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fanfic 4 B.W
Fandom: Euphoria
Creado: 5/4/2026
Etiquetas
CrossoverCiencia FicciónAcciónPsicológicoDramaCrimenThrillerSupervivenciaEstudio de PersonajeUA (Universo Alternativo)MisterioUso de DrogasViolencia Gráfica
El espectro de los sentidos
Benjamin Winchester se detuvo frente a las puertas dobles de la East Highland High School, sintiendo cómo el mundo se expandía ante él en una sinfonía de datos que nadie más podía escuchar. Tenía dieciséis años, la mandíbula marcada y una estructura ósea que recordaba a un joven Jensen Ackles, aunque su postura encorvada y su mirada huidiza ocultaban la simetría casi perfecta de su rostro. Su cabello, castaño y algo rebelde, caía sobre sus ojos mientras ajustaba las correas de su mochila.
Para cualquier observador, Ben era solo el chico nuevo, un huérfano que acababa de mudarse a la ciudad tras la trágica pérdida de sus padres, John y Diana. Pero dentro de su cráneo, la realidad era distinta. No necesitaba el NZT-48; su cerebro ya operaba a una frecuencia que desafiaba la biología humana.
Mientras caminaba por el pasillo, su mente procesó el entorno instantáneamente. Vio las partículas de polvo suspendidas en los rayos de sol, calculó la trayectoria de un balón de fútbol que volaba en el patio exterior basándose en la velocidad del viento, y sus ojos, de manera inconsciente, escanearon a las personas que pasaban a su lado.
Frente a él, un grupo de estudiantes bloqueaba el paso. Sus ojos se fijaron en un chico alto y de hombros anchos con una chaqueta de equipo.
**[Nate Jacobs]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Superior al Promedio (130 kg)
**Velocidad:** Humano Atlético (8.2 m/s)
**Inteligencia:** Brillante
**Inteligencia para Combate:** Aprendido
Ben desvió la mirada rápidamente. No quería problemas. Su timidez era una armadura, una forma de mantener el ruido del mundo a raya. Sin embargo, su sinestesia mejorada le hizo "ver" un rastro de olor a lavanda y vainilla que flotaba en el aire, una estela azulada que se entrelazaba con el aroma rancio de los casilleros metálicos. Siguió el rastro con la vista, casi por instinto, hasta que sus ojos se encontraron con ella.
Cassie Howard estaba de pie junto a su casillero, hablando con una chica de cabello oscuro y expresión aburrida. Cassie se veía radiante, pero Ben, con su análisis instantáneo, pudo notar la micro-expresión de inseguridad en la comisura de sus labios y la forma en que sus dedos jugueteaban nerviosamente con el borde de su falda.
**[Cassie Howard]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Promedio (52 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (5.8 m/s)
**Inteligencia:** Promedio
**Inteligencia para Combate:** Sin Noción
Ben sintió un vuelco en el estómago. Era una reacción química, adrenalina y dopamina, pero se sentía como un terremoto. Tropezó ligeramente con sus propios pies, maldiciendo su torpeza adolescente que contrastaba tan irónicamente con su capacidad de realizar multitareas complejas.
— Ten cuidado, chico nuevo —dijo una voz arrastrada.
Ben levantó la vista. Era Rue Bennett. Sus ojos estaban vidriosos y su postura era lánguida.
**[Rue Bennett]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Inferior al Promedio (45 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (6.1 m/s)
**Inteligencia:** Brillante
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
— Lo siento —susurró Ben, bajando la cabeza—. No... no estaba mirando por dónde iba.
— Nadie lo hace aquí —respondió Rue, encogiéndose de hombros antes de seguir de largo.
Ben se dirigió a su primera clase, pero su mente no estaba en el programa de estudios. Estaba procesando la estructura del edificio, memorizando cada salida de incendios y analizando las conversaciones fragmentadas que captaba su oído sobrehumano. Escuchó a dos profesores hablar en el fondo del pasillo sobre un aumento en la delincuencia en los barrios bajos, mencionando un nombre que hizo que sus instintos se erizaran: Wilson Fisk. El nombre resonó en su memoria perfecta, conectado a registros de archivos policiales que había leído "por accidente" en la biblioteca pública semanas atrás.
