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12 hermanos?

Fandom: The Loud House

Creado: 4/1/2026

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El Misterio de la Cuna Dorada


El mundo era un borrón de colores pastel y sonidos amortiguados. Para la mayoría de los bebés, esto sería la norma. Pero para mí, Leo, era una tortura. No por el caos sensorial, sino por la humillante realidad de mi situación. Yo, un exitoso empresario en mi vida anterior, reencarnado como un infante en la caótica familia Loud. ¡La ironía era tan espesa que podría cortarse con un cuchillo de mantequilla!

"¡Goo-goo-ga-ga!" balbuceé, intentando con todas mis fuerzas articular una frase coherente. En su lugar, Lincoln, mi "hermano" de once años, interpretó mi intento como una súplica de atención.

"¡Aw, el pequeño Leo quiere jugar con nosotros!" exclamó, levantándome de mi cuna como si fuera un saco de patatas. Me sentí como un muñeco de trapo en sus brazos, mientras él y sus hermanas se preparaban para otro de sus famosos "juegos de la casa".

Mi sistema, una entidad incorpórea que se había materializado junto con mi conciencia en este nuevo cuerpo, vibró con una notificación.

[Misión: Integración familiar. Objetivo: Ganarse la confianza de al menos tres miembros de la familia Loud. Recompensa: Habilidad "Comunicación Básica" (permite al usuario balbucear palabras reconocibles).]

"¿Comunicación Básica?" pensé con sarcasmo. "¿En serio? En mi vida anterior, negociaba contratos multimillonarios. Ahora, mi mayor logro será decir 'mamá' sin babearme encima."

El sistema, como si leyera mis pensamientos, respondió con su habitual tono monótono: [El éxito en misiones básicas desbloquea recompensas más significativas. La paciencia es una virtud, Leo.]

"Tú lo dices porque no eres el que está en pañales", refunfuñé mentalmente.

El primer paso para mi "integración" fue observar. Afortunadamente, mi mente de adulto me permitía procesar información a una velocidad vertiginosa, incluso con un cerebro de bebé. Las diez hermanas Loud eran un estudio fascinante de personalidades extremas. Lori, la mandona obsesionada con su teléfono y su novio Bobby; Leni, la dulce pero despistada fashionista; Luna, la rockera ruidosa pero de buen corazón; Luan, la comediante con un arsenal de chistes malos; Lynn, la atleta competitiva; Lucy, la gótica melancólica; Lana, la amante de los animales y la suciedad; Lola, la reina del glamour y la manipulación; Lisa, la genio científica; y Lily, la bebé más pequeña, a quien yo había reemplazado de alguna manera.

Mi situación era única. En la línea de tiempo original, Lily era la única bebé. Ahora, éramos dos. Esto ya era una desviación significativa. ¿Qué más había cambiado?

Mientras Lincoln me entretenía con un sonajero, vi a Leni acercarse, con una de sus creaciones de moda a medio hacer. "¡Oh, Linky! ¿Qué le estás haciendo al pequeño Leo? ¡Parece aburrido!"

Lincoln frunció el ceño. "No estoy haciéndole nada, Leni. ¡Solo estamos jugando!"

Leni se arrodilló a mi lado, sus ojos azules brillando con inocencia. "Pero sus ojitos no brillan. ¡Quizás necesita un nuevo atuendo!"

Antes de que pudiera protestar –o lo que sea que un bebé pudiera hacer para protestar–, Leni me estaba midiendo con una cinta métrica. Mi sistema zumbó.

[Progreso en la misión: Leni Loud (Confianza: 10%).]

¡Vaya! Parece que el camino hacia la confianza de Leni era a través de la moda. Anotado.

Los días se convirtieron en semanas. Navegar por la casa Loud era una odisea diaria. Los gritos, las peleas, las reconciliaciones, todo era parte del ciclo. Yo, en mi papel de bebé, era un observador privilegiado. Nadie sospechaba que el pequeño Leo, que solo sabía llorar, babear y balbucear, era en realidad un hombre de negocios experimentado con un plan.

Mi plan era simple: acumular recursos, influencia y, eventualmente, escapar de esta locura para retomar mi vida. O, al menos, algo parecido. Pero primero, tenía que sobrevivir a la infancia.

