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Dulce Venganza

Fandom: Etra Chan lo vio

Creado: 26/3/2026

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El precio del silencio y el aroma del lirio

La oficina de la Compañía Etra solía ser un refugio de orden para Katsura. Como gerente, su vida se basaba en la eficiencia, la planificación y la calma. Sin embargo, esa tarde, el informe de ventas frente a él era solo un borrón de números. Sus dedos apretaban el bolígrafo con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos.

Hacía apenas tres días que su mundo se había desmoronado. Había regresado temprano a casa, con un anillo de compromiso oculto en el bolsillo de su chaqueta y una sonrisa ilusa en el rostro, solo para encontrar a Akane, la mujer con la que llevaba dos años, entre las sábanas con un desconocido de cabello gris.

Lo que dolió no fue solo la imagen. Fue el descubrimiento posterior. Tras una investigación meticulosa —porque Katsura no era de los que se quedaban con la duda—, descubrió que Hiiragi, el médico de ojos gélidos, no era el primero. Akane tenía un historial de amantes, una lista de trofeos financiados por su supuesta "generosidad". Pero la estocada final, la que transformó su tristeza en un odio frío y calculador, fue saber que Akamatsu lo sabía.

Akamatsu, el dulce y tímido Akamatsu. El chico de ojos rubí al que Katsura había llegado a considerar un hermano menor. El futuro veterinario que siempre le sonreía con torpeza cuando Katsura iba a cenar a casa de los padres de Akane. Él lo sabía todo y no había dicho nada.

—La lealtad familiar es un arma de doble filo, ¿verdad, Akamatsu? —murmuró Katsura para sí mismo, dejando caer el bolígrafo sobre el escritorio.

Un plan comenzó a gestarse en su mente. Akane amaba a su hermano más que a nada en el mundo. Él era su tesoro, su pureza. Si Katsura quería destruir a Akane, no bastaba con dejarla. Tenía que arrebatarle lo que más valoraba. Tenía que manchar ese tesoro.

Días después, Katsura se encontraba frente a la Facultad de Veterinaria de la Universidad Etra. Llevaba un ramo de flores, no demasiado ostentoso, y su mejor sonrisa de "hombre herido pero resiliente".

No tardó en ver aparecer esa cabellera roja tan característica. Akamatsu caminaba con la cabeza gacha, abrazando sus libros contra el pecho, tratando de pasar desapercibido entre la multitud de estudiantes. Se veía tan vulnerable que, por un segundo, la conciencia de Katsura dio un vuelco. Pero recordó la risa de Akane en aquel dormitorio y su corazón se volvió de piedra.

—¡Akamatsu! —llamó con voz suave pero firme.

El joven se sobresaltó, sus ojos rubí se abrieron de par en par al reconocer al exnovio de su hermana. Se detuvo en seco, visiblemente incómodo.

—¿K-Katsura-san? —tartamudeó, acercándose con pasos vacilantes—. ¿Qué haces aquí? Yo... escuché lo que pasó. Lo lamento tanto.

Katsura suspiró, bajando la mirada para fingir una tristeza profunda.

—No tienes que disculparte por las acciones de tu hermana, Akamatsu. De hecho, me sentía mal por haberme alejado de ti sin decir nada. Tú siempre fuiste un buen amigo para mí.

Akamatsu bajó la vista, sus mejillas se tiñeron de un rojo suave.

—Yo no... yo no sabía qué decirte. Akane es mi hermana, pero... —Se interrumpió, incapaz de confesar que su silencio lo carcomía.

—No hablemos de ella aquí —dijo Katsura, dando un paso más hacia el espacio personal del chico—. He estado muy solo estos días. ¿Me acompañarías a tomar un café? Por los viejos tiempos.

Akamatsu dudó. Sabía que debía mantener distancia, especialmente porque sus propios sentimientos hacia Katsura eran confusos y le daban miedo. Pero la soledad que emanaba del hombre frente a él le partía el corazón.

—Está bien —susurró el pelirrojo—. Solo un café.

Mientras caminaban hacia una cafetería cercana, una figura los observaba desde la distancia. Hiiragi, apoyado contra su auto deportivo, entrecerró sus ojos grises. Su expresión caballeresca habitual se transformó en una mueca de posesividad. Él había seducido a Akane solo para tener una excusa para estar cerca de Akamatsu, para estudiar a esa "presa" tímida que tanto le fascinaba. Ver a Katsura, el hombre al que acababa de arrebatarle la novia, tan cerca de su verdadero objetivo, le provocó una punzada de irritación.

—Vaya, vaya —masculló Hiiragi—. Parece que el gerente tiene garras después de todo.

Dentro de la cafetería, el ambiente era cálido. Katsura se aseguró de elegir una mesa en un rincón apartado. Observó cómo Akamatsu jugueteaba nerviosamente con la pajilla de su bebida.

—¿Cómo van tus estudios de veterinaria? —preguntó Katsura, apoyando el mentón en su mano, fijando su mirada café en los ojos del chico.

—Bien... un poco pesado —respondió Akamatsu, tratando de no perderse en la intensidad de esa mirada—. Estamos estudiando anatomía equina ahora.

—Siempre me ha admirado tu dedicación. Eres tan diferente a ella, tan... genuino.

Akamatsu se sonrojó violentamente.

—No digas eso. Akane tiene sus defectos, pero me quiere mucho. Ella siempre me trae regalos cuando... —Se detuvo de golpe, dándose cuenta de que iba a mencionar el dinero que Akane obtenía de sus amantes.

Katsura estiró la mano por encima de la mesa y rozó los dedos de Akamatsu. El chico dio un pequeño respingo, pero no retiró la mano.

—Sé de dónde vienen esos regalos, Akamatsu. Y sé que tú lo sabías. Me dolió, no te lo voy a negar. Pensé que éramos amigos.

—¡Lo siento! —exclamó el joven, con lágrimas asomando en sus ojos—. No quería lastimarte, pero no sabía cómo decírtelo sin traicionarla a ella. Me sentía tan culpable cada vez que te veía...

—Te perdono —dijo Katsura con una voz aterciopelada que no dejaba traslucir sus verdaderas intenciones—. Pero me siento muy vacío ahora. Akane llenaba mucho espacio en mi vida, y ahora que no está, me doy cuenta de que a quien realmente extrañaba en esas cenas familiares era a ti. A nuestras charlas.

Akamatsu sintió que su corazón daba un vuelco. ¿Era posible? Él siempre había admirado a Katsura desde las sombras, pensando que un hombre tan exitoso y maduro nunca se fijaría en alguien tan retraído como él.

—¿De verdad? —preguntó con voz pequeña.

—De verdad. Eres especial, Akamatsu. Mucho más de lo que crees.

En ese momento, la puerta de la cafetería se abrió y Hiiragi entró con una confianza que rozaba la arrogancia. No tardó en localizar a la pareja en el rincón y se acercó con una sonrisa gélida.

—¡Pero qué coincidencia! —exclamó el médico, colocándose de pie junto a la mesa—. Akamatsu-kun, qué alegría verte. Y tú debes ser... el ex de Akane, ¿cierto?

Akamatsu se puso rígido de inmediato. La presencia de Hiiragi le causaba una ansiedad instintiva. El hombre siempre le hacía preguntas demasiado personales sobre su vida privada y lo miraba de una forma que lo hacía sentir como un animal bajo un microscopio.

—Hola, Hiiragi-san —saludó Akamatsu, bajando la cabeza.

Katsura no se inmutó. Midió al hombre frente a él: el cabello gris perfectamente peinado, la ropa de diseñador, la mirada de superioridad. Este era el hombre que estaba en su cama.

—Katsura —se presentó con frialdad—. Y sí, soy el hombre al que decidiste ignorar mientras te acostabas con mi prometida. Tienes mucho descaro apareciendo aquí.

Hiiragi soltó una risita suave.

