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Las cuatro
Fandom: Ot25
Creado: 2/2/2026
Etiquetas
RomanceDramaLenguaje ExplícitoAmbientación CanonEstudio de PersonajeRealismoHistoria DomésticaOrientación Mixta
El Baile Prohibido de Operación Triunfo
La gala del lunes había sido un torbellino de emociones, como siempre. Las luces cegadoras, el público vibrando y la tensión palpable en cada nominación. Cristina, con sus 1.60m de pura dinamita y esos tops que desafiaban la gravedad, había cantado con el alma. A su lado, Laura, la rubia deportista de 1.66m, había deslumbrado con su potente voz y unas curvas que hacían girar cabezas. Ambas, sin saberlo, habían sido el centro de atención de dos pares de ojos muy particulares.
Olivia, la pelirroja de pecas y mirada intensa, y Claudia, la morena de sonrisa tímida pero fuego en los ojos, no podían apartar la vista. Disimuladamente, mientras los jueces daban sus veredictos, sus miradas se deslizaban por los generosos pechos de Cris, que se alzaban orgullosos bajo la tela ajustada, y por el culo firme y redondo de Laura, esculpido por años de deporte. Cristina y Laura, acostumbradas a las miradas indiscretas, se dieron cuenta, por supuesto. Un ligero rubor tiñó sus mejillas, pero lo dejaron pasar. Después de todo, estaban en OT, y la atención era parte del juego.
La semana post-gala siempre traía consigo el drama de las nominaciones. Los compañeros, en su afán de destacar o simplemente por pura envidia, no dudaban en soltar comentarios hirientes. Y esta semana, el blanco habían sido Cris y Lau.
"¡Uf, Cris, con esas tetas pareces que vas a explotar!", soltó un compañero en el desayuno, con una risa burlona.
Antes de que Cristina pudiera siquiera abrir la boca, Olivia, que estaba sentada a su lado, lo fulminó con la mirada. "Qué mala es la envidia, ¿verdad? O será que te pones muy nervioso con tanta carne buena delante", dijo con una sonrisa pícara, haciendo que el chico se atragantara con el café.
Más tarde, en la sala de ensayo, otra compañera murmuró sobre el culo de Laura. "No sé cómo puede moverse con ese pedazo de culo, parece que va a arrastrar el suelo".
Claudia, que ensayaba cerca, se giró lentamente, su voz dulce pero firme. "¿Y el problema de que esté tan buena? Lo que os pasa es que estáis necesitados y Cris y Lau os ponen mucho con esas tetazas y esos culazos, pero vais a tener que aguantaros". La sala enmudeció. Laura miró a Claudia, el rubor subiendo hasta la raíz de su pelo rubio, y sintió un cosquilleo entre las piernas.
Los días siguientes fueron una repetición de lo mismo. Comentarios malintencionados, defensas feroces por parte de Olivia y Claudia, y un aumento constante de la tensión sexual entre las cuatro. Cristina y Laura se sentían protegidas, sí, pero también increíblemente excitadas por la forma en que Olivia y Claudia las defendían, con comentarios cada vez más explícitos que hacían que sus bragas se humedecieran sin remedio.
Una tarde, el ambiente en la academia era particularmente tenso. Las nominaciones habían sido duras y el estrés se palpaba en el aire. Olivia y Claudia, buscando un momento de intimidad lejos de las cámaras y los ojos curiosos, se refugiaron en los baños. El murmullo de sus voces pronto se convirtió en gemidos ahogados.
Claudia, con su pelo moreno cayéndole por la cara, se había subido al lavabo, sus bragas ya por los tobillos. Olivia, arrodillada frente a ella, besaba el interior de sus muslos, lamiendo la humedad que ya empapaba la tela. "Dios, Clau, estás tan mojada", susurró Olivia, su lengua ascendiendo hacia el coño de Claudia.
Claudia arqueó la espalda, su respiración agitada. "Liv… oh, Liv… más… por favor, más". Sus dedos se enredaron en el pelo cobrizo de Olivia mientras esta se dedicaba a su placer con una devoción que la hacía temblar.
En ese preciso instante, la puerta del baño se abrió. Cristina y Laura, que venían a hacer sus necesidades, se quedaron petrificadas en el umbral. Sus ojos se abrieron como platos al ver la escena. Olivia, con el rostro enterrado entre las piernas de Claudia, y Claudia, con las bragas bajadas, gimiendo el nombre de Olivia.
El shock inicial dio paso a una ola de excitación que las golpeó con la fuerza de un tsunami. Cristina sintió cómo sus bragas se empapaban al instante. Laura, con el corazón latiéndole a mil por hora, apenas pudo susurrar un "joder" al unísono con Cristina.
Olivia levantó la cabeza, sus ojos verdes encontrándose con los de Cristina y Laura. Un brillo travieso apareció en ellos. Claudia, roja como un tomate, se cubrió la cara con las manos, pero no hizo ningún intento de detener a Olivia.
"¿Queréis uniros, chicas?", preguntó Olivia con una sonrisa ladeada, su voz ronca por la excitación.
Cristina y Laura no lo pensaron dos veces. La tensión acumulada, la excitación de los comentarios anteriores, la visión de Olivia y Claudia dándose placer… todo se combinó en un cóctel explosivo. Las bragas de Cristina y Laura ya estaban empapadas, y la idea de unirse a ese baile prohibido las consumía.
