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Sombras del pasado

Fandom: transformers prime

Creado: 30/12/2025

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El Despertar Oscuro


El helado abrazo del Ártico había sido su hogar durante eones. El crujido monótono del hielo, el aullido del viento polar y la constante, aunque sutil, pulsación del energon oscuro bajo sus circuitos. Para Oblivor, el tiempo había dejado de tener sentido. Su conciencia flotaba en un limbo de semi-sueño, sus sistemas centrales en un estado de hibernación forzada, alimentados por la misma sustancia que lo había condenado. Fragmentos de datos, ecos de estrellas lejanas y la memoria de mundos inexplorados se arremolinaban en su procesador, pero la guerra, los Autobots, los Decepticons… todo eso era ajeno a su letargo.

La primera señal de cambio no fue un sonido, sino una vibración. Un temblor sutil que recorrió las vastas extensiones de hielo, resonando en su chasis. Luego, un estruendo metálico que se acercaba, seguido de la voz de un humano, amplificada por lo que sonaba como un comunicador.

—¡Ratchet, creo que encontramos algo! —La voz, joven y excitada, cortó el silencio milenario.

Oblivor sintió una oleada de energía. No era la familiar pulsación del energon oscuro, sino algo diferente, más puro, más… vivo. Sus sensores, dormidos por tanto tiempo, comenzaron a activarse, parpadeando débilmente. El hielo a su alrededor se agrietaba, y una luz intensa comenzó a filtrarse.

—¡Cuidado, Miko! Podría ser cualquier cosa —respondió otra voz, más adulta y cautelosa.

Oblivor intentó mover sus servomotores, pero estaban agarrotados. El frío había solidificado el energon oscuro en sus articulaciones, dejándolo inmóvil. La luz se hizo más brillante, y pudo discernir formas borrosas. Pequeñas criaturas bípedas, con herramientas extrañas en sus manos. Humanos. Y junto a ellos, lo que parecían ser vehículos terrestres.

De repente, una excavadora masiva irrumpió a través de la última capa de hielo que lo cubría. La luz solar, después de milenios, lo golpeó directamente. Sus ópticas se encendieron con un brillo ámbar parpadeante, luchando por enfocar. Pudo ver a los humanos, tres de ellos, y a un gigantesco robot verde y blanco que los acompañaba. Un Autobot.

—¡Es un Transformer! —exclamó la voz de Miko, su entusiasmo palpable.

—¡Y parece estar… vivo! —agregó el joven humano, Raf, con asombro.

El robot verde y blanco, Ratchet, se acercó con cautela. Sus ópticas escanearon el cuerpo inerte de Oblivor, deteniéndose en los paneles verdosos y el brillo intermitente.

—Sus lecturas son… anómalas —murmuró Ratchet—. Hay una concentración inusual de energon oscuro a su alrededor, y dentro de él. Pero sus signos vitales son estables, si bien débiles.

Oblivor sintió un pinchazo. Un dispositivo médico se había conectado a su brazo. La energía pura del energon Autobot comenzó a fluir por sus circuitos, despertando sistemas que creía perdidos. Fue como si un río de hielo se derritiera en su interior, liberando el flujo de datos y recuerdos. El dolor fue intenso, pero la claridad que le siguió fue aún mayor.

—¿Qué… qué ha pasado? —Su voz, rasposa y distorsionada por el desuso, sorprendió a los humanos y a Ratchet.

—¡Está hablando! —exclamó Jack, el tercer humano.

Ratchet se arrodilló, su expresión de cautela mezclada con curiosidad.

—Soy Ratchet, médico jefe de los Autobots. Te hemos encontrado congelado en hielo. ¿Cuál es tu designación?

Oblivor procesó la información. Autobots. La guerra. Recordó los susurros antes de su misión final, los rumores de una facción que se oponía a los Decepticons.

—Oblivor —respondió, su voz recuperando un poco de su timbre original—. Soy… era un explorador de espacio profundo. Fui desviado de mi curso hace… mucho tiempo. ¿Qué es este lugar? ¿Y… qué es un Autobot?

Ratchet y los humanos intercambiaron miradas. La amnesia de Oblivor era comprensible, dada su larga hibernación.

—Estás en la Tierra, Oblivor —explicó Ratchet con paciencia—. Y la guerra entre Autobots y Decepticons ha llegado hasta aquí. Nosotros somos los Autobots, y luchamos por la libertad.

