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propuesta laboral
Fandom: Twice
Creado: 12/2/2026
Etiquetas
RomanceRealismoEstudio de PersonajeDramaRecortes de Vida
Un Concierto Inesperado, Un Descubrimiento Sorprendente
El vibrante estadio retumbaba con el rugido de miles de ONCEs, y Ximena, con su lightstick Candy Bong Z en alto, sentía que su corazón iba a estallar de emoción. El escenario se iluminó con destellos de color rosa, su favorito, y las nueve miembros de TWICE aparecieron, deslumbrantes como siempre. Jihyo, con su presencia imponente y su voz poderosa, era el centro de atención, y Ximena no podía apartar la mirada.
El concierto fue un torbellino de luces, música y coreografías impecables. Ximena cantó a todo pulmón, bailó con energía y se emocionó hasta las lágrimas con cada balada. Para ella, TWICE no era solo un grupo de K-Pop; era una fuente de alegría, inspiración y un escape de la rutina diaria. Su corta melena negra se balanceaba con cada salto, su piel blanca brillaba bajo las luces del escenario y su sonrisa era tan contagiosa como la de sus ídolos. A menudo, la confundían con una coreana por sus rasgos delicados y su estilo pop, algo que siempre le sacaba una risa.
Cuando las luces se atenuaron y las chicas se despidieron, Ximena sintió un vacío momentáneo, pero la euforia del concierto aún la envolvía. Mientras la multitud comenzaba a dispersarse, decidió esperar un poco para evitar el tumulto. Se quedó de pie, observando a la gente irse, cuando de repente, su mirada se posó en una figura familiar que bajaba por unas escaleras laterales, en un área restringida.
Era Jihyo.
Pero no Jihyo la idol en el escenario, sino una Jihyo con un atuendo más informal, aunque elegante, y una expresión de concentración en su rostro. Llevaba unos auriculares y hablaba con un hombre de traje, revisando unos documentos. Ximena, con su aguda vista, notó el pequeño distintivo que colgaba de su cuello: un logo estilizado que le resultaba extrañamente familiar. Su corazón dio un vuelco.
"Imposible", murmuró para sí misma.
Jihyo se detuvo un momento, suspiró y se pasó una mano por el cabello, revelando un poco más el distintivo. Ximena lo reconoció al instante. Era el logo de "Everglow Entertainment", la empresa para la que trabajaba. Pero no solo eso. El distintivo también tenía unas letras pequeñas debajo del logo: "CEO Park Jihyo".
Ximena se quedó petrificada. La Jihyo del escenario, la líder de TWICE, la mujer que idolatraba, era su jefa. La CEO de la empresa donde ella, Ximena, era una humilde secretaria. El shock fue tan grande que sintió que el aire le faltaba. ¿Cómo era posible que nunca se hubiera dado cuenta?
Claro, Everglow Entertainment era una empresa grande, con múltiples divisiones y subsidiarias. Jihyo era una figura pública, sí, pero su rol como CEO de una empresa de entretenimiento tan grande no era algo que se publicitara abiertamente, al menos no en los círculos de empleados de nivel inferior como Ximena. Además, la Jihyo que veía en las reuniones ejecutivas, siempre impecable y seria, era muy diferente a la Jihyo radiante y enérgica del escenario.
Una extraña mezcla de asombro, confusión y una punzada de algo más, algo que no se atrevía a nombrar, se apoderó de ella. Recordó las veces que se había cruzado con "la CEO Park" en los pasillos de la oficina. Siempre había sido educada, amable, con esa sonrisa cálida que ahora reconocía tan bien. Ximena siempre la había admirado en secreto por su profesionalismo y su aura de liderazgo. Pero nunca, ni en sus sueños más descabellados, había imaginado que esa mujer era su ídolo.
Ahora, la imagen de Jihyo en el escenario, cantando con pasión, y la imagen de Jihyo en la oficina, tomando decisiones importantes, se fusionaron en su mente, creando una figura aún más impresionante. Su admiración se duplicó, se triplicó.
Se dio cuenta de que su enamoramiento platónico por Jihyo, que había cultivado en secreto desde que se convirtió en ONCE, ahora adquiría una dimensión completamente nueva. No era solo la fan que admiraba a su ídolo; era la secretaria que estaba enamorada de su jefa, quien, por una coincidencia del destino, era también su ídolo. La ironía era casi dolorosa.
Ximena se obligó a salir de su estupor. Jihyo y el hombre de traje se alejaban por el pasillo, y Ximena sabía que no debía acercarse. No era el momento ni el lugar. Se recompuso, tratando de que su expresión no delatara el torbellino de emociones que sentía.
Al día siguiente, la oficina se sentía diferente. Cada vez que Ximena pensaba en "la CEO Park", la imagen de Jihyo en el escenario, con su cabello ondeando y su voz retumbando, se superponía. Se encontraba sonriendo tontamente a su escritorio, recordando las coreografías y las letras de las canciones.
Su puesto como secretaria implicaba una interacción limitada con la alta gerencia, pero de vez en cuando, Jihyo pasaba por su área para firmar documentos o dar alguna instrucción rápida. Antes, Ximena había manejado estas interacciones con su profesionalismo habitual, aunque siempre con un toque de nerviosismo por estar en presencia de una figura tan importante. Ahora, cada encuentro era una prueba para su autocontrol.
Una mañana, Jihyo se acercó a su escritorio con unos papeles. "Ximena, ¿podrías revisar estos informes y asegurarte de que todo esté en orden antes de mi reunión de las 10?", dijo con su voz suave pero firme.
Ximena sintió un rubor subir por sus mejillas. "Sí, CEO Park, por supuesto", respondió, tratando de mantener la voz estable. Sus ojos se encontraron por un instante, y Ximena sintió un escalofrío. Jihyo le dedicó una pequeña sonrisa, esa sonrisa amable y cariñosa que Ximena había visto tantas veces en los videos de TWICE.
Mientras revisaba los informes, su mente divagaba. Se preguntaba si Jihyo recordaba a la pequeña secretaria de cabello negro que siempre sonreía. ¿Alguna vez la había notado realmente? Ximena era discreta, eficiente y siempre trataba de pasar desapercibida, pero ahora deseaba ser más visible. Deseaba que Jihyo la viera no solo como una empleada competente, sino como algo más.
El día transcurrió en una niebla de fantasías y realidades. Ximena se encontró mirando la puerta de la oficina de Jihyo más de lo habitual, anhelando un nuevo encuentro, una nueva oportunidad de ver esa sonrisa.
Por la tarde, Jihyo regresó a su escritorio. "Gracias, Ximena. Todo perfecto, como siempre", dijo, tomando los documentos. "Eres muy eficiente."
"Gracias, CEO Park", respondió Ximena, su corazón latiendo con fuerza. "Es un placer trabajar aquí."
Jihyo la miró por un momento, sus ojos oscuros y expresivos. "Me alegra escucharlo", dijo, y por un microsegundo, Ximena pensó que había una chispa de algo más en su mirada, algo que iba más allá de la relación empleada-jefa. Pero luego, Jihyo asintió y se alejó, dejándola con la duda.
Esa noche, Ximena llegó a su apartamento, aún bajo el hechizo de su descubrimiento. Se puso cómoda, encendió su computadora y buscó videos de Jihyo. Verla bailar y cantar ahora tenía un significado completamente diferente. Cada movimiento, cada expresión, cada nota resonaba en ella de una manera nueva y profunda.
Se dio cuenta de que su amor por Jihyo no era solo la adoración de una fan, sino un sentimiento más complejo y personal. La admiraba como artista, como líder, como mujer de negocios, y ahora, como la persona amable y cariñosa que había conocido en el trabajo.
El secreto que guardaba en su corazón se había vuelto más pesado, pero también más hermoso. Sabía que no podía revelarlo. La brecha entre una CEO y su secretaria era inmensa, y la idea de que Jihyo pudiera corresponder sus sentimientos era una fantasía lejana. Pero eso no significaba que no pudiera soñar.
Al día siguiente, Ximena se levantó con una nueva determinación. No podía cambiar su situación, pero podía esforzarse por ser la mejor secretaria posible, la empleada más indispensable, la persona en quien Jihyo pudiera confiar plenamente. Y quizás, solo quizás, con el tiempo, Jihyo la vería de una manera diferente.
Mientras se vestía, eligió su blusa rosa favorita, un pequeño toque de su personalidad en el estricto código de vestimenta de la oficina. Se miró en el espejo, su cabello corto y negro enmarcando su rostro risueño. "Eres linda y capaz", se dijo a sí misma. "Y estás enamorada de una mujer increíble".