Cristina fue la primera en moverse. Se acercó a Claudia, que aún estaba en el lavabo, y se arrodilló entre sus piernas. "Déjame ayudarte con eso, Morena", susurró, sus dedos expertos separando los labios de Claudia y revelando su coño húmedo y palpitante. Claudia gimió, su cuerpo temblando bajo el toque de Cristina.
Laura, por su parte, se dejó caer de rodillas frente a Olivia, que la miraba con una expresión de puro deseo. "Rubia…", siseó Olivia, sus ojos fijos en los pechos de Laura, que se alzaban y caían con cada respiración agitada.
El baño se llenó de gemidos, susurros y el sonido húmedo de piel contra piel. Cristina empezó a lamer el coño de Claudia, saboreando cada gota de su néctar. Claudia se aferró a su pelo, sus gritos de placer ahogados por la boca de Cristina.
Mientras tanto, Olivia se había lanzado sobre Laura. Sus bocas se encontraron en un beso ardiente, sus lenguas entrelazándose en una danza frenética. Las manos de Olivia se deslizaron por la espalda de Laura, apretando su culo firme y redondo. "Dios, qué culo tienes, Rubia", murmuró entre besos, haciendo que Laura se estremeciera.
De repente, Cristina se levantó de las piernas de Claudia, sus ojos brillando con una determinación juguetona. "Ahora es mi turno", dijo, y se sentó sobre la cara de Claudia, su coño húmedo y caliente presionando contra la nariz y la boca de Claudia.
Claudia ahogó un grito de sorpresa y placer. El olor y el sabor de Cristina eran embriagadores. Empezó a lamer y succionar el coño de Cristina con fervor, sus manos agarrando las caderas de la Enana.
Laura, al ver la escena, no pudo evitar que un gemido escapara de sus labios. Olivia, que la estaba besando el cuello, le mordió suavemente la oreja. "Te gusta lo que ves, ¿verdad, Rubia?", susurró.
Laura asintió con la cabeza, sus ojos fijos en Cristina y Claudia. "Quiero eso", dijo, su voz apenas un susurro.
Olivia sonrió. Con un movimiento ágil, giró a Laura y la sentó sobre su propia cara. El coño de Laura, ya empapado, se encontró con la boca de Olivia. "Dios, Rubia, estás mojadisima", gruñó Olivia, empezando a lamer y succionar con una intensidad que hizo a Laura jadear.
El baño se convirtió en un santuario de puro placer. Las cuatro mujeres se entregaron a sus deseos más profundos, explorando los cuerpos de las otras con una avidez insaciable. Cristina se restregaba en la cara de Claudia, gimiendo de placer mientras Claudia la lamía con una devoción asombrosa. Laura, sentada sobre la cara de Olivia, sentía cómo el placer la invadía, sus gemidos llenando el pequeño espacio.
Después de un rato, con las caras de Claudia y Olivia empapadas de los jugos de Cristina y Laura, las dos parejas cambiaron de posición. Cristina y Laura se sentaron en el suelo, sus piernas entrelazadas. Olivia y Claudia se arrodillaron frente a ellas.
"Ahora nosotras", dijo Olivia, con una sonrisa seductora.
Y así, se formó un 69 improvisado. Cristina se encontró con la boca de Olivia, y Laura con la de Claudia. El placer se multiplicó, las lenguas explorando cada rincón, cada pliegue, cada gota de humedad. Sus cuerpos se movían al unísono, una sinfonía de placer que resonaba en cada rincón del baño.
Cuando finalmente se separaron, exhaustas pero extasiadas, sus caras estaban manchadas de fluidos. Pero en lugar de limpiarse, se miraron con una nueva comprensión en sus ojos. Olivia lamió los restos del coño de Cristina de la cara de Claudia, y Claudia hizo lo mismo con la cara de Olivia, limpiando los fluidos de Laura. Fue un acto de intimidad cruda, una aceptación total de la otra.
Luego, con una sonrisa traviesa, Cristina y Laura se miraron. Se sentaron una frente a la otra, sus piernas abiertas, y empezaron a frotar sus coños entre sí. El roce húmedo, el calor de sus cuerpos, las hizo gemir de nuevo. Olivia y Claudia las observaban, sus ojos llenos de deseo renovado.
El tiempo en el baño se desdibujó. Cuando finalmente salieron, con las piernas temblorosas y los labios hinchados, el mundo exterior parecía un sueño lejano. Pero la conexión entre las cuatro había cambiado para siempre.
Los días siguientes, la dinámica en la academia se mantuvo. Los compañeros seguían soltando comentarios sobre el cuerpo de Cristina y Laura.
"Cris, ¿no te cansas de ir enseñando esas tetas?", dijo un compañero en la sala de estar.
Pero esta vez, la respuesta de Olivia fue aún más contundente. "Qué mala es la envidia, ¿verdad? O será que te pones muy nervioso con tanta carne buena delante y no puedes tenerla. Porque esas tetazas y ese culazo solo son nuestros, ¿verdad, Morena?". Olivia le guiñó un ojo a Claudia, que asintió con una sonrisa. Cristina se ruborizó hasta las orejas, pero una sonrisa se dibujó en sus labios. Sintió un calor familiar entre las piernas.
Otro día, un comentario sobre el culo de Laura. "Laura, ¿no crees que deberías disimular un poco ese culo? Es demasiado..."
Claudia interrumpió al compañero antes de que pudiera terminar la frase. "Demasiado bueno, ¿quieres decir? Lo que os pasa es que estáis necesitados y Cris y Lau os ponen mucho con esas tetazas y esos culazos, pero vais a tener que aguantaros porque solo son nuestros. Y nosotras los disfrutamos mucho, ¿a que sí, Enana?". Claudia miró a Cristina, que asintió con la cabeza, una chispa de picardía en sus ojos. Laura se sintió mojada al instante.
