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Lugares Mágicos

Fandom: Stay

Creado: 17/3/2026

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El Eco de las Luces de Neón

La furgoneta se detuvo frente a una verja de hierro oxidado que parecía haber sido devorada por la maleza hace décadas. Sin embargo, detrás de los barrotes, el panorama era distinto. No había oscuridad, sino un resplandor difuso, una mezcla de luces de neón parpadeantes y faroles de papel que flotaban sin cuerdas visibles.

—Bienvenidos al "Parque de los Susurros" —anunció Han con una voz que pretendía ser épica, aunque el ligero temblor en sus manos delataba sus nervios—. Según el foro que encontré, este lugar no aparece en los mapas de Google después de las seis de la tarde.

—Han, si morimos hoy, te juro que te perseguiré desde el más allá —sentenció Lee Know, bajando del vehículo con una elegancia que contrastaba con el entorno. Su cabello azul oscuro brillaba bajo la luna, y sus ojos se entrecerraron mientras observaba el sendero—. Aunque... es extraño. Siento que ya he caminado por aquí.

Bangchan, siempre el primero en asumir la responsabilidad, se colocó al frente del grupo. Su figura atlética y su mirada intensa transmitían seguridad, pero por dentro, el líder sentía un hormigueo familiar. El viento sopló, y por un momento, Chan juró escuchar su nombre pronunciado por las hojas de los árboles.

—Manténganse cerca —ordenó Chan, extendiendo una mano hacia atrás para asegurarse de que Seungmin estaba a su lado—. No sabemos qué tipo de "actividades" hay aquí. Seungmin, ¿qué dicen tus notas?

Seungmin, con su cabello naranja claro despeinado por la brisa, ajustó sus gafas y consultó una pequeña libreta. Su mente analítica ya estaba trabajando a mil por hora.

—Las reglas son ambiguas, Chan —respondió con calma—. Dice que el parque ofrece lo que necesitas, no lo que quieres. Y que bajo ninguna circunstancia debemos entrar en una caseta si la luz de la entrada es roja.

—¿Y si es violeta? —preguntó Felix, señalando hacia una pequeña estructura de madera que acababa de materializarse a unos metros de ellos.

Felix, con su cabello azul y sus pecas brillando como estrellas, se acercó con curiosidad. A su lado, Hyunjin se tensó. El rubio se detuvo en seco, cerrando los ojos por un segundo.

—No te acerques demasiado todavía, Lixie —susurró Hyunjin, su voz cargada de una sensibilidad casi mística—. Siento un eco... es como si esa caseta estuviera esperándote. Veo flores, pero huelen a hierro.

—Yo iré primero —intervino Changbin, dando un paso al frente y mostrando sus músculos bajo la camiseta ajustada—. Si algo intenta saltar sobre nosotros, se arrepentirá.

I.N, el más joven, se aferró al brazo de Changbin. Su cabello blanco parecía emitir una luz propia en la penumbra.

—Hyung, mira —dijo I.N señalando el suelo—. Las flores están cambiando de color a medida que caminamos.

Era cierto. Por donde pasaba I.N, la hierba marchita se tornaba de un verde vibrante, como si el parque mismo intentara agradarle.

El grupo avanzó hasta la primera caseta. Era un puesto de tiro, pero en lugar de rifles de aire comprimido, había arcos de madera antigua. El encargado era una figura alta, vestida con un traje de época, cuyo rostro permanecía en sombras.

—Un juego para los valientes —dijo el encargado con una voz que sonaba como cristales rotos—. El premio es la verdad. El costo es un recuerdo.

—Yo lo haré —dijo Lee Know de repente, adelantándose a todos.

—Minho, espera —Han lo tomó de la manga, su rostro plateado reflejando una ansiedad genuina—. No tienes que hacer esto. Podemos ir a la noria o algo menos... tétrico.

—Tranquilo, Jisungie —Lee Know le dedicó una sonrisa de medio lado, una de esas que solo reservaba para él—. Sé exactamente cómo funciona esto. Es como si mis manos recordaran el peso del arco.

Lee Know tomó el arco con una fluidez asombrosa. Disparó tres flechas. La primera atravesó una diana que se movía a una velocidad inhumana. La segunda golpeó una campana invisible en el aire. La tercera se clavó en el centro de una manzana que apareció de la nada sobre un pedestal.

El encargado asintió y le entregó una pequeña llave de plata.

—Has regresado, caminante silencioso —susurró el hombre.

Lee Know guardó la llave sin decir palabra, pero su mirada se volvió más profunda, más filosa. Han lo miró con una mezcla de admiración y miedo.

—¿Cómo sabías...? —empezó a preguntar Han, pero Lee Know solo le revolvió el cabello.

—Instinto, Hannie. Sigamos.

A medida que se internaban más en el parque, la atmósfera cambiaba. La risa de la gente (si es que había alguien más allí) sonaba lejana, como grabaciones viejas. Llegaron a una zona donde las casetas eran más grandes, casi como pequeñas carpas de circo.

Una de ellas tenía un letrero que rezaba: "El Espejo del Alma".

—Esa tiene luz azul —señaló Seungmin—. Es segura según el patrón que estoy descifrando. Chan, deberíamos entrar. Siento que hay una pieza del rompecabezas ahí dentro.

Chan asintió, aunque sus sentidos estaban en alerta máxima. Entraron los ocho, pero al cruzar el umbral, el espacio se expandió de forma imposible. Ya no estaban en una carpa, sino en un salón de espejos infinito.

—No se suelten de las manos —advirtió Chan, apretando el agarre sobre la mano de Seungmin.

De repente, las imágenes en los espejos empezaron a moverse de forma independiente. Hyunjin se detuvo frente a uno. En el reflejo, no estaba él, sino una versión suya con alas de cuervo que lloraba pétalos de rosa.

—Es hermoso... y doloroso —murmuró Hyunjin.

Felix se acercó a él y, al tocar el espejo, las alas del reflejo se convirtieron en mariposas azules que salieron del cristal y empezaron a revolotear alrededor de ellos.

—Ves, Hyunjin —dijo Felix con su sonrisa radiante—, incluso en lo que te asusta, hay luz. Las criaturas de este lugar no son malas, solo están solas.

Mientras tanto, Changbin e I.N se encontraban frente a un espejo que mostraba un laberinto de fuego.

—No tengo miedo —declaró Changbin, poniéndose delante de I.N—. Puedes mostrarme lo que quieras, parque. No voy a retroceder.

El espejo vibró y la imagen cambió. Mostró a Changbin protegiendo a I.N de una tormenta de sombras. El pequeño Jeongin sonrió y tocó el cristal; bajo su mano, el fuego se convirtió en una suave luminiscencia blanca.

—El parque te está probando, hyung —dijo I.N con sabiduría impropia de su edad—. Pero sabe que mi corazón es tu escudo, igual que tú eres el mío.

En el centro del salón, Bangchan y Seungmin observaban cómo las paredes de cristal mostraban engranajes y mapas estelares.

—Este lugar es un mecanismo —analizó Seungmin, sus ojos brillando con la emoción del descubrimiento—. No es magia pura, es una tecnología que reacciona a la conciencia. Chan, el parque te reconoce porque tú eres el eje de este grupo. Si tú pierdes la calma, el parque se vuelve caótico.

Chan cerró los ojos y respiró hondo. Sintió el latido del suelo bajo sus pies, un ritmo constante que parecía sincronizarse con su propio corazón.

—Tienes razón —dijo Chan en un susurro—. Puedo sentirlo. Me está pidiendo que guíe, no solo a ustedes, sino al parque mismo.

—Entonces guíanos, Channie —dijo Seungmin con confianza—. Yo seré tus ojos si el camino se vuelve confuso.

Salieron de la carpa de los espejos justo cuando el cielo del parque cambiaba de un violeta oscuro a un verde esmeralda. El ambiente se volvió más denso. Fue entonces cuando Han soltó un grito ahogado.

—¡Miren esa caseta! —señaló Han.

Era una estructura que parecía hecha de dulces y huesos. La luz sobre la puerta parpadeaba entre el blanco y el rojo.

—Esa es inestable —advirtió Seungmin—. No deberíamos...

Pero Han, en un momento de distracción o quizás impulsado por una curiosidad nerviosa, tropezó hacia adelante. El suelo bajo sus pies se convirtió en una cinta transportadora que lo succionó hacia el interior.

—¡Han! —gritó Lee Know, y sin dudarlo un segundo, saltó tras él.

—¡Esperen! —Chan intentó detenerlos, pero la puerta se cerró de golpe.

Dentro de la caseta, Han se encontró en una habitación llena de relojes de arena que flotaban. El aire estaba cargado de electricidad estática.

—¡Minho hyung! —gritó Han, con el corazón martilleando en su pecho.

—Estoy aquí, ardilla —la voz de Lee Know era fría pero reconfortante. Apareció de entre las sombras, agarrando a Han por los hombros—. No te muevas. Este lugar reacciona a tu miedo. Si entras en pánico, los relojes se acelerarán y el tiempo se nos escapará.

Han obligó a sus pulmones a calmarse. Miró a Lee Know, quien parecía estar en su elemento a pesar del peligro.

—¿Cómo es que no tienes miedo? —preguntó Han, temblando.

—Porque sé que siempre me encuentras, incluso cuando me pierdo en mi propia cabeza —respondió Lee Know, acercándose y uniendo su frente con la de Han—. Ahora, ríete de algo. Cualquier cosa. Rompe la tensión.

Han soltó una risa nerviosa, pensando en lo absurdo que era estar atrapado en una caseta de relojes de arena con un chico que tenía el cabello azul y negro. La risa se volvió más genuina, y de inmediato, los relojes dejaron de girar y cayeron suavemente al suelo, convirtiéndose en arena fina y brillante.

La puerta se abrió de nuevo. Lee Know y Han salieron, encontrándose con el resto del grupo que ya estaba listo para derribar la estructura.

—Estamos bien —dijo Han, limpiándose un poco de arena plateada del hombro—. Solo estábamos... controlando el tiempo.

Changbin suspiró aliviado y abrazó a I.N, quien había estado rezando en silencio.

—Este lugar es una locura —dijo Changbin—, pero admito que es el mejor entrenamiento que hemos tenido.

Hyunjin, que había estado observando el horizonte del parque, señaló hacia una colina donde una gran noria empezaba a girar. Sus luces eran de un blanco puro, tan brillante que dolía mirarlas.

—Ese es el final del recorrido por hoy —dijo Hyunjin—. Veo el camino despejado. El parque está satisfecho con nosotros.

Caminaron juntos hacia la salida, pero antes de cruzar la verja por la que habían entrado, Bangchan se detuvo. Miró hacia atrás, hacia la penumbra iluminada por neones imposibles.

—Gracias —susurró Chan.

El viento le devolvió un susurro que solo él pudo entender: *"Vuelve cuando necesites recordar quién eres"*.

Una vez fuera, en la carretera normal bajo la luz de las farolas comunes de la ciudad, se miraron los unos a los otros. Parecían los mismos, pero había algo diferente en sus ojos. Una chispa de lo extraordinario.

—¿A dónde vamos ahora? —preguntó Felix, entrelazando sus dedos con los de Hyunjin.

—A cenar —dijo Seungmin, guardando su libreta con una sonrisa satisfecha—. Yo invito. He descifrado que si sobrevivimos a un parque dimensional, tenemos un 100% de descuento en la lealtad eterna de este grupo.

—Eso no tiene sentido matemático, Seungmin —rio Han, saltando sobre la espalda de Lee Know.

—No necesita tenerlo —concluyó Chan, rodeando los hombros de Seungmin con su brazo mientras todos caminaban hacia la furgoneta—. Mientras estemos juntos, las reglas las ponemos nosotros.

El "Parque de los Susurros" desapareció de su vista, desvaneciéndose en la niebla nocturna, pero los ocho amigos sabían que ese lugar ahora formaba parte de ellos, un secreto compartido que latiría en sus corazones cada vez que la realidad se volviera demasiado ordinaria.
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