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My hero academia
Fandom: My héroe academia invencible
Criado: 14/04/2026
Tags
CrossoverAçãoUA (Universo Alternativo)HumorParódiaFicção CientíficaÓpera EspacialAventura
El Despertar de los Mundos: El Puño que Desafía al Destino
El cielo de Musutafu, usualmente surcado por héroes profesionales en sus patrullas matutinas, se tiñó de un azul eléctrico antinatural. No era un quirk, ni un ataque de la Liga de Villanos. En un instante, sobre cada rascacielos de Japón, sobre la Casa Blanca en Estados Unidos, sobre la Torre Eiffel y las plazas de Moscú, aparecieron pantallas colosales que desafiaban las leyes de la física. No tenían soporte, no proyectaban luz desde ningún foco; simplemente existían, como una herida en la realidad.
En la Academia U.A., las clases se detuvieron en seco. Izuku Midoriya, con el cuaderno de notas a medio abrir, se pegó al ventanal junto a sus compañeros de la Clase 1-A.
—¿Qué es eso? ¿Un mensaje de algún villano? —preguntó Bakugo, con las chispas ya saltando de sus palmas y una expresión de furia contenida.
—No parece tecnología de este mundo —murmuró Shoto Todoroki, con su mirada heterocromática fija en la imagen estática que comenzaba a formarse en el cielo.
De repente, las pantallas cobraron vida. No hubo sonido al principio, solo la imagen de un hombre. Pero no era un héroe con capa reluciente ni un villano de aspecto aterrador. Era un sujeto de aspecto ordinario, calvo, con una expresión de aburrimiento tan profunda que resultaba desconcertante. Vestía un traje amarillo chillón y una capa blanca que ondeaba al viento.
—¿Quién es ese tipo? —preguntó Kirishima, rascándose la cabeza—. No parece muy fuerte.
—Silencio —ordenó el profesor Aizawa, que acababa de entrar al aula con el rostro tenso—. Está pasando en todo el mundo. Los gobiernos están en pánico. Esa pantalla no puede ser hackeada ni apagada.
Una voz resonó no en los oídos, sino directamente en la mente de cada ser humano en el planeta. Era una voz antigua, carente de emoción, que parecía provenir del tejido mismo del universo.
—Habitantes de la Tierra —dijo la voz mientras la imagen del hombre calvo se alejaba para mostrarlo de pie sobre una nave espacial de proporciones continentales—. Vuestra supervivencia ha sido dictada por la fuerza de vuestros defensores. Pero hoy, seréis testigos de la cúspide de la existencia. Para que este mundo sea digno de continuar, debéis comprender la magnitud de la amenaza que acecha en el vacío... y la naturaleza del hombre que la contiene.
La pantalla cambió. Frente al hombre calvo, cuya expresión no había cambiado ni un ápice, surgió una figura imponente. Era un ser de piel azulada, armadura dorada y un ojo central que desprendía una energía destructiva capaz de evaporar océanos.
—Soy Boros, dominador del universo —rugió el alienígena en la pantalla, y su voz hizo vibrar los cristales de la U.A.—. He viajado por galaxias enteras buscando a alguien que pueda darme una batalla digna. ¡Dime, humano, eres tú quien me fue profetizado!
En la pantalla, el hombre calvo, identificado ahora por un subtítulo que apareció en la base de la imagen como "Saitama", simplemente se hurgó la oreja con el dedo meñique.
—Sí, lo que digas —respondió Saitama con una voz plana—. ¿Vas a pelear o qué? Es que hay ofertas en el supermercado esta tarde y no quiero llegar tarde.
Un silencio sepulcral cayó sobre el mundo real. En las calles de Hosu, los ciudadanos miraban incrédulos. En la oficina de Endeavor, el héroe número uno apretaba los puños hasta que sus nudillos blanquearon.
—¿Ese tipo... está bromeando? —susurró All Might desde la sala de profesores, con su forma delgada temblando ligeramente—. La presión que desprende ese tal Boros... es mayor que la de cualquier villano que haya enfrentado en mi vida. Incluso más que All For One.
La batalla estalló.
Lo que siguió no fue una pelea de héroes contra villanos. Fue una catástrofe de escala cósmica. Boros se lanzó hacia adelante, un rayo de energía púrpura que impactó contra Saitama. La onda de choque fue tan poderosa que la nave sobre la que estaban, una estructura de kilómetros de largo, se hundió bajo sus pies.
—¡Es increíble! —gritó Midoriya, con los ojos llorosos por el esfuerzo de no parpadear—. ¡Su velocidad... ni siquiera el Gran Torino podría seguirle el ritmo!