Estos comentarios, lejos de ser ofensivos para Cristina y Laura, se habían convertido en una fuente de excitación. La forma en que Olivia y Claudia las defendían, con esa posesividad implícita, hacía que se sintieran deseadas y protegidas al mismo tiempo.
Por las noches, la nueva dinámica se hizo evidente. Cristina, con una sonrisa inocente, se acercaba a Claudia. "Clau, ¿te importa si duermo contigo? Es que tus tetas son muy cómodas". Claudia sonreía, sus ojos brillando con diversión, y abría los brazos para recibir a la Enana. Cristina se acurrucaba entre los generosos pechos de Claudia, sintiendo el calor de su piel y el suave latido de su corazón. A veces, la mano de Claudia se deslizaba bajo la camiseta de Cristina, acariciando suavemente sus pechos mientras se quedaban dormidas.
Laura, por su parte, buscaba a Olivia. "Liv, ¿puedo dormir contigo? Es que tus tetas son tan suaves". Olivia, con una sonrisa enigmática, la acogía en su cama. Laura se recostaba contra el pecho de Olivia, sintiendo la firmeza de sus senos y el ritmo constante de su respiración. A menudo, la mano de Olivia se posaba en la cintura de Laura, acercándola más, y a veces, sus labios se rozaban en la oscuridad, un suave beso que prometía más.
La academia, que antes había sido un lugar de pura competencia, se había transformado en un nido de deseo y complicidad para estas cuatro mujeres. Las miradas furtivas, los toques accidentales y las palabras cargadas de doble sentido se habían vuelto la norma. La música seguía siendo el centro de sus vidas, pero ahora, había una melodía secreta sonando entre ellas, una melodía de pasión y deseo que solo ellas podían escuchar.
Una tarde, mientras las cuatro compartían un momento de relax en el sofá, un compañero se acercó, con una sonrisa maliciosa. "Cris, Laura, ¿no creéis que deberíais taparos un poco? Es que vuestras 'curvas' distraen a la gente".
Antes de que Cris o Lau pudieran reaccionar, Olivia se levantó lentamente, su mirada fría y penetrante. "Mira, cariño, lo que a ti te distrae, a nosotras nos excita. Y no tienen por qué taparse nada. ¿Verdad, Morena? De hecho, nos encanta que Cris vaya enseñando esas tetazas y Lau ese culazo. Así sabemos que solo son nuestras". Olivia terminó con una sonrisa que no llegó a sus ojos, dejando al compañero mudo y sonrojado.
Claudia, que había estado acariciando el muslo de Cris, añadió con una voz dulce pero firme: "Exacto. Y si te molesta, siempre puedes mirar para otro lado. Porque lo que hay aquí es para que nosotras lo disfrutemos".
Cris y Lau se miraron, el rubor subiendo por sus mejillas, pero con una chispa de orgullo en sus ojos. La posesividad de Olivia y Claudia, lejos de ser algo negativo, las hacía sentir increíblemente deseadas y especiales. La humedad entre sus piernas era una constante en esos días.
Las noches en la academia se volvieron aún más interesantes. No era raro que, después de que las luces se apagaran y el murmullo de los demás compañeros cesara, Cris y Lau se deslizaran de sus camas para unirse a Olivia y Claudia.
Una noche, Cris se acurrucó en los pechos de Claudia, como era su costumbre. Pero esta vez, las manos de Claudia no se quedaron quietas. Empezaron a explorar el cuerpo de Cris, sus dedos trazando el contorno de sus abdominales perfectos, subiendo por sus costillas y rodeando sus pechos. Cris gimió suavemente, sus manos entrelazadas en el pelo de Claudia.
"Clau…", susurró Cris, su voz apenas audible.
"Shhh, Enana", respondió Claudia, su boca encontrando el lunar en la barbilla de Cris, besándolo con una ternura que hizo a Cris temblar. "Me encanta este lunar. Y me encanta besarte aquí".
Mientras tanto, en la otra cama, Laura se había acurrucado en los brazos de Olivia. Olivia, con sus dedos largos y delicados, acariciaba la piel morena de Laura, bajando por su espalda y apretando suavemente su culo. Laura arqueó la espalda, un gemido silencioso escapando de sus labios.
"Liv…", jadeó Laura.
"Rubia…", susurró Olivia, su aliento cálido en el cuello de Laura. "Estás tan buena. Y ese culo… es una obra de arte".
Las cuatro mujeres se entregaron a los placeres silenciosos de la noche, sus cuerpos entrelazados, sus deseos entrelazados. La academia de OT, bajo la vigilancia constante de las cámaras, se había convertido en un refugio para su pasión secreta.
La tensión en el ambiente de la academia era palpable, no solo por la competencia, sino por la energía innegable que emanaba de las cuatro. Los demás concursantes, aunque algo celosos, no podían evitar notarlo.
Un día, durante una clase de interpretación, el profesor les pidió que actuaran una escena de pasión. Laura y Cris, que estaban en el mismo grupo, se miraron con una chispa en los ojos. La escena era intensa, y ambas se entregaron por completo. Sus miradas se cruzaban, sus voces se entrelazaban con una química innegable.
Al terminar la escena, el profesor las felicitó. "¡Increíble! La química entre vosotras es palpable. Parece que os conocierais de toda la vida, o incluso más".
Olivia y Claudia, sentadas en la primera fila, sonreían. Olivia le susurró a Claudia: "Si supiera la verdad…". Claudia soltó una risita, sus ojos fijos en Laura y Cris, que aún estaban en el escenario, con las mejillas sonrojadas.
Esa noche, la excitación en el aire era insoportable. Cris y Lau, después de la clase, se sentían más conectadas que nunca. Y Olivia y Claudia, al verlas tan entregadas, sentían un deseo ardiente.
Después de la cena, mientras los demás compañeros se dispersaban, las cuatro se encontraron en la sala de estar, como por casualidad. Las miradas se cruzaron, llenas de promesas tácitas.
"Chicas, ¿os apetece un poco de aire fresco?", sugirió Olivia, con una sonrisa seductora.
Cris y Lau asintieron al unísono. Claudia se levantó y las cuatro se dirigieron al jardín, un lugar más apartado y con menos cámaras. La noche estaba estrellada, y el aire fresco acariciaba sus pieles.
Se sentaron en un banco, las cuatro muy juntas. Cris, con su mano, acarició el muslo de Claudia. Laura, por su parte, entrelazó sus dedos con los de Olivia.
"¿Sabéis?", dijo Cris, rompiendo el silencio. "Me encanta cómo nos defendéis. Me hace sentir… especial".
"Y a mí", añadió Laura, mirando a Olivia. "Me encanta cómo nos protegéis de esos comentarios estúpidos".
Olivia sonrió, apretando la mano de Laura. "Es que sois nuestras, Rubia. Y nadie tiene derecho a hablar así de vosotras".
"Además", dijo Claudia, su voz suave pero firme, "es que estáis tan buenas… Es imposible no defenderos". Su mano se deslizó bajo la camiseta de Cris, acariciando suavemente su espalda. Cris se estremeció.
La conversación pronto se desvió hacia terrenos más íntimos. Los susurros se hicieron más intensos, las caricias más atrevidas. Cris se encontró sentada en el regazo de Claudia, sus labios buscando los de la morena. Laura, por su parte, se dejó caer en los brazos de Olivia, sus bocas uniéndose en un beso apasionado.
El jardín, bajo el manto de la noche, se convirtió en su nuevo santuario. Los gemidos ahogados, los susurros de deseo y el roce de sus cuerpos se mezclaban con el canto de los grillos. Las estrellas parecían brillar más intensamente, como si estuvieran aprobando el baile prohibido de estas cuatro mujeres en la academia de Operación Triunfo.
La semana avanzaba, y con ella, la intensidad entre las cuatro crecía. Los compañeros, ajenos a la profundidad de su conexión, continuaban con sus comentarios. Pero ahora, las defensas de Olivia y Claudia eran aún más directas y descaradas.
"Cris, con esas tetas, ¿no te duelen la espalda?", soltó un chico en el comedor.
Olivia, que estaba a punto de llevarse una cucharada de yogur a la boca, la dejó caer con un ruido seco. "A ti te va a doler la cara si no te callas, imbécil. Y no, no le duelen. Le encantan sus tetazas, y a nosotras también. Nos encanta apretarlas, besarlas, lamerlas… ¿verdad, Enana?". Olivia miró a Cris, que se puso roja como un tomate, pero asintió con una sonrisa picarona.
Claudia, que estaba sentada frente a Laura, añadió: "Y si a ti te molestan, ya sabes dónde tienes la puerta. Porque aquí, las 'curvas' de Cris y Lau son sagradas. Y solo nuestras".
Los demás compañeros, acostumbrados a estas defensas, simplemente bajaron la vista, avergonzados. La reputación de Olivia y Claudia como "guardianas" de Cris y Lau se había extendido por toda la academia.
Las noches se habían convertido en el momento más esperado. Cris y Lau ya no se excusaban para dormir con Olivia y Claudia. Simplemente se dirigían a sus camas, y las otras dos las recibían con los brazos abiertos.
Una noche, Cris se acurrucó entre los pechos de Claudia, su cabeza descansando en el suave valle entre ellos. La mano de Claudia se deslizó por el cuerpo de Cris, acariciando su piel pálida y sus lunares. Cris suspiró de placer, sintiendo cómo la humedad comenzaba a acumularse entre sus piernas.
"Enana…", susurró Claudia, su aliento cálido en la oreja de Cris. "Me encanta tenerte así. Tan cerca".
"Y a mí, Morena", respondió Cris, su voz ronca de deseo. "Tus tetas son el mejor cojín del mundo".
Mientras tanto, Laura se había acomodado en los brazos de Olivia. Su cabeza descansaba en el hombro de la pelirroja, y la mano de Olivia acariciaba suavemente su pelo rubio. La otra mano de Olivia se deslizó por la pierna de Laura, subiendo lentamente por su muslo. Laura tembló.
"Liv…", jadeó Laura.
"Rubia…", susurró Olivia, su voz llena de deseo. "Estás tan suave. Y ese culo… me vuelve loca".
Las cuatro mujeres se entregaban a los placeres de la noche, sus cuerpos entrelazados, sus deseos entrelazados. La academia de OT, bajo la vigilancia constante de las cámaras, se había convertido en un refugio para su pasión secreta.
La semana de la gala llegó a su fin. Las nominaciones habían sido tensas, y una de ellas tendría que abandonar la academia. Pero para Cris, Lau, Olivia y Claudia, la gala era solo un telón de fondo para su propia historia, una historia de deseo, protección y una conexión inquebrantable.
