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Fandom: CORTIS
Creado: 4/4/2026
Etiquetas
RomanceDramaAngustiaRecortes de VidaEstudio de PersonajeHistoria DomésticaMpreg
Ecos de lo Innombrable
La relación entre James y Juhoon se había convertido en un ecosistema privado, un mundo con sus propias leyes de gravedad donde los demás miembros de CORTIS solo eran satélites lejanos. Ya no se trataba únicamente de la protección física o del silencio compartido en la habitación; era una atmósfera densa que se instalaba entre ellos cada vez que sus miradas se cruzaban en un ensayo o cuando sus hombros se rozaban "accidentalmente" en la furgoneta. Juhoon sentía que su percepción de James se había transformado de forma irreversible. El respeto que sentía por el mayor se había teñido de una admiración que le quemaba por dentro, una necesidad constante de buscar su aprobación, de sentir su cercanía. James, por su parte, se había vuelto aún más observador, pero sus ojos ya no analizaban el entorno para proteger a Juhoon del mundo, sino que se perdían en los detalles del menor: la forma en que mordía su labio cuando estaba nervioso, la elegancia de su cuello, o la suavidad de su risa contenida.
Era un sábado por la noche y el dormitorio estaba inusualmente tranquilo. Martin, Seonghyeon y Keonho habían salido a celebrar el cumpleaños de un amigo trainee de otra compañía, dejando a los dos mayores solos. El silencio era una invitación peligrosa. Decidieron, en un intento de normalidad, ver una película en la sala de estar para relajarse de la semana de grabaciones.
—Puse una que recomendaron en el foro de cine —dijo James, acomodándose en el sofá con una manta ligera—. Dicen que es un drama psicológico europeo, algo profundo.
—Me parece bien, hyung —respondió Juhoon, sentándose a una distancia prudente, aunque su cuerpo gritaba por acortar ese espacio—. Necesito algo que me haga pensar en otra cosa que no sea la coreografía de "Nova".
La película comenzó con paisajes fríos y diálogos pausados. Sin embargo, a medida que la trama avanzaba, la tensión emocional de los protagonistas se desbordó. Lo que empezó como un drama intelectual giró bruscamente hacia una intimidad cruda y explícita. De pronto, la pantalla se llenó de cuerpos entrelazados, de suspiros pesados y de una sensualidad que no dejaba nada a la imaginación.
El aire en la sala pareció agotarse de golpe.
Juhoon sintió cómo la sangre subía en una marea abrasadora por su cuello hasta teñir sus mejillas de un rojo intenso. Sus manos, apoyadas sobre sus muslos, empezaron a temblar ligeramente. Nunca había visto algo así en compañía de nadie, y mucho menos con James. Intentó desviar la mirada hacia sus propios pies, pero el sonido de la televisión —los jadeos rítmicos y el roce de la piel— era imposible de ignorar.
James, que usualmente mantenía una máscara de hierro, estaba rígido. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el control remoto. Tras unos minutos que parecieron horas, donde el erotismo de la escena alcanzó su punto álgido, James reaccionó. Con un movimiento brusco, apagó la televisión.
La oscuridad de la sala, solo interrumpida por la luz de la ciudad que se filtraba por el ventanal, se volvió asfixiante. Ninguno de los dos se movió. El silencio tras el ruido de la película era ensordecedor, cargado de una electricidad que hacía que los vellos de los brazos de Juhoon se erizaran.
Lentamente, James giró la cabeza hacia Juhoon. El menor también lo miró, incapaz de contener la curiosidad y el deseo que empezaban a brotar de su pecho.
—Eso fue... inesperado —murmuró James. Su voz no era la habitual; estaba rota, cargada de una vibración baja que hizo que Juhoon se estremeciera.
—Sí... —respondió Juhoon en un hilo de voz—. No sabía que sería así.
En la penumbra, los ojos de James brillaban con una intensidad depredadora y dulce a la vez. No se alejó; al contrario, se inclinó hacia Juhoon, invadiendo ese espacio personal que ambos habían respetado con tanto cuidado hasta ahora. Juhoon no retrocedió. Su respiración se había vuelto agitada, superficial, y su corazón golpeaba contra sus costillas con tal fuerza que temía que James pudiera escucharlo.
Por primera vez en su vida, Juhoon sintió una reacción fisiológica que lo dejó desconcertado y aterrado. En su entrepierna, esa parte de su cuerpo que siempre había visto con conflicto y timidez, comenzó a brotar una sensación de calor punzante, una plenitud desconocida que le recordaba su naturaleza única pero que, en ese momento, se sentía simplemente como deseo puro. Sus muslos se tensaron y un pequeño gemido ahogado quedó atrapado en su garganta. Sabía lo que era, lo había leído, pero experimentarlo bajo la mirada de James era algo que lo hacía sentir al borde del colapso.
James, observando el rostro desencajado y hermoso de Juhoon, sintió que su propio autocontrol se desmoronaba. La cercanía de Juhoon, el olor a su jabón y el calor que desprendía su cuerpo joven, provocaron en James una reacción inmediata. Sintió cómo sus pantalones se volvían incómodamente estrechos, una urgencia masculina que lo avergonzó pero que no pudo reprimir. Sus ojos bajaron a los labios entreabiertos de Juhoon, que brillaban bajo la tenue luz.
—Juhoon... —susurró James, y su mano se alzó, rozando la mejilla del menor con el dorso de los dedos.
—Hyung... me siento extraño —confesó Juhoon, cerrando los ojos ante el contacto. El roce de James era como fuego sobre hielo—. Siento que... que me quema todo.
—A mí también —admitió James, acortando la distancia hasta que sus frentes se tocaron.
El mundo se redujo a ese contacto. James podía sentir el aliento cálido de Juhoon contra su boca. Sus manos bajaron hasta la cintura de Juhoon, atrayéndolo un poco más, rompiendo la última barrera física. El contacto de sus cuerpos, incluso a través de la ropa, fue una explosión. Juhoon soltó un suspiro trémulo, apoyando sus manos en los hombros de James, aferrándose a él como si fuera su único ancla en medio de una tormenta.
James estaba maravillado. La belleza de Juhoon en ese estado de vulnerabilidad y deseo era algo que superaba cualquier cosa que hubiera analizado antes. Quería besarlo, quería explorar cada rincón de ese cuerpo que había jurado proteger, quería entender cada secreto de su piel. Sus labios estaban a milímetros de los de Juhoon, podía sentir el calor que emanaban, la invitación silenciosa.
Juhoon humedeció sus labios, esperando el contacto final. Su mente estaba nublada, sus sentidos enfocados únicamente en la presión de las manos de James sobre su cadera y en la promesa de ese beso que cambiaría sus vidas para siempre.
De repente, el sonido estridente de una llave girando en la cerradura principal rompió el hechizo.
—¡Llegamos! ¡Keonho casi se cae en el ascensor porque Martin lo hizo dar vueltas! —La voz chillona y alegre de Seonghyeon resonó desde el pasillo, seguida de las risas estrepitosas de los demás.
El impacto de la realidad fue como un balde de agua fría.
James y Juhoon se separaron de un salto, como si hubieran recibido una descarga eléctrica. James se pasó una mano por el cabello, tratando desesperadamente de recuperar su compostura y de ocultar la evidencia de su excitación bajo la manta que todavía colgaba de sus piernas. Juhoon se giró hacia el otro lado, cubriéndose el rostro con las manos, intentando calmar su respiración errática y el rubor que parecía no querer abandonar su piel.
—¡Oigan! ¿Por qué están a oscuras? —preguntó Martin, entrando a la sala y encendiendo la luz principal sin piedad.
La luz blanca cegadora los obligó a parpadear. Martin, Keonho y Seonghyeon entraron con bolsas de comida y una energía caótica que contrastaba violentamente con la tensión sexual que todavía flotaba en el aire.
—Estábamos... viendo una película y nos quedamos medio dormidos —dijo James con una voz sorprendentemente estable, aunque sus ojos todavía tenían un brillo salvaje que no logaba ocultar del todo tras sus lentes.
