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Romance en el ser de grabación
Fandom: Kengan ashura
Criado: 16/05/2026
Tags
UA (Universo Alternativo)SombrioPWP (Enredo? Que enredo?)Linguagem ExplícitaHorror CorporalEstudo de PersonagemBiopunkPsicológicoDramaViolência GráficaCiúmesDor/Conforto
Obsesión de Mármol y Encaje
El edificio de la productora Nogi era un laberinto de luces de neón, cables gruesos serpenteando por el suelo y el murmullo constante de un personal que no conocía el descanso. Ohma Tokita caminaba por el pasillo principal con las manos en los bolsillos, sintiendo la mirada de Kaede Akiyama sobre su espalda. Yamashita Kazuo, a su lado, no dejaba de secarse el sudor de la frente con un pañuelo, visiblemente nervioso por el nuevo contrato que habían firmado.
—Ohma-san, por favor, recuerda que esta es una producción especial —balbuceaba Yamashita—. El presidente Nogi y Shion-san han invertido mucho en esta nueva línea de contenido... "estético".
Ohma no respondió. No le importaba el dinero ni la fama, pero había algo en el ambiente de ese lugar que le picaba en la piel. Al cruzar el umbral del set principal, se detuvo en seco.
Allí, hablando animadamente con Tomoko, estaba Kiryu Setsuna.
Ohma lo reconoció al instante, pero algo era diferente. Kiryu vestía una camisa de seda blanca que parecía a punto de reventar. Sus pectorales, siempre definidos y poderosos, habían adquirido un volumen antinatural, una redondez masiva que recordaba a la anatomía femenina pero con la dureza del acero. La tela se tensaba tanto que sus pezones, endurecidos y prominentes, se marcaban con una claridad obscena a través del tejido.
Ohma sintió una punzada de calor en la boca del estómago. Sus ojos no podían apartarse de ese pecho sobredimensionado que subía y bajaba con cada respiración de Kiryu.
—¡Oh, Ohma-kun! —exclamó Tomoko, ajustando sus gafas con una sonrisa traviesa—. Llegas justo a tiempo. Estábamos discutiendo el vestuario de Setsuna para la primera escena.
Kiryu se giró. Sus ojos brillaron con esa locura devota que siempre reservaba para el "Ashura".
—Ohma... —susurró su nombre como si fuera una oración—. Has venido a verme.
—¿Qué demonios te ha pasado en el pecho, Setsuna? —preguntó Ohma, con la voz más ronca de lo habitual.
Kiryu soltó una risita melodiosa, rozando con sus dedos la tela tensa sobre su pectoral izquierdo.
—Es un regalo para tus ojos, mi Dios. Un pequeño ajuste para que la cámara capture la perfección de nuestra unión.
Shion Soryuin entró en el set, seguida de cerca por Nogi. Ambos observaban la escena con una mezcla de ambición comercial y deleite visual.
—Bien, basta de charlas —ordenó Shion—. Setsuna, ve a los camerinos. El concepto es "Sumisión Doméstica". Ohma, prepárate para tu papel de amo.
Kiryu se retiró con un movimiento de caderas exagerado, dejando a Ohma con una erección incipiente que apenas podía ocultar bajo sus pantalones de combate.
Veinte minutos después, el set estaba listo. Las luces se atenuaron, enfocando una mesa de madera rústica. Cuando Kiryu regresó, el silencio cayó sobre el equipo de producción.
Vestía un delantal blanco con volantes de encaje, pero debajo no había nada más que lencería femenina de seda negra y unas medias de liga que apretaban sus muslos musculosos. El delantal apenas cubría la inmensidad de su pecho masculino agrandado; los bordes de la prenda luchaban por contener la masa de carne firme que se desbordaba por los costados. Sus pezones, ahora adornados con pequeñas pinzas de plata conectadas por una cadena fina, eran el centro de atención.
—Acción —susurró Nogi desde las sombras.
Ohma siguió el guion, pero su mente estaba en otra parte. Se acercó a Kiryu, quien estaba arrodillado frente a él, fingiendo limpiar una mancha inexistente en el suelo. El papel de Ohma era el de un guerrero que regresaba a casa y reclamaba lo que era suyo.
—Mírame —dijo Ohma, siguiendo la línea del guion, pero agarrando el cabello de Kiryu con una fuerza que no estaba en las instrucciones.
