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Locura ponografica

Fandom: Kengan ashura

Creado: 1/4/2026

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Contrato de Sangre y Deseo

El aire en aquel estudio era denso, cargado con el olor a productos de limpieza baratos, maquillaje y el calor sofocante de los focos de alta intensidad. Ohma Tokita parpadeó, tratando de entender cómo demonios había terminado allí. Lo último que recordaba era a Yamashita-san hablando de una "oportunidad de patrocinio" única para financiar sus próximos entrenamientos. Pero al mirar a su alrededor, vio cámaras profesionales, sábanas de seda negra sobre un escritorio de roble y una iluminación que no tenía nada que ver con un ring de combate.

—¡Ohma! ¡Por aquí! —gritó Kaede, que parecía estar al borde de un colapso nervioso mientras sostenía una tabla portapapeles. A su lado, Tomoko y Shion observaban la escena con expresiones que oscilaban entre el morbo profesional y la pura diversión.

—Yamashita-san... ¿qué es esto? —preguntó Ohma, con su habitual tono plano, aunque una ceja se arqueó ligeramente.

Kazuo Yamashita sudaba a mares, limpiándose las gafas frenéticamente.

—Ohma-san... verá... el presupuesto de la Asociación Kengan está algo... ajustado. Shion-san sugirió esta productora y... bueno...

—Es cine para adultos, Ohma —intervino Raian Kure, apareciendo desde las sombras con el torso desnudo y una sonrisa depredadora—. Y paga mejor que cualquier paliza que le des a un novato.

Ohma se tensó al ver a Raian, pero su sorpresa aumentó cuando vio a la tercera persona en el set. Kiryu Setsuna estaba allí, luciendo un traje impecable que resaltaba su figura esbelta, con su cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros. Sus ojos brillaban con esa devoción insana que siempre reservaba para Ohma.

—Mi Dios... —susurró Setsuna, juntando las manos—. Participar en una obra de arte contigo... es más de lo que podría haber soñado.

—¡Silencio todos! —rugió el director desde detrás de las cámaras—. ¡Posiciones! Ohma, Raian, sentaos tras el escritorio. Setsuna, tú entras por esa puerta. La premisa es sencilla: entrevista para secretario. Sed agresivos. ¡Acción!

Ohma, sintiéndose extrañamente fuera de lugar pero decidido a terminar con esto, se sentó junto a Raian. El Kure se reclinó en la silla de cuero, cruzando los brazos y luciendo como un emperador cruel.

Setsuna entró en la habitación, fingiendo una timidez que no engañaba a nadie, pero que resultaba inquietantemente efectiva ante la cámara. Se detuvo frente al escritorio, apretando una carpeta contra su pecho.

—Buenos días —dijo Setsuna con voz suave—. Vengo por la vacante de secretario.

Raian soltó una carcajada ronca, una que prometía violencia.

—¿Secretario, eh? —Raian se inclinó hacia adelante, sus ojos negros fijos en el hombre frente a él—. ¿Y por qué querría un tipo como tú trabajar para nosotros?

Setsuna miró a Ohma, sus ojos recorriendo cada músculo del "Asura" con un hambre apenas contenida.

—Siempre he estado interesado en ser secretario —respondió Setsuna, su voz temblando ligeramente por la emoción—. Servir a hombres con poder... es mi mayor deseo.

Ohma, siguiendo el guion improvisado que Kaede le susurraba desde las sombras, entrecerró los ojos.

—¿Estás dispuesto a todo por tener el trabajo? —preguntó Ohma, su voz profunda resonando en el estudio.

Setsuna tragó saliva, sus mejillas tiñéndose de un rosa suave.

—Sí... a lo que sea.

—Entonces desnúdate —ordenó Raian de inmediato, sin un ápice de duda.

Setsuna se quedó helado por un segundo, sus ojos abriéndose de par en par.

—¿Qué? —preguntó, aunque su cuerpo ya empezaba a reaccionar a la orden.

—¿Quieres el trabajo o no? —replicó Ohma, cruzando los brazos sobre su pecho musculoso.

