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Contrato de Sangre y Deseo
Fandom: K-pop (inspirado en idols
Creado: 25/3/2026
Etiquetas
RomanceDramaAngustiaDolor/ConsueloFluffOmegaversoHistoria DomésticaEmbarazo No Planificado/No DeseadoMpreg
Ecos en el Pasillo de Cristal
La luz de la luna se filtraba a través de los ventanales del ático, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de mármol pulido. El departamento, un regalo de bodas de los padres de Sunghoon, era moderno, lujoso y terriblemente silencioso. Para Jake, cada paso que daba por los pasillos vacíos resonaba como un recordatorio de que su libertad había sido intercambiada por un contrato firmado con tinta de oro.
Sunghoon estaba sentado en el sofá del salón, con la espalda recta y la mirada fija en su tableta electrónica. Incluso en la intimidad de su hogar, vestía una camisa blanca perfectamente planchada, sin una sola arruga que delatara que llevaba horas trabajando. Su presencia era como una estatua de hielo: hermosa, pero inalcanzable.
Jake suspiró, apretando los bordes de su sudadera extragrande, una prenda que contrastaba drásticamente con la elegancia minimalista del lugar. Se acercó a la cocina para servirse un vaso de agua, intentando ignorar la tensión que siempre flotaba entre ellos.
—Vas a dormir tarde de nuevo —comentó Jake, rompiendo el silencio. Su voz, aunque suave, pareció un estruendo en la quietud de la noche.
Sunghoon levantó la vista lentamente. Sus ojos oscuros, siempre analíticos, recorrieron la figura de Jake antes de volver a la pantalla.
—Tengo que terminar los informes de la auditoría para mañana —respondió con un tono monótono—. Mi padre espera el reporte a primera hora.
Jake bebió un sorbo de agua, sintiendo una punzada de irritación. Siempre era lo mismo: "mi padre espera", "la empresa necesita", "el deber exige". Se preguntó si alguna vez Sunghoon hacía algo simplemente porque él quería.
—Deberías descansar —insistió Jake, caminando hacia la sala—. No somos máquinas, Sunghoon. Aunque nuestras familias nos traten como si lo fuéramos.
Sunghoon dejó la tableta sobre la mesa de centro y soltó un suspiro pesado. Se frotó el puente de la nariz, un pequeño gesto de cansancio que Jake rara vez veía.
—No todos tenemos el lujo de ignorar las expectativas, Jake. Tú lo sabes mejor que nadie. Estamos aquí por una razón.
Jake apretó el vaso con fuerza. La "razón" era clara: una alianza comercial sellada con un apellido y, eventualmente, con un heredero. El solo pensamiento le revolvía el estómago. Él era un omega dominante, alguien que valoraba su independencia y su pasión por el arte, y ahora se encontraba atrapado en una jaula de cristal con un alfa que parecía más un extraño que un esposo.
—Lo sé —dijo Jake, bajando la mirada—. Solo digo que este lugar se siente... muerto. ¿No te cansa este silencio?
Sunghoon lo observó en silencio durante unos segundos. Por un momento, Jake creyó ver un destello de algo parecido a la empatía en sus ojos, pero desapareció tan rápido como llegó.
—El silencio es necesario para el orden —sentenció Sunghoon, levantándose—. Mañana tenemos la cena con tus padres. Por favor, asegúrate de estar listo a las siete.
—¿Otra cena? —Jake rodó los ojos—. Solo quieren ver si ya "cumplimos" con nuestra parte del trato. Es humillante.
Sunghoon se detuvo frente a él. Era unos centímetros más alto, y su aroma a madera de cedro y aire frío de montaña envolvió a Jake, haciendo que su instinto omega se agitara de una manera que odiaba admitir.
—Es nuestra realidad —dijo Sunghoon en voz baja—. Si colaboramos, será más fácil para ambos. Buenas noches, Jake.
Sin esperar respuesta, el alfa se retiró a su habitación, dejando a Jake solo en la inmensidad del salón.
***
Las semanas pasaron en una rutina mecánica. Desayunos silenciosos, cenas protocolares y una convivencia que se limitaba a frases cortas y cortesía profesional. Sin embargo, la presión familiar no disminuía. En cada reunión, las miradas de sus padres se dirigían al vientre de Jake, y las preguntas veladas sobre el futuro de la empresa se volvían cada vez más directas.