En la pantalla, Boros lanzaba ráfagas de golpes que derretían el metal de la nave. Saitama, sin embargo, se limitaba a esquivar con movimientos perezosos o a recibir los impactos directos sin que una sola gota de sangre manchara su traje amarillo.
—¡Vamos! —rugió Boros en la pantalla, su cuerpo brillando con una luz blanca cegadora—. ¡Usa todo tu poder! ¡Sé que estás ocultando algo!
Boros golpeó a Saitama con tal fuerza que el héroe calvo salió disparado hacia arriba. La cámara de la pantalla, moviéndose a una velocidad que desafiaba la lógica, lo siguió. El mundo entero contuvo el aliento cuando vieron a Saitama atravesar las nubes, la atmósfera y, finalmente, impactar contra la superficie de la Luna.
—¡Lo mató! —exclamó Uraraka, llevándose las manos a la boca.
—No... miren —dijo Todoroki, señalando la pantalla.
Saitama estaba sentado en un cráter lunar. Se tapó la nariz, miró a su alrededor con curiosidad, y luego, con la misma calma con la que uno se levanta del sofá, flexionó las rodillas.
El salto de regreso a la Tierra fue un estallido de energía cinética. La Luna misma pareció agrietarse bajo la presión de su despegue. Segundos después, Saitama aterrizó de nuevo en la nave, frente a un Boros que jadeaba por el esfuerzo.
—He vuelto —dijo Saitama simplemente.
—¿Cómo es posible? —preguntó Bakugo, su voz era apenas un susurro de puro shock—. Ese tipo... no tiene un quirk de fuerza. Él... él es la fuerza misma.
La batalla llegó a su clímax. Boros, desesperado y excitado por haber encontrado a un igual, concentró toda su energía vital. Su piel se volvió oscura, sus venas brillaron como lava.
—¡Ráfaga de Cañón de Estrella Colapsante! —gritó el alienígena, disparando un torrente de energía azul que prometía borrar la superficie de la Tierra del mapa estelar—. ¡Te destruiré a ti y a este planeta conmigo!
En ese momento, la expresión de Saitama cambió. Por una fracción de segundo, el aburrimiento desapareció, reemplazado por una seriedad gélida que heló la sangre de todos los que lo veían a través de la pantalla.
—Supongo que esto es serio —dijo Saitama.
El hombre calvo echó el brazo derecho hacia atrás. No hubo destellos de luz, no hubo gritos de batalla, no hubo acumulación de energía elemental. Solo un puñetazo.
—Serie Mortal: Golpe Serio —anunció.
El impacto del puño de Saitama contra el rayo de Boros no produjo una explosión, sino una división. El aire mismo se partió a la mitad. El ataque de Boros fue disipado como si fuera humo ante un ventilador gigante. La onda expansiva del golpe de Saitama recorrió miles de kilómetros, despejando las nubes de todo el hemisferio y dejando una cicatriz en la atmósfera terrestre que sería visible durante semanas.
Boros cayó, su cuerpo destrozado y su energía agotada. Saitama permaneció allí, con su capa ondeando, intacto.
—Eres... demasiado fuerte —susurró Boros con su último aliento—. Ni siquiera fue una batalla. Me tenías dominado desde el principio.
Saitama bajó la mirada, y por un momento, los habitantes de la Tierra vieron tristeza en sus ojos.
—Sí —respondió—. De nuevo, solo fue un golpe.
La pantalla se fundió a negro. El silencio que siguió en la clase 1-A, y en todo el mundo, fue absoluto. No había vítores, solo una comprensión aterradora.
—Ese hombre... —comenzó Aizawa, tratando de recuperar su compostura profesional—, no es un héroe que podamos clasificar. Lo que acabamos de ver es el límite absoluto de lo que significa ser fuerte.
Midoriya miró sus propias manos, que temblaban violentamente. Había pasado toda su vida admirando a All Might, buscando alcanzar la cima del One For All. Pero lo que acababa de presenciar... era algo diferente. No era solo poder; era una soledad absoluta nacida de la invencibilidad.
—Deku... —susurró Bakugo, quien por primera vez no parecía querer gritar—. ¿Crees que ese tipo sea real? ¿Crees que esté en algún lugar de este mundo?
—No lo sé, Kacchan —respondió Izuku, volviendo a mirar al cielo donde las pantallas habían desaparecido—. Pero si existe, el mundo que conocemos acaba de cambiar para siempre. Ya no podemos decir que somos los más fuertes. Solo podemos esperar que él esté de nuestro lado.
En algún lugar de una ciudad vecina, un hombre calvo caminaba por la calle con una bolsa de compras en la mano, ajeno al caos mundial que su imagen había provocado.
—Rayos —murmuró Saitama, mirando su reloj—. Me perdí la oferta del repollo. Todo por culpa de ese tipo del ojo grande.