En la gala, mientras esperaban los resultados, Olivia y Claudia se sentaron juntas, sus ojos fijos en Cris y Lau, que estaban en el escenario. Las miradas se cruzaron, llenas de una comprensión tácita. No importaba lo que pasara en la gala, su vínculo era más fuerte que cualquier concurso.
Y mientras la música sonaba y las luces brillaban, las cuatro mujeres sabían que su baile prohibido, su historia secreta, apenas acababa de empezar.
Olivia, la pelirroja de pecas y mirada intensa, y Claudia, la morena de sonrisa tímida pero fuego en los ojos, no podían apartar la vista. Disimuladamente, mientras los jueces daban sus veredictos, sus miradas se deslizaban por los generosos pechos de Cris, que se alzaban orgullosos bajo la tela ajustada, y por el culo firme y redondo de Laura, esculpido por años de deporte. Cristina y Laura, acostumbradas a las miradas indiscretas, se dieron cuenta, por supuesto. Un ligero rubor tiñó sus mejillas, pero lo dejaron pasar. Después de todo, estaban en OT, y la atención era parte del juego.
La semana post-gala siempre traía consigo el drama de las nominaciones. Los compañeros, en su afán de destacar o simplemente por pura envidia, no dudaban en soltar comentarios hirientes. Y esta semana, el blanco habían sido Cris y Lau.
"¡Uf, Cris, con esas tetas pareces que vas a explotar!", soltó un compañero en el desayuno, con una risa burlona.
Antes de que Cristina pudiera siquiera abrir la boca, Olivia, que estaba sentada a su lado, lo fulminó con la mirada. "Qué mala es la envidia, ¿verdad? O será que te pones muy nervioso con tanta carne buena delante", dijo con una sonrisa pícara, haciendo que el chico se atragantara con el café.
Más tarde, en la sala de ensayo, otra compañera murmuró sobre el culo de Laura. "No sé cómo puede moverse con ese pedazo de culo, parece que va a arrastrar el suelo".
Claudia, que ensayaba cerca, se giró lentamente, su voz dulce pero firme. "¿Y el problema de que esté tan buena? Lo que os pasa es que estáis necesitados y Cris y Lau os ponen mucho con esas tetazas y esos culazos, pero vais a tener que aguantaros". La sala enmudeció. Laura miró a Claudia, el rubor subiendo hasta la raíz de su pelo rubio, y sintió un cosquilleo entre las piernas.
Los días siguientes fueron una repetición de lo mismo. Comentarios malintencionados, defensas feroces por parte de Olivia y Claudia, y un aumento constante de la tensión sexual entre las cuatro. Cristina y Laura se sentían protegidas, sí, pero también increíblemente excitadas por la forma en que Olivia y Claudia las defendían, con comentarios cada vez más explícitos que hacían que sus bragas se humedecieran sin remedio.
Una tarde, el ambiente en la academia era particularmente tenso. Las nominaciones habían sido duras y el estrés se palpaba en el aire. Olivia y Claudia, buscando un momento de intimidad lejos de las cámaras y los ojos curiosos, se refugiaron en los baños. El murmullo de sus voces pronto se convirtió en gemidos ahogados.
Claudia, con su pelo moreno cayéndole por la cara, se había subido al lavabo, sus bragas ya por los tobillos. Olivia, arrodillada frente a ella, besaba el interior de sus muslos, lamiendo la humedad que ya empapaba la tela. "Dios, Clau, estás tan mojada", susurró Olivia, su lengua ascendiendo hacia el coño de Claudia.
Claudia arqueó la espalda, su respiración agitada. "Liv… oh, Liv… más… por favor, más". Sus dedos se enredaron en el pelo cobrizo de Olivia mientras esta se dedicaba a su placer con una devoción que la hacía temblar.
En ese preciso instante, la puerta del baño se abrió. Cristina y Laura, que venían a hacer sus necesidades, se quedaron petrificadas en el umbral. Sus ojos se abrieron como platos al ver la escena. Olivia, con el rostro enterrado entre las piernas de Claudia, y Claudia, con las bragas bajadas, gimiendo el nombre de Olivia.
El shock inicial dio paso a una ola de excitación que las golpeó con la fuerza de un tsunami. Cristina sintió cómo sus bragas se empapaban al instante. Laura, con el corazón latiéndole a mil por hora, apenas pudo susurrar un "joder" al unísono con Cristina.
Olivia levantó la cabeza, sus ojos verdes encontrándose con los de Cristina y Laura. Un brillo travieso apareció en ellos. Claudia, roja como un tomate, se cubrió la cara con las manos, pero no hizo ningún intento de detener a Olivia.
"¿Queréis uniros, chicas?", preguntó Olivia con una sonrisa ladeada, su voz ronca por la excitación.
Cristina y Laura no lo pensaron dos veces. La tensión acumulada, la excitación de los comentarios anteriores, la visión de Olivia y Claudia dándose placer… todo se combinó en un cóctel explosivo. Las bragas de Cristina y Laura ya estaban empapadas, y la idea de unirse a ese baile prohibido las consumía.
Cristina fue la primera en moverse. Se acercó a Claudia, que aún estaba en el lavabo, y se arrodilló entre sus piernas. "Déjame ayudarte con eso, Morena", susurró, sus dedos expertos separando los labios de Claudia y revelando su coño húmedo y palpitante. Claudia gimió, su cuerpo temblando bajo el toque de Cristina.
Laura, por su parte, se dejó caer de rodillas frente a Olivia, que la miraba con una expresión de puro deseo. "Rubia…", siseó Olivia, sus ojos fijos en los pechos de Laura, que se alzaban y caían con cada respiración agitada.
