directamente a los ojos.
—Más bien, un Malfoy que no sabe cuándo callarse—, respondió con una sonrisa astuta.
La respuesta sorprendió a Draco, quien no estaba acostumbrado a que los Weasley le respondieran de esa manera. El resto de los Slytherins soltaron risas ahogadas, y Ron sintió una punzada de orgullo. Sabía que este era el comienzo de algo diferente.
Los primeros días en Slytherin fueron un desafío. Ron se dio cuenta rápidamente de que la casa no era lo que se esperaba. No solo eran ambiciosos, sino que también eran astutos, calculadores y, sobre todo, leales a los suyos. Ron, con su inteligencia innata y su capacidad para observar y aprender, se adaptó rápidamente. Entendió que en Slytherin, la supervivencia dependía de la astucia y la habilidad para jugar el juego.
Una noche, mientras los otros Slytherins dormían, Ron se levantó y se dirigió a la biblioteca. Había escuchado rumores sobre un libro antiguo que contenía hechizos de manipulación y persuasión. Ron, con su mente aguda, sabía que esos hechizos podrían ser útiles en su nueva vida.
Encontró el libro, escondido detrás de una pila de tomos polvorientos. El libro, titulado "El Arte de la Persuasión Oscura", estaba lleno de hechizos y estrategias para influir en los demás. Ron pasó horas leyendo, absorbiendo cada palabra, cada hechizo. Se dio cuenta de que este libro era la clave para su ascenso en Slytherin.
A la mañana siguiente, Ron se despertó con una nueva determinación. Había descubierto que la vida era mucho más fácil con mentiras, robos y estafas. No era que fuera inherentemente malvado, sino que había comprendido que la moralidad era un lujo que no podía permitirse en Slytherin.
Su primer objetivo fue Draco Malfoy. Ron se dio cuenta de que Draco, a pesar de su arrogancia, era predecible y fácil de manipular. Ron, utilizando los hechizos de persuasión que había aprendido, comenzó a sembrar dudas en la mente de Draco. Le hizo creer que sus amigos, Crabbe y Goyle, lo estaban traicionando.
Draco, cegado por su propia arrogancia, cayó en la trampa. Se volvió paranoico, desconfiando de todos a su alrededor. Ron, aprovechando la situación, se ofreció a "ayudarlo" a descubrir la verdad. Ron, con su astucia, manipuló a Draco para que le diera información valiosa sobre los secretos de su familia.
Con el tiempo, Ron se convirtió en una figura influyente en Slytherin. No era el líder, pero era el cerebro detrás de muchas de las estrategias de la casa. Sus compañeros de casa lo respetaban, aunque a veces le temían. Sabían que Ron era capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quería.
Su reputación en Hogwarts era impecable. Ron era conocido como un estudiante brillante, un estratega nato y un líder carismático. Nadie sospechaba de sus verdaderas intenciones. Ron, con su encanto y su habilidad para mentir, mantenía una fachada perfecta.
Sin embargo, su familia no estaba tan convencida. Los Weasley estaban preocupados por el cambio de Ron. Su madre, Molly, no podía entender cómo su hijo, el mismo que antes era tan torpe y noble, se había convertido en un Slytherin tan astuto y calculador.
Un día, durante las vacaciones de Navidad, Ron regresó a La Madriguera. Su familia lo recibió con una mezcla de alivio y preocupación. Fred y George, siempre con sus bromas, intentaron animarlo, pero Ron no era el mismo.
—Ron, ¿estás bien?— preguntó Molly, con voz suave. —Has cambiado mucho desde que fuiste a Hogwarts—.
Ron sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Estoy bien, mamá. Solo estoy madurando, eso es todo—.
Arthur, su padre, lo miró con preocupación.
—Ron, sabemos que Slytherin no es fácil, pero no queremos que te conviertas en alguien que no eres—.
Ron se encogió de hombros.