Fue durante la luna de miel en una isla privada en Jeju, impuesta por ambas familias para "fomentar la cercanía", cuando las cosas cambiaron. Bajo el cielo estrellado y el sonido de las olas, la obligación se sintió más pesada que nunca.
Aquella noche, el aire estaba saturado de feromonas. No fue un acto de pasión desbordante, sino más bien una rendición ante el agotamiento de luchar contra lo inevitable. Sunghoon fue cuidadoso, casi dolorosamente educado, mientras que Jake se sentía como si estuviera entregando la última pieza de su identidad.
Un mes después, el resultado de esa noche cambió todo.
Jake estaba sentado en el borde de la cama, mirando la prueba de embarazo en su mano. Dos líneas rojas. El corazón le latía con tanta fuerza que sentía que se le escaparía del pecho. Debería sentirse feliz, o quizás devastado, pero solo sentía un vacío inmenso.
La puerta de la habitación se abrió. Sunghoon entró, deteniéndose en seco al ver la expresión de Jake.
—¿Qué pasa? —preguntó, su voz perdiendo un poco de su habitual control.
Jake no dijo nada. Simplemente extendió la mano y le entregó el dispositivo plástico. Sunghoon lo tomó, sus dedos rozando los de Jake. El alfa se quedó mirando la prueba durante lo que pareció una eternidad.
—Lo logramos —susurró Sunghoon. No había alegría en su voz, sino una especie de alivio sombrío.
—¿"Lo logramos"? —Jake se puso en pie, la indignación reemplazando el miedo—. ¿Eso es todo lo que tienes que decir? No es un proyecto de negocios, Sunghoon. Es un bebé. Es una vida que vamos a traer a este... a este contrato.
Sunghoon dejó la prueba sobre la cómoda y se acercó a Jake. Por primera vez, se atrevió a poner una mano sobre su hombro. Jake quiso apartarse, pero el calor del alfa era extrañamente reconfortante en medio de su pánico.
—Sé que no es lo que planeaste para tu vida —dijo Sunghoon, su voz más suave de lo que Jake jamás la había escuchado—. Yo tampoco lo planeé así. Pero voy a cuidar de ti. Y de... ellos. No dejaré que te falte nada.
—No necesito que no me falte "nada" material —replicó Jake, con los ojos empañados—. Necesito saber que no voy a criar a un niño en una casa de hielo. No quiero que mi hijo crezca pensando que el amor es un acuerdo comercial.
Sunghoon guardó silencio. Sus dedos se cerraron ligeramente sobre el hombro de Jake, un gesto que parecía más una súplica que un mandato.
—No sé cómo hacer eso, Jake —confesó Sunghoon con una honestidad brutal—. No me enseñaron a... a sentir de esa manera. Pero puedo intentar aprender.
***
El embarazo trajo consigo cambios drásticos. Jake, que solía ser una explosión de energía, ahora lidiaba con náuseas matutinas y un cansancio que lo dejaba postrado en el sofá. Para su sorpresa, Sunghoon empezó a estar más presente.
Ya no se quedaba en la oficina hasta la medianoche. Ahora, llegaba a las seis con bolsas de frutas frescas o los dulces específicos que Jake mencionaba por mensaje de texto.
Una tarde, Jake estaba intentando pintar en su pequeño estudio improvisado cerca del balcón. El olor de los óleos le resultaba un poco fuerte, pero necesitaba expresarse. Sunghoon entró sin hacer ruido, observando el lienzo donde Jake había plasmado una mezcla caótica de azules y amarillos.
—Es hermoso —dijo Sunghoon, sobresaltando a Jake.
—Gracias —respondió Jake, limpiándose las manos en un trapo—. Es solo... frustración. Siento que el mundo se está cerrando a mi alrededor.
Sunghoon se acercó y, por primera vez de forma espontánea, rodeó la cintura de Jake con sus brazos desde atrás. Jake se tensó por un segundo, pero luego se relajó contra el pecho firme del alfa. El aroma de Sunghoon, que antes le parecía distante, ahora se sentía como un refugio.
—El médico dijo que necesitas descansar más —murmuró Sunghoon, apoyando su barbilla en el hombro de Jake—. He cancelado mis viajes de negocios para el próximo trimestre. Me quedaré aquí.
Jake giró la cabeza para mirarlo, sorprendido.
—¿Tu padre te dejó hacer eso?
—No se lo pregunté —respondió Sunghoon, y hubo un destello de rebeldía en sus ojos que Jake nunca había visto—. Le dije que mi prioridad es mi familia. Por primera vez, me sentí dueño de mi propia vida.
Jake sintió que algo dentro de él se derretía. El alfa serio y reservado estaba empezando a romper las cadenas de su crianza, y lo estaba haciendo por él. O quizás, por ellos.
—Sunghoon... —Jake se dio la vuelta en sus brazos, buscando su mirada—. Tengo miedo. No quiero ser solo un "omega gestante" para las empresas. Quiero ser yo.
Sunghoon acunó el rostro de Jake con ambas manos. Sus pulgares acariciaron las mejillas del omega con una ternura que no necesitaba palabras.
—Para mí, nunca has sido solo eso —dijo Sunghoon con voz profunda—. Al principio, no sabía cómo acercarme a alguien tan... brillante como tú. Me asustaba tu libertad. Pero ahora, lo único que quiero es proteger esa luz. No estás solo en esto.
Esa noche, por primera vez, no durmieron en habitaciones separadas. Sunghoon abrazó a Jake con cuidado, con una mano descansando sobre su vientre aún plano, como si estuviera protegiendo su tesoro más preciado.
***
Los meses avanzaron y la conexión entre ellos floreció de una manera que ninguno de los dos esperaba. La incomodidad inicial fue reemplazada por conversaciones largas a medianoche sobre sus miedos y esperanzas. Jake descubrió que Sunghoon amaba la música clásica y que guardaba un profundo resentimiento hacia la frialdad de sus propios padres. Sunghoon descubrió que Jake no solo era extrovertido, sino también increíblemente perceptivo y fuerte.
Sin embargo, el mundo exterior no se detenía. La presión de las familias seguía allí, manifestándose en llamadas constantes y cenas donde solo se hablaba de acciones y herencias.
Durante una cena de gala de la empresa, el padre de Sunghoon levantó su copa para hacer un brindis.
—Por el futuro heredero de nuestro imperio —declaró el hombre mayor, mirando a Jake con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Gracias a esta unión, nuestra posición es inquebrantable.
Jake sintió una opresión en el pecho. Miró hacia abajo, sintiéndose una vez más como un objeto de intercambio. Pero entonces, sintió una mano firme entrelazando la suya por debajo de la mesa.
Sunghoon se puso de pie, pero no para unirse al brindis de su padre.
—Este niño no es un activo de la empresa —dijo Sunghoon, su voz resonando con una autoridad que hizo que toda la sala guardara silencio—. Es mi hijo. Y Jake es mi esposo, no un socio comercial. A partir de ahora, las decisiones sobre nuestra familia las tomaremos nosotros, no el consejo de administración.
El silencio que siguió fue sepulcral. El padre de Sunghoon se puso rojo de ira, pero Sunghoon no retrocedió. Simplemente ayudó a Jake a levantarse y, sin mirar atrás, salieron del salón.
Una vez en el auto, Jake rompió a llorar, pero no de tristeza.
—¿Estás bien? —preguntó Sunghoon, visiblemente preocupado, mientras arrancaba el motor.
—Sí —sollozó Jake, riendo a través de las lágrimas—. Es solo que... nadie me había defendido así antes. Gracias, Hoonie.
El uso del apodo hizo que Sunghoon sonriera, una sonrisa real y abierta que iluminó su rostro de una manera que Jake nunca olvidaría.
—Te dije que aprendería —respondió el alfa, tomando la mano de Jake y besando sus nudillos—. Y todavía tengo mucho que aprender de ti.
Al llegar al departamento, el silencio ya no se sentía frío. Ahora era un espacio lleno de posibilidades. Jake se sentó en el sofá y Sunghoon se arrodilló frente a él, pegando su oído al vientre de Jake, que ahora mostraba una curva evidente.
—¿Crees que nos perdone por ser tan complicados? —preguntó Jake, acariciando el cabello de Sunghoon.
—Creo que tendrá a los mejores padres del mundo —respondió Sunghoon, mirando a Jake con una adoración que ya no intentaba ocultar—. Porque nosotros elegimos estar juntos. No por el contrato, sino porque no puedo imaginar mi vida sin ti.
Jake se inclinó y unió sus labios con los de Sunghoon en un beso que selló una promesa mucho más real que cualquier firma legal. Ya no eran dos extraños unidos por el deber; eran dos almas que habían encontrado el amor en medio de las expectativas ajenas.
