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Entre almas perdidas y desasosiego
Fandom: Servamp, Batman
Creado: 16/3/2026
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RomanceFantasíaDolor/ConsueloEstudio de PersonajeDramaRealismo MágicoHistoria DomésticaOscuroAngustiaRecortes de Vida
Un Ronroneo en la Noche
La primera vez que Jason Todd vio a Sleepy Ash, fue en uno de esos callejones traseros de Gotham que solo conocen los que han pasado demasiado tiempo en sus sombras. Jason, enfundado en su armadura de Red Hood, acababa de terminar un "interrogatorio" bastante... vigoroso con un par de matones de bajo nivel que se habían atrevido a traficar con niños. El hedor a basura, orina y sangre era un perfume familiar para él.
Entonces lo vio. Un chico, que no parecía tener más de dieciocho años, acurrucado en una pila de cartones empapados. Su cabello azul claro era una mancha vibrante contra la oscuridad opresiva del callejón, y sus ojos rojos, apenas visibles entre sus párpados pesados, tenían unas ojeras que harían parecer a Jason un modelo de descanso. Parecía una muñeca rota, abandonada, pero había algo en su aura que gritaba "no te acerques".
Jason, que no era ajeno a la miseria humana, se acercó con cautela. Pensó que podría ser una víctima, un fugitivo, o incluso un meta-humano con un disfraz ridículo. "Oye, chico. ¿Estás bien?", preguntó, su voz distorsionada por el modulador.
El chico se movió, un gemido apenas audible escapó de sus labios. "Demasiado ruidoso... Solo quiero dormir..." Su voz era un arrullo, sorprendentemente suave para un callejón tan brutal.
Jason frunció el ceño debajo de su casco. "No parece que este sea un buen lugar para una siesta. ¿Dónde están tus padres? ¿Necesitas ayuda?"
Los ojos rojos se abrieron un poco más, revelando un abismo de desinterés. "Padres... qué problema. No tengo. Y no, no necesito ayuda. Solo un lugar tranquilo para dormir. Pero tú estás arruinando eso."
La insolencia del chico encendió una chispa en Jason. Estaba acostumbrado a ser temido, no a que le dijeran que era una molestia para el sueño de alguien. "Mira, mocoso, no sé qué juego estás jugando, pero si no te levantas y me dices dónde vives, te llevaré a la estación."
El chico suspiró, un sonido que podría haber sido un ronroneo bajo y molesto. "Qué fastidio. ¿Por qué la gente es tan ruidosa? Soy Kuro. Y no tengo dónde vivir. Y no quiero ir a ningún 'estación'. Parece problemático."
Kuro. Jason memorizó el nombre. "Bien, Kuro. Si no tienes dónde vivir, ¿qué haces aquí? ¿De dónde vienes?"
Kuro se estiró, revelando una constitución sorprendentemente esbelta debajo de su ropa holgada. "No lo sé. Simplemente aparecí aquí. Y estoy cansado. Muy, muy cansado."
Jason lo estudió. No había signos de drogas, ni de heridas graves. Solo una fatiga palpable que parecía emanar de cada poro de su piel. Era extraño, incluso para Gotham. "Escucha, no puedo dejarte aquí. Si no tienes dónde ir, vente conmigo. Tengo un lugar donde puedes dormir sin que te molesten."
Las cejas de Kuro se alzaron ligeramente. "Oh. ¿En serio? ¿Y por qué harías algo tan problemático?"
"Porque no soy un monstruo, a diferencia de la mayoría de la gente en esta ciudad", espetó Jason. En realidad, era más porque la idea de dejar a un chico tan extrañamente vulnerable en la calle le revolvía el estómago. Y también porque su instinto le decía que había algo más en Kuro de lo que dejaba ver.
Kuro lo consideró por un momento, sus ojos rojos fijos en el casco de Red Hood. "Mmm... Supongo que es mejor que la basura mojada. Pero si es demasiado ruidoso, me iré."
Y así fue como Jason Todd, el vigilante solitario y malhumorado de Gotham, terminó con un compañero de cuarto que parecía un gato perezoso y deprimido.
El apartamento de Jason era un desastre ordenado, o al menos, ordenado según sus estándares. Armas en el armero, equipo de vigilancia en el escritorio, un sofá cubierto de cómics y libros de filosofía. Kuro no se inmutó. Se limitó a mirar alrededor con una expresión de leve aburrimiento antes de dirigirse al sofá y hundirse en él como si fuera el lecho más cómodo del mundo.
