Fanfy
.studio
Cargando...
Imagen de fondo

Naruto

Fandom: Naruto

Creado: 5/4/2026

Etiquetas

UA (Universo Alternativo)DramaPsicológicoOscuroTragediaThrillerCrimenLenguaje ExplícitoViolaciónOOC (Fuera de Personaje)
Índice

El Precio del Lujo y la Ambición de los Haruno

La oficina principal de la joyería "El Ojo del Remolino" olía a sándalo, cuero caro y al perfume embriagador que Mebuki Haruno ahora podía permitirse. Sentada tras el escritorio de caoba, la matriarca Haruno observaba su reflejo en un pequeño espejo de mano. Sus labios estaban ligeramente hinchados, un recordatorio constante de su visita matutina a la mansión Uzumaki, pero sus orejas y cuello estaban adornados con diamantes que valían más de lo que su esposo, Kizashi, ganaría en diez años de misiones de bajo rango.

La puerta de la oficina se abrió sin previo aviso. Naruto Uzumaki entró con la confianza de un rey que camina por sus propios dominios. Ya no era el niño hiperactivo de la academia; su presencia emanaba un poder gélido, acentuado por la elegancia de sus ropas oscuras y el brillo calculador de sus ojos azules.

—Veo que te has adaptado rápido a la opulencia, Mebuki —dijo Naruto, cerrando la puerta con pestillo tras de sí—. El brillo de esas joyas casi oculta la marca que te dejé en la clavícula esta mañana.

Mebuki se puso en pie de inmediato, su cuerpo reaccionando instintivamente a la presencia del joven. La falda de su conjunto profesional era tan corta que, al levantarse, apenas cubría lo esencial.

—Naruto-sama... no esperaba verte tan pronto —respondió ella, inclinando la cabeza en un gesto de sumisión que ya se había vuelto natural—. Las ventas han subido un veinte por ciento desde que implementé las nuevas políticas de "atención personalizada" que sugeriste.

Naruto se acercó al escritorio y se sentó en la silla que Mebuki acababa de desocupar, obligándola a ella a permanecer de pie frente a él como una subordinada.

—Me importa poco el dinero, Mebuki. Sabes que mis bóvedas están llenas —Naruto extendió una mano y rodeó la cintura de la mujer, tirando de ella hacia él—. Lo que me importa es el control. He visto cómo miras a las empleadas. ¿Ya les has dado las instrucciones pertinentes?

Mebuki asintió, sintiendo el calor de la mano de Naruto filtrándose a través de la seda de su blusa.

—Sí. Todas saben que este establecimiento es tu feudo personal. Saben que, si entras por esa puerta, sus cuerpos te pertenecen tanto como las joyas que custodian. Al principio hubo dudas, pero un pequeño bono en sus salarios y la amenaza de terminar en los burdeles del barrio rojo silenciaron cualquier queja. Ahora mismo, están ansiosas por complacerte.

Naruto soltó una carcajada seca y tiró de Mebuki hasta que ella cayó de rodillas entre sus piernas, el lugar que él consideraba su sitio legítimo.

—Eres una mujer inteligente. Sabes que la lealtad se compra con oro o con miedo, y tú has usado ambos —él le acarició el cabello con brusquedad—. Pero hablemos de lo que realmente me interesa. Sakura.

El cuerpo de Mebuki se tensó. Aunque había aceptado los términos en un arranque de ambición, escuchar el nombre de su hija de labios de Naruto siempre le provocaba un escalofrío.

—Ella... ella está sospechando, Naruto-sama —susurró Mebuki, mientras comenzaba a desabrochar los pantalones del rubio con dedos expertos—. Me vio llegar tarde la otra noche. Encontró... restos de nuestro encuentro en mi ropa interior. Es una ninja, sus sentidos son agudos.

—Deja que sospeche —sentenció Naruto, echando la cabeza hacia atrás mientras Mebuki comenzaba su labor oral para convencerlo de su valía—. El misterio solo hará que la caída sea más dulce. Quiero que empieces a prepararla. Háblale de mi generosidad, de cómo he salvado a la familia de la ruina. Haz que me vea como su único salvador.

Mebuki no respondió con palabras, su boca estaba demasiado ocupada cumpliendo las órdenes implícitas de su amo. Naruto la sujetó por la nuca, forzándola a ir más profundo, ignorando las lágrimas involuntarias que brotaban de los ojos de la mujer debido al reflejo de náusea. Para él, Mebuki no era más que un entrenamiento, un recipiente para vaciar su desprecio por una aldea que lo había ignorado durante años.