Una tarde, mientras estaba en mi cuna, vi a Lisa, la genio de cuatro años, experimentando con sus tubos de ensayo y matraces burbujeantes. Ella era la única que me miraba con una especie de curiosidad científica en lugar de pura adoración infantil.

"Sujeto de prueba Leo," murmuró, ajustándose sus gafas. "Su patrón de sueño REM es anormalmente activo para un infante de su edad. Y su fijación visual en objetos complejos es... intrigante."

Mi sistema se activó. [Misión secundaria: Despertar la curiosidad de Lisa Loud. Recompensa: Acceso a información científica básica.]

Esto era prometedor. Lisa era la clave para entender este mundo, y quizás, incluso para acelerar mi desarrollo. Miré fijamente un complicado diagrama que tenía en su pizarra, un diseño para lo que parecía ser un mini-reactor de fisión. Luego, levanté mi pequeña mano y señalé un error en la ecuación con mi dedo regordete.

Lisa parpadeó. Se acercó a la pizarra, frunciendo el ceño. Sus ojos se abrieron de repente. "¡Por el teorema de Pitágoras invertido! ¡Un error en mi cálculo de la energía de enlace del plasma! ¡Es un error de signo, no de magnitud!"

Me miró con los ojos muy abiertos. "¡Leo! ¿Fuiste tú?"

Balbuceé algo que sonó como "¡Goo-goo!" y sonreí.

[Progreso en la misión: Lisa Loud (Confianza: 20%).]

Esto era más divertido de lo que esperaba. Manipular a una genio de cuatro años era un desafío intelectual que no había tenido en mucho tiempo.

A medida que pasaban los meses, me volví más hábil en mi papel. Aprendí a usar mis "balbuceos" de manera estratégica. Un gruñido en el momento adecuado podía desviar la atención de una pelea entre hermanas. Una risita podía aliviar la tensión. Y un llanto, oh, un llanto bien orquestado podía conseguirme todo lo que quisiera.

Mi relación con las Loud crecía. Leni me vestía con atuendos adorables, Luan me usaba como público para sus chistes, Luna me cantaba nanas de rock que eran sorprendentemente pegadizas, y Lynn intentaba enseñarme a lanzar una pelota de béisbol (sin mucho éxito, por razones obvias). Lori me permitía "hablar" con Bobby por teléfono, y Lucy me leía poemas góticos. Lana me mostraba sus bichos, y Lola... Lola era un caso aparte.

Lola, con sus seis años y su corona de princesa, era una maestra de la manipulación. Me observaba con una mirada de desconfianza. Ella era la única que parecía sospechar que había algo más en mí que un simple bebé.

Una tarde, mientras estaba en mi silla alta, Lola se acercó, sus ojos entrecerrados. "Leo," dijo, su voz sorprendentemente madura para su edad. "Sé que no eres como los otros bebés."

Mi corazón dio un vuelco. ¿Me había descubierto? ¿Cómo?

"Tus ojos," continuó, señalándome con un dedo enguantado. "Son demasiado... pensativos. Y no lloras por tonterías, solo cuando quieres algo específico. ¿Qué estás tramando?"

Mi sistema vibró. [Misión: Negociar con Lola Loud. Objetivo: Obtener su silencio y cooperación. Recompensa: Habilidad "Influencia Menor" (aumenta la persuasión en un 5%).]

Esto era un verdadero desafío. Lola era una experta en negociaciones. Tenía que ser inteligente.

Balbuceé, luego señalé un trozo de pastel de chocolate que estaba en la mesa y luego a ella.

Lola sonrió. "Ah, ¿así que quieres un soborno? Interesante. ¿Y qué me ofreces a cambio de mi silencio, pequeño genio?"

Señalé su corona. Luego, con un esfuerzo supremo, hice un gesto con mi mano como si la estuviera "mejorando".

Los ojos de Lola brillaron. "Quieres que te ayude a ser el mejor bebé, ¿verdad? Y a cambio, ¿me ayudarás a ganar concursos de belleza?"

Asentí vigorosamente, sintiendo una punzada de vergüenza por mi patética situación.

Lola se rió. "¡Trato hecho! Pero si me traicionas, te juro que te haré la vida imposible."