El eco en el pasillo de cristal ya no era de soledad, sino de los latidos de una familia que apenas comenzaba a escribir su propia historia, lejos de las sombras de las empresas y los mandatos familiares. En ese pequeño rincón del mundo, Sunghoon y Jake finalmente eran libres.
Sunghoon estaba sentado en el sofá del salón, con la espalda recta y la mirada fija en su tableta electrónica. Incluso en la intimidad de su hogar, vestía una camisa blanca perfectamente planchada, sin una sola arruga que delatara que llevaba horas trabajando. Su presencia era como una estatua de hielo: hermosa, pero inalcanzable.
Jake suspiró, apretando los bordes de su sudadera extragrande, una prenda que contrastaba drásticamente con la elegancia minimalista del lugar. Se acercó a la cocina para servirse un vaso de agua, intentando ignorar la tensión que siempre flotaba entre ellos.
—Vas a dormir tarde de nuevo —comentó Jake, rompiendo el silencio. Su voz, aunque suave, pareció un estruendo en la quietud de la noche.
Sunghoon levantó la vista lentamente. Sus ojos oscuros, siempre analíticos, recorrieron la figura de Jake antes de volver a la pantalla.
—Tengo que terminar los informes de la auditoría para mañana —respondió con un tono monótono—. Mi padre espera el reporte a primera hora.
Jake bebió un sorbo de agua, sintiendo una punzada de irritación. Siempre era lo mismo: "mi padre espera", "la empresa necesita", "el deber exige". Se preguntó si alguna vez Sunghoon hacía algo simplemente porque él quería.
—Deberías descansar —insistió Jake, caminando hacia la sala—. No somos máquinas, Sunghoon. Aunque nuestras familias nos traten como si lo fuéramos.
Sunghoon dejó la tableta sobre la mesa de centro y soltó un suspiro pesado. Se frotó el puente de la nariz, un pequeño gesto de cansancio que Jake rara vez veía.
—No todos tenemos el lujo de ignorar las expectativas, Jake. Tú lo sabes mejor que nadie. Estamos aquí por una razón.
Jake apretó el vaso con fuerza. La "razón" era clara: una alianza comercial sellada con un apellido y, eventualmente, con un heredero. El solo pensamiento le revolvía el estómago. Él era un omega dominante, alguien que valoraba su independencia y su pasión por el arte, y ahora se encontraba atrapado en una jaula de cristal con un alfa que parecía más un extraño que un esposo.
—Lo sé —dijo Jake, bajando la mirada—. Solo digo que este lugar se siente... muerto. ¿No te cansa este silencio?
Sunghoon lo observó en silencio durante unos segundos. Por un momento, Jake creyó ver un destello de algo parecido a la empatía en sus ojos, pero desapareció tan rápido como llegó.
—El silencio es necesario para el orden —sentenció Sunghoon, levantándose—. Mañana tenemos la cena con tus padres. Por favor, asegúrate de estar listo a las siete.
—¿Otra cena? —Jake rodó los ojos—. Solo quieren ver si ya "cumplimos" con nuestra parte del trato. Es humillante.
Sunghoon se detuvo frente a él. Era unos centímetros más alto, y su aroma a madera de cedro y aire frío de montaña envolvió a Jake, haciendo que su instinto omega se agitara de una manera que odiaba admitir.
—Es nuestra realidad —dijo Sunghoon en voz baja—. Si colaboramos, será más fácil para ambos. Buenas noches, Jake.
Sin esperar respuesta, el alfa se retiró a su habitación, dejando a Jake solo en la inmensidad del salón.
***
Las semanas pasaron en una rutina mecánica. Desayunos silenciosos, cenas protocolares y una convivencia que se limitaba a frases cortas y cortesía profesional. Sin embargo, la presión familiar no disminuía. En cada reunión, las miradas de sus padres se dirigían al vientre de Jake, y las preguntas veladas sobre el futuro de la empresa se volvían cada vez más directas.
Fue durante la luna de miel en una isla privada en Jeju, impuesta por ambas familias para "fomentar la cercanía", cuando las cosas cambiaron. Bajo el cielo estrellado y el sonido de las olas, la obligación se sintió más pesada que nunca.