—Sí, una película muy aburrida —añadió Juhoon, sin atreverse a mirar a nadie a los ojos, manteniendo sus manos en los bolsillos de su sudadera para ocultar su propio temblor.
—¡Vaya caras tienen! —rio Keonho, acercándose a Juhoon para darle un empujón juguetón—. Parece que hubieran visto un fantasma. ¿Seguro que no era de terror?
—Algo así, Keonho. Algo así —respondió James, levantándose con cuidado y caminando hacia la cocina para servirse un vaso de agua, necesitando el frío del cristal para aterrizar sus sentidos.
Juhoon se quedó sentado un momento más, sintiendo el eco de las manos de James en su cintura. El deseo seguía allí, latente, una corriente subterránea que ahora sabía que era mutua. Miró hacia la cocina y vio la espalda de James, tensa y poderosa.
Esa noche, cuando finalmente regresaron a su habitación compartida, el silencio ya no era de protección, sino de una confesión muda. No se dijeron nada. No se besaron. Pero mientras Juhoon se acostaba y sentía la mirada de James sobre él desde la otra cama, supo que el vínculo se había transformado en algo que las palabras no podrían contener por mucho tiempo. La percepción de James como un hermano mayor había muerto definitivamente esa noche en el sofá, reemplazada por una verdad mucho más intensa y perturbadora: se deseaban, y ese deseo era tan real y biológico como el secreto que Juhoon llevaba en su cuerpo.
A la mañana siguiente, el sol se filtraba por las cortinas de la habitación compartida con una insistencia casi cruel. Juhoon abrió los ojos y lo primero que vio fue la silueta de James, ya despierto, sentado en el borde de su propia cama. El mayor estaba de espaldas, con los hombros caídos y la cabeza gacha, sosteniendo sus lentes en una mano. El silencio que los envolvía era diferente al de las noches anteriores; ya no era el silencio cómodo de dos personas que se conocen bien, sino uno cargado de preguntas sin respuesta y de una conciencia aguda de lo que casi había sucedido.
Juhoon se incorporó lentamente, sintiendo el roce de las sábanas contra su piel, una sensación que ahora le recordaba la presión de las manos de James. Su cuerpo aún conservaba el eco de la agitación de la noche anterior.
—¿Hyung? —susurró Juhoon, su voz apenas un roce en el aire matutino.
James se tensó visiblemente, pero no se giró de inmediato. Se puso los lentes con un movimiento lento y deliberado antes de mirar por encima del hombro. Sus ojos estaban cansados, como si no hubiera dormido en toda la noche, pero la intensidad que Juhoon había visto en el sofá seguía allí, enterrada justo bajo la superficie de su habitual calma.
—Buenos días, Jju —dijo James. El uso del apodo, que normalmente sonaba cariñoso y protector, esta vez tenía un matiz de vulnerabilidad que hizo que el corazón de Juhoon diera un vuelco.
—¿Dormiste algo? —preguntó Juhoon, sentándose en el borde de su cama, imitando la postura de James. Ahora estaban frente a frente, separados solo por el estrecho pasillo entre sus camas.
James soltó una risa seca, sin rastro de humor.
—No mucho. Mi mente no dejaba de dar vueltas a... a la película. Y a lo que pasó después.
Juhoon bajó la mirada, jugueteando con el borde de su manta. El recuerdo de su propia reacción física, esa plenitud punzante y el calor que lo había invadido, lo hizo sonrojar de nuevo. Sabía que James lo había notado. James siempre lo notaba todo.
—Yo tampoco pude dormir —confesó Juhoon en voz baja—. Nunca me había sentido así, hyung. Fue... aterrador. Pero al mismo tiempo...
—¿Al mismo tiempo qué? —James se inclinó hacia adelante, su mirada fija en el rostro de Juhoon, como si estuviera tratando de leer sus pensamientos más profundos.
—Al mismo tiempo, no quería que se detuviera —terminó Juhoon, reuniendo el valor para mirar a James directamente a los ojos.
El aire entre ellos volvió a cargarse de esa electricidad estática. James extendió una mano, como si fuera a tocarlo de nuevo, pero se detuvo a medio camino y la dejó caer sobre su propio muslo.
