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Izuku x Chloe Bourgois y Zoe Lee amor de un héroe
Fandom: Bnha y miracolous
Criado: 09/05/2026
Tags
RomanceUA (Universo Alternativo)PWP (Enredo? Que enredo?)Abuso de ÁlcoolLinguagem ExplícitaHistória DomésticaCrossover
Efervescencia en la Ciudad de la Luz
París siempre había sido descrita como la ciudad del amor, pero para Izuku Midoriya, en ese preciso instante, era la ciudad de las luces borrosas y la música demasiado alta. El intercambio estudiantil entre la Academia U.A. y los prestigiosos centros de héroes en Francia había culminado en una gala de etiqueta en uno de los hoteles más lujosos cerca del Sena.
Izuku, luciendo un esmoquin que le quedaba ligeramente grande en los hombros, sostenía una copa de cristal. No estaba acostumbrado al alcohol, y mucho menos al refinado pero traicionero vino francés que los camareros no dejaban de ofrecer.
—¡Solo un sorbo más, Midoriya! —había dicho algún compañero hacía media hora.
Ahora, el mundo giraba de una forma rítmica y cálida. Sus mejillas estaban encendidas, no solo por el calor de la fiesta, sino por la atención que estaba recibiendo.
—Vaya, el pequeño héroe de Japón no tiene mucha resistencia, ¿verdad? —Una voz arrastrada y elegante llegó a sus oídos.
Izuku parpadeó, tratando de enfocar la vista. Frente a él estaba Chloé Bourgeois, vestida con un vestido de seda amarillo que gritaba opulencia. A su lado, su media hermana, Zoé Lee, lo miraba con una mezcla de diversión y genuina preocupación.
—Chloé, no lo molestes, claramente el vino le ha afectado —dijo Zoé, acercándose para sostener el brazo de Izuku cuando este se tambaleó—. ¿Estás bien, Izuku?
—Yo... ¡estoy excelente! —exclamó Izuku con una sonrisa demasiado amplia, sus ojos verdes brillando con una intensidad nublada—. Es solo que... las luces son muy bonitas. Y ustedes también son muy bonitas. Mucho.
Chloé arqueó una ceja, pero una sonrisa de satisfacción cruzó sus labios.
—Bueno, al menos el alcohol lo ha vuelto honesto —comentó ella, tomando el otro brazo del peliverde—. No podemos dejar que el invitado de honor se desplome en medio de la pista de baile. Sería un escándalo para mi reputación y para la de mi padre.
—¿A dónde vamos? —preguntó Izuku, dejándose guiar mientras sus pies se sentían como nubes.
—A un lugar más privado —respondió Zoé en un susurro, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo del joven héroe—. Necesitas descansar un poco.
Subieron en el ascensor dorado hasta una de las suites presidenciales reservadas para la familia Bourgeois. El silencio del pasillo alfombrado contrastaba con el estruendo de la fiesta de abajo. Al entrar en la habitación, la luz era tenue, solo interrumpida por el resplandor de la Torre Eiffel que se filtraba por el ventanal.
Chloé cerró la puerta con un clic metálico que resonó en la habitación. Izuku fue conducido hasta la enorme cama de sábanas de satén.
—Uf... —Izuku se dejó caer, sintiendo que la suavidad lo tragaba—. Gracias, chicas. Son... son ángeles. De verdad.
Zoé se sentó a su lado, quitándole con cuidado la corbata que parecía asfixiarlo.
—Estás muy tenso, Izuku —murmuró ella, pasando sus dedos por el cabello alborotado y verde—. Siempre salvando a todo el mundo, siempre bajo presión...
—Es mi trabajo —balbuceó él, cerrando los ojos ante el contacto—. Pero hoy... hoy me siento diferente. Me siento... ligero.
Chloé se acercó por el otro lado, sentándose en el borde de la cama. Su mirada era depredadora pero extrañamente suave.
—A veces, un héroe necesita ser salvado de su propia rigidez —dijo ella, comenzando a desabotonar el chaleco del chico—. Y nosotras estamos dispuestas a darte un tipo de ayuda muy especial.
Izuku abrió los ojos, encontrándose con la mirada azul de Chloé y la mirada dulce pero decidida de Zoé. El aire en la habitación cambió de repente, volviéndose espeso y cargado de una electricidad que no venía de ningún Don.
—¿Chicas? —preguntó Izuku, su respiración empezando a acelerarse mientras el efecto del vino se mezclaba con la adrenalina—. Mi corazón... va muy rápido.
—Es normal —susurró Zoé, inclinándose para besar su mejilla—. Deja que nos encarguemos de todo.
Chloé no esperó más y unió sus labios con los de Izuku en un beso que sabía a vino caro y a un deseo largamente contenido. Izuku soltó un jadeo de sorpresa que se perdió en la boca de la rubia. Sus manos, movidas por un instinto que el alcohol había liberado, buscaron la cintura de Chloé, atrayéndola más hacia él.
Mientras tanto, Zoé comenzó a besar su cuello, trazando el camino de sus cicatrices con la punta de la lengua, honrando cada marca de sus batallas pasadas.
—Ah... Zoé... Chloé... —el nombre de ambas escapó de sus labios como una súplica.
—Cállate y disfruta, Midoriya —ordenó Chloé con voz ronca, rompiendo el beso solo para deslizar su vestido hacia abajo, dejando que la seda cayera al suelo—. Esta noche, no hay villanos, no hay All Might, no hay deberes. Solo nosotros.
Las manos de las hermanas trabajaron en conjunto, despojando a Izuku de su ropa hasta dejarlo expuesto ante ellas. La luz de la luna delineaba sus músculos trabajados, fruto de años de entrenamiento extremo. Para ellas, era como una obra de arte tallada en determinación.
Zoé se deshizo de su propio vestido, revelando su figura esbelta. Se posicionó sobre Izuku, guiando las manos del chico hacia sus pechos.
—Siéntenos, Izuku —susurró ella al oído del héroe—. Estamos aquí para ti.
Izuku, impulsado por una valentía que no sabía que poseía fuera del campo de batalla, apretó con suavidad, escuchando el gemido de satisfacción de Zoé. El placer empezó a irradiar desde su vientre hacia todo su cuerpo. Chloé, por su parte, se encargó de liberar a Izuku de su última prenda, provocando un suspiro colectivo en la habitación.
—Ridículamente perfecto —comentó Chloé, con una sonrisa triunfal.
Ella se posicionó entre las piernas de Izuku, comenzando a dar besos húmedos por sus muslos, acercándose peligrosamente al centro de su deseo. Izuku arqueó la espalda, sus dedos enredándose en las sábanas de seda mientras Zoé volvía a capturar sus labios, silenciando sus gemidos.
La habitación se llenó de los sonidos de la piel rozando contra la piel, de respiraciones entrecortadas y susurros de aliento. Izuku se sentía en un sueño, un paraíso donde no tenía que cargar con el peso del mundo.
—Por favor... —rogó Izuku, su voz quebrada por la necesidad—. No puedo más...
—No te detengas —dijo Zoé, moviéndose rítmicamente contra él, mientras Chloé guiaba su entrada.
Cuando finalmente se unieron, la sensación fue una explosión de colores en la mente de Izuku. Era más intenso que cualquier Smash, más vibrante que cualquier ráfaga de viento. Se movían en una danza coordinada, un ritmo que Chloé dictaba con autoridad y Zoé suavizaba con ternura.
—Mírame, Izuku —ordenó Chloé, obligándolo a abrir los ojos mientras el clímax se acercaba—. Queremos que recuerdes quiénes te hicieron sentir así.
—Lo... lo recordaré —jadeó él, sus ojos verdes fijos en las dos mujeres que lo rodeaban—. Chloé... Zoé...
El calor subió por su espina dorsal, una marea imparable que finalmente rompió. Izuku se tensó, liberando toda la energía acumulada, mientras las hermanas se fundían con él en un abrazo final, compartiendo el éxtasis que vibraba en el aire.
Minutos después, el silencio regresó a la habitación, solo interrumpido por el sonido de tres corazones tratando de recuperar su ritmo normal. Izuku estaba tumbado en medio, con Zoé apoyada en su pecho y Chloé abrazada a su brazo, su cabeza descansando en su hombro.
—Eso fue... —Izuku buscó la palabra, todavía un poco aturdido—. Plus Ultra.
Chloé soltó una pequeña risa, una que no tenía rastro de su habitual arrogancia.
—No te acostumbres, Midoriya. Mañana volverás a ser el héroe tímido.
—Pero esta noche —añadió Zoé, besando su hombro—, fuiste simplemente nuestro Izuku.
Izuku sonrió, cerrando los ojos mientras el cansancio y la satisfacción lo envolvían. París seguía brillando afuera, pero para él, toda la luz que necesitaba estaba allí mismo, entre las dos mujeres que habían decidido, por una noche, compartir su mundo con él.
Izuku, luciendo un esmoquin que le quedaba ligeramente grande en los hombros, sostenía una copa de cristal. No estaba acostumbrado al alcohol, y mucho menos al refinado pero traicionero vino francés que los camareros no dejaban de ofrecer.
—¡Solo un sorbo más, Midoriya! —había dicho algún compañero hacía media hora.
Ahora, el mundo giraba de una forma rítmica y cálida. Sus mejillas estaban encendidas, no solo por el calor de la fiesta, sino por la atención que estaba recibiendo.
—Vaya, el pequeño héroe de Japón no tiene mucha resistencia, ¿verdad? —Una voz arrastrada y elegante llegó a sus oídos.
Izuku parpadeó, tratando de enfocar la vista. Frente a él estaba Chloé Bourgeois, vestida con un vestido de seda amarillo que gritaba opulencia. A su lado, su media hermana, Zoé Lee, lo miraba con una mezcla de diversión y genuina preocupación.
—Chloé, no lo molestes, claramente el vino le ha afectado —dijo Zoé, acercándose para sostener el brazo de Izuku cuando este se tambaleó—. ¿Estás bien, Izuku?
—Yo... ¡estoy excelente! —exclamó Izuku con una sonrisa demasiado amplia, sus ojos verdes brillando con una intensidad nublada—. Es solo que... las luces son muy bonitas. Y ustedes también son muy bonitas. Mucho.
Chloé arqueó una ceja, pero una sonrisa de satisfacción cruzó sus labios.
—Bueno, al menos el alcohol lo ha vuelto honesto —comentó ella, tomando el otro brazo del peliverde—. No podemos dejar que el invitado de honor se desplome en medio de la pista de baile. Sería un escándalo para mi reputación y para la de mi padre.
—¿A dónde vamos? —preguntó Izuku, dejándose guiar mientras sus pies se sentían como nubes.
—A un lugar más privado —respondió Zoé en un susurro, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo del joven héroe—. Necesitas descansar un poco.
Subieron en el ascensor dorado hasta una de las suites presidenciales reservadas para la familia Bourgeois. El silencio del pasillo alfombrado contrastaba con el estruendo de la fiesta de abajo. Al entrar en la habitación, la luz era tenue, solo interrumpida por el resplandor de la Torre Eiffel que se filtraba por el ventanal.
Chloé cerró la puerta con un clic metálico que resonó en la habitación. Izuku fue conducido hasta la enorme cama de sábanas de satén.
—Uf... —Izuku se dejó caer, sintiendo que la suavidad lo tragaba—. Gracias, chicas. Son... son ángeles. De verdad.
Zoé se sentó a su lado, quitándole con cuidado la corbata que parecía asfixiarlo.
—Estás muy tenso, Izuku —murmuró ella, pasando sus dedos por el cabello alborotado y verde—. Siempre salvando a todo el mundo, siempre bajo presión...
—Es mi trabajo —balbuceó él, cerrando los ojos ante el contacto—. Pero hoy... hoy me siento diferente. Me siento... ligero.
Chloé se acercó por el otro lado, sentándose en el borde de la cama. Su mirada era depredadora pero extrañamente suave.
—A veces, un héroe necesita ser salvado de su propia rigidez —dijo ella, comenzando a desabotonar el chaleco del chico—. Y nosotras estamos dispuestas a darte un tipo de ayuda muy especial.
Izuku abrió los ojos, encontrándose con la mirada azul de Chloé y la mirada dulce pero decidida de Zoé. El aire en la habitación cambió de repente, volviéndose espeso y cargado de una electricidad que no venía de ningún Don.
—¿Chicas? —preguntó Izuku, su respiración empezando a acelerarse mientras el efecto del vino se mezclaba con la adrenalina—. Mi corazón... va muy rápido.
—Es normal —susurró Zoé, inclinándose para besar su mejilla—. Deja que nos encarguemos de todo.
Chloé no esperó más y unió sus labios con los de Izuku en un beso que sabía a vino caro y a un deseo largamente contenido. Izuku soltó un jadeo de sorpresa que se perdió en la boca de la rubia. Sus manos, movidas por un instinto que el alcohol había liberado, buscaron la cintura de Chloé, atrayéndola más hacia él.
Mientras tanto, Zoé comenzó a besar su cuello, trazando el camino de sus cicatrices con la punta de la lengua, honrando cada marca de sus batallas pasadas.
—Ah... Zoé... Chloé... —el nombre de ambas escapó de sus labios como una súplica.
—Cállate y disfruta, Midoriya —ordenó Chloé con voz ronca, rompiendo el beso solo para deslizar su vestido hacia abajo, dejando que la seda cayera al suelo—. Esta noche, no hay villanos, no hay All Might, no hay deberes. Solo nosotros.
Las manos de las hermanas trabajaron en conjunto, despojando a Izuku de su ropa hasta dejarlo expuesto ante ellas. La luz de la luna delineaba sus músculos trabajados, fruto de años de entrenamiento extremo. Para ellas, era como una obra de arte tallada en determinación.
Zoé se deshizo de su propio vestido, revelando su figura esbelta. Se posicionó sobre Izuku, guiando las manos del chico hacia sus pechos.
—Siéntenos, Izuku —susurró ella al oído del héroe—. Estamos aquí para ti.
Izuku, impulsado por una valentía que no sabía que poseía fuera del campo de batalla, apretó con suavidad, escuchando el gemido de satisfacción de Zoé. El placer empezó a irradiar desde su vientre hacia todo su cuerpo. Chloé, por su parte, se encargó de liberar a Izuku de su última prenda, provocando un suspiro colectivo en la habitación.
—Ridículamente perfecto —comentó Chloé, con una sonrisa triunfal.
Ella se posicionó entre las piernas de Izuku, comenzando a dar besos húmedos por sus muslos, acercándose peligrosamente al centro de su deseo. Izuku arqueó la espalda, sus dedos enredándose en las sábanas de seda mientras Zoé volvía a capturar sus labios, silenciando sus gemidos.
La habitación se llenó de los sonidos de la piel rozando contra la piel, de respiraciones entrecortadas y susurros de aliento. Izuku se sentía en un sueño, un paraíso donde no tenía que cargar con el peso del mundo.
—Por favor... —rogó Izuku, su voz quebrada por la necesidad—. No puedo más...
—No te detengas —dijo Zoé, moviéndose rítmicamente contra él, mientras Chloé guiaba su entrada.
Cuando finalmente se unieron, la sensación fue una explosión de colores en la mente de Izuku. Era más intenso que cualquier Smash, más vibrante que cualquier ráfaga de viento. Se movían en una danza coordinada, un ritmo que Chloé dictaba con autoridad y Zoé suavizaba con ternura.
—Mírame, Izuku —ordenó Chloé, obligándolo a abrir los ojos mientras el clímax se acercaba—. Queremos que recuerdes quiénes te hicieron sentir así.
—Lo... lo recordaré —jadeó él, sus ojos verdes fijos en las dos mujeres que lo rodeaban—. Chloé... Zoé...
El calor subió por su espina dorsal, una marea imparable que finalmente rompió. Izuku se tensó, liberando toda la energía acumulada, mientras las hermanas se fundían con él en un abrazo final, compartiendo el éxtasis que vibraba en el aire.
Minutos después, el silencio regresó a la habitación, solo interrumpido por el sonido de tres corazones tratando de recuperar su ritmo normal. Izuku estaba tumbado en medio, con Zoé apoyada en su pecho y Chloé abrazada a su brazo, su cabeza descansando en su hombro.
—Eso fue... —Izuku buscó la palabra, todavía un poco aturdido—. Plus Ultra.
Chloé soltó una pequeña risa, una que no tenía rastro de su habitual arrogancia.
—No te acostumbres, Midoriya. Mañana volverás a ser el héroe tímido.
—Pero esta noche —añadió Zoé, besando su hombro—, fuiste simplemente nuestro Izuku.
Izuku sonrió, cerrando los ojos mientras el cansancio y la satisfacción lo envolvían. París seguía brillando afuera, pero para él, toda la luz que necesitaba estaba allí mismo, entre las dos mujeres que habían decidido, por una noche, compartir su mundo con él.
