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0 curtida
overlord
Fandom: overlord
Criado: 20/05/2026
Tags
Isekai / Fantasia PortalFantasiaAventuraPsicológicoHumorEstudo de PersonagemTroca de GêneroDivergênciaSombrio
El Trono de Cristal y el Silencio de los Dioses
El reloj de la Gran Tumba de Nazarick marcaba las 00:00:00. El silencio que siguió al cierre de los servidores de Yggdrasil no fue el vacío digital que Satoru —ahora Morgana— esperaba. No hubo una desconexión forzosa, ni el parpadeo de una pantalla apagándose en un apartamento lúgubre de Tokio. En su lugar, el aroma a incienso caro y el peso frío de una túnica de seda mágica se volvieron asfixiantes.
Morgana Ooal Gown, la Reina de la Muerte, permaneció inmóvil en el Trono de Reyes. Su figura era una visión de elegancia macabra: un esqueleto de proporciones gráciles, envuelto en ropajes de un negro abisal con bordados de oro que parecían fluir como sangre dorada. En sus cuencas vacías, dos brasas de un color violeta intenso palpitaban con una luz sobrenatural.
*¿Qué... qué ha pasado?* —pensó, sintiendo un escalofrío que no debería ser posible para un no-muerto—. *¿El cierre se retrasó? No, esto es diferente. Puedo oler el aire. Puedo sentir el peso del báculo en mi mano. ¿Y por qué mi voz interna suena tan extrañamente calmada?*
Una notificación invisible pareció parpadear en su mente, una supresión emocional forzada que apagó su incipiente pánico. El caos de su mente humana fue sofocado por la fría lógica de su cuerpo de Overlord.
—¿Se encuentra bien, Lady Morgana?
La voz era suave, aterciopelada y cargada de una devoción que rozaba lo insano. Morgana giró la cabeza lentamente. A su lado, Albedo, la Guardiana de los Guardianes, la observaba con ojos brillantes. La súcubo, vestida con un vestido blanco inmaculado que contrastaba con sus alas negras de cuervo, mantenía una sonrisa que irradiaba una mezcla de amor maternal y deseo carnal.
Morgana recordó, con un pinchazo de culpa humana, que justo antes del fin había alterado la descripción de Albedo. "Está locamente enamorada de Morgana", había escrito como una broma melancólica.
—Estoy bien, Albedo —respondió Morgana. Su voz no era la de Satoru; era una sinfonía de autoridad femenina, profunda y resonante, que parecía vibrar en las paredes de la sala del trono—. Solo estaba... reflexionando sobre el futuro.
—¡Oh! —Albedo juntó las manos, sus mejillas se tiñeron de un rosa pálido—. ¡Qué previsora es nuestra Reina! Pensar en el futuro incluso en este momento de triunfo. ¡Es verdaderamente la más grande de los Seres Supremos!
*¡No estoy pensando en nada!* —gritó Morgana en su interior—. *¡Estoy aterrada! ¿Dónde están los botones de salida? ¿Y por qué Albedo me mira como si fuera un postre?*
—Llamad a los Guardianes de Piso —ordenó Morgana, sorprendiéndose de lo natural que sonaba el comando—. Deben reunirse en el anfiteatro del sexto piso en una hora. Tenemos mucho de qué hablar.
—Como ordenéis, mi soberana —Albedo se inclinó profundamente, dejando ver una curva de su cuello que Morgana decidió ignorar por el bien de su cordura—. Informaré a los demás de que su Diosa requiere su presencia.
Cuando Albedo salió de la sala con un paso rítmico y elegante, Morgana se dejó caer contra el respaldo del trono. El Báculo de Ainz Ooal Gown, una obra maestra de la orfebrería mágica coronada por siete gemas divinas, brilló en su mano derecha.