—Soy quien soy, papá. Y estoy orgulloso de ello—.
La conversación terminó ahí, pero la preocupación de la familia Weasley solo creció. No entendían que Ron había encontrado su lugar en Slytherin, que había descubierto que la astucia y la ambición eran sus mayores fortalezas.
De vuelta en Hogwarts, Ron continuó con sus artimañas. Había descubierto un nuevo objetivo: los exámenes. Ron, con su inteligencia, no necesitaba robar las respuestas. En cambio, ideó un plan para manipular a los profesores.
Utilizando sus hechizos de persuasión, Ron convenció a los profesores de que era un estudiante ejemplar, que se esforzaba al máximo y que merecía una oportunidad. Los profesores, cegados por la manipulación de Ron, le dieron pistas sutiles sobre las preguntas de los exámenes.
Ron, con su astucia, interpretó estas pistas y se preparó para los exámenes. Sus calificaciones eran impecables, lo que solo aumentaba su reputación como un estudiante brillante.
Un día, mientras estaba en la biblioteca, Ron se encontró con Hermione Granger. Hermione, con su inteligencia y su amor por los libros, era la única persona en Hogwarts que podía ver a través de la fachada de Ron.
—Ron, ¿qué estás haciendo?— preguntó Hermione, con voz suave. —Sé que algo no está bien contigo—.
Ron la miró, su sonrisa astuta se desvaneció por un momento.
—No sé de qué hablas, Hermione—.
Hermione se sentó a su lado, sus ojos llenos de preocupación.
—No eres el mismo Ron. Eras noble, leal... ahora eres... diferente. Slytherin te ha cambiado—.
Ron se rió.
—Slytherin me ha enseñado a sobrevivir, Hermione. Me ha enseñado que el mundo no es un cuento de hadas, que la gente te pisará si no te defiendes—.
Hermione suspiró.
—Pero no tienes que ser así. No tienes que mentir y engañar para tener éxito—.
Ron la miró, sus ojos brillando con una extraña luz.
—Tal vez no, Hermione. Pero es más fácil así. Y en Slytherin, la facilidad es un lujo que no podemos permitirnos perder—.
La conversación terminó ahí, pero Hermione no se dio por vencida. Ella sabía que el Ron que conocía todavía estaba ahí, en algún lugar, escondido bajo la capa de astucia y ambición.
Mientras tanto, Harry Potter, ajeno a las manipulaciones de Ron, estaba preocupado por su amigo. Había notado el cambio en Ron, pero no podía entenderlo. Harry, con su lealtad inquebrantable, quería ayudar a Ron, pero no sabía cómo.
Un día, Harry se encontró con Ron en el pasillo.
—Ron, ¿podemos hablar?— preguntó Harry.
Ron asintió, su sonrisa astuta en su rostro.
—Claro, Harry. ¿Qué pasa?—
Harry dudó por un momento.
—Ron, ¿por qué eres tan diferente? No eres el Ron que conocí—.
Ron se encogió de hombros.
—La gente cambia, Harry. Es parte de la vida—.
Harry frunció el ceño.
—Pero no así. No te has vuelto... frío. Slytherin te ha convertido en alguien que no eres—.
Ron se rió.
—Slytherin me ha mostrado quién soy realmente, Harry. Me ha mostrado que soy inteligente, astuto y que puedo conseguir lo que quiero. Y no hay nada de malo en eso—.
Harry lo miró con decepción.
—Ron, eso no es lo que significa ser un Weasley. Los Weasley son leales, honestos...—
Ron lo interrumpió.
—Y eso es lo que me llevó a Gryffindor, ¿no? Pero mira dónde estoy ahora, Harry. Estoy en Slytherin, y estoy prosperando. Estoy haciendo cosas que nunca hubiera podido hacer en Gryffindor—.
La conversación terminó abruptamente, y Harry se fue, sintiendo una mezcla de tristeza y frustración. No podía entender cómo su amigo había cambiado tanto.