—Sí, mi señor... —respondió Kiryu, echando la cabeza hacia atrás y exponiendo su cuello y ese pecho monstruoso que vibraba con su respiración agitada.
Ohma extendió una mano y rodeó uno de los pectorales de Kiryu. No era blando como el de una mujer; era una masa de músculo hipertrofiado que llenaba su palma por completo. Empezó a jugar con el pezón de Kiryu, tirando de la pequeña cadena de plata. El gemido que escapó de los labios de Setsuna fue tan real que Tomoko casi deja caer su libreta de notas.
La grabación continuó durante una hora. Ohma lo dominó frente a las cámaras, marcando su territorio, apretando esa carne sobredimensionada hasta dejar marcas rojas, pero siempre manteniendo la compostura profesional que exigía el director. Sin embargo, por dentro, Ohma estaba ardiendo.
—¡Corte! ¡Es una toma perfecta! —gritó Shion, aplaudiendo.
El personal comenzó a moverse para recoger los equipos. Yamashita se acercó a Ohma con una toalla, pero este lo apartó con un gesto brusco. Sus ojos estaban fijos en Kiryu, que se levantaba con dificultad, cubriéndose apenas con el delantal mientras se dirigía a los camerinos privados del fondo.
—Ohma-san, ¿estás bien? —preguntó Kaede, preocupada por la intensidad de su mirada.
—Necesito un momento —gruñó Ohma, caminando hacia la misma dirección que Kiryu.
Al entrar en el camerino de Setsuna, el olor a sudor, perfume caro y excitación lo golpeó de frente. Kiryu estaba frente al espejo, tratando de soltar los cierres de las medias, pero se detuvo al ver el reflejo de Ohma en el cristal.
—Ohma... pensé que ya habías tenido suficiente de tu juguete —dijo Kiryu, su voz cargada de una provocación letal.
Ohma cerró la puerta con llave y se acercó a él. Sin decir una palabra, lo agarró por los hombros y lo empujó contra la mesa de maquillaje, haciendo que los frascos de cosméticos saltaran por los aires.
—Ese guion era una basura —dijo Ohma, hundiendo su rostro en el cuello de Kiryu—. Ahora vamos a hacerlo a mi manera.
—Ah... sí... —Kiryu arqueó la espalda, ofreciendo su pecho—. Tócame, Ohma. Rómpeme. Mira lo que he hecho por ti. ¿Te gusta cómo se sienten?
Ohma no respondió con palabras. Sus manos atraparon ambos pectorales de Kiryu, apretándolos con una violencia que hizo que Setsuna soltara un grito de puro éxtasis. El juego de pezones se volvió brutal; Ohma usó sus dientes para morder la carne endurecida, tirando de los adornos de plata hasta que el dolor y el placer se volvieron indistinguibles para el hombre debajo de él.
—Eres un monstruo, Setsuna —susurró Ohma, bajando sus manos hacia la lencería que apenas contenía la virilidad del otro—. Pero eres mi monstruo.
Kiryu envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Ohma, ignorando el roce del encaje contra su piel. Sus manos buscaron desesperadamente el cuerpo del Ashura, queriendo sentir cada músculo, cada cicatriz.
—Úsame, Ohma. Sé el Dios que siempre supe que eras. No te detengas hasta que no quede nada de mí.
El encuentro fue una colisión de fuerza bruta y obsesión. Ohma no tuvo piedad, reclamando cada centímetro de ese cuerpo que había sido modificado solo para tentarlo. El contraste entre la dureza del cuerpo de luchador de Ohma y el volumen exagerado y casi femenino del pecho de Kiryu creaba una imagen de una perversión exquisita.
Fuera, en el set, el equipo de producción seguía trabajando, ajeno a la tormenta de jadeos y golpes sordos que sacudía las paredes del camerino. Shion y Nogi compartieron una mirada cómplice mientras revisaban el material grabado. Sabían que lo que habían capturado en cámara era solo una sombra de la realidad que se estaba desatando a pocos metros de distancia.
Cuando finalmente el silencio regresó al camerino, Ohma se levantó, ajustándose la ropa con movimientos mecánicos. Kiryu yacía sobre la mesa, con el delantal destrozado y el pecho marcado por las huellas de las manos de Ohma, respirando con dificultad pero con una sonrisa de absoluta plenitud en el rostro.