Aquella noche, el aire estaba saturado de feromonas. No fue un acto de pasión desbordante, sino más bien una rendición ante el agotamiento de luchar contra lo inevitable. Sunghoon fue cuidadoso, casi dolorosamente educado, mientras que Jake se sentía como si estuviera entregando la última pieza de su identidad.
Un mes después, el resultado de esa noche cambió todo.
Jake estaba sentado en el borde de la cama, mirando la prueba de embarazo en su mano. Dos líneas rojas. El corazón le latía con tanta fuerza que sentía que se le escaparía del pecho. Debería sentirse feliz, o quizás devastado, pero solo sentía un vacío inmenso.
La puerta de la habitación se abrió. Sunghoon entró, deteniéndose en seco al ver la expresión de Jake.
—¿Qué pasa? —preguntó, su voz perdiendo un poco de su habitual control.
Jake no dijo nada. Simplemente extendió la mano y le entregó el dispositivo plástico. Sunghoon lo tomó, sus dedos rozando los de Jake. El alfa se quedó mirando la prueba durante lo que pareció una eternidad.
—Lo logramos —susurró Sunghoon. No había alegría en su voz, sino una especie de alivio sombrío.
—¿"Lo logramos"? —Jake se puso en pie, la indignación reemplazando el miedo—. ¿Eso es todo lo que tienes que decir? No es un proyecto de negocios, Sunghoon. Es un bebé. Es una vida que vamos a traer a este... a este contrato.
Sunghoon dejó la prueba sobre la cómoda y se acercó a Jake. Por primera vez, se atrevió a poner una mano sobre su hombro. Jake quiso apartarse, pero el calor del alfa era extrañamente reconfortante en medio de su pánico.
—Sé que no es lo que planeaste para tu vida —dijo Sunghoon, su voz más suave de lo que Jake jamás la había escuchado—. Yo tampoco lo planeé así. Pero voy a cuidar de ti. Y de... ellos. No dejaré que te falte nada.
—No necesito que no me falte "nada" material —replicó Jake, con los ojos empañados—. Necesito saber que no voy a criar a un niño en una casa de hielo. No quiero que mi hijo crezca pensando que el amor es un acuerdo comercial.
Sunghoon guardó silencio. Sus dedos se cerraron ligeramente sobre el hombro de Jake, un gesto que parecía más una súplica que un mandato.
—No sé cómo hacer eso, Jake —confesó Sunghoon con una honestidad brutal—. No me enseñaron a... a sentir de esa manera. Pero puedo intentar aprender.
***
El embarazo trajo consigo cambios drásticos. Jake, que solía ser una explosión de energía, ahora lidiaba con náuseas matutinas y un cansancio que lo dejaba postrado en el sofá. Para su sorpresa, Sunghoon empezó a estar más presente.
Ya no se quedaba en la oficina hasta la medianoche. Ahora, llegaba a las seis con bolsas de frutas frescas o los dulces específicos que Jake mencionaba por mensaje de texto.
Una tarde, Jake estaba intentando pintar en su pequeño estudio improvisado cerca del balcón. El olor de los óleos le resultaba un poco fuerte, pero necesitaba expresarse. Sunghoon entró sin hacer ruido, observando el lienzo donde Jake había plasmado una mezcla caótica de azules y amarillos.
—Es hermoso —dijo Sunghoon, sobresaltando a Jake.
—Gracias —respondió Jake, limpiándose las manos en un trapo—. Es solo... frustración. Siento que el mundo se está cerrando a mi alrededor.
Sunghoon se acercó y, por primera vez de forma espontánea, rodeó la cintura de Jake con sus brazos desde atrás. Jake se tensó por un segundo, pero luego se relajó contra el pecho firme del alfa. El aroma de Sunghoon, que antes le parecía distante, ahora se sentía como un refugio.
—El médico dijo que necesitas descansar más —murmuró Sunghoon, apoyando su barbilla en el hombro de Jake—. He cancelado mis viajes de negocios para el próximo trimestre. Me quedaré aquí.
Jake giró la cabeza para mirarlo, sorprendido.
—¿Tu padre te dejó hacer eso?
—No se lo pregunté —respondió Sunghoon, y hubo un destello de rebeldía en sus ojos que Jake nunca había visto—. Le dije que mi prioridad es mi familia. Por primera vez, me sentí dueño de mi propia vida.
Jake sintió que algo dentro de él se derretía. El alfa serio y reservado estaba empezando a romper las cadenas de su crianza, y lo estaba haciendo por él. O quizás, por ellos.