"¿Tienes algo de comer?", preguntó Kuro, su voz ya adormilada.
Jason suspiró. "Hay ramen instantáneo en la despensa. ¿Quieres que te prepare uno?"
"Demasiado esfuerzo. Solo dame la bolsa. La comeré cruda si es necesario."
Jason se quedó boquiabierto. "No vas a comer ramen crudo."
"¿Por qué no? Es menos problemático."
Al final, Jason le preparó el ramen. Kuro lo devoró con una lentitud exasperante, como si cada bocado fuera un esfuerzo hercúleo. Mientras tanto, Jason se quitó el casco y la armadura, revelando su rostro marcado y su cabello oscuro.
Kuro lo observó a través de sus párpados entrecerrados. "Tienes muchas cicatrices. Parece que has tenido una vida problemática."
Jason gruñó. "Más de lo que te puedes imaginar."
"Mmm. Lo entiendo. La vida es un problema constante." Kuro se acurrucó en el sofá, cerrando los ojos. "Gracias por la comida. Y el sofá. Es cómodo."
Jason lo miró, una mezcla de exasperación y curiosidad. ¿Quién era este chico? ¿Y por qué su presencia era tan extrañamente... calmante? La energía caótica de Gotham a menudo se colaba en su apartamento, pero con Kuro allí, parecía disiparse, reemplazada por una quietud casi irreal.
Los días se convirtieron en semanas. Kuro era una presencia constante, un fantasma perezoso que flotaba por el apartamento. Dormía la mayor parte del tiempo, se quejaba de cualquier cosa que requiriera esfuerzo, y comía montañas de comida chatarra con una eficiencia que desmentía su aparente debilidad. Jason, para su propia sorpresa, se encontró adaptándose a la rutina. Le dejaba comida preparada, se aseguraba de que el apartamento estuviera lo suficientemente oscuro para sus siestas, e incluso le compró una manta extra suave.
Una noche, Jason regresó de una patrulla particularmente brutal. Había sido una noche larga, llena de disparos, persecuciones y la constante recordatorio de la podredumbre de Gotham. Se quitó el casco, su cuerpo dolorido, su mente agotada. Se dejó caer en el sofá, gimiendo.
Kuro, que estaba acurrucado en un sillón, abrió un ojo. "Pareces más problemático de lo habitual."
"Cállate, Kuro", murmuró Jason. "Solo estoy cansado."
Kuro se levantó, cosa rara. Se acercó a Jason y, para su sorpresa, le puso una mano fría en la frente. "Tienes fiebre. Y estás tenso."
Jason lo miró. La preocupación en los ojos rojos de Kuro era genuina, aunque disimulada por su habitual apatía. "Estoy bien. Solo necesito descansar."
"No. No lo estás", dijo Kuro, su voz adquiriendo un tono inusualmente firme. "Necesitas algo más que descansar."
Entonces, sucedió algo aún más extraño. Kuro se transformó. En un instante, el chico de cabello azul se convirtió en un gato negro de ojos rojos, regordete y con una expresión perpetuamente aburrida. El gato saltó al regazo de Jason y comenzó a ronronear, un sonido sorprendentemente potente que vibró a través de su cuerpo.
Jason se quedó helado, la boca abierta. "¿Qué... qué demonios?"
El gato lo miró con una expresión de "qué esperabas". "Soy un servamp. El de la pereza. Soy un gato la mayor parte del tiempo. Pero los humanos son demasiado problemáticos para entender eso de inmediato."
Jason se rió, una risa áspera y sin alegría. "Claro. Un gato vampiro. Eso tiene perfecto sentido en mi vida."
El gato le dio un cabezazo en el pecho. "No soy un vampiro. Soy un servamp. Es diferente. Y ahora, déjame ayudarte a relajarte. Estás demasiado tenso. Me molesta."
Y para la sorpresa de Jason, el ronroneo de Kuro realmente ayudó. La tensión en sus músculos comenzó a aflojarse, y la punzada de dolor en su cabeza disminuyó. Cerró los ojos, dejando que el calor del gato y el sonido rítmico de su ronroneo lo arrullaran. Se quedó dormido en el sofá, por primera vez en mucho tiempo, sin pesadillas.
A la mañana siguiente, Jason se despertó sintiéndose sorprendentemente renovado. Kuro estaba de nuevo en su forma humana, acurrucado en el sillón, roncando suavemente. Jason lo observó, una nueva comprensión y una pizca de asombro pintadas en su rostro. Un servamp. Un vampiro sirviente. Lo había leído en algunos de los libros de ocultismo de Bruce, pero siempre los había descartado como mitos.
"Así que eres un gato vampiro", dijo Jason cuando Kuro finalmente se despertó.
Kuro se estiró, bostezando. "Servamp. Y sí. ¿Hay algún problema con eso?"
"No. Solo... es mucho para asimilar." Jason se levantó y fue a la cocina a preparar café. "Entonces, ¿por qué viniste a Gotham? ¿Y por qué te quedaste conmigo?"
Kuro se encogió de hombros, volviendo a su forma felina y saltando a la encimera. "No lo sé. Simplemente me sentí atraído aquí. Y tú... no eres tan ruidoso como otros humanos. Y no me pediste que hiciera cosas problemáticas. Y tu apartamento es oscuro."
Jason sonrió, una sonrisa pequeña y un poco torcida. "Eso es lo que te convenció. La oscuridad y la falta de problemas."
"Exactamente." Kuro ronroneó, frotándose contra la mano de Jason.
La revelación de la verdadera naturaleza de Kuro no cambió mucho su dinámica, o al menos, no a primera vista. Jason seguía siendo el protector, el vigilante de Gotham, y Kuro seguía siendo el perezoso servamp que prefería dormir a cualquier otra cosa. Pero había una capa extra de comprensión entre ellos. Jason sabía que Kuro no era un simple chico, y Kuro sabía que Jason no era un simple humano.
Los encuentros de Jason con la Batfamilia se volvieron más tensos. Sus métodos violentos y su desconfianza hacia ellos eran una herida abierta que nunca sanaba. Una noche, después de una confrontación particularmente desagradable con Nightwing, Jason regresó al apartamento hirviendo de rabia. Rompió un vaso contra la pared, el sonido resonando en el silencio.
Kuro, que estaba durmiendo en el sofá, se despertó con un sobresalto, sus ojos rojos brillando en la oscuridad. "Demasiado ruidoso. ¿Qué pasa ahora?"
"¡Son unos hipócritas! ¡Todos ellos! ¡Creen que tienen la moral alta, pero no entienden nada!", gritó Jason, su voz ronca de furia.
Kuro se transformó en su forma humana y se sentó, observando a Jason con una intensidad inusual. "Parecen estar causándote mucho problema."
"Son mi familia", espetó Jason, su voz quebrándose. "O solían serlo. Ahora solo somos... enemigos."
Kuro se levantó y se acercó a Jason, deteniéndose a una distancia prudencial. "La familia puede ser un problema. A veces, la gente que te rodea es más problemática que los extraños."
Jason lo miró, sus ojos llenos de dolor. "Tú no lo entiendes. Nunca has tenido una familia."
Kuro bajó la mirada. "Tal vez no en el sentido humano. Pero sé lo que es la soledad. Y sé lo que es la desconfianza." Levantó la vista, sus ojos fijos en los de Jason. "Pero también sé que a veces, incluso las personas más problemáticas pueden ser importantes. Y que el dolor... es un problema que no se puede evitar."
La voz de Kuro era suave, casi un susurro, pero sus palabras golpearon a Jason con una fuerza inesperada. Se dejó caer en una silla, la furia drenándose de él, dejando solo un agotamiento profundo. Kuro se sentó en el suelo a su lado, sin decir nada, solo ofreciendo una presencia silenciosa.
Con el tiempo, su relación evolucionó. Jason, a pesar de su naturaleza solitaria, empezó a depender de la presencia de Kuro. El servamp, a su vez, empezó a mostrar pequeños gestos de cuidado, a su manera perezosa. Le dejaba su comida favorita en el microondas, se aseguraba de que su manta estuviera siempre a mano, e incluso, en raras ocasiones, le ofrecía palabras de consuelo, aunque siempre envueltas en su habitual apatía.
Una noche, mientras Jason estaba trabajando en su equipo en el taller improvisado de su apartamento, Kuro se acercó y se sentó en una silla cercana, observándolo.
"No deberías trabajar tanto", dijo Kuro, sus ojos pesados. "Es problemático para tu salud."
Jason sonrió. "Alguien tiene que mantener Gotham a salvo, Kuro. Y no va a ser el tipo que duerme dieciocho horas al día."
Kuro suspiró. "Mmm. Supongo que no. Pero si te cansas demasiado, podrías ser un blanco fácil para problemas mayores."
Hubo un silencio cómodo entre ellos. Jason se dio cuenta de que ya no se sentía solo. La presencia de Kuro, aunque perezosa y a veces irritante, era un ancla en su vida caótica.
