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Angel de muerte

Fandom: Lookism

Criado: 19/05/2026

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El bisturí de la ambición y la sangre de un dragón

El olor a antiséptico y metal siempre había sido el perfume favorito de Kim Jhons. En la penumbra de su laboratorio privado, oculto bajo la fachada de una clínica de cirugía estética de élite en Gangnam, el joven médico observaba las radiografías dispuestas frente a él. No eran simples huesos; eran el mapa de un imperio que estaba destinado a heredar, quisiera el mundo o no.

Jhons ajustó sus gafas de montura fina. Su rostro, una mezcla perfecta de la elegancia fría de una madre desconocida y la mandíbula imponente de Gapryong Kim, no mostraba emoción alguna. Sin embargo, en sus venas, la sangre del legendario líder del Puño de Gapryong hervía con una intensidad que la medicina convencional no podía explicar. Él no era como Jake o Samuel; él no buscaba justicia ni reconocimiento romántico. Él buscaba la perfección absoluta a través del control total.

La puerta de seguridad se deslizó con un siseo hidráulico. Un hombre corpulento, con el rostro marcado por cicatrices de mil batallas callejeras, entró con paso vacilante. Era uno de los ejecutivos de segunda generación que había intentado desafiar la expansión de los negocios de Jhons.

— Te dije que no volvieras a menos que tuvieras los resultados de la investigación —dijo Jhons sin apartar la vista de las placas. Su voz era un susurro gélido que cortaba el aire más que cualquier hoja de acero.

— Señor... lo intentamos —balbuceó el hombre, apretando una mano herida contra su pecho—. Pero los trabajadores de Eugene son persistentes. No quieren ceder el territorio de las clínicas periféricas.

Jhons se dio la vuelta lentamente. Sus ojos, oscuros y analíticos, parecieron escanear cada músculo y tendón del hombre frente a él, encontrando cada debilidad estructural en segundos.

— La persistencia es solo una falta de alternativas —respondió Jhons, caminando hacia una mesa de operaciones donde descansaba un maletín de cuero negro—. Si no ceden por voluntad propia, los obligaremos mediante la biología. ¿Sabes lo que es el miedo celular, Gun-ho?

— No... no lo sé, señor.

— Es cuando el cuerpo entiende que su integridad física depende de una sola firma. —Jhons abrió el maletín, revelando una serie de viales con un líquido de un azul eléctrico antinatural—. He perfeccionado el compuesto. No necesito pelear en las calles como un animal, aunque la sangre de mi padre me otorgue la fuerza para aplastar sus cráneos. Yo prefiero el método del cirujano: extraer el tumor antes de que el paciente sepa que está enfermo.

Jhons se acercó al hombre, que retrocedió hasta chocar con la pared. Con una rapidez que desafiaba la percepción humana —un rasgo puramente Gapryong—, Jhons sujetó el cuello del ejecutivo. No fue un agarre bruto, sino preciso, presionando exactamente sobre la carótida para inducir un estado de sumisión biológica.

— Escúchame bien —susurró Jhons al oído del hombre—. Vas a volver con Eugene. Le dirás que Kim Jhons no es un médico que juega a ser gángster. Soy el heredero del hombre que unificó este país, y tengo el conocimiento para reconstruir tu cuerpo o dejarte como un montón de carne inservible en una silla de ruedas. Utilizaré cada recurso, cada contacto médico y cada gramo de mi herencia genética para que el Grupo Ilhae se arrodille.

— ¡Él no aceptará! —gritó el hombre, desesperado—. ¡Eugene tiene a los mejores luchadores!

Jhons soltó al hombre y soltó una risa seca, carente de humor.

— Los luchadores tienen tendones que pueden cortarse, nervios que pueden bloquearse y corazones que pueden detenerse con una simple aguja en el punto exacto. La medicina es el arte de la vida, pero también es la ciencia de la muerte más eficiente.

El médico caminó hacia la ventana, observando las luces de Seúl. En su mente, ya estaba trazando el siguiente movimiento. No solo se trataba de territorio; se trataba de la "Caza de los Cuatro Grandes Grupos". Si Gapryong Kim había unido a los hombres con carisma y puños, su hijo perdido los uniría mediante la dependencia y el terror quirúrgico.

