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0 curtida
V
Fandom: bts
Criado: 20/05/2026
Tags
RomanceDramaAngústiaDor/ConfortoFatias de VidaEstudo de PersonagemCenário Canônico
Ecos en el Piso 17
El aire acondicionado del salón VIP de HYBE siempre parecía estar un par de grados más frío de lo necesario. Eun-sol, conocida por el mundo entero como SOLA, la líder del grupo femenino que estaba dominando las listas globales, ajustó las solapas de su chaqueta de terciopelo azul noche. Se miró en el espejo del pasillo, comprobando que su expresión fuera la que el mundo esperaba de ella: serena, elegante, inquebrantable.
AERIS acababa de regresar de su tercera gira mundial, una odisea de estadios llenos y récords rotos que las había catapultado a un nivel de fama que, incluso para ella, resultaba abrumador. Ya no era la trainee que practicaba hasta las tres de la mañana en los sótanos del viejo edificio; ahora era el rostro de marcas de lujo y la voz que millones escuchaban para encontrar consuelo.
Pero al entrar en la sala de reuniones para la cena privada de artistas de la compañía, esa armadura de "líder global" se sintió un poco más pesada.
—Llegas tarde, Sol-ah —dijo una voz profunda, aterciopelada y peligrosamente familiar.
Eun-sol se detuvo. No necesitó girarse para saber quién era. El tono de Kim Taehyung tenía esa cualidad única de vibrar en el aire mucho después de que terminara de hablar. Se giró lentamente, esbozando una sonrisa profesional que no llegaba del todo a sus ojos.
—Solo cinco minutos, Taehyung-ssi —respondió ella, usando el honorífico que marcaba la distancia que ambos habían acordado mantener—. El tráfico en Gangnam no respeta jerarquías.
Taehyung estaba apoyado contra una de las mesas altas, sosteniendo una copa de champán con esa elegancia despreocupada que lo caracterizaba. Llevaba el cabello un poco más corto que la última vez que se vieron, un recordatorio silencioso de que su tiempo en el servicio militar había terminado hacía no mucho. Se veía más maduro, más ancho de hombros, pero sus ojos seguían guardando esa chispa traviesa que solo ella sabía descifrar.
—Cinco minutos para el resto del mundo son una eternidad para ti —comentó él, acercándose unos pasos—. Sigues siendo la perfeccionista de siempre.
—Y tú sigues siendo un observador demasiado atento —replicó ella, suavizando el tono.
Se quedaron en silencio un momento, mientras el murmullo de otros idols y ejecutivos llenaba el fondo de la sala. Había una comodidad extraña entre ellos, una familiaridad que los años de relación secreta habían cimentado. Se conocían las cicatrices, los miedos nocturnos y la forma en que cada uno tomaba el café. Pero también había una barrera invisible, construida de palabras no dichas y de la decisión que tomaron antes de que él se marchara al ejército.
—Felicidades por el número uno en el Billboard Global —dijo Taehyung, rompiendo el silencio—. Vi el video musical. Estuviste increíble. Esa toma final, bajo la lluvia... transmitías mucho.
Eun-sol sintió un pequeño vuelco en el corazón. Sabía que él la observaba, pero escucharlo de su boca siempre era diferente.
—Gracias. Fue una grabación difícil. Hacía mucho frío —confesó ella, bajando la guardia—. A veces siento que cuanto más éxito tenemos, más lejos me siento de la chica que conociste en 2019.
Taehyung dejó su copa en la mesa y la miró fijamente. Sus ojos oscuros escanearon su rostro con una intensidad que la hizo querer apartar la vista.
—La chica que conocí en 2019 no habría sobrevivido a la presión que tienes ahora —dijo él en voz baja—. Pero sigues ahí, Sol-ah. Te veo en la forma en que cuidas a tus integrantes. Sigues siendo el corazón estable.
—A veces el corazón se cansa de ser el que sostiene a los demás —admitió ella, sorprendiéndose de su propia honestidad.
Taehyung asintió lentamente. Él mejor que nadie entendía el peso de la corona.
