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Campamento desventura infección
Fandom: Todo el elenco de campamento campamento desventura All stars
Creado: 24/1/2026
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TerrorCiencia FicciónDistopíaThrillerSupervivenciaHorror PsicológicoAcciónDrama
El Amanecer de los Gusanos
La pantalla del televisor parpadeó, iluminando el rostro de Miriam con un brillo azulado. Acababa de terminar su enésima sesión de yoga matutina, y ahora, con un batido verde en la mano, se preparaba para un día tranquilo de meditación y lectura. Sin embargo, la voz urgente de la presentadora de noticias la hizo fruncir el ceño.
"…y las autoridades sanitarias han emitido una alerta de nivel tres para varias ciudades costeras, incluyendo la nuestra," la mujer en la pantalla gesticulaba con nerviosismo. "Se ha reportado un aumento alarmante de casos de una extraña enfermedad parasitaria. Los síntomas iniciales incluyen fiebre alta, náuseas severas y comportamientos erráticos. Se insta a la población a permanecer en sus hogares y evitar el contacto con… uh… individuos que muestren estas características."
Miriam sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Parásitos? Siempre había sido una persona cautelosa, y la idea de una enfermedad infecciosa la ponía inmediatamente en alerta. Dejó el batido en la mesa y se acercó más al televisor, su mente ya repasando las precauciones necesarias.
Mientras tanto, a kilómetros de distancia, Jake, con una pila de cómics a su lado y una bolsa de patatas fritas abierta, gruñía a la pantalla de su consola de videojuegos. Su avatar acababa de ser aniquilado por un enemigo particularmente molesto. "¡Maldita sea! ¡Esto es imposible!"
Una notificación apareció en la esquina de su televisor: "NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA: ALERTA SANITARIA NACIONAL". Jake la ignoró, demasiado absorto en su derrota virtual. La televisión era un mero telón de fondo de ruido para su sesión de juego. Además, ¿noticias? Eso era para viejos.
En otro rincón de la ciudad, Tom, con el ceño fruncido y una mirada de concentración, estaba inmerso en su último proyecto de robótica. Chispas volaban mientras soldaba un circuito complejo. La radio, sintonizada en una emisora de música rock, de repente se interrumpió con un tono de alerta.
"Interrumpimos nuestra programación para un importante anuncio del gobierno," dijo una voz grave. "Se ha declarado el estado de emergencia debido a una nueva amenaza biológica. Se pide a todos los ciudadanos que permanezcan en sus viviendas y sigan las instrucciones de las autoridades locales. Repetimos, permanezcan en sus viviendas."
Tom levantó la vista de su trabajo, la soldadura aún humeante en su mano. Emergencia biológica, ¿eh? Eso sonaba… interesante. No era el tipo de persona que se asustaba fácilmente, pero el tono de la voz en la radio tenía un tinte de seriedad que no podía ignorar. Se quitó las gafas de seguridad y se acercó a la radio, tratando de sintonizar una emisora de noticias.
En la casa de Sarah, la televisión estaba encendida en un reality show de moda, mientras ella practicaba diferentes poses frente a un espejo, con un teléfono en la mano, lista para una selfie perfecta. "¡Ugh, esta luz es terrible!" se quejó. De repente, la imagen en la pantalla se distorsionó y una presentadora con el rostro pálido apareció.
"…la situación es crítica. Los informes preliminares indican que el agente infeccioso es un parásito microscópico que afecta el sistema nervioso central, alterando drásticamente el comportamiento de los infectados," la presentadora tartamudeó, su voz temblaba. "Se les ha denominado 'gusanos grises' debido a su apariencia inicial en muestras de tejido. Por favor, no abran la puerta a nadie que parezca desorientado o agresivo."
Sarah dejó caer su teléfono. ¿Gusanos grises? Eso sonaba asqueroso. Su primera reacción fue de disgusto, no de miedo. ¿Qué significaba eso para su tarde de compras?
Mientras tanto, en la casa de Nikki, el caos ya había comenzado. Su hermana pequeña, Lily, estaba llorando a gritos en el suelo, aferrándose a su osito de peluche. Nikki, con los ojos rojos de la frustración, intentaba calmarla mientras su madre hablaba por teléfono con un tono de voz cada vez más histérico.
"¡No, no entiendes! ¡Dicen que está por todas partes!" su madre gritó al teléfono. Nikki escuchó fragmentos de la conversación: "parásitos", "cuarentena", "no salgan". Nikki se sintió una punzada de miedo en el estómago. Siempre había sido la más responsable, la que mantenía la calma, pero esto era diferente.
En su lujoso apartamento, Max estaba más preocupado por el rendimiento de sus acciones en la bolsa de valores que por las "noticias alarmantes" que parpadeaban en su tableta. Un simple virus, pensó. La gente siempre exageraba. Era solo una oportunidad para invertir en empresas farmacéuticas. Sin embargo, un mensaje de texto de su asistente lo hizo levantar una ceja. "Se ha cancelado la reunión con los inversores. La ciudad está en… cierre parcial."
Max frunció el ceño. ¿Cierre parcial? Eso sí que era problemático para sus finanzas. Encendió el televisor, buscando un canal de noticias financieras, pero todos transmitían la misma historia. La amenaza biológica. La voz de la presentadora, esta vez, era más grave y urgente. "Se ha confirmado la primera fase de infección: el período de incubación. Los afectados pueden parecer normales, pero el parásito ya está activo en su interior, preparándolos para la siguiente etapa. Sean cautelosos."
En la casa de Neil, las noticias no llegaban a través de la televisión, sino de sus foros de conspiración favoritos. "¡Lo sabía! ¡Lo sabía!" gritaba a su computadora, con los ojos brillando de emoción. "¡El gobierno lo ha estado ocultando! ¡Los Illuminati están detrás de esto! ¡Es el fin del mundo tal como lo conocemos!"
Neil había estado preparándose para un escenario apocalíptico toda su vida. Tenía su búnker de supervivencia lleno de provisiones, su radio de onda corta y su colección de teorías de conspiración. Para él, esto no era una tragedia, sino una reivindicación. "¡Es hora de que todos vean la verdad!" se dijo a sí mismo, poniéndose su sombrero de papel de aluminio.
En la casa de Gwen, la música a todo volumen ahogaba cualquier noticia. Estaba en su estudio, inmersa en la creación de una nueva pieza de arte abstracto, salpicando pintura en un lienzo con fervor. Su teléfono vibró repetidamente, pero ella lo ignoró. El arte era su escape, su refugio del mundo exterior. No fue hasta que su madre irrumpió en la habitación, con el rostro pálido y los ojos inyectados en sangre, que Gwen se dio cuenta de que algo andaba mal.
"¡Gwen! ¡Apaga esa música! ¡Es una emergencia!" su madre gritó, con la voz entrecortada.
Gwen miró a su madre, confundida. Nunca la había visto tan asustada. Bajó el volumen de la música y se quitó los auriculares. "¿Qué pasa, mamá?"
"¡Hay… hay una enfermedad! ¡Dicen que la gente se está volviendo… loca!" su madre balbuceó, señalando el televisor.
Gwen se volvió hacia la pantalla y vio las imágenes de disturbios en las calles, gente corriendo, gritos. Su corazón se aceleró. Esto no era una de las bromas de su madre. Esto era real.
De vuelta en su apartamento, Miriam, con su teléfono en la mano, intentaba comunicarse con sus amigos. Marcó el número de Tom, pero solo obtuvo el buzón de voz. Luego intentó con Sarah, pero tampoco hubo respuesta. Una sensación de ansiedad comenzó a crecer en su pecho. Esto era más grave de lo que había imaginado.
"Parásitos que alteran el comportamiento… como zombies," murmuró para sí misma. "Esto es sacado de una película de terror."
Mientras tanto, en la casa de Jake, el caos ya había comenzado. Su hermana pequeña, Emily, había estado jugando en el jardín, y ahora estaba de pie en la puerta principal, con los ojos vidriosos y la piel pálida. Su respiración era superficial y errática.
"Jake… tengo frío," murmuró Emily, su voz apenas un susurro.
