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Ángel en mis ojos
Fandom: Gmmtv
Creado: 21/3/2026
Etiquetas
RomanceFluffRecortes de VidaHumorAmbientación CanonDramaUA (Universo Alternativo)Dolor/ConsueloHistoria DomésticaMpregEstudio de PersonajeAngustiaCelosDiscriminación
El reflejo de un ángel en el pasillo cuatro
El aire acondicionado de los edificios de la GMMTV siempre parecía estar unos grados más frío de lo necesario, o al menos eso pensaba Nanon mientras ajustaba la correa de su guitarra sobre el hombro. A sus veinticuatro años, Nanon Korapat lo tenía todo: una carrera consolidada como actor, una voz que derretía corazones en los escenarios y una cuenta bancaria que le permitiría retirarse antes de los treinta si así lo quisiera. Pero, a pesar de los lujos y los aplausos, prefería el silencio de su estudio o la comodidad de una sudadera vieja.
—¡Nanon! ¡Si sigues caminando así de lento, la próxima serie que protagonices será sobre una tortuga! —gritó Krist, acercándose a tropezones mientras intentaba ponerle una pegatina de colores en la espalda a Nanon sin que este se diera cuenta.
—Déjalo, Krist. Está en su modo "el amor es una estafa publicitaria" —se burló Mark, apareciendo por el otro lado y dándole un empujoncito juguetón al hombro de Nanon—. Ha estado así desde que terminamos la gira. Dice que prefiere adoptar diez gatos antes que volver a tener una cita.
Nanon suspiró, deteniéndose frente a los ascensores. Miró a sus dos mejores amigos con una mezcla de cariño y resignación. Krist era el alma de la fiesta, siempre tramando alguna travesura, y Mark era el equilibrio perfecto entre la calma y la provocación constante.
—No es que sea una estafa —respondió Nanon con su voz pausada y profunda—, es simplemente una pérdida de tiempo. Mi energía está mejor invertida en la música. El amor solo te distrae y, al final, te deja la cuenta emocional en cero. Ya pasé por eso una vez, no necesito repetirlo.
—Eres un viejo atrapado en el cuerpo de un ídolo —dijo Mark, riendo—. Algún día llegará alguien que te haga tragar tus palabras, y Krist y yo estaremos allí con palomitas para grabarlo.
—Eso nunca va a pasar —sentenció Nanon con una pequeña sonrisa de suficiencia.
Las puertas del ascensor se abrieron con un suave tintineo. El vestíbulo principal estaba inusualmente concurrido ese día debido a las audiciones para los nuevos proyectos de la temporada. Actores veteranos saludaban a los directores, mientras que los rostros nuevos caminaban con pasos vacilantes y carpetas apretadas contra el pecho.
Nanon caminaba con la cabeza gacha, evitando el contacto visual innecesario, una costumbre de su naturaleza introvertida. Sin embargo, algo hizo que levantara la vista justo cuando pasaban cerca de la cafetería interna.
Allí, de pie junto a una de las columnas de cristal, estaba un chico que parecía no pertenecer a ese mundo de luces de neón y ambición. Era pequeño de estatura, con una piel que parecía irradiar una luz suave y unos ojos grandes y brillantes que observaban todo con una mezcla de asombro y timidez. Vestía una camiseta blanca algo desgastada y unos jeans que claramente no llevaban ninguna etiqueta de diseñador, pero la sencillez de su ropa solo resaltaba la pureza de sus facciones.
A su lado, un chico un poco más alto, Paul, le hablaba al oído intentando calmarlo.
—Tranquilo, Tata. Solo tenemos que entregar los papeles y esperar —decía Paul, dándole una palmadita en la espalda.
—Pero... todos aquí se ven tan profesionales, Paul —susurró Tata, bajando la mirada hacia sus manos—. Mi ropa no es como la de ellos. Quizás fue un error venir.
Nanon se detuvo en seco. Fue como si el bullicio de la GMMTV se hubiera desvanecido, dejando solo el sonido de su propio corazón golpeando contra sus costillas. Nunca había creído en los flechazos; para él, el amor era una construcción lógica, un proceso lento. Pero ver a ese chico, a Tata, con su timidez a flor de piel y su belleza angelical, fue como recibir un impacto directo.
