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El vínculo accidental
Fandom: Teen wolf
Creado: 24/3/2026
Etiquetas
RomanceAlmas GemelasHumorFantasíaPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Ambientación CanonFluffCelosLenguaje ExplícitoHistoria Doméstica
Lazos, Nudos y un Jeep que vibra demasiado
Stiles Stilinski siempre había tenido la teoría de que su vida era una broma de mal gusto orquestada por una deidad con un sentido del humor muy retorcido. Pero esto, esto superaba cualquier expectativa.
Se encontraba sentado en su cama, con las piernas cruzadas y los dedos tamborileando nerviosamente sobre sus rodillas. No estaba solo. En realidad, nunca estaba solo ahora. A través de la pared, a través de los kilómetros que separaban su casa del loft, podía sentir una presión sorda en el pecho que no era suya. Era una mezcla de irritación, cansancio y un hambre voraz que sabía a carne poco hecha.
—¡Deja de tener hambre, Derek! —gritó Stiles al techo, agitando los brazos—. ¡Acabo de cenar y me vas a hacer vomitar la lasaña de mi padre!
A kilómetros de distancia, Derek Hale, que estaba a punto de morder un filete, se detuvo en seco. Sintió una punzada de indignación ajena y el eco de una voz chillona en su nudo de la nuca. Soltó un gruñido profundo, dejando el cubierto sobre la mesa. El vínculo era un desastre.
Todo había comenzado tres días atrás, durante un ritual fallido en el bosque para desterrar a una criatura de humo que estaba acosando a la manada. De alguna manera, el último ingrediente —que Stiles juraba que era tomillo, pero resultó ser una raíz de acónito extremadamente rara— reaccionó con la chispa del humano y la sangre del lobo. Hubo una explosión de luz azul y, de repente, Stiles y Derek estaban unidos.
No era un vínculo de manada normal. Era una conexión visceral. Si Stiles se golpeaba el dedo pequeño del pie con la pata de la mesa, Derek rugía de dolor en medio de una reunión. Si Derek se sentía melancólico mirando las cenizas de su antigua casa, Stiles empezaba a llorar desconsoladamente en clase de economía sin saber por qué.
Y lo peor eran las hormonas.
Stiles se puso de pie, incapaz de quedarse quieto. El vínculo estaba vibrando de nuevo. Podía sentir la frustración de Derek, pero también algo más oscuro, más denso. Era deseo. Un deseo animal, crudo, que le subía por la columna vertebral como una descarga eléctrica.
—Oh, no. No, no, no —murmuró Stiles, abanicándose con la mano—. No pienses en eso, lobito amargado. Piensa en... no sé, ¡en gatitos! ¡En el cambio climático! ¡En cualquier cosa que no involucre testosterona!
De repente, la puerta de su habitación se abrió de golpe. Stiles dio un salto, casi cayéndose de espaldas. Derek Hale estaba allí, con su chaqueta de cuero, el ceño fruncido y los ojos brillando en un amarillo intenso que gritaba peligro.
—Tus pensamientos —gruñó Derek, cerrando la puerta con un estruendo que hizo temblar los marcos de las fotos—. Son demasiado ruidosos.
—¿Mis pensamientos? —Stiles soltó una carcajada histérica—. ¡Tú eres el que está irradiando "necesidad de apareamiento" como si fueras una antena de radio! ¡Puedo sentir tus ganas de morder algo desde el otro lado del condado!
Derek se acercó a él con pasos lentos y depredadores. Stiles retrocedió hasta que sus corvas chocaron con el borde de la cama. El aire en la habitación se volvió pesado, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos de Stiles se erizara.
—No puedo dormir —dijo Derek, su voz bajando una octava, volviéndose un ronquido vibrante—. Siento tu ansiedad. Siento cómo te muerdes el labio. Siento tu pulso acelerado cada vez que piensas en mí.
—Yo no... yo no pienso en ti —mintió Stiles, aunque su propio cuerpo lo traicionaba. El vínculo transmitía su mentira como un faro en la noche.
Derek soltó una risa seca, un sonido raro en él. Se detuvo a escasos centímetros de Stiles. La diferencia de altura y envergadura era abrumadora. Stiles podía olerlo: cuero, bosque, lluvia y ese aroma almizclado que era puramente Derek.