—Sí... lo quiero —respondió Setsuna.

Con manos temblorosas, Setsuna comenzó a desabotonar su camisa. Sus dedos largos se movían con una lentitud deliberada, revelando la piel pálida y los músculos definidos de su torso. Deslizó la prenda lentamente por sus hombros, dejándola caer al suelo.

—Más rápido —gruñó Raian, perdiendo la paciencia—. No tenemos todo el día.

Antes de que Setsuna pudiera reaccionar, Raian se levantó de un salto. Con la velocidad de un depredador, se acercó a él y, de un solo tirón violento, le bajó los pantalones y los bóxers al mismo tiempo.

Setsuna soltó un gemido de sorpresa, quedando completamente desnudo bajo la luz cruda de los focos. Su cuerpo era una obra de arte de cicatrices y músculos refinados, ahora expuesto a la mirada de los dos hombres y de las cámaras que lo captaban todo.

—Inclínate en el escritorio —ordenó Ohma, señalando la superficie de madera.

Setsuna dudó un instante, mirando a Ohma con una mezcla de sumisión y deseo ardiente. Lentamente, se dio la vuelta y se apoyó sobre el escritorio, ofreciendo su espalda y su retaguardia a los dos hombres.

¡ZAS!

Raian le propinó una nalgada tan fuerte que el sonido resonó en todo el estudio. Setsuna gritó, un gemido agudo que se quebró al final, mientras su piel se tornaba roja instantáneamente.

—¡Eso es! —gritó el director emocionado.

Raian no se detuvo. Agarró los pezones de Setsuna con fuerza, retorciéndolos, lo que provocó que el hombre de cabello oscuro arqueara la espalda, gimiendo con más fuerza, sus ojos empezando a empañarse por la mezcla de dolor y placer.

Ohma se levantó y se acercó a la cabeza de Setsuna. Se desabrochó el cinturón y liberó su miembro, que ya estaba rígido ante la intensidad de la escena.

—Empieza a chuparlo —ordenó Ohma con frialdad.

Setsuna no necesitó que se lo dijeran dos veces. Abrió la boca y comenzó a lamer la punta, antes de envolver sus labios alrededor del eje de Ohma. Sus ojos se cerraron, entregándose por completo al acto de adoración que siempre había deseado realizar.

Mientras tanto, Raian estaba detrás de él, soltando un gruñido animal. Sin previo aviso y sin ninguna preparación, el Kure se posicionó y empujó con violencia, penetrando a Setsuna de una sola estocada profunda.

—¡Aghhh! —Setsuna soltó un grito desgarrador, un gemido que se ahogó en la boca mientras seguía trabajando sobre Ohma. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas mientras el dolor inicial se transformaba en una oleada de placer abrumador que amenazaba con romper su cordura.

Raian no fue gentil. Sus embestidas eran brutales, como si estuviera en medio de una pelea en el torneo Kengan. Sus manos se hundían en las caderas de Setsuna, dejando marcas moradas.

Después de un rato, el director hizo una señal para cambiar de posición.

—¡Intercambio! —gritó Kaede, que estaba tan roja como un tomate, mientras Tomoko tomaba notas frenéticamente.

Ahora era Ohma quien penetraba a Setsuna desde atrás, con movimientos más rítmicos pero igual de poderosos, mientras Raian obligaba a Setsuna a arrodillarse frente a él, metiendo su miembro en la boca del hombre de cabello oscuro con una fuerza que lo hacía atragantarse.

Setsuna estaba en un estado de éxtasis absoluto. Entre los gemidos, los gritos ahogados y las lágrimas, sentía que finalmente estaba siendo "moldeado" por su Dios y por el demonio que lo acompañaba.

La escena alcanzó su clímax cuando Raian y Ohma decidieron tomarlo al mismo tiempo. Ohma lo penetraba por detrás mientras Raian, de frente, se abría paso entre las piernas de Setsuna, forzando una entrada doble que hizo que Setsuna perdiera la noción de dónde terminaba su cuerpo y dónde empezaban los de ellos.

El estudio estaba en silencio, salvo por el sonido de los cuerpos chocando, los jadeos pesados y los gemidos descontrolados de Setsuna. Finalmente, con un rugido de esfuerzo, tanto Ohma como Raian llegaron a su límite, eyaculando sobre el cuerpo musculoso y sudoroso de Setsuna, cubriéndolo por completo.

—Tienes el trabajo —dijo Raian, jadeando, con una sonrisa maliciosa.

—Corten —anunció el director, limpiándose el sudor de la frente—. Ha sido... increíble. Chicos, sois naturales.

Setsuna se quedó allí, temblando sobre el escritorio, tratando de recuperar el aliento. Shion y Tomoko se acercaron para ofrecerle una toalla, pero él simplemente se levantó con torpeza, con las piernas temblorosas, y caminó hacia los baños del estudio para limpiarse.

Ohma observó cómo se alejaba. El calor en su vientre no se había disipado con la eyaculación. Al contrario, ver a Setsuna tan quebrado, tan sumiso y tan entregado bajo las luces, había despertado algo en él que la coreografía de la porno no había logrado saciar del todo.

—Oye, Ohma, ¿a dónde vas? —preguntó Raian, ajustándose los pantalones—. Todavía tenemos que firmar los papeles del pago.

—Ahora vuelvo —dijo Ohma, su voz sonando más ronca de lo habitual.

Caminó hacia los baños y entró sin llamar. El lugar era pequeño, con azulejos blancos y un espejo empañado por el vapor de la ducha que Setsuna acababa de abrir.

Setsuna estaba de espaldas, tratando de quitarse el rastro del semen de Raian de sus hombros. Al escuchar la puerta, se giró, con los ojos muy abiertos.

—¿Ohma? ¿Pasa algo? El director dijo que...

Ohma no respondió con palabras. Cruzó la distancia en dos zancadas, agarró a Setsuna por el cuello y lo estampó contra la pared de azulejos fríos.

—Esa mierda de la película no fue suficiente —gruñó Ohma, sus ojos brillando con una intensidad que hizo que las rodillas de Setsuna flaquearan.

Setsuna soltó un jadeo, una sonrisa temblorosa apareciendo en sus labios.

—Ohma... mi Dios... ¿quieres más?

—Cállate —ordenó Ohma, silenciándolo con un beso violento que sabía a hierro y deseo acumulado.

No hubo cámaras esta vez. No hubo guiones ni directores gritando órdenes. Ohma forzó a Setsuna a girarse, presionando su rostro contra los azulejos húmedos. La diferencia de fuerza era absoluta. Ohma lo tomó con una ferocidad que superaba con creces lo que habían hecho frente a las cámaras.

Setsuna gritaba, pero esta vez no era por el guion. Era el sonido de alguien que finalmente obtenía lo que más deseaba en el mundo: la atención total y brutal del Asura.

—¡Ohma! ¡Más fuerte! ¡Rómpeme! —suplicaba Setsuna, sus uñas arañando la pared mientras Ohma lo embestía sin piedad, marcando su territorio en el cuerpo del otro hombre.

Afuera, en el set, Yamashita-san buscaba desesperadamente a sus luchadores.

—¿Alguien ha visto a Ohma-san? —preguntó, mirando a Kaede.

Kaede, que escuchaba los golpes rítmicos y los gritos que provenían del baño, simplemente suspiró y se cubrió la cara con las manos.

—Creo que están negociando un bono por horas extra, Yamashita-san —respondió Shion con una sonrisa cínica, encendiendo un cigarrillo—. Déjalos. Parece que finalmente han encontrado un lenguaje en el que ambos se entienden.

En el baño, entre el vapor y el sonido del agua corriendo, Ohma finalmente reclamó a Setsuna de una manera que ninguna película podría capturar jamás, dejando claro que, aunque el trabajo de secretario fuera una ficción, la dominación que ejercía sobre él era muy, muy real.
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