—Ven conmigo un momento —dijo él, señalando hacia la terraza privada que daba a las luces de Seúl—. Aquí hay demasiada gente y demasiados oídos.
Eun-sol dudó. Sabía que los rumores eran incendios difíciles de apagar, incluso si ahora solo eran "amigos". Pero la necesidad de respirar aire puro y de estar lejos de las cámaras internas fue más fuerte. Lo siguió hacia el balcón, donde el viento de la noche les dio la bienvenida.
Seúl se extendía bajo ellos como un tapiz de luces infinitas. Desde el piso 17 de HYBE, el mundo parecía pequeño, manejable.
—¿Cómo ha sido volver? —preguntó ella, apoyando los brazos en la barandilla—. Todo ha cambiado tanto desde que te fuiste. El grupo, la industria... nosotras.
—Ha sido... ruidoso —respondió Taehyung, mirando al horizonte—. El servicio militar me dio un silencio que no sabía que necesitaba. Pero al volver, me di cuenta de que el mundo se movió muy rápido. Especialmente tú. A veces abría las revistas y me costaba encontrarte entre tanto brillo y maquillaje de diseñador.
—Es parte del trabajo. Lo sabes mejor que nadie.
—Lo sé —él se giró hacia ella, acortando la distancia—. Pero lo que me pregunto es si ese trabajo fue la verdadera razón por la que decidimos que no podíamos seguir. O si simplemente tuvimos miedo de lo que vendría después.
Eun-sol sintió un nudo en la garganta. La ruptura no había sido por falta de amor, sino por una asfixiante mezcla de tiempos erróneos y la inminente ausencia de él. Habían decidido terminar antes de que la distancia los rompiera, pero el resultado había sido un vacío que ninguno de los dos había logrado llenar con premios o aplausos.
—Taehyung, lo hablamos —dijo ella, con la voz ligeramente temblorosa—. Tú te ibas, AERIS estaba despegando hacia su primera gira mundial... No queríamos hacernos daño con promesas que no podíamos cumplir.
—¿Y ahora? —preguntó él—. Ahora estoy de vuelta. Y tú eres la mujer más famosa del planeta. ¿Es más fácil ahora o es más difícil?
—Es más complicado —respondió ella con sinceridad—. Antes éramos dos personas en una empresa tratando de encontrarse. Ahora somos dos marcas globales. Cada paso que damos tiene mil ojos encima.
Taehyung dio un paso más, quedando a escasos centímetros de ella. Podía oler su perfume, una mezcla de sándalo y algo cítrico que la transportó a las tardes de domingo que pasaban escondidos en su apartamento, viendo películas viejas y olvidando quiénes eran para el resto del mundo.
—Nunca me importaron los ojos de los demás, Sol-ah —susurró él—. Me importaba que cuando llegaba a casa, tú eras la única persona que no me pedía ser "V".
Eun-sol cerró los ojos un segundo, permitiéndose sentir la calidez que emanaba de él.
—Yo también te extrañé, Tae. Mucho más de lo que admití en mis entrevistas cuando me preguntaban por mi "vida privada ideal".
Él extendió una mano, dudando por un segundo antes de rozar con la punta de sus dedos el mechón de cabello que el viento había puesto sobre la mejilla de ella. El contacto fue eléctrico, una chispa que reavivó recuerdos que ambos habían intentado enterrar bajo capas de profesionalismo.
—Hay cosas que no resolvimos —dijo él, su voz apenas un murmullo—. Nos despedimos como si fuera un contrato que terminaba, pero mi corazón no recibió el memorándum.
—El mío tampoco —admitió ella, levantando la vista para encontrar la suya—. Pero tengo miedo. Si lo intentamos de nuevo y fallamos bajo esta presión... no sé si podré levantarme otra vez. Soy la líder de AERIS, Taehyung. Si yo me rompo, el grupo se tambalea.
Taehyung sonrió de esa manera triste y dulce que siempre la desarmaba.
—No tienes que sostener el mundo sola todo el tiempo. Para eso están los amigos... o las personas que te han querido desde que eras una trainee que se olvidaba de comer por practicar una coreografía.