Minutos después, Naruto se recompuso, dejando a Mebuki jadeando en el suelo, con el rastro de su semilla marcando su rostro como una pintura de guerra.

—Límpiate —ordenó él, arrojándole un pañuelo de seda—. Y llama a la empleada nueva, la pelirroja de la recepción. Quiero ver si tu entrenamiento ha dado frutos.

Mebuki obedeció sin rechistar. Salió de la oficina con la cabeza alta, recomponiendo su máscara de frialdad. Al pasar por el salón principal, divisó a la joven empleada y le hizo una seña. La chica palideció, pero caminó hacia la oficina con pasos temblorosos, sabiendo exactamente lo que se esperaba de ella.

Esa tarde, Mebuki regresó a la casa Haruno. El ambiente era tenso. Kizashi estaba sentado en el comedor, revisando unos papeles de la academia, mientras Sakura ayudaba a poner la mesa.

—¡Mebuki! Llegas tarde otra vez —dijo Kizashi, levantándose para besar a su esposa. Ella desvió la mejilla sutilmente, evitando el contacto directo—. Estaba contándole a Sakura que Naruto-kun ha sido ascendido a una posición especial por el Hokage. Es increíble lo que ese chico ha logrado.

Mebuki forzó una sonrisa, sintiendo el leve escozor entre sus piernas y el peso de las joyas en su bolso.

—Sí, Kizashi. Naruto es... extraordinario. No tienes idea de cuánto le debemos.

Sakura, que había estado observando a su madre con ojos analíticos, dejó caer un plato sobre la mesa con un golpe seco.

—Mamá, hueles a él —soltó la joven pelirrosa, su voz temblando de una mezcla de confusión y rabia—. Hueles al perfume que Naruto usa en su mansión. Y esa falda... es nueva. ¿De dónde sacas tanto dinero, mamá? Papá dice que es por la joyería, pero yo sé que Naruto no regala nada por nada.

Kizashi soltó una risa nerviosa, rascándose la nuca.

—Oh, Sakura, no seas tonta. Naruto es un buen amigo. Simplemente está ayudando a tu madre porque confía en su capacidad para los negocios.

Mebuki miró a su esposo con una mezcla de lástima y desprecio. Kizashi era un hombre bueno, pero un mediocre. Su incapacidad para proveer los lujos que ella anhelaba era lo que la había empujado a los brazos de Naruto.

—Sakura, querida —dijo Mebuki, acercándose a su hija y poniéndole una mano en el hombro—, el mundo ninja es complicado. A veces, para asegurar el futuro de los que amamos, debemos hacer sacrificios que otros no entenderían. Naruto-sama es nuestro benefactor. Deberías mostrarle más respeto la próxima vez que lo veas. De hecho, ha pedido que vayas a su mansión mañana para "ayudarlo" con unos pergaminos de la academia.

—¿Mañana? Pero tengo entrenamiento con Kakashi-sensei —protestó Sakura, aunque en el fondo de sus ojos verdes empezaba a brillar una chispa de curiosidad peligrosa.

—He hablado con Kakashi. Tienes el día libre —mintió Mebuki con una fluidez aterradora—. Ve, Sakura. No hagas esperar a Naruto. Él tiene grandes planes para nosotras.

Esa noche, mientras Kizashi dormía el sueño de los inocentes y los ignorantes, Mebuki se quedó despierta en la oscuridad. Se tocó el cuello, donde Naruto la había mordido, y sintió una extraña satisfacción. Había vendido su alma y el futuro de su hija, pero al cerrar los ojos, no veía sombras, sino el brillo del oro y el poder.

A la mañana siguiente, Sakura caminaba hacia la mansión Uzumaki. Llevaba su traje de ninja habitual, pero se sentía extrañamente vulnerable. Al llegar a las grandes puertas de hierro, estas se abrieron solas, como si la casa misma la estuviera invitando a entrar.

En el vestíbulo, Naruto la esperaba. No llevaba su equipo de combate, sino una bata de seda negra que dejaba entrever su pecho marcado por el entrenamiento.

—Bienvenida, Sakura —dijo él, su voz resonando en el vacío del gran salón—. Tu madre me dijo que vendrías.

—Naruto... ¿qué está pasando realmente? —preguntó ella, dando un paso al frente—. Mi madre actúa raro, mi casa está llena de cosas caras y tú... tú ya no nos miras como antes.

Naruto se acercó a ella con pasos lentos y depredadores. Se detuvo a escasos centímetros, obligándola a mirar hacia arriba para encontrar sus ojos.

