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0 curtida
Smelly loud
Fandom: The Mighty B! , loud house
Criado: 03/05/2026
Tags
Fatias de VidaHumorCrack / Humor ParódicoCenário CanônicoFilme de AmigosSátira
El Desafío de la Etiqueta y el Estruendo Inoportuno
—¡Leni, por favor, concéntrate! —exclamó Lori, ajustándose el cinturón de su uniforme de las Abejas Exploradoras—. Este es el evento más importante del año para la tropa 828. Si logramos pasar la inspección de etiqueta de la Gran Abeja Reina, finalmente obtendré mi insignia de "Protocolo Real".
Leni, que estaba distraída intentando desenredar un hilo suelto de su propia banda de insignias, levantó la mirada con una sonrisa vacía pero encantadora.
—Lo siento, Lori. Es que este uniforme me aprieta un poco en la cintura y estaba pensando que si le añadimos unos pompones de colores se vería mucho más "fashion".
Lori soltó un suspiro de frustración y se frotó las sienes. A su lado, Luna Loud afinaba una pequeña mandolina acústica, ya que los instrumentos eléctricos estaban prohibidos en el salón de té de la ciudad.
—Relájate, hermana mayor —dijo Luna, rasgueando un acorde suave—. Estamos en sintonía. Leni se ve genial, tú te ves... bueno, tensa, y yo estoy lista para ponerle ritmo a esta fiesta de té.
—¡No es una "fiesta de té", Luna! —corrigió Lori con severidad—. Es la Evaluación Anual de Refinamiento. Y después de lo que pasó el año pasado, cuando Leni confundió el tazón de agua para lavarse los dedos con una sopa de limón fría, estamos en libertad condicional.
Leni soltó una risita nerviosa.
—Es que olía muy rico, Lori.
El salón de té "La Colmena Dorada" estaba decorado con una elegancia asfixiante. Había manteles de encaje, porcelana fina que parecía romperse solo con mirarla y un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el tintineo de las cucharillas. En el centro de la sala, sentada en un trono de mimbre, se encontraba la Gran Abeja Reina, una mujer cuya rigidez facial sugería que no había sonreído desde la década de los setenta.
—Escuchen bien —susurró Lori mientras caminaban hacia su mesa asignada—. El secreto para ganar hoy es la contención. Nada de ruidos fuertes, nada de movimientos bruscos y, sobre todo, ¡nada de gases!
Luna soltó una carcajada que rápidamente ahogó al ver la mirada asesina de Lori.
—¿Gases? Por favor, Lori, somos damas. Bueno, tú y Leni lo son. Yo soy una rockera, pero tengo control sobre mi... equipo de sonido interno.
—Hablo en serio —insistió Lori—. El menú de hoy incluye "Canapés de Coliflor y Garbanzos Crujientes". Es una trampa. La Abeja Reina quiere ver quién tiene el sistema digestivo más disciplinado.
Se sentaron a la mesa. Leni miraba con fascinación los pequeños sándwiches sin corteza, mientras Luna intentaba no aburrirse mortalmente. Lori, por su parte, mantenía una postura tan recta que parecía haber ingerido un palo de escoba.
—¡Oh, miren! —dijo Leni señalando un plato—. ¡Mini pastelitos de brócoli! ¡Son como pequeños árboles para Barbies!
Leni procedió a comerse tres de un solo bocado. Lori la observó con horror, pero al ver que la Gran Abeja Reina estaba mirando hacia otro lado, decidió ignorarlo y tomar un sorbo de té con el dedo meñique rígidamente extendido.
Pasaron diez minutos de silencio tenso. El estómago de Leni comenzó a emitir un sonido similar al de una ballena lejana llamando a su cría.
—Leni... —susurró Lori entre dientes, sin dejar de sonreír a la Reina—. ¿Qué fue eso?
—Creo que mis "árboles" están teniendo una fiesta en mi pancita —respondió Leni, poniéndose un poco pálida—. Siento como si tuviera una banda de tambores ahí dentro.
—¡Cállate y aguanta! —ordenó Lori—. Luna, toca algo para cubrir cualquier ruido.
Luna comenzó a tocar una melodía suave en la mandolina, tratando de disimular los ruidos internos de su hermana. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Un silencio repentino cayó sobre el salón cuando la Gran Abeja Reina se levantó para caminar entre las mesas.
—¡Oh, no! —jadeó Leni—. Lori, creo que voy a... voy a...
—¡No te atrevas, Leni Loud! —amenazó Lori, sudando frío—. Si arruinas esto para mí, te juro que esconderé todos tus zapatos de tacón durante un mes.
Leni cerró los ojos con fuerza. Su rostro pasó de un tono rosado a un verde pálido, y luego a un rojo intenso. El aire en la habitación parecía cargado de electricidad estática.
—¡Es que no puedo! —susurró Leni desesperada—. ¡Es como un volcán de purpurina que quiere salir!
—¡Resiste! —dijo Luna, tratando de ayudar—. Piensa en cosas tristes... ¡piensa en cuando se canceló aquel concierto de Smoothie Stars!
—¡Eso solo me da más ganas de llorar y de...!
¡PRRRRRRRRRRRRRRRRRTTTT!
El sonido fue corto, pero agudo, como el chirrido de un globo desinflándose a gran velocidad. El salón quedó en un silencio tan absoluto que se podía escuchar el latido del corazón de Lori.
La Gran Abeja Reina se detuvo justo al lado de su mesa. Sus ojos, ocultos tras unas gafas de cadena, se clavaron en las tres hermanas.
—¿Quién... ha osado profanar la santidad de La Colmena Dorada con tal... exabrupto acústico? —preguntó la mujer con una voz que helaba la sangre.
Lori estaba a punto de desmayarse. Su sueño de la insignia de protocolo se desvanecía como el humo. Pero entonces, Leni, con una inocencia que solo ella poseía, miró a la Reina y luego a su silla.
—¡Oh! —dijo Leni, señalando las patas de madera de su silla sobre el suelo de mármol—. ¡Vaya! Estas sillas sí que chirrían, ¿verdad? Deberían ponerles unas funditas de terciopelo. Yo podría diseñarlas.
Lori vio una oportunidad de oro y se lanzó de cabeza.
—¡Exactamente! —exclamó Lori con una risa nerviosa que sonaba casi maníaca—. ¡Estas sillas son tan... ruidosas! ¡Leni, deja de moverte así!
Lori comenzó a mover su propia silla hacia adelante y hacia atrás, produciendo un chirrido similar. Luna, captando la idea, empezó a rasguear las cuerdas de su mandolina de forma disonante mientras arrastraba sus pies por el suelo.
—¡Sí, es la acústica del lugar, su Majestad! —añadió Luna—. ¡Todo rebota aquí dentro!
La Gran Abeja Reina arqueó una ceja, claramente no muy convencida, pero antes de que pudiera decir algo, el estómago de Leni decidió que el primer aviso no había sido suficiente.
¡BOOOOOOM!
Esta vez no fue un chirrido. Fue una explosión sónica que hizo vibrar las tazas de porcelana. Fue el tipo de sonido que cambia el clima en una habitación.
Leni se quedó petrificada. Lori se cubrió la cara con las manos. Luna simplemente dejó caer la mandolina.
—Eso... —dijo la Gran Abeja Reina, cuya peluca parecía haberse movido un centímetro hacia la izquierda por la onda expansiva— ...no ha sido una silla.
Leni miró a su alrededor, con los ojos llorosos.
—Lo siento mucho —sollozó—. Pero es que el brócoli estaba muy rico y... y... ¡fue un accidente de moda!
Lori se levantó, lista para aceptar su destino y la expulsión inmediata de la tropa.
—Majestad, asumo toda la responsabilidad. Mi hermana Leni... tiene una condición... digestiva muy sensible.
—¿Responsabilidad? —la Gran Abeja Reina comenzó a temblar.
Lori cerró los ojos, esperando el grito. Pero lo que escuchó fue algo totalmente distinto. Fue un gorgoteo. Luego un estallido.
¡PFFFFFFFFT!
La Gran Abeja Reina se puso roja como un tomate. El salón entero contuvo el aliento.
—Debo confesar... —dijo la Reina con una voz temblorosa pero digna— ...que los canapés de coliflor de este año estaban... particularmente potentes.
Hubo un segundo de silencio sepulcral, y luego, Luna comenzó a reír. Leni la siguió, y finalmente, Lori, liberada de la presión de la perfección, soltó una carcajada que resonó en todo el salón.
—¡Es un concierto de vientos! —gritó Luna, empezando a tocar un ritmo de funk en su mandolina.
—¡Es la nueva tendencia! —añadió Leni, aplaudiendo—. ¡El sonido natural es lo más "in" de esta temporada!
La Gran Abeja Reina, para sorpresa de todos, soltó una pequeña risita y se volvió hacia Lori.
—Loud, por mantener la compostura y tratar de encubrir el... incidente con tal creatividad, y por tu lealtad hacia tu hermana... te concedo la insignia. Pero por favor, por el amor a todo lo que es sagrado, que alguien abra una ventana.
Lori tomó la insignia con manos temblorosas, sin saber si llorar de alegría o de vergüenza.
—Gracias, Majestad. Prometo que la próxima vez traeremos nuestros propios bocadillos... sin fibra.
Mientras salían del salón de té, Luna caminaba con un aire de triunfo.
—Vieron eso, chicas. Fuimos las estrellas del show.
—Literalmente "retumbamos" en el lugar —dijo Leni, sintiéndose mucho mejor—. Aunque creo que mi vestido ahora me queda un poco más flojo.
Lori miró su insignia de protocolo, que brillaba bajo el sol de la tarde.
—Saben —dijo Lori, suspirando—, creo que esta es la primera vez que un desastre digestivo termina en una medalla. Pero si alguna de ustedes menciona esto en la escuela, o peor, si se lo dicen a Lincoln... ¡están literalmente muertas!
—Tranquila, Lori —dijo Luna, guiñándole un ojo—. Lo que pasa en La Colmena Dorada, se queda en La Colmena Dorada.
—¡Y en mi pancita! —añadió Leni, mientras las tres hermanas caminaban de regreso a casa, riendo bajo el cielo atardecido de Royal Woods, dejando atrás el eco de una tarde que nadie en la tropa 828 olvidaría jamás.
Leni, que estaba distraída intentando desenredar un hilo suelto de su propia banda de insignias, levantó la mirada con una sonrisa vacía pero encantadora.
—Lo siento, Lori. Es que este uniforme me aprieta un poco en la cintura y estaba pensando que si le añadimos unos pompones de colores se vería mucho más "fashion".
Lori soltó un suspiro de frustración y se frotó las sienes. A su lado, Luna Loud afinaba una pequeña mandolina acústica, ya que los instrumentos eléctricos estaban prohibidos en el salón de té de la ciudad.
—Relájate, hermana mayor —dijo Luna, rasgueando un acorde suave—. Estamos en sintonía. Leni se ve genial, tú te ves... bueno, tensa, y yo estoy lista para ponerle ritmo a esta fiesta de té.
—¡No es una "fiesta de té", Luna! —corrigió Lori con severidad—. Es la Evaluación Anual de Refinamiento. Y después de lo que pasó el año pasado, cuando Leni confundió el tazón de agua para lavarse los dedos con una sopa de limón fría, estamos en libertad condicional.
Leni soltó una risita nerviosa.
—Es que olía muy rico, Lori.
El salón de té "La Colmena Dorada" estaba decorado con una elegancia asfixiante. Había manteles de encaje, porcelana fina que parecía romperse solo con mirarla y un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el tintineo de las cucharillas. En el centro de la sala, sentada en un trono de mimbre, se encontraba la Gran Abeja Reina, una mujer cuya rigidez facial sugería que no había sonreído desde la década de los setenta.
—Escuchen bien —susurró Lori mientras caminaban hacia su mesa asignada—. El secreto para ganar hoy es la contención. Nada de ruidos fuertes, nada de movimientos bruscos y, sobre todo, ¡nada de gases!
Luna soltó una carcajada que rápidamente ahogó al ver la mirada asesina de Lori.
—¿Gases? Por favor, Lori, somos damas. Bueno, tú y Leni lo son. Yo soy una rockera, pero tengo control sobre mi... equipo de sonido interno.
—Hablo en serio —insistió Lori—. El menú de hoy incluye "Canapés de Coliflor y Garbanzos Crujientes". Es una trampa. La Abeja Reina quiere ver quién tiene el sistema digestivo más disciplinado.
Se sentaron a la mesa. Leni miraba con fascinación los pequeños sándwiches sin corteza, mientras Luna intentaba no aburrirse mortalmente. Lori, por su parte, mantenía una postura tan recta que parecía haber ingerido un palo de escoba.
—¡Oh, miren! —dijo Leni señalando un plato—. ¡Mini pastelitos de brócoli! ¡Son como pequeños árboles para Barbies!
Leni procedió a comerse tres de un solo bocado. Lori la observó con horror, pero al ver que la Gran Abeja Reina estaba mirando hacia otro lado, decidió ignorarlo y tomar un sorbo de té con el dedo meñique rígidamente extendido.
Pasaron diez minutos de silencio tenso. El estómago de Leni comenzó a emitir un sonido similar al de una ballena lejana llamando a su cría.
—Leni... —susurró Lori entre dientes, sin dejar de sonreír a la Reina—. ¿Qué fue eso?
—Creo que mis "árboles" están teniendo una fiesta en mi pancita —respondió Leni, poniéndose un poco pálida—. Siento como si tuviera una banda de tambores ahí dentro.
—¡Cállate y aguanta! —ordenó Lori—. Luna, toca algo para cubrir cualquier ruido.
Luna comenzó a tocar una melodía suave en la mandolina, tratando de disimular los ruidos internos de su hermana. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Un silencio repentino cayó sobre el salón cuando la Gran Abeja Reina se levantó para caminar entre las mesas.
—¡Oh, no! —jadeó Leni—. Lori, creo que voy a... voy a...
—¡No te atrevas, Leni Loud! —amenazó Lori, sudando frío—. Si arruinas esto para mí, te juro que esconderé todos tus zapatos de tacón durante un mes.
Leni cerró los ojos con fuerza. Su rostro pasó de un tono rosado a un verde pálido, y luego a un rojo intenso. El aire en la habitación parecía cargado de electricidad estática.
—¡Es que no puedo! —susurró Leni desesperada—. ¡Es como un volcán de purpurina que quiere salir!
—¡Resiste! —dijo Luna, tratando de ayudar—. Piensa en cosas tristes... ¡piensa en cuando se canceló aquel concierto de Smoothie Stars!
—¡Eso solo me da más ganas de llorar y de...!
¡PRRRRRRRRRRRRRRRRRTTTT!
El sonido fue corto, pero agudo, como el chirrido de un globo desinflándose a gran velocidad. El salón quedó en un silencio tan absoluto que se podía escuchar el latido del corazón de Lori.
La Gran Abeja Reina se detuvo justo al lado de su mesa. Sus ojos, ocultos tras unas gafas de cadena, se clavaron en las tres hermanas.
—¿Quién... ha osado profanar la santidad de La Colmena Dorada con tal... exabrupto acústico? —preguntó la mujer con una voz que helaba la sangre.
Lori estaba a punto de desmayarse. Su sueño de la insignia de protocolo se desvanecía como el humo. Pero entonces, Leni, con una inocencia que solo ella poseía, miró a la Reina y luego a su silla.
—¡Oh! —dijo Leni, señalando las patas de madera de su silla sobre el suelo de mármol—. ¡Vaya! Estas sillas sí que chirrían, ¿verdad? Deberían ponerles unas funditas de terciopelo. Yo podría diseñarlas.
Lori vio una oportunidad de oro y se lanzó de cabeza.
—¡Exactamente! —exclamó Lori con una risa nerviosa que sonaba casi maníaca—. ¡Estas sillas son tan... ruidosas! ¡Leni, deja de moverte así!
Lori comenzó a mover su propia silla hacia adelante y hacia atrás, produciendo un chirrido similar. Luna, captando la idea, empezó a rasguear las cuerdas de su mandolina de forma disonante mientras arrastraba sus pies por el suelo.
—¡Sí, es la acústica del lugar, su Majestad! —añadió Luna—. ¡Todo rebota aquí dentro!
La Gran Abeja Reina arqueó una ceja, claramente no muy convencida, pero antes de que pudiera decir algo, el estómago de Leni decidió que el primer aviso no había sido suficiente.
¡BOOOOOOM!
Esta vez no fue un chirrido. Fue una explosión sónica que hizo vibrar las tazas de porcelana. Fue el tipo de sonido que cambia el clima en una habitación.
Leni se quedó petrificada. Lori se cubrió la cara con las manos. Luna simplemente dejó caer la mandolina.
—Eso... —dijo la Gran Abeja Reina, cuya peluca parecía haberse movido un centímetro hacia la izquierda por la onda expansiva— ...no ha sido una silla.
Leni miró a su alrededor, con los ojos llorosos.
—Lo siento mucho —sollozó—. Pero es que el brócoli estaba muy rico y... y... ¡fue un accidente de moda!
Lori se levantó, lista para aceptar su destino y la expulsión inmediata de la tropa.
—Majestad, asumo toda la responsabilidad. Mi hermana Leni... tiene una condición... digestiva muy sensible.
—¿Responsabilidad? —la Gran Abeja Reina comenzó a temblar.
Lori cerró los ojos, esperando el grito. Pero lo que escuchó fue algo totalmente distinto. Fue un gorgoteo. Luego un estallido.
¡PFFFFFFFFT!
La Gran Abeja Reina se puso roja como un tomate. El salón entero contuvo el aliento.
—Debo confesar... —dijo la Reina con una voz temblorosa pero digna— ...que los canapés de coliflor de este año estaban... particularmente potentes.
Hubo un segundo de silencio sepulcral, y luego, Luna comenzó a reír. Leni la siguió, y finalmente, Lori, liberada de la presión de la perfección, soltó una carcajada que resonó en todo el salón.
—¡Es un concierto de vientos! —gritó Luna, empezando a tocar un ritmo de funk en su mandolina.
—¡Es la nueva tendencia! —añadió Leni, aplaudiendo—. ¡El sonido natural es lo más "in" de esta temporada!
La Gran Abeja Reina, para sorpresa de todos, soltó una pequeña risita y se volvió hacia Lori.
—Loud, por mantener la compostura y tratar de encubrir el... incidente con tal creatividad, y por tu lealtad hacia tu hermana... te concedo la insignia. Pero por favor, por el amor a todo lo que es sagrado, que alguien abra una ventana.
Lori tomó la insignia con manos temblorosas, sin saber si llorar de alegría o de vergüenza.
—Gracias, Majestad. Prometo que la próxima vez traeremos nuestros propios bocadillos... sin fibra.
Mientras salían del salón de té, Luna caminaba con un aire de triunfo.
—Vieron eso, chicas. Fuimos las estrellas del show.
—Literalmente "retumbamos" en el lugar —dijo Leni, sintiéndose mucho mejor—. Aunque creo que mi vestido ahora me queda un poco más flojo.
Lori miró su insignia de protocolo, que brillaba bajo el sol de la tarde.
—Saben —dijo Lori, suspirando—, creo que esta es la primera vez que un desastre digestivo termina en una medalla. Pero si alguna de ustedes menciona esto en la escuela, o peor, si se lo dicen a Lincoln... ¡están literalmente muertas!
—Tranquila, Lori —dijo Luna, guiñándole un ojo—. Lo que pasa en La Colmena Dorada, se queda en La Colmena Dorada.
—¡Y en mi pancita! —añadió Leni, mientras las tres hermanas caminaban de regreso a casa, riendo bajo el cielo atardecido de Royal Woods, dejando atrás el eco de una tarde que nadie en la tropa 828 olvidaría jamás.