*Esto es un desastre* —pensó Morgana, frotándose lo que solía ser su sien—. *Si los NPC se han vuelto conscientes, ¿qué pensarán de mí? Si descubren que bajo este disfraz de reina absoluta solo soy una empleada de oficina que pasaba sus fines de semana jugando a los dados virtuales... me matarán. O peor.*
Se levantó y caminó hacia uno de los espejos decorativos de la sala. Su reflejo le devolvió la mirada. No era una belleza convencional; era una belleza de pesadilla. Su rostro óseo era simétrico y perfecto en su horror, coronado por una tiara de obsidiana. Su aura, un humo púrpura que denotaba un poder capaz de aniquilar ejércitos, fluctuaba con su agitación interna hasta que su pasiva de "Supresión de Emociones" volvía a activarse, estabilizándola.
—Debo actuar —se dijo a sí misma, y su voz sonó como un decreto inapelable—. Si este mundo es real, Nazarick es lo único que tengo. Debo proteger el hogar que mis amigos y yo construimos. Aunque tenga que fingir ser una diosa hasta el fin de los tiempos.
***
El sexto piso, el Coliseo, estaba envuelto en una atmósfera de anticipación eléctrica. Los Guardianes de Piso estaban formados en una línea perfecta, cada uno representando la cúspide del poder en su respectiva área.
Shalltear Bloodfallen, la Verdadera Ancestro, se retorcía ligeramente el dobladillo de su vestido carmesí, lanzando miradas furtivas hacia el palco real. A su lado, Cocytus permanecía inmóvil como una estatua de hielo, mientras los gemelos Mare y Aura aguardaban con una mezcla de nerviosismo y orgullo. Demiurge, el archidiablo de la séptima planta, ajustaba sus gafas con una sonrisa gélida, sus ojos de diamante analizando cada detalle del entorno.
Cuando Morgana apareció, teletransportándose en un estallido de partículas oscuras, todos se arrodillaron al unísono. El sonido de sus armaduras y rodillas golpeando el suelo resonó como un trueno.
—¡Los Guardianes de Piso se presentan ante la Suprema Morgana Ooal Gown! —exclamó Albedo, arrodillada al frente.
Morgana caminó hacia el borde del palco, observándolos desde arriba. Internamente, su corazón (si tuviera uno) latía a mil por hora. *¿Están rectos los hombros? ¿Mi capa se ve bien? ¡Demiurge me está mirando demasiado! ¿Se habrá dado cuenta de que no tengo un plan?*
—Levantad la cabeza —ordenó Morgana.
Los Guardianes obedecieron. Shalltear fue la primera en hablar, su voz cargada de una afectación seductora.
—Mi Reina... veros aquí, rodeada de vuestra magnificencia, es un honor que mi humilde ser apenas puede soportar. ¿Qué deseos tiene vuestro oscuro corazón para nosotros hoy?
—He observado cambios en el mundo exterior —comenzó Morgana, improvisando sobre la marcha—. Nazarick ya no se encuentra en las ciénagas de Helheim. Estamos en un lugar desconocido. Por ello, mi primera orden es la seguridad y la recolección de información.
Demiurge dio un paso al frente, haciendo una reverencia impecable.
—Es tal como sospechaba. Lady Morgana ya ha previsto que este desplazamiento no es un error, sino una oportunidad. Seguramente, vuestro plan para la dominación de este nuevo territorio ya está en su fase inicial, ¿me equivoco?
Morgana sintió un sudor frío imaginario. *¿Plan? ¿Qué plan? Solo quiero saber si hay un pueblo cerca donde vendan pan.*
—Tienes una mente aguda, Demiurge —dijo ella, bajando el tono de voz para que sonara más misterioso—. Sin embargo, me gustaría escuchar vuestras interpretaciones de mis intenciones. Consideradlo una prueba.
Demiurge sonrió, una expresión que habría horrorizado a cualquier humano, pero que en Nazarick era signo de intelecto superior.