Eun-sol soltó una pequeña risa, una chispa de la Eun-sol real asomando a través de la máscara de SOLA.
—Todavía me olvido de comer a veces.
—Lo sé. Por eso he guardado un par de sándwiches de la cena en mi chaqueta —dijo él, palmeando su bolsillo con un gesto cómico.
Eun-sol soltó una carcajada genuina, una que no usaba para las cámaras. En ese momento, la tensión emocional que siempre flotaba entre ellos se transformó en algo más cálido, más manejable. La distancia seguía ahí, y los problemas de sus carreras monumentales no habían desaparecido, pero la conexión seguía intacta.
—¿Crees que podamos ser solo esto? —preguntó ella, señalando el espacio entre ellos—. ¿Amigos que se guardan comida y se entienden sin hablar?
Taehyung la miró con una profundidad que sugería que él quería mucho más, pero que estaba dispuesto a esperar una eternidad si eso significaba tenerla cerca de alguna manera.
—Podemos empezar por ahí —dijo él, ofreciéndole su brazo para volver a entrar al salón—. Pero no me pidas que deje de mirarte como si fueras lo más brillante de esta ciudad. Porque eso no va a pasar.
Eun-sol aceptó su brazo, sintiendo una mezcla de alivio y una nueva clase de ansiedad. Al cruzar el umbral de regreso a la fiesta, las luces de los flashes invisibles de la industria volvieron a encenderse. Ella volvió a erguir la espalda, recuperando su porte de líder, y él volvió a ser el ídolo enigmático y encantador.
Sin embargo, mientras caminaban entre la multitud, la mano de Taehyung apretó suavemente el antebrazo de ella, un código secreto que solo ellos entendían. Un "estoy aquí".
La fama de AERIS podía seguir creciendo hasta tocar las estrellas, y el legado de BTS podía ser eterno, pero en ese piso 17, bajo el frío del aire acondicionado, Eun-sol y Taehyung sabían que el capítulo más importante de sus vidas aún no tenía un punto final. Solo puntos suspensivos que el tiempo, y quizás un poco de valentía, se encargaría de completar.
—Por cierto —susurró ella antes de separarse para saludar a un productor—, el sándwich mejor que no sea de pepino. Sabes que los odio.
Taehyung soltó una risita baja, sus ojos brillando con una promesa silenciosa.
—Lo recuerdo todo, Sol-ah. Absolutamente todo.
AERIS acababa de regresar de su tercera gira mundial, una odisea de estadios llenos y récords rotos que las había catapultado a un nivel de fama que, incluso para ella, resultaba abrumador. Ya no era la trainee que practicaba hasta las tres de la mañana en los sótanos del viejo edificio; ahora era el rostro de marcas de lujo y la voz que millones escuchaban para encontrar consuelo.
Pero al entrar en la sala de reuniones para la cena privada de artistas de la compañía, esa armadura de "líder global" se sintió un poco más pesada.
—Llegas tarde, Sol-ah —dijo una voz profunda, aterciopelada y peligrosamente familiar.
Eun-sol se detuvo. No necesitó girarse para saber quién era. El tono de Kim Taehyung tenía esa cualidad única de vibrar en el aire mucho después de que terminara de hablar. Se giró lentamente, esbozando una sonrisa profesional que no llegaba del todo a sus ojos.
—Solo cinco minutos, Taehyung-ssi —respondió ella, usando el honorífico que marcaba la distancia que ambos habían acordado mantener—. El tráfico en Gangnam no respeta jerarquías.
Taehyung estaba apoyado contra una de las mesas altas, sosteniendo una copa de champán con esa elegancia despreocupada que lo caracterizaba. Llevaba el cabello un poco más corto que la última vez que se vieron, un recordatorio silencioso de que su tiempo en el servicio militar había terminado hacía no mucho. Se veía más maduro, más ancho de hombros, pero sus ojos seguían guardando esa chispa traviesa que solo ella sabía descifrar.
—Cinco minutos para el resto del mundo son una eternidad para ti —comentó él, acercándose unos pasos—. Sigues siendo la perfeccionista de siempre.
—Y tú sigues siendo un observador demasiado atento —replicó ella, suavizando el tono.
Se quedaron en silencio un momento, mientras el murmullo de otros idols y ejecutivos llenaba el fondo de la sala. Había una comodidad extraña entre ellos, una familiaridad que los años de relación secreta habían cimentado. Se conocían las cicatrices, los miedos nocturnos y la forma en que cada uno tomaba el café. Pero también había una barrera invisible, construida de palabras no dichas y de la decisión que tomaron antes de que él se marchara al ejército.
—Felicidades por el número uno en el Billboard Global —dijo Taehyung, rompiendo el silencio—. Vi el video musical. Estuviste increíble. Esa toma final, bajo la lluvia... transmitías mucho.
Eun-sol sintió un pequeño vuelco en el corazón. Sabía que él la observaba, pero escucharlo de su boca siempre era diferente.
—Gracias. Fue una grabación difícil. Hacía mucho frío —confesó ella, bajando la guardia—. A veces siento que cuanto más éxito tenemos, más lejos me siento de la chica que conociste en 2019.
Taehyung dejó su copa en la mesa y la miró fijamente. Sus ojos oscuros escanearon su rostro con una intensidad que la hizo querer apartar la vista.
—La chica que conocí en 2019 no habría sobrevivido a la presión que tienes ahora —dijo él en voz baja—. Pero sigues ahí, Sol-ah. Te veo en la forma en que cuidas a tus integrantes. Sigues siendo el corazón estable.
—A veces el corazón se cansa de ser el que sostiene a los demás —admitió ella, sorprendiéndose de su propia honestidad.
Taehyung asintió lentamente. Él mejor que nadie entendía el peso de la corona.
—Ven conmigo un momento —dijo él, señalando hacia la terraza privada que daba a las luces de Seúl—. Aquí hay demasiada gente y demasiados oídos.
Eun-sol dudó. Sabía que los rumores eran incendios difíciles de apagar, incluso si ahora solo eran "amigos". Pero la necesidad de respirar aire puro y de estar lejos de las cámaras internas fue más fuerte. Lo siguió hacia el balcón, donde el viento de la noche les dio la bienvenida.
Seúl se extendía bajo ellos como un tapiz de luces infinitas. Desde el piso 17 de HYBE, el mundo parecía pequeño, manejable.
—¿Cómo ha sido volver? —preguntó ella, apoyando los brazos en la barandilla—. Todo ha cambiado tanto desde que te fuiste. El grupo, la industria... nosotras.
—Ha sido... ruidoso —respondió Taehyung, mirando al horizonte—. El servicio militar me dio un silencio que no sabía que necesitaba. Pero al volver, me di cuenta de que el mundo se movió muy rápido. Especialmente tú. A veces abría las revistas y me costaba encontrarte entre tanto brillo y maquillaje de diseñador.
—Es parte del trabajo. Lo sabes mejor que nadie.
—Lo sé —él se giró hacia ella, acortando la distancia—. Pero lo que me pregunto es si ese trabajo fue la verdadera razón por la que decidimos que no podíamos seguir. O si simplemente tuvimos miedo de lo que vendría después.
Eun-sol sintió un nudo en la garganta. La ruptura no había sido por falta de amor, sino por una asfixiante mezcla de tiempos erróneos y la inminente ausencia de él. Habían decidido terminar antes de que la distancia los rompiera, pero el resultado había sido un vacío que ninguno de los dos había logrado llenar con premios o aplausos.
—Taehyung, lo hablamos —dijo ella, con la voz ligeramente temblorosa—. Tú te ibas, AERIS estaba despegando hacia su primera gira mundial... No queríamos hacernos daño con promesas que no podíamos cumplir.
—¿Y ahora? —preguntó él—. Ahora estoy de vuelta. Y tú eres la mujer más famosa del planeta. ¿Es más fácil ahora o es más difícil?
—Es más complicado —respondió ella con sinceridad—. Antes éramos dos personas en una empresa tratando de encontrarse. Ahora somos dos marcas globales. Cada paso que damos tiene mil ojos encima.
Taehyung dio un paso más, quedando a escasos centímetros de ella. Podía oler su perfume, una mezcla de sándalo y algo cítrico que la transportó a las tardes de domingo que pasaban escondidos en su apartamento, viendo películas viejas y olvidando quiénes eran para el resto del mundo.
—Nunca me importaron los ojos de los demás, Sol-ah —susurró él—. Me importaba que cuando llegaba a casa, tú eras la única persona que no me pedía ser "V".
Eun-sol cerró los ojos un segundo, permitiéndose sentir la calidez que emanaba de él.
—Yo también te extrañé, Tae. Mucho más de lo que admití en mis entrevistas cuando me preguntaban por mi "vida privada ideal".
Él extendió una mano, dudando por un segundo antes de rozar con la punta de sus dedos el mechón de cabello que el viento había puesto sobre la mejilla de ella. El contacto fue eléctrico, una chispa que reavivó recuerdos que ambos habían intentado enterrar bajo capas de profesionalismo.
—Hay cosas que no resolvimos —dijo él, su voz apenas un murmullo—. Nos despedimos como si fuera un contrato que terminaba, pero mi corazón no recibió el memorándum.
—El mío tampoco —admitió ella, levantando la vista para encontrar la suya—. Pero tengo miedo. Si lo intentamos de nuevo y fallamos bajo esta presión... no sé si podré levantarme otra vez. Soy la líder de AERIS, Taehyung. Si yo me rompo, el grupo se tambalea.
Taehyung sonrió de esa manera triste y dulce que siempre la desarmaba.
—No tienes que sostener el mundo sola todo el tiempo. Para eso están los amigos... o las personas que te han querido desde que eras una trainee que se olvidaba de comer por practicar una coreografía.
Eun-sol soltó una pequeña risa, una chispa de la Eun-sol real asomando a través de la máscara de SOLA.
—Todavía me olvido de comer a veces.
—Lo sé. Por eso he guardado un par de sándwiches de la cena en mi chaqueta —dijo él, palmeando su bolsillo con un gesto cómico.
Eun-sol soltó una carcajada genuina, una que no usaba para las cámaras. En ese momento, la tensión emocional que siempre flotaba entre ellos se transformó en algo más cálido, más manejable. La distancia seguía ahí, y los problemas de sus carreras monumentales no habían desaparecido, pero la conexión seguía intacta.
—¿Crees que podamos ser solo esto? —preguntó ella, señalando el espacio entre ellos—. ¿Amigos que se guardan comida y se entienden sin hablar?
Taehyung la miró con una profundidad que sugería que él quería mucho más, pero que estaba dispuesto a esperar una eternidad si eso significaba tenerla cerca de alguna manera.
—Podemos empezar por ahí —dijo él, ofreciéndole su brazo para volver a entrar al salón—. Pero no me pidas que deje de mirarte como si fueras lo más brillante de esta ciudad. Porque eso no va a pasar.
Eun-sol aceptó su brazo, sintiendo una mezcla de alivio y una nueva clase de ansiedad. Al cruzar el umbral de regreso a la fiesta, las luces de los flashes invisibles de la industria volvieron a encenderse. Ella volvió a erguir la espalda, recuperando su porte de líder, y él volvió a ser el ídolo enigmático y encantador.
Sin embargo, mientras caminaban entre la multitud, la mano de Taehyung apretó suavemente el antebrazo de ella, un código secreto que solo ellos entendían. Un "estoy aquí".
La fama de AERIS podía seguir creciendo hasta tocar las estrellas, y el legado de BTS podía ser eterno, pero en ese piso 17, bajo el frío del aire acondicionado, Eun-sol y Taehyung sabían que el capítulo más importante de sus vidas aún no tenía un punto final. Solo puntos suspensivos que el tiempo, y quizás un poco de valentía, se encargaría de completar.
—Por cierto —susurró ella antes de separarse para saludar a un productor—, el sándwich mejor que no sea de pepino. Sabes que los odio.
Taehyung soltó una risita baja, sus ojos brillando con una promesa silenciosa.
—Lo recuerdo todo, Sol-ah. Absolutamente todo.