[Progreso en la misión: Lola Loud (Confianza: 50%). Misión completada: Negociar con Lola Loud. Recompensa obtenida: Habilidad "Influencia Menor".]

¡Lo logré! Tener a Lola de mi lado era un activo invaluable. Ella era astuta y tenía una red de información impresionante entre sus hermanas.

Con el tiempo, mi sistema siguió evolucionando. Desbloqueé la "Comunicación Básica", lo que significaba que podía balbucear palabras reconocibles. "¡Ma-má!" "¡Pa-pá!" "¡Li-sa!" Cada palabra era un triunfo.

Mi misión principal, sin embargo, seguía siendo la misma: entender por qué estaba aquí y cómo volver a mi vida anterior. O, al menos, una vida donde no tuviera que depender de un pañal.

Una noche, mientras todos dormían, sentí una extraña energía. Era diferente al caos habitual de la casa. Era una especie de... resonancia. Provenía de la habitación de Lincoln.

Mi sistema zumbó. [Anomalía detectada. Origen: Habitación de Lincoln Loud. Posible conexión con la reencarnación del usuario.]

Esto era lo que estaba esperando. La primera pista real.

Con sigilo, o lo que se consideraba sigilo para un bebé que gateaba, me dirigí a la habitación de Lincoln. El suelo estaba cubierto de cómics, ropa y todo tipo de parafernalia infantil. Finalmente, mis ojos se posaron en lo que sentía la energía. Era una pequeña caja de madera, tallada con extraños símbolos. Lincoln la guardaba debajo de su cama, junto a su colección de Ace Savvy.

Con mis pequeñas manos, intenté abrir la caja. Era pesada y estaba sellada con un mecanismo que parecía un rompecabezas. Mis dedos eran demasiado torpes.

De repente, una voz susurró en mi oído. "No es un juguete, pequeño Leo."

Era Lucy. Estaba de pie en la puerta, sus ojos hundidos en la oscuridad. Había estado observándome.

"¿Qué haces despierto?" pregunté, balbuceando con todas mis fuerzas.

Lucy se acercó, su expresión impasible. "La energía de esta caja me despierta. Siento... algo. Algo antiguo. Algo que no pertenece a este mundo."

Mi sistema vibró. [Misión: Investigar la caja misteriosa con Lucy Loud. Recompensa: Habilidad "Percepción Mística" (permite al usuario detectar energías anómalas).]

Esto era perfecto. Lucy, con su sensibilidad gótica, era la aliada ideal para esto.

"Caja," balbuceé, señalando el objeto. "Misterio."

Lucy asintió. "Sí. Lincoln la encontró en el ático. Dijo que le daba 'malas vibraciones', pero no pudo deshacerse de ella. Como si estuviera... anclada aquí."

Mientras ella hablaba, intenté de nuevo abrir la caja, esta vez con más concentración. Mis dedos, aunque pequeños, eran guiados por mi mente adulta. Recordé un viejo rompecabezas que había resuelto en mi vida anterior, uno que involucraba patrones y secuencias.

Con un clic suave, la caja se abrió.

Un resplandor dorado emanó de su interior. Dentro, no había joyas ni artefactos antiguos. Había un pequeño espejo, del tamaño de mi palma, con un marco de oro intrincadamente tallado. Pero no era un espejo normal. En lugar de reflejar mi imagen, mostraba una distorsión. Una imagen de mí, pero con un aura de colores vibrantes, y detrás de mí, como una sombra, un hombre con un traje de negocios.

"¡Es... es el espejo de las almas!" exclamó Lucy, su voz rara vez mostrando tanta emoción. "Mi libro de lo oculto lo menciona. Se dice que muestra la verdadera esencia de un ser, y a veces, sus vidas pasadas."

Miré mi reflejo distorsionado, la imagen del hombre de negocios flotando detrás de mí. Era yo. Mi vida anterior.

[Misión completada: Investigar la caja misteriosa con Lucy Loud. Recompensa obtenida: Habilidad "Percepción Mística".]

El espejo vibró en mis manos. Sentí una oleada de recuerdos, fragmentos de mi vida anterior, negocios, éxitos, fracasos, amores perdidos. Era abrumador.

"¿Qué ves, Leo?" preguntó Lucy, su voz un susurro.

"Yo," balbuceé, señalando al hombre de negocios. "Antes."

Lucy me miró con una mezcla de asombro y comprensión. "Eres... un alma antigua. Reencarnada."

Asentí. Mi secreto estaba a salvo con ella. Lucy era la única que no me juzgaría por esto.

"¿Por qué estás aquí?" preguntó.

Señalé el espejo. Sentí que la respuesta residía en él.

Justo en ese momento, se escuchó un fuerte estruendo desde el pasillo. ¡Oh, no! Seguramente, Luan había dejado una trampa.

"¡Corramos!" balbuceé, intentando levantarme.

Lucy me tomó en sus brazos. "Espera. Siento algo más. Algo oscuro. Algo que no es natural."

El resplandor del espejo se intensificó, y una sombra apareció en el reflejo. No era mi sombra. Era una figura oscura, sin forma, que se movía entre los recuerdos. Una especie de... parásito.

[Alerta: Amenaza mística detectada. La entidad se alimenta de la energía de la reencarnación. Objetivo: El usuario.]

¡Maldita sea! ¿Un parásito místico? ¡Como si no tuviera suficiente con la familia Loud!

"¿Qué es eso?" preguntó Lucy, su voz temblaba ligeramente.

"Peligro," balbuceé, mi corazón latiendo con fuerza.

La sombra en el espejo se abalanzó hacia mi reflejo. Sentí un tirón, como si algo intentara arrancar mi alma.

"¡Tenemos que cerrarlo!" exclamó Lucy, intentando cerrar la caja. Pero el espejo estaba pegado a mi mano.

De repente, una figura entró en la habitación. Era Lincoln, con su pijama de Ace Savvy, frotándose los ojos. "Lucy, Leo, ¿qué hacen despiertos? ¿Qué es todo este ruido?"

El parásito místico sintió la presencia de Lincoln y se retrajo ligeramente, como si la presencia de otra alma lo perturbara.

"¡Lincoln, el espejo!" gritó Lucy. "¡Es peligroso!"

Lincoln, aún medio dormido, se acercó, curioso. "Wow, ¿qué es eso? ¡Brilla!"

Cuando Lincoln tocó el espejo, el resplandor se intensificó aún más, y el parásito místico lanzó un grito silencioso antes de desvanecerse en el espejo.

La caja se cerró de golpe, y el espejo, ahora inerte, cayó de mis manos.

[Amenaza eliminada temporalmente. La entidad se ha retirado. Se recomienda precaución extrema.]

Respiré hondo. Eso había estado cerca.

Lincoln miró la caja con curiosidad. "¡Qué extraño! ¿Qué era eso?"

Lucy y yo nos miramos. Teníamos un secreto que guardar.

"Solo... un viejo espejo," dijo Lucy, su voz ahora más tranquila. "De esos que mi bisabuela usaba para ver el futuro."

Lincoln se encogió de hombros. "Ah, seguro. Como la vez que dijiste que mi calcetín de la suerte era un amuleto ancestral. Bueno, voy a volver a la cama. ¡Buenas noches, Leo, Lucy!"

Y con eso, Lincoln se fue, ajeno al drama místico que acababa de presenciar.

Lucy me miró, sus ojos oscuros llenos de una nueva comprensión. "Entonces, eres más de lo que pareces. Y esta casa... esta casa es más de lo que parece."

Asentí. El misterio de mi reencarnación estaba conectado con esta caja, con este espejo. Y el parásito... eso era un nuevo problema.

"Tenemos que averiguar más," dijo Lucy, su voz ahora más decidida. "Sobre el espejo. Sobre ti. Sobre la oscuridad que se esconde en esta casa."

Me di cuenta de que mi plan había cambiado. Ya no se trataba solo de sobrevivir a la infancia. Se trataba de desentrañar un misterio, de protegerme a mí mismo y, quizás, incluso a esta extraña y ruidosa familia que, a pesar de todo, se había convertido en mi hogar.

Y así, en medio del caos de la casa Loud, comenzó mi verdadera aventura. El bebé Leo, el empresario reencarnado, con su sistema, su aliada gótica y un espejo mágico, estaba listo para enfrentar cualquier cosa que este nuevo mundo le arrojara. Incluso si eso significaba cambiar un pañal de vez en cuando.
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