El baño se llenó de gemidos, susurros y el sonido húmedo de piel contra piel. Cristina empezó a lamer el coño de Claudia, saboreando cada gota de su néctar. Claudia se aferró a su pelo, sus gritos de placer ahogados por la boca de Cristina.
Mientras tanto, Olivia se había lanzado sobre Laura. Sus bocas se encontraron en un beso ardiente, sus lenguas entrelazándose en una danza frenética. Las manos de Olivia se deslizaron por la espalda de Laura, apretando su culo firme y redondo. "Dios, qué culo tienes, Rubia", murmuró entre besos, haciendo que Laura se estremeciera.
De repente, Cristina se levantó de las piernas de Claudia, sus ojos brillando con una determinación juguetona. "Ahora es mi turno", dijo, y se sentó sobre la cara de Claudia, su coño húmedo y caliente presionando contra la nariz y la boca de Claudia.
Claudia ahogó un grito de sorpresa y placer. El olor y el sabor de Cristina eran embriagadores. Empezó a lamer y succionar el coño de Cristina con fervor, sus manos agarrando las caderas de la Enana.
Laura, al ver la escena, no pudo evitar que un gemido escapara de sus labios. Olivia, que la estaba besando el cuello, le mordió suavemente la oreja. "Te gusta lo que ves, ¿verdad, Rubia?", susurró.
Laura asintió con la cabeza, sus ojos fijos en Cristina y Claudia. "Quiero eso", dijo, su voz apenas un susurro.
Olivia sonrió. Con un movimiento ágil, giró a Laura y la sentó sobre su propia cara. El coño de Laura, ya empapado, se encontró con la boca de Olivia. "Dios, Rubia, estás mojadisima", gruñó Olivia, empezando a lamer y succionar con una intensidad que hizo a Laura jadear.
El baño se convirtió en un santuario de puro placer. Las cuatro mujeres se entregaron a sus deseos más profundos, explorando los cuerpos de las otras con una avidez insaciable. Cristina se restregaba en la cara de Claudia, gimiendo de placer mientras Claudia la lamía con una devoción asombrosa. Laura, sentada sobre la cara de Olivia, sentía cómo el placer la invadía, sus gemidos llenando el pequeño espacio.
Después de un rato, con las caras de Claudia y Olivia empapadas de los jugos de Cristina y Laura, las dos parejas cambiaron de posición. Cristina y Laura se sentaron en el suelo, sus piernas entrelazadas. Olivia y Claudia se arrodillaron frente a ellas.
"Ahora nosotras", dijo Olivia, con una sonrisa seductora.
Y así, se formó un 69 improvisado. Cristina se encontró con la boca de Olivia, y Laura con la de Claudia. El placer se multiplicó, las lenguas explorando cada rincón, cada pliegue, cada gota de humedad. Sus cuerpos se movían al unísono, una sinfonía de placer que resonaba en cada rincón del baño.
Cuando finalmente se separaron, exhaustas pero extasiadas, sus caras estaban manchadas de fluidos. Pero en lugar de limpiarse, se miraron con una nueva comprensión en sus ojos. Olivia lamió los restos del coño de Cristina de la cara de Claudia, y Claudia hizo lo mismo con la cara de Olivia, limpiando los fluidos de Laura. Fue un acto de intimidad cruda, una aceptación total de la otra.
Luego, con una sonrisa traviesa, Cristina y Laura se miraron. Se sentaron una frente a la otra, sus piernas abiertas, y empezaron a frotar sus coños entre sí. El roce húmedo, el calor de sus cuerpos, las hizo gemir de nuevo. Olivia y Claudia las observaban, sus ojos llenos de deseo renovado.
El tiempo en el baño se desdibujó. Cuando finalmente salieron, con las piernas temblorosas y los labios hinchados, el mundo exterior parecía un sueño lejano. Pero la conexión entre las cuatro había cambiado para siempre.
Los días siguientes, la dinámica en la academia se mantuvo. Los compañeros seguían soltando comentarios sobre el cuerpo de Cristina y Laura.
"Cris, ¿no te cansas de ir enseñando esas tetas?", dijo un compañero en la sala de estar.
Pero esta vez, la respuesta de Olivia fue aún más contundente. "Qué mala es la envidia, ¿verdad? O será que te pones muy nervioso con tanta carne buena delante y no puedes tenerla. Porque esas tetazas y ese culazo solo son nuestros, ¿verdad, Morena?". Olivia le guiñó un ojo a Claudia, que asintió con una sonrisa. Cristina se ruborizó hasta las orejas, pero una sonrisa se dibujó en sus labios. Sintió un calor familiar entre las piernas.
Otro día, un comentario sobre el culo de Laura. "Laura, ¿no crees que deberías disimular un poco ese culo? Es demasiado..."
Claudia interrumpió al compañero antes de que pudiera terminar la frase. "Demasiado bueno, ¿quieres decir? Lo que os pasa es que estáis necesitados y Cris y Lau os ponen mucho con esas tetazas y esos culazos, pero vais a tener que aguantaros porque solo son nuestros. Y nosotras los disfrutamos mucho, ¿a que sí, Enana?". Claudia miró a Cristina, que asintió con la cabeza, una chispa de picardía en sus ojos. Laura se sintió mojada al instante.
Estos comentarios, lejos de ser ofensivos para Cristina y Laura, se habían convertido en una fuente de excitación. La forma en que Olivia y Claudia las defendían, con esa posesividad implícita, hacía que se sintieran deseadas y protegidas al mismo tiempo.