Con un suspiro de resignación y esperanza, Ximena salió de su apartamento, lista para enfrentar un nuevo día, un día en el que su ídolo y su jefa eran la misma persona, y su corazón latía con un secreto dulce y peligroso. El concierto había terminado, pero el verdadero espectáculo, el de su propio corazón, apenas comenzaba.
El concierto fue un torbellino de luces, música y coreografías impecables. Ximena cantó a todo pulmón, bailó con energía y se emocionó hasta las lágrimas con cada balada. Para ella, TWICE no era solo un grupo de K-Pop; era una fuente de alegría, inspiración y un escape de la rutina diaria. Su corta melena negra se balanceaba con cada salto, su piel blanca brillaba bajo las luces del escenario y su sonrisa era tan contagiosa como la de sus ídolos. A menudo, la confundían con una coreana por sus rasgos delicados y su estilo pop, algo que siempre le sacaba una risa.
Cuando las luces se atenuaron y las chicas se despidieron, Ximena sintió un vacío momentáneo, pero la euforia del concierto aún la envolvía. Mientras la multitud comenzaba a dispersarse, decidió esperar un poco para evitar el tumulto. Se quedó de pie, observando a la gente irse, cuando de repente, su mirada se posó en una figura familiar que bajaba por unas escaleras laterales, en un área restringida.
Era Jihyo.
Pero no Jihyo la idol en el escenario, sino una Jihyo con un atuendo más informal, aunque elegante, y una expresión de concentración en su rostro. Llevaba unos auriculares y hablaba con un hombre de traje, revisando unos documentos. Ximena, con su aguda vista, notó el pequeño distintivo que colgaba de su cuello: un logo estilizado que le resultaba extrañamente familiar. Su corazón dio un vuelco.
"Imposible", murmuró para sí misma.
Jihyo se detuvo un momento, suspiró y se pasó una mano por el cabello, revelando un poco más el distintivo. Ximena lo reconoció al instante. Era el logo de "Everglow Entertainment", la empresa para la que trabajaba. Pero no solo eso. El distintivo también tenía unas letras pequeñas debajo del logo: "CEO Park Jihyo".
Ximena se quedó petrificada. La Jihyo del escenario, la líder de TWICE, la mujer que idolatraba, era su jefa. La CEO de la empresa donde ella, Ximena, era una humilde secretaria. El shock fue tan grande que sintió que el aire le faltaba. ¿Cómo era posible que nunca se hubiera dado cuenta?
Claro, Everglow Entertainment era una empresa grande, con múltiples divisiones y subsidiarias. Jihyo era una figura pública, sí, pero su rol como CEO de una empresa de entretenimiento tan grande no era algo que se publicitara abiertamente, al menos no en los círculos de empleados de nivel inferior como Ximena. Además, la Jihyo que veía en las reuniones ejecutivas, siempre impecable y seria, era muy diferente a la Jihyo radiante y enérgica del escenario.
Una extraña mezcla de asombro, confusión y una punzada de algo más, algo que no se atrevía a nombrar, se apoderó de ella. Recordó las veces que se había cruzado con "la CEO Park" en los pasillos de la oficina. Siempre había sido educada, amable, con esa sonrisa cálida que ahora reconocía tan bien. Ximena siempre la había admirado en secreto por su profesionalismo y su aura de liderazgo. Pero nunca, ni en sus sueños más descabellados, había imaginado que esa mujer era su ídolo.
Ahora, la imagen de Jihyo en el escenario, cantando con pasión, y la imagen de Jihyo en la oficina, tomando decisiones importantes, se fusionaron en su mente, creando una figura aún más impresionante. Su admiración se duplicó, se triplicó.
Se dio cuenta de que su enamoramiento platónico por Jihyo, que había cultivado en secreto desde que se convirtió en ONCE, ahora adquiría una dimensión completamente nueva. No era solo la fan que admiraba a su ídolo; era la secretaria que estaba enamorada de su jefa, quien, por una coincidencia del destino, era también su ídolo. La ironía era casi dolorosa.
Ximena se obligó a salir de su estupor. Jihyo y el hombre de traje se alejaban por el pasillo, y Ximena sabía que no debía acercarse. No era el momento ni el lugar. Se recompuso, tratando de que su expresión no delatara el torbellino de emociones que sentía.