"Kuro", dijo Jason de repente, sin levantar la vista de su trabajo. "¿Por qué sigues aquí? Podrías irte en cualquier momento. No te tengo atado a mí."
Kuro se encogió de hombros. "Es menos problemático quedarse aquí que buscar otro lugar. Y... tú no eres tan problemático como otros. Y me das comida. Y un lugar para dormir." Hizo una pausa, y luego añadió, en un tono que era casi inusualmente sincero para él: "Y... no me juzgas. A pesar de lo que soy."
Jason detuvo su trabajo y levantó la vista, encontrándose con los ojos rojos de Kuro. Había algo en esa mirada, una vulnerabilidad apenas perceptible, que lo golpeó en lo más profundo de su ser. Se dio cuenta de que, a su manera, Kuro también había encontrado un refugio en él.
Los sentimientos comenzaron a surgir, sutiles al principio, como el ronroneo silencioso de un gato en la noche. La preocupación de Jason por Kuro fue más allá de la simple responsabilidad. Se encontró pensando en él durante sus patrullas, preguntándose si estaría durmiendo bien, si tendría suficiente comida. Y Kuro, a su vez, comenzó a mostrar una atención inusual a Jason, pequeños gestos que revelaban un interés más profundo que la mera comodidad.
Una mañana, Jason regresó de una misión particularmente peligrosa, con una herida de bala en el hombro. Se tambaleó hacia el apartamento, la sangre empapando su chaqueta. Kuro, que estaba acurrucado en el sofá, se levantó de un salto, su forma humana materializándose en un instante.
"¡Jason! ¡Estás herido! ¡Eso es un problema!", exclamó Kuro, su voz teñida de una preocupación que Jason nunca le había oído antes.
Kuro se acercó a él, sus ojos rojos fijos en la herida. "Necesitas ayuda. No puedo dejarte así."
Jason se apoyó contra la pared, sintiendo el dolor pulsante. "Estoy bien, Kuro. Solo necesito... desinfectarlo."
Pero Kuro no le hizo caso. Con una velocidad sorprendente para alguien tan perezoso, lo llevó al baño, le quitó la chaqueta y comenzó a limpiar la herida con una habilidad inesperada. Sus manos eran suaves pero firmes, y su toque, aunque frío, era reconfortante.
Mientras Kuro lo curaba, Jason lo observó. La luz tenue del baño resaltaba los contornos suaves de su rostro, el azul de su cabello. Había una concentración silenciosa en sus ojos, una determinación que rara vez mostraba. En ese momento, Jason se dio cuenta de la profundidad de sus sentimientos. No era solo amistad, no era solo compañerismo. Era algo más. Algo que lo asustaba y lo emocionaba al mismo tiempo.
Cuando Kuro terminó, se sentó en el borde de la bañera, suspirando. "Eso fue... muy problemático. Pero al menos estás a salvo."
Jason se sentó a su lado, el dolor en su hombro mitigado por la presencia de Kuro. "Gracias, Kuro. En serio."
Kuro lo miró, sus ojos rojos, profundos y misteriosos. "No hay de qué. No me gusta ver a la gente que me importa herida. Es demasiado problemático."
La palabra "importa" resonó en el aire, un eco silencioso entre ellos. Jason se inclinó, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. "¿Te importo, Kuro?"
Kuro evitó su mirada por un momento, un rubor apenas perceptible apareciendo en sus mejillas pálidas. "Mmm... Supongo que sí. Eres menos problemático que la mayoría. Y me das comida. Y un lugar para dormir. Y... eres tú."
Jason sonrió, una sonrisa genuina que rara vez mostraba. Levantó una mano y acarició suavemente el cabello azul de Kuro. "Tú también me importas, Kuro. Mucho."
Kuro se inclinó hacia el toque, como un gato que busca cariño. Sus ojos se cerraron, un ronroneo bajo y suave escapando de su garganta. No era el ronroneo de un gato, sino el sonido de un servamp que encontraba consuelo en la cercanía de un humano.
En ese momento, en el silencio del baño, con la herida todavía fresca y el corazón de Jason latiendo con una nueva esperanza, ambos supieron que su conexión era más profunda de lo que cualquiera de los dos había imaginado. Era un vínculo forjado en la desconfianza y la soledad, pero que ahora florecía en algo más. Algo que tendrían que explorar, a su manera perezosa y problemática. El vigilante de Gotham y el servamp de la pereza. Dos almas rotas, encontrando consuelo y, quizás, amor, en los rincones más oscuros de la ciudad.