—¿Nanon? ¿Tierra llamando a Nanon? —Krist pasó una mano frente a su rostro—. ¿Te quedaste congelado o viste un fantasma?
Mark, siguiendo la mirada de su amigo, soltó una risita maliciosa.
—Vaya, vaya... parece que el muro de hielo tiene una grieta. ¿Quién es ese chico? No lo he visto nunca por aquí. Debe ser un novato.
Nanon no respondió. No podía. Sentía una urgencia extraña, una necesidad de acercarse, pero su propia introversión lo anclaba al suelo. ¿Qué le diría? "Hola, soy millonario y famoso, ¿quieres ser mi razón para volver a creer en el amor?". Sonaba patético incluso en su cabeza.
—Se llama Tata —murmuró Nanon, aunque no sabía de dónde había sacado el nombre, hasta que vio la etiqueta que el chico llevaba en su carpeta.
—Es lindo —admitió Krist, dejando de lado las bromas por un momento—. Pero se ve muy asustado. Si te acercas ahora con esa cara de intensidad, vas a hacer que salga corriendo hasta el otro lado de Bangkok.
—No quiero asustarlo —dijo Nanon en voz baja, casi para sí mismo—. Solo... nunca había visto a alguien que se viera tan real en este lugar.
—Pues muévete, Romeo —lo instó Mark, dándole un empujón hacia adelante—. Si esperas a que él te hable, estaremos aquí hasta el 2030.
Nanon respiró hondo. Caminó con paso lento, tratando de suavizar su expresión. A medida que se acercaba, pudo notar que el chico, Tata, estaba temblando ligeramente. Paul, su amigo, se dio cuenta de la presencia de Nanon primero y sus ojos se abrieron de par en par.
—¡Oh, Dios! Tú eres... tú eres Nanon Korapat —exclamó Paul, haciendo una reverencia rápida.
Tata levantó la vista de golpe. Al encontrarse con los ojos de Nanon, se puso rojo hasta las orejas y retrocedió un paso, chocando accidentalmente con la columna.
—Lo... lo siento —tartamudeó Tata, bajando la cabeza de inmediato—. No quería estorbar. Ya nos íbamos.
—No, no te vayas —dijo Nanon rápidamente, extendiendo una mano pero deteniéndose antes de tocarlo—. No estorbas. Solo... te vi y pensé que podrías necesitar ayuda para encontrar la oficina de audiciones.
Tata se atrevió a mirarlo de nuevo, esta vez con curiosidad. La voz de Nanon era suave, nada parecida a la imagen de estrella distante que solía proyectar en las entrevistas.
—¿De verdad? —preguntó Tata con voz pequeña—. Es que somos nuevos y... bueno, todo esto es un poco intimidante.
—Entiendo cómo te sientes —mintió Nanon piadosamente, olvidando que él prácticamente creció en los sets de grabación—. Yo también soy muy tímido. A veces este edificio parece un laberinto diseñado para ponernos nerviosos.
Krist y Mark, que observaban desde una distancia prudencial, se miraron entre sí.
—¿"Yo también soy muy tímido"? —susurró Krist—. Qué mentiroso es cuando quiere.
—Shh, déjalo trabajar —respondió Mark, aguantando la risa.
Nanon ignoró a sus amigos y se centró por completo en el chico frente a él. Notó que Tata sostenía su carpeta con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
—Soy Nanon —se presentó, aunque sabía que era redundante—. Pero supongo que eso ya lo saben. ¿Cómo te llamas tú?
—Me llamo Tata —respondió él, ofreciendo una sonrisa tímida que hizo que a Nanon se le detuviera el mundo por un segundo—. Y él es mi mejor amigo, Paul. Vinimos para la audición de la nueva serie juvenil.
—Tienes unos ojos muy bonitos, Tata —soltó Nanon sin pensar.
El silencio que siguió fue sepulcral. Paul abrió la boca sorprendido, y Tata pareció que iba a desmayarse de la vergüenza. Nanon sintió que sus propias mejillas ardían.
—Quiero decir... —intentó arreglarlo Nanon—, que tienes una mirada muy expresiva. Eso es muy bueno para la actuación. Los directores buscan eso.