—¡Entiendo! Queréis que nosotros mismos descubramos la grandeza de vuestra estrategia. Lady Morgana desea que expandamos la gloria de Nazarick para que el nombre de "Ainz Ooal Gown" sea eterno en este mundo. ¿No es así?
—Exactamente —respondió Morgana, mientras por dentro gritaba: *¿¡POR QUÉ SIEMPRE ASUMES QUE QUIERO CONQUISTAR EL MUNDO!?*—. Pero debemos ser cautelosos. No conocemos la fuerza de los enemigos que habitan estas tierras. Sebas Tian.
El anciano mayordomo, que permanecía en las sombras tras los guardianes, se adelantó.
—¿Sí, mi señora?
—Tú y las Pleiades os encargaréis de explorar los alrededores inmediatos. No debéis iniciar conflictos innecesarios. Si encontráis seres inteligentes, observad. Necesito saber qué tipo de "justicia" rige este mundo.
—Se hará como deseáis —respondió Sebas con una inclinación respetuosa.
—Shalltear —continuó Morgana, volviendo su vista a la vampiresa.
—¡Sí, mi Reina! —Shalltear casi saltó de la emoción, sus ojos rojos brillando con una intensidad lujuriosa.
—Te encargarás de asegurar el perímetro del bosque. Pero mantente bajo control. No quiero masacres innecesarias que delaten nuestra posición antes de tiempo. ¿Fui clara?
—¡Oh, sí! ¡Tan clara como la luna que palidece ante vuestra belleza! —Shalltear se llevó una mano a la mejilla, suspirando—. Seré vuestro perro fiel, mi señora. Aunque... si capturo a algún espécimen interesante... ¿podría tener el honor de mostrároslo en vuestros aposentos?
Albedo se tensó visiblemente a su lado, sus alas se agitaron con violencia.
—¡Maldita perra en celo! —siseó Albedo—. ¡Lady Morgana no tiene tiempo para tus juegos vulgares! ¡Ella es una soberana pura y majestuosa!
—¡Cállate, gorila de granero! —replicó Shalltear sin perder la sonrisa—. ¡Nuestra Reina es una mujer de mundo! ¡Seguro que aprecia la belleza en todas sus formas, a diferencia de alguien que solo sabe administrar papeles!
—¡Basta! —la voz de Morgana cortó el aire como una cuchilla de hielo.
Ambas guardianas se quedaron petrificadas, volviendo a su posición de sumisión absoluta. El aura de Morgana se expandió por un segundo, involuntariamente, llenando el anfiteatro con una presión gravitatoria que hizo que los guardianes más débiles temblaran.
—No toleraré disputas infantiles en mi presencia —dijo Morgana, recuperando su compostura—. Somos lo último que queda de la Gran Tumba de Nazarick. Somos una familia. Si no podéis actuar con la dignidad que vuestro cargo requiere, me veré obligada a tomar medidas.
—¡Perdonadnos, Lady Morgana! —exclamaron ambas al unísono, pegando la frente al suelo.
Morgana suspiró internamente. *Esto va a ser agotador. Pero... si logro mantener esta fachada, quizás pueda sobrevivir. No soy solo Satoru. Soy Morgana. Y si este mundo quiere una reina, le daré la mejor que haya visto jamás.*
—Retiraos —ordenó—. Tengo mucho que meditar.
Los Guardianes desaparecieron uno a uno, dejando a Morgana sola en el palco. Se asomó a la barandilla, mirando el cielo artificial del sexto piso. Recordó a sus antiguos compañeros de gremio: Touch Me, Ulbert, Peroroncino... ¿Estarían ellos también en este mundo? ¿O estaba condenada a ser una reina solitaria en un trono de huesos?
De repente, una figura apareció tras ella. No era un guardián, sino una de las criadas homúnculo.
—Lady Morgana —dijo la criada, entregándole un informe—. Sebas Tian ha enviado el primer reporte por mensaje mágico. Ha encontrado una aldea humana a pocos kilómetros. Parece que está siendo atacada por caballeros armados.
