Fanfy
.studio
Cargando...
Imagen de fondo

Camara oculta

Fandom: Kengan ashura

Creado: 31/3/2026

Etiquetas

OscuroPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)PsicológicoLenguaje ExplícitoViolencia GráficaOOC (Fuera de Personaje)Ambientación Canon
Índice

La Devoción del Pecador

Tomoko Oyamada siempre había tenido una curiosidad que rozaba lo peligroso. Como secretaria de la editorial Koyo, su vida giraba en torno a observar, pero lo que vio tras la victoria de Ohma Tokita sobre Ryo Inaba superó cualquier fantasía que hubiera albergado. Setsuna Kiryu, con esa mirada vidriosa y una erección evidente bajo sus finas ropas, no solo estaba emocionado; estaba en éxtasis. La forma en que susurraba el nombre de Ohma, como si fuera un mantra sagrado, le dio a Tomoko una idea que no pudo sacarse de la cabeza.

Esa misma noche, aprovechando el caos del torneo, se infiltró en la habitación de Kiryu. Con manos temblorosas pero precisas, colocó una microcámara oculta en el ojo de un pequeño peluche artesanal que vagamente recordaba a Ohma. Era el escondite perfecto.

Al día siguiente, Tomoko no estaba sola en su espionaje. Yamashita Kazuo, arrastrado por una serie de malentendidos, y Shion Akiyama, cuya curiosidad intelectual a veces superaba su ética, terminaron frente al monitor en una habitación privada.

—Tomoko, esto es ilegal... —susurró Yamashita, secándose el sudor de la frente mientras veía la pantalla.

—Shhh, mire, Yamashita-san —interrumpió Shion, ajustándose las gafas con una mezcla de horror y fascinación—. Kiryu está... bueno, está empezando.

En la pantalla, Setsuna estaba solo. Se movía con una gracia lasciva, desnudándose lentamente mientras gemía el nombre de Ohma. Sus dedos se introducían con violencia en su propio ano, buscando un placer que solo la idea de ser destruido por el "Asura" podía brindarle. Sus ojos estaban en blanco, su rostro contraído en una mueca de agonía y placer masoquista.

Sin embargo, al tercer día, la rutina cambió. La puerta de la habitación se abrió y entró Ohma Tokita. Su expresión era de puro desprecio.

—Ohma-kun está ahí... —balbuceó Yamashita, queriendo apartar la vista pero incapaz de hacerlo.

—Vengo a dejarte las cosas claras, Kiryu —dijo Ohma, su voz resonando con una frialdad cortante—. Eres un maldito pervertido. Me das asco. Cada vez que me miras con esos ojos de perro apaleado, me dan ganas de vomitar. No eres más que un masoquista enfermo.

Setsuna no retrocedió. Al contrario, una sonrisa angelical y perturbada se extendió por su rostro.

—Oh, Ohma... —susurró Setsuna, acercándose con una velocidad inhumana—. Tu odio es tan cálido como tu sangre.

Antes de que Ohma pudiera reaccionar, Setsuna se arrodilló. Con una habilidad asombrosa, casi como si fuera una técnica secreta de su estilo, desabrochó el pantalón de Ohma. Sus manos, expertas en matar, ahora se movían con una delicadeza obscena, liberando el miembro erecto del luchador.

Ohma tensó los músculos, su primera intención fue apartarlo de una patada, pero el contacto era... demasiado bueno. El contraste entre el odio que sentía y el placer físico que Setsuna le proporcionaba creó una chispa violenta en su interior.

—Si tanto crees que soy tu dios —gruñó Ohma, agarrando a Setsuna por los cabellos con una fuerza brutal, obligándolo a mirarlo a los ojos—, entonces vas a tener que satisfacerme como la basura que eres. Usa la boca.

Setsuna dejó escapar un gemido ahogado de felicidad. Comenzó con pequeñas lameridas, saboreando el pre-ejaculado con una devoción religiosa, antes de abrir la boca y tomarlo de una sola vez, hundiéndose hasta la garganta.

—¡Dios mío! —exclamó Tomoko tras la pantalla, tapándose la boca pero sin parpadear.

Ohma no fue gentil. Marcó un ritmo frenético y profundo, usando el cabello de Setsuna como una brida, empujando su pelvis contra el rostro del otro hombre con una violencia que hacía que Setsuna se atragantara y lagrimeara, aunque sus ojos seguían brillando con una alegría demente. Después de unos minutos de embestidas salvajes, Ohma se corrió con un gruñido, llenando la boca de Setsuna. Una gota de semen quedó colgando en la comisura de los labios del "Hermoso Rey".

—Tú no eres un peleador —dijo Ohma, limpiándose con desdén mientras veía a Setsuna tragar con avidez—. Eres una sucia perra. Ese papel te queda mucho mejor que el de rival.

Setsuna temblaba de pies a cabeza, el insulto pareció encender algo aún más oscuro en él.

—Sí... —jadeó Setsuna—. Soy tu perra, Ohma. Úsame. Destrúyeme.

—Desnúdate, pequeña prostituta —ordenó Ohma.

Setsuna obedeció con una rapidez frenética. Se despojó de su camisa y sus pantalones, dejando caer incluso su ropa interior hasta quedar completamente desnudo bajo la luz tenue de la habitación. Su cuerpo era esbelto, marcado por el entrenamiento, pero en ese momento solo parecía una ofrenda.

—Definitivamente, tu cuerpo nació para ser el de una prostituta —sentenció Ohma, recorriendo con la mirada las líneas de su torso—. Ponte a cuatro patas. Ahora.

Setsuna se posicionó en la cama, elevando las caderas y hundiendo el pecho contra el colchón, ofreciéndose sin reservas. Ohma se colocó detrás de él. No hubo preliminares suaves; Ohma jugó un momento con la entrada de Setsuna, solo para recordarle quién tenía el control, y luego lo penetró de un solo golpe seco y violento.

Setsuna soltó un grito que fue mitad dolor y mitad éxtasis puro.

—¿Te gusta, pequeña puta? —le susurró Ohma al oído, mientras comenzaba a moverse con una fuerza que hacía crujir la estructura de la cama.

—¡Sí! ¡Me gusta! —gritó Setsuna, su voz quebrada—. ¡Más duro! ¡Rómpeme, Ohma! ¡Más rápido!

Ohma lo agarró por los pezones, tirando de ellos con crueldad mientras sus embestidas se volvían más erráticas y potentes. Cada golpe de su pelvis contra las nalgas de Setsuna sonaba como un aplauso sordo en la habitación silenciosa, solo interrumpido por los gemidos degradantes y las súplicas de Setsuna.

—Miren eso... —susurró Shion, sintiendo que el calor subía por sus propias mejillas—. Ohma es... realmente un animal.

—¡Esto es demasiado! ¡Deberíamos detenerlos! —dijo Yamashita, aunque sus pies estaban clavados al suelo.

En la pantalla, Ohma cambió la posición. Agarró a Setsuna por los brazos, inmovilizándolo contra el colchón mientras elevaba aún más su trasero. Las nalgadas empezaron a llover sobre la piel de Setsuna, dejando marcas rojas que contrastaban con su piel pálida. Con cada golpe, Ohma entraba más profundo, buscando el límite de la resistencia de Setsuna.

—No eres nada —le decía Ohma entre jadeos, su voz cargada de un dominio absoluto—. Eres solo un agujero para que yo me desahogue. ¿Lo entiendes?

—¡Lo soy! —chillaba Setsuna, con la cara hundida en la almohada—. ¡No soy nada sin ti! ¡Más fuerte, mi Dios! ¡Más fuerte!

El acto se volvió una danza de violencia y sumisión. Ohma no mostraba rastro de la compasión que a veces tenía en la arena; aquí, el "Asura" reclamaba su territorio de la forma más degradante posible. Setsuna recibía cada embestida, cada insulto y cada golpe como si fueran bendiciones divinas, su mente perdida en un espiral de masoquismo donde el dolor y el placer eran indistinguibles.

Finalmente, con un último empuje que hizo que Setsuna se arqueara violentamente, Ohma alcanzó el clímax, anclándose dentro de él mientras ambos colapsaban sobre la cama, empapados en sudor y fluidos.

Ohma se retiró con indiferencia, vistiéndose como si nada hubiera pasado, mientras Setsuna quedaba temblando, con la mirada perdida en el techo y una sonrisa de absoluta satisfacción.

—Mañana será lo mismo —dijo Ohma antes de salir—. No te acostumbres a que sea amable.

Setsuna solo pudo soltar una risa histérica y débil.

—Nunca... nunca lo seas...

En la sala de espionaje, el silencio era sepulcral. Tomoko apagó la pantalla, sus manos aún temblaban.

—Creo que... —comenzó Shion, tratando de recuperar la compostura—, hemos visto suficiente por hoy.

Yamashita solo pudo asentir, preguntándose cómo podría volver a mirar a Ohma a los ojos después de haber presenciado la oscuridad que el Asura guardaba para su más devoto y retorcido seguidor.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic