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Idol

Fandom: Stray Kids

Criado: 19/05/2026

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Entre el eco y el silencio

La luz roja de la cámara se apagó, indicando que la transmisión en vivo de los Music Awards había terminado oficialmente. El bullicio del backstage era un caos coreografiado de estilistas corriendo con percheros, guardias de seguridad con auriculares y idols saludándose con reverencias apresuradas mientras se dirigían a sus respectivos camerinos.

Rimi caminaba un paso por detrás de sus compañeras de AERIS, con las manos entrelazadas frente a ella. Llevaba un vestido de seda color lavanda que acentuaba su figura delicada, pero sus ojos no buscaban los espejos, sino una silueta específica entre la multitud.

No tuvo que buscar mucho. Bang Chan estaba allí, a unos metros de distancia, hablando con un miembro del staff de producción. Como líder de Stray Kids, su presencia siempre exigía respeto, pero para Rimi, él era simplemente Chan: el hombre que le enviaba mensajes de voz a las tres de la mañana para asegurarse de que hubiera comido.

Al sentir su mirada, Chan giró levemente la cabeza. Sus ojos se encontraron por apenas dos segundos. Él le dedicó una sonrisa pequeña, casi imperceptible para cualquiera que no estuviera buscándola, y asintió con cortesía profesional.

—¡Rimi-ah, date prisa! —la llamó su líder desde el pasillo—. Tenemos que cambiarnos antes de que lleguen las camionetas.

—¡Ya voy! —respondió ella con su voz suave, esa que siempre parecía calmar el ambiente incluso en el momento más estresante.

Antes de seguir a su grupo, Rimi dejó caer su mano derecha y rozó discretamente la muñeca de Chan al pasar por su lado. Fue un contacto de milisegundos, una chispa eléctrica que nadie más notó. En su mano, quedó un pequeño trozo de papel doblado que él le había entregado con una destreza de mago.

Quince minutos después, encerrada en el cubículo del baño del camerino, Rimi desdobló la nota.

"Salida de incendios B. 5 minutos. Te extraño".

El corazón de Rimi dio un vuelco. Sabía que era arriesgado. Sabía que si un paparazzi o incluso un fan con un teléfono los grababa, sus carreras podrían tambalearse. Pero el hambre de cercanía era más fuerte que el miedo al escándalo.

Se arregló el cabello frente al espejo, respiró hondo y salió del camerino con una excusa ensayada sobre haber olvidado su botella de agua en el área de descanso.

El pasillo de la salida de incendios estaba sumido en una penumbra reconfortante. El aire allí era más frío y olía a cemento y metal, un contraste drástico con el perfume caro y la laca para el cabello del set. Chan ya estaba allí, apoyado contra la pared, todavía vistiendo su traje de escenario negro. Al verla entrar, su expresión tensa de líder se desmoronó, dando paso a una ternura absoluta.

—Viniste —susurró él, extendiendo los brazos.

Rimi no lo dudó. Se refugió en su pecho, rodeando su cintura con fuerza. Chan escondió el rostro en el cuello de ella, aspirando su aroma.

—Casi no pudimos hablar hoy —dijo Rimi, su voz amortiguada por la tela de la chaqueta de él—. En el escenario, cuando nos saludamos, sentí que todos nos miraban.

—Lo sé —Chan se separó un poco para mirarla a los ojos, acariciándole la mejilla con el pulgar—. Los "Stay" y los "AER" están analizando cada parpadeo en Twitter ahora mismo. Dicen que somos "metas de amistad de la industria". Si supieran...

Rimi soltó una risita suave, esa risa que Chan adoraba porque era genuina y libre de pretensiones.

—Es mejor así, ¿no? —preguntó ella, ladeando la cabeza—. Mientras piensen que somos buenos amigos, estamos a salvo.

—A veces me cansa estar a salvo, Rimi —admitió él con un rastro de melancolía—. Me gustaría poder tomar tu mano mientras caminamos por el río Han, o llevarte a cenar sin tener que reservar el restaurante entero o usar tres mascarillas.

La joven se puso de puntillas y dejó un beso casto en la comisura de sus labios. Rimi no era de grandes discursos, pero su afecto físico siempre decía más que mil palabras. Era la maknae cariñosa, la que recordaba que a Chan le gustaba el café con un toque de vainilla cuando estaba cansado, y la que sabía que, detrás de esa fachada de líder inquebrantable, había un hombre que a veces solo necesitaba ser sostenido.

