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la verdad

Fandom: high schoold dxd y oregairu

Criado: 22/04/2026

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El Despertar del Dragón y el Pacto de las Nieves

La atmósfera en el club de servicio nunca había sido tan densa, pero esta vez no se debía a la apatía habitual de Hachiman Hikigaya o a la fría eficiencia de Yukino Yukinoshita. El aire mismo vibraba, cargado de una energía ancestral que hacía que los cristales de las ventanas tintinearan levemente. Frente a ellos, Issei Hyoudou no parecía el mismo chico distraído y pervertido de siempre; sus ojos castaños ahora destellaban con una intensidad dorada y carmesí, un brillo que delataba la presencia de Ddraig, pero con una magnitud que superaba cualquier registro histórico de las facciones.

Había ocurrido durante el último enfrentamiento contra los remanentes de la Facción de los Antiguos Demonios. Issei no solo había activado su Balance Breaker, sino que algo en su interior se había roto y reconstruido. Los líderes de las tres facciones, Sirzechs, Azazel y Michael, habían quedado mudos al presenciar la transformación: Issei no era simplemente el Sekiryuutei. Era la reencarnación de una esencia que precedía incluso a los Dragones Celestiales originales. Era el Dragón Celestial más fuerte de todos los tiempos, una entidad capaz de hacer temblar los cimientos del cielo y el infierno con un solo rugido.

— Issei-kun... —susurró Yui Yuigahama, rompiendo el silencio sepulcral del salón. Sus mejillas estaban encendidas y sus ojos brillaban con una mezcla de temor reverencial y una devoción que ya no podía ocultar—. Lo que vimos ayer... lo que hiciste para protegernos...

Yukino, sentada a su lado con su habitual postura recta, cerró su libro de golpe. Sus dedos temblaban ligeramente sobre la cubierta de cuero. Ella, que siempre valoraba la lógica y la independencia, se sentía abrumada por la calidez que emanaba de Issei. No era solo poder; era una seguridad absoluta, un refugio en medio de un mundo que acababa de volverse mucho más peligroso.

— No tiene sentido seguir fingiendo, Yui-ga-hama —dijo Yukino, su voz firme pero con un matiz de vulnerabilidad que rara vez mostraba—. Issei, lo que sentimos no es algo que se pueda ignorar después de presenciar la verdad de tu existencia.

En el rincón de la sala, Hachiman Hikigaya apretaba los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Sus ojos de "pescado podrido" estaban fijos en el suelo, pero su mente era un torbellino de amargura. Él, el maestro del cinismo, el hombre que se enorgullecía de leer entre líneas, se sentía patético. ¿Cómo podía competir con eso? Issei no solo era el centro del universo sobrenatural; ahora también era el centro del mundo de las dos únicas personas que Hachiman consideraba cercanas. El celo le quemaba la garganta como ácido.

— ¿De qué están hablando? —preguntó Issei, rascándose la nuca con esa honestidad brutal que lo caracterizaba—. Saben que no soy muy listo para estas cosas. Solo hice lo que tenía que hacer. No quiero que me miren como si fuera un dios o algo así. Sigo siendo Issei.

— Ese es precisamente el problema, Issei —replicó Yukino, levantándose de su silla y caminando hacia él—. Eres Issei, y aun así cargas con el peso del mundo. Yui y yo... hemos hablado. No queremos estar al margen. No queremos elegir una sobre la otra si eso significa perderte.

Yui se levantó también, colocándose al otro lado de Issei. La tensión en la habitación era casi palpable.

— Issei-kun, queremos estar contigo —dijo Yui con total sinceridad, las lágrimas asomando en las comisuras de sus ojos—. Las dos. No nos importa lo que digan los demás o lo raro que suene. Queremos una relación entre los tres. Te amamos, y nos amamos lo suficiente como para compartir este camino contigo.

Issei se quedó helado. Su corazón latía con la fuerza de un motor de alta potencia. Miró a Yukino, la "Reina de Hielo" que ahora lo observaba con ojos suplicantes, y luego a Yui, la chica que siempre había sido su rayo de sol.

— ¿Están seguras? —preguntó Issei, bajando la voz—. Mi mundo es peligroso. Soy un dragón, uno que todos quieren cazar o usar. Si acepto esto, sus vidas cambiarán para siempre.

— Ya cambiaron, idiota —masculló Hachiman desde su rincón, incapaz de contenerse más—. Mírate. Eres el maldito rey del mundo ahora. ¿Crees que dejar que estas dos se peleen por ti o se queden solas es mejor? Solo di que sí y deja de actuar como el protagonista de un manga de autosacrificio. Me enferma verte dudar cuando tienes todo lo que yo... —Se calló de golpe, desviando la mirada con rabia contenida.

Issei suspiró y una pequeña llama escarlata bailó en sus ojos.

— Está bien. Si esto es lo que de verdad quieren, no voy a mentirles. Yo también las quiero. A las dos. No puedo imaginar mi vida sin la disciplina de Yukino ni sin la alegría de Yui. Si me aceptan con todo este poder y este caos... entonces acepto.

La alegría de Yui fue instantánea; se lanzó a los brazos de Issei, sollozando de alivio. Yukino, aunque más reservada, se acercó y apoyó su cabeza en el hombro del joven, permitiéndose un momento de paz que nunca creyó alcanzar.

Sin embargo, la puerta del club se abrió con una elegancia gélida que cortó el momento romántico.

Entró una mujer de una belleza severa y una presencia que exigía sumisión inmediata. Era la madre de Yukino, la mujer que representaba la autoridad absoluta y las expectativas opresivas de la familia Yukinoshita. Detrás de ella, Shizuka Hiratsuka-sensei observaba con una expresión de preocupación y asombro.

— Madre... —susurró Yukino, separándose ligeramente de Issei, recuperando su máscara de compostura—. ¿Qué haces aquí?

La señora Yukinoshita no miró a su hija de inmediato. Sus ojos, afilados como cuchillas, se posaron directamente en Issei. El joven dragón no retrocedió; por el contrario, enderezó la espalda, y una presión invisible comenzó a llenar la habitación, respondiendo al instinto de protección hacia Yukino y Yui.

— He recibido informes —dijo la mujer, su voz era como el cristal rompiéndose—. Informes de las "altas esferas". Se habla de un joven que ha superado el poder de los dioses, alguien que ha reescrito las leyes de lo sobrenatural en una sola tarde.

Hachiman tragó saliva. Sabía que la madre de Yukino era una mujer pragmática que solo valoraba el poder y el estatus. Esperaba que ella armara un escándalo, que prohibiera la relación o que tachara a Issei de monstruo.

— Issei Hyoudou —continuó ella, acercándose hasta quedar a escasos centímetros del chico—. Me han contado tus logros. Cómo detuviste la invasión de la Brigada del Caos, cómo el propio Lucifer te trata como a un igual... y cómo tu poder ahora es la garantía de paz para este país.

Issei asintió, manteniendo el contacto visual.

— Solo trato de proteger a quienes me importan, señora.

La madre de Yukino esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos, pero que carecía de la malicia habitual. Era una sonrisa de reconocimiento.

— Yukino me ha dado muchos problemas con su rebeldía —dijo la mujer, mirando de reojo a su hija—. Pero parece que, por una vez, su instinto ha sido impecable. Un hombre con tu poder, Issei, no puede ser medido por las reglas de la moralidad común. Ni siquiera por las leyes de la monogamia que rigen a los débiles.

Yukino abrió los ojos de par en par, sorprendida por las palabras de su madre.

— ¿Madre? —preguntó con incredulidad.

— Si estar con él significa asegurar el futuro de nuestra estirpe y estar bajo la protección del Dragón más poderoso de la historia, apruebo esta unión —declaró la mujer con una frialdad pragmática—. Incluso si eso implica compartir el espacio con la señorita Yuigahama. Es un precio pequeño por una alianza de tal magnitud. Issei Hyoudou, tienes mi bendición para mantener esta relación con mi hija.

Hachiman sintió que el mundo se volvía loco. ¿Incluso la mujer más estricta y tradicional de Chiba se rendía ante el poder de Issei? El realismo cínico de Hachiman estaba siendo aplastado por la realidad mística y de poder que Issei representaba.

— Gracias, supongo —respondió Issei, rascándose la mejilla, un tanto incómodo por la formalidad—. Pero no lo hago por alianzas. Lo hago porque las quiero.

— La honestidad es una virtud de los fuertes —dijo la señora Yukinoshita antes de darse la vuelta—. Yukino, espero que sepas aprovechar esta oportunidad. Issei, vendrás a cenar a la residencia principal pronto. Tenemos mucho de qué hablar sobre el futuro.

Cuando la mujer salió del salón, el silencio regresó, pero esta vez era un silencio de asombro. Shizuka-sensei suspiró, encendiendo un cigarrillo a pesar de estar en la escuela.

— Bueno... eso fue más fácil de lo que esperaba —comentó la profesora, mirando a Issei con una sonrisa triste—. Tienes el mundo a tus pies, chico. Trata de no romperlo.

Yui abrazó el brazo de Issei con más fuerza, mientras Yukino tomaba su mano. Ambas estaban radiantes, liberadas del peso de la desaprobación familiar y de sus propios miedos.

Hachiman, por su parte, se levantó y caminó hacia la puerta.

— ¿A dónde vas, Hachiman? —preguntó Yui, notando su partida.

— A casa —respondió él sin mirar atrás—. Alguien tiene que ser el perdedor en esta historia de fantasía, ¿no? Además, ver tanta felicidad me da acidez.

Mientras Hachiman caminaba por el pasillo, el sonido de las risas de Yui y la voz suave de Yukino conversando con Issei se desvanecían. Él sabía que el mundo había cambiado. Issei Hyoudou ya no era solo un compañero de clase; era el eje sobre el cual giraba el destino, y él, Hachiman, no era más que un espectador celoso en la epopeya del dragón.

Dentro del club, Issei sintió un pequeño tirón en su conciencia. Ddraig, en su mente, se reía con orgullo.

— "Compañero, parece que finalmente has conquistado no solo el campo de batalla, sino también el corazón de las reinas de este lugar" —dijo el dragón galés.

— Cállate, Ddraig —pensó Issei, aunque no pudo evitar sonreír mientras miraba a las dos chicas a su lado—. Solo estoy empezando.

La tarde caía sobre la preparatoria Sobu, tiñendo el cielo de un naranja intenso, casi como las escamas de un dragón que, finalmente, había encontrado su hogar entre las nieves y la alegría. La relación entre los tres no sería fácil, y el mundo sobrenatural seguiría acechando, pero con el poder del Dragón Celestial más fuerte y el apoyo de las dos mujeres que amaba, Issei sentía que no había nada que no pudiera enfrentar. Incluso el futuro que la madre de Yukino planeaba para ellos parecía un desafío pequeño comparado con la satisfacción de verlas sonreír.
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