—Juhoon, sabes que esto cambia las cosas, ¿verdad? —La voz de James era seria, casi profesional, pero sus ojos lo traicionaban—. Somos compañeros de grupo. Somos CORTIS. Si los demás se enteran, si la compañía se entera...
—Lo sé —interrumpió Juhoon, su voz ganando firmeza—. Pero no puedo ignorarlo. No puedo volver a verte solo como mi hyung protector. No después de anoche.
James suspiró y se pasó una mano por el cabello castaño, despeinándolo un poco.
—Yo tampoco. Llevo tiempo intentando convencerme de que lo que siento por ti es solo instinto de protección, que mi deber es cuidarte porque eres... especial. Pero anoche me di cuenta de que soy un mentiroso. Lo que siento por ti no tiene nada de fraternal.
Juhoon sintió una mezcla de alivio y temor. Escuchar a James admitirlo hacía que todo fuera real, que ya no hubiera vuelta atrás.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Juhoon.
—Por ahora, tenemos que ser cuidadosos —dijo James, levantándose y caminando hacia la cama de Juhoon. Se sentó a su lado, lo suficientemente cerca como para que sus muslos se rozaran—. Los chicos ya sospechan que algo pasa. Las bromas de Keonho no son por nada. Tenemos que mantener las distancias en público, en los ensayos, en las grabaciones.
Juhoon asintió, aunque la idea de alejarse de James le dolía físicamente.
—Pero aquí... —continuó James, bajando la voz hasta convertirla en un susurro íntimo—, en nuestra habitación, cuando estemos solos... ya no habrá más mentiras.
James extendió la mano de nuevo, y esta vez no se detuvo. Sus dedos rozaron la barbilla de Juhoon, elevando su rostro hasta que sus miradas se encontraron de nuevo.
—¿Estás seguro de esto, Jju? Una vez que crucemos esa línea, no hay forma de volver atrás. Y tu situación... tu cuerpo... todo es más complicado para ti.
Juhoon tomó la mano de James entre las suyas, maravillado por la diferencia de tamaño y la fuerza que emanaba de ellas.
—Estoy seguro, hyung. Mi cuerpo puede ser diferente, pero mis sentimientos no lo son. Te quiero cerca. Te deseo.
James cerró los ojos por un momento, como si estuviera tratando de procesar la confesión de Juhoon. Cuando los abrió, había una determinación férrea en ellos. Sin decir una palabra más, se inclinó y presionó sus labios contra la frente de Juhoon en un beso largo y tierno.
—Entonces te protegeré de una forma diferente a partir de ahora —prometió James contra su piel—. No solo del mundo, sino también de nosotros mismos si es necesario.
Ese día, durante el ensayo de la coreografía de "Nova", la tensión entre ellos era palpable, aunque intentaran ocultarla. Cada vez que sus cuerpos se cruzaban en la formación, cada vez que James tenía que guiar a Juhoon en un movimiento, el contacto se sentía como una quemadura. Los demás miembros de CORTIS intercambiaban miradas cómplices, pero nadie se atrevía a decir nada. James y Juhoon se movían en su propio ecosistema, un mundo privado que acababa de expandirse para incluir una verdad que ya no podían, ni querían, ignorar.
La noche volvió a caer sobre el dormitorio, y con ella, el regreso de Martin, Seonghyeon y Keonho. La cena transcurrió entre risas y anécdotas del cumpleaños del día anterior, pero Juhoon apenas podía concentrarse en la conversación. Su mente estaba en la habitación, en el silencio que los esperaba a él y a James tras la puerta cerrada.
Cuando finalmente llegó el momento de irse a dormir, James fue el último en entrar. Cerró la puerta con un clic suave y se quedó allí un momento, observando a Juhoon, que ya estaba en su cama.
—Buenas noches, chicos —dijo Martin desde su cama, ya medio dormido.
—Buenas noches —respondieron James y Juhoon al unísono.
James se cambió de ropa en silencio, sus movimientos fluidos y seguros. Juhoon lo observaba desde la penumbra, sintiendo de nuevo ese calor punzante en su entrepierna, esa plenitud que ahora asociaba irremediablemente con el hombre que dormía a solo unos pasos de él.