—Somos idols, Chan-ah —murmuró ella—. Pero también somos humanos. Y este pedacito de humanidad es solo nuestro. Nadie puede quitárnoslo si no los dejamos entrar.

Chan sonrió, sintiendo cómo el peso del mundo se aligeraba un poco.

—Tienes razón. Siempre la tienes. Por cierto, estuviste increíble hoy. Tu solo de baile... casi olvido mis líneas de rap por mirarte.

—¡Mentiroso! —ella le dio un golpecito juguetón en el hombro—. Te vi desde el backstage, lo hiciste perfecto como siempre.

De repente, el sonido de pasos y voces acercándose al pasillo los puso en alerta. Se separaron instintivamente, manteniendo una distancia de seguridad de dos metros. La puerta se abrió y un camarógrafo del "Detrás de cámaras" entró buscando un ángulo para grabar unos inserts del edificio.

—Oh, Chan-ssi, Rimi-ssi —dijo el hombre, sorprendido—. ¿Qué hacen por aquí?

Chan reaccionó en un segundo, recuperando su postura de líder carismático y accesible.

—Ah, solo estábamos comentando la presentación final —dijo Chan con una sonrisa profesional—. Rimi me estaba dando algunos consejos sobre la transición de las luces en su escenario, ya sabes que AERIS siempre tiene las mejores ideas visuales.

Rimi asintió con una reverencia educada, su rostro volviendo a esa expresión suave y reservada que el público tanto amaba.

—Sí, Chan-sunbaenim siempre es tan amable de escuchar mis sugerencias —añadió ella con humildad—. Me retiro primero, mis unnies me están esperando.

—Claro, nos vemos en el próximo show, Rimi-ssi —respondió Chan, manteniendo el tono formal.

El camarógrafo sonrió, encantado por la "hermosa relación de respeto entre seniors y juniors", y grabó unos segundos de la interacción antes de seguir su camino.

Una vez que el hombre se alejó, Rimi y Chan compartieron una mirada rápida, cargada de una complicidad dolorosa. La máscara estaba de vuelta.

—Tengo que irme —susurró ella, con una nota de tristeza en la voz.

—Te llamaré cuando llegue al dormitorio —prometió él—. Te quiero, Rimi.

—Y yo a ti.

Rimi salió del pasillo y regresó al mundo de las luces brillantes. Mientras caminaba hacia la camioneta, se encontró con un grupo de fans que esperaban en la salida. Se detuvo un momento para saludar, regalándoles esa sonrisa dulce que no buscaba atención pero que siempre terminaba capturando todos los flashes.

—¡Rimi, estuviste genial con Stray Kids al final! —gritó una fan—. ¡Son los mejores amigos!

Rimi asintió, manteniendo la sonrisa.

—Sí —respondió suavemente—. Somos muy cercanos.

Subió al vehículo y se hundió en el asiento de cuero. Sacó su teléfono y vio que ya había clips virales en TikTok de ella y Chan saludándose en el escenario. Los comentarios decían: "Amo su amistad", "Son como hermanos", "Chan cuida mucho a su junior".

Rimi cerró los ojos y apretó el teléfono contra su pecho. La percepción pública era su escudo, pero también su jaula. Eran los idols más queridos, las figuras perfectas, pero en el silencio de la noche, solo eran dos personas tratando de proteger un sentimiento que el mundo no estaba listo para entender.

Horas más tarde, en la soledad de su habitación, el teléfono de Rimi vibró. Era una foto de Chan, despeinado y ya en pijama, con una taza de té en la mano y una nota que decía: "Dormitorio vacío. Ojalá estuvieras aquí para ver la película conmigo".

Rimi sonrió y comenzó a escribir una respuesta. El camino sería difícil, las cámaras estarían siempre allí y el riesgo de arruinarlo todo pendía sobre sus cabezas como una espada de Damocles. Pero mientras tuvieran esos momentos robados, esas notas dobladas y esa conexión que nadie más podía ver, valdría la pena cada segundo de secreto.

Porque para el mundo, eran Stray Kids y AERIS. Pero para ellos, simplemente eran el refugio del otro en medio de la tormenta.
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