—Sunghoon... —Jake se dio la vuelta en sus brazos, buscando su mirada—. Tengo miedo. No quiero ser solo un "omega gestante" para las empresas. Quiero ser yo.
Sunghoon acunó el rostro de Jake con ambas manos. Sus pulgares acariciaron las mejillas del omega con una ternura que no necesitaba palabras.
—Para mí, nunca has sido solo eso —dijo Sunghoon con voz profunda—. Al principio, no sabía cómo acercarme a alguien tan... brillante como tú. Me asustaba tu libertad. Pero ahora, lo único que quiero es proteger esa luz. No estás solo en esto.
Esa noche, por primera vez, no durmieron en habitaciones separadas. Sunghoon abrazó a Jake con cuidado, con una mano descansando sobre su vientre aún plano, como si estuviera protegiendo su tesoro más preciado.
***
Los meses avanzaron y la conexión entre ellos floreció de una manera que ninguno de los dos esperaba. La incomodidad inicial fue reemplazada por conversaciones largas a medianoche sobre sus miedos y esperanzas. Jake descubrió que Sunghoon amaba la música clásica y que guardaba un profundo resentimiento hacia la frialdad de sus propios padres. Sunghoon descubrió que Jake no solo era extrovertido, sino también increíblemente perceptivo y fuerte.
Sin embargo, el mundo exterior no se detenía. La presión de las familias seguía allí, manifestándose en llamadas constantes y cenas donde solo se hablaba de acciones y herencias.
Durante una cena de gala de la empresa, el padre de Sunghoon levantó su copa para hacer un brindis.
—Por el futuro heredero de nuestro imperio —declaró el hombre mayor, mirando a Jake con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Gracias a esta unión, nuestra posición es inquebrantable.
Jake sintió una opresión en el pecho. Miró hacia abajo, sintiéndose una vez más como un objeto de intercambio. Pero entonces, sintió una mano firme entrelazando la suya por debajo de la mesa.
Sunghoon se puso de pie, pero no para unirse al brindis de su padre.
—Este niño no es un activo de la empresa —dijo Sunghoon, su voz resonando con una autoridad que hizo que toda la sala guardara silencio—. Es mi hijo. Y Jake es mi esposo, no un socio comercial. A partir de ahora, las decisiones sobre nuestra familia las tomaremos nosotros, no el consejo de administración.
El silencio que siguió fue sepulcral. El padre de Sunghoon se puso rojo de ira, pero Sunghoon no retrocedió. Simplemente ayudó a Jake a levantarse y, sin mirar atrás, salieron del salón.
Una vez en el auto, Jake rompió a llorar, pero no de tristeza.
—¿Estás bien? —preguntó Sunghoon, visiblemente preocupado, mientras arrancaba el motor.
—Sí —sollozó Jake, riendo a través de las lágrimas—. Es solo que... nadie me había defendido así antes. Gracias, Hoonie.
El uso del apodo hizo que Sunghoon sonriera, una sonrisa real y abierta que iluminó su rostro de una manera que Jake nunca olvidaría.
—Te dije que aprendería —respondió el alfa, tomando la mano de Jake y besando sus nudillos—. Y todavía tengo mucho que aprender de ti.
Al llegar al departamento, el silencio ya no se sentía frío. Ahora era un espacio lleno de posibilidades. Jake se sentó en el sofá y Sunghoon se arrodilló frente a él, pegando su oído al vientre de Jake, que ahora mostraba una curva evidente.
—¿Crees que nos perdone por ser tan complicados? —preguntó Jake, acariciando el cabello de Sunghoon.
—Creo que tendrá a los mejores padres del mundo —respondió Sunghoon, mirando a Jake con una adoración que ya no intentaba ocultar—. Porque nosotros elegimos estar juntos. No por el contrato, sino porque no puedo imaginar mi vida sin ti.
Jake se inclinó y unió sus labios con los de Sunghoon en un beso que selló una promesa mucho más real que cualquier firma legal. Ya no eran dos extraños unidos por el deber; eran dos almas que habían encontrado el amor en medio de las expectativas ajenas.
El eco en el pasillo de cristal ya no era de soledad, sino de los latidos de una familia que apenas comenzaba a escribir su propia historia, lejos de las sombras de las empresas y los mandatos familiares. En ese pequeño rincón del mundo, Sunghoon y Jake finalmente eran libres.