Al entrar al salón de clases, se sentó en la parte trasera. Sacó un cuaderno y, mientras el profesor hablaba, Ben comenzó a escribir. Con la mano derecha resolvía ecuaciones diferenciales de tercer grado, mientras que con la izquierda dibujaba un mapa detallado de la red de distribución de drogas que había deducido solo por observar los intercambios en las esquinas de la calle donde vivía.
— ¿Eres nuevo, verdad?
La voz lo sacó de su trance. Era Cassie. Se había sentado justo delante de él y se había girado para mirarlo. Ben sintió que su capacidad de procesamiento se ralentizaba por un segundo, abrumado por la proximidad.
— Sí... Benjamin Winchester —logró decir, su voz sonando un poco más firme de lo que esperaba gracias a su control sobre sus cuerdas vocales—. Me mudé hace un par de semanas.
— Soy Cassie. Es un nombre lindo, Winchester. Como los rifles o la serie de televisión —ella sonrió, y Ben notó que el brillo en sus ojos no llegaba del todo a ocultar una tristeza profunda.
— Más como los rifles, supongo —respondió él con un toque de sarcasmo seco—. Mi familia no tiene mucha magia, solo mala suerte.
Cassie soltó una pequeña risa, un sonido que Ben registró y guardó en su memoria de almacenamiento ilimitado como su archivo favorito.
— A mí me parece un nombre fuerte. ¿Qué estás escribiendo? Parece... complicado.
Ben cerró el cuaderno de golpe, su inseguridad volviendo a la superficie.
— Solo garabatos. Ayudan a mi cerebro a no estallar.
— Te entiendo —dijo ella en voz baja, su expresión volviéndose momentáneamente melancólica—. A veces desearía que el mío también tuviera un botón de apagado.
Antes de que Ben pudiera responder, el timbre sonó, rompiendo la burbuja. Cassie le dedicó una última sonrisa antes de levantarse y unirse a sus amigas. Ben se quedó sentado, observando cómo se alejaba. Su hipermente ya estaba calculando las probabilidades de que ella volviera a hablarle, analizando cada variable de su interacción.
Sin embargo, algo más captó su atención. A través de la ventana, en el estacionamiento, vio un coche negro de vidrios polarizados. Su absorción sensorial le permitió notar un detalle mínimo: un hombre en el asiento del pasajero limpiando un estilete con un pañuelo de seda. El hombre tenía un tatuaje en la muñeca, una marca que Ben reconoció instantáneamente como perteneciente a una organización de Hell's Kitchen.
"No es solo Euphoria", pensó Ben, sintiendo una punzada de ansiedad y, extrañamente, de emoción. "Este lugar es mucho más peligroso de lo que parece".
Después de las clases, Ben decidió caminar a casa en lugar de tomar el autobús. Necesitaba quemar energía mental. Mientras cruzaba un callejón para acortar camino hacia su modesto apartamento, su sinestesia le advirtió de un olor a metal y sudor rancio.
Se detuvo. Tres hombres estaban rodeando a un chico más joven que parecía estar tratando de vender algo que no le pertenecía.
— No deberías estar en este sector, pequeño —dijo uno de los hombres, sacando una navaja.
Ben sintió que su corazón se aceleraba. Su personalidad tímida le decía que corriera, pero sus instintos sobrehumanos y su hipercompetencia le dictaban algo diferente. Podía ver los vectores de ataque, la tensión en los músculos de los agresores y la falta de equilibrio en sus posturas.
— Dejadlo en paz —dijo Ben, dando un paso adelante. Su voz sonó tranquila, casi despreocupada, un efecto secundario de su carisma que empezaba a emerger.
