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El antiheroe inmortal
Fandom: My hero Academy
Criado: 12/04/2026
Tags
RomanceAçãoDor/ConfortoDramaDistopiaCrimeViolência GráficaCenário CanônicoEstudo de PersonagemUA (Universo Alternativo)FantasiaDiscriminaçãoCrossoverSobrevivência
Más allá del Ego y la Guadaña
La puerta de la clase 1-A se abrió con un chirrido pesado, rompiendo la monotonía de la mañana. Shota Aizawa, con su habitual aspecto cansado, ni siquiera levantó la vista de sus papeles cuando el nuevo estudiante entró. Sin embargo, el silencio que cayó sobre el aula fue absoluto. No era un estudiante común.
Nick Death caminaba con una presencia que parecía absorber la luz del pasillo. Era un lobo antropomórfico imponente, de pelaje plateado que brillaba bajo los fluorescentes y una musculatura que denotaba años de entrenamiento riguroso. Sus ojos, de un rojo carmesí profundo, escanearon la habitación con una neutralidad gélida. Vestía el uniforme de la UA, aunque la chaqueta le quedaba ajustada en los hombros, y llevaba una capucha negra descansando sobre su nuca. Ocultas a los lados de su cintura, apenas perceptibles para un ojo no entrenado, descansaban dos guadañas plegadas.
Se sentó en un pupitre vacío al fondo, sacó un cuaderno y comenzó a anotar cada palabra que Aizawa dictaba sin decir una sola palabra.
—Bien —gruñó Aizawa, saliendo de su saco de dormir—. Supongo que ya notaron al nuevo. Preséntate rápido, no tenemos todo el día.
El lobo se puso de pie. Su altura era intimidante, pero su voz, cuando habló, resultó serena y profunda, con una calma que descolocó a más de uno.
—Soy Nick Death —dijo, mirando directamente a la clase—. No estoy aquí para hacer amigos, sino para cumplir un propósito. Mi don... es complicado. Digamos que la muerte y yo tenemos un entendimiento mutuo. Soy inmortal y puedo traer de vuelta a quienes han cruzado el velo.
Un murmullo recorrió el salón. ¿Revivir a los muertos? Era un poder que desafiaba las leyes de la naturaleza. En la segunda fila, Katsuki Bakugo apretó los puños, sus ojos clavados en la espalda del lobo.
—¿Un fenómeno que juega a ser Dios? —masculló Bakugo, lo suficientemente alto para que Nick lo escuchara—. Esto es una escuela de héroes, no un circo para bichos raros con delirios de grandeza.
Nick no se inmutó. Giró la cabeza ligeramente, encontrando la mirada explosiva del rubio.
—El respeto se gana, no se exige con gritos, Bakugo —respondió Nick con frialdad—. Y juzgar lo que no entiendes es el primer paso hacia el fracaso.
Bakugo se levantó de golpe, las chispas ya saltando de sus palmas.
—¡¿Qué dijiste, maldito extra?! ¡Te voy a volar esa cara de perro de un impacto!
—¡Bakugo, siéntate! —ordenó Aizawa, activando su quirk y haciendo que sus cintas de captura flotaran amenazantes—. No voy a tolerar interrupciones.
La tensión en el aire era tan espesa que podía cortarse con un cuchillo. Nick, manteniendo su semblante mediador y neutro, levantó una mano hacia Aizawa.
—Profesor, permítame —dijo Nick con calma—. Bakugo parece tener un exceso de energía y una falta de enfoque. Si me lo permite, yo me haré cargo de su supervisión en los entrenamientos de hoy. Puedo ser el mediador que necesita para que no termine expulsado por su temperamento.
Aizawa suspiró, cerrando los ojos.
—Haz lo que quieras, Death. Mientras no destruyan el campus.
***
Las semanas pasaron y, contra todo pronóstico, la dinámica entre el lobo plateado y el rubio explosivo se convirtió en el centro de atención de la clase 1-A. Lo que empezó como una rivalidad cargada de odio por parte de Bakugo, se transformó en una competencia feroz y constante.
En el campo de entrenamiento gamma, Nick y Bakugo estaban frente a frente. Bakugo estaba sudoroso, con el uniforme de gimnasia desgarrado, mientras que Nick apenas parecía haber despeinado su pelaje plateado.
—¡No te quedes ahí parado! —gritó Bakugo, impulsándose con una explosión—. ¡Usa tus malditas guadañas! ¡Demuéstrame que no eres solo un saco de pulgas inmortal!
Nick esquivó el ataque con una elegancia sobrenatural, girando sobre su eje y barriendo los pies de Bakugo con un movimiento fluido.
—La fuerza sin control es solo ruido, Katsuki —dijo Nick, usando su nombre de pila por primera vez. Se agachó, ofreciéndole una mano al rubio—. Tienes un don increíble, pero tu ego es un muro que te impide ver el panorama completo.
Bakugo miró la mano enguantada de Nick. Por un momento, su arrogancia flaqueó. La verdad era que, en secreto, Nick le fascinaba. No solo por su poder, sino por esa calma inquebrantable que él mismo no lograba alcanzar. Aceptó la mano, sintiendo la fuerza bruta pero controlada del lobo al levantarlo.
—No necesito tus sermones —gruñó Bakugo, aunque no soltó la mano de inmediato—. Pero... admito que no eres tan inútil como pensaba.
Esa tarde, ambos terminaron sentados en las gradas, observando el atardecer. El cielo estaba teñido de un naranja violáceo que recordaba a los ojos de Nick.
—¿Por qué quieres ser un héroe? —preguntó Bakugo, rompiendo el silencio—. Con ese poder de "revivir" a la gente, podrías ser un rey o un villano imparable.
Nick soltó un suspiro pesado, mirando sus propias manos.
—No me considero un héroe, Katsuki. Los héroes de esta sociedad a menudo son los que crean a los villanos. Juzgan a las personas por su apariencia, por tener dones "aterradores" o por no encajar en el molde de la perfección. Yo soy un antiheroe. Busco la justicia real, la que ocurre en las sombras cuando los héroes están demasiado ocupados sonriendo para las cámaras.
Bakugo se quedó callado. Siempre había pensado que ser el número uno era lo único que importaba.
—¿Justicia real? —preguntó el rubio en voz baja.
—Sí —continuó Nick—. He visto a personas morir solas porque nadie quería ayudar a alguien que "parecía un monstruo". Mi padre me enseñó que la muerte es igualitaria, no discrimina. Los humanos, en cambio, sí lo hacen.
Bakugo sintió una punzada en el pecho. Recordó cómo él mismo había tratado a Midoriya por no tener un quirk, y cómo había llamado "fenómeno" a Nick al principio.
—Eres un idiota —dijo Bakugo, aunque su voz no tenía veneno—. Me haces cuestionar cosas que no quería cuestionar.
Nick sonrió de lado, una expresión rara en él que hizo que el corazón de Bakugo diera un vuelco.
—Eso es bueno. Significa que estás creciendo.
***
Una noche, mientras el resto de los dormitorios dormía, Nick se encontraba en el balcón de su habitación. El aire se volvió gélido de repente y las sombras en el suelo comenzaron a alargarse de forma antinatural. Una figura esquelética, envuelta en una túnica que parecía hecha de vacío, se materializó a su lado.
—Padre —saludó Nick sin mirar atrás.
—Hijo mío —la voz de La Muerte resonó como el crujir de huesos viejos—. Te has vuelto blando. Siento un latido que no es el tuyo cerca de tu corazón.
Nick apretó la baranda de metal.
—No es debilidad, Padre. Es comprensión. He encontrado a alguien que, a pesar de su ruido y su furia, busca lo mismo que yo: un lugar en este mundo hipócrita.
—El chico de las explosiones —sentenció la entidad—. Ten cuidado, Nick. El amor es una fuerza que ni siquiera yo puedo controlar. Y tú tienes un deber con el equilibrio.
—Lo sé —respondió Nick con firmeza—. Pero si voy a vivir para siempre, no pienso hacerlo como un espectro solitario. Voy a cambiar esta sociedad, y lo haré con él a mi lado.
La Muerte soltó una risa seca y desapareció en una ráfaga de viento frío.
Al día siguiente, en la cafetería, la tensión habitual de la 1-A fue interrumpida por las risas de Kirishima y Midoriya.
—¡Vaya, Bakugo! —exclamó Kirishima—. Es la primera vez que te veo compartir tu almuerzo con alguien sin intentar explotarle la cara.
Bakugo, que estaba sentado frente a Nick, se puso rojo hasta las orejas.
—¡Cállate, Pelos de Pincho! ¡Solo estoy asegurándome de que este lobo estúpido coma bien para que no tenga excusas cuando le patee el trasero en el entrenamiento!
Midoriya sonrió, intercambiando una mirada con Ochako.
—Es bueno verlos así —dijo Midoriya con sinceridad—. Nick, has ayudado mucho a Kacchan. Está más... enfocado. Menos preocupado por ser el mejor y más por ser un verdadero protector.
Nick asintió hacia el peliverde.
—Él ya tenía el potencial. Solo necesitaba que alguien no se dejara intimidar por sus gritos.
Bakugo miró a Nick intensamente. Odiaba que lo conociera tan bien, pero al mismo tiempo, era la sensación más liberadora que había sentido jamás. Ya no tenía que mantener esa fachada de superioridad absoluta todo el tiempo. Con Nick, podía ser simplemente Katsuki.
Más tarde esa noche, se encontraron en el gimnasio privado. No para pelear, sino para hablar. El ambiente entre ellos había cambiado; ya no era solo rivalidad, era una atracción gravitacional que ninguno de los dos podía ignorar.
—Oye, Nick —dijo Bakugo, caminando hacia él. El lobo se giró, su pelaje plateado brillando bajo las luces del techo—. Sobre lo que dijiste de los prejuicios... sobre los homosexuales y la gente que juzga sin saber...
Nick se cruzó de brazos, esperando.
—A mí... me importa un carajo lo que piensen los demás —continuó Bakugo, acortando la distancia hasta quedar a pocos centímetros del pecho musculoso de Nick—. Odio que la gente crea que puede decirme a quién amar o cómo actuar.
Nick bajó la mirada hacia los ojos rojos de Bakugo, que ardían con una determinación nueva.
—Eres dominante, Katsuki. Te gusta tener el control —murmuró Nick, su voz volviéndose más profunda—. Pero conmigo, no puedes dominar.
Bakugo soltó una risa corta, desafiante, y agarró a Nick por la capucha, obligándolo a inclinarse.
—Eso es lo que más me gusta, idiota. Que eres el único que no se dobla ante mí.
Sin previo aviso, Bakugo acortó la distancia y lo besó. Fue un beso cargado de años de frustración, de competencia y de una pasión que ambos habían intentado ocultar. Nick respondió de inmediato, rodeando la cintura de Bakugo con sus brazos poderosos, protegiéndolo y reclamándolo al mismo tiempo.
Cuando se separaron, ambos estaban agitados. Nick acarició la mejilla de Bakugo con sus garras, con una delicadeza que nadie esperaría de un ser llamado "Muerte".
—No soy un héroe, Katsuki —susurró Nick—. Soy un monstruo que ama a un guerrero.
Bakugo sonrió, una sonrisa real y carente de arrogancia.
—Entonces haremos nuestra propia justicia. No me importa ser el número uno si no estás ahí para verlo.
Desde las sombras del pasillo, Midoriya y Kirishima observaban con sonrisas cómplices. Sabían que el camino para ambos no sería fácil; la sociedad seguía siendo prejuiciosa y el mundo de los héroes era implacable. Pero mientras el lobo de plata y el chico de las explosiones estuvieran juntos, no había injusticia que no pudieran enfrentar.
Nick Death había llegado a la UA buscando un propósito, y lo encontró en los ojos rojos de un chico que era tan explosivo como su propio corazón inmortal. La muerte, después de todo, no era el final, sino el comienzo de algo mucho más profundo.
Nick Death caminaba con una presencia que parecía absorber la luz del pasillo. Era un lobo antropomórfico imponente, de pelaje plateado que brillaba bajo los fluorescentes y una musculatura que denotaba años de entrenamiento riguroso. Sus ojos, de un rojo carmesí profundo, escanearon la habitación con una neutralidad gélida. Vestía el uniforme de la UA, aunque la chaqueta le quedaba ajustada en los hombros, y llevaba una capucha negra descansando sobre su nuca. Ocultas a los lados de su cintura, apenas perceptibles para un ojo no entrenado, descansaban dos guadañas plegadas.
Se sentó en un pupitre vacío al fondo, sacó un cuaderno y comenzó a anotar cada palabra que Aizawa dictaba sin decir una sola palabra.
—Bien —gruñó Aizawa, saliendo de su saco de dormir—. Supongo que ya notaron al nuevo. Preséntate rápido, no tenemos todo el día.
El lobo se puso de pie. Su altura era intimidante, pero su voz, cuando habló, resultó serena y profunda, con una calma que descolocó a más de uno.
—Soy Nick Death —dijo, mirando directamente a la clase—. No estoy aquí para hacer amigos, sino para cumplir un propósito. Mi don... es complicado. Digamos que la muerte y yo tenemos un entendimiento mutuo. Soy inmortal y puedo traer de vuelta a quienes han cruzado el velo.
Un murmullo recorrió el salón. ¿Revivir a los muertos? Era un poder que desafiaba las leyes de la naturaleza. En la segunda fila, Katsuki Bakugo apretó los puños, sus ojos clavados en la espalda del lobo.
—¿Un fenómeno que juega a ser Dios? —masculló Bakugo, lo suficientemente alto para que Nick lo escuchara—. Esto es una escuela de héroes, no un circo para bichos raros con delirios de grandeza.
Nick no se inmutó. Giró la cabeza ligeramente, encontrando la mirada explosiva del rubio.
—El respeto se gana, no se exige con gritos, Bakugo —respondió Nick con frialdad—. Y juzgar lo que no entiendes es el primer paso hacia el fracaso.
Bakugo se levantó de golpe, las chispas ya saltando de sus palmas.
—¡¿Qué dijiste, maldito extra?! ¡Te voy a volar esa cara de perro de un impacto!
—¡Bakugo, siéntate! —ordenó Aizawa, activando su quirk y haciendo que sus cintas de captura flotaran amenazantes—. No voy a tolerar interrupciones.
La tensión en el aire era tan espesa que podía cortarse con un cuchillo. Nick, manteniendo su semblante mediador y neutro, levantó una mano hacia Aizawa.
—Profesor, permítame —dijo Nick con calma—. Bakugo parece tener un exceso de energía y una falta de enfoque. Si me lo permite, yo me haré cargo de su supervisión en los entrenamientos de hoy. Puedo ser el mediador que necesita para que no termine expulsado por su temperamento.
Aizawa suspiró, cerrando los ojos.
—Haz lo que quieras, Death. Mientras no destruyan el campus.
***
Las semanas pasaron y, contra todo pronóstico, la dinámica entre el lobo plateado y el rubio explosivo se convirtió en el centro de atención de la clase 1-A. Lo que empezó como una rivalidad cargada de odio por parte de Bakugo, se transformó en una competencia feroz y constante.
En el campo de entrenamiento gamma, Nick y Bakugo estaban frente a frente. Bakugo estaba sudoroso, con el uniforme de gimnasia desgarrado, mientras que Nick apenas parecía haber despeinado su pelaje plateado.
—¡No te quedes ahí parado! —gritó Bakugo, impulsándose con una explosión—. ¡Usa tus malditas guadañas! ¡Demuéstrame que no eres solo un saco de pulgas inmortal!
Nick esquivó el ataque con una elegancia sobrenatural, girando sobre su eje y barriendo los pies de Bakugo con un movimiento fluido.
—La fuerza sin control es solo ruido, Katsuki —dijo Nick, usando su nombre de pila por primera vez. Se agachó, ofreciéndole una mano al rubio—. Tienes un don increíble, pero tu ego es un muro que te impide ver el panorama completo.
Bakugo miró la mano enguantada de Nick. Por un momento, su arrogancia flaqueó. La verdad era que, en secreto, Nick le fascinaba. No solo por su poder, sino por esa calma inquebrantable que él mismo no lograba alcanzar. Aceptó la mano, sintiendo la fuerza bruta pero controlada del lobo al levantarlo.
—No necesito tus sermones —gruñó Bakugo, aunque no soltó la mano de inmediato—. Pero... admito que no eres tan inútil como pensaba.
Esa tarde, ambos terminaron sentados en las gradas, observando el atardecer. El cielo estaba teñido de un naranja violáceo que recordaba a los ojos de Nick.
—¿Por qué quieres ser un héroe? —preguntó Bakugo, rompiendo el silencio—. Con ese poder de "revivir" a la gente, podrías ser un rey o un villano imparable.
Nick soltó un suspiro pesado, mirando sus propias manos.
—No me considero un héroe, Katsuki. Los héroes de esta sociedad a menudo son los que crean a los villanos. Juzgan a las personas por su apariencia, por tener dones "aterradores" o por no encajar en el molde de la perfección. Yo soy un antiheroe. Busco la justicia real, la que ocurre en las sombras cuando los héroes están demasiado ocupados sonriendo para las cámaras.
Bakugo se quedó callado. Siempre había pensado que ser el número uno era lo único que importaba.
—¿Justicia real? —preguntó el rubio en voz baja.
—Sí —continuó Nick—. He visto a personas morir solas porque nadie quería ayudar a alguien que "parecía un monstruo". Mi padre me enseñó que la muerte es igualitaria, no discrimina. Los humanos, en cambio, sí lo hacen.
Bakugo sintió una punzada en el pecho. Recordó cómo él mismo había tratado a Midoriya por no tener un quirk, y cómo había llamado "fenómeno" a Nick al principio.
—Eres un idiota —dijo Bakugo, aunque su voz no tenía veneno—. Me haces cuestionar cosas que no quería cuestionar.
Nick sonrió de lado, una expresión rara en él que hizo que el corazón de Bakugo diera un vuelco.
—Eso es bueno. Significa que estás creciendo.
***
Una noche, mientras el resto de los dormitorios dormía, Nick se encontraba en el balcón de su habitación. El aire se volvió gélido de repente y las sombras en el suelo comenzaron a alargarse de forma antinatural. Una figura esquelética, envuelta en una túnica que parecía hecha de vacío, se materializó a su lado.
—Padre —saludó Nick sin mirar atrás.
—Hijo mío —la voz de La Muerte resonó como el crujir de huesos viejos—. Te has vuelto blando. Siento un latido que no es el tuyo cerca de tu corazón.
Nick apretó la baranda de metal.
—No es debilidad, Padre. Es comprensión. He encontrado a alguien que, a pesar de su ruido y su furia, busca lo mismo que yo: un lugar en este mundo hipócrita.
—El chico de las explosiones —sentenció la entidad—. Ten cuidado, Nick. El amor es una fuerza que ni siquiera yo puedo controlar. Y tú tienes un deber con el equilibrio.
—Lo sé —respondió Nick con firmeza—. Pero si voy a vivir para siempre, no pienso hacerlo como un espectro solitario. Voy a cambiar esta sociedad, y lo haré con él a mi lado.
La Muerte soltó una risa seca y desapareció en una ráfaga de viento frío.
Al día siguiente, en la cafetería, la tensión habitual de la 1-A fue interrumpida por las risas de Kirishima y Midoriya.
—¡Vaya, Bakugo! —exclamó Kirishima—. Es la primera vez que te veo compartir tu almuerzo con alguien sin intentar explotarle la cara.
Bakugo, que estaba sentado frente a Nick, se puso rojo hasta las orejas.
—¡Cállate, Pelos de Pincho! ¡Solo estoy asegurándome de que este lobo estúpido coma bien para que no tenga excusas cuando le patee el trasero en el entrenamiento!
Midoriya sonrió, intercambiando una mirada con Ochako.
—Es bueno verlos así —dijo Midoriya con sinceridad—. Nick, has ayudado mucho a Kacchan. Está más... enfocado. Menos preocupado por ser el mejor y más por ser un verdadero protector.
Nick asintió hacia el peliverde.
—Él ya tenía el potencial. Solo necesitaba que alguien no se dejara intimidar por sus gritos.
Bakugo miró a Nick intensamente. Odiaba que lo conociera tan bien, pero al mismo tiempo, era la sensación más liberadora que había sentido jamás. Ya no tenía que mantener esa fachada de superioridad absoluta todo el tiempo. Con Nick, podía ser simplemente Katsuki.
Más tarde esa noche, se encontraron en el gimnasio privado. No para pelear, sino para hablar. El ambiente entre ellos había cambiado; ya no era solo rivalidad, era una atracción gravitacional que ninguno de los dos podía ignorar.
—Oye, Nick —dijo Bakugo, caminando hacia él. El lobo se giró, su pelaje plateado brillando bajo las luces del techo—. Sobre lo que dijiste de los prejuicios... sobre los homosexuales y la gente que juzga sin saber...
Nick se cruzó de brazos, esperando.
—A mí... me importa un carajo lo que piensen los demás —continuó Bakugo, acortando la distancia hasta quedar a pocos centímetros del pecho musculoso de Nick—. Odio que la gente crea que puede decirme a quién amar o cómo actuar.
Nick bajó la mirada hacia los ojos rojos de Bakugo, que ardían con una determinación nueva.
—Eres dominante, Katsuki. Te gusta tener el control —murmuró Nick, su voz volviéndose más profunda—. Pero conmigo, no puedes dominar.
Bakugo soltó una risa corta, desafiante, y agarró a Nick por la capucha, obligándolo a inclinarse.
—Eso es lo que más me gusta, idiota. Que eres el único que no se dobla ante mí.
Sin previo aviso, Bakugo acortó la distancia y lo besó. Fue un beso cargado de años de frustración, de competencia y de una pasión que ambos habían intentado ocultar. Nick respondió de inmediato, rodeando la cintura de Bakugo con sus brazos poderosos, protegiéndolo y reclamándolo al mismo tiempo.
Cuando se separaron, ambos estaban agitados. Nick acarició la mejilla de Bakugo con sus garras, con una delicadeza que nadie esperaría de un ser llamado "Muerte".
—No soy un héroe, Katsuki —susurró Nick—. Soy un monstruo que ama a un guerrero.
Bakugo sonrió, una sonrisa real y carente de arrogancia.
—Entonces haremos nuestra propia justicia. No me importa ser el número uno si no estás ahí para verlo.
Desde las sombras del pasillo, Midoriya y Kirishima observaban con sonrisas cómplices. Sabían que el camino para ambos no sería fácil; la sociedad seguía siendo prejuiciosa y el mundo de los héroes era implacable. Pero mientras el lobo de plata y el chico de las explosiones estuvieran juntos, no había injusticia que no pudieran enfrentar.
Nick Death había llegado a la UA buscando un propósito, y lo encontró en los ojos rojos de un chico que era tan explosivo como su propio corazón inmortal. La muerte, después de todo, no era el final, sino el comienzo de algo mucho más profundo.