Morgana tomó el informe, sus dedos de hueso rozando el pergamino. Una parte de ella, la parte humana, sintió un impulso de ayudar. La otra parte, la reina no-muerta, calculó fríamente las ventajas políticas.
—Una aldea, ¿eh? —murmuró Morgana—. Un escenario perfecto para probar mis habilidades y ver qué tan "heroica" puede ser la Reina de la Muerte.
*En realidad, solo quiero una excusa para salir de aquí y ver si alguien puede explicarme qué está pasando* —pensó para sus adentros, mientras activaba su magia de vuelo—. *Pero Demiurge probablemente pensará que es una jugada de ajedrez de nivel divino.*
—Preparad mi equipo de viaje —ordenó Morgana a la criada, mientras su capa ondeaba con un viento inexistente—. Voy a ver este mundo con mis propios ojos.
Mientras volaba hacia la salida de Nazarick, Morgana no pudo evitar sentir una extraña mezcla de terror y euforia. Ya no era una prisionera de la realidad gris de su vida anterior. Era libre. Era poderosa. Y, por primera vez en años, el futuro no era una rutina, sino un abismo oscuro y fascinante que la invitaba a saltar.
—Que comience el juego —susurró para sí misma, desapareciendo en la oscuridad de la noche exterior.
En el fondo de la tumba, Albedo observaba la estela de magia de su señora con una mirada perdida en la obsesión.
—Tan hermosa... tan fría... —susurró la súcubo, abrazándose a sí misma—. Pronto, mi Reina, comprenderéis que Nazarick no es lo único que os pertenece. Yo también soy vuestra... en cuerpo y alma.
Demiurge, desde la sombra de una columna, anotaba algo en un pergamino con una sonrisa triunfal.
—Ir personalmente a salvar una aldea insignificante... ¡Qué brillante! Lady Morgana planea usar la gratitud de los humanos para convertirlos en espías sin que siquiera se den cuenta. Es una estrategia de infiltración perfecta. ¡Realmente, su sabiduría no tiene límites!
Y así, mientras Morgana intentaba simplemente no entrar en pánico, los engranajes de Nazarick comenzaban a girar, impulsados por malentendidos, devoción ciega y el poder absoluto de una mujer que solo quería, en el fondo, no estar tan sola.
Morgana Ooal Gown, la Reina de la Muerte, permaneció inmóvil en el Trono de Reyes. Su figura era una visión de elegancia macabra: un esqueleto de proporciones gráciles, envuelto en ropajes de un negro abisal con bordados de oro que parecían fluir como sangre dorada. En sus cuencas vacías, dos brasas de un color violeta intenso palpitaban con una luz sobrenatural.
*¿Qué... qué ha pasado?* —pensó, sintiendo un escalofrío que no debería ser posible para un no-muerto—. *¿El cierre se retrasó? No, esto es diferente. Puedo oler el aire. Puedo sentir el peso del báculo en mi mano. ¿Y por qué mi voz interna suena tan extrañamente calmada?*
Una notificación invisible pareció parpadear en su mente, una supresión emocional forzada que apagó su incipiente pánico. El caos de su mente humana fue sofocado por la fría lógica de su cuerpo de Overlord.
—¿Se encuentra bien, Lady Morgana?
La voz era suave, aterciopelada y cargada de una devoción que rozaba lo insano. Morgana giró la cabeza lentamente. A su lado, Albedo, la Guardiana de los Guardianes, la observaba con ojos brillantes. La súcubo, vestida con un vestido blanco inmaculado que contrastaba con sus alas negras de cuervo, mantenía una sonrisa que irradiaba una mezcla de amor maternal y deseo carnal.
Morgana recordó, con un pinchazo de culpa humana, que justo antes del fin había alterado la descripción de Albedo. "Está locamente enamorada de Morgana", había escrito como una broma melancólica.