Cuando James finalmente se acostó, no apagó la pequeña lámpara de noche de inmediato. Se giró hacia Juhoon y le dedicó una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero cargada de una promesa que hizo que Juhoon se sintiera, por primera vez en mucho tiempo, completamente en casa. El secreto de su cuerpo seguía allí, pero ahora ya no era una carga que debía llevar solo. James estaba con él, y juntos, estaban a punto de descubrir un mundo de sensaciones que ninguno de los dos había imaginado posible.
Era un sábado por la noche y el dormitorio estaba inusualmente tranquilo. Martin, Seonghyeon y Keonho habían salido a celebrar el cumpleaños de un amigo trainee de otra compañía, dejando a los dos mayores solos. El silencio era una invitación peligrosa. Decidieron, en un intento de normalidad, ver una película en la sala de estar para relajarse de la semana de grabaciones.
—Puse una que recomendaron en el foro de cine —dijo James, acomodándose en el sofá con una manta ligera—. Dicen que es un drama psicológico europeo, algo profundo.
—Me parece bien, hyung —respondió Juhoon, sentándose a una distancia prudente, aunque su cuerpo gritaba por acortar ese espacio—. Necesito algo que me haga pensar en otra cosa que no sea la coreografía de "Nova".
La película comenzó con paisajes fríos y diálogos pausados. Sin embargo, a medida que la trama avanzaba, la tensión emocional de los protagonistas se desbordó. Lo que empezó como un drama intelectual giró bruscamente hacia una intimidad cruda y explícita. De pronto, la pantalla se llenó de cuerpos entrelazados, de suspiros pesados y de una sensualidad que no dejaba nada a la imaginación.
El aire en la sala pareció agotarse de golpe.
Juhoon sintió cómo la sangre subía en una marea abrasadora por su cuello hasta teñir sus mejillas de un rojo intenso. Sus manos, apoyadas sobre sus muslos, empezaron a temblar ligeramente. Nunca había visto algo así en compañía de nadie, y mucho menos con James. Intentó desviar la mirada hacia sus propios pies, pero el sonido de la televisión —los jadeos rítmicos y el roce de la piel— era imposible de ignorar.
James, que usualmente mantenía una máscara de hierro, estaba rígido. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el control remoto. Tras unos minutos que parecieron horas, donde el erotismo de la escena alcanzó su punto álgido, James reaccionó. Con un movimiento brusco, apagó la televisión.
La oscuridad de la sala, solo interrumpida por la luz de la ciudad que se filtraba por el ventanal, se volvió asfixiante. Ninguno de los dos se movió. El silencio tras el ruido de la película era ensordecedor, cargado de una electricidad que hacía que los vellos de los brazos de Juhoon se erizaran.
Lentamente, James giró la cabeza hacia Juhoon. El menor también lo miró, incapaz de contener la curiosidad y el deseo que empezaban a brotar de su pecho.
—Eso fue... inesperado —murmuró James. Su voz no era la habitual; estaba rota, cargada de una vibración baja que hizo que Juhoon se estremeciera.
—Sí... —respondió Juhoon en un hilo de voz—. No sabía que sería así.
En la penumbra, los ojos de James brillaban con una intensidad depredadora y dulce a la vez. No se alejó; al contrario, se inclinó hacia Juhoon, invadiendo ese espacio personal que ambos habían respetado con tanto cuidado hasta ahora. Juhoon no retrocedió. Su respiración se había vuelto agitada, superficial, y su corazón golpeaba contra sus costillas con tal fuerza que temía que James pudiera escucharlo.
Por primera vez en su vida, Juhoon sintió una reacción fisiológica que lo dejó desconcertado y aterrado. En su entrepierna, esa parte de su cuerpo que siempre había visto con conflicto y timidez, comenzó a brotar una sensación de calor punzante, una plenitud desconocida que le recordaba su naturaleza única pero que, en ese momento, se sentía simplemente como deseo puro. Sus muslos se tensaron y un pequeño gemido ahogado quedó atrapado en su garganta. Sabía lo que era, lo había leído, pero experimentarlo bajo la mirada de James era algo que lo hacía sentir al borde del colapso.