—Gracias, P'Nanon —dijo Tata, usando el honorífico con respeto—. Significa mucho viniendo de alguien tan talentoso como usted. Pero no creo que tenga muchas oportunidades. Mi ropa es vieja y no tengo experiencia.
Nanon sintió una punzada en el pecho. El talento no tenía nada que ver con el dinero, pero sabía que en esa industria las apariencias pesaban. Sin embargo, para él, Tata brillaba más que cualquier actor vestido de Gucci.
—El talento no se compra en una tienda —dijo Nanon con firmeza—. Si quieres, puedo acompañarlos a la sala de espera. Conozco un atajo para evitar las multitudes y que no te sientas tan presionado.
—¿Haría eso por nosotros? —preguntó Paul, emocionado.
—Claro. Somos compañeros de empresa ahora, ¿no? —Nanon le dedicó a Tata una sonrisa cálida, una de esas que rara vez mostraba a los desconocidos.
Mientras caminaban por los pasillos, Nanon se aseguró de mantener una distancia respetuosa para no abrumar a Tata. Descubrió que el chico venía de una provincia pequeña, que amaba el canto pero que nunca había tenido los recursos para estudiar formalmente, y que su mayor sueño era ayudar a su madre. Cada palabra que salía de los labios de Tata hacía que Nanon se sintiera más y más atraído. No era solo su belleza física, era su humildad y su espíritu genuino.
Al llegar a la puerta de la sala de audiciones, Tata se detuvo y miró a Nanon.
—Gracias, P'Nanon. Por no hacerme sentir como un extraño.
—No eres un extraño para mí, Tata —respondió Nanon, dándose cuenta de lo profundo que sonaba eso—. Escucha, si necesitas cualquier cosa, cualquier consejo o simplemente alguien con quien hablar, búscame. Siempre estoy en el estudio de grabación del tercer piso.
—Lo haré —prometió Tata, y por primera vez, sus ojos reflejaron una chispa de confianza.
Cuando los dos chicos entraron a la sala, Nanon se quedó allí, mirando la puerta cerrada durante un largo rato. Sus amigos se acercaron trotando.
—Bueno, bueno... —Mark le rodeó el cuello con el brazo—. "El amor no sirve para nada", "es una pérdida de tiempo". ¿Quién era ese que estaba coqueteando descaradamente hace cinco minutos?
—No estaba coqueteando —replicó Nanon, aunque no podía borrar la sonrisa de su rostro—. Estaba siendo amable.
—Sí, claro —se burló Krist—. Y yo soy el próximo Rey de Tailandia. Nanon, admítelo: ese chico te ha dejado flechado. Tienes esa mirada de cachorro perdido que solo pones cuando te gusta una canción nueva, pero multiplicada por mil.
Nanon suspiró y miró hacia el pasillo por donde Tata había desaparecido.
—Es diferente, chicos. Es... como si todo el ruido de mi vida se hubiera apagado cuando él habló. No sé cómo acercarme a él sin que piense que soy un bicho raro o que quiero aprovecharme de mi posición.
—Solo sé tú mismo —dijo Mark con una sinceridad inusual—. Eres un buen tipo, Nanon. Eres callado, eres introvertido, pero tienes un corazón enorme. A un chico como Tata no le impresionará tu dinero, pero sí le impresionará que te preocupes por él.
Nanon asintió, sintiendo una determinación que no había sentido en años. El millonario que pensaba que el amor era un mito acababa de encontrar su realidad en un chico de ojos angelicales y ropa sencilla.
—Voy a esperarlo —dijo Nanon.
—¿Aquí? —preguntó Krist—. La audición puede tardar horas.
—No importa. Tengo tiempo. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que este es el mejor uso que puedo darle a mi tiempo.
Krist y Mark se miraron y sonrieron. Sabían que, a partir de ese día, la vida de su mejor amigo iba a cambiar radicalmente. Nanon Korapat, el hombre que no creía en el amor, estaba dispuesto a sentarse en un pasillo frío solo por la oportunidad de ver una vez más la sonrisa de un chico llamado Tata.