Saitama suspiró, su capa blanca arrastrándose ligeramente por el pavimento mientras se dirigía a su modesto apartamento, sin saber que, desde ese día, el nombre de "El Calvo con Capa" sería susurrado con temor y reverencia por cada héroe y villano del planeta. El mundo de My Hero Academia había conocido a su dios, y el dios solo quería llegar a tiempo para la cena.
En la Academia U.A., las clases se detuvieron en seco. Izuku Midoriya, con el cuaderno de notas a medio abrir, se pegó al ventanal junto a sus compañeros de la Clase 1-A.
—¿Qué es eso? ¿Un mensaje de algún villano? —preguntó Bakugo, con las chispas ya saltando de sus palmas y una expresión de furia contenida.
—No parece tecnología de este mundo —murmuró Shoto Todoroki, con su mirada heterocromática fija en la imagen estática que comenzaba a formarse en el cielo.
De repente, las pantallas cobraron vida. No hubo sonido al principio, solo la imagen de un hombre. Pero no era un héroe con capa reluciente ni un villano de aspecto aterrador. Era un sujeto de aspecto ordinario, calvo, con una expresión de aburrimiento tan profunda que resultaba desconcertante. Vestía un traje amarillo chillón y una capa blanca que ondeaba al viento.
—¿Quién es ese tipo? —preguntó Kirishima, rascándose la cabeza—. No parece muy fuerte.
—Silencio —ordenó el profesor Aizawa, que acababa de entrar al aula con el rostro tenso—. Está pasando en todo el mundo. Los gobiernos están en pánico. Esa pantalla no puede ser hackeada ni apagada.
Una voz resonó no en los oídos, sino directamente en la mente de cada ser humano en el planeta. Era una voz antigua, carente de emoción, que parecía provenir del tejido mismo del universo.
—Habitantes de la Tierra —dijo la voz mientras la imagen del hombre calvo se alejaba para mostrarlo de pie sobre una nave espacial de proporciones continentales—. Vuestra supervivencia ha sido dictada por la fuerza de vuestros defensores. Pero hoy, seréis testigos de la cúspide de la existencia. Para que este mundo sea digno de continuar, debéis comprender la magnitud de la amenaza que acecha en el vacío... y la naturaleza del hombre que la contiene.
La pantalla cambió. Frente al hombre calvo, cuya expresión no había cambiado ni un ápice, surgió una figura imponente. Era un ser de piel azulada, armadura dorada y un ojo central que desprendía una energía destructiva capaz de evaporar océanos.
—Soy Boros, dominador del universo —rugió el alienígena en la pantalla, y su voz hizo vibrar los cristales de la U.A.—. He viajado por galaxias enteras buscando a alguien que pueda darme una batalla digna. ¡Dime, humano, eres tú quien me fue profetizado!
En la pantalla, el hombre calvo, identificado ahora por un subtítulo que apareció en la base de la imagen como "Saitama", simplemente se hurgó la oreja con el dedo meñique.
—Sí, lo que digas —respondió Saitama con una voz plana—. ¿Vas a pelear o qué? Es que hay ofertas en el supermercado esta tarde y no quiero llegar tarde.
Un silencio sepulcral cayó sobre el mundo real. En las calles de Hosu, los ciudadanos miraban incrédulos. En la oficina de Endeavor, el héroe número uno apretaba los puños hasta que sus nudillos blanquearon.
—¿Ese tipo... está bromeando? —susurró All Might desde la sala de profesores, con su forma delgada temblando ligeramente—. La presión que desprende ese tal Boros... es mayor que la de cualquier villano que haya enfrentado en mi vida. Incluso más que All For One.
La batalla estalló.
Lo que siguió no fue una pelea de héroes contra villanos. Fue una catástrofe de escala cósmica. Boros se lanzó hacia adelante, un rayo de energía púrpura que impactó contra Saitama. La onda de choque fue tan poderosa que la nave sobre la que estaban, una estructura de kilómetros de largo, se hundió bajo sus pies.
—¡Es increíble! —gritó Midoriya, con los ojos llorosos por el esfuerzo de no parpadear—. ¡Su velocidad... ni siquiera el Gran Torino podría seguirle el ritmo!
En la pantalla, Boros lanzaba ráfagas de golpes que derretían el metal de la nave. Saitama, sin embargo, se limitaba a esquivar con movimientos perezosos o a recibir los impactos directos sin que una sola gota de sangre manchara su traje amarillo.
—¡Vamos! —rugió Boros en la pantalla, su cuerpo brillando con una luz blanca cegadora—. ¡Usa todo tu poder! ¡Sé que estás ocultando algo!
Boros golpeó a Saitama con tal fuerza que el héroe calvo salió disparado hacia arriba. La cámara de la pantalla, moviéndose a una velocidad que desafiaba la lógica, lo siguió. El mundo entero contuvo el aliento cuando vieron a Saitama atravesar las nubes, la atmósfera y, finalmente, impactar contra la superficie de la Luna.
—¡Lo mató! —exclamó Uraraka, llevándose las manos a la boca.
—No... miren —dijo Todoroki, señalando la pantalla.
Saitama estaba sentado en un cráter lunar. Se tapó la nariz, miró a su alrededor con curiosidad, y luego, con la misma calma con la que uno se levanta del sofá, flexionó las rodillas.
El salto de regreso a la Tierra fue un estallido de energía cinética. La Luna misma pareció agrietarse bajo la presión de su despegue. Segundos después, Saitama aterrizó de nuevo en la nave, frente a un Boros que jadeaba por el esfuerzo.
—He vuelto —dijo Saitama simplemente.
—¿Cómo es posible? —preguntó Bakugo, su voz era apenas un susurro de puro shock—. Ese tipo... no tiene un quirk de fuerza. Él... él es la fuerza misma.
La batalla llegó a su clímax. Boros, desesperado y excitado por haber encontrado a un igual, concentró toda su energía vital. Su piel se volvió oscura, sus venas brillaron como lava.
—¡Ráfaga de Cañón de Estrella Colapsante! —gritó el alienígena, disparando un torrente de energía azul que prometía borrar la superficie de la Tierra del mapa estelar—. ¡Te destruiré a ti y a este planeta conmigo!
En ese momento, la expresión de Saitama cambió. Por una fracción de segundo, el aburrimiento desapareció, reemplazado por una seriedad gélida que heló la sangre de todos los que lo veían a través de la pantalla.
—Supongo que esto es serio —dijo Saitama.
El hombre calvo echó el brazo derecho hacia atrás. No hubo destellos de luz, no hubo gritos de batalla, no hubo acumulación de energía elemental. Solo un puñetazo.
—Serie Mortal: Golpe Serio —anunció.
El impacto del puño de Saitama contra el rayo de Boros no produjo una explosión, sino una división. El aire mismo se partió a la mitad. El ataque de Boros fue disipado como si fuera humo ante un ventilador gigante. La onda expansiva del golpe de Saitama recorrió miles de kilómetros, despejando las nubes de todo el hemisferio y dejando una cicatriz en la atmósfera terrestre que sería visible durante semanas.
Boros cayó, su cuerpo destrozado y su energía agotada. Saitama permaneció allí, con su capa ondeando, intacto.
—Eres... demasiado fuerte —susurró Boros con su último aliento—. Ni siquiera fue una batalla. Me tenías dominado desde el principio.
Saitama bajó la mirada, y por un momento, los habitantes de la Tierra vieron tristeza en sus ojos.
—Sí —respondió—. De nuevo, solo fue un golpe.
La pantalla se fundió a negro. El silencio que siguió en la clase 1-A, y en todo el mundo, fue absoluto. No había vítores, solo una comprensión aterradora.
—Ese hombre... —comenzó Aizawa, tratando de recuperar su compostura profesional—, no es un héroe que podamos clasificar. Lo que acabamos de ver es el límite absoluto de lo que significa ser fuerte.
Midoriya miró sus propias manos, que temblaban violentamente. Había pasado toda su vida admirando a All Might, buscando alcanzar la cima del One For All. Pero lo que acababa de presenciar... era algo diferente. No era solo poder; era una soledad absoluta nacida de la invencibilidad.
—Deku... —susurró Bakugo, quien por primera vez no parecía querer gritar—. ¿Crees que ese tipo sea real? ¿Crees que esté en algún lugar de este mundo?
—No lo sé, Kacchan —respondió Izuku, volviendo a mirar al cielo donde las pantallas habían desaparecido—. Pero si existe, el mundo que conocemos acaba de cambiar para siempre. Ya no podemos decir que somos los más fuertes. Solo podemos esperar que él esté de nuestro lado.
En algún lugar de una ciudad vecina, un hombre calvo caminaba por la calle con una bolsa de compras en la mano, ajeno al caos mundial que su imagen había provocado.
—Rayos —murmuró Saitama, mirando su reloj—. Me perdí la oferta del repollo. Todo por culpa de ese tipo del ojo grande.
Saitama suspiró, su capa blanca arrastrándose ligeramente por el pavimento mientras se dirigía a su modesto apartamento, sin saber que, desde ese día, el nombre de "El Calvo con Capa" sería susurrado con temor y reverencia por cada héroe y villano del planeta. El mundo de My Hero Academia había conocido a su dios, y el dios solo quería llegar a tiempo para la cena.