—Estoy bien, Albedo —respondió Morgana. Su voz no era la de Satoru; era una sinfonía de autoridad femenina, profunda y resonante, que parecía vibrar en las paredes de la sala del trono—. Solo estaba... reflexionando sobre el futuro.
—¡Oh! —Albedo juntó las manos, sus mejillas se tiñeron de un rosa pálido—. ¡Qué previsora es nuestra Reina! Pensar en el futuro incluso en este momento de triunfo. ¡Es verdaderamente la más grande de los Seres Supremos!
*¡No estoy pensando en nada!* —gritó Morgana en su interior—. *¡Estoy aterrada! ¿Dónde están los botones de salida? ¿Y por qué Albedo me mira como si fuera un postre?*
—Llamad a los Guardianes de Piso —ordenó Morgana, sorprendiéndose de lo natural que sonaba el comando—. Deben reunirse en el anfiteatro del sexto piso en una hora. Tenemos mucho de qué hablar.
—Como ordenéis, mi soberana —Albedo se inclinó profundamente, dejando ver una curva de su cuello que Morgana decidió ignorar por el bien de su cordura—. Informaré a los demás de que su Diosa requiere su presencia.
Cuando Albedo salió de la sala con un paso rítmico y elegante, Morgana se dejó caer contra el respaldo del trono. El Báculo de Ainz Ooal Gown, una obra maestra de la orfebrería mágica coronada por siete gemas divinas, brilló en su mano derecha.
*Esto es un desastre* —pensó Morgana, frotándose lo que solía ser su sien—. *Si los NPC se han vuelto conscientes, ¿qué pensarán de mí? Si descubren que bajo este disfraz de reina absoluta solo soy una empleada de oficina que pasaba sus fines de semana jugando a los dados virtuales... me matarán. O peor.*
Se levantó y caminó hacia uno de los espejos decorativos de la sala. Su reflejo le devolvió la mirada. No era una belleza convencional; era una belleza de pesadilla. Su rostro óseo era simétrico y perfecto en su horror, coronado por una tiara de obsidiana. Su aura, un humo púrpura que denotaba un poder capaz de aniquilar ejércitos, fluctuaba con su agitación interna hasta que su pasiva de "Supresión de Emociones" volvía a activarse, estabilizándola.
—Debo actuar —se dijo a sí misma, y su voz sonó como un decreto inapelable—. Si este mundo es real, Nazarick es lo único que tengo. Debo proteger el hogar que mis amigos y yo construimos. Aunque tenga que fingir ser una diosa hasta el fin de los tiempos.
***
El sexto piso, el Coliseo, estaba envuelto en una atmósfera de anticipación eléctrica. Los Guardianes de Piso estaban formados en una línea perfecta, cada uno representando la cúspide del poder en su respectiva área.
Shalltear Bloodfallen, la Verdadera Ancestro, se retorcía ligeramente el dobladillo de su vestido carmesí, lanzando miradas furtivas hacia el palco real. A su lado, Cocytus permanecía inmóvil como una estatua de hielo, mientras los gemelos Mare y Aura aguardaban con una mezcla de nerviosismo y orgullo. Demiurge, el archidiablo de la séptima planta, ajustaba sus gafas con una sonrisa gélida, sus ojos de diamante analizando cada detalle del entorno.
Cuando Morgana apareció, teletransportándose en un estallido de partículas oscuras, todos se arrodillaron al unísono. El sonido de sus armaduras y rodillas golpeando el suelo resonó como un trueno.
—¡Los Guardianes de Piso se presentan ante la Suprema Morgana Ooal Gown! —exclamó Albedo, arrodillada al frente.
Morgana caminó hacia el borde del palco, observándolos desde arriba. Internamente, su corazón (si tuviera uno) latía a mil por hora. *¿Están rectos los hombros? ¿Mi capa se ve bien? ¡Demiurge me está mirando demasiado! ¿Se habrá dado cuenta de que no tengo un plan?*
—Levantad la cabeza —ordenó Morgana.