El introvertido actor se sentó en uno de los bancos de madera, sacó su libreta de composición y, por primera vez en meses, las palabras empezaron a fluir. No eran letras sobre soledad o desamor, eran versos sobre ojos que parecen ángeles y encuentros inesperados en los pasillos de una empresa de sueños.
—Esto va a ser una gran historia —susurró Mark, mientras él y Krist se sentaban a ambos lados de su amigo, dispuestos a acompañarlo en su espera.
—La mejor de todas —concluyó Nanon, sin apartar la vista de la puerta.
—¡Nanon! ¡Si sigues caminando así de lento, la próxima serie que protagonices será sobre una tortuga! —gritó Krist, acercándose a tropezones mientras intentaba ponerle una pegatina de colores en la espalda a Nanon sin que este se diera cuenta.
—Déjalo, Krist. Está en su modo "el amor es una estafa publicitaria" —se burló Mark, apareciendo por el otro lado y dándole un empujoncito juguetón al hombro de Nanon—. Ha estado así desde que terminamos la gira. Dice que prefiere adoptar diez gatos antes que volver a tener una cita.
Nanon suspiró, deteniéndose frente a los ascensores. Miró a sus dos mejores amigos con una mezcla de cariño y resignación. Krist era el alma de la fiesta, siempre tramando alguna travesura, y Mark era el equilibrio perfecto entre la calma y la provocación constante.
—No es que sea una estafa —respondió Nanon con su voz pausada y profunda—, es simplemente una pérdida de tiempo. Mi energía está mejor invertida en la música. El amor solo te distrae y, al final, te deja la cuenta emocional en cero. Ya pasé por eso una vez, no necesito repetirlo.
—Eres un viejo atrapado en el cuerpo de un ídolo —dijo Mark, riendo—. Algún día llegará alguien que te haga tragar tus palabras, y Krist y yo estaremos allí con palomitas para grabarlo.
—Eso nunca va a pasar —sentenció Nanon con una pequeña sonrisa de suficiencia.
Las puertas del ascensor se abrieron con un suave tintineo. El vestíbulo principal estaba inusualmente concurrido ese día debido a las audiciones para los nuevos proyectos de la temporada. Actores veteranos saludaban a los directores, mientras que los rostros nuevos caminaban con pasos vacilantes y carpetas apretadas contra el pecho.
Nanon caminaba con la cabeza gacha, evitando el contacto visual innecesario, una costumbre de su naturaleza introvertida. Sin embargo, algo hizo que levantara la vista justo cuando pasaban cerca de la cafetería interna.
Allí, de pie junto a una de las columnas de cristal, estaba un chico que parecía no pertenecer a ese mundo de luces de neón y ambición. Era pequeño de estatura, con una piel que parecía irradiar una luz suave y unos ojos grandes y brillantes que observaban todo con una mezcla de asombro y timidez. Vestía una camiseta blanca algo desgastada y unos jeans que claramente no llevaban ninguna etiqueta de diseñador, pero la sencillez de su ropa solo resaltaba la pureza de sus facciones.
A su lado, un chico un poco más alto, Paul, le hablaba al oído intentando calmarlo.
—Tranquilo, Tata. Solo tenemos que entregar los papeles y esperar —decía Paul, dándole una palmadita en la espalda.
—Pero... todos aquí se ven tan profesionales, Paul —susurró Tata, bajando la mirada hacia sus manos—. Mi ropa no es como la de ellos. Quizás fue un error venir.
Nanon se detuvo en seco. Fue como si el bullicio de la GMMTV se hubiera desvanecido, dejando solo el sonido de su propio corazón golpeando contra sus costillas. Nunca había creído en los flechazos; para él, el amor era una construcción lógica, un proceso lento. Pero ver a ese chico, a Tata, con su timidez a flor de piel y su belleza angelical, fue como recibir un impacto directo.
—¿Nanon? ¿Tierra llamando a Nanon? —Krist pasó una mano frente a su rostro—. ¿Te quedaste congelado o viste un fantasma?
Mark, siguiendo la mirada de su amigo, soltó una risita maliciosa.
—Vaya, vaya... parece que el muro de hielo tiene una grieta. ¿Quién es ese chico? No lo he visto nunca por aquí. Debe ser un novato.
