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multiverso reacciona multiverso
Fandom: multiverso
Criado: 15/04/2026
Tags
CrossoverUA (Universo Alternativo)Ficção CientíficaDistopiaPsicológicoDramaAçãoExperimentação HumanaSátiraViolência Gráfica
Ídolos de Barro y Sangre: El Espejo de los Siete
La Sala del Nexo bullía con una energía eléctrica, una mezcla de confusión y anticipación que solo ocurría cuando las realidades colisionaban. En aquel espacio infinito, donde las paredes parecían estar hechas de nebulosas y el suelo era un cristal oscuro que reflejaba estrellas lejanas, se encontraban representantes de incontables mundos. Héroes de mallas brillantes, guerreros de armaduras oxidadas, magos de barbas blancas y adolescentes con poderes que apenas comprendían.
En el centro de la estancia, una pantalla colosal, más grande que cualquier rascacielos de Tokio o Nueva York, comenzó a emitir un zumbido sordo. El Monitor, una entidad de túnicas plateadas que observaba el multiverso, alzó una mano para pedir silencio.
—Hoy no veremos el triunfo de la justicia —su voz resonó no en los oídos, sino directamente en las mentes de los presentes—. Hoy verán la corrupción de la esperanza. Un universo donde el poder no conlleva responsabilidad, sino narcisismo y crueldad. Observen la Tierra-616, el hogar de los llamados "Siete".
La pantalla se iluminó con un brillo cegador. La música heroica, orquestal y triunfante, comenzó a sonar, pero había algo discordante en los tonos, una nota de falsedad que erizó la piel de Peter Parker, quien observaba desde la primera fila junto a un Bruce Wayne de expresión sombría.
La imagen se enfocó en la Torre Vought, un monolito de cristal y acero que dominaba el cielo de Nueva York. Entonces, aparecieron ellos.
—¿Quiénes son? —preguntó una versión joven de Clark Kent, entrecerrando los ojos—. Se ven... impresionantes.
—No te dejes engañar por la capa, chico —murmuró una voz ronca a su lado. Era Logan, que ya había sacado un puro sin encender.
En la pantalla, Homelander aterrizó suavemente frente a una multitud que vitoreaba. Su capa, una bandera estadounidense ondeante, brillaba bajo el sol. Su sonrisa era perfecta, sus dientes de un blanco irreal. A su lado, Queen Maeve, con su armadura amazónica, mantenía una expresión gélida que los más observadores interpretaron como hastío. Detrás de ellos, A-Train saludaba a las cámaras, Translucent desaparecía y reaparecía para deleite del público, y The Deep intentaba, sin mucho éxito, parecer importante.
—Son como nosotros —comento Steve Rogers, cruzando los brazos sobre su pecho—. Un equipo. Una unidad.
—Mira sus ojos, Capitán —respondió Batman, sin apartar la vista de la pantalla—. No hay rastro de sacrificio en esa mirada. Solo hambre de aprobación.
La escena cambió bruscamente. Ya no estaban en un evento público. La cámara se infiltró en los pasillos privados de Vought. El ambiente cambió de dorado a un azul frío y estéril.
La audiencia del multiverso contuvo el aliento cuando vio a Homelander entrar en una oficina. Su postura ya no era erguida y heroica; era la de un depredador aburrido. Se acercó a una empleada que temblaba visiblemente.
—¿Dónde están los números de audiencia de ayer? —preguntó Homelander. Su voz, antes cálida, ahora goteaba una amenaza silenciosa.
—Señor... bajaron un dos por ciento en el sector demográfico de jóvenes —respondió la mujer, evitando el contacto visual.
Homelander se inclinó, invadiendo su espacio personal. Sus ojos comenzaron a brillar con un rojo incandescente, el color de la muerte concentrada.
—¿Un dos por ciento? —susurró—. Después de todo lo que hago por este país.
—¡Por los dioses! —exclamó Diana de Themyscira, poniéndose en pie—. ¡Va a matarla por un simple número!
En la pantalla, Homelander soltó una carcajada seca y se alejó, dejando a la mujer al borde de un colapso nervioso. Pero lo que siguió fue peor. La pantalla mostró un montaje de la verdadera naturaleza de los Siete.
Vieron a A-Train atravesar a una joven civil, convirtiéndola en una nube de sangre y vísceras sin siquiera detenerse. Vieron a The Deep abusando de su posición de poder con la nueva integrante, Starlight, cuya expresión de horror y desilusión se reflejó en los rostros de muchos en la sala. Vieron a Translucent espiando en lugares donde nadie debería entrar.
—Esto es... asqueroso —dijo Tony Stark, cuya ironía habitual se había evaporado—. Nosotros hemos cometido errores, hemos causado daños colaterales... pero esto es puro sadismo.
—No son héroes —sentenció Thor, apretando el mango de su martillo hasta que sus nudillos se pusieron blancos—. Son monstruos disfrazados de salvadores. El trueno debería caer sobre ellos con toda su furia.
La pantalla mostró entonces el incidente del avión. Homelander y Maeve frente a cientos de pasajeros aterrorizados en un vuelo secuestrado. Los espectadores del multiverso esperaban ver un rescate milagroso. Vieron, en cambio, cómo Homelander destruía los controles de la cabina por pura negligencia y luego, con una frialdad absoluta, se negaba a salvar a nadie porque "no encajaba en la narrativa".
—¡Podría haberlos llevado a la costa uno por uno! —gritó un joven Flash, horrorizado—. ¡Tiene la fuerza, tiene el vuelo!
—No quería salvarlos —dijo una versión de Sherlock Holmes, observando la escena con un desapego analítico—. Quería que la tragedia fuera útil para su agenda política. Es una gestión de crisis, no un rescate.
La imagen de Homelander flotando sobre el océano, amenazando con sus rayos láser a los pasajeros que suplicaban por sus vidas mientras el avión caía, dejó la Sala del Nexo en un silencio sepulcral. Era la antítesis de todo lo que representaban.
—¿Por qué nos muestras esto? —preguntó Magneto desde las sombras—. ¿Para recordarnos que los humanos con poder son inherentemente corruptos?
—Para mostrarles lo que sucede cuando el poder no tiene contrapeso —respondió el Monitor—. Y para que conozcan a quienes se atreven a enfrentarlos.
La pantalla cambió. Apareció un hombre de barba espesa, ojos inyectados en sangre y una gabardina negra que parecía absorber la luz. Billy Butcher. A su lado, un grupo de inadaptados: Hughie, asustado pero decidido; Mother's Milk, el ancla moral; Frenchie y la Hembra.
—¿Ellos son los héroes? —preguntó Peter Parker, confundido—. Se ven... como criminales.
—A veces —dijo una voz profunda desde el fondo de la sala, era el Castigador, Frank Castle—, para cazar lobos, necesitas a algo que sea mucho peor que un lobo.
La audiencia observó cómo "The Boys" utilizaban tácticas brutales, chantaje y violencia para desmantelar el imperio de Vought. Vieron la crudeza de un mundo donde no había líneas morales claras, solo supervivencia y venganza.
—Es una guerra sucia —comentó Nick Fury, asintiendo levemente—. No hay honor en ello, pero es efectivo.
La pantalla mostró el enfrentamiento final de la temporada, la tensión entre Homelander y Butcher, el descubrimiento de que el "héroe" más grande del mundo era un experimento de laboratorio, un producto creado con el compuesto V.
—Son productos —dijo Bruce Banner, ajustándose las gafas—. No nacieron con dones, no fueron elegidos por el destino. Fueron fabricados en tubos de ensayo para generar dividendos. Es la industrialización de la divinidad.
—Y como todo producto —añadió Stark—, tienen una fecha de caducidad y defectos de fábrica ocultos.
La pantalla se oscureció lentamente, dejando a los miles de seres de distintos universos en un estado de introspección incómoda. Muchos miraron sus propias manos, sus propios uniformes. La línea entre el ídolo y el monstruo se había vuelto peligrosamente delgada.
—Ese mundo es un espejo oscuro —dijo Superman, su voz cargada de una tristeza infinita—. Nos muestra lo que podríamos ser si olvidáramos que nuestra humanidad es más importante que nuestras capacidades.
—¿Hay esperanza para ellos? —preguntó una joven heroína de un universo de anime.
El Monitor no respondió de inmediato. Miró la pantalla, donde ahora se reflejaba el logo de Vought manchado de sangre.
—La esperanza en ese mundo no reside en los cielos —dijo finalmente el Monitor—, sino en los hombres y mujeres que se niegan a arrodillarse ante falsos dioses. Aunque tengan que romperse las manos para derribarlos.
—Yo los ayudaría —dijo de repente un joven de cabello desordenado y cicatriz en la frente, sosteniendo una varita de madera—. No importa cuántas capas lleven, el mal es mal.
—No podrías, Potter —le respondió una versión madura de Logan—. En ese mundo, la magia es solo otra forma de que te vendan un cereal. Pero tienes razón en una cosa.
Logan se puso de pie, mirando hacia donde la imagen de Homelander se había desvanecido.
—Alguien tiene que darles una lección de humildad a esos tipos. Y me da la impresión de que Butcher es solo el comienzo.
La Sala del Nexo comenzó a disolverse, enviando a cada héroe y villano de regreso a su realidad. Pero la semilla de la duda estaba plantada. Habían visto el rostro de la perfección fabricada, y habían descubierto que detrás de la sonrisa del salvador, a veces, solo hay un vacío hambriento de poder.
Mientras se marchaba, Batman anotó algo en su mente, un plan de contingencia más para su lista infinita. "Compuesto V", escribió mentalmente. "Analizar posibles variantes en mi sector. No permitir que el marketing reemplace a la justicia".
En la inmensidad del multiverso, los Siete seguían volando, ajenos a que los ojos de toda la creación los habían juzgado y los habían encontrado carentes de alma. La reacción había terminado, pero la lección perduraría en el tejido de las realidades: el verdadero heroísmo no se mide por la fuerza de un golpe, sino por la integridad del corazón que lo dirige.
En el centro de la estancia, una pantalla colosal, más grande que cualquier rascacielos de Tokio o Nueva York, comenzó a emitir un zumbido sordo. El Monitor, una entidad de túnicas plateadas que observaba el multiverso, alzó una mano para pedir silencio.
—Hoy no veremos el triunfo de la justicia —su voz resonó no en los oídos, sino directamente en las mentes de los presentes—. Hoy verán la corrupción de la esperanza. Un universo donde el poder no conlleva responsabilidad, sino narcisismo y crueldad. Observen la Tierra-616, el hogar de los llamados "Siete".
La pantalla se iluminó con un brillo cegador. La música heroica, orquestal y triunfante, comenzó a sonar, pero había algo discordante en los tonos, una nota de falsedad que erizó la piel de Peter Parker, quien observaba desde la primera fila junto a un Bruce Wayne de expresión sombría.
La imagen se enfocó en la Torre Vought, un monolito de cristal y acero que dominaba el cielo de Nueva York. Entonces, aparecieron ellos.
—¿Quiénes son? —preguntó una versión joven de Clark Kent, entrecerrando los ojos—. Se ven... impresionantes.
—No te dejes engañar por la capa, chico —murmuró una voz ronca a su lado. Era Logan, que ya había sacado un puro sin encender.
