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Arcane

Fandom: Arcane

Criado: 28/04/2026

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El eco de la última chispa

La sala de cine era un santuario de sombras y tecnología imposible. En las butacas de terciopelo, la tensión se podía cortar con el mismo filo de un cuchillo de Zaun. No había palomitas ni risas. Solo el zumbido del proyector y el latido acelerado de tres corazones que, aunque distanciados por años de guerra y trauma, latían al unísono ante lo que la pantalla estaba a punto de mostrarles.

Jinx estaba encogida en su asiento, con las piernas pegadas al pecho y las manos entrelazadas alrededor de sus rodillas. Sus ojos rosados, brillantes por el brillo del Shimmer, reflejaban la luz de la pantalla con una intensidad maníaca. A su derecha, Vi mantenía los puños cerrados, tan fuerte que sus nudillos estaban blancos. Ekko, sentado un poco más alejado, observaba con la mandíbula tensa, sintiendo el peso de cada segundo que pasaba.

La pantalla se iluminó. El capítulo 7 de la segunda temporada comenzó a rodar, y con él, el principio del fin.

—Esto no me gusta —susurró Vi, su voz quebrada por la fatiga—. Siento que estamos viendo el funeral de algo que aún no ha muerto.

—Cállate, Fat Hands —siseó Jinx, aunque no había veneno real en sus palabras, solo un miedo infantil disfrazado de agresión—. Quiero ver cómo explota todo. Las explosiones son la mejor parte.

—No creo que esto se trate de explosiones, Jinx —intervino Ekko, sin apartar la vista de la imagen—. Es sobre las consecuencias.

La pantalla mostró la devastación de Piltover y el caos en las calles de Zaun. La atmósfera era asfixiante. Cuando apareció la figura de Ambessa Medarda moviendo los hilos del consejo, Vi soltó un gruñido de frustración.

—Esa mujer... está quemando ambos mundos para construir su propio trono —dijo Vi, golpeando el reposabrazos—. Y nosotros somos la leña.

—Todos somos leña —rió Jinx de forma histérica, balanceándose hacia adelante—. Pero algunos de nosotros brillamos más cuando nos quemamos, ¿verdad, hermana?

Vi no respondió. Su atención se centró en la pantalla cuando vio su propia imagen interactuando con Caitlyn. La distancia emocional entre ellas, la frialdad en los ojos de la Vigilante, hizo que Vi se hundiera más en su asiento.

—Cait... —murmuró Vi, con un dolor sordo en el pecho.

—Te lo dije —se burló Jinx, aunque sus ojos mostraban una pizca de empatía que intentaba ocultar—. Las gorras azules siempre terminan eligiendo el azul sobre el rosa. O el rojo. O lo que sea que seas tú ahora.

—No es tan simple —dijo Ekko, tratando de mantener la compostura mientras veía cómo sus propios "Chicos de las Luces" intentaban mantener la paz en un Sumidero que se desmoronaba—. Ella está bajo una presión que ninguno de nosotros puede imaginar. Pero Vi tiene razón, Ambessa está forzando una guerra que nadie puede ganar.

La escena cambió. La pantalla mostró el laboratorio, los experimentos con el Hexcore y la corrupción que se extendía como una plaga. Jinx se quedó paralizada al ver las imágenes de Viktor y la transformación de la magia en algo oscuro, algo que recordaba demasiado a la agonía del Shimmer.

—Mira eso... —dijo Jinx, con la voz apenas audible—. Es bonito. Como un jardín de pesadillas.

—Es una aberración —corrigió Ekko, apretando los dientes—. Jayce y Viktor... jugaron a ser dioses y ahora el mundo está pagando el precio. Mira lo que le está haciendo a la gente.

—¿Y quién no es una aberración aquí? —preguntó Jinx, girándose hacia él con una sonrisa torcida—. Tú con tu relojito, Vi con sus manos de hierro, y yo... bueno, yo soy el error favorito de todos.

Vi ignoró el comentario, su mirada estaba fija en un momento crucial del episodio: el enfrentamiento inminente. La tensión política en Piltover estaba llegando a un punto de no retorno. Cuando la pantalla mostró el despliegue de las tropas de Medarda, el aire en la sala pareció agotarse.

—Van a masacrarlos —dijo Vi, poniéndose de pie a medias—. Van a bajar al Distrito Subterráneo y no van a dejar nada.

—Ya lo hicieron una vez —recordó Ekko con amargura—. En el puente. ¿Recuerdas, Vi? Solo que esta vez tienen juguetes más grandes.

La pantalla mostró entonces a Jinx, la Jinx de la pantalla, preparando algo. No era solo una bomba; era un mensaje. La cámara se enfocó en sus manos temblorosas, en los garabatos en las paredes, en la soledad absoluta de su escondite.

Jinx, en el cine, dejó de balancearse. Se quedó muy quieta, mirando a su "yo" cinematográfico.

—Estás tan sola ahí —susurró Vi, olvidando por un momento su rabia.

—Siempre estoy sola, Vi —respondió Jinx, sin apartar la vista de la pantalla—. Incluso cuando estás cerca, estás buscando a una niña que ya no existe. Powder se ahogó, ¿recuerdas?

—No digas eso —suplicó Vi—. Estoy aquí ahora.

—¡Pero en la pantalla no estás! —gritó Jinx, señalando la imagen donde su personaje lloraba frente a un espejo roto—. Ahí solo estoy yo y las voces. ¡Y las voces son mucho más divertidas que tú!

Ekko intervino, tratando de calmar las aguas antes de que la situación explotara en la sala.

—Miren —dijo, señalando un giro en la trama—. No es solo guerra. Hay resistencia.

La pantalla mostró a los personajes secundarios, aquellos que sobrevivían en los márgenes, intentando proteger lo poco que quedaba de su hogar. La lucha de Ekko por mantener la esperanza en el Árbol de la Ciudadela se sintió real, casi tangible.

—Ese lugar... —dijo Ekko con nostalgia—. Era lo único puro que nos quedaba.

—Nada es puro, Ekko —dijo Jinx, recuperando su tono burlón—. Todo tiene una mancha. Solo tienes que mirar lo suficientemente cerca.

El clímax del capítulo comenzó a desarrollarse. La música aumentó en intensidad, un ritmo frenético que acompañaba las escenas de acción y traición. Vi observaba cómo su relación con Caitlyn se fragmentaba aún más por las decisiones tomadas en el fragor del conflicto. Cada palabra hiriente dicha en la pantalla era un golpe físico para ella.

—¿Por qué es tan difícil? —preguntó Vi, con lágrimas amenazando con caer—. Solo quería proteger a mi familia. A ambas.

—Porque elegiste un bando, Vi —dijo Ekko suavemente—. Y en una guerra como esta, elegir un bando significa perder algo del otro.

—Yo no elegí —replicó Vi—. Yo solo quería que los disparos se detuvieran.

—¡Pero los disparos son la mejor parte del ritmo! —exclamó Jinx, aunque su voz carecía de su habitual energía—. Aunque... ver a la Vigilante llorar es un poco satisfactorio. Solo un poco.

La pantalla mostró entonces un momento de vulnerabilidad extrema para Jinx. Se vio a sí misma cuestionando su propósito, rodeada de los fantasmas de Mylo y Claggor. La Jinx de la sala de cine se tapó los oídos, cerrando los ojos con fuerza.

—¡No los escuches! —gritó a la pantalla—. ¡Mienten! ¡Todos mienten!

Vi se inclinó hacia ella, extendiendo una mano, pero se detuvo antes de tocarla. Sabía que un contacto repentino podría provocar un ataque de pánico.

—Jinx, mírame —dijo Vi con firmeza—. No son reales. Son solo sombras.

—¡Para ti son sombras! —chilló Jinx, abriendo los ojos, que ahora estaban empañados—. ¡Para mí son los únicos que no se van cuando las cosas se ponen feas!

Ekko observaba la escena en la pantalla y la escena en la sala, dándose cuenta de que el capítulo 7 no era solo una progresión de la trama, sino un espejo de sus propias almas rotas. El capítulo mostraba el colapso de las estructuras de poder, pero también el colapso emocional de sus protagonistas.

—Miren el Hexcore —advirtió Ekko—. Está reaccionando a las emociones. A la violencia.