—Esto no ha terminado, Setsuna —dijo Ohma antes de salir—. Mañana hay otra sesión. Asegúrate de estar listo.
Kiryu vio cómo la puerta se cerraba. Se llevó una mano a su pecho, sintiendo el latido desbocado de su corazón bajo el músculo dolorido.
—Siempre, mi Dios —susurró para la habitación vacía—. Siempre estaré listo para ti.
—Ohma-san, por favor, recuerda que esta es una producción especial —balbuceaba Yamashita—. El presidente Nogi y Shion-san han invertido mucho en esta nueva línea de contenido... "estético".
Ohma no respondió. No le importaba el dinero ni la fama, pero había algo en el ambiente de ese lugar que le picaba en la piel. Al cruzar el umbral del set principal, se detuvo en seco.
Allí, hablando animadamente con Tomoko, estaba Kiryu Setsuna.
Ohma lo reconoció al instante, pero algo era diferente. Kiryu vestía una camisa de seda blanca que parecía a punto de reventar. Sus pectorales, siempre definidos y poderosos, habían adquirido un volumen antinatural, una redondez masiva que recordaba a la anatomía femenina pero con la dureza del acero. La tela se tensaba tanto que sus pezones, endurecidos y prominentes, se marcaban con una claridad obscena a través del tejido.
Ohma sintió una punzada de calor en la boca del estómago. Sus ojos no podían apartarse de ese pecho sobredimensionado que subía y bajaba con cada respiración de Kiryu.
—¡Oh, Ohma-kun! —exclamó Tomoko, ajustando sus gafas con una sonrisa traviesa—. Llegas justo a tiempo. Estábamos discutiendo el vestuario de Setsuna para la primera escena.
Kiryu se giró. Sus ojos brillaron con esa locura devota que siempre reservaba para el "Ashura".
—Ohma... —susurró su nombre como si fuera una oración—. Has venido a verme.
—¿Qué demonios te ha pasado en el pecho, Setsuna? —preguntó Ohma, con la voz más ronca de lo habitual.
Kiryu soltó una risita melodiosa, rozando con sus dedos la tela tensa sobre su pectoral izquierdo.
—Es un regalo para tus ojos, mi Dios. Un pequeño ajuste para que la cámara capture la perfección de nuestra unión.
Shion Soryuin entró en el set, seguida de cerca por Nogi. Ambos observaban la escena con una mezcla de ambición comercial y deleite visual.
—Bien, basta de charlas —ordenó Shion—. Setsuna, ve a los camerinos. El concepto es "Sumisión Doméstica". Ohma, prepárate para tu papel de amo.
Kiryu se retiró con un movimiento de caderas exagerado, dejando a Ohma con una erección incipiente que apenas podía ocultar bajo sus pantalones de combate.
Veinte minutos después, el set estaba listo. Las luces se atenuaron, enfocando una mesa de madera rústica. Cuando Kiryu regresó, el silencio cayó sobre el equipo de producción.
Vestía un delantal blanco con volantes de encaje, pero debajo no había nada más que lencería femenina de seda negra y unas medias de liga que apretaban sus muslos musculosos. El delantal apenas cubría la inmensidad de su pecho masculino agrandado; los bordes de la prenda luchaban por contener la masa de carne firme que se desbordaba por los costados. Sus pezones, ahora adornados con pequeñas pinzas de plata conectadas por una cadena fina, eran el centro de atención.
—Acción —susurró Nogi desde las sombras.
Ohma siguió el guion, pero su mente estaba en otra parte. Se acercó a Kiryu, quien estaba arrodillado frente a él, fingiendo limpiar una mancha inexistente en el suelo. El papel de Ohma era el de un guerrero que regresaba a casa y reclamaba lo que era suyo.
—Mírame —dijo Ohma, siguiendo la línea del guion, pero agarrando el cabello de Kiryu con una fuerza que no estaba en las instrucciones.
—Sí, mi señor... —respondió Kiryu, echando la cabeza hacia atrás y exponiendo su cuello y ese pecho monstruoso que vibraba con su respiración agitada.
Ohma extendió una mano y rodeó uno de los pectorales de Kiryu. No era blando como el de una mujer; era una masa de músculo hipertrofiado que llenaba su palma por completo. Empezó a jugar con el pezón de Kiryu, tirando de la pequeña cadena de plata. El gemido que escapó de los labios de Setsuna fue tan real que Tomoko casi deja caer su libreta de notas.
