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Smelly someting

Fandom: Helluva boss

Criado: 01/05/2026

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Amor a primera flatulencia

La noche en el mundo de los humanos era húmeda y calurosa, pero para Millie, una de las mejores asesinas de I.M.P., el clima era lo de menos. Lo que realmente le preocupaba era el estruendo que emanaba de sus propias entrañas. Antes de salir de Ciudad Imp para esta misión en solitario, se había detenido en un puesto de comida callejera en el Círculo de la Glotonería para probar unos "Burritos del Abismo" con extra de frijoles negros y salsa volcánica. Fue un error táctico.

—¡Uf! —exclamó Millie, apretando los dientes mientras se agachaba detrás de un arbusto perfectamente podado en los jardines de la mansión—. Vamos, Millie, aguanta. Solo tienes que entrar, degollar al magnate del petróleo y volver a casa para ver telenovelas. No puedes dejar que un poco de aire te detenga.

Sin embargo, su estómago soltó un rugido que pareció un terremoto a pequeña escala. Millie se sonrojó, agradeciendo que Moxxie no estuviera allí para dar clases de etiqueta. En este universo, ella seguía soltera y libre, aunque a veces sentía un vacío que ni siquiera el asesinato profesional podía llenar.

Mientras tanto, en lo alto de la mansión, el desastre se gestaba desde el cielo. Cletus, el querubín de mejillas rosadas y actitud santurrona, volaba a toda velocidad intentando evitar un ataque de unos cuervos territoriales. En su desesperación, chocó contra una chimenea recién pintada con hollín y brea negra, y luego cayó de espaldas en un cubo de pintura roja que unos restauradores habían dejado en el tejado.

Cuando Cletus salió del cubo, estaba irreconocible. La pintura roja cubría cada centímetro de su cuerpo, y el hollín de la chimenea se había pegado a su cabello, formando dos puntas que parecían cuernos. Sus alas estaban pegadas a su espalda, ocultas por la pintura espesa.

—¡Oh, por las barbas del Señor! —chilló Cletus con su voz chillona—. ¡Estoy sucio! ¡Parezco... parezco uno de esos asquerosos seres del inframundo!

Asustado y desorientado, Cletus bajó por una de las ventanas abiertas de la mansión, justo cuando Millie decidía entrar por el mismo pasillo.

Fue entonces cuando ocurrió. En el pasillo iluminado por candelabros de cristal, Millie dobló la esquina y se detuvo en seco. Frente a ella estaba lo que ella creía que era el Imp más tierno, pequeño y "regordete" que jamás había visto. Los ojos grandes de Cletus (que en realidad eran de terror) le parecieron a Millie la mirada más dulce y profunda del universo.

—Vaya... —susurró Millie, sintiendo un flechazo instantáneo—. Pero qué cosita tan... robusta y adorable.

Cletus, al ver a una verdadera diablesa armada con un hacha, se quedó paralizado. Quiso gritar que era un ángel, pero el miedo le cerró la garganta.

—Hola, guapo —dijo Millie, acercándose con una sonrisa pícara—. No sabía que I.M.P. tenía competencia esta noche. ¿Vienes por el millonario también? Porque yo acabo de encontrar un tesoro mejor.

Millie se acercó tanto que Cletus pudo oler el azufre y la pólvora. El querubín estaba en shock, pero su parálisis se rompió por un sonido que no esperaba.

*PFRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRT.*

El pasillo quedó en un silencio sepulcral. El eco del gas de Millie rebotó en las armaduras decorativas. El olor de los frijoles negros del Círculo de la Glotonería invadió el espacio como una niebla tóxica.

Millie se puso roja como un tomate, apretando sus manos contra sus mejillas.

—¡Ay, no! ¡Qué vergüenza! —exclamó ella, cerrando los ojos esperando que el "atractivo desconocido" saliera corriendo asqueado.

Sin embargo, Cletus no se movió. No porque no quisiera, sino porque el olor era tan potente que sus sentidos celestiales habían entrado en un estado de hibernación de emergencia. Estaba literalmente catatónico, con los ojos en blanco y la boca abierta.

Millie abrió un ojo, luego el otro. Al ver que el "Imp" seguía allí, firme como una roca, su corazón (y su intestino) dio un vuelco de alegría.

—¡No te has ido! —gritó ella con entusiasmo—. ¡Te gusta! ¡Eres de los míos! ¡Un hombre que no se asusta por un poco de música natural!

Sin darle tiempo a reaccionar, Millie se lanzó sobre él y comenzó a darle besos ruidosos en las mejillas pintadas de rojo.

—¡Eres perfecto! —decía ella entre besos—. ¡Eres tan fuerte, tan silencioso, tan... *PFRRRRRRT* ...tan comprensivo!

El nuevo gas fue la chispa que Cletus necesitaba para reaccionar. El instinto de supervivencia de querubín se activó.

—¡ALEJAOS DE MÍ, ENGENDRO DEL MAL! —chilló Cletus, aunque su voz sonó como un silbido agudo debido al pánico.

El querubín se zafó de los brazos de Millie y salió corriendo a toda velocidad, sus piernitas moviéndose como aspas de ventilador.

Millie, lejos de ofenderse, soltó una risita enamorada mientras se abanicaba la cara.

—¡Oh, es de los tímidos! —exclamó con un suspiro—. ¡Me encanta que se haga el difícil! ¡No te preocupes, terroncito de azúcar, ya voy por ti!

Cletus corrió hacia el comedor principal, ocultándose bajo la larga mesa de roble. Su corazoncito latía a mil por hora.

—Tengo que volver al cielo... tengo que volver al cielo... —repetía como un mantra.

De repente, la puerta se abrió de par en par. Una figura entró caminando con elegancia exagerada. Era Millie, pero se había puesto un mantel blanco sobre los hombros a modo de capa y sostenía un candelabro.

—¿Dónde estás, mi pequeño saltamontes? —preguntó ella con voz melodiosa—. No puedes esconderte de mi olfato... ¡literalmente!

Millie sintió otro retortijón. Intentó contenerlo, pero era como intentar detener una avalancha con un paraguas.

—¡Aquí voy! —anunció ella.

*PFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFT.*

La fuerza del gas fue tal que el mantel que usaba como capa salió volando hacia arriba, revelando su posición. El olor se filtró bajo la mesa. Cletus, con lágrimas en los ojos, salió disparado de su escondite, tosiendo y agitando las manos.

—¡POR FAVOR, TENED PIEDAD! —gritó Cletus mientras corría hacia las escaleras.

—¡Me encanta cuando gritas de emoción! —gritó Millie, persiguiéndolo con saltos acrobáticos—. ¡Es como un juego!

Cletus subió al segundo piso y se encerró en la biblioteca. Rápidamente, se puso un sombrero de copa de una vitrina y se cubrió con una cortina de terciopelo, tratando de camuflarse entre las sombras.

—Aquí no me encontrará —susurró, temblando.

Un segundo después, la chimenea de la biblioteca explotó en cenizas. Millie salió de ella, luciendo un bigote falso hecho de hollín y un sombrero de detective que había encontrado en el camino.

—¡Elemental, mi querido Imp-cito! —dijo ella con un acento británico fingido—. El rastro de miedo me lleva directo a... ¡aquí!

Se acercó a la cortina, pero antes de poder apartarla, su cuerpo la traicionó de nuevo.

*BRRRRRRR-POOP-PFRRRRRRT.*

El gas fue tan caliente y potente que la cortina de terciopelo comenzó a oscilar como si hubiera un ventilador industrial detrás. El sombrero de detective de Millie salió disparado de su cabeza debido a la sacudida de su propio cuerpo.

—¡Ups! —dijo Millie, riendo—. ¡Ese fue un "misterio" explosivo!

Cletus no pudo más. Salió de la cortina, gritando como una damisela en apuros, y corrió hacia el balcón. Millie lo seguía de cerca, moviéndose con la agilidad de un depredador enamorado.

—¡No huyas, mi amor! —gritaba ella—. ¡Tengo mucho más que darte! ¡Literal y figuradamente!

Cletus llegó al borde del balcón. Miró hacia abajo; el jardín estaba lejos, pero cualquier cosa era mejor que otro ataque químico de la diablesa.

—¡BASTA! —gritó Cletus, dándose la vuelta para enfrentar a su perseguidora—. ¡Soy un ser de luz! ¡Soy un querubín! ¡No puedes hacerme esto!

Millie se detuvo a pocos centímetros de él. Sus ojos brillaban.

—¿Querubín? ¿Luz? —Millie ladeó la cabeza—. ¡Oh, qué poético! ¡Me estás diciendo que soy la luz de tu vida! ¡Eres tan romántico!

—¡NO! ¡DIGO QUE...!

Pero Millie lo interrumpió con un abrazo que casi le rompe las costillas.

—Sé lo que intentas hacer —dijo ella suavemente—. Estás nervioso porque nuestra química es... explosiva.

En ese momento, el estómago de Millie decidió dar su gran final. Fue un estruendo que pareció romper los cristales de la mansión.

*PFRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR-BOOM.*

La fuerza del gas, combinada con la posición de Millie en el borde del balcón, creó un efecto de propulsión inesperado. Ambos salieron disparados hacia adelante, sobre la barandilla.

—¡ESTAMOS VOLANDOOOOOO! —gritó Millie de felicidad mientras caían hacia la piscina.

Cletus solo podía emitir un sonido de estática mental.

*¡SPLASH!*

Ambos cayeron en el agua helada de la piscina. El agua lavó instantáneamente la pintura roja y el hollín de Cletus, revelando su verdadera forma: un pequeño querubín azul con alas blancas y una aureola que comenzó a brillar débilmente bajo el agua.

Millie salió a la superficie, escupiendo un chorro de agua.

—¡Eso fue increíble! —exclamó, buscando a su compañero—. ¿Dónde estás, mi pequeño...?

Vio a Cletus flotando, recuperando su color original. Millie parpadeó, confundida.

—¿Un querubín? —preguntó, frunciendo el ceño—. ¿Todo este tiempo fuiste un... pollo del cielo?

Cletus, aprovechando que sus alas se habían liberado de la pintura, no perdió ni un segundo. Se elevó en el aire, sacudiendo el agua de sus plumas con una expresión de absoluto horror y asco.

—¡ALÉJATE DE MÍ, DEMONIO ASQUEROSO! —chilló Cletus mientras volaba hacia las nubes a una velocidad que rompería el récord mundial—. ¡NECESITO UN BAÑO DE AGUA BENDITA! ¡Y UN EXORCISMO! ¡Y TERAPIA!

Millie se quedó sola en la piscina, viendo cómo el pequeño ángel desaparecía en la oscuridad del cielo nocturno. Se quedó en silencio por un momento, procesando la situación.

De repente, su estómago soltó un último y pequeño *pfrrt* bajo el agua, creando una burbuja que subió a la superficie.

Millie suspiró, recostándose en el borde de la piscina mientras miraba las estrellas.

—Bueno... —dijo para sí misma con una sonrisa melancólica—. Dicen que el amor es ciego, pero nadie me dijo que también tenía que ser inoloro. Lástima, era lindo para ser un pollo.

Se encogió de hombros, salió de la piscina y sacó su hacha, recordando que aún tenía una misión que cumplir.

—La próxima vez —murmuró Millie mientras caminaba hacia la mansión—, no comeré frijoles antes de una cita. O tal vez sí. El que me quiera, me querrá con todo y orquesta.

Y con un paso decidido, y un último ruidito travieso escapando de su parte trasera, Millie se adentró de nuevo en la mansión, lista para terminar su trabajo y soñar con un amor que fuera capaz de aguantar hasta el más potente de sus encantos.
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