James, observando el rostro desencajado y hermoso de Juhoon, sintió que su propio autocontrol se desmoronaba. La cercanía de Juhoon, el olor a su jabón y el calor que desprendía su cuerpo joven, provocaron en James una reacción inmediata. Sintió cómo sus pantalones se volvían incómodamente estrechos, una urgencia masculina que lo avergonzó pero que no pudo reprimir. Sus ojos bajaron a los labios entreabiertos de Juhoon, que brillaban bajo la tenue luz.
—Juhoon... —susurró James, y su mano se alzó, rozando la mejilla del menor con el dorso de los dedos.
—Hyung... me siento extraño —confesó Juhoon, cerrando los ojos ante el contacto. El roce de James era como fuego sobre hielo—. Siento que... que me quema todo.
—A mí también —admitió James, acortando la distancia hasta que sus frentes se tocaron.
El mundo se redujo a ese contacto. James podía sentir el aliento cálido de Juhoon contra su boca. Sus manos bajaron hasta la cintura de Juhoon, atrayéndolo un poco más, rompiendo la última barrera física. El contacto de sus cuerpos, incluso a través de la ropa, fue una explosión. Juhoon soltó un suspiro trémulo, apoyando sus manos en los hombros de James, aferrándose a él como si fuera su único ancla en medio de una tormenta.
James estaba maravillado. La belleza de Juhoon en ese estado de vulnerabilidad y deseo era algo que superaba cualquier cosa que hubiera analizado antes. Quería besarlo, quería explorar cada rincón de ese cuerpo que había jurado proteger, quería entender cada secreto de su piel. Sus labios estaban a milímetros de los de Juhoon, podía sentir el calor que emanaban, la invitación silenciosa.
Juhoon humedeció sus labios, esperando el contacto final. Su mente estaba nublada, sus sentidos enfocados únicamente en la presión de las manos de James sobre su cadera y en la promesa de ese beso que cambiaría sus vidas para siempre.
De repente, el sonido estridente de una llave girando en la cerradura principal rompió el hechizo.
—¡Llegamos! ¡Keonho casi se cae en el ascensor porque Martin lo hizo dar vueltas! —La voz chillona y alegre de Seonghyeon resonó desde el pasillo, seguida de las risas estrepitosas de los demás.
El impacto de la realidad fue como un balde de agua fría.
James y Juhoon se separaron de un salto, como si hubieran recibido una descarga eléctrica. James se pasó una mano por el cabello, tratando desesperadamente de recuperar su compostura y de ocultar la evidencia de su excitación bajo la manta que todavía colgaba de sus piernas. Juhoon se giró hacia el otro lado, cubriéndose el rostro con las manos, intentando calmar su respiración errática y el rubor que parecía no querer abandonar su piel.
—¡Oigan! ¿Por qué están a oscuras? —preguntó Martin, entrando a la sala y encendiendo la luz principal sin piedad.
La luz blanca cegadora los obligó a parpadear. Martin, Keonho y Seonghyeon entraron con bolsas de comida y una energía caótica que contrastaba violentamente con la tensión sexual que todavía flotaba en el aire.
—Estábamos... viendo una película y nos quedamos medio dormidos —dijo James con una voz sorprendentemente estable, aunque sus ojos todavía tenían un brillo salvaje que no logaba ocultar del todo tras sus lentes.
—Sí, una película muy aburrida —añadió Juhoon, sin atreverse a mirar a nadie a los ojos, manteniendo sus manos en los bolsillos de su sudadera para ocultar su propio temblor.
—¡Vaya caras tienen! —rio Keonho, acercándose a Juhoon para darle un empujón juguetón—. Parece que hubieran visto un fantasma. ¿Seguro que no era de terror?
—Algo así, Keonho. Algo así —respondió James, levantándose con cuidado y caminando hacia la cocina para servirse un vaso de agua, necesitando el frío del cristal para aterrizar sus sentidos.
Juhoon se quedó sentado un momento más, sintiendo el eco de las manos de James en su cintura. El deseo seguía allí, latente, una corriente subterránea que ahora sabía que era mutua. Miró hacia la cocina y vio la espalda de James, tensa y poderosa.
Esa noche, cuando finalmente regresaron a su habitación compartida, el silencio ya no era de protección, sino de una confesión muda. No se dijeron nada. No se besaron. Pero mientras Juhoon se acostaba y sentía la mirada de James sobre él desde la otra cama, supo que el vínculo se había transformado en algo que las palabras no podrían contener por mucho tiempo. La percepción de James como un hermano mayor había muerto definitivamente esa noche en el sofá, reemplazada por una verdad mucho más intensa y perturbadora: se deseaban, y ese deseo era tan real y biológico como el secreto que Juhoon llevaba en su cuerpo.
A la mañana siguiente, el sol se filtraba por las cortinas de la habitación compartida con una insistencia casi cruel. Juhoon abrió los ojos y lo primero que vio fue la silueta de James, ya despierto, sentado en el borde de su propia cama. El mayor estaba de espaldas, con los hombros caídos y la cabeza gacha, sosteniendo sus lentes en una mano. El silencio que los envolvía era diferente al de las noches anteriores; ya no era el silencio cómodo de dos personas que se conocen bien, sino uno cargado de preguntas sin respuesta y de una conciencia aguda de lo que casi había sucedido.
Juhoon se incorporó lentamente, sintiendo el roce de las sábanas contra su piel, una sensación que ahora le recordaba la presión de las manos de James. Su cuerpo aún conservaba el eco de la agitación de la noche anterior.
—¿Hyung? —susurró Juhoon, su voz apenas un roce en el aire matutino.
James se tensó visiblemente, pero no se giró de inmediato. Se puso los lentes con un movimiento lento y deliberado antes de mirar por encima del hombro. Sus ojos estaban cansados, como si no hubiera dormido en toda la noche, pero la intensidad que Juhoon había visto en el sofá seguía allí, enterrada justo bajo la superficie de su habitual calma.
—Buenos días, Jju —dijo James. El uso del apodo, que normalmente sonaba cariñoso y protector, esta vez tenía un matiz de vulnerabilidad que hizo que el corazón de Juhoon diera un vuelco.
—¿Dormiste algo? —preguntó Juhoon, sentándose en el borde de su cama, imitando la postura de James. Ahora estaban frente a frente, separados solo por el estrecho pasillo entre sus camas.
James soltó una risa seca, sin rastro de humor.
—No mucho. Mi mente no dejaba de dar vueltas a... a la película. Y a lo que pasó después.
Juhoon bajó la mirada, jugueteando con el borde de su manta. El recuerdo de su propia reacción física, esa plenitud punzante y el calor que lo había invadido, lo hizo sonrojar de nuevo. Sabía que James lo había notado. James siempre lo notaba todo.
—Yo tampoco pude dormir —confesó Juhoon en voz baja—. Nunca me había sentido así, hyung. Fue... aterrador. Pero al mismo tiempo...
—¿Al mismo tiempo qué? —James se inclinó hacia adelante, su mirada fija en el rostro de Juhoon, como si estuviera tratando de leer sus pensamientos más profundos.
—Al mismo tiempo, no quería que se detuviera —terminó Juhoon, reuniendo el valor para mirar a James directamente a los ojos.
El aire entre ellos volvió a cargarse de esa electricidad estática. James extendió una mano, como si fuera a tocarlo de nuevo, pero se detuvo a medio camino y la dejó caer sobre su propio muslo.
—Juhoon, sabes que esto cambia las cosas, ¿verdad? —La voz de James era seria, casi profesional, pero sus ojos lo traicionaban—. Somos compañeros de grupo. Somos CORTIS. Si los demás se enteran, si la compañía se entera...
—Lo sé —interrumpió Juhoon, su voz ganando firmeza—. Pero no puedo ignorarlo. No puedo volver a verte solo como mi hyung protector. No después de anoche.
James suspiró y se pasó una mano por el cabello castaño, despeinándolo un poco.