La grabación continuó durante una hora. Ohma lo dominó frente a las cámaras, marcando su territorio, apretando esa carne sobredimensionada hasta dejar marcas rojas, pero siempre manteniendo la compostura profesional que exigía el director. Sin embargo, por dentro, Ohma estaba ardiendo.
—¡Corte! ¡Es una toma perfecta! —gritó Shion, aplaudiendo.
El personal comenzó a moverse para recoger los equipos. Yamashita se acercó a Ohma con una toalla, pero este lo apartó con un gesto brusco. Sus ojos estaban fijos en Kiryu, que se levantaba con dificultad, cubriéndose apenas con el delantal mientras se dirigía a los camerinos privados del fondo.
—Ohma-san, ¿estás bien? —preguntó Kaede, preocupada por la intensidad de su mirada.
—Necesito un momento —gruñó Ohma, caminando hacia la misma dirección que Kiryu.
Al entrar en el camerino de Setsuna, el olor a sudor, perfume caro y excitación lo golpeó de frente. Kiryu estaba frente al espejo, tratando de soltar los cierres de las medias, pero se detuvo al ver el reflejo de Ohma en el cristal.
—Ohma... pensé que ya habías tenido suficiente de tu juguete —dijo Kiryu, su voz cargada de una provocación letal.
Ohma cerró la puerta con llave y se acercó a él. Sin decir una palabra, lo agarró por los hombros y lo empujó contra la mesa de maquillaje, haciendo que los frascos de cosméticos saltaran por los aires.
—Ese guion era una basura —dijo Ohma, hundiendo su rostro en el cuello de Kiryu—. Ahora vamos a hacerlo a mi manera.
—Ah... sí... —Kiryu arqueó la espalda, ofreciendo su pecho—. Tócame, Ohma. Rómpeme. Mira lo que he hecho por ti. ¿Te gusta cómo se sienten?
Ohma no respondió con palabras. Sus manos atraparon ambos pectorales de Kiryu, apretándolos con una violencia que hizo que Setsuna soltara un grito de puro éxtasis. El juego de pezones se volvió brutal; Ohma usó sus dientes para morder la carne endurecida, tirando de los adornos de plata hasta que el dolor y el placer se volvieron indistinguibles para el hombre debajo de él.
—Eres un monstruo, Setsuna —susurró Ohma, bajando sus manos hacia la lencería que apenas contenía la virilidad del otro—. Pero eres mi monstruo.
Kiryu envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Ohma, ignorando el roce del encaje contra su piel. Sus manos buscaron desesperadamente el cuerpo del Ashura, queriendo sentir cada músculo, cada cicatriz.
—Úsame, Ohma. Sé el Dios que siempre supe que eras. No te detengas hasta que no quede nada de mí.
El encuentro fue una colisión de fuerza bruta y obsesión. Ohma no tuvo piedad, reclamando cada centímetro de ese cuerpo que había sido modificado solo para tentarlo. El contraste entre la dureza del cuerpo de luchador de Ohma y el volumen exagerado y casi femenino del pecho de Kiryu creaba una imagen de una perversión exquisita.
Fuera, en el set, el equipo de producción seguía trabajando, ajeno a la tormenta de jadeos y golpes sordos que sacudía las paredes del camerino. Shion y Nogi compartieron una mirada cómplice mientras revisaban el material grabado. Sabían que lo que habían capturado en cámara era solo una sombra de la realidad que se estaba desatando a pocos metros de distancia.
Cuando finalmente el silencio regresó al camerino, Ohma se levantó, ajustándose la ropa con movimientos mecánicos. Kiryu yacía sobre la mesa, con el delantal destrozado y el pecho marcado por las huellas de las manos de Ohma, respirando con dificultad pero con una sonrisa de absoluta plenitud en el rostro.
—Esto no ha terminado, Setsuna —dijo Ohma antes de salir—. Mañana hay otra sesión. Asegúrate de estar listo.
Kiryu vio cómo la puerta se cerraba. Se llevó una mano a su pecho, sintiendo el latido desbocado de su corazón bajo el músculo dolorido.
—Siempre, mi Dios —susurró para la habitación vacía—. Siempre estaré listo para ti.