—Mientes —sentenció el lobo. Extendió una mano y rodeó el cuello de Stiles, no para apretar, sino para sentir el pulso desbocado bajo su palma—. Tu corazón va a estallar. Y lo peor es que me estás contagiando esta... agitación.
—Es el vínculo, Derek —susurró Stiles, aunque sus manos, por voluntad propia, se posaron en los pectorales firmes del mayor—. Nos está volviendo locos.
—Entonces habrá que calmarlo —respondió Derek.
Sin previo aviso, Derek acortó la distancia y estrelló sus labios contra los de Stiles. No fue un beso suave. Fue una colisión de necesidad acumulada, de días sintiendo la piel del otro a través de un hilo invisible. Stiles soltó un jadeo que fue devorado por la boca de Derek, y sus manos se enredaron desesperadamente en el cabello oscuro del lobo.
El vínculo estalló. Ya no eran dos flujos de emociones separados; eran una inundación. Stiles sintió la posesividad de Derek, su hambre, su alivio al finalmente tocar lo que su instinto le exigía. Y Derek sintió la rendición de Stiles, su adoración secreta y el calor abrasador que recorría su cuerpo humano.
Derek empujó a Stiles hacia atrás, haciendo que cayera sobre el colchón. Se situó entre sus piernas sin romper el beso, sus manos bajando con urgencia para deshacerse de la estúpida sudadera de Stiles.
—Derek... espera —jadeó Stiles cuando el lobo comenzó a lamer la unión de su cuello y su hombro, justo donde el vínculo parecía nacer—. Mi padre... el Sheriff... está abajo viendo el partido.
—Puso la televisión al máximo —gruñó Derek contra su piel, su aliento caliente enviando escalofríos por todo el cuerpo de Stiles—. Y el vínculo me dice que tú no quieres que me detenga.
Stiles echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta. Tenía razón. A través de la conexión, podía sentir que Derek estaba al borde del control, y eso, lejos de asustarlo, encendía un fuego en su vientre que nunca antes había experimentado.
—No te detengas —logró articular Stiles.
Derek no necesitó que se lo repitieran. Con una eficiencia casi sobrenatural, ambos quedaron despojados de su ropa. La piel de Stiles parecía pálida y frágil bajo la luz de la lámpara de noche, en contraste con el cuerpo bronceado y musculoso de Derek, marcado por cicatrices de mil batallas.
Cuando Derek se posicionó sobre él, Stiles sintió un momento de duda, una punzada de ansiedad que viajó por el vínculo. Inmediatamente, sintió una ola de calma y ternura envolverlo. Derek apoyó la frente contra la suya, mirándolo a los ojos con una intensidad que le cortó la respiración.
—Estoy aquí, Stiles. Lo siento todo. Te siento a ti —murmuró Derek, su voz suave por primera vez en años.
Derek comenzó a prepararlo con una paciencia que Stiles no esperaba de un Alpha. Sus dedos, grandes y callosos, se movieron con una delicadeza experta, estirándolo lentamente mientras sus labios no dejaban de adorar cada rincón de su rostro. Stiles gemía, arqueando la espalda, sus dedos enterrándose en la espalda de Derek, trazando los músculos tensos. El placer que Stiles sentía se duplicaba a través del vínculo, devolviéndole la satisfacción de Derek al verlo reaccionar.
—Derek... por favor... ahora —suplicó Stiles, sus ojos nublados por el deseo.
Derek se elevó sobre sus brazos, sus bíceps flexionados, y con un empuje lento y firme, se unió a él. Stiles soltó un grito ahogado, enterrando la cara en el hueco del cuello de Derek. No era solo la plenitud física; era la invasión total de sus sentidos. Podía sentir el interior de su propio cuerpo a través de la percepción de Derek, y podía sentir la calidez y el nudo de excitación de Derek a través de la suya.
—Dios, Stiles... —gruñó Derek, comenzando a moverse.
El ritmo era constante, profundo y devastador. Cada estocada de Derek hacía que Stiles viera estrellas, pero a través del vínculo, también sentía el triunfo del lobo, la necesidad de reclamar, de marcar, de proteger. Era una danza de poder y entrega. Stiles se sentía pequeño bajo Derek, pero al mismo tiempo se sentía el centro del universo del lobo.
—Eres... eres tan... —Stiles no podía terminar las frases. Sus manos golpeaban rítmicamente el colchón, sus piernas se envolvían con fuerza alrededor de la cintura de Derek, pidiendo más, siempre más.