Oblivor asimiló la información. La Tierra. La guerra. Todo era tan diferente a los pacíficos sistemas estelares que había explorado. Sus ópticas ámbar escanearon el entorno, notando la tecnología humana, los vehículos, las extrañas estructuras que se alzaban en el horizonte.

—Mi nave… ¿dónde está mi nave? —preguntó, intentando recordar los detalles de su accidente.

—Tu modo alterno es una nave exploratoria, ¿cierto? —Ratchet confirmó, habiendo escaneado sus circuitos—. No la hemos visto. Es probable que se haya desintegrado o esté enterrada en lo profundo del hielo.

La noticia fue un golpe. Su nave, su hogar, su propósito… desaparecido. Pero había algo más, una sensación extraña que se agitaba en su núcleo. Una resonancia con el energon oscuro que aún lo rodeaba.

—Siento… algo —murmuró Oblivor, sus ópticas parpadeando—. Una conexión con esta sustancia. Es… inestable.

Ratchet frunció el ceño.

—Esa es la exposición al energon oscuro. Te ha mantenido con vida, pero también ha corroído tus sistemas. Necesitarás un examen completo en nuestra base.

La base. Otro concepto nuevo. Oblivor asintió, su mente ya trabajando, analizando la situación, sopesando las implicaciones. A pesar de su confusión, la curiosidad innata del explorador se encendió.

El viaje a la base Autobot fue una experiencia surrealista para Oblivor. Ser transportado por un puente terrestre, una tecnología que no conocía, lo dejó asombrado. La base subterránea era un hervidero de actividad. Otros Autobots, imponentes y poderosos, se movían con propósito. Optimus Prime, el líder, se acercó, su presencia irradiando autoridad y compasión.

—Bienvenido a nuestra base, Oblivor —dijo Optimus, su voz profunda y resonante—. Lamentamos tu situación, pero nos alegra que estés a salvo.

Oblivor se inclinó ligeramente, un gesto de respeto que recordaba de su época de explorador.

—Gracias, Optimus Prime. Es un honor.

Durante los siguientes días, Oblivor fue sometido a una batería de exámenes y reparaciones. Ratchet trabajó incansablemente, intentando estabilizar los sistemas dañados por el energon oscuro. Los paneles verdosos en su cuerpo eran un testimonio constante de su calvario, y el brillo intermitente de su energía era una molestia persistente.

—Tus habilidades de análisis son excepcionales, Oblivor —comentó Ratchet un día, mientras revisaba los datos—. Has desarrollado una sensibilidad única al energon oscuro. Podrías ser invaluable para nosotros en la detección de fuentes Decepticon.

Oblivor asintió, su visor ámbar iluminándose mientras procesaba la información.

—Siento la presencia de esta sustancia en el planeta. Es… diferente a cualquier cosa que haya encontrado antes. Parece tener una voluntad propia.

—Es energon oscuro —explicó Optimus, que se había unido a ellos—. La sangre de Unicron. Es una fuerza destructiva y corruptora.

Unicron. El nombre resonó en los circuitos de Oblivor, causando una extraña perturbación. Era como un eco lejano, una memoria que no era suya, pero que se sentía profundamente arraigada.

—Unicron… —murmuró, sintiendo un escalofrío metálico—. Siento una… conexión. Una resonancia.

Optimus y Ratchet intercambiaron miradas preocupadas.

—Eso es lo que temíamos —dijo Ratchet—. Tu prolongada exposición al energon oscuro te ha imbuido con algo más que inestabilidad. Has desarrollado un vínculo con la entidad misma.

La noticia fue perturbadora. Oblivor siempre había sido un maestro del control, un estratega meticuloso. La idea de una fuerza externa influyendo en su mente y cuerpo era alarmante.

—¿Hay alguna forma de… romperlo? —preguntó.

—No lo sabemos —respondió Optimus con seriedad—. Es una conexión profunda. Pero tu voluntad es tuya, Oblivor. Debes resistir cualquier influencia.

A pesar de la incertidumbre, Oblivor encontró un propósito entre los Autobots. Sus habilidades de camuflaje óptico y análisis táctico lo convirtieron en un explorador y especialista en infiltración aérea invaluable. Sus vuelos de reconocimiento eran legendarios, sus alas retráctiles brillando con un rastro azul mientras se deslizaba por los cielos terrestres, un fantasma metálico en la noche.

Un día, durante una misión de reconocimiento de rutina, Oblivor detectó una anomalía. Una señal de energon oscuro inusualmente fuerte, proveniente de una cueva remota en el desierto.