Los Guardianes obedecieron. Shalltear fue la primera en hablar, su voz cargada de una afectación seductora.
—Mi Reina... veros aquí, rodeada de vuestra magnificencia, es un honor que mi humilde ser apenas puede soportar. ¿Qué deseos tiene vuestro oscuro corazón para nosotros hoy?
—He observado cambios en el mundo exterior —comenzó Morgana, improvisando sobre la marcha—. Nazarick ya no se encuentra en las ciénagas de Helheim. Estamos en un lugar desconocido. Por ello, mi primera orden es la seguridad y la recolección de información.
Demiurge dio un paso al frente, haciendo una reverencia impecable.
—Es tal como sospechaba. Lady Morgana ya ha previsto que este desplazamiento no es un error, sino una oportunidad. Seguramente, vuestro plan para la dominación de este nuevo territorio ya está en su fase inicial, ¿me equivoco?
Morgana sintió un sudor frío imaginario. *¿Plan? ¿Qué plan? Solo quiero saber si hay un pueblo cerca donde vendan pan.*
—Tienes una mente aguda, Demiurge —dijo ella, bajando el tono de voz para que sonara más misterioso—. Sin embargo, me gustaría escuchar vuestras interpretaciones de mis intenciones. Consideradlo una prueba.
Demiurge sonrió, una expresión que habría horrorizado a cualquier humano, pero que en Nazarick era signo de intelecto superior.
—¡Entiendo! Queréis que nosotros mismos descubramos la grandeza de vuestra estrategia. Lady Morgana desea que expandamos la gloria de Nazarick para que el nombre de "Ainz Ooal Gown" sea eterno en este mundo. ¿No es así?
—Exactamente —respondió Morgana, mientras por dentro gritaba: *¿¡POR QUÉ SIEMPRE ASUMES QUE QUIERO CONQUISTAR EL MUNDO!?*—. Pero debemos ser cautelosos. No conocemos la fuerza de los enemigos que habitan estas tierras. Sebas Tian.
El anciano mayordomo, que permanecía en las sombras tras los guardianes, se adelantó.
—¿Sí, mi señora?
—Tú y las Pleiades os encargaréis de explorar los alrededores inmediatos. No debéis iniciar conflictos innecesarios. Si encontráis seres inteligentes, observad. Necesito saber qué tipo de "justicia" rige este mundo.
—Se hará como deseáis —respondió Sebas con una inclinación respetuosa.
—Shalltear —continuó Morgana, volviendo su vista a la vampiresa.
—¡Sí, mi Reina! —Shalltear casi saltó de la emoción, sus ojos rojos brillando con una intensidad lujuriosa.
—Te encargarás de asegurar el perímetro del bosque. Pero mantente bajo control. No quiero masacres innecesarias que delaten nuestra posición antes de tiempo. ¿Fui clara?
—¡Oh, sí! ¡Tan clara como la luna que palidece ante vuestra belleza! —Shalltear se llevó una mano a la mejilla, suspirando—. Seré vuestro perro fiel, mi señora. Aunque... si capturo a algún espécimen interesante... ¿podría tener el honor de mostrároslo en vuestros aposentos?
Albedo se tensó visiblemente a su lado, sus alas se agitaron con violencia.
—¡Maldita perra en celo! —siseó Albedo—. ¡Lady Morgana no tiene tiempo para tus juegos vulgares! ¡Ella es una soberana pura y majestuosa!
—¡Cállate, gorila de granero! —replicó Shalltear sin perder la sonrisa—. ¡Nuestra Reina es una mujer de mundo! ¡Seguro que aprecia la belleza en todas sus formas, a diferencia de alguien que solo sabe administrar papeles!
—¡Basta! —la voz de Morgana cortó el aire como una cuchilla de hielo.