—Yo tampoco. Llevo tiempo intentando convencerme de que lo que siento por ti es solo instinto de protección, que mi deber es cuidarte porque eres... especial. Pero anoche me di cuenta de que soy un mentiroso. Lo que siento por ti no tiene nada de fraternal.
Juhoon sintió una mezcla de alivio y temor. Escuchar a James admitirlo hacía que todo fuera real, que ya no hubiera vuelta atrás.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Juhoon.
—Por ahora, tenemos que ser cuidadosos —dijo James, levantándose y caminando hacia la cama de Juhoon. Se sentó a su lado, lo suficientemente cerca como para que sus muslos se rozaran—. Los chicos ya sospechan que algo pasa. Las bromas de Keonho no son por nada. Tenemos que mantener las distancias en público, en los ensayos, en las grabaciones.
Juhoon asintió, aunque la idea de alejarse de James le dolía físicamente.
—Pero aquí... —continuó James, bajando la voz hasta convertirla en un susurro íntimo—, en nuestra habitación, cuando estemos solos... ya no habrá más mentiras.
James extendió la mano de nuevo, y esta vez no se detuvo. Sus dedos rozaron la barbilla de Juhoon, elevando su rostro hasta que sus miradas se encontraron de nuevo.
—¿Estás seguro de esto, Jju? Una vez que crucemos esa línea, no hay forma de volver atrás. Y tu situación... tu cuerpo... todo es más complicado para ti.
Juhoon tomó la mano de James entre las suyas, maravillado por la diferencia de tamaño y la fuerza que emanaba de ellas.
—Estoy seguro, hyung. Mi cuerpo puede ser diferente, pero mis sentimientos no lo son. Te quiero cerca. Te deseo.
James cerró los ojos por un momento, como si estuviera tratando de procesar la confesión de Juhoon. Cuando los abrió, había una determinación férrea en ellos. Sin decir una palabra más, se inclinó y presionó sus labios contra la frente de Juhoon en un beso largo y tierno.
—Entonces te protegeré de una forma diferente a partir de ahora —prometió James contra su piel—. No solo del mundo, sino también de nosotros mismos si es necesario.
Ese día, durante el ensayo de la coreografía de "Nova", la tensión entre ellos era palpable, aunque intentaran ocultarla. Cada vez que sus cuerpos se cruzaban en la formación, cada vez que James tenía que guiar a Juhoon en un movimiento, el contacto se sentía como una quemadura. Los demás miembros de CORTIS intercambiaban miradas cómplices, pero nadie se atrevía a decir nada. James y Juhoon se movían en su propio ecosistema, un mundo privado que acababa de expandirse para incluir una verdad que ya no podían, ni querían, ignorar.
La noche volvió a caer sobre el dormitorio, y con ella, el regreso de Martin, Seonghyeon y Keonho. La cena transcurrió entre risas y anécdotas del cumpleaños del día anterior, pero Juhoon apenas podía concentrarse en la conversación. Su mente estaba en la habitación, en el silencio que los esperaba a él y a James tras la puerta cerrada.
Cuando finalmente llegó el momento de irse a dormir, James fue el último en entrar. Cerró la puerta con un clic suave y se quedó allí un momento, observando a Juhoon, que ya estaba en su cama.
—Buenas noches, chicos —dijo Martin desde su cama, ya medio dormido.
—Buenas noches —respondieron James y Juhoon al unísono.
James se cambió de ropa en silencio, sus movimientos fluidos y seguros. Juhoon lo observaba desde la penumbra, sintiendo de nuevo ese calor punzante en su entrepierna, esa plenitud que ahora asociaba irremediablemente con el hombre que dormía a solo unos pasos de él.
Cuando James finalmente se acostó, no apagó la pequeña lámpara de noche de inmediato. Se giró hacia Juhoon y le dedicó una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero cargada de una promesa que hizo que Juhoon se sintiera, por primera vez en mucho tiempo, completamente en casa. El secreto de su cuerpo seguía allí, pero ahora ya no era una carga que debía llevar solo. James estaba con él, y juntos, estaban a punto de descubrir un mundo de sensaciones que ninguno de los dos había imaginado posible.