Los hombres se rieron. El líder, un tipo con una cicatriz en la ceja, se acercó a Ben.
**[Matón de Sindicato]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Superior al Promedio (90 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (6.5 m/s)
**Inteligencia:** Baja
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
— ¿Y qué vas a hacer tú, carita de ángel? ¿Llamar a tu mami?
Ben suspiró. La ironía de la situación no se le escapaba. Él era virgen, introvertido y socialmente torpe, pero en ese momento, su cerebro estaba procesando la pelea antes de que comenzara.
— Mi madre está muerta —respondió Ben con una frialdad que lo sorprendió incluso a él—. Y según la forma en que apoyas tu peso en la pierna izquierda, tienes una lesión de menisco que te hará caer en exactamente tres segundos si intentas lanzarme un golpe.
El matón frunció el ceño y lanzó un puñetazo salvaje. Ben ni siquiera tuvo que pensar. Su destreza sobrehumana tomó el control. Se agachó con una elegancia fluida, permitiendo que el puño pasara a milímetros de su cabeza, y golpeó con precisión quirúrgica el nervio femoral del hombre.
El agresor cayó al suelo, gritando de dolor, tal como Ben había predicho. Los otros dos dudaron.
— Váyanse —ordenó Ben, proyectando una autoridad que emanaba de su control muscular perfecto—. O el próximo golpe no será para inmovilizar.
Los matones, intimidados por la extraña calma del adolescente, recogieron a su compañero y se retiraron rápidamente. El chico que estaba siendo acosado miró a Ben con asombro.
— Gracias, hombre. Eso fue... increíble. ¿Quién eres?
Ben volvió a su estado habitual, ajustándose las gafas imaginarias y mirando al suelo, sintiéndose repentinamente incómodo con la atención.
— Solo alguien que pasaba por aquí —murmuró—. Deberías irte a casa. No es seguro.
Mientras caminaba el resto del trayecto, Ben analizó sus propias manos. No habían temblado. Por primera vez en su vida, el caos de su mente había encontrado una salida útil. Pero sabía que esto era solo el principio. Había sentido una presencia observándolo desde las sombras de los edificios, alguien con una capacidad de sigilo que desafiaba sus sentidos actuales.
Al llegar a su apartamento, se desplomó en el sofá. La soledad de la casa era un recordatorio constante de lo que había perdido. Sus padres, John y Diana, habían sido personas sencillas que nunca entendieron realmente por qué su hijo podía leer libros de mil páginas en una hora o por qué sabía que iba a llover tres días antes de que cayera la primera gota.
Encendió la televisión. Las noticias hablaban de un nuevo artista callejero que estaba aterrorizando a los criminales de Nueva York, un tal "Muse" cuyas obras eran perturbadoramente realistas y hechas con sangre. Ben sintió un escalofrío. Su mente comenzó a conectar puntos: la llegada de sindicatos de la gran ciudad a East Highland, el vacío de poder y su propia posición en este tablero de ajedrez.
Cerró los ojos y, por un momento, se permitió soñar con una vida normal. Una vida donde pudiera invitar a Cassie Howard a salir sin calcular la tasa de éxito basada en su lenguaje corporal. Pero sabía que su destino estaba ligado a algo más grande.
— Mañana será un día largo —se dijo a sí mismo.
Su mente, incapaz de descansar, comenzó a repasar cada palabra que Cassie le había dicho. Analizó el tono de su voz, la frecuencia de sus parpadeos y la dilatación de sus pupilas. Había una conexión, una posibilidad. Pero también había peligro.
Ben se levantó y se dirigió al espejo del baño. Se miró fijamente. Aún no tenía la barba espesa de un soldado, pero sus ojos reflejaban una sabiduría y una carga que no pertenecían a un chico de dieciséis años.
— Fuerza: 65 kg —susurró, viendo sus propias estadísticas reflejadas en su mente como si estuviera leyendo una wiki—. Velocidad: 6.4 m/s. Inteligencia: Supergenio. Inteligencia para combate: Dotado.
Sonrió con amargura. Era un arma biológica atrapada en el cuerpo de un adolescente inseguro. Pero a medida que el mundo a su alrededor se volvía más oscuro, con mafias acechando y dramas escolares entrelazándose con conspiraciones criminales, Benjamin Winchester sabía que tendría que aprender a usar cada una de sus habilidades.
No por heroísmo, sino por supervivencia.
Esa noche, Ben soñó con colores que no existían y sonidos que tenían forma. Soñó con Cassie Howard bajo una lluvia de datos dorados, y con una sombra blanca que lo observaba desde un trono de huesos en una ciudad llamada Hell's Kitchen.
Cuando despertó, el sol apenas salía, pero Ben ya estaba listo. Había memorizado tres idiomas nuevos durante la noche y diseñado un plan de entrenamiento para aumentar su fuerza física. Si iba a sobrevivir en East Highland, necesitaba ser más que un genio. Necesitaba ser el depredador en la cima de la cadena alimenticia.
Salió de casa con el cuaderno bajo el brazo, listo para enfrentar otro día de clases. Al llegar a la escuela, vio a Cassie de nuevo. Ella lo saludó con la mano desde lejos. Ben sintió que su corazón latía a 72 pulsaciones por minuto, un ritmo perfecto.
— Hola, Cassie —dijo al acercarse, permitiendo que un poco de ese carisma sobrehumano se filtrara en su sonrisa.
— Hola, Ben. ¿Listo para el examen de historia? He oído que es imposible.
Ben soltó una risa suave, una que transmitía una confianza que ella no había visto el día anterior.
— Para algunos, tal vez. Pero creo que tengo una buena memoria para los detalles.
Mientras caminaban juntos hacia el salón, Ben notó a Nate Jacobs observándolos desde el final del pasillo. El análisis de Ben fue instantáneo: celos, posesividad y una pizca de curiosidad peligrosa.
El juego había comenzado. Y en un mundo de adictos, traficantes y adolescentes rotos, el chico que podía verlo todo era el que tenía más que perder. Pero también era el único capaz de cambiar las reglas.
Benjamin Winchester no era solo un estudiante nuevo. Era la variable que nadie había previsto en la ecuación de Euphoria. Y antes de que terminara el semestre, todos sabrían su nombre, ya fuera por amor, por miedo o por la asombrosa e implacable precisión de su mente.
Para cualquier observador, Ben era solo el chico nuevo, un huérfano que acababa de mudarse a la ciudad tras la trágica pérdida de sus padres, John y Diana. Pero dentro de su cráneo, la realidad era distinta. No necesitaba el NZT-48; su cerebro ya operaba a una frecuencia que desafiaba la biología humana.
Mientras caminaba por el pasillo, su mente procesó el entorno instantáneamente. Vio las partículas de polvo suspendidas en los rayos de sol, calculó la trayectoria de un balón de fútbol que volaba en el patio exterior basándose en la velocidad del viento, y sus ojos, de manera inconsciente, escanearon a las personas que pasaban a su lado.
Frente a él, un grupo de estudiantes bloqueaba el paso. Sus ojos se fijaron en un chico alto y de hombros anchos con una chaqueta de equipo.
**[Nate Jacobs]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Superior al Promedio (130 kg)
**Velocidad:** Humano Atlético (8.2 m/s)
**Inteligencia:** Brillante
**Inteligencia para Combate:** Aprendido
Ben desvió la mirada rápidamente. No quería problemas. Su timidez era una armadura, una forma de mantener el ruido del mundo a raya. Sin embargo, su sinestesia mejorada le hizo "ver" un rastro de olor a lavanda y vainilla que flotaba en el aire, una estela azulada que se entrelazaba con el aroma rancio de los casilleros metálicos. Siguió el rastro con la vista, casi por instinto, hasta que sus ojos se encontraron con ella.
Cassie Howard estaba de pie junto a su casillero, hablando con una chica de cabello oscuro y expresión aburrida. Cassie se veía radiante, pero Ben, con su análisis instantáneo, pudo notar la micro-expresión de inseguridad en la comisura de sus labios y la forma en que sus dedos jugueteaban nerviosamente con el borde de su falda.
**[Cassie Howard]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Promedio (52 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (5.8 m/s)
**Inteligencia:** Promedio
**Inteligencia para Combate:** Sin Noción
Ben sintió un vuelco en el estómago. Era una reacción química, adrenalina y dopamina, pero se sentía como un terremoto. Tropezó ligeramente con sus propios pies, maldiciendo su torpeza adolescente que contrastaba tan irónicamente con su capacidad de realizar multitareas complejas.
— Ten cuidado, chico nuevo —dijo una voz arrastrada.
Ben levantó la vista. Era Rue Bennett. Sus ojos estaban vidriosos y su postura era lánguida.
**[Rue Bennett]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Inferior al Promedio (45 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (6.1 m/s)
**Inteligencia:** Brillante
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
— Lo siento —susurró Ben, bajando la cabeza—. No... no estaba mirando por dónde iba.
— Nadie lo hace aquí —respondió Rue, encogiéndose de hombros antes de seguir de largo.
Ben se dirigió a su primera clase, pero su mente no estaba en el programa de estudios. Estaba procesando la estructura del edificio, memorizando cada salida de incendios y analizando las conversaciones fragmentadas que captaba su oído sobrehumano. Escuchó a dos profesores hablar en el fondo del pasillo sobre un aumento en la delincuencia en los barrios bajos, mencionando un nombre que hizo que sus instintos se erizaran: Wilson Fisk. El nombre resonó en su memoria perfecta, conectado a registros de archivos policiales que había leído "por accidente" en la biblioteca pública semanas atrás.
Al entrar al salón de clases, se sentó en la parte trasera. Sacó un cuaderno y, mientras el profesor hablaba, Ben comenzó a escribir. Con la mano derecha resolvía ecuaciones diferenciales de tercer grado, mientras que con la izquierda dibujaba un mapa detallado de la red de distribución de drogas que había deducido solo por observar los intercambios en las esquinas de la calle donde vivía.
— ¿Eres nuevo, verdad?
La voz lo sacó de su trance. Era Cassie. Se había sentado justo delante de él y se había girado para mirarlo. Ben sintió que su capacidad de procesamiento se ralentizaba por un segundo, abrumado por la proximidad.
— Sí... Benjamin Winchester —logró decir, su voz sonando un poco más firme de lo que esperaba gracias a su control sobre sus cuerdas vocales—. Me mudé hace un par de semanas.
— Soy Cassie. Es un nombre lindo, Winchester. Como los rifles o la serie de televisión —ella sonrió, y Ben notó que el brillo en sus ojos no llegaba del todo a ocultar una tristeza profunda.
— Más como los rifles, supongo —respondió él con un toque de sarcasmo seco—. Mi familia no tiene mucha magia, solo mala suerte.
Cassie soltó una pequeña risa, un sonido que Ben registró y guardó en su memoria de almacenamiento ilimitado como su archivo favorito.
— A mí me parece un nombre fuerte. ¿Qué estás escribiendo? Parece... complicado.
Ben cerró el cuaderno de golpe, su inseguridad volviendo a la superficie.
— Solo garabatos. Ayudan a mi cerebro a no estallar.
— Te entiendo —dijo ella en voz baja, su expresión volviéndose momentáneamente melancólica—. A veces desearía que el mío también tuviera un botón de apagado.
Antes de que Ben pudiera responder, el timbre sonó, rompiendo la burbuja. Cassie le dedicó una última sonrisa antes de levantarse y unirse a sus amigas. Ben se quedó sentado, observando cómo se alejaba. Su hipermente ya estaba calculando las probabilidades de que ella volviera a hablarle, analizando cada variable de su interacción.
Sin embargo, algo más captó su atención. A través de la ventana, en el estacionamiento, vio un coche negro de vidrios polarizados. Su absorción sensorial le permitió notar un detalle mínimo: un hombre en el asiento del pasajero limpiando un estilete con un pañuelo de seda. El hombre tenía un tatuaje en la muñeca, una marca que Ben reconoció instantáneamente como perteneciente a una organización de Hell's Kitchen.
"No es solo Euphoria", pensó Ben, sintiendo una punzada de ansiedad y, extrañamente, de emoción. "Este lugar es mucho más peligroso de lo que parece".
Después de las clases, Ben decidió caminar a casa en lugar de tomar el autobús. Necesitaba quemar energía mental. Mientras cruzaba un callejón para acortar camino hacia su modesto apartamento, su sinestesia le advirtió de un olor a metal y sudor rancio.
Se detuvo. Tres hombres estaban rodeando a un chico más joven que parecía estar tratando de vender algo que no le pertenecía.
— No deberías estar en este sector, pequeño —dijo uno de los hombres, sacando una navaja.
Ben sintió que su corazón se aceleraba. Su personalidad tímida le decía que corriera, pero sus instintos sobrehumanos y su hipercompetencia le dictaban algo diferente. Podía ver los vectores de ataque, la tensión en los músculos de los agresores y la falta de equilibrio en sus posturas.
— Dejadlo en paz —dijo Ben, dando un paso adelante. Su voz sonó tranquila, casi despreocupada, un efecto secundario de su carisma que empezaba a emerger.
Los hombres se rieron. El líder, un tipo con una cicatriz en la ceja, se acercó a Ben.
**[Matón de Sindicato]**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Superior al Promedio (90 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (6.5 m/s)
**Inteligencia:** Baja
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
— ¿Y qué vas a hacer tú, carita de ángel? ¿Llamar a tu mami?
Ben suspiró. La ironía de la situación no se le escapaba. Él era virgen, introvertido y socialmente torpe, pero en ese momento, su cerebro estaba procesando la pelea antes de que comenzara.
— Mi madre está muerta —respondió Ben con una frialdad que lo sorprendió incluso a él—. Y según la forma en que apoyas tu peso en la pierna izquierda, tienes una lesión de menisco que te hará caer en exactamente tres segundos si intentas lanzarme un golpe.
El matón frunció el ceño y lanzó un puñetazo salvaje. Ben ni siquiera tuvo que pensar. Su destreza sobrehumana tomó el control. Se agachó con una elegancia fluida, permitiendo que el puño pasara a milímetros de su cabeza, y golpeó con precisión quirúrgica el nervio femoral del hombre.
El agresor cayó al suelo, gritando de dolor, tal como Ben había predicho. Los otros dos dudaron.
— Váyanse —ordenó Ben, proyectando una autoridad que emanaba de su control muscular perfecto—. O el próximo golpe no será para inmovilizar.
Los matones, intimidados por la extraña calma del adolescente, recogieron a su compañero y se retiraron rápidamente. El chico que estaba siendo acosado miró a Ben con asombro.
— Gracias, hombre. Eso fue... increíble. ¿Quién eres?
Ben volvió a su estado habitual, ajustándose las gafas imaginarias y mirando al suelo, sintiéndose repentinamente incómodo con la atención.
— Solo alguien que pasaba por aquí —murmuró—. Deberías irte a casa. No es seguro.
Mientras caminaba el resto del trayecto, Ben analizó sus propias manos. No habían temblado. Por primera vez en su vida, el caos de su mente había encontrado una salida útil. Pero sabía que esto era solo el principio. Había sentido una presencia observándolo desde las sombras de los edificios, alguien con una capacidad de sigilo que desafiaba sus sentidos actuales.
Al llegar a su apartamento, se desplomó en el sofá. La soledad de la casa era un recordatorio constante de lo que había perdido. Sus padres, John y Diana, habían sido personas sencillas que nunca entendieron realmente por qué su hijo podía leer libros de mil páginas en una hora o por qué sabía que iba a llover tres días antes de que cayera la primera gota.
Encendió la televisión. Las noticias hablaban de un nuevo artista callejero que estaba aterrorizando a los criminales de Nueva York, un tal "Muse" cuyas obras eran perturbadoramente realistas y hechas con sangre. Ben sintió un escalofrío. Su mente comenzó a conectar puntos: la llegada de sindicatos de la gran ciudad a East Highland, el vacío de poder y su propia posición en este tablero de ajedrez.
Cerró los ojos y, por un momento, se permitió soñar con una vida normal. Una vida donde pudiera invitar a Cassie Howard a salir sin calcular la tasa de éxito basada en su lenguaje corporal. Pero sabía que su destino estaba ligado a algo más grande.
— Mañana será un día largo —se dijo a sí mismo.
Su mente, incapaz de descansar, comenzó a repasar cada palabra que Cassie le había dicho. Analizó el tono de su voz, la frecuencia de sus parpadeos y la dilatación de sus pupilas. Había una conexión, una posibilidad. Pero también había peligro.
Ben se levantó y se dirigió al espejo del baño. Se miró fijamente. Aún no tenía la barba espesa de un soldado, pero sus ojos reflejaban una sabiduría y una carga que no pertenecían a un chico de dieciséis años.
— Fuerza: 65 kg —susurró, viendo sus propias estadísticas reflejadas en su mente como si estuviera leyendo una wiki—. Velocidad: 6.4 m/s. Inteligencia: Supergenio. Inteligencia para combate: Dotado.
Sonrió con amargura. Era un arma biológica atrapada en el cuerpo de un adolescente inseguro. Pero a medida que el mundo a su alrededor se volvía más oscuro, con mafias acechando y dramas escolares entrelazándose con conspiraciones criminales, Benjamin Winchester sabía que tendría que aprender a usar cada una de sus habilidades.
No por heroísmo, sino por supervivencia.
Esa noche, Ben soñó con colores que no existían y sonidos que tenían forma. Soñó con Cassie Howard bajo una lluvia de datos dorados, y con una sombra blanca que lo observaba desde un trono de huesos en una ciudad llamada Hell's Kitchen.
Cuando despertó, el sol apenas salía, pero Ben ya estaba listo. Había memorizado tres idiomas nuevos durante la noche y diseñado un plan de entrenamiento para aumentar su fuerza física. Si iba a sobrevivir en East Highland, necesitaba ser más que un genio. Necesitaba ser el depredador en la cima de la cadena alimenticia.
Salió de casa con el cuaderno bajo el brazo, listo para enfrentar otro día de clases. Al llegar a la escuela, vio a Cassie de nuevo. Ella lo saludó con la mano desde lejos. Ben sintió que su corazón latía a 72 pulsaciones por minuto, un ritmo perfecto.
— Hola, Cassie —dijo al acercarse, permitiendo que un poco de ese carisma sobrehumano se filtrara en su sonrisa.
— Hola, Ben. ¿Listo para el examen de historia? He oído que es imposible.
Ben soltó una risa suave, una que transmitía una confianza que ella no había visto el día anterior.
— Para algunos, tal vez. Pero creo que tengo una buena memoria para los detalles.
Mientras caminaban juntos hacia el salón, Ben notó a Nate Jacobs observándolos desde el final del pasillo. El análisis de Ben fue instantáneo: celos, posesividad y una pizca de curiosidad peligrosa.
El juego había comenzado. Y en un mundo de adictos, traficantes y adolescentes rotos, el chico que podía verlo todo era el que tenía más que perder. Pero también era el único capaz de cambiar las reglas.
Benjamin Winchester no era solo un estudiante nuevo. Era la variable que nadie había previsto en la ecuación de Euphoria. Y antes de que terminara el semestre, todos sabrían su nombre, ya fuera por amor, por miedo o por la asombrosa e implacable precisión de su mente.