En la pantalla, Homelander aterrizó suavemente frente a una multitud que vitoreaba. Su capa, una bandera estadounidense ondeante, brillaba bajo el sol. Su sonrisa era perfecta, sus dientes de un blanco irreal. A su lado, Queen Maeve, con su armadura amazónica, mantenía una expresión gélida que los más observadores interpretaron como hastío. Detrás de ellos, A-Train saludaba a las cámaras, Translucent desaparecía y reaparecía para deleite del público, y The Deep intentaba, sin mucho éxito, parecer importante.
—Son como nosotros —comento Steve Rogers, cruzando los brazos sobre su pecho—. Un equipo. Una unidad.
—Mira sus ojos, Capitán —respondió Batman, sin apartar la vista de la pantalla—. No hay rastro de sacrificio en esa mirada. Solo hambre de aprobación.
La escena cambió bruscamente. Ya no estaban en un evento público. La cámara se infiltró en los pasillos privados de Vought. El ambiente cambió de dorado a un azul frío y estéril.
La audiencia del multiverso contuvo el aliento cuando vio a Homelander entrar en una oficina. Su postura ya no era erguida y heroica; era la de un depredador aburrido. Se acercó a una empleada que temblaba visiblemente.
—¿Dónde están los números de audiencia de ayer? —preguntó Homelander. Su voz, antes cálida, ahora goteaba una amenaza silenciosa.
—Señor... bajaron un dos por ciento en el sector demográfico de jóvenes —respondió la mujer, evitando el contacto visual.
Homelander se inclinó, invadiendo su espacio personal. Sus ojos comenzaron a brillar con un rojo incandescente, el color de la muerte concentrada.
—¿Un dos por ciento? —susurró—. Después de todo lo que hago por este país.
—¡Por los dioses! —exclamó Diana de Themyscira, poniéndose en pie—. ¡Va a matarla por un simple número!
En la pantalla, Homelander soltó una carcajada seca y se alejó, dejando a la mujer al borde de un colapso nervioso. Pero lo que siguió fue peor. La pantalla mostró un montaje de la verdadera naturaleza de los Siete.
Vieron a A-Train atravesar a una joven civil, convirtiéndola en una nube de sangre y vísceras sin siquiera detenerse. Vieron a The Deep abusando de su posición de poder con la nueva integrante, Starlight, cuya expresión de horror y desilusión se reflejó en los rostros de muchos en la sala. Vieron a Translucent espiando en lugares donde nadie debería entrar.
—Esto es... asqueroso —dijo Tony Stark, cuya ironía habitual se había evaporado—. Nosotros hemos cometido errores, hemos causado daños colaterales... pero esto es puro sadismo.
—No son héroes —sentenció Thor, apretando el mango de su martillo hasta que sus nudillos se pusieron blancos—. Son monstruos disfrazados de salvadores. El trueno debería caer sobre ellos con toda su furia.
La pantalla mostró entonces el incidente del avión. Homelander y Maeve frente a cientos de pasajeros aterrorizados en un vuelo secuestrado. Los espectadores del multiverso esperaban ver un rescate milagroso. Vieron, en cambio, cómo Homelander destruía los controles de la cabina por pura negligencia y luego, con una frialdad absoluta, se negaba a salvar a nadie porque "no encajaba en la narrativa".
—¡Podría haberlos llevado a la costa uno por uno! —gritó un joven Flash, horrorizado—. ¡Tiene la fuerza, tiene el vuelo!
—No quería salvarlos —dijo una versión de Sherlock Holmes, observando la escena con un desapego analítico—. Quería que la tragedia fuera útil para su agenda política. Es una gestión de crisis, no un rescate.
La imagen de Homelander flotando sobre el océano, amenazando con sus rayos láser a los pasajeros que suplicaban por sus vidas mientras el avión caía, dejó la Sala del Nexo en un silencio sepulcral. Era la antítesis de todo lo que representaban.
—¿Por qué nos muestras esto? —preguntó Magneto desde las sombras—. ¿Para recordarnos que los humanos con poder son inherentemente corruptos?
—Para mostrarles lo que sucede cuando el poder no tiene contrapeso —respondió el Monitor—. Y para que conozcan a quienes se atreven a enfrentarlos.
La pantalla cambió. Apareció un hombre de barba espesa, ojos inyectados en sangre y una gabardina negra que parecía absorber la luz. Billy Butcher. A su lado, un grupo de inadaptados: Hughie, asustado pero decidido; Mother's Milk, el ancla moral; Frenchie y la Hembra.
—¿Ellos son los héroes? —preguntó Peter Parker, confundido—. Se ven... como criminales.
—A veces —dijo una voz profunda desde el fondo de la sala, era el Castigador, Frank Castle—, para cazar lobos, necesitas a algo que sea mucho peor que un lobo.
La audiencia observó cómo "The Boys" utilizaban tácticas brutales, chantaje y violencia para desmantelar el imperio de Vought. Vieron la crudeza de un mundo donde no había líneas morales claras, solo supervivencia y venganza.
—Es una guerra sucia —comentó Nick Fury, asintiendo levemente—. No hay honor en ello, pero es efectivo.
La pantalla mostró el enfrentamiento final de la temporada, la tensión entre Homelander y Butcher, el descubrimiento de que el "héroe" más grande del mundo era un experimento de laboratorio, un producto creado con el compuesto V.
—Son productos —dijo Bruce Banner, ajustándose las gafas—. No nacieron con dones, no fueron elegidos por el destino. Fueron fabricados en tubos de ensayo para generar dividendos. Es la industrialización de la divinidad.
—Y como todo producto —añadió Stark—, tienen una fecha de caducidad y defectos de fábrica ocultos.
La pantalla se oscureció lentamente, dejando a los miles de seres de distintos universos en un estado de introspección incómoda. Muchos miraron sus propias manos, sus propios uniformes. La línea entre el ídolo y el monstruo se había vuelto peligrosamente delgada.
—Ese mundo es un espejo oscuro —dijo Superman, su voz cargada de una tristeza infinita—. Nos muestra lo que podríamos ser si olvidáramos que nuestra humanidad es más importante que nuestras capacidades.
—¿Hay esperanza para ellos? —preguntó una joven heroína de un universo de anime.
El Monitor no respondió de inmediato. Miró la pantalla, donde ahora se reflejaba el logo de Vought manchado de sangre.
—La esperanza en ese mundo no reside en los cielos —dijo finalmente el Monitor—, sino en los hombres y mujeres que se niegan a arrodillarse ante falsos dioses. Aunque tengan que romperse las manos para derribarlos.
—Yo los ayudaría —dijo de repente un joven de cabello desordenado y cicatriz en la frente, sosteniendo una varita de madera—. No importa cuántas capas lleven, el mal es mal.
—No podrías, Potter —le respondió una versión madura de Logan—. En ese mundo, la magia es solo otra forma de que te vendan un cereal. Pero tienes razón en una cosa.
Logan se puso de pie, mirando hacia donde la imagen de Homelander se había desvanecido.
—Alguien tiene que darles una lección de humildad a esos tipos. Y me da la impresión de que Butcher es solo el comienzo.
La Sala del Nexo comenzó a disolverse, enviando a cada héroe y villano de regreso a su realidad. Pero la semilla de la duda estaba plantada. Habían visto el rostro de la perfección fabricada, y habían descubierto que detrás de la sonrisa del salvador, a veces, solo hay un vacío hambriento de poder.
Mientras se marchaba, Batman anotó algo en su mente, un plan de contingencia más para su lista infinita. "Compuesto V", escribió mentalmente. "Analizar posibles variantes en mi sector. No permitir que el marketing reemplace a la justicia".
En la inmensidad del multiverso, los Siete seguían volando, ajenos a que los ojos de toda la creación los habían juzgado y los habían encontrado carentes de alma. La reacción había terminado, pero la lección perduraría en el tejido de las realidades: el verdadero heroísmo no se mide por la fuerza de un golpe, sino por la integridad del corazón que lo dirige.