Nanon no respondió. No podía. Sentía una urgencia extraña, una necesidad de acercarse, pero su propia introversión lo anclaba al suelo. ¿Qué le diría? "Hola, soy millonario y famoso, ¿quieres ser mi razón para volver a creer en el amor?". Sonaba patético incluso en su cabeza.
—Se llama Tata —murmuró Nanon, aunque no sabía de dónde había sacado el nombre, hasta que vio la etiqueta que el chico llevaba en su carpeta.
—Es lindo —admitió Krist, dejando de lado las bromas por un momento—. Pero se ve muy asustado. Si te acercas ahora con esa cara de intensidad, vas a hacer que salga corriendo hasta el otro lado de Bangkok.
—No quiero asustarlo —dijo Nanon en voz baja, casi para sí mismo—. Solo... nunca había visto a alguien que se viera tan real en este lugar.
—Pues muévete, Romeo —lo instó Mark, dándole un empujón hacia adelante—. Si esperas a que él te hable, estaremos aquí hasta el 2030.
Nanon respiró hondo. Caminó con paso lento, tratando de suavizar su expresión. A medida que se acercaba, pudo notar que el chico, Tata, estaba temblando ligeramente. Paul, su amigo, se dio cuenta de la presencia de Nanon primero y sus ojos se abrieron de par en par.
—¡Oh, Dios! Tú eres... tú eres Nanon Korapat —exclamó Paul, haciendo una reverencia rápida.
Tata levantó la vista de golpe. Al encontrarse con los ojos de Nanon, se puso rojo hasta las orejas y retrocedió un paso, chocando accidentalmente con la columna.
—Lo... lo siento —tartamudeó Tata, bajando la cabeza de inmediato—. No quería estorbar. Ya nos íbamos.
—No, no te vayas —dijo Nanon rápidamente, extendiendo una mano pero deteniéndose antes de tocarlo—. No estorbas. Solo... te vi y pensé que podrías necesitar ayuda para encontrar la oficina de audiciones.
Tata se atrevió a mirarlo de nuevo, esta vez con curiosidad. La voz de Nanon era suave, nada parecida a la imagen de estrella distante que solía proyectar en las entrevistas.
—¿De verdad? —preguntó Tata con voz pequeña—. Es que somos nuevos y... bueno, todo esto es un poco intimidante.
—Entiendo cómo te sientes —mintió Nanon piadosamente, olvidando que él prácticamente creció en los sets de grabación—. Yo también soy muy tímido. A veces este edificio parece un laberinto diseñado para ponernos nerviosos.
Krist y Mark, que observaban desde una distancia prudencial, se miraron entre sí.
—¿"Yo también soy muy tímido"? —susurró Krist—. Qué mentiroso es cuando quiere.
—Shh, déjalo trabajar —respondió Mark, aguantando la risa.
Nanon ignoró a sus amigos y se centró por completo en el chico frente a él. Notó que Tata sostenía su carpeta con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
—Soy Nanon —se presentó, aunque sabía que era redundante—. Pero supongo que eso ya lo saben. ¿Cómo te llamas tú?
—Me llamo Tata —respondió él, ofreciendo una sonrisa tímida que hizo que a Nanon se le detuviera el mundo por un segundo—. Y él es mi mejor amigo, Paul. Vinimos para la audición de la nueva serie juvenil.
—Tienes unos ojos muy bonitos, Tata —soltó Nanon sin pensar.
El silencio que siguió fue sepulcral. Paul abrió la boca sorprendido, y Tata pareció que iba a desmayarse de la vergüenza. Nanon sintió que sus propias mejillas ardían.
—Quiero decir... —intentó arreglarlo Nanon—, que tienes una mirada muy expresiva. Eso es muy bueno para la actuación. Los directores buscan eso.
—Gracias, P'Nanon —dijo Tata, usando el honorífico con respeto—. Significa mucho viniendo de alguien tan talentoso como usted. Pero no creo que tenga muchas oportunidades. Mi ropa es vieja y no tengo experiencia.
Nanon sintió una punzada en el pecho. El talento no tenía nada que ver con el dinero, pero sabía que en esa industria las apariencias pesaban. Sin embargo, para él, Tata brillaba más que cualquier actor vestido de Gucci.