Ron, por su parte, se sintió una punzada de remordimiento, pero la ignoró. Había elegido su camino, y no había vuelta atrás. En Slytherin, la compasión era una debilidad, y Ron no podía permitirse ser débil.
A medida que pasaban los años, Ron se convirtió en uno de los Slytherins más prominentes. Su reputación como un estratega brillante y un manipulador experto creció. Nadie en Hogwarts, excepto Hermione, sospechaba de sus verdaderas intenciones.
Ron, con su astucia, siempre se aseguraba de que sus acciones no tuvieran consecuencias negativas para él. Siempre encontraba una manera de culpar a otros, de desviar la atención de sí mismo.
Su familia, aunque todavía preocupada, se había resignado al cambio de Ron. Habían aceptado que su hijo era diferente, que había encontrado su propio camino en la vida, aunque no fuera el que ellos esperaban.
Un día, durante su séptimo año, Ron se encontró con Dumbledore en su oficina. Dumbledore, con su mirada penetrante, lo observó con una mezcla de curiosidad y preocupación.
—Señor Weasley, he estado observando su progreso en Hogwarts— dijo Dumbledore, con voz suave. —Ha demostrado ser un estudiante excepcional, con una mente aguda y una habilidad para la estrategia que pocos poseen—.
Ron sonrió, su sonrisa astuta en su rostro.
—Gracias, profesor. Me esfuerzo por ser lo mejor que puedo ser—.
Dumbledore asintió.
—Lo sé, señor Weasley. Pero también sé que hay más en usted de lo que muestra. Sé que es un joven con un gran potencial, pero también con una gran oscuridad—.
Ron se encogió de hombros.
—Todos tenemos oscuridad dentro de nosotros, profesor. Es solo cuestión de cómo la usamos—.
Dumbledore suspiró.
—Espero que la use para el bien, señor Weasley. Porque el poder que posee, si se usa para el mal, puede tener consecuencias devastadoras—.
Ron sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—No se preocupe, profesor. Siempre sé lo que hago—.
Dumbledore lo miró con preocupación. Sabía que Ron era un joven peligroso, un joven que podía cambiar el rumbo de la historia, para bien o para mal.
Ron, por su parte, se fue de la oficina de Dumbledore con una sensación de satisfacción. Sabía que había logrado engañar al director, que había logrado mantener su fachada intacta.
A medida que se acercaba el final de su séptimo año, Ron se dio cuenta de que había logrado todo lo que quería en Hogwarts. Había demostrado ser el Slytherin más astuto y ambicioso de su generación. Había manipulado a todos a su alrededor, había robado y engañado, y había salido ileso.
Pero a pesar de todo su éxito, Ron sentía un vacío en su corazón. Había logrado todo lo que quería, pero a qué costo. Había perdido a sus amigos, había decepcionado a su familia, y se había convertido en alguien que no reconocía.
Una noche, mientras estaba solo en la sala común de Slytherin, Ron se miró en el espejo. Vio el reflejo de un hombre astuto, ambicioso y calculador. Pero también vio el reflejo de un hombre solo, un hombre que había sacrificado su alma por el éxito.
Ron se dio cuenta de que había cometido un error. Había elegido el camino de la oscuridad, y ahora no había vuelta atrás. Había logrado todo lo que quería, pero había perdido lo más importante: a sí mismo.
Con lágrimas en los ojos, Ron se prometió a sí mismo que cambiaría. Que usaría su astucia y su ambición para el bien, que se redimiría por sus errores. Pero sabía que el camino sería largo y difícil, y que no sería fácil recuperar la confianza de aquellos a quienes había traicionado.
Ron Weasley, la serpiente dorada de Gryffindor, había encontrado su lugar en Slytherin. Pero ahora, tenía que encontrar su camino de regreso a la luz. Y ese sería el mayor desafío de su vida.