Por las noches, la nueva dinámica se hizo evidente. Cristina, con una sonrisa inocente, se acercaba a Claudia. "Clau, ¿te importa si duermo contigo? Es que tus tetas son muy cómodas". Claudia sonreía, sus ojos brillando con diversión, y abría los brazos para recibir a la Enana. Cristina se acurrucaba entre los generosos pechos de Claudia, sintiendo el calor de su piel y el suave latido de su corazón. A veces, la mano de Claudia se deslizaba bajo la camiseta de Cristina, acariciando suavemente sus pechos mientras se quedaban dormidas.
Laura, por su parte, buscaba a Olivia. "Liv, ¿puedo dormir contigo? Es que tus tetas son tan suaves". Olivia, con una sonrisa enigmática, la acogía en su cama. Laura se recostaba contra el pecho de Olivia, sintiendo la firmeza de sus senos y el ritmo constante de su respiración. A menudo, la mano de Olivia se posaba en la cintura de Laura, acercándola más, y a veces, sus labios se rozaban en la oscuridad, un suave beso que prometía más.
La academia, que antes había sido un lugar de pura competencia, se había transformado en un nido de deseo y complicidad para estas cuatro mujeres. Las miradas furtivas, los toques accidentales y las palabras cargadas de doble sentido se habían vuelto la norma. La música seguía siendo el centro de sus vidas, pero ahora, había una melodía secreta sonando entre ellas, una melodía de pasión y deseo que solo ellas podían escuchar.
Una tarde, mientras las cuatro compartían un momento de relax en el sofá, un compañero se acercó, con una sonrisa maliciosa. "Cris, Laura, ¿no creéis que deberíais taparos un poco? Es que vuestras 'curvas' distraen a la gente".
Antes de que Cris o Lau pudieran reaccionar, Olivia se levantó lentamente, su mirada fría y penetrante. "Mira, cariño, lo que a ti te distrae, a nosotras nos excita. Y no tienen por qué taparse nada. ¿Verdad, Morena? De hecho, nos encanta que Cris vaya enseñando esas tetazas y Lau ese culazo. Así sabemos que solo son nuestras". Olivia terminó con una sonrisa que no llegó a sus ojos, dejando al compañero mudo y sonrojado.
Claudia, que había estado acariciando el muslo de Cris, añadió con una voz dulce pero firme: "Exacto. Y si te molesta, siempre puedes mirar para otro lado. Porque lo que hay aquí es para que nosotras lo disfrutemos".
Cris y Lau se miraron, el rubor subiendo por sus mejillas, pero con una chispa de orgullo en sus ojos. La posesividad de Olivia y Claudia, lejos de ser algo negativo, las hacía sentir increíblemente deseadas y especiales. La humedad entre sus piernas era una constante en esos días.
Las noches en la academia se volvieron aún más interesantes. No era raro que, después de que las luces se apagaran y el murmullo de los demás compañeros cesara, Cris y Lau se deslizaran de sus camas para unirse a Olivia y Claudia.
Una noche, Cris se acurrucó en los pechos de Claudia, como era su costumbre. Pero esta vez, las manos de Claudia no se quedaron quietas. Empezaron a explorar el cuerpo de Cris, sus dedos trazando el contorno de sus abdominales perfectos, subiendo por sus costillas y rodeando sus pechos. Cris gimió suavemente, sus manos entrelazadas en el pelo de Claudia.
"Clau…", susurró Cris, su voz apenas audible.
"Shhh, Enana", respondió Claudia, su boca encontrando el lunar en la barbilla de Cris, besándolo con una ternura que hizo a Cris temblar. "Me encanta este lunar. Y me encanta besarte aquí".
Mientras tanto, en la otra cama, Laura se había acurrucado en los brazos de Olivia. Olivia, con sus dedos largos y delicados, acariciaba la piel morena de Laura, bajando por su espalda y apretando suavemente su culo. Laura arqueó la espalda, un gemido silencioso escapando de sus labios.
"Liv…", jadeó Laura.
"Rubia…", susurró Olivia, su aliento cálido en el cuello de Laura. "Estás tan buena. Y ese culo… es una obra de arte".
Las cuatro mujeres se entregaron a los placeres silenciosos de la noche, sus cuerpos entrelazados, sus deseos entrelazados. La academia de OT, bajo la vigilancia constante de las cámaras, se había convertido en un refugio para su pasión secreta.
La tensión en el ambiente de la academia era palpable, no solo por la competencia, sino por la energía innegable que emanaba de las cuatro. Los demás concursantes, aunque algo celosos, no podían evitar notarlo.
Un día, durante una clase de interpretación, el profesor les pidió que actuaran una escena de pasión. Laura y Cris, que estaban en el mismo grupo, se miraron con una chispa en los ojos. La escena era intensa, y ambas se entregaron por completo. Sus miradas se cruzaban, sus voces se entrelazaban con una química innegable.
Al terminar la escena, el profesor las felicitó. "¡Increíble! La química entre vosotras es palpable. Parece que os conocierais de toda la vida, o incluso más".
Olivia y Claudia, sentadas en la primera fila, sonreían. Olivia le susurró a Claudia: "Si supiera la verdad…". Claudia soltó una risita, sus ojos fijos en Laura y Cris, que aún estaban en el escenario, con las mejillas sonrojadas.
Esa noche, la excitación en el aire era insoportable. Cris y Lau, después de la clase, se sentían más conectadas que nunca. Y Olivia y Claudia, al verlas tan entregadas, sentían un deseo ardiente.
