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Smelly someting en Flarg

Fandom: Helluva boss, hazbin hotel, padrinos mágicos

Criado: 06/05/2026

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Crack / Humor ParódicoParódiaSátiraCenário CanônicoHumorFantasiaHistória DomésticaOOC (Fora do Personagem)
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Cinco días de Flarg en el Infierno

La reconstrucción del Hotel Hazbin había sido un éxito rotundo. Las paredes brillaban con un carmesí renovado, los muebles eran más lujosos que nunca y el personal intentaba volver a la normalidad tras la batalla contra los exorcistas. Lucifer, tras pasar unas semanas ayudando a su hija, había decidido tomarse un pequeño descanso fuera del hotel, y Alastor, por su parte, se mantenía en las sombras, recuperándose de sus heridas.

Sin embargo, la paz no reinaba en el corazón de la princesa. Vaggie había notado que Charlie no era la misma. Desde la muerte de Sir Pentious, la joven heredera estaba más que alterada; sus ojos estaban inyectados en sangre y sus manos temblaban constantemente.

—Charlie, cariño, tienes que calmarte —dijo Vaggie, poniendo una mano sobre su hombro en el salón principal—. Sé que lo de Pentious fue duro, pero estás... extraña.

Charlie se giró bruscamente, con una sonrisa nerviosa que rozaba la locura.

—¡No es solo por Pentious, Vaggie! ¡Es la fecha! ¡Es la época! ¡Es el Flarg!

Vaggie parpadeó confundida. Angel Dust, que pasaba por allí con Fat Nuggets, se detuvo en seco.

—¿El qué? ¿Es algún tipo de droga nueva? Porque si es así, quiero dos cajas —comentó Angel.

—¡No es una droga! —exclamó Charlie, saltando sobre una mesa—. Es una tradición familiar. Una antigua y sagrada tradición que mi madre siempre celebraba. ¡Son cinco días de caos, purga y liberación! ¡Cinco días de FLARG!

Husk, desde la barra, suspiró profundamente.

—Suena a algo que me va a dar mucho trabajo limpiar.

—¡Por favor! —suplicó Charlie con los ojos llorosos—. Si no lo celebramos, siento que voy a explotar. Cada letra de FLARG tiene un significado especial. ¡Hagámoslo por la memoria de lo que hemos perdido!

Vaggie, incapaz de decirle que no a esos ojos de cachorro, suspiró y miró al resto. Niffty apareció de la nada con un plumero, emocionada por la palabra "caos".

—Está bien, Charlie. Lo haremos. ¿Qué significa la primera letra?

—¡La F! —gritó Charlie con entusiasmo—. ¡F de Flatulencia Festiva!

De repente, un silencio sepulcral inundó el hotel. Un segundo después, se escuchó un estruendo sísmico, un sonido de pedo tan potente que las ventanas vibraron. Las puertas principales del hotel se abrieron de par en par por la presión y todos los residentes salieron corriendo hacia el jardín frontal, con las mejillas teñidas de un verde enfermizo y tapándose la nariz.

Charlie salió la última, caminando con una confianza renovada mientras una ráfaga de gas verdoso emanaba de su trasero con la fuerza de un motor a reacción.

—¡Hasta mañana! —anunció Charlie con una sonrisa radiante, dejando a Angel Dust tosiendo en el suelo.

—Eso... eso no fue un pedo... —logró decir Angel entre arcadas—. ¡Eso fue un ataque químico!

Los días siguientes fueron un torbellino de locura absoluta. La "L" trajo consigo una lluvia de langostas de fuego, y la "A" resultó ser la más desconcertante de todas.

Vaggie se despertó a la mañana siguiente sintiendo un peso extraño sobre su brazo. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba en una cama que no era la suya, completamente desnuda. Al girar la cabeza, se encontró con la cara de Angel Dust, quien roncaba plácidamente, también sin ropa.

—¿Qué... qué demonios...? —susurró Vaggie, horrorizada.

En ese momento, la puerta se abrió y Charlie entró saltando.

—¡Buenos días! ¡Hoy es el día de la A! ¡A de Amnesia! —Charlie soltó una risita—. Nadie recuerda lo que pasó anoche, ni con quién, ni por qué. ¡Es parte de la diversión!

Kee Kee, el gato-llave, salió de debajo de la cama y se marchó trotando felizmente. Vaggie y Angel se miraron durante un largo y eterno minuto de silencio.

—Vaggie... —comenzó Angel con voz ronca.

—Ni una palabra, Angel —lo cortó ella, cubriéndose con la sábana—. Juremos que esto nunca pasó y que nuestra memoria borrada es lo mejor que nos ha pasado en la vida.

—Trato hecho —asintió Angel, saliendo disparado de la habitación.

Finalmente, llegó el último día: la letra G.

Charlie estaba de pie en el balcón más alto del hotel, mirando hacia el horizonte del Infierno. Su aura era imponente, casi divina.

—¡Hoy es el día de la G! —gritó hacia las masas de pecadores que pasaban por debajo—. ¡G de Goodbye! ¡Adiós a todo lo que nos estorba!

Con un movimiento de su mano, Charlie desató una onda de energía tan masiva que destruyó la mitad del Círculo del Orgullo en un parpadeo. Edificios se derrumbaron, calles desaparecieron y el paisaje quedó alterado para siempre.

—¡Así es como se hace! —exclamó Charlie, jadeando de emoción—. ¡Mi mamá hizo lo mismo con los dinosaurios!

Justo cuando se disponía a lanzar otra ráfaga para borrar la otra mitad del círculo, Charlie se detuvo en seco, respirando agitadamente, y bajó los brazos. El brillo de sus ojos se desvaneció.

—Creo que... con eso es suficiente por este año.

—¡Charlie! —Lucifer aterrizó en el balcón, luciendo su traje blanco impecable. Miró el rastro de destrucción, el olor a gas que aún persistía en el aire y la cara de trauma de Vaggie—. ¡Vaya! ¡Veo que has estado celebrando el Flarg!

Lucifer soltó una carcajada nostálgica y se limpió una lágrima de orgullo.

—Me recuerda tanto a Lilith. Ella fue la que eliminó a los dinosaurios en aquel fatídico día F. ¡Qué tiempos aquellos! El olor duró décadas.

—¿Papá? —Charlie lo miró sorprendida—. ¿Tú también lo celebras?

—¡Oh, claro! Aunque parece que el Cielo también se ha unido a la fiesta este año —dijo Lucifer, señalando hacia el firmamento, donde el portal al Paraíso brillaba de forma inusual—. Aunque ellos son un poco más... refinados. Cambiaron la G de "Goodbye" por algo menos destructivo después de que, accidentalmente, crearan el Gran Cañón en la Tierra la última vez que se les fue de las manos.

Mientras en el hotel todos miraban con horror las revelaciones de Lucifer, la escena se trasladó a las brillantes y pulcras calles del Cielo.

Emily, la joven serafín, saltaba emocionada frente a una Sera muy seria y algo incómoda.

—¡Es la hora, Sera! ¡Es la hora de la tradición! —gritó Emily.

A unos metros, Lute, la comandante de los exorcistas, se encontraba frente a su ejército de ángeles guerreros. Su rostro estaba rojo de pura vergüenza, pero su sentido del deber era inquebrantable.

—¡Escuchen bien, todas! —gritó Lute a las exorcistas—. ¡Preparen sus traseros! ¡A la de tres! ¡Tomen aire!

En el Infierno, el silencio fue interrumpido por un sonido que bajaba desde las nubes. No era un trueno, ni el canto de los ángeles. Fue un pedo celestial, armónico pero potente, que resonó en cada rincón de la creación.

La onda expansiva del gas angelical se extendió, y pronto, diversas mujeres poderosas del mundo de los demonios se vieron atrapadas en la inercia de la tradición.

En los estudios de noticias 666, Katie Killjoy se levantó de su asiento en medio de una transmisión en vivo. Con una expresión de triunfo malvado, se inclinó hacia adelante y soltó una ráfaga que apagó las luces del set. Tom Trench, a su lado, se desmayó instantáneamente.

En su fortaleza, Camilla Carmine, la traficante de armas, interrumpió una reunión con sus hijas. Se puso de pie, estiró una de sus largas piernas y, con una elegancia casi marcial, dejó escapar un sonido seco y potente que hizo vibrar las lanzas de metal bendito. Sus hijas simplemente asintieron con respeto profesional.

En el mundo de los humanos, la Sra. Mayberry y Martha, en medio de una persecución infernal, se detuvieron un segundo. Ambas compartieron una mirada de entendimiento femenino y liberaron un gas que dejó una nube tóxica en el bosque, permitiendo que las flores se marchitaran al instante.

En las oficinas de I.M.P., Millie saltó sobre el escritorio de Blitzø, quien gritó de terror mientras su empleada estrella liberaba una "F" que envió los papeles volando por toda la habitación. Cerca de allí, Loona, sentada en el sofá con su teléfono, ni siquiera levantó la vista mientras soltaba un ruido sordo y prolongado que hizo que Moxxie se pusiera su máscara de gas de emergencia.

Verosika Mayday, en medio de un concierto multitudinario, se giró hacia el público, les guiñó un ojo y, usando el micrófono para amplificar el sonido, regaló a sus fans una nota que no era precisamente musical, pero que fue recibida con vítores de adoración.

Finalmente, regresamos al Hotel Hazbin. La noche había caído.

Vaggie estaba acostada en la cama, pero no podía dormir. Tenía puesta una máscara de gas industrial que Husk le había prestado. A su lado, Charlie se removía inquieta entre las sábanas.

—Vaggie... —susurró Charlie.

Un pequeño sonido, como un silbido, escapó de entre las mantas.

—¡Esta vez no fui yo, lo juro! —exclamó Charlie, poniéndose roja.

Pero entonces, un segundo sonido, mucho más fuerte y ruidoso, sacudió el colchón. Charlie escondió la cabeza bajo la almohada, avergonzada.

—Vale... está bien. ¡Esta vez sí fui yo! Es que todavía me queda un poco de la G de "Gas residual".

Vaggie no dijo nada. Simplemente suspiró, el sonido filtrado por la máscara, y se arrastró lentamente hacia el borde de la cama, alejándose lo más posible de su novia.

—Te amo, Charlie —dijo Vaggie con voz metálica—, pero el próximo año, nos vamos de vacaciones al Círculo de la Pereza. Allí, por lo menos, todos están demasiado dormidos para tirarse pedos.

Charlie soltó una risita nerviosa y volvió a soltar otro gas, sellando así el final de los cinco días de Flarg. El Infierno nunca volvería a oler igual, pero al menos, la princesa se sentía mucho mejor.
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