Ambas guardianas se quedaron petrificadas, volviendo a su posición de sumisión absoluta. El aura de Morgana se expandió por un segundo, involuntariamente, llenando el anfiteatro con una presión gravitatoria que hizo que los guardianes más débiles temblaran.
—No toleraré disputas infantiles en mi presencia —dijo Morgana, recuperando su compostura—. Somos lo último que queda de la Gran Tumba de Nazarick. Somos una familia. Si no podéis actuar con la dignidad que vuestro cargo requiere, me veré obligada a tomar medidas.
—¡Perdonadnos, Lady Morgana! —exclamaron ambas al unísono, pegando la frente al suelo.
Morgana suspiró internamente. *Esto va a ser agotador. Pero... si logro mantener esta fachada, quizás pueda sobrevivir. No soy solo Satoru. Soy Morgana. Y si este mundo quiere una reina, le daré la mejor que haya visto jamás.*
—Retiraos —ordenó—. Tengo mucho que meditar.
Los Guardianes desaparecieron uno a uno, dejando a Morgana sola en el palco. Se asomó a la barandilla, mirando el cielo artificial del sexto piso. Recordó a sus antiguos compañeros de gremio: Touch Me, Ulbert, Peroroncino... ¿Estarían ellos también en este mundo? ¿O estaba condenada a ser una reina solitaria en un trono de huesos?
De repente, una figura apareció tras ella. No era un guardián, sino una de las criadas homúnculo.
—Lady Morgana —dijo la criada, entregándole un informe—. Sebas Tian ha enviado el primer reporte por mensaje mágico. Ha encontrado una aldea humana a pocos kilómetros. Parece que está siendo atacada por caballeros armados.
Morgana tomó el informe, sus dedos de hueso rozando el pergamino. Una parte de ella, la parte humana, sintió un impulso de ayudar. La otra parte, la reina no-muerta, calculó fríamente las ventajas políticas.
—Una aldea, ¿eh? —murmuró Morgana—. Un escenario perfecto para probar mis habilidades y ver qué tan "heroica" puede ser la Reina de la Muerte.
*En realidad, solo quiero una excusa para salir de aquí y ver si alguien puede explicarme qué está pasando* —pensó para sus adentros, mientras activaba su magia de vuelo—. *Pero Demiurge probablemente pensará que es una jugada de ajedrez de nivel divino.*
—Preparad mi equipo de viaje —ordenó Morgana a la criada, mientras su capa ondeaba con un viento inexistente—. Voy a ver este mundo con mis propios ojos.
Mientras volaba hacia la salida de Nazarick, Morgana no pudo evitar sentir una extraña mezcla de terror y euforia. Ya no era una prisionera de la realidad gris de su vida anterior. Era libre. Era poderosa. Y, por primera vez en años, el futuro no era una rutina, sino un abismo oscuro y fascinante que la invitaba a saltar.
—Que comience el juego —susurró para sí misma, desapareciendo en la oscuridad de la noche exterior.
En el fondo de la tumba, Albedo observaba la estela de magia de su señora con una mirada perdida en la obsesión.
—Tan hermosa... tan fría... —susurró la súcubo, abrazándose a sí misma—. Pronto, mi Reina, comprenderéis que Nazarick no es lo único que os pertenece. Yo también soy vuestra... en cuerpo y alma.
Demiurge, desde la sombra de una columna, anotaba algo en un pergamino con una sonrisa triunfal.
—Ir personalmente a salvar una aldea insignificante... ¡Qué brillante! Lady Morgana planea usar la gratitud de los humanos para convertirlos en espías sin que siquiera se den cuenta. Es una estrategia de infiltración perfecta. ¡Realmente, su sabiduría no tiene límites!
Y así, mientras Morgana intentaba simplemente no entrar en pánico, los engranajes de Nazarick comenzaban a girar, impulsados por malentendidos, devoción ciega y el poder absoluto de una mujer que solo quería, en el fondo, no estar tan sola.
