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Kimetsu no yaiba legacy
Fandom: Kimetsu no yaiba
Creado: 11/4/2026
Etiquetas
UA (Universo Alternativo)CrossoverIsekai / Fantasía PortalAcciónAventuraDramaDolor/ConsueloHumorDivergenciaAmbientación Canon
Niebla, Sangre y un Extraño en la Nieve
El frío calaba hasta los huesos, pero el dolor en el pecho de Tanjiro Kamado era mucho más intenso que cualquier ventisca. Sus pulmones ardían con cada bocanada de aire gélido mientras corría ladera abajo, con la nieve hundiéndose bajo sus pies. En su espalda, dentro de la caja de madera improvisada, Nezuko sollozaba con un sonido que ya no era humano. El rastro de sangre de su familia aún parecía mancharle la visión, un rojo violento sobre el blanco inmaculado de la montaña.
—¡Resiste, Nezuko! ¡Te salvaré, lo juro! —gritó Tanjiro, aunque su voz se quebró por el cansancio.
De repente, una figura emergió de entre los árboles. No era un demonio, pero tampoco parecía un habitante local. Era un chico joven, de unos doce años, con una contextura física rústica y sólida que no encajaba con la delicadeza de los niños de la zona. Vestía ropas ligeras pero de telas gruesas y extrañas, diseñadas para retener el calor de una forma eficiente. Lo más llamativo era su rostro: de piel curtida por un sol diferente y ojos con una chispa salvaje y profunda, una mirada que gritaba que venía de tierras muy lejanas, del otro lado del océano, donde los mapuches cabalgaban el viento.
El chico se interpuso en el camino de Tanjiro, cruzándose de brazos con una expresión que mezclaba la curiosidad con una irritación natural.
—Oye, oye, más despacio, "huinca" —dijo el chico, usando una palabra extraña mientras ladeaba la cabeza—. Casi me pasas por encima. ¿Qué es ese olor a perro mojado y hierro que traes? ¿Y qué llevas tras tu espalda? Esa caja vibra más que un panal de avispas enojadas.
Tanjiro se detuvo en seco, jadeando, tratando de procesar la presencia de Ronder.
—¡Por favor, apártate! ¡Mi hermana está herida! —exclamó Tanjiro con desesperación.
Ronder entrecerró sus ojos americanos, analizando al pelirrojo.
—Tu hermana, ¿eh? Mira que he viajado medio mundo desde el sur para llegar a estas islas raras, pero nunca vi a nadie cargar a un pariente en un mueble —Ronder soltó una risita sarcástica, aunque su mano derecha se tensó cerca de su cinturón—. Pero ese olor... no es de herida normal. Apesta a algo que debería estar bajo tierra.
Antes de que Tanjiro pudiera responder, el aire se volvió pesado. Una presencia gélida y letal descendió desde las copas de los árboles. Giyu Tomioka, el Pilar del Agua, apareció como una exhalación, con su espada desenvainada y la mirada fría como el hielo que los rodeaba. Pero no venía solo. Un rastro de mariposas pareció materializarse en el aire cuando Shinobu Kocho, la Pilar del Insecto, aterrizó con una gracia mortal a unos metros de distancia.
—Vaya, Tomioka-san —dijo Shinobu con una sonrisa perpetua que no llegaba a sus ojos—. Me dijiste que solo venías a investigar un disturbio, pero parece que has encontrado algo muy interesante. Un demonio en una caja y... ¿qué es esto? ¿Dos niños protegiéndolo?
Shinobu clavó su mirada en Ronder, quien no se amilanó ante la presencia de los cazadores de élite.
—¿Y tú quién eres, "mosca" con espada? —preguntó Ronder, frunciendo el ceño—. Tienes una cara de que vas a decir algo que me va a hacer enojar, y hoy no tengo paciencia para dramas japoneses.
Shinobu parpadeó, sorprendida por la audacia del chico.
—Qué niño tan maleducado —comentó ella, desenvainando su aguijón—. Mi deber es eliminar a los demonios. Y cualquiera que proteja a uno, es igual de culpable.
Tomioka, para sorpresa de todos, se movió para interponerse entre Shinobu y el grupo de Tanjiro.
—Shinobu, espera —dijo Tomioka con su voz monótona—. Hay algo diferente aquí. El chico del saco... él no la está dejando comerse a nadie.
—¡Reglas son reglas, Tomioka-san! —replicó Shinobu, lanzándose al ataque.
En ese momento, una pequeña figura apareció desde las sombras de los árboles. Kanao Tsuyuri, la discípula de Shinobu, se lanzó directamente hacia la caja de Nezuko con la velocidad de un rayo.
—¡No! ¡Nezuko! —gritó Tanjiro.
Ronder, reaccionando por puro instinto y con una agilidad rústica pero efectiva, intentó interceptar a Kanao.
—¡Eh, tú, la del flequillo! ¡Deja el mueble en paz! —gritó Ronder, lanzándose para taclear el aire, pero Kanao era demasiado rápida.
Nezuko, sintiendo el peligro inminente, rompió la puerta de la caja. Sus ojos brillaron con un rosa intenso y sus uñas se alargaron. Con un rugido gutural, saltó fuera de la caja, esquivando el tajo de Kanao con una voltereta inhumana. La pequeña demonio comenzó a correr por la nieve, encogiéndose de tamaño para ser más difícil de atrapar.
—¡Nezuko, huye! —bramó Tanjiro.
La situación se volvió un caos de acero, nieve y gritos. Tomioka intentaba bloquear a Shinobu, Kanao perseguía a la pequeña Nezuko, y Ronder corría de un lado a otro insultando en una mezcla de japonés roto y su lengua natal, tratando de ayudar a Tanjiro.
—¡Esto es ridículo! —gritó Ronder, tropezando con una raíz—. ¡Solo quería encontrar un lugar con comida caliente y termino en medio de una guerra de bichos y espadachines locos!
Sin embargo, la superioridad de los Pilares era absoluta. Shinobu, harta del desorden, utilizó una maniobra rápida. Con un movimiento de sus manos, liberó un gas somnífero leve pero efectivo, mientras Tomioka, resignado a que la situación debía resolverse ante el patrón, golpeó la nuca de Tanjiro con el mango de su espada.
Ronder sintió que el mundo daba vueltas.
—Oye... eso es... trampa... —balbuceó el chico mapuche antes de que sus rodillas cedieran y cayera de cara sobre la nieve fría.
Nezuko, agotada y confundida, fue finalmente capturada y metida de nuevo en su caja, quedando también sumida en un sueño profundo por el agotamiento.
***
Cuando Tanjiro despertó, el sol le daba directamente en la cara, pero no era el sol de la montaña. Era un sol cálido que iluminaba un jardín perfectamente cuidado. Sintió una presión en su espalda y un dolor punzante en las muñecas. Al intentar moverse, se dio cuenta de que estaba atado.
—Despierta, muchacho. Estás ante los pilares —dijo una voz potente y llena de energía.
Tanjiro parpadeó y vio a un hombre con cabello como llamas y ojos fijos: Kyojuro Rengoku. A su lado, sintió un movimiento brusco.
—¡Ay, mi cabeza! ¡Por los espíritus de la tierra, siento que un guanaco me pateó el cráneo! —la voz de Ronder resonó justo detrás de Tanjiro.
Estaban amarrados espalda con espalda con la misma cuerda gruesa. Ronder forcejeaba, maldiciendo entre dientes.
—¡Oye, tú, el de los aretes! —Ronder le dio un cabezazo accidental a Tanjiro al intentar soltarse—. ¿Dónde estamos? ¿Y por qué hay tantos tipos disfrazados mirándonos como si fuéramos bichos raros?
Tanjiro miró a su alrededor y su corazón se hundió. Estaban en el patio de la sede de los Cazadores de Demonios. Frente a ellos, formados en una hilera imponente, estaban los guerreros más poderosos de la organización.
—¡Silencio! —rugió Obanai Iguro, encaramado en la rama de un árbol cercano, con su serpiente siseando en su cuello—. Estás en presencia de los Pilares. Deberías mostrar más respeto, extranjero.
Ronder dejó de forcejear un segundo para mirar a Iguro.
—¿Respeto? Me amarraron a un desconocido, me golpearon y me trajeron a un jardín zen sin mi permiso. En mi tierra eso se llama ser un mal anfitrión —Ronder escupió hacia un lado, ganándose una mirada de asco de Sanemi Shinazugawa.
—¿Qué es este mocoso? —gruñó Sanemi, cicatrices cruzando su rostro—. Traer a un chico que protege a un demonio es una cosa, pero este otro ni siquiera parece saber dónde está parado. Mátenlos a los tres y terminemos con esto.
—¡No! —gritó Tanjiro—. ¡Mi hermana nunca ha comido a un humano! ¡Ella puede luchar con nosotros!
—Qué historia tan conmovedora —dijo Tengen Uzui, ajustándose sus protectores de brazos con gemas—. Pero no tiene nada de extravagante. Un demonio es un demonio.
Mitsuri Kanroji, la Pilar del Amor, miraba a los chicos con una expresión de lástima.
—Oh, pero son tan jóvenes... especialmente el chico de ropa extraña. Tiene una mirada tan decidida, aunque sea un poco grosero —susurró ella, sonrojándose.
Ronder, al escucharla, suavizó un poco su expresión pero no su lengua.
—Escuchen, señores de las espadas bonitas. Yo no sé mucho de sus reglas de demonios, pero vi a este chico correr por su vida para salvar a su hermana. Donde yo vengo, la familia es lo único que importa. Si ustedes matan a una chica que no ha hecho nada, son peores que los monstruos que dicen cazar.
Un silencio pesado cayó sobre el jardín. Gyomei Himejima, el Pilar de la Roca, juntó sus manos y dejó caer un par de lágrimas.
—Qué triste... qué pobre alma tan confundida y valiente. Es una lástima que deba morir por su ignorancia.
—¡No me llames ignorante, gigante llorón! —exclamó Ronder, tratando de ponerse de pie a pesar de estar atado a Tanjiro, lo que provocó que ambos se tambalearan cómicamente—. ¡Vengan y suéltenme! ¡Les mostraré cómo pelea alguien del sur!
—¡Cállate, Ronder! —le susurró Tanjiro, aterrorizado—. Solo vas a empeorar las cosas.
—¡Ya están peor, Tanjiro! ¡Nos van a rebanar como sushi! —respondió Ronder sarcásticamente.
Muichiro Tokito, el Pilar de la Niebla, miraba al cielo, observando la forma de una nube, ignorando por completo la discusión. Mientras tanto, Shinobu se adelantó con una sonrisa gélida.
—La decisión no es nuestra —dijo ella suavemente—. El Patrón llegará pronto. Él decidirá qué hacer con el chico del demonio y con su... pintoresco amigo extranjero.
En ese momento, Sanemi caminó hacia la caja de Nezuko, que estaba en el suelo a unos metros. Con una sonrisa sádica, desenvainó su espada.
—Vamos a ver si es cierto que no come humanos —dijo Sanemi, clavando su espada a través de la madera de la caja.
—¡DETENTE! —gritó Tanjiro, forzando las cuerdas hasta que sus muñecas sangraron.
Ronder, viendo la crueldad en los ojos de Sanemi, sintió una furia que no conocía. A pesar de estar amarrado, utilizó su peso rústico y su fuerza de campo para empujar a Tanjiro hacia adelante, logrando que ambos se impulsaran.
—¡Oye, cicatrices! —gritó Ronder—. ¡Si tocas a esa niña otra vez, te juro por mis ancestros que te voy a morder hasta que te arrepientas de haber nacido!
Sanemi soltó una carcajada ronca.
—Inténtalo, basura.
La tensión era insoportable. Los Pilares estaban divididos entre la curiosidad, el desprecio y la duda. Tanjiro lloraba de rabia, Ronder bufaba como un toro acorralado, y Nezuko, dentro de la caja, comenzaba a sangrar por la herida de la espada.
Justo cuando Sanemi iba a abrir la caja para provocar a Nezuko con su propia sangre, las puertas de la mansión se abrieron lentamente.
—El Patrón ha llegado —anunciaron las niñas de pelo blanco al unísono.
Un silencio absoluto, casi sagrado, se apoderó del lugar. Kagaya Ubuyashiki salió al porche, apoyado por sus hijas. Su presencia irradiaba una calma que incluso hizo que Ronder cerrara la boca por un instante, impresionado por el aura del hombre.
—Buenos días, mis queridos hijos —dijo Kagaya con una voz de seda—. Veo que tenemos invitados muy interesantes hoy.
Tanjiro bajó la cabeza, esperando una sentencia. Ronder, por su parte, entrecerró los ojos, analizando al hombre ciego.
—Usted parece el jefe —dijo Ronder, con un tono menos agresivo pero igual de directo—. Dígales a sus perros que suelten a la niña. No ha hecho nada malo, y este chico pelirrojo ha sufrido suficiente.
Kagaya sonrió levemente hacia la dirección de Ronder.
—Tu voz suena a tierras lejanas, joven... Ronder, ¿verdad? Tomioka me habló de ti. Tienes un espíritu fuerte y un corazón que no conoce el miedo japonés.
—Solo sé lo que es justo, señor —respondió Ronder, sentándose finalmente en el suelo, arrastrando a Tanjiro con él—. Y esto no se siente justo.
Kagaya asintió y miró hacia donde estaban los Pilares.
—He aceptado la situación de Tanjiro y Nezuko. Cuentan con mi aprobación.
Un estallido de protestas surgió entre los Pilares, especialmente de parte de Sanemi e Iguro. Pero Kagaya levantó una mano y el silencio regresó de inmediato.
—Sin embargo —continuó el Patrón—, el joven Ronder es un caso diferente. No es un cazador, no es un demonio, y no es un civil común de estas tierras. Representa una voluntad que no podemos ignorar. Tanjiro, Ronder... se quedarán en la Mansión de la Mariposa hasta que decidamos su destino.
Sanemi gruñó, guardando su espada de mala gana. Ronder miró a Tanjiro y luego a la caja de Nezuko.
—Bueno —susurró Ronder para que solo Tanjiro lo oyera—, al menos parece que no nos van a cortar la cabeza hoy. Pero te lo advierto, Tanjiro, si la comida en esta mansión es pura sopa de hierbas, voy a escaparme y te llevaré conmigo.
Tanjiro, a pesar del dolor y el miedo, no pudo evitar soltar una pequeña risa nerviosa. El extraño chico del otro lado del mundo, con su sarcasmo y su valentía rústica, acababa de convertirse en su aliado más inesperado en un mundo lleno de monstruos y espadas.
—Gracias, Ronder —susurró Tanjiro.
—No me agradezcas todavía —respondió el chico mapuche, mirando de reojo a Shinobu, quien lo observaba con una sonrisa curiosa—. Esa mujer de las mariposas me da más miedo que el demonio de la caja. Tenemos mucho de qué hablar cuando nos suelten de esta estúpida cuerda.
—¡Resiste, Nezuko! ¡Te salvaré, lo juro! —gritó Tanjiro, aunque su voz se quebró por el cansancio.
De repente, una figura emergió de entre los árboles. No era un demonio, pero tampoco parecía un habitante local. Era un chico joven, de unos doce años, con una contextura física rústica y sólida que no encajaba con la delicadeza de los niños de la zona. Vestía ropas ligeras pero de telas gruesas y extrañas, diseñadas para retener el calor de una forma eficiente. Lo más llamativo era su rostro: de piel curtida por un sol diferente y ojos con una chispa salvaje y profunda, una mirada que gritaba que venía de tierras muy lejanas, del otro lado del océano, donde los mapuches cabalgaban el viento.
El chico se interpuso en el camino de Tanjiro, cruzándose de brazos con una expresión que mezclaba la curiosidad con una irritación natural.
—Oye, oye, más despacio, "huinca" —dijo el chico, usando una palabra extraña mientras ladeaba la cabeza—. Casi me pasas por encima. ¿Qué es ese olor a perro mojado y hierro que traes? ¿Y qué llevas tras tu espalda? Esa caja vibra más que un panal de avispas enojadas.
Tanjiro se detuvo en seco, jadeando, tratando de procesar la presencia de Ronder.
—¡Por favor, apártate! ¡Mi hermana está herida! —exclamó Tanjiro con desesperación.
Ronder entrecerró sus ojos americanos, analizando al pelirrojo.
—Tu hermana, ¿eh? Mira que he viajado medio mundo desde el sur para llegar a estas islas raras, pero nunca vi a nadie cargar a un pariente en un mueble —Ronder soltó una risita sarcástica, aunque su mano derecha se tensó cerca de su cinturón—. Pero ese olor... no es de herida normal. Apesta a algo que debería estar bajo tierra.
Antes de que Tanjiro pudiera responder, el aire se volvió pesado. Una presencia gélida y letal descendió desde las copas de los árboles. Giyu Tomioka, el Pilar del Agua, apareció como una exhalación, con su espada desenvainada y la mirada fría como el hielo que los rodeaba. Pero no venía solo. Un rastro de mariposas pareció materializarse en el aire cuando Shinobu Kocho, la Pilar del Insecto, aterrizó con una gracia mortal a unos metros de distancia.
—Vaya, Tomioka-san —dijo Shinobu con una sonrisa perpetua que no llegaba a sus ojos—. Me dijiste que solo venías a investigar un disturbio, pero parece que has encontrado algo muy interesante. Un demonio en una caja y... ¿qué es esto? ¿Dos niños protegiéndolo?
Shinobu clavó su mirada en Ronder, quien no se amilanó ante la presencia de los cazadores de élite.
—¿Y tú quién eres, "mosca" con espada? —preguntó Ronder, frunciendo el ceño—. Tienes una cara de que vas a decir algo que me va a hacer enojar, y hoy no tengo paciencia para dramas japoneses.
Shinobu parpadeó, sorprendida por la audacia del chico.
—Qué niño tan maleducado —comentó ella, desenvainando su aguijón—. Mi deber es eliminar a los demonios. Y cualquiera que proteja a uno, es igual de culpable.
Tomioka, para sorpresa de todos, se movió para interponerse entre Shinobu y el grupo de Tanjiro.
—Shinobu, espera —dijo Tomioka con su voz monótona—. Hay algo diferente aquí. El chico del saco... él no la está dejando comerse a nadie.
—¡Reglas son reglas, Tomioka-san! —replicó Shinobu, lanzándose al ataque.
En ese momento, una pequeña figura apareció desde las sombras de los árboles. Kanao Tsuyuri, la discípula de Shinobu, se lanzó directamente hacia la caja de Nezuko con la velocidad de un rayo.
—¡No! ¡Nezuko! —gritó Tanjiro.
Ronder, reaccionando por puro instinto y con una agilidad rústica pero efectiva, intentó interceptar a Kanao.
—¡Eh, tú, la del flequillo! ¡Deja el mueble en paz! —gritó Ronder, lanzándose para taclear el aire, pero Kanao era demasiado rápida.
Nezuko, sintiendo el peligro inminente, rompió la puerta de la caja. Sus ojos brillaron con un rosa intenso y sus uñas se alargaron. Con un rugido gutural, saltó fuera de la caja, esquivando el tajo de Kanao con una voltereta inhumana. La pequeña demonio comenzó a correr por la nieve, encogiéndose de tamaño para ser más difícil de atrapar.
—¡Nezuko, huye! —bramó Tanjiro.
La situación se volvió un caos de acero, nieve y gritos. Tomioka intentaba bloquear a Shinobu, Kanao perseguía a la pequeña Nezuko, y Ronder corría de un lado a otro insultando en una mezcla de japonés roto y su lengua natal, tratando de ayudar a Tanjiro.
—¡Esto es ridículo! —gritó Ronder, tropezando con una raíz—. ¡Solo quería encontrar un lugar con comida caliente y termino en medio de una guerra de bichos y espadachines locos!
Sin embargo, la superioridad de los Pilares era absoluta. Shinobu, harta del desorden, utilizó una maniobra rápida. Con un movimiento de sus manos, liberó un gas somnífero leve pero efectivo, mientras Tomioka, resignado a que la situación debía resolverse ante el patrón, golpeó la nuca de Tanjiro con el mango de su espada.
Ronder sintió que el mundo daba vueltas.
—Oye... eso es... trampa... —balbuceó el chico mapuche antes de que sus rodillas cedieran y cayera de cara sobre la nieve fría.
Nezuko, agotada y confundida, fue finalmente capturada y metida de nuevo en su caja, quedando también sumida en un sueño profundo por el agotamiento.
***
Cuando Tanjiro despertó, el sol le daba directamente en la cara, pero no era el sol de la montaña. Era un sol cálido que iluminaba un jardín perfectamente cuidado. Sintió una presión en su espalda y un dolor punzante en las muñecas. Al intentar moverse, se dio cuenta de que estaba atado.
—Despierta, muchacho. Estás ante los pilares —dijo una voz potente y llena de energía.
Tanjiro parpadeó y vio a un hombre con cabello como llamas y ojos fijos: Kyojuro Rengoku. A su lado, sintió un movimiento brusco.
—¡Ay, mi cabeza! ¡Por los espíritus de la tierra, siento que un guanaco me pateó el cráneo! —la voz de Ronder resonó justo detrás de Tanjiro.
Estaban amarrados espalda con espalda con la misma cuerda gruesa. Ronder forcejeaba, maldiciendo entre dientes.
—¡Oye, tú, el de los aretes! —Ronder le dio un cabezazo accidental a Tanjiro al intentar soltarse—. ¿Dónde estamos? ¿Y por qué hay tantos tipos disfrazados mirándonos como si fuéramos bichos raros?
Tanjiro miró a su alrededor y su corazón se hundió. Estaban en el patio de la sede de los Cazadores de Demonios. Frente a ellos, formados en una hilera imponente, estaban los guerreros más poderosos de la organización.
—¡Silencio! —rugió Obanai Iguro, encaramado en la rama de un árbol cercano, con su serpiente siseando en su cuello—. Estás en presencia de los Pilares. Deberías mostrar más respeto, extranjero.
Ronder dejó de forcejear un segundo para mirar a Iguro.
—¿Respeto? Me amarraron a un desconocido, me golpearon y me trajeron a un jardín zen sin mi permiso. En mi tierra eso se llama ser un mal anfitrión —Ronder escupió hacia un lado, ganándose una mirada de asco de Sanemi Shinazugawa.
—¿Qué es este mocoso? —gruñó Sanemi, cicatrices cruzando su rostro—. Traer a un chico que protege a un demonio es una cosa, pero este otro ni siquiera parece saber dónde está parado. Mátenlos a los tres y terminemos con esto.
—¡No! —gritó Tanjiro—. ¡Mi hermana nunca ha comido a un humano! ¡Ella puede luchar con nosotros!
—Qué historia tan conmovedora —dijo Tengen Uzui, ajustándose sus protectores de brazos con gemas—. Pero no tiene nada de extravagante. Un demonio es un demonio.
Mitsuri Kanroji, la Pilar del Amor, miraba a los chicos con una expresión de lástima.
—Oh, pero son tan jóvenes... especialmente el chico de ropa extraña. Tiene una mirada tan decidida, aunque sea un poco grosero —susurró ella, sonrojándose.
Ronder, al escucharla, suavizó un poco su expresión pero no su lengua.
—Escuchen, señores de las espadas bonitas. Yo no sé mucho de sus reglas de demonios, pero vi a este chico correr por su vida para salvar a su hermana. Donde yo vengo, la familia es lo único que importa. Si ustedes matan a una chica que no ha hecho nada, son peores que los monstruos que dicen cazar.
Un silencio pesado cayó sobre el jardín. Gyomei Himejima, el Pilar de la Roca, juntó sus manos y dejó caer un par de lágrimas.
—Qué triste... qué pobre alma tan confundida y valiente. Es una lástima que deba morir por su ignorancia.
—¡No me llames ignorante, gigante llorón! —exclamó Ronder, tratando de ponerse de pie a pesar de estar atado a Tanjiro, lo que provocó que ambos se tambalearan cómicamente—. ¡Vengan y suéltenme! ¡Les mostraré cómo pelea alguien del sur!
—¡Cállate, Ronder! —le susurró Tanjiro, aterrorizado—. Solo vas a empeorar las cosas.
—¡Ya están peor, Tanjiro! ¡Nos van a rebanar como sushi! —respondió Ronder sarcásticamente.
Muichiro Tokito, el Pilar de la Niebla, miraba al cielo, observando la forma de una nube, ignorando por completo la discusión. Mientras tanto, Shinobu se adelantó con una sonrisa gélida.
—La decisión no es nuestra —dijo ella suavemente—. El Patrón llegará pronto. Él decidirá qué hacer con el chico del demonio y con su... pintoresco amigo extranjero.
En ese momento, Sanemi caminó hacia la caja de Nezuko, que estaba en el suelo a unos metros. Con una sonrisa sádica, desenvainó su espada.
—Vamos a ver si es cierto que no come humanos —dijo Sanemi, clavando su espada a través de la madera de la caja.
—¡DETENTE! —gritó Tanjiro, forzando las cuerdas hasta que sus muñecas sangraron.
Ronder, viendo la crueldad en los ojos de Sanemi, sintió una furia que no conocía. A pesar de estar amarrado, utilizó su peso rústico y su fuerza de campo para empujar a Tanjiro hacia adelante, logrando que ambos se impulsaran.
—¡Oye, cicatrices! —gritó Ronder—. ¡Si tocas a esa niña otra vez, te juro por mis ancestros que te voy a morder hasta que te arrepientas de haber nacido!
Sanemi soltó una carcajada ronca.
—Inténtalo, basura.
La tensión era insoportable. Los Pilares estaban divididos entre la curiosidad, el desprecio y la duda. Tanjiro lloraba de rabia, Ronder bufaba como un toro acorralado, y Nezuko, dentro de la caja, comenzaba a sangrar por la herida de la espada.
Justo cuando Sanemi iba a abrir la caja para provocar a Nezuko con su propia sangre, las puertas de la mansión se abrieron lentamente.
—El Patrón ha llegado —anunciaron las niñas de pelo blanco al unísono.
Un silencio absoluto, casi sagrado, se apoderó del lugar. Kagaya Ubuyashiki salió al porche, apoyado por sus hijas. Su presencia irradiaba una calma que incluso hizo que Ronder cerrara la boca por un instante, impresionado por el aura del hombre.
—Buenos días, mis queridos hijos —dijo Kagaya con una voz de seda—. Veo que tenemos invitados muy interesantes hoy.
Tanjiro bajó la cabeza, esperando una sentencia. Ronder, por su parte, entrecerró los ojos, analizando al hombre ciego.
—Usted parece el jefe —dijo Ronder, con un tono menos agresivo pero igual de directo—. Dígales a sus perros que suelten a la niña. No ha hecho nada malo, y este chico pelirrojo ha sufrido suficiente.
Kagaya sonrió levemente hacia la dirección de Ronder.
—Tu voz suena a tierras lejanas, joven... Ronder, ¿verdad? Tomioka me habló de ti. Tienes un espíritu fuerte y un corazón que no conoce el miedo japonés.
—Solo sé lo que es justo, señor —respondió Ronder, sentándose finalmente en el suelo, arrastrando a Tanjiro con él—. Y esto no se siente justo.
Kagaya asintió y miró hacia donde estaban los Pilares.
—He aceptado la situación de Tanjiro y Nezuko. Cuentan con mi aprobación.
Un estallido de protestas surgió entre los Pilares, especialmente de parte de Sanemi e Iguro. Pero Kagaya levantó una mano y el silencio regresó de inmediato.
—Sin embargo —continuó el Patrón—, el joven Ronder es un caso diferente. No es un cazador, no es un demonio, y no es un civil común de estas tierras. Representa una voluntad que no podemos ignorar. Tanjiro, Ronder... se quedarán en la Mansión de la Mariposa hasta que decidamos su destino.
Sanemi gruñó, guardando su espada de mala gana. Ronder miró a Tanjiro y luego a la caja de Nezuko.
—Bueno —susurró Ronder para que solo Tanjiro lo oyera—, al menos parece que no nos van a cortar la cabeza hoy. Pero te lo advierto, Tanjiro, si la comida en esta mansión es pura sopa de hierbas, voy a escaparme y te llevaré conmigo.
Tanjiro, a pesar del dolor y el miedo, no pudo evitar soltar una pequeña risa nerviosa. El extraño chico del otro lado del mundo, con su sarcasmo y su valentía rústica, acababa de convertirse en su aliado más inesperado en un mundo lleno de monstruos y espadas.
—Gracias, Ronder —susurró Tanjiro.
—No me agradezcas todavía —respondió el chico mapuche, mirando de reojo a Shinobu, quien lo observaba con una sonrisa curiosa—. Esa mujer de las mariposas me da más miedo que el demonio de la caja. Tenemos mucho de qué hablar cuando nos suelten de esta estúpida cuerda.