Jake, finalmente prestando atención a las noticias que parpadeaban en su televisor, sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado. La presentadora hablaba de la "primera etapa de infección", de "fiebre alta" y "comportamientos erráticos". Miró a Emily, y luego a la pantalla, y un terror frío se apoderó de él.
"Emily, ¿te sientes bien?" preguntó Jake, su voz temblaba ligeramente. Se acercó a ella, pero la niña retrocedió, sus ojos fijos en un punto invisible más allá de él.
"Me duele… la cabeza," dijo Emily, y luego, para horror de Jake, comenzó a rascarse frenéticamente el brazo, dejando marcas rojas en su piel.
Jake recordó las palabras de la presentadora: "comportamientos erráticos", "rasguños incontrolables". Su mente se aceleró. Esto no era un juego. Esto era real.
En la casa de Tom, había logrado sintonizar una emisora de noticias. Las imágenes en la pantalla eran inquietantes: calles vacías, coches abandonados, y ocasionalmente, figuras moviéndose de forma extraña en la distancia.
"Se ha confirmado la segunda fase de la infección," dijo un reportero en vivo desde un helicóptero. "Los infectados, ahora en la etapa de 'gusano errante', pierden la coordinación motora fina y desarrollan una agresión inusual. Sus ojos se vuelven vidriosos y sus movimientos son espasmódicos. Se les ha visto atacando a personas no infectadas, aparentemente buscando propagar el parásito."
Tom observó las imágenes, su mente analítica tratando de procesar la información. ¿Cómo se propagaba el parásito? ¿Por contacto? ¿Por el aire? La incertidumbre era lo más aterrador. Su mirada se posó en su colección de herramientas y equipos. Siempre había sido bueno para construir cosas, para resolver problemas. Tal vez podría construir algo que lo protegiera.
En su apartamento, Max, ahora totalmente consciente de la gravedad de la situación, estaba haciendo llamadas frenéticas a sus contactos, buscando un refugio seguro, un avión privado, cualquier cosa que lo sacara de la ciudad. Pero todas las líneas estaban saturadas, y la voz de la operadora repetía el mismo mensaje: "Todas las salidas de la ciudad han sido cerradas por orden del gobierno."
Max se sintió atrapado. El dinero no podía comprar una salida de esto. Miró por la ventana, viendo el caos que se desarrollaba en las calles de abajo. Gente corriendo, gritos, y las figuras extrañas que se movían con una lentitud inquietante. Su mente, siempre calculadora, comenzó a evaluar las probabilidades de supervivencia. No eran buenas.
Neil, en su búnker, se sentía vindicado. "¡Lo sabía! ¡Lo sabía!" repetía, mientras revisaba sus provisiones. Tenía agua, comida enlatada, un generador, y su radio de onda corta sintonizada en transmisiones de emergencia. Para él, esto era el momento que había estado esperando. El apocalipsis. Y él estaba preparado.
Gwen, en su estudio, había cerrado las cortinas, bloqueando el mundo exterior. Su madre estaba acurrucada en un rincón, llorando. Gwen, por su parte, estaba en shock. El arte, su refugio, ahora parecía trivial. El lienzo a medio terminar, con sus vibrantes salpicaduras de color, parecía una burla ante la oscuridad que se cernía sobre ellos.
"¿Qué vamos a hacer, mamá?" preguntó Gwen, su voz apenas un susurro.
Su madre levantó la vista, sus ojos rojos e hinchados. "No lo sé, cariño. No lo sé."
Miriam, en su apartamento, había encendido todas las luces. Había sellado las ventanas con cinta adhesiva, una medida inútil contra un parásito, pero que le daba una sensación de control. Estaba repasando mentalmente todos los escenarios posibles, todas las precauciones. Tenía su botiquín de primeros auxilios listo, comida no perecedera y una linterna. Pero la soledad era lo que más la asustaba. Estar sola en medio de esta locura.
"Necesito encontrar a los demás," se dijo Miriam. "Necesito saber si están bien."
Con esa determinación, Miriam se puso su chaqueta más abrigada, tomó su mochila y, con el corazón latiéndole con fuerza, se dirigió a la puerta. El mundo exterior era un lugar aterrador, pero no podía quedarse sentada, esperando lo inevitable. Necesitaba actuar. Necesitaba encontrar a sus amigos. Porque, en el fondo, sabía que la única forma de sobrevivir a esto era juntos.
"…y las autoridades sanitarias han emitido una alerta de nivel tres para varias ciudades costeras, incluyendo la nuestra," la mujer en la pantalla gesticulaba con nerviosismo. "Se ha reportado un aumento alarmante de casos de una extraña enfermedad parasitaria. Los síntomas iniciales incluyen fiebre alta, náuseas severas y comportamientos erráticos. Se insta a la población a permanecer en sus hogares y evitar el contacto con… uh… individuos que muestren estas características."
Miriam sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Parásitos? Siempre había sido una persona cautelosa, y la idea de una enfermedad infecciosa la ponía inmediatamente en alerta. Dejó el batido en la mesa y se acercó más al televisor, su mente ya repasando las precauciones necesarias.
Mientras tanto, a kilómetros de distancia, Jake, con una pila de cómics a su lado y una bolsa de patatas fritas abierta, gruñía a la pantalla de su consola de videojuegos. Su avatar acababa de ser aniquilado por un enemigo particularmente molesto. "¡Maldita sea! ¡Esto es imposible!"
Una notificación apareció en la esquina de su televisor: "NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA: ALERTA SANITARIA NACIONAL". Jake la ignoró, demasiado absorto en su derrota virtual. La televisión era un mero telón de fondo de ruido para su sesión de juego. Además, ¿noticias? Eso era para viejos.
En otro rincón de la ciudad, Tom, con el ceño fruncido y una mirada de concentración, estaba inmerso en su último proyecto de robótica. Chispas volaban mientras soldaba un circuito complejo. La radio, sintonizada en una emisora de música rock, de repente se interrumpió con un tono de alerta.
"Interrumpimos nuestra programación para un importante anuncio del gobierno," dijo una voz grave. "Se ha declarado el estado de emergencia debido a una nueva amenaza biológica. Se pide a todos los ciudadanos que permanezcan en sus viviendas y sigan las instrucciones de las autoridades locales. Repetimos, permanezcan en sus viviendas."
Tom levantó la vista de su trabajo, la soldadura aún humeante en su mano. Emergencia biológica, ¿eh? Eso sonaba… interesante. No era el tipo de persona que se asustaba fácilmente, pero el tono de la voz en la radio tenía un tinte de seriedad que no podía ignorar. Se quitó las gafas de seguridad y se acercó a la radio, tratando de sintonizar una emisora de noticias.
En la casa de Sarah, la televisión estaba encendida en un reality show de moda, mientras ella practicaba diferentes poses frente a un espejo, con un teléfono en la mano, lista para una selfie perfecta. "¡Ugh, esta luz es terrible!" se quejó. De repente, la imagen en la pantalla se distorsionó y una presentadora con el rostro pálido apareció.
"…la situación es crítica. Los informes preliminares indican que el agente infeccioso es un parásito microscópico que afecta el sistema nervioso central, alterando drásticamente el comportamiento de los infectados," la presentadora tartamudeó, su voz temblaba. "Se les ha denominado 'gusanos grises' debido a su apariencia inicial en muestras de tejido. Por favor, no abran la puerta a nadie que parezca desorientado o agresivo."
Sarah dejó caer su teléfono. ¿Gusanos grises? Eso sonaba asqueroso. Su primera reacción fue de disgusto, no de miedo. ¿Qué significaba eso para su tarde de compras?
Mientras tanto, en la casa de Nikki, el caos ya había comenzado. Su hermana pequeña, Lily, estaba llorando a gritos en el suelo, aferrándose a su osito de peluche. Nikki, con los ojos rojos de la frustración, intentaba calmarla mientras su madre hablaba por teléfono con un tono de voz cada vez más histérico.
