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Risas en el Imperio
Fandom: Akame Ga Kill
Criado: 21/05/2026
Tags
FantasiaSombrioPsicológicoDramaAngústiaCenário CanônicoViolência Gráfica
La Garra de la Bestia y el Hielo del Tormento
El sótano del palacio imperial olía a humedad, hierro y desesperación. Las antorchas en las paredes apenas lograban disipar las sombras que danzaban en las esquinas, creando una atmósfera de opresión que habría quebrado a cualquier soldado común. Sin embargo, Leone no era una mujer común. La orgullosa leona de Night Raid estaba suspendida en el aire, con los brazos estirados por encima de su cabeza y asegurados por pesadas cadenas que crujían cada vez que ella intentaba forcejear. Sus tobillos, igualmente inmