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My héroe academia crossover invencible
Fandom: My héroe academia invencible
Criado: 14/04/2026
Tags
CrossoverAçãoIsekai / Fantasia PortalFicção CientíficaAventuraDor/ConfortoDramaSobrevivência
Entre dos mundos de sangre y porcelana
El cielo sobre la ciudad de Musutafu no era azul, sino de un tono violáceo, herido por las grietas de una anomalía que desafiaba toda lógica científica. Para los ciudadanos acostumbrados a los ataques de villanos y las explosiones de Quarks, aquello parecía una nueva pesadilla, pero para Izuku Midoriya, suspendido en el aire gracias a los hilos de Látigo Negro, se sentía como el fin de todo.
—¡Mantengan la distancia! —gritó Endeavor, su voz resonando como un trueno mientras las llamas brotaban de sus hombros—. ¡No sabemos qué es esa cosa!
Frente a ellos, emergiendo de una brecha que escupía estática dorada, no apareció un monstruo de la Liga de Villanos ni un Nomu de alta gama. Lo que cayó del cielo fue un hombre. O al menos, algo que tenía forma de hombre. Su traje, una mezcla de blanco y rojo, estaba desgarrado, y lo que más aterrorizó a los héroes profesionales no fue su apariencia, sino la presión atmosférica que parecía doblegarse ante su sola presencia.
Mark Grayson, conocido en su mundo como Invencible, aterrizó con un impacto que agrietó el asfalto en un radio de veinte metros. No lo hizo con la elegancia de un héroe, sino con la pesadez de alguien que ha sido arrojado a través de las dimensiones. Tenía el rostro cubierto de sangre, y sus ojos, nublados por el cansancio, buscaron desesperadamente una referencia conocida.
—¿Papá? —susurró Mark, aunque su voz fue ahogada por el estruendo de un edificio colapsando a lo lejos.
—¡Identifícate! —ordenó Endeavor, descendiendo mientras el calor a su alrededor hacía que el aire vibrara—. ¿Eres un aliado de Shigaraki? ¿De dónde has salido?
Mark se puso en pie lentamente. Sus músculos se tensaron. No reconocía el traje de aquel hombre envuelto en fuego, ni las extrañas estructuras de la ciudad. Lo que sí reconoció fue la hostilidad. En su mundo, la hostilidad solía preceder a una paliza que nivelaba ciudades.
—No sé quién es Shigaraki —respondió Mark, limpiándose la sangre del labio con el dorso del guante—. Y no tengo tiempo para esto. Necesito volver. El portal... se está cerrando.
—No vas a ir a ninguna parte hasta que respondas —intervino una voz más joven.
Izuku descendió suavemente, aterrizando a unos metros de Endeavor. Sus ojos verdes analizaban al recién llegado con una mezcla de precaución y fascinación. El análisis de Midoriya trabajaba a mil por hora: no había rastro de una mutación física evidente, pero la densidad ósea y la presión que emanaba sugerían una fuerza bruta que rivalizaba con la de All Might en su mejor momento.
—Espera, Endeavor-san —dijo Izuku, levantando una mano—. No parece un villano. Está herido y confundido.
—¡Cuidado, Deku! —advirtió Bakugo, llegando a la escena con explosiones controladas en sus palmas—. Mira su ropa. Está cubierta de sangre que no es suya. Ese tipo es un carnicero.
Mark soltó una risa amarga, una que contenía demasiado dolor para alguien de su edad.
—Tienen razón en eso —dijo Mark, mirando a Bakugo—. He visto demasiada sangre hoy. Pero si intentan detenerme, voy a tener que defenderme. Y créanme, no quieren eso.
—¿Es una amenaza? —Bakugo se impulsó hacia adelante, con el rostro contraído en una mueca de furia—. ¡A ver si aguantas esto, extra de mierda!
—¡Kacchan, no! —gritó Izuku.
Bakugo lanzó una explosión de gran escala directamente al pecho de Mark. El humo cubrió el área, y por un segundo, los héroes pensaron que el conflicto había terminado antes de empezar. Sin embargo, cuando el humo se disipó, Mark ni siquiera se había movido. Su traje estaba un poco más chamuscado, pero su piel no presentaba ni una sola quemadura.
—Eso... —Mark miró el lugar donde la explosión lo había golpeado— ...ha hecho cosquillas. Mi turno.
En un parpadeo, Mark desapareció. No fue velocidad de desplazamiento común; fue una aceleración que rompió la barrera del sonido en un espacio reducido. Antes de que Bakugo pudiera reaccionar, Mark estaba frente a él. No usó un puñetazo, simplemente le dio un empujón con la palma de la mano.
El resultado fue catastrófico. Bakugo salió disparado como una bala de cañón, atravesando dos muros de hormigón antes de quedar sepultado bajo los escombros de una cafetería.
—¡Kacchan! —Izuku activó el One For All al 45% instantáneamente. Las centellas verdes envolvieron su cuerpo y sus ojos se iluminaron—. ¡Eso fue demasiado lejos!
—Él empezó —dijo Mark, elevándose unos centímetros del suelo—. Solo quiero volver a casa. Mi mundo está en guerra. Mi padre está...
Mark se detuvo. El dolor en su voz era palpable. Izuku, a pesar de la rabia, lo sintió. Había una desesperación en este extraño que no encajaba con la maldad pura de los villanos que conocía.
—Podemos ayudarte —dijo Izuku, tratando de calmar la situación mientras Endeavor se preparaba para lanzar una lanza de fuego—. Pero tienes que detenerte. En este mundo, los héroes no usan esa fuerza sin control.
—¿Héroes? —Mark miró a su alrededor, viendo a los profesionales que empezaban a rodear el perímetro—. He oído esa palabra antes. En mi mundo, los héroes mueren o se convierten en los monstruos que juraron combatir.
—¡Suficiente charla! —Endeavor lanzó una ráfaga de llamas blancas—. ¡Prominence Burn!
Mark no esquivó. Cruzó los brazos frente a su rostro y recibió el impacto directo. El calor era intenso, suficiente para derretir el acero, pero para un viltrumita medio de sangre, era apenas una molestia térmica. Con un movimiento violento de sus brazos, Mark disipó las llamas, creando una onda de choque que obligó a los héroes cercanos a cubrirse.
—No quiero matarlos —dijo Mark, y su voz ahora sonaba profunda, imponente—. Pero si se interponen entre yo y ese portal, lo haré.
Izuku se lanzó al ataque. Sabía que la fuerza bruta no funcionaría, así que usó a Látigo Negro para enredar las piernas de Mark mientras se movía en zigzag por el aire usando el Quirk de Flotar.
—¡Escúchame! —gritó Izuku, lanzando una patada de aire comprimido—. ¡Si ese portal te trajo aquí, la única forma de volver es estabilizándolo! ¡Pelear solo lo destruirá más rápido!
Mark atrapó la pierna de Izuku en el aire. La fuerza del agarre fue tal que Izuku sintió que sus huesos crujían bajo el traje reforzado.
—¿Sabes cómo cerrarlo? —preguntó Mark, sus ojos clavados en los de Izuku.
—Tenemos científicos, tenemos héroes con Quirks espaciales —respondió Izuku, aguantando el dolor—. Pero no podemos ayudarte si destruyes la ciudad.
Mark miró hacia abajo. Vio a la gente corriendo, el miedo en sus rostros, y vio a Bakugo saliendo de los escombros, tosiendo sangre pero aún con ganas de pelear. Se dio cuenta de que estos "héroes" eran diferentes a los Guardianes del Globo o a su padre. Había una fragilidad en ellos, pero también una determinación que le recordaba a sí mismo antes de que todo se desmoronara.
—Está bien —dijo Mark, soltando a Izuku—. Tienes cinco minutos. Si en cinco minutos ese portal se cierra y yo sigo aquí, consideraré que esto es una prisión. Y no me gustan las prisiones.
Endeavor aterrizó junto a ellos, con los puños todavía envueltos en fuego líquido.
—¿Vas a confiar en este maníaco, Deku? —gruñó el héroe número uno.
—No es un maníaco, señor —respondió Izuku, aterrizando con dificultad—. Es alguien que ha perdido mucho. Como nosotros.
De repente, el portal en el cielo emitió un chirrido metálico. La estática dorada se volvió roja. Del otro lado, una silueta masiva comenzó a formarse. No era humana. Era algo vasto, una estructura de metal y carne que parecía una nave orgánica.
—Oh, no —susurró Mark, palideciendo—. Me han seguido.
—¿Quiénes? —preguntó Izuku, preparándose para lo peor.
—Los viltumitas —respondió Mark, y por primera vez, Izuku vio miedo real en los ojos del joven—. Si ellos cruzan, este mundo... este mundo dejará de existir en una hora.
—No si nosotros tenemos algo que decir —dijo una voz profunda a sus espaldas.
All Might, en su forma delgada pero vistiendo su traje de héroe, apareció caminando entre los escombros. No podía pelear como antes, pero su sola presencia calmó el ambiente.
—Joven Midoriya, parece que tenemos un invitado de gran calibre —dijo Toshinori, mirando a Mark—. Joven, lamento lo que sea que estés pasando. Pero en este mundo, nos ayudamos unos a otros.
Mark miró al hombre escuálido. Sintió la misma aura de autoridad que emanaba de su padre, pero sin la crueldad subyacente.
—No lo entienden —dijo Mark, volando hacia el portal mientras la primera nave de vanguardia viltrumita asomaba su proa—. Ellos no negocian. No arrestan. Ellos conquistan.
—Entonces es una suerte que este sea un mundo lleno de héroes —respondió Izuku, posicionándose al lado de Mark—. ¡Plus Ultra!
Mark miró al chico peliverde. Un chico que no tenía superfuerza natural, que dependía de un poder prestado y de su ingenio, pero que estaba dispuesto a volar hacia una flota de invasión interdimensional sin dudarlo.
—Plus Ultra... —repitió Mark, probando las palabras en sus labios—. Suena mejor que "Veni, Vidi, Vici".
—¡Prepárense! —gritó Endeavor a todos los héroes en el área—. ¡Cualquier cosa que salga de ese agujero es el enemigo! ¡Protejan a los civiles!
El primer soldado viltrumita cruzó el umbral. Era una mujer de cabello negro corto y una mirada de desprecio absoluto por la vida. Miró hacia abajo, vio los rascacielos de Musutafu y sonrió.
—Un nuevo planeta para el Imperio —dijo ella, su voz amplificada por la presión sónica—. Qué pintoresco.
Antes de que pudiera moverse, una ráfaga de aire comprimido y un puñetazo envuelto en energía verde la golpearon en la cara. Al mismo tiempo, Mark Grayson la embistió con la fuerza de un meteorito, llevándola de vuelta hacia la atmósfera superior.
—¡En este planeta no! —rugió Mark.
Izuku, impulsado por las explosiones de Bakugo (quien finalmente se había unido a la refriega con un grito de "¡No me ignores, maldito!"), subió tras ellos.
La batalla que siguió no se parecía a nada que el mundo de My Hero Academia hubiera visto jamás. No era una lucha de "buenos contra malos" con reglas y discursos. Era una guerra de supervivencia. Los héroes profesionales se coordinaron para contener los daños colaterales, mientras que los estudiantes de la Clase 1-A formaban perímetros de evacuación.
Mark y Izuku peleaban codo con codo en el aire. Mark era el martillo, rompiendo las defensas físicas de los invasores con golpes que hacían vibrar los cimientos de la ciudad. Izuku era el bisturí, usando Látigo Negro para desviar ataques y crear aperturas, aprovechando la fuerza del One For All para rematar a los enemigos que Mark debilitaba.
—¡Son demasiado fuertes! —gritó Izuku, esquivando un rayo de energía de una de las naves—. ¡Si no cerramos el portal, vendrán más!
—¡Yo lo haré! —dijo Mark— Pero necesito que alguien mantenga a esa mujer lejos de mí. ¡Es una general de Viltrum!
—Yo me encargo —dijo una voz calmada. Shoto Todoroki apareció sobre una rampa de hielo que desafiaba la gravedad, con el lado izquierdo ardiendo con una intensidad azulada—. Ve.
Mark asintió y voló directamente hacia el centro de la anomalía. Sabía que su propia fisiología era la clave; su ADN, interactuando con la energía del portal que lo había traído, podía actuar como un cortocircuito.
Mientras Mark se adentraba en el vórtice, Izuku se quedó atrás, cubriéndole las espaldas. Vio a Mark desaparecer en la luz dorada y roja. Por un momento, el tiempo pareció detenerse.
—¡Espero que encuentres tu camino, Invencible! —gritó Izuku, lanzando un Delaware Smash final contra el último soldado que intentaba entrar.
Con una explosión cegadora, el portal se contrajo. La onda de choque lanzó a todos los héroes hacia el suelo. Cuando el humo se disipó y el cielo volvió a su color azul normal, el vacío estaba desierto. No había naves, no había soldados, y no había rastro de Mark Grayson.
Izuku aterrizó pesadamente sobre el techo de un edificio, respirando con dificultad. Sus brazos temblaban y su traje estaba destrozado.
—¿Se ha ido? —preguntó Bakugo, llegando a su lado, cojeando pero aún con su orgullo intacto.
—Sí —dijo Izuku, mirando hacia donde había estado la grieta—. Volvió a su guerra.
—Era fuerte —admitió Bakugo, escupiendo un poco de sangre—. Demasiado fuerte. Si se hubiera quedado, no sé si habríamos podido detenerlo si se volvía loco.
Izuku guardó silencio. Recordó la mirada de Mark antes de entrar al portal. No era la mirada de un conquistador, sino la de un hijo que cargaba con los pecados de su padre.
—No era un villano, Kacchan —dijo Izuku suavemente—. Solo era un héroe en un mundo que no le permite serlo.
A miles de años luz, o quizás en una dimensión paralela, Mark Grayson aterrizaba en un páramo desolado, rodeado de los restos de su propia batalla. Miró sus manos, todavía sintiendo el eco de la energía verde que lo había ayudado.
—Gracias, Deku —susurró Mark al viento de su propio mundo destruido—. Me recordaste por qué sigo peleando.
En Musutafu, la reconstrucción comenzaría pronto. Los periódicos hablarían del "Héroe de otro mundo", y los científicos debatirían sobre la existencia del multiverso durante décadas. Pero para Izuku Midoriya, Mark Grayson sería siempre un recordatorio de que, sin importar en qué universo te encuentres, ser un héroe siempre significa lo mismo: estar dispuesto a sangrar para que otros no tengan que hacerlo.
Izuku se ajustó los guantes y miró el horizonte. El sol se estaba poniendo, y aunque la amenaza inmediata había pasado, sabía que siempre habría otra. Pero ahora, sabía que en algún lugar, más allá de las estrellas y las grietas de la realidad, no estaba solo en esa lucha.
—Plus Ultra, Invencible —dijo Izuku para sí mismo, antes de saltar hacia la ciudad para seguir ayudando a los heridos.
—¡Mantengan la distancia! —gritó Endeavor, su voz resonando como un trueno mientras las llamas brotaban de sus hombros—. ¡No sabemos qué es esa cosa!
Frente a ellos, emergiendo de una brecha que escupía estática dorada, no apareció un monstruo de la Liga de Villanos ni un Nomu de alta gama. Lo que cayó del cielo fue un hombre. O al menos, algo que tenía forma de hombre. Su traje, una mezcla de blanco y rojo, estaba desgarrado, y lo que más aterrorizó a los héroes profesionales no fue su apariencia, sino la presión atmosférica que parecía doblegarse ante su sola presencia.
Mark Grayson, conocido en su mundo como Invencible, aterrizó con un impacto que agrietó el asfalto en un radio de veinte metros. No lo hizo con la elegancia de un héroe, sino con la pesadez de alguien que ha sido arrojado a través de las dimensiones. Tenía el rostro cubierto de sangre, y sus ojos, nublados por el cansancio, buscaron desesperadamente una referencia conocida.
—¿Papá? —susurró Mark, aunque su voz fue ahogada por el estruendo de un edificio colapsando a lo lejos.
—¡Identifícate! —ordenó Endeavor, descendiendo mientras el calor a su alrededor hacía que el aire vibrara—. ¿Eres un aliado de Shigaraki? ¿De dónde has salido?
Mark se puso en pie lentamente. Sus músculos se tensaron. No reconocía el traje de aquel hombre envuelto en fuego, ni las extrañas estructuras de la ciudad. Lo que sí reconoció fue la hostilidad. En su mundo, la hostilidad solía preceder a una paliza que nivelaba ciudades.
—No sé quién es Shigaraki —respondió Mark, limpiándose la sangre del labio con el dorso del guante—. Y no tengo tiempo para esto. Necesito volver. El portal... se está cerrando.
—No vas a ir a ninguna parte hasta que respondas —intervino una voz más joven.
Izuku descendió suavemente, aterrizando a unos metros de Endeavor. Sus ojos verdes analizaban al recién llegado con una mezcla de precaución y fascinación. El análisis de Midoriya trabajaba a mil por hora: no había rastro de una mutación física evidente, pero la densidad ósea y la presión que emanaba sugerían una fuerza bruta que rivalizaba con la de All Might en su mejor momento.
—Espera, Endeavor-san —dijo Izuku, levantando una mano—. No parece un villano. Está herido y confundido.
—¡Cuidado, Deku! —advirtió Bakugo, llegando a la escena con explosiones controladas en sus palmas—. Mira su ropa. Está cubierta de sangre que no es suya. Ese tipo es un carnicero.
Mark soltó una risa amarga, una que contenía demasiado dolor para alguien de su edad.
—Tienen razón en eso —dijo Mark, mirando a Bakugo—. He visto demasiada sangre hoy. Pero si intentan detenerme, voy a tener que defenderme. Y créanme, no quieren eso.
—¿Es una amenaza? —Bakugo se impulsó hacia adelante, con el rostro contraído en una mueca de furia—. ¡A ver si aguantas esto, extra de mierda!
—¡Kacchan, no! —gritó Izuku.
Bakugo lanzó una explosión de gran escala directamente al pecho de Mark. El humo cubrió el área, y por un segundo, los héroes pensaron que el conflicto había terminado antes de empezar. Sin embargo, cuando el humo se disipó, Mark ni siquiera se había movido. Su traje estaba un poco más chamuscado, pero su piel no presentaba ni una sola quemadura.
—Eso... —Mark miró el lugar donde la explosión lo había golpeado— ...ha hecho cosquillas. Mi turno.
En un parpadeo, Mark desapareció. No fue velocidad de desplazamiento común; fue una aceleración que rompió la barrera del sonido en un espacio reducido. Antes de que Bakugo pudiera reaccionar, Mark estaba frente a él. No usó un puñetazo, simplemente le dio un empujón con la palma de la mano.
El resultado fue catastrófico. Bakugo salió disparado como una bala de cañón, atravesando dos muros de hormigón antes de quedar sepultado bajo los escombros de una cafetería.
—¡Kacchan! —Izuku activó el One For All al 45% instantáneamente. Las centellas verdes envolvieron su cuerpo y sus ojos se iluminaron—. ¡Eso fue demasiado lejos!
—Él empezó —dijo Mark, elevándose unos centímetros del suelo—. Solo quiero volver a casa. Mi mundo está en guerra. Mi padre está...
Mark se detuvo. El dolor en su voz era palpable. Izuku, a pesar de la rabia, lo sintió. Había una desesperación en este extraño que no encajaba con la maldad pura de los villanos que conocía.
—Podemos ayudarte —dijo Izuku, tratando de calmar la situación mientras Endeavor se preparaba para lanzar una lanza de fuego—. Pero tienes que detenerte. En este mundo, los héroes no usan esa fuerza sin control.
—¿Héroes? —Mark miró a su alrededor, viendo a los profesionales que empezaban a rodear el perímetro—. He oído esa palabra antes. En mi mundo, los héroes mueren o se convierten en los monstruos que juraron combatir.
—¡Suficiente charla! —Endeavor lanzó una ráfaga de llamas blancas—. ¡Prominence Burn!
Mark no esquivó. Cruzó los brazos frente a su rostro y recibió el impacto directo. El calor era intenso, suficiente para derretir el acero, pero para un viltrumita medio de sangre, era apenas una molestia térmica. Con un movimiento violento de sus brazos, Mark disipó las llamas, creando una onda de choque que obligó a los héroes cercanos a cubrirse.
—No quiero matarlos —dijo Mark, y su voz ahora sonaba profunda, imponente—. Pero si se interponen entre yo y ese portal, lo haré.
Izuku se lanzó al ataque. Sabía que la fuerza bruta no funcionaría, así que usó a Látigo Negro para enredar las piernas de Mark mientras se movía en zigzag por el aire usando el Quirk de Flotar.
—¡Escúchame! —gritó Izuku, lanzando una patada de aire comprimido—. ¡Si ese portal te trajo aquí, la única forma de volver es estabilizándolo! ¡Pelear solo lo destruirá más rápido!
Mark atrapó la pierna de Izuku en el aire. La fuerza del agarre fue tal que Izuku sintió que sus huesos crujían bajo el traje reforzado.
—¿Sabes cómo cerrarlo? —preguntó Mark, sus ojos clavados en los de Izuku.
—Tenemos científicos, tenemos héroes con Quirks espaciales —respondió Izuku, aguantando el dolor—. Pero no podemos ayudarte si destruyes la ciudad.
Mark miró hacia abajo. Vio a la gente corriendo, el miedo en sus rostros, y vio a Bakugo saliendo de los escombros, tosiendo sangre pero aún con ganas de pelear. Se dio cuenta de que estos "héroes" eran diferentes a los Guardianes del Globo o a su padre. Había una fragilidad en ellos, pero también una determinación que le recordaba a sí mismo antes de que todo se desmoronara.
—Está bien —dijo Mark, soltando a Izuku—. Tienes cinco minutos. Si en cinco minutos ese portal se cierra y yo sigo aquí, consideraré que esto es una prisión. Y no me gustan las prisiones.
Endeavor aterrizó junto a ellos, con los puños todavía envueltos en fuego líquido.
—¿Vas a confiar en este maníaco, Deku? —gruñó el héroe número uno.
—No es un maníaco, señor —respondió Izuku, aterrizando con dificultad—. Es alguien que ha perdido mucho. Como nosotros.
De repente, el portal en el cielo emitió un chirrido metálico. La estática dorada se volvió roja. Del otro lado, una silueta masiva comenzó a formarse. No era humana. Era algo vasto, una estructura de metal y carne que parecía una nave orgánica.
—Oh, no —susurró Mark, palideciendo—. Me han seguido.
—¿Quiénes? —preguntó Izuku, preparándose para lo peor.
—Los viltumitas —respondió Mark, y por primera vez, Izuku vio miedo real en los ojos del joven—. Si ellos cruzan, este mundo... este mundo dejará de existir en una hora.
—No si nosotros tenemos algo que decir —dijo una voz profunda a sus espaldas.
All Might, en su forma delgada pero vistiendo su traje de héroe, apareció caminando entre los escombros. No podía pelear como antes, pero su sola presencia calmó el ambiente.
—Joven Midoriya, parece que tenemos un invitado de gran calibre —dijo Toshinori, mirando a Mark—. Joven, lamento lo que sea que estés pasando. Pero en este mundo, nos ayudamos unos a otros.
Mark miró al hombre escuálido. Sintió la misma aura de autoridad que emanaba de su padre, pero sin la crueldad subyacente.
—No lo entienden —dijo Mark, volando hacia el portal mientras la primera nave de vanguardia viltrumita asomaba su proa—. Ellos no negocian. No arrestan. Ellos conquistan.
—Entonces es una suerte que este sea un mundo lleno de héroes —respondió Izuku, posicionándose al lado de Mark—. ¡Plus Ultra!
Mark miró al chico peliverde. Un chico que no tenía superfuerza natural, que dependía de un poder prestado y de su ingenio, pero que estaba dispuesto a volar hacia una flota de invasión interdimensional sin dudarlo.
—Plus Ultra... —repitió Mark, probando las palabras en sus labios—. Suena mejor que "Veni, Vidi, Vici".
—¡Prepárense! —gritó Endeavor a todos los héroes en el área—. ¡Cualquier cosa que salga de ese agujero es el enemigo! ¡Protejan a los civiles!
El primer soldado viltrumita cruzó el umbral. Era una mujer de cabello negro corto y una mirada de desprecio absoluto por la vida. Miró hacia abajo, vio los rascacielos de Musutafu y sonrió.
—Un nuevo planeta para el Imperio —dijo ella, su voz amplificada por la presión sónica—. Qué pintoresco.
Antes de que pudiera moverse, una ráfaga de aire comprimido y un puñetazo envuelto en energía verde la golpearon en la cara. Al mismo tiempo, Mark Grayson la embistió con la fuerza de un meteorito, llevándola de vuelta hacia la atmósfera superior.
—¡En este planeta no! —rugió Mark.
Izuku, impulsado por las explosiones de Bakugo (quien finalmente se había unido a la refriega con un grito de "¡No me ignores, maldito!"), subió tras ellos.
La batalla que siguió no se parecía a nada que el mundo de My Hero Academia hubiera visto jamás. No era una lucha de "buenos contra malos" con reglas y discursos. Era una guerra de supervivencia. Los héroes profesionales se coordinaron para contener los daños colaterales, mientras que los estudiantes de la Clase 1-A formaban perímetros de evacuación.
Mark y Izuku peleaban codo con codo en el aire. Mark era el martillo, rompiendo las defensas físicas de los invasores con golpes que hacían vibrar los cimientos de la ciudad. Izuku era el bisturí, usando Látigo Negro para desviar ataques y crear aperturas, aprovechando la fuerza del One For All para rematar a los enemigos que Mark debilitaba.
—¡Son demasiado fuertes! —gritó Izuku, esquivando un rayo de energía de una de las naves—. ¡Si no cerramos el portal, vendrán más!
—¡Yo lo haré! —dijo Mark— Pero necesito que alguien mantenga a esa mujer lejos de mí. ¡Es una general de Viltrum!
—Yo me encargo —dijo una voz calmada. Shoto Todoroki apareció sobre una rampa de hielo que desafiaba la gravedad, con el lado izquierdo ardiendo con una intensidad azulada—. Ve.
Mark asintió y voló directamente hacia el centro de la anomalía. Sabía que su propia fisiología era la clave; su ADN, interactuando con la energía del portal que lo había traído, podía actuar como un cortocircuito.
Mientras Mark se adentraba en el vórtice, Izuku se quedó atrás, cubriéndole las espaldas. Vio a Mark desaparecer en la luz dorada y roja. Por un momento, el tiempo pareció detenerse.
—¡Espero que encuentres tu camino, Invencible! —gritó Izuku, lanzando un Delaware Smash final contra el último soldado que intentaba entrar.
Con una explosión cegadora, el portal se contrajo. La onda de choque lanzó a todos los héroes hacia el suelo. Cuando el humo se disipó y el cielo volvió a su color azul normal, el vacío estaba desierto. No había naves, no había soldados, y no había rastro de Mark Grayson.
Izuku aterrizó pesadamente sobre el techo de un edificio, respirando con dificultad. Sus brazos temblaban y su traje estaba destrozado.
—¿Se ha ido? —preguntó Bakugo, llegando a su lado, cojeando pero aún con su orgullo intacto.
—Sí —dijo Izuku, mirando hacia donde había estado la grieta—. Volvió a su guerra.
—Era fuerte —admitió Bakugo, escupiendo un poco de sangre—. Demasiado fuerte. Si se hubiera quedado, no sé si habríamos podido detenerlo si se volvía loco.
Izuku guardó silencio. Recordó la mirada de Mark antes de entrar al portal. No era la mirada de un conquistador, sino la de un hijo que cargaba con los pecados de su padre.
—No era un villano, Kacchan —dijo Izuku suavemente—. Solo era un héroe en un mundo que no le permite serlo.
A miles de años luz, o quizás en una dimensión paralela, Mark Grayson aterrizaba en un páramo desolado, rodeado de los restos de su propia batalla. Miró sus manos, todavía sintiendo el eco de la energía verde que lo había ayudado.
—Gracias, Deku —susurró Mark al viento de su propio mundo destruido—. Me recordaste por qué sigo peleando.
En Musutafu, la reconstrucción comenzaría pronto. Los periódicos hablarían del "Héroe de otro mundo", y los científicos debatirían sobre la existencia del multiverso durante décadas. Pero para Izuku Midoriya, Mark Grayson sería siempre un recordatorio de que, sin importar en qué universo te encuentres, ser un héroe siempre significa lo mismo: estar dispuesto a sangrar para que otros no tengan que hacerlo.
Izuku se ajustó los guantes y miró el horizonte. El sol se estaba poniendo, y aunque la amenaza inmediata había pasado, sabía que siempre habría otra. Pero ahora, sabía que en algún lugar, más allá de las estrellas y las grietas de la realidad, no estaba solo en esa lucha.
—Plus Ultra, Invencible —dijo Izuku para sí mismo, antes de saltar hacia la ciudad para seguir ayudando a los heridos.