"¡No, no entiendes! ¡Dicen que está por todas partes!" su madre gritó al teléfono. Nikki escuchó fragmentos de la conversación: "parásitos", "cuarentena", "no salgan". Nikki se sintió una punzada de miedo en el estómago. Siempre había sido la más responsable, la que mantenía la calma, pero esto era diferente.
En su lujoso apartamento, Max estaba más preocupado por el rendimiento de sus acciones en la bolsa de valores que por las "noticias alarmantes" que parpadeaban en su tableta. Un simple virus, pensó. La gente siempre exageraba. Era solo una oportunidad para invertir en empresas farmacéuticas. Sin embargo, un mensaje de texto de su asistente lo hizo levantar una ceja. "Se ha cancelado la reunión con los inversores. La ciudad está en… cierre parcial."
Max frunció el ceño. ¿Cierre parcial? Eso sí que era problemático para sus finanzas. Encendió el televisor, buscando un canal de noticias financieras, pero todos transmitían la misma historia. La amenaza biológica. La voz de la presentadora, esta vez, era más grave y urgente. "Se ha confirmado la primera fase de infección: el período de incubación. Los afectados pueden parecer normales, pero el parásito ya está activo en su interior, preparándolos para la siguiente etapa. Sean cautelosos."
En la casa de Neil, las noticias no llegaban a través de la televisión, sino de sus foros de conspiración favoritos. "¡Lo sabía! ¡Lo sabía!" gritaba a su computadora, con los ojos brillando de emoción. "¡El gobierno lo ha estado ocultando! ¡Los Illuminati están detrás de esto! ¡Es el fin del mundo tal como lo conocemos!"
Neil había estado preparándose para un escenario apocalíptico toda su vida. Tenía su búnker de supervivencia lleno de provisiones, su radio de onda corta y su colección de teorías de conspiración. Para él, esto no era una tragedia, sino una reivindicación. "¡Es hora de que todos vean la verdad!" se dijo a sí mismo, poniéndose su sombrero de papel de aluminio.
En la casa de Gwen, la música a todo volumen ahogaba cualquier noticia. Estaba en su estudio, inmersa en la creación de una nueva pieza de arte abstracto, salpicando pintura en un lienzo con fervor. Su teléfono vibró repetidamente, pero ella lo ignoró. El arte era su escape, su refugio del mundo exterior. No fue hasta que su madre irrumpió en la habitación, con el rostro pálido y los ojos inyectados en sangre, que Gwen se dio cuenta de que algo andaba mal.
"¡Gwen! ¡Apaga esa música! ¡Es una emergencia!" su madre gritó, con la voz entrecortada.
Gwen miró a su madre, confundida. Nunca la había visto tan asustada. Bajó el volumen de la música y se quitó los auriculares. "¿Qué pasa, mamá?"
"¡Hay… hay una enfermedad! ¡Dicen que la gente se está volviendo… loca!" su madre balbuceó, señalando el televisor.
Gwen se volvió hacia la pantalla y vio las imágenes de disturbios en las calles, gente corriendo, gritos. Su corazón se aceleró. Esto no era una de las bromas de su madre. Esto era real.
De vuelta en su apartamento, Miriam, con su teléfono en la mano, intentaba comunicarse con sus amigos. Marcó el número de Tom, pero solo obtuvo el buzón de voz. Luego intentó con Sarah, pero tampoco hubo respuesta. Una sensación de ansiedad comenzó a crecer en su pecho. Esto era más grave de lo que había imaginado.
"Parásitos que alteran el comportamiento… como zombies," murmuró para sí misma. "Esto es sacado de una película de terror."
Mientras tanto, en la casa de Jake, el caos ya había comenzado. Su hermana pequeña, Emily, había estado jugando en el jardín, y ahora estaba de pie en la puerta principal, con los ojos vidriosos y la piel pálida. Su respiración era superficial y errática.
"Jake… tengo frío," murmuró Emily, su voz apenas un susurro.
Jake, finalmente prestando atención a las noticias que parpadeaban en su televisor, sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado. La presentadora hablaba de la "primera etapa de infección", de "fiebre alta" y "comportamientos erráticos". Miró a Emily, y luego a la pantalla, y un terror frío se apoderó de él.