El placer fue creciendo como una marea incontrolable. Derek aumentó la velocidad, sus gruñidos volviéndose más animales, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y una devoción feroz. Stiles estaba en el límite, su cuerpo temblando, el vínculo vibrando con una intensidad que amenazaba con romperlos a ambos.
—¡Derek! —gritó Stiles cuando el clímax lo alcanzó, una explosión de blanco que recorrió cada nervio de su cuerpo.
Segundos después, con un rugido que hizo vibrar los cimientos de la casa, Derek lo siguió, derramándose dentro de él mientras el vínculo se sobrecargaba de pura euforia y una conexión tan profunda que las palabras sobraban.
Se quedaron así durante lo que parecieron horas, con los pechos jadeantes y el sudor pegando sus cuerpos. Derek no se apartó; se dejó caer pesadamente sobre Stiles, aunque apoyando su peso en los codos para no aplastarlo.
Stiles, todavía recuperando el aliento, soltó una risita débil.
—¿Qué? —preguntó Derek, su voz ronca y satisfecha.
—Acabo de sentir cómo te dabas una palmadita mental en la espalda por tu rendimiento —dijo Stiles, dándole un empujoncito juguetón en el hombro—. Muy humilde de tu parte, Alpha.
Derek enterró la cara en la almohada, ocultando una sonrisa que Stiles pudo sentir perfectamente a través de la conexión.
—Cállate, Stiles.
—¿O qué? ¿Vas a morderme? Porque, spoiler, ahora sé exactamente cuándo vas a hacerlo —Stiles suspiró, acariciando el cabello corto de Derek—. Pero, en serio... eso fue...
—Lo sé —interrumpió Derek, levantando la vista. Sus ojos verdes ya no eran fríos; estaban llenos de una calidez que Stiles nunca pensó ver dirigida hacia él—. Lo sentí todo.
Se quedaron en silencio un momento, disfrutando de la paz inusual que el vínculo les proporcionaba ahora que la tensión sexual se había drenado. Era una sensación de completitud, de haber encontrado la pieza del rompecabezas que ni siquiera sabían que faltaba.
De repente, una voz desde abajo rompió el encanto.
—¡Stiles! ¡He pedido pizza! ¡Baja antes de que se enfríe! —gritó el Sheriff.
Stiles se tensó, y Derek sintió la oleada instantánea de pánico.
—¡Dile que no tienes hambre! —susurró Derek con urgencia.
—¡No puedo decirle eso! —respondió Stiles en el mismo tono—. ¡Sabe que siempre tengo hambre! ¡Y va a sentir el olor a... a "lobo satisfecho" desde el pasillo!
Derek rodó los ojos, pero se levantó y comenzó a vestirse con una velocidad envidiable. Stiles se quedó allí, mirando la espalda de Derek, sintiendo una oleada de afecto tan fuerte que el propio Derek se detuvo a medio camino de ponerse la camiseta.
El lobo se giró, miró a Stiles y, por primera vez, no hubo sarcasmo ni frialdad. Se acercó a la cama, se inclinó y le dio un beso suave, casi casto, en la frente.
—Vete a comer la pizza, Stiles. Estaré en el loft.
—¿Estarás bien? —preguntó Stiles, sintiendo ya la incipiente melancolía de la separación.
Derek sonrió, una sonrisa real y ladeada que hizo que el corazón de Stiles diera un vuelco.
—Estaré sintiéndote. Así que, por favor, intenta no pensar en nada demasiado estúpido durante la cena. No quiero que tu padre me dispare porque empecé a reírme solo en mi casa.
—No prometo nada —respondió Stiles con una chispa de malicia en los ojos.
Mientras Derek salía por la ventana con la agilidad que lo caracterizaba, Stiles se dejó caer de nuevo en las almohadas, suspirando. El vínculo seguía ahí, un hilo dorado y cálido que lo conectaba con el hombre más complicado del mundo.
Se puso los pantalones y bajó las escaleras, tratando de poner su mejor cara de "no ha pasado nada sobrenatural en mi habitación".
—¿Estás bien, hijo? —preguntó el Sheriff, entregándole una porción de pepperoni—. Pareces... radiante. ¿Has dormido una siesta?
Stiles mordió la pizza, sintiendo a través del vínculo cómo Derek, a kilómetros de distancia, soltaba una carcajada silenciosa.
—Algo así, papá. Algo así.
Definitivamente, pensó Stiles mientras el vínculo le enviaba una oleada de calma y posesividad protectora, su vida era una broma. Pero, por una vez, el chiste le gustaba.
Se encontraba sentado en su cama, con las piernas cruzadas y los dedos tamborileando nerviosamente sobre sus rodillas. No estaba solo. En realidad, nunca estaba solo ahora. A través de la pared, a través de los kilómetros que separaban su casa del loft, podía sentir una presión sorda en el pecho que no era suya. Era una mezcla de irritación, cansancio y un hambre voraz que sabía a carne poco hecha.
—¡Deja de tener hambre, Derek! —gritó Stiles al techo, agitando los brazos—. ¡Acabo de cenar y me vas a hacer vomitar la lasaña de mi padre!
A kilómetros de distancia, Derek Hale, que estaba a punto de morder un filete, se detuvo en seco. Sintió una punzada de indignación ajena y el eco de una voz chillona en su nudo de la nuca. Soltó un gruñido profundo, dejando el cubierto sobre la mesa. El vínculo era un desastre.
Todo había comenzado tres días atrás, durante un ritual fallido en el bosque para desterrar a una criatura de humo que estaba acosando a la manada. De alguna manera, el último ingrediente —que Stiles juraba que era tomillo, pero resultó ser una raíz de acónito extremadamente rara— reaccionó con la chispa del humano y la sangre del lobo. Hubo una explosión de luz azul y, de repente, Stiles y Derek estaban unidos.
No era un vínculo de manada normal. Era una conexión visceral. Si Stiles se golpeaba el dedo pequeño del pie con la pata de la mesa, Derek rugía de dolor en medio de una reunión. Si Derek se sentía melancólico mirando las cenizas de su antigua casa, Stiles empezaba a llorar desconsoladamente en clase de economía sin saber por qué.
Y lo peor eran las hormonas.
Stiles se puso de pie, incapaz de quedarse quieto. El vínculo estaba vibrando de nuevo. Podía sentir la frustración de Derek, pero también algo más oscuro, más denso. Era deseo. Un deseo animal, crudo, que le subía por la columna vertebral como una descarga eléctrica.
—Oh, no. No, no, no —murmuró Stiles, abanicándose con la mano—. No pienses en eso, lobito amargado. Piensa en... no sé, ¡en gatitos! ¡En el cambio climático! ¡En cualquier cosa que no involucre testosterona!
De repente, la puerta de su habitación se abrió de golpe. Stiles dio un salto, casi cayéndose de espaldas. Derek Hale estaba allí, con su chaqueta de cuero, el ceño fruncido y los ojos brillando en un amarillo intenso que gritaba peligro.
—Tus pensamientos —gruñó Derek, cerrando la puerta con un estruendo que hizo temblar los marcos de las fotos—. Son demasiado ruidosos.
—¿Mis pensamientos? —Stiles soltó una carcajada histérica—. ¡Tú eres el que está irradiando "necesidad de apareamiento" como si fueras una antena de radio! ¡Puedo sentir tus ganas de morder algo desde el otro lado del condado!
Derek se acercó a él con pasos lentos y depredadores. Stiles retrocedió hasta que sus corvas chocaron con el borde de la cama. El aire en la habitación se volvió pesado, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos de Stiles se erizara.
—No puedo dormir —dijo Derek, su voz bajando una octava, volviéndose un ronquido vibrante—. Siento tu ansiedad. Siento cómo te muerdes el labio. Siento tu pulso acelerado cada vez que piensas en mí.
—Yo no... yo no pienso en ti —mintió Stiles, aunque su propio cuerpo lo traicionaba. El vínculo transmitía su mentira como un faro en la noche.
Derek soltó una risa seca, un sonido raro en él. Se detuvo a escasos centímetros de Stiles. La diferencia de altura y envergadura era abrumadora. Stiles podía olerlo: cuero, bosque, lluvia y ese aroma almizclado que era puramente Derek.
—Mientes —sentenció el lobo. Extendió una mano y rodeó el cuello de Stiles, no para apretar, sino para sentir el pulso desbocado bajo su palma—. Tu corazón va a estallar. Y lo peor es que me estás contagiando esta... agitación.