—El talento no se compra en una tienda —dijo Nanon con firmeza—. Si quieres, puedo acompañarlos a la sala de espera. Conozco un atajo para evitar las multitudes y que no te sientas tan presionado.
—¿Haría eso por nosotros? —preguntó Paul, emocionado.
—Claro. Somos compañeros de empresa ahora, ¿no? —Nanon le dedicó a Tata una sonrisa cálida, una de esas que rara vez mostraba a los desconocidos.
Mientras caminaban por los pasillos, Nanon se aseguró de mantener una distancia respetuosa para no abrumar a Tata. Descubrió que el chico venía de una provincia pequeña, que amaba el canto pero que nunca había tenido los recursos para estudiar formalmente, y que su mayor sueño era ayudar a su madre. Cada palabra que salía de los labios de Tata hacía que Nanon se sintiera más y más atraído. No era solo su belleza física, era su humildad y su espíritu genuino.
Al llegar a la puerta de la sala de audiciones, Tata se detuvo y miró a Nanon.
—Gracias, P'Nanon. Por no hacerme sentir como un extraño.
—No eres un extraño para mí, Tata —respondió Nanon, dándose cuenta de lo profundo que sonaba eso—. Escucha, si necesitas cualquier cosa, cualquier consejo o simplemente alguien con quien hablar, búscame. Siempre estoy en el estudio de grabación del tercer piso.
—Lo haré —prometió Tata, y por primera vez, sus ojos reflejaron una chispa de confianza.
Cuando los dos chicos entraron a la sala, Nanon se quedó allí, mirando la puerta cerrada durante un largo rato. Sus amigos se acercaron trotando.
—Bueno, bueno... —Mark le rodeó el cuello con el brazo—. "El amor no sirve para nada", "es una pérdida de tiempo". ¿Quién era ese que estaba coqueteando descaradamente hace cinco minutos?
—No estaba coqueteando —replicó Nanon, aunque no podía borrar la sonrisa de su rostro—. Estaba siendo amable.
—Sí, claro —se burló Krist—. Y yo soy el próximo Rey de Tailandia. Nanon, admítelo: ese chico te ha dejado flechado. Tienes esa mirada de cachorro perdido que solo pones cuando te gusta una canción nueva, pero multiplicada por mil.
Nanon suspiró y miró hacia el pasillo por donde Tata había desaparecido.
—Es diferente, chicos. Es... como si todo el ruido de mi vida se hubiera apagado cuando él habló. No sé cómo acercarme a él sin que piense que soy un bicho raro o que quiero aprovecharme de mi posición.
—Solo sé tú mismo —dijo Mark con una sinceridad inusual—. Eres un buen tipo, Nanon. Eres callado, eres introvertido, pero tienes un corazón enorme. A un chico como Tata no le impresionará tu dinero, pero sí le impresionará que te preocupes por él.
Nanon asintió, sintiendo una determinación que no había sentido en años. El millonario que pensaba que el amor era un mito acababa de encontrar su realidad en un chico de ojos angelicales y ropa sencilla.
—Voy a esperarlo —dijo Nanon.
—¿Aquí? —preguntó Krist—. La audición puede tardar horas.
—No importa. Tengo tiempo. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que este es el mejor uso que puedo darle a mi tiempo.
Krist y Mark se miraron y sonrieron. Sabían que, a partir de ese día, la vida de su mejor amigo iba a cambiar radicalmente. Nanon Korapat, el hombre que no creía en el amor, estaba dispuesto a sentarse en un pasillo frío solo por la oportunidad de ver una vez más la sonrisa de un chico llamado Tata.
El introvertido actor se sentó en uno de los bancos de madera, sacó su libreta de composición y, por primera vez en meses, las palabras empezaron a fluir. No eran letras sobre soledad o desamor, eran versos sobre ojos que parecen ángeles y encuentros inesperados en los pasillos de una empresa de sueños.
—Esto va a ser una gran historia —susurró Mark, mientras él y Krist se sentaban a ambos lados de su amigo, dispuestos a acompañarlo en su espera.
—La mejor de todas —concluyó Nanon, sin apartar la vista de la puerta.