—Oh, no seas tan dramático. Akane es una mujer adulta que sabe lo que quiere. Y yo siempre obtengo lo que quiero. —Sus ojos grises se desviaron hacia Akamatsu—. Por cierto, Akamatsu-kun, tu hermana me mencionó que necesitabas ayuda con algunos libros de medicina avanzada. Podría pasarte algunos de mi clínica.

—N-no es necesario, gracias —respondió Akamatsu, encogiéndose en su asiento.

Katsura notó la incomodidad del chico y vio su oportunidad. Se levantó y pasó un brazo protector por los hombros de Akamatsu, atrayéndolo hacia él. El joven se tensó, pero luego se relajó contra el costado de Katsura, buscando refugio.

—Creo que hemos terminado aquí —dijo Katsura, mirando a Hiiragi a los ojos—. Akamatsu está conmigo ahora. No necesita nada de un hombre que no conoce el significado de la palabra respeto.

—¿"Contigo"? —Hiiragi enarcó una ceja, divertido—. ¿Tan rápido has cambiado de hermano? Qué eficiente eres, gerente.

—Vámonos, Akamatsu —ordenó Katsura, ignorando la provocación.

Salieron de la cafetería dejando a Hiiragi con una expresión sombría. Una vez fuera, en la acera, Akamatsu se separó suavemente, aunque su rostro seguía encendido.

—Gracias por eso —susurró—. Él... realmente me pone nervioso. No sé por qué Akane sale con él.

—Es un manipulador —dijo Katsura, suavizando su expresión—. Pero no dejaré que se te acerque de nuevo. Escucha, Akamatsu... sé que esto es repentino y que mi ruptura con tu hermana es reciente, pero no quiero perderte. ¿Me dejarías intentar algo diferente contigo?

Akamatsu lo miró, confundido y esperanzado a la vez.

—¿Diferente?

—Déjame cortejarte. De verdad. Sin secretos, sin Akane de por medio.

El chico de ojos rubí sintió que el mundo se detenía. El hombre que había amado en secreto durante dos años le estaba pidiendo una oportunidad. No podía ver la oscuridad que bailaba en el fondo de los ojos cafés de Katsura; solo veía la promesa de afecto que tanto ansiaba.

—Sí —respondió Akamatsu casi en un susurro—. Me gustaría mucho.

Katsura sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos, pero que fue suficiente para cegar al inocente estudiante.

—Perfecto. Te veré mañana después de tus clases.

Mientras veía a Akamatsu alejarse hacia su dormitorio, Katsura sacó su teléfono y marcó un número que conocía de memoria.

—¿Hola? ¿Akane? —dijo cuando escucharon el primer tono—. No, no me cuelgues. Solo quería decirte que no te guardo rencor. De hecho, acabo de pasar una tarde maravillosa con Akamatsu. Es un chico tan dulce... sería una lástima que algo corrompiera su imagen de ti, ¿no crees?

Al otro lado de la línea, el silencio de Akane fue absoluto, seguido de un jadeo de sorpresa.

—¿Qué... qué quieres decir con eso? ¡Deja a mi hermano fuera de esto, Katsura!

—Oh, es demasiado tarde para eso, querida —respondió él con una voz gélida—. Él ya me ha abierto la puerta. Y voy a entrar hasta el fondo.

Cortó la llamada y guardó el teléfono. La venganza era un plato que se servía frío, y Katsura estaba dispuesto a disfrutar cada bocado, incluso si para ello tenía que romper el corazón del único ser puro en la vida de los hermanos Akamatsu.

Caminó hacia su auto, sintiendo por primera vez en días que tenía el control. Hiiragi quería a Akamatsu, y Akane lo idolatraba. Él los destruiría a ambos usando al chico como pieza central de su tablero.

La guerra acababa de empezar, y el aroma del lirio —la flor favorita de Akamatsu que Katsura ya planeaba enviarle al día siguiente— empezaría a asfixiar a la familia que se atrevió a traicionarlo.
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