"Emily, ¿te sientes bien?" preguntó Jake, su voz temblaba ligeramente. Se acercó a ella, pero la niña retrocedió, sus ojos fijos en un punto invisible más allá de él.
"Me duele… la cabeza," dijo Emily, y luego, para horror de Jake, comenzó a rascarse frenéticamente el brazo, dejando marcas rojas en su piel.
Jake recordó las palabras de la presentadora: "comportamientos erráticos", "rasguños incontrolables". Su mente se aceleró. Esto no era un juego. Esto era real.
En la casa de Tom, había logrado sintonizar una emisora de noticias. Las imágenes en la pantalla eran inquietantes: calles vacías, coches abandonados, y ocasionalmente, figuras moviéndose de forma extraña en la distancia.
"Se ha confirmado la segunda fase de la infección," dijo un reportero en vivo desde un helicóptero. "Los infectados, ahora en la etapa de 'gusano errante', pierden la coordinación motora fina y desarrollan una agresión inusual. Sus ojos se vuelven vidriosos y sus movimientos son espasmódicos. Se les ha visto atacando a personas no infectadas, aparentemente buscando propagar el parásito."
Tom observó las imágenes, su mente analítica tratando de procesar la información. ¿Cómo se propagaba el parásito? ¿Por contacto? ¿Por el aire? La incertidumbre era lo más aterrador. Su mirada se posó en su colección de herramientas y equipos. Siempre había sido bueno para construir cosas, para resolver problemas. Tal vez podría construir algo que lo protegiera.
En su apartamento, Max, ahora totalmente consciente de la gravedad de la situación, estaba haciendo llamadas frenéticas a sus contactos, buscando un refugio seguro, un avión privado, cualquier cosa que lo sacara de la ciudad. Pero todas las líneas estaban saturadas, y la voz de la operadora repetía el mismo mensaje: "Todas las salidas de la ciudad han sido cerradas por orden del gobierno."
Max se sintió atrapado. El dinero no podía comprar una salida de esto. Miró por la ventana, viendo el caos que se desarrollaba en las calles de abajo. Gente corriendo, gritos, y las figuras extrañas que se movían con una lentitud inquietante. Su mente, siempre calculadora, comenzó a evaluar las probabilidades de supervivencia. No eran buenas.
Neil, en su búnker, se sentía vindicado. "¡Lo sabía! ¡Lo sabía!" repetía, mientras revisaba sus provisiones. Tenía agua, comida enlatada, un generador, y su radio de onda corta sintonizada en transmisiones de emergencia. Para él, esto era el momento que había estado esperando. El apocalipsis. Y él estaba preparado.
Gwen, en su estudio, había cerrado las cortinas, bloqueando el mundo exterior. Su madre estaba acurrucada en un rincón, llorando. Gwen, por su parte, estaba en shock. El arte, su refugio, ahora parecía trivial. El lienzo a medio terminar, con sus vibrantes salpicaduras de color, parecía una burla ante la oscuridad que se cernía sobre ellos.
"¿Qué vamos a hacer, mamá?" preguntó Gwen, su voz apenas un susurro.
Su madre levantó la vista, sus ojos rojos e hinchados. "No lo sé, cariño. No lo sé."
Miriam, en su apartamento, había encendido todas las luces. Había sellado las ventanas con cinta adhesiva, una medida inútil contra un parásito, pero que le daba una sensación de control. Estaba repasando mentalmente todos los escenarios posibles, todas las precauciones. Tenía su botiquín de primeros auxilios listo, comida no perecedera y una linterna. Pero la soledad era lo que más la asustaba. Estar sola en medio de esta locura.
"Necesito encontrar a los demás," se dijo Miriam. "Necesito saber si están bien."
Con esa determinación, Miriam se puso su chaqueta más abrigada, tomó su mochila y, con el corazón latiéndole con fuerza, se dirigió a la puerta. El mundo exterior era un lugar aterrador, pero no podía quedarse sentada, esperando lo inevitable. Necesitaba actuar. Necesitaba encontrar a sus amigos. Porque, en el fondo, sabía que la única forma de sobrevivir a esto era juntos.