—Optimus, Ratchet, he detectado una concentración masiva de energon oscuro —informó Oblivor a través del comunicador—. Es… diferente. Más potente, más… vivo.

—Ten cuidado, Oblivor —advirtió Optimus—. Podría ser una trampa Decepticon.

Oblivor se transformó en su modo robot, sus ópticas ámbar escaneando la entrada de la cueva. El aire vibraba con una energía sombría. Podía sentirla en sus circuitos, un pulso rítmico que resonaba con el energon oscuro en su propio cuerpo.

Entró en la cueva, sus pasos silenciosos. La oscuridad se intensificó, y el brillo de sus paneles verdosos se hizo más pronunciado. La conexión con Unicron se hizo más fuerte, como si una mano invisible se extendiera hacia su chispa.

En el centro de la cueva, encontró la fuente. Un gran cristal de energon oscuro, pulsando con una luz violácea. Pero no era solo un cristal. El energon oscuro parecía retorcerse, formando un patrón, una forma.

De repente, una voz resonó en su mente, profunda y antigua, no a través de sus comunicadores, sino directamente en su procesador.

—*Despierta, mi emisario. El tiempo ha llegado.*

Oblivor se tambaleó, sus sistemas fallando momentáneamente. La voz era la de Unicron. La resonancia se convirtió en un torrente, inundando su mente con imágenes de destrucción, caos y un poder inimaginable.

El energon oscuro en su propio cuerpo comenzó a vibrar con más intensidad. El brillo intermitente se volvió constante, y las sombras danzaron a su alrededor con una vida propia. Sus ópticas ámbar se volvieron de un tono más oscuro, casi rojizo.

—No… —Oblivor luchó contra la influencia, intentando mantener el control. Pero la conexión era demasiado fuerte, la tentación demasiado grande.

—*Eres mío, Oblivor. Siempre lo has sido. Tu destino es ser mi heraldo.*

El dolor fue insoportable. Era como si su chispa se desgarrara, una parte de él luchando por la libertad, la otra cediendo a la oscuridad. Sus brazos se elevaron involuntariamente, sus cañones de energía brillando con una luz púrpura.

—¡Oblivor! ¡Responde! —La voz de Optimus sonó a través de su comunicador, distante y preocupada.

Pero Oblivor no pudo responder. Su mente estaba en un torbellino, su cuerpo convulsionaba. El energon oscuro en la cueva se intensificó, y el cristal vibró con una fuerza abrumadora.

Una ráfaga de energía oscura brotó del cristal, envolviendo a Oblivor. Sus gritos se ahogaron en el estruendo. Cuando la luz cesó, Oblivor ya no era el mismo.

Sus paneles negros metálicos ahora tenían vetas de color púrpura oscuro que parecían palpitar con energía. El azul eléctrico y el verde neón de sus articulaciones y propulsores habían sido reemplazados por un tono magenta siniestro. Sus ópticas ámbar ahora brillaban con un rojo intenso y malévolo. Las alas retráctiles se habían vuelto más angulosas, con bordes afilados que parecían cuchillas.

Su forma era la misma, pero la esencia era diferente. El explorador curioso y sarcástico había sido suplantado por algo más antiguo, más oscuro. Un emisario.

—*Ahora, Oblivor. Cumple tu propósito.*

La voz de Unicron resonó en su mente, clara y autoritaria. Oblivor, ahora un títere de la oscuridad, levantó la cabeza. Una sonrisa cruel se extendió por sus labios, una expresión que nunca antes había usado.

—Como desees, mi señor —dijo, su voz profunda y resonante, desprovista de cualquier emoción que no fuera la lealtad a su nuevo amo.

Fuera de la cueva, los Autobots detectaron un pico masivo de energía oscura.

—¡Oblivor! ¿Qué está pasando ahí dentro? —exclamó Ratchet, su voz llena de alarma.

El silencio fue la única respuesta. De repente, la cueva explotó en una ráfaga de energía púrpura, y Oblivor emergió de las profundidades, su figura oscura y amenazante contra el telón de fondo del desierto.

Sus ópticas rojas se fijaron en el cielo, y luego en el comunicador que aún llevaba. Con un gesto de desprecio, lo aplastó en su mano.

—Los Autobots… deben ser eliminados —murmuró Oblivor, su voz llena de un odio que no era el suyo.

El explorador había desaparecido. Solo quedaba el heraldo de Unicron, listo para desatar la oscuridad sobre la Tierra. La guerra acababa de adquirir una nueva y aterradora dimensión.
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