—Es el vínculo, Derek —susurró Stiles, aunque sus manos, por voluntad propia, se posaron en los pectorales firmes del mayor—. Nos está volviendo locos.
—Entonces habrá que calmarlo —respondió Derek.
Sin previo aviso, Derek acortó la distancia y estrelló sus labios contra los de Stiles. No fue un beso suave. Fue una colisión de necesidad acumulada, de días sintiendo la piel del otro a través de un hilo invisible. Stiles soltó un jadeo que fue devorado por la boca de Derek, y sus manos se enredaron desesperadamente en el cabello oscuro del lobo.
El vínculo estalló. Ya no eran dos flujos de emociones separados; eran una inundación. Stiles sintió la posesividad de Derek, su hambre, su alivio al finalmente tocar lo que su instinto le exigía. Y Derek sintió la rendición de Stiles, su adoración secreta y el calor abrasador que recorría su cuerpo humano.
Derek empujó a Stiles hacia atrás, haciendo que cayera sobre el colchón. Se situó entre sus piernas sin romper el beso, sus manos bajando con urgencia para deshacerse de la estúpida sudadera de Stiles.
—Derek... espera —jadeó Stiles cuando el lobo comenzó a lamer la unión de su cuello y su hombro, justo donde el vínculo parecía nacer—. Mi padre... el Sheriff... está abajo viendo el partido.
—Puso la televisión al máximo —gruñó Derek contra su piel, su aliento caliente enviando escalofríos por todo el cuerpo de Stiles—. Y el vínculo me dice que tú no quieres que me detenga.
Stiles echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta. Tenía razón. A través de la conexión, podía sentir que Derek estaba al borde del control, y eso, lejos de asustarlo, encendía un fuego en su vientre que nunca antes había experimentado.
—No te detengas —logró articular Stiles.
Derek no necesitó que se lo repitieran. Con una eficiencia casi sobrenatural, ambos quedaron despojados de su ropa. La piel de Stiles parecía pálida y frágil bajo la luz de la lámpara de noche, en contraste con el cuerpo bronceado y musculoso de Derek, marcado por cicatrices de mil batallas.
Cuando Derek se posicionó sobre él, Stiles sintió un momento de duda, una punzada de ansiedad que viajó por el vínculo. Inmediatamente, sintió una ola de calma y ternura envolverlo. Derek apoyó la frente contra la suya, mirándolo a los ojos con una intensidad que le cortó la respiración.
—Estoy aquí, Stiles. Lo siento todo. Te siento a ti —murmuró Derek, su voz suave por primera vez en años.
Derek comenzó a prepararlo con una paciencia que Stiles no esperaba de un Alpha. Sus dedos, grandes y callosos, se movieron con una delicadeza experta, estirándolo lentamente mientras sus labios no dejaban de adorar cada rincón de su rostro. Stiles gemía, arqueando la espalda, sus dedos enterrándose en la espalda de Derek, trazando los músculos tensos. El placer que Stiles sentía se duplicaba a través del vínculo, devolviéndole la satisfacción de Derek al verlo reaccionar.
—Derek... por favor... ahora —suplicó Stiles, sus ojos nublados por el deseo.
Derek se elevó sobre sus brazos, sus bíceps flexionados, y con un empuje lento y firme, se unió a él. Stiles soltó un grito ahogado, enterrando la cara en el hueco del cuello de Derek. No era solo la plenitud física; era la invasión total de sus sentidos. Podía sentir el interior de su propio cuerpo a través de la percepción de Derek, y podía sentir la calidez y el nudo de excitación de Derek a través de la suya.
—Dios, Stiles... —gruñó Derek, comenzando a moverse.
El ritmo era constante, profundo y devastador. Cada estocada de Derek hacía que Stiles viera estrellas, pero a través del vínculo, también sentía el triunfo del lobo, la necesidad de reclamar, de marcar, de proteger. Era una danza de poder y entrega. Stiles se sentía pequeño bajo Derek, pero al mismo tiempo se sentía el centro del universo del lobo.
—Eres... eres tan... —Stiles no podía terminar las frases. Sus manos golpeaban rítmicamente el colchón, sus piernas se envolvían con fuerza alrededor de la cintura de Derek, pidiendo más, siempre más.
El placer fue creciendo como una marea incontrolable. Derek aumentó la velocidad, sus gruñidos volviéndose más animales, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y una devoción feroz. Stiles estaba en el límite, su cuerpo temblando, el vínculo vibrando con una intensidad que amenazaba con romperlos a ambos.