—Lo que pasa, Sakura, es que el mundo ha cambiado. Yo ya no soy el perdedor que buscaba tu atención, y tú ya no eres la niña que puede permitirse despreciarme. Tu madre entendió el nuevo orden muy rápido. Ella sabe que el apellido Haruno ahora me pertenece.

Naruto extendió una mano y le acarició la mejilla. Sakura quiso apartarse, pero su cuerpo se sintió pesado, atrapado por el aura de chakra opresiva que Naruto liberaba conscientemente.

—¿Sabes por qué te pedí que vinieras hoy? —susurró él al oído de la chica—. Porque tu madre es una excelente administradora, pero tú... tú eres el premio que ella me prometió para sellar el trato.

—¡Ella nunca haría eso! —gritó Sakura, aunque las imágenes de su madre llegando a casa desaliñada y con marcas de besos empezaron a encajar en su mente como piezas de un rompecabezas macabro.

—¿Quieres apostar? —Naruto sacó un pequeño pergamino de su bolsillo. Era el contrato de propiedad de la casa Haruno, firmado por Mebuki—. Ella me entregó todo, Sakura. Incluyéndote a ti. A cambio, ella vive como una reina y tu padre no tiene que preocuparse por las deudas nunca más.

Sakura sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. La imagen de su madre perfecta, la matriarca autoritaria, se transformó en la de una mujer que había vendido a su propia sangre por joyas y estatus.

—Ahora —dijo Naruto, agarrándola del mentón con fuerza—, tienes dos opciones. Puedes llorar y correr hacia tu padre, quien probablemente muera de un ataque al corazón cuando le cuente la verdad, o puedes aceptar tu lugar junto a tu madre. Ella ya me está esperando en la habitación de arriba. Ha venido a darte tu primera lección sobre cómo servir a un Uzumaki.

Naruto la guio escaleras arriba. Al entrar en el dormitorio principal, Sakura se quedó petrificada. Su madre, Mebuki, estaba allí, vestida solo con una lencería transparente que no dejaba nada a la imaginación, arrodillada al pie de la cama con una expresión de absoluta sumisión.

—Madre... —susurró Sakura, con la voz rota.

Mebuki levantó la vista. No había vergüenza en sus ojos, solo una determinación fría y ambiciosa.

—Haz lo que él diga, Sakura —dijo Mebuki con voz firme—. Es por el bien de la familia. Naruto-sama nos dará todo lo que siempre soñamos. Solo tienes que ser obediente.

Naruto se sentó en un sillón cercano, observando la escena con una sonrisa de triunfo.

—Ya la oíste, Sakura. Quítate esa armadura de ninja. A partir de hoy, tu único entrenamiento será aprender a complacerme. Mebuki, enséñale a tu hija cómo empezamos las mañanas aquí.

Mebuki se acercó a Sakura y, con manos expertas, comenzó a desatar el protector de la frente de su hija, el símbolo de su honor como ninja.

—No luches, hija —le susurró Mebuki al oído mientras le quitaba la chaqueta—. Es más fácil si te dejas llevar. Pronto verás que el poder que Naruto nos da vale cualquier precio.

Esa tarde, la mansión Uzumaki fue testigo del inicio de una nueva dinastía de servidumbre. Naruto no tuvo piedad. Usó a ambas mujeres, madre e hija, alternando entre la experiencia ambiciosa de Mebuki y la inocencia quebrada de Sakura. Las obligó a interactuar entre ellas, rompiendo cualquier lazo de respeto familiar y sustituyéndolo por una jerarquía de placer y dolor.

Cuando el sol comenzó a ponerse, Naruto se encontraba de pie en el balcón, observando la aldea. Tras él, en la habitación, las dos mujeres Haruno descansaban exhaustas, marcadas física y mentalmente por su voluntad.

Abajo, en las calles de Konoha, Kizashi Haruno caminaba hacia su casa, silbando una melodía alegre, pensando en la suerte que tenía su familia de tener a un amigo tan generoso como Naruto Uzumaki. No sabía que, en ese mismo momento, su esposa e hija estaban sellando su destino como las posesiones más preciadas del hombre al que él llamaba benefactor.

Naruto sonrió para sí mismo. El Kyubi en su interior rugió con una mezcla de desprecio y diversión. La venganza contra la aldea no vendría con fuego y destrucción, sino con la corrupción lenta y sistemática de sus pilares más queridos. Y los Haruno eran solo el comienzo.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic