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Lobos a gemas

Fandom: DC comics , Steven universe

Criado: 01/05/2026

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CrossoverAçãoÓpera EspacialDramaAngústiaFicção CientíficaViolência GráficaEstudo de Personagem
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El último hijo de Czarnia en el fin del universo

El sol de Ciudad Playa comenzaba a teñirse de un naranja melancólico. Steven Universe, ahora más alto y con los hombros cargados por el peso de un futuro incierto, observaba el horizonte desde el porche de la casa de la playa. La paz era algo que todavía le resultaba extraño, casi artificial. Después de años de guerras intergalácticas y traumas emocionales, el silencio de las olas rompiendo contra la arena se sentía como una tregua frágil.

—Steven, las donas se van a enfriar si sigues intentando descifrar el significado de la vida mirando al agua —la voz de Amatista resonó desde el interior, seguida por el sonido de una bolsa de papel arrugándose.

Garnet y Perla estaban sentadas en la mesa, discutiendo planes de entrenamiento para las nuevas gemas de la Escuela de Des-corrupción. Todo parecía normal. Demasiado normal.

El cambio no vino con una canción o una luz brillante, como solían llegar las naves de las Diamantes. Vino con un estruendo sónico que hizo que los cristales de la casa vibraran hasta casi estallar. Una estela de humo negro cortó el cielo crepuscular y un objeto pesado impactó directamente en el centro de la playa, levantando una columna de arena de diez metros de altura.

—¡¿Qué fue eso?! —gritó Perla, invocando instintivamente su lanza—. ¡Las naves de las Diamantes no aterrizan de forma tan... descuidada!

Garnet ya tenía sus guanteletes puestos. Su visión futura estaba nublada, como si algo caótico y carente de lógica acabara de entrar en su radio de percepción.

—No es una gema —dijo Garnet con voz tensa—. Es algo peor.

Del cráter emergió una figura que desafiaba cualquier descripción que los habitantes de Ciudad Playa hubieran visto antes. No era una construcción de luz sólida ni un humano. Era un gigante de piel pálida, casi blanca, con una melena de pelo negro salvaje y ojos rojos que brillaban con una malicia pura. Vestido con cuero negro, cadenas y tachuelas, el extraño bajó de una motocicleta espacial que desafiaba las leyes de la física, flotando a pocos centímetros del suelo mientras soltaba un humo verdoso y tóxico.

El extraño se bajó del vehículo, encendió un puro de aspecto sospechoso y exhaló una nube de humo gris antes de mirar a su alrededor con desprecio.

—Vaya, vaya... así que este es el famoso vertedero de rocas parlantes —dijo el gigante con una voz profunda y rasposa—. He estado en planetas que huelen a axila de trol, pero este lugar apesta a "paz y amor". Me dan ganas de vomitar.

Steven bajó las escaleras de la casa, manteniendo las manos en alto en un gesto de paz, aunque su cuerpo brillaba con un tenue aura rosada.

—¡Oye! No sé quién eres, pero no puedes aterrizar así en una zona pública —dijo Steven, tratando de mantener la calma—. Soy Steven Universe. Si necesitas ayuda o combustible...

El gigante soltó una carcajada que sonó como cristales rompiéndose. Se acercó a Steven, superándolo por casi un metro de altura, y lo olfateó como si fuera un trozo de carne en el mercado.

—¿Steven Universe? ¿Tú eres el famoso mocoso que detuvo un imperio de milenios con una charla motivacional? —El gigante escupió al suelo—. Me llamo Lobo. El "Main Man". El último tipo que verás antes de que tu cabeza decore el manubrio de mi moto.

—¡Aléjate de él! —gritó Perla, lanzándose al ataque con su lanza por delante.

Lobo ni siquiera se inmutó. Con un movimiento increíblemente rápido para su tamaño, atrapó la punta de la lanza con una mano y, con un simple giro de muñeca, la hizo añicos. Perla retrocedió en shock.

—Escuchen bien, pedazos de joyería —rugió Lobo, sacando un gancho con cadena que parecía haber sido forjado en el centro de una estrella muerta—. No estoy aquí por el paisaje. Estoy aquí por un contrato. Un grupo que se hace llamar "Los Últimos Hijos" me pagó una fortuna en créditos intergalácticos para traerles la cabeza de Diamante Rosa. Pero como me enteré de que esa gema ahora es parte de un niño llorón, supongo que tú servirás.

—¡Mi madre ya no existe! —gritó Steven, manifestando su escudo—. Y no voy a dejar que lastimes a nadie más.

—Eso dicen todos antes de que les arranque la columna vertebral —sonrió Lobo, mostrando unos dientes afilados—. ¡Es hora del rock and roll!

La pelea estalló con una violencia que Ciudad Playa no había presenciado jamás. Garnet saltó sobre Lobo, descargando golpes que podrían haber demolido edificios, pero el czarniano los absorbía con una sonrisa maníaca. Lobo no peleaba como una gema; no tenía una técnica elegante ni un estilo definido. Era pura fuerza bruta, regeneración instantánea y una crueldad infinita.

Amatista intentó enredar sus piernas con sus látigos, pero Lobo simplemente tiró de ellos, lanzando a la gema morada contra el faro.

—¡¿Eso es todo lo que tienen?! —Lobo lanzó su cadena, atrapando a Steven por el torso y atrayéndolo hacia él—. ¡He matado a dioses más feos que ustedes!

Steven activó sus poderes de velocidad, moviéndose como un rayo rosado para escapar del agarre, pero Lobo parecía anticipar cada movimiento. El cazador de recompensas sacó una escopeta de cuatro cañones de su espalda y comenzó a disparar proyectiles de energía que hacían que la arena se convirtiera en vidrio instantáneamente.

—¡Detente! —Steven creó una burbuja gigante para proteger a Perla y Garnet de los disparos—. ¿Por qué haces esto? ¡Podemos hablar! ¡Podemos compensar a los que mi madre lastimó!

Lobo dejó de disparar por un segundo, pero solo para recargar su arma con una expresión de burla.

—¿Hablar? Niño, no entiendes nada. Esos tipos, los "Last Children"... ellos no quieren una disculpa. Ellos vienen de un sistema solar que Diamante Rosa decidió que sería un buen lugar para probar una de sus pequeñas invenciones biológicas hace milenios. Frag, el planeta entero fue "despojado" para alimentar tus estúpidas guarderías.

Steven sintió un frío helado recorrer su espalda. Otro pecado de su madre que salía a la luz.

—Ellos eran casi extintos —continuó Lobo, caminando lentamente hacia la burbuja de Steven—. Solo quedaron unos pocos cientos, vagando por el espacio en naves oxidadas, viendo cómo su especie se marchitaba porque una princesa caprichosa quería más soldados. Me contrataron para borrar el linaje de la responsable. No importa si ahora eres un "buen chico". Tu gema es la marca del asesino de su mundo.

—Yo no soy ella —susurró Steven, aunque su aura rosada comenzó a oscurecerse, volviéndose más intensa, más violenta.

—Para ellos, lo eres —dijo Lobo, lanzando su gancho con tal fuerza que agrietó la burbuja de Steven—. Y para mí, solo eres un cheque con piernas.

Garnet se puso de pie, con sus lentes rotos, revelando sus tres ojos llenos de una determinación feroz.

—Steven, no lo escuches. No eres responsable de las deudas de sangre de Rosa.

—¡Oh, pero lo es! —rugió Lobo, saltando en el aire y cayendo con un golpe de mazo que hizo temblar toda la península—. En este universo, si heredas la corona, heredas los pecados. ¡Y yo soy el cobrador!

Lobo agarró a Steven por el cuello de su chaqueta y lo levantó. El chico intentó usar su fuerza incrementada para zafarse, pero Lobo era un pozo sin fondo de resistencia. El czarniano le propinó un cabezazo que envió a Steven volando a través de la pared de la casa de la playa, aterrizando entre los restos de su televisor y sus muebles.

—¡Steven! —gritaron las gemas al unísono.

Desde los escombros, una luz rosa cegadora comenzó a emanar. Steven se levantó, pero no era el Steven de siempre. Sus pupilas se habían vuelto diamantes y su cuerpo vibraba con una energía destructiva que hacía que el aire mismo chirriara.

—Ya... basta... —la voz de Steven sonaba distorsionada, como si varias personas hablaran a la vez—. ¡Dile a tus clientes que lo siento! ¡Diles que haré lo que sea para ayudarlos! ¡Pero no dejaré que destruyas mi hogar!

Steven desapareció y reapareció frente a Lobo en un parpadeo, conectando un golpe en el estómago del gigante que lo envió volando varios kilómetros mar adentro, creando un surco en el océano.

Lobo regresó un momento después, saliendo del agua y sacudiéndose como un perro grande, riendo a carcajadas. Tenía varias costillas rotas, pero Steven vio con horror cómo sus huesos se recolocaban y sus músculos se cerraban en cuestión de segundos.

—¡Eso es! —gritó Lobo, emocionado—. ¡Ese es el poder de una Diamante! ¡Finalmente una pelea que no me aburre hasta las lágrimas!

—Lobo, detente —dijo Steven, su voz temblando por el esfuerzo de no perder el control total—. No quiero lastimarte.

—¡Pero yo sí! —Lobo sacó un enorme cuchillo de vibranio—. Y después de que te acabe, iré por el resto de este planeta. Los "Last Children" quieren que la Tierra sea un cementerio, igual que el suyo. Es parte del contrato: "Ojo por ojo, mundo por mundo".

Perla se horrorizó.

—¿Planeas destruir a toda la humanidad por algo que pasó hace eones? —preguntó ella, con la voz quebrada.

—No es personal, nena —dijo Lobo, encogiéndose de hombros—. Bueno, tal vez un poco. Me gusta ver explotar las cosas. Es un pasatiempo saludable.

Steven sintió que algo dentro de él se rompía. La culpa, el miedo y la furia de ser siempre el que tenía que limpiar los desastres de una madre que nunca conoció se fusionaron. Sus nudos se apretaron y el suelo bajo sus pies comenzó a flotar.

—Si quieres la gema... —dijo Steven, su voz bajando a un tono peligrosamente tranquilo—, ven por ella. Pero te advierto: no soy como mi madre. Yo no tengo piedad con los que amenazan a mi familia.

Lobo escupió el resto de su puro y sacó una cadena doble.

—Menos charla y más muerte, niño diamante. He cazado linternas verdes, he golpeado a tipos en mallas azules y he sobrevivido al infierno mismo. Un híbrido con problemas emocionales no va a ser el que me retire.

El choque entre ambos fue como el estallido de una supernova. La onda de choque barrió las nubes del cielo y apagó las luces de toda la ciudad. Mientras Steven y Lobo se enzarzaban en una danza de destrucción sobre las aguas del océano, las Gemas de Cristal solo pudieron observar con horror.

Steven estaba ganando en fuerza, pero Lobo estaba ganando en desgaste. Cada vez que Steven lo golpeaba, Lobo regresaba con más hambre de sangre, más insultos y más verdades hirientes sobre el pasado oscuro del imperio de las gemas.

—¿Sabes qué es lo más gracioso? —gritó Lobo mientras bloqueaba un escudo de energía con su antebrazo sangrante—. Que aunque me ganes, ellos seguirán viniendo. No soy el único cazarrecompensas en la galaxia, y hay muchas razas que tienen motivos para odiar tu apellido. ¡Eres el heredero de un trono de huesos, Steven Universe!

Steven lo golpeó con un puño gigante de luz rosa, hundiendo a Lobo en el lecho marino. El chico se quedó flotando sobre el agua, jadeando, con su aura rosa parpadeando. El peso de las palabras de Lobo le dolía más que los golpes. "Los Últimos Hijos". Mundos despojados. Una venganza que no terminaría con una canción.

Lobo emergió de nuevo, esta vez sentado tranquilamente sobre su moto espacial, que había acudido a su llamado mediante un control remoto. Tenía la cara cubierta de sangre, pero seguía sonriendo.

—Por hoy lo dejaremos así, mocoso —dijo Lobo, limpiándose la cara con la manga de cuero—. Mi equipo está dañado y necesito un trago fuerte. Además, me gusta que mis presas sufran un poco con la anticipación.

—No te dejaremos ir —dijo Garnet, posicionándose junto a Steven.

—Oh, claro que lo harán —dijo Lobo, señalando hacia la ciudad—. Puse unas pequeñas sorpresas en los cimientos de ese restaurante de papas fritas y en el muelle. Si no me dejan irme ahora mismo, Ciudad Playa se convertirá en fuegos artificiales antes de que puedan decir "fusión".

Steven se tensó, mirando hacia la ciudad. Sus sentidos agudizados le permitieron escuchar el tic-tac rítmico de explosivos czarnianos ocultos bajo el paseo marítimo.

—Vete —dijo Steven, cerrando los ojos—. Vete ahora.

—Un placer hacer negocios contigo, Steven —Lobo aceleró su moto, levantando una estela de fuego sobre el agua—. Volveré cuando menos lo esperes. Y dile a las otras "piedritas" que preparen sus testamentos. ¡El Main Man siempre cumple sus contratos!

Con un estruendo que rompió la barrera del sonido, Lobo se elevó hacia el espacio exterior, dejando tras de sí un rastro de humo negro y una sensación de derrota que ninguna victoria física podría borrar.

Steven descendió lentamente hacia la arena, su cuerpo volviendo a su estado normal, pero sus ojos seguían fijos en las estrellas. Las gemas se acercaron a él, pero por primera vez, no sabían qué decir.

—Garnet... —dijo Steven con voz débil—. ¿Cuántos más hay? ¿Cuántos planetas destruyó ella realmente?

Garnet no respondió de inmediato. Miró hacia el cielo, donde la moto de Lobo ya no era más que un punto brillante.

—Muchos, Steven —admitió ella finalmente—. Pero nosotros no somos los que los destruyeron.

—Pero somos los que quedan —replicó Steven, mirando su mano, donde la gema de su madre brillaba con una luz inocente que ahora le parecía una mentira—. Lobo tiene razón. El universo no quiere una disculpa. Quiere justicia.

El sol terminó de ocultarse, dejando a Ciudad Playa en una oscuridad inusual. Steven sabía que el encuentro con el czarniano era solo el principio. El pasado de Diamante Rosa no era solo una historia de redención en la Tierra; era una herida abierta en toda la galaxia, y él era el único que quedaba para sangrar por ella.
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