— Prepárame el coche —ordenó Jhons sin mirar atrás—. Tenemos una reunión con los ejecutivos de la Tercera Afiliada. Es hora de demostrarles que el bisturí es más profundo que el puño.

— ¿Y si se resisten a la propuesta de fusión, señor? —preguntó el subordinado, recuperando el aliento.

Jhons tomó una jeringa cargada y la observó contra la luz de la luna.

— En medicina, cuando un órgano se resiste al tratamiento y pone en peligro al resto del cuerpo... simplemente se amputa.

Minutos después, Jhons abandonaba el edificio. Su presencia imponía un silencio sepulcral entre los guardias. No era solo el miedo a su habilidad para pelear, que era legendaria entre los pocos que habían sobrevivido a un encuentro con él, sino el aura de alguien que veía a los seres humanos como piezas de un rompecabezas que podía armar y desarmar a su antojo.

Mientras el coche de lujo se deslizaba por las calles de Gangnam, Jhons sacó un viejo reloj de bolsillo. En el interior, una fotografía desgastada de Gapryong Kim lo miraba desde el pasado.

— Padre —murmuró Jhons, cerrando el reloj con un clic metálico—, tú construiste un mito sobre la justicia y la hermandad. Yo construiré una realidad basada en la necesidad y el control. No necesito que me amen como a ti. Solo necesito que no puedan vivir sin mi intervención.

El coche se detuvo frente a un club nocturno de fachada ostentosa. Era el centro de operaciones de una de las facciones que más problemas le causaba. Jhons bajó del vehículo, ajustándose la bata blanca que llevaba sobre un traje de seda italiana. Para él, el campo de batalla y la sala de operaciones eran el mismo lugar.

— Señor Kim —dijo un portero, reconociendo la figura imponente—, no se le esperaba hoy.

— He venido a realizar una cirugía de emergencia —respondió Jhons, caminando hacia la entrada con una confianza absoluta—. Hay un exceso de arrogancia en este lugar y he venido a extirparlo.

Al entrar, el caos de la música y las luces no lo distrajo. Localizó inmediatamente a su objetivo: un líder de banda local que se jactaba de su invulnerabilidad física. Jhons avanzó entre la multitud, que se abría paso instintivamente, sintiendo la presión que emanaba de él. Era la "Sangre del Dragón", esa presencia abrumadora que hacía que los hombres más débiles quisieran arrodillarse.

— ¡Tú! —gritó el líder de la banda, levantándose de su asiento rodeado de guardaespaldas—. ¿Quién te crees que eres para entrar así en mi territorio?

Jhons se detuvo a tres pasos de él. Su expresión era de una calma insultante.

— Soy el hombre que conoce exactamente cuántos milímetros de acero se necesitan para que dejes de hablar para siempre —dijo Jhons—. Pero hoy no busco tu cadáver. Busco tu obediencia. He comprado tus deudas, he adquirido la farmacéutica que suministra los esteroides a tus hombres y he bloqueado tus cuentas en los hospitales privados.

El líder de la banda palideció. Intentó lanzar un golpe, un puñetazo cargado con toda su fuerza bruta. Jhons ni siquiera parpadeó. Con un movimiento fluido, atrapó la muñeca del hombre y presionó un punto nervioso en el antebrazo. El grito de dolor fue ahogado por la música, mientras el brazo del gigante quedaba inerte, colgando como un trapo.

— Eso es una parálisis temporal —explicó Jhons con tono didáctico—. Si no firmas el acuerdo de transferencia de recursos en los próximos diez minutos, me aseguraré de que sea permanente. Utilizo todos los medios a mi alcance, y mi alcance, te aseguro, llega hasta el centro de tu sistema nervioso.

El médico supremo regresó a su coche poco después, con los documentos firmados en su maletín. No había derramado una gota de sudor. Para Kim Jhons, el mundo era un paciente enfermo, y él era el único cirujano capaz de darle la forma que deseaba. La sombra de Gapryong Kim era alargada, pero Jhons estaba decidido a usar esa sombra para cubrir todo Seúl bajo su dominio médico y criminal. La era del puño había terminado; la era del diagnóstico implacable acababa de comenzar.
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