—¡Derek! —gritó Stiles cuando el clímax lo alcanzó, una explosión de blanco que recorrió cada nervio de su cuerpo.
Segundos después, con un rugido que hizo vibrar los cimientos de la casa, Derek lo siguió, derramándose dentro de él mientras el vínculo se sobrecargaba de pura euforia y una conexión tan profunda que las palabras sobraban.
Se quedaron así durante lo que parecieron horas, con los pechos jadeantes y el sudor pegando sus cuerpos. Derek no se apartó; se dejó caer pesadamente sobre Stiles, aunque apoyando su peso en los codos para no aplastarlo.
Stiles, todavía recuperando el aliento, soltó una risita débil.
—¿Qué? —preguntó Derek, su voz ronca y satisfecha.
—Acabo de sentir cómo te dabas una palmadita mental en la espalda por tu rendimiento —dijo Stiles, dándole un empujoncito juguetón en el hombro—. Muy humilde de tu parte, Alpha.
Derek enterró la cara en la almohada, ocultando una sonrisa que Stiles pudo sentir perfectamente a través de la conexión.
—Cállate, Stiles.
—¿O qué? ¿Vas a morderme? Porque, spoiler, ahora sé exactamente cuándo vas a hacerlo —Stiles suspiró, acariciando el cabello corto de Derek—. Pero, en serio... eso fue...
—Lo sé —interrumpió Derek, levantando la vista. Sus ojos verdes ya no eran fríos; estaban llenos de una calidez que Stiles nunca pensó ver dirigida hacia él—. Lo sentí todo.
Se quedaron en silencio un momento, disfrutando de la paz inusual que el vínculo les proporcionaba ahora que la tensión sexual se había drenado. Era una sensación de completitud, de haber encontrado la pieza del rompecabezas que ni siquiera sabían que faltaba.
De repente, una voz desde abajo rompió el encanto.
—¡Stiles! ¡He pedido pizza! ¡Baja antes de que se enfríe! —gritó el Sheriff.
Stiles se tensó, y Derek sintió la oleada instantánea de pánico.
—¡Dile que no tienes hambre! —susurró Derek con urgencia.
—¡No puedo decirle eso! —respondió Stiles en el mismo tono—. ¡Sabe que siempre tengo hambre! ¡Y va a sentir el olor a... a "lobo satisfecho" desde el pasillo!
Derek rodó los ojos, pero se levantó y comenzó a vestirse con una velocidad envidiable. Stiles se quedó allí, mirando la espalda de Derek, sintiendo una oleada de afecto tan fuerte que el propio Derek se detuvo a medio camino de ponerse la camiseta.
El lobo se giró, miró a Stiles y, por primera vez, no hubo sarcasmo ni frialdad. Se acercó a la cama, se inclinó y le dio un beso suave, casi casto, en la frente.
—Vete a comer la pizza, Stiles. Estaré en el loft.
—¿Estarás bien? —preguntó Stiles, sintiendo ya la incipiente melancolía de la separación.
Derek sonrió, una sonrisa real y ladeada que hizo que el corazón de Stiles diera un vuelco.
—Estaré sintiéndote. Así que, por favor, intenta no pensar en nada demasiado estúpido durante la cena. No quiero que tu padre me dispare porque empecé a reírme solo en mi casa.
—No prometo nada —respondió Stiles con una chispa de malicia en los ojos.
Mientras Derek salía por la ventana con la agilidad que lo caracterizaba, Stiles se dejó caer de nuevo en las almohadas, suspirando. El vínculo seguía ahí, un hilo dorado y cálido que lo conectaba con el hombre más complicado del mundo.
Se puso los pantalones y bajó las escaleras, tratando de poner su mejor cara de "no ha pasado nada sobrenatural en mi habitación".
—¿Estás bien, hijo? —preguntó el Sheriff, entregándole una porción de pepperoni—. Pareces... radiante. ¿Has dormido una siesta?
Stiles mordió la pizza, sintiendo a través del vínculo cómo Derek, a kilómetros de distancia, soltaba una carcajada silenciosa.
—Algo así, papá. Algo así.
Definitivamente, pensó Stiles mientras el vínculo le enviaba una oleada de calma y posesividad protectora, su vida era una broma. Pero, por una vez, el chiste le gustaba.