Después de la cena, mientras los demás compañeros se dispersaban, las cuatro se encontraron en la sala de estar, como por casualidad. Las miradas se cruzaron, llenas de promesas tácitas.
"Chicas, ¿os apetece un poco de aire fresco?", sugirió Olivia, con una sonrisa seductora.
Cris y Lau asintieron al unísono. Claudia se levantó y las cuatro se dirigieron al jardín, un lugar más apartado y con menos cámaras. La noche estaba estrellada, y el aire fresco acariciaba sus pieles.
Se sentaron en un banco, las cuatro muy juntas. Cris, con su mano, acarició el muslo de Claudia. Laura, por su parte, entrelazó sus dedos con los de Olivia.
"¿Sabéis?", dijo Cris, rompiendo el silencio. "Me encanta cómo nos defendéis. Me hace sentir… especial".
"Y a mí", añadió Laura, mirando a Olivia. "Me encanta cómo nos protegéis de esos comentarios estúpidos".
Olivia sonrió, apretando la mano de Laura. "Es que sois nuestras, Rubia. Y nadie tiene derecho a hablar así de vosotras".
"Además", dijo Claudia, su voz suave pero firme, "es que estáis tan buenas… Es imposible no defenderos". Su mano se deslizó bajo la camiseta de Cris, acariciando suavemente su espalda. Cris se estremeció.
La conversación pronto se desvió hacia terrenos más íntimos. Los susurros se hicieron más intensos, las caricias más atrevidas. Cris se encontró sentada en el regazo de Claudia, sus labios buscando los de la morena. Laura, por su parte, se dejó caer en los brazos de Olivia, sus bocas uniéndose en un beso apasionado.
El jardín, bajo el manto de la noche, se convirtió en su nuevo santuario. Los gemidos ahogados, los susurros de deseo y el roce de sus cuerpos se mezclaban con el canto de los grillos. Las estrellas parecían brillar más intensamente, como si estuvieran aprobando el baile prohibido de estas cuatro mujeres en la academia de Operación Triunfo.
La semana avanzaba, y con ella, la intensidad entre las cuatro crecía. Los compañeros, ajenos a la profundidad de su conexión, continuaban con sus comentarios. Pero ahora, las defensas de Olivia y Claudia eran aún más directas y descaradas.
"Cris, con esas tetas, ¿no te duelen la espalda?", soltó un chico en el comedor.
Olivia, que estaba a punto de llevarse una cucharada de yogur a la boca, la dejó caer con un ruido seco. "A ti te va a doler la cara si no te callas, imbécil. Y no, no le duelen. Le encantan sus tetazas, y a nosotras también. Nos encanta apretarlas, besarlas, lamerlas… ¿verdad, Enana?". Olivia miró a Cris, que se puso roja como un tomate, pero asintió con una sonrisa picarona.
Claudia, que estaba sentada frente a Laura, añadió: "Y si a ti te molestan, ya sabes dónde tienes la puerta. Porque aquí, las 'curvas' de Cris y Lau son sagradas. Y solo nuestras".
Los demás compañeros, acostumbrados a estas defensas, simplemente bajaron la vista, avergonzados. La reputación de Olivia y Claudia como "guardianas" de Cris y Lau se había extendido por toda la academia.
Las noches se habían convertido en el momento más esperado. Cris y Lau ya no se excusaban para dormir con Olivia y Claudia. Simplemente se dirigían a sus camas, y las otras dos las recibían con los brazos abiertos.
Una noche, Cris se acurrucó entre los pechos de Claudia, su cabeza descansando en el suave valle entre ellos. La mano de Claudia se deslizó por el cuerpo de Cris, acariciando su piel pálida y sus lunares. Cris suspiró de placer, sintiendo cómo la humedad comenzaba a acumularse entre sus piernas.
"Enana…", susurró Claudia, su aliento cálido en la oreja de Cris. "Me encanta tenerte así. Tan cerca".
"Y a mí, Morena", respondió Cris, su voz ronca de deseo. "Tus tetas son el mejor cojín del mundo".
Mientras tanto, Laura se había acomodado en los brazos de Olivia. Su cabeza descansaba en el hombro de la pelirroja, y la mano de Olivia acariciaba suavemente su pelo rubio. La otra mano de Olivia se deslizó por la pierna de Laura, subiendo lentamente por su muslo. Laura tembló.
"Liv…", jadeó Laura.
"Rubia…", susurró Olivia, su voz llena de deseo. "Estás tan suave. Y ese culo… me vuelve loca".
Las cuatro mujeres se entregaban a los placeres de la noche, sus cuerpos entrelazados, sus deseos entrelazados. La academia de OT, bajo la vigilancia constante de las cámaras, se había convertido en un refugio para su pasión secreta.
La semana de la gala llegó a su fin. Las nominaciones habían sido tensas, y una de ellas tendría que abandonar la academia. Pero para Cris, Lau, Olivia y Claudia, la gala era solo un telón de fondo para su propia historia, una historia de deseo, protección y una conexión inquebrantable.
En la gala, mientras esperaban los resultados, Olivia y Claudia se sentaron juntas, sus ojos fijos en Cris y Lau, que estaban en el escenario. Las miradas se cruzaron, llenas de una comprensión tácita. No importaba lo que pasara en la gala, su vínculo era más fuerte que cualquier concurso.
Y mientras la música sonaba y las luces brillaban, las cuatro mujeres sabían que su baile prohibido, su historia secreta, apenas acababa de empezar.