En la pantalla, la tecnología Hextech comenzó a brillar con un tono violáceo errático. La conexión entre la magia y el sufrimiento humano se hizo evidente. Jayce aparecía en pantalla, demacrado, dándose cuenta demasiado tarde del monstruo que había ayudado a crear.

—Ese tonto de la superficie —gruñó Vi—. Creyó que podía controlar el rayo en una botella.

—Nadie controla el rayo —dijo Jinx, fascinada por la destrucción en pantalla—. El rayo solo decide a quién golpear.

El episodio llegó a sus momentos finales. Una revelación impactante sobre los verdaderos planes de Ambessa y el destino de algunos personajes clave dejó a los tres espectadores en un silencio sepulcral. La traición se sentía como ceniza en la boca.

—Ella va a usar el Hextech como un arma de asedio —dijo Ekko, con horror—. No solo contra Zaun. Contra cualquiera que se interponga en su camino.

—Y nosotros estamos en medio —añadió Vi—. Como siempre.

La última escena del capítulo mostró un primer plano de Jinx, con una expresión que oscilaba entre la locura pura y una tristeza infinita. La pantalla se fundió a negro mientras los créditos comenzaban a rodar en silencio.

Nadie se movió durante varios minutos. El único sonido era la respiración agitada de Vi y el tintineo de los gadgets de Ekko.

—¿Eso es todo? —preguntó Jinx finalmente, su voz pequeña y quebradiza—. ¿Así es como termina ese pedazo de la historia? ¿Con todos nosotros rompiéndonos un poco más?

—No es el final —dijo Vi, aunque no sonaba muy segura—. Todavía quedan capítulos. Todavía podemos... no sé, hacer algo.

—¿Hacer qué, Vi? —Ekko se puso de pie, mirando la pantalla oscura—. El tablero está destruido. Las piezas están quemadas. Lo que acabamos de ver es el momento en que nos damos cuenta de que no hay vuelta atrás.

—Siempre hay una vuelta atrás —insistió Vi, mirando a Jinx—. Tiene que haberla.

Jinx se levantó de un salto, su larga trenza azul balanceándose tras ella. Se acercó a la pantalla y tocó la superficie fría donde antes había estado su rostro.

—No quiero volver atrás, Vi —dijo Jinx, dándose la vuelta con una sonrisa triste que no llegaba a sus ojos—. Atrás es donde estaba Powder, y Powder era débil. Lo que vimos ahí... esa oscuridad... es lo único que nos queda.

—No es verdad —dijo Ekko, acercándose a ellas—. Vimos el dolor, sí. Pero también vimos que todavía nos importa. Si no nos importara, no estaríamos aquí, viendo esto, sintiendo que nos arrancan el corazón.

Vi se levantó y se colocó entre los dos, el puente entre el pasado y el futuro incierto.

—Mañana veremos el siguiente —dijo Vi con determinación—. Y el siguiente. No importa lo que pase en esa pantalla, no vamos a dejar que nos defina aquí.

Jinx soltó una carcajada seca y comenzó a caminar hacia la salida de la sala, sus botas resonando en el suelo metálico.

—Dite eso a ti misma, hermana —gritó por encima del hombro—. Pero recuerda lo que vimos. En ese capítulo, nadie se salva. Ni siquiera los que creen que tienen la razón.

Ekko suspiró, mirando a Vi con una mezcla de lástima y respeto.

—Ella tiene razón en algo, Vi. El capítulo 7 nos mostró que el mundo que conocíamos ha muerto. Lo que venga después... bueno, espero que estemos listos para ello.

Vi miró la pantalla una última vez, recordando la imagen de Caitlyn, la imagen de Vander en las sombras de los recuerdos, y la imagen de su hermana perdiéndose en la locura.

—No estamos listos —admitió Vi en un susurro—. Nunca lo estamos. Pero vamos a pelear de todas formas.

Los tres salieron de la sala, dejando atrás el eco de las explosiones y los gritos silenciosos de una historia que aún tenía mucho que destruir antes de permitir que algo nuevo floreciera de las cenizas de Zaun y Piltover. El capítulo 7 había terminado, pero la herida que había abierto en ellos tardaría mucho más en cerrar.
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