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Yo soy shenlong?

Fandom: Anime crossover

Criado: 28/04/2026

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El Dragón de Plata y el Sistema del Multiverso

La oscuridad era absoluta, un vacío primordial que no debería haber contenido pensamiento alguno. Sin embargo, Damian estaba despierto. Recordaba el camión, el chirrido de los frenos y luego… nada. O eso creía, hasta que una voz mecánica y gélida resonó en el centro de su ser.

[Instalando Sistema de Cumplimiento de Deseos Multiversal…]

[Cuerpo anfitrión detectado: Shenlong (Variante Única).]

[Sincronización al 100%. Bienvenido, Damian. Tu nueva existencia comienza ahora.]

De repente, el vacío explotó en luz. Damian sintió que su cuerpo se estiraba kilómetros, sus vértebras crujían con un poder antiguo y escamas tan duras como el diamante brotaban de su piel. Pero no era el verde esmeralda que recordaba de la televisión. Sus escamas eran de un azul plateado majestuoso, brillando con el fulgor de una estrella moribunda.

Abrió los ojos. Eran dos rubíes ardientes que cortaban la penumbra del espacio exterior. Se encontraba flotando sobre una Tierra que conocía bien, pero que se sentía diferente. A lo lejos, pudo sentir presencias masivas: Ki. Energías que hacían vibrar el tejido de la realidad.

—¿Así que… soy un dragón? —Su voz no fue un susurro, sino un trueno que sacudió la atmósfera.

[Afirmativo —respondió el Sistema—. Eres el Dragón Eterno del Multiverso. No estás atado a Kami-sama, ni a Piccolo, ni a las limitaciones de las esferas de piedra. Tú eres la fuente. Tu misión es repartir tus siete esferas por los mundos y cumplir los deseos que mueven los hilos del destino. A cambio, obtendrás una fracción de la esencia de cada deseo: poder, habilidades, tesoros y la autoridad absoluta.]

Damian, ahora Shenlong, soltó una carcajada que provocó auroras boreales en los polos del planeta.

—Esto va a ser divertido.

Con un pensamiento, su cuerpo colosal comenzó a encogerse. Una luz cegadora lo envolvió y, en un instante, el dragón de kilómetros de largo desapareció. En su lugar, flotando en el vacío con una burbuja de aire creada por su propio poder, apareció un joven. Su cabello era de un azul platino que caía con elegancia, y sus ojos rojos, profundos y brillantes como gemas preciosas, observaban el cosmos con una mezcla de curiosidad y picardía. Vestía ropajes que parecían hechos de seda estelar.

—Mucho mejor —comentó, admirando sus manos humanas—. Veamos qué tiene este mundo para ofrecerme antes de saltar al siguiente.

No pasó mucho tiempo antes de que el primer "cliente" lo encontrara. Damian no tenía que esperar a que lo invocaran; él controlaba las esferas. Las lanzó como estrellas fugaces hacia la superficie de la Tierra de Dragon Ball, permitiendo que el destino hiciera su trabajo.

Unos días después, en una isla remota, un hombre de cabello alborotado y traje naranja miraba con asombro las siete esferas que vibraban con una intensidad azulada, muy distinta a la habitual.

—¡Hola! ¡Sal de ahí, Shenlong! ¡Tengo un deseo! —gritó Goku con su entusiasmo de siempre.

El cielo no se oscureció por completo, sino que se tornó de un azul índigo profundo, salpicado de chispas plateadas. Damian descendió del cielo en su forma de dragón, rodeando la isla con su cuerpo infinito, antes de transformarse frente a un estupefacto Goku en su forma humana.

—Vaya, vaya… el famoso Son Goku —dijo Damian, aterrizando suavemente sobre la arena—. Aunque técnicamente soy Shenlong, hoy me siento de buen humor. ¿Qué deseas? Y que no sea comida, por favor, ten un poco de imaginación.

Goku parpadeó, rascándose la cabeza, confundido por la apariencia del muchacho.

—¿Eres Shenlong? ¡Te ves muy diferente! Y te sientes… ¡increíblemente fuerte! —Los ojos de Goku brillaron—. ¡Oye! ¡Olvida el deseo! ¡Shenlong, pelea conmigo!

Damian suspiró, llevándose una mano a la frente.

—No.

—¡Oh, vamos! Solo un poco —insistió el saiyajin, poniéndose en pose de combate.

—He dicho que no —repitió Damian con una sonrisa traviesa—. Soy un cumplidor de deseos, no un saco de boxeo para adictos a la adrenalina. Además, si peleara contigo ahora, destruiría este sistema solar solo con el calentamiento. ¿Quieres un deseo o no?

Goku hizo un puchero, pero luego sonrió.

—Está bien, está bien. Pero algún día te convenceré.

Ese fue solo el comienzo. Damian descubrió que el Sistema le permitía viajar entre dimensiones una vez que recolectaba suficiente "Esencia de Destino". Dragon Ball era solo el patio de recreo inicial.

Semanas después, Damian se encontraba en un mundo sumergido en la melancolía. Fontaine, la nación de la justicia.

Frente a él, en un teatro vacío, una joven de cabello blanco y azul lo miraba con ojos llenos de desesperación y una pizca de esperanza. Furina, la Arconte que cargaba con un peso que nadie debería soportar.

—Dices que… ¿puedes salvar a Fontaine? —preguntó ella, con la voz quebrada—. ¿Sin que nadie tenga que ser sacrificado? ¿Sin que el veredicto de la justicia sea el fin?

Damian, en su forma humana, se acercó a ella y le ofreció un pañuelo de seda plateada.

—Para mí, las profecías de los "dioses" son solo sugerencias mal escritas —dijo con confianza—. Si deseas que las aguas no devoren a tu gente, así será. Pero recuerda, Furina, el precio de un deseo así es que tu destino quedará ligado al mío. Seré tu protector, pero también tu dueño en los registros del multiverso. ¿Aceptas?

Furina asintió sin dudarlo, las lágrimas rodando por sus mejillas.

—¡Sí! ¡Lo que sea, pero sálvalos!

Damian chasqueó los dedos. Las siete esferas de plata orbitaron alrededor de la ciudad sumergida y una luz azulada purificó las aguas primordiales, convirtiendo la tragedia en un milagro. El Sistema notificó de inmediato:

[Deseo cumplido. Recompensa: Autoridad sobre el Elemento Hydro (Nivel Divino) y Lealtad Eterna de Furina.]

—Pan comido —murmuró Damian, sintiendo cómo su poder crecía exponencialmente.

Su viaje no se detuvo allí. En un campo de batalla cubierto de cadáveres y sueños rotos, un hombre de cabello largo y negro, con ojos que portaban el diseño del Sharingan, lo miraba con pura frustración. Uchiha Madara no entendía qué estaba pasando.

—¿Por qué mi Mangekyo no funciona en él? —rugió Madara, activando su Susanoo perfecto—. ¡Deberías estar bajo mi control!

Damian caminaba hacia él, esquivando las espadas de energía como si estuviera dando un paseo por el parque.

—Madara, amigo mío, estás tratando de poner en una ilusión a alguien que ve la realidad como si fuera plastilina —le dijo Damian, deteniéndose frente al coloso azul—. Tus ojos son impresionantes en este mundo, pero para un Dragón Multiversal, son solo canicas brillantes. ¿Quieres el Tsukuyomi Infinito? Puedo dártelo sin necesidad de tanta guerra. O mejor aún… ¿quieres ver lo que hay más allá de esta roca llamada Tierra?

Madara bajó su guardia, por primera vez en décadas sintiendo algo parecido al asombro.

—¿Más allá? ¿Dices que este mundo es solo una celda?

—Exacto. Entrégame tu ambición y te mostraré el multiverso —propuso Damian con una sonrisa felina.

En otro rincón del tiempo y el espacio, en una colina llena de espadas, una reina de armadura azul y cabellos dorados sostenía una copa dorada con desprecio.

—¿El Santo Grial? —preguntó Arturia Pendragon, mirando a Damian, quien estaba sentado sobre una de las colinas de su Reality Marble—. ¿Cómo se puede comparar a esa mísera copa con el poder del Dragón Eterno?

Damian se encogió de hombros, jugando con una de sus esferas de plata.

—Esa copa está llena de barro y maldiciones, Arturia. Mis esferas son puras. Si quieres salvar a Gran Bretaña, o mejor aún, si quieres perdonarte a ti misma, yo puedo hacerlo realidad. Pero no busques en el pasado, busca en el futuro que puedo construir para ti.

La caballerosidad de Arturia flaqueó ante la presencia abrumadora pero extrañamente reconfortante de Damian. Él no era un dios distante; era un joven travieso que parecía disfrutar genuinamente de ayudar, a su manera.

—¿Podrías… realmente cambiar mi destino? —preguntó ella en voz baja.

—Puedo hacer que Merlín parezca un principiante en trucos de magia —rio Damian—. Solo tienes que pedirlo.

Los encuentros continuaron. Meliodas le pidió romper la maldición de Elizabeth, y Damian lo hizo con un simple bostezo, absorbiendo la energía oscura de la Deidad Suprema como si fuera un aperitivo. Tanjiro Kamado lloró de alegría cuando vio a Nezuko volver a ser humana, no por una medicina, sino porque Damian simplemente decidió que los demonios no encajaban en su estética de ese día.

Con cada deseo, Damian se volvía más fuerte. Ya no era solo un dragón de Dragon Ball; era una entidad que existía por encima de las leyes de la física y la narrativa. Poseía la magia de Fiore, el Ki de los saiyajines, los Noble Phantasms de los héroes y el dominio de los elementos de Teyvat.

Sin embargo, a pesar de su poder casi absoluto, Damian mantenía su personalidad. No buscaba conquistar mundos por el simple placer de la tiranía. Le gustaba la buena comida, las historias interesantes y, sobre todo, ver las caras de asombro de los protagonistas cuando sus problemas "insuperables" desaparecían con un chasquido de sus dedos.

Un día, regresó a su punto de partida. La Tierra de los Guerreros Z.

Se encontraba en la Corporación Cápsula, disfrutando de un helado de lujo que Bulma le había preparado en agradecimiento por haber rejuvenecido a sus padres (y a ella misma, aunque no lo admitiera en voz alta).

—Entonces —dijo Vegeta, cruzado de brazos y mirando al joven de cabello azul platino con una mezcla de respeto y envidia—, ¿dices que has estado en mundos donde la gente pelea con espadas mágicas y ojos que cambian de forma?

—Y mundos donde la gente vuela en barcos de madera y otros donde los piratas estiran sus extremidades como goma —respondió Damian, saboreando su helado—. El multiverso es un lugar caótico, Vegeta. Deberías agradecer que este mundo sea relativamente sencillo.

—¡Sencillo dice! —exclamó Krillin, soltando una risa nerviosa—. ¡Casi nos destruyen cada dos meses!

—Detalles, detalles —le restó importancia Damian—. Por cierto, Goku, he estado pensando en tu oferta.

Goku, que estaba devorando un plato de ramen gigante, levantó la vista de inmediato.

—¿En serio? ¿Vas a pelear conmigo?

Damian sonrió, y por un momento, sus ojos rojos brillaron con una intensidad que hizo que incluso Vegeta diera un paso atrás por instinto. El aire alrededor de la Corporación Cápsula se volvió pesado, cargado de una energía que no era Ki, ni magia, sino algo primordial.

—No exactamente una pelea —dijo Damian, levantándose y estirando los brazos—. Pero he recolectado algunas habilidades interesantes de otros mundos. ¿Qué te parece si te muestro lo que un verdadero "Dragón Eterno" puede hacer cuando se pone serio?

Goku dejó caer sus palillos, con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Eso es lo que quería escuchar!

Damian se elevó unos centímetros del suelo. El Sistema en su mente susurró:

[Nueva misión detectada: Entretenimiento del Dragón. Recompensa: Apertura del portal al Reino de los Dioses de la Destrucción y más allá.]

—Prepárate, Goku —advirtió Damian, mientras su aura plateada comenzaba a envolverlo, transformando el cielo una vez más en ese cosmos nocturno y estrellado que anunciaba su verdadera forma—. Porque después de esto, el multiverso entero sabrá que hay un nuevo jugador en el tablero. Y yo no sigo las reglas… yo las escribo.

Con un destello de luz roja en sus ojos, Damian desapareció, dejando solo el rastro de una risa traviesa que prometía aventuras sin fin en mundos que apenas podían imaginar su llegada. El Dragón de Plata había despertado, y el cumplimiento de deseos era solo el comienzo de su leyenda.
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