Al día siguiente, la oficina se sentía diferente. Cada vez que Ximena pensaba en "la CEO Park", la imagen de Jihyo en el escenario, con su cabello ondeando y su voz retumbando, se superponía. Se encontraba sonriendo tontamente a su escritorio, recordando las coreografías y las letras de las canciones.
Su puesto como secretaria implicaba una interacción limitada con la alta gerencia, pero de vez en cuando, Jihyo pasaba por su área para firmar documentos o dar alguna instrucción rápida. Antes, Ximena había manejado estas interacciones con su profesionalismo habitual, aunque siempre con un toque de nerviosismo por estar en presencia de una figura tan importante. Ahora, cada encuentro era una prueba para su autocontrol.
Una mañana, Jihyo se acercó a su escritorio con unos papeles. "Ximena, ¿podrías revisar estos informes y asegurarte de que todo esté en orden antes de mi reunión de las 10?", dijo con su voz suave pero firme.
Ximena sintió un rubor subir por sus mejillas. "Sí, CEO Park, por supuesto", respondió, tratando de mantener la voz estable. Sus ojos se encontraron por un instante, y Ximena sintió un escalofrío. Jihyo le dedicó una pequeña sonrisa, esa sonrisa amable y cariñosa que Ximena había visto tantas veces en los videos de TWICE.
Mientras revisaba los informes, su mente divagaba. Se preguntaba si Jihyo recordaba a la pequeña secretaria de cabello negro que siempre sonreía. ¿Alguna vez la había notado realmente? Ximena era discreta, eficiente y siempre trataba de pasar desapercibida, pero ahora deseaba ser más visible. Deseaba que Jihyo la viera no solo como una empleada competente, sino como algo más.
El día transcurrió en una niebla de fantasías y realidades. Ximena se encontró mirando la puerta de la oficina de Jihyo más de lo habitual, anhelando un nuevo encuentro, una nueva oportunidad de ver esa sonrisa.
Por la tarde, Jihyo regresó a su escritorio. "Gracias, Ximena. Todo perfecto, como siempre", dijo, tomando los documentos. "Eres muy eficiente."
"Gracias, CEO Park", respondió Ximena, su corazón latiendo con fuerza. "Es un placer trabajar aquí."
Jihyo la miró por un momento, sus ojos oscuros y expresivos. "Me alegra escucharlo", dijo, y por un microsegundo, Ximena pensó que había una chispa de algo más en su mirada, algo que iba más allá de la relación empleada-jefa. Pero luego, Jihyo asintió y se alejó, dejándola con la duda.
Esa noche, Ximena llegó a su apartamento, aún bajo el hechizo de su descubrimiento. Se puso cómoda, encendió su computadora y buscó videos de Jihyo. Verla bailar y cantar ahora tenía un significado completamente diferente. Cada movimiento, cada expresión, cada nota resonaba en ella de una manera nueva y profunda.
Se dio cuenta de que su amor por Jihyo no era solo la adoración de una fan, sino un sentimiento más complejo y personal. La admiraba como artista, como líder, como mujer de negocios, y ahora, como la persona amable y cariñosa que había conocido en el trabajo.
El secreto que guardaba en su corazón se había vuelto más pesado, pero también más hermoso. Sabía que no podía revelarlo. La brecha entre una CEO y su secretaria era inmensa, y la idea de que Jihyo pudiera corresponder sus sentimientos era una fantasía lejana. Pero eso no significaba que no pudiera soñar.
Al día siguiente, Ximena se levantó con una nueva determinación. No podía cambiar su situación, pero podía esforzarse por ser la mejor secretaria posible, la empleada más indispensable, la persona en quien Jihyo pudiera confiar plenamente. Y quizás, solo quizás, con el tiempo, Jihyo la vería de una manera diferente.
Mientras se vestía, eligió su blusa rosa favorita, un pequeño toque de su personalidad en el estricto código de vestimenta de la oficina. Se miró en el espejo, su cabello corto y negro enmarcando su rostro risueño. "Eres linda y capaz", se dijo a sí misma. "Y estás enamorada de una mujer increíble".
Con un suspiro de resignación y esperanza, Ximena salió de su apartamento, lista para enfrentar un nuevo día, un día en el que su ídolo y su jefa eran la misma persona, y su corazón latía con un secreto dulce y peligroso. El concierto había terminado, pero el verdadero espectáculo, el de su propio corazón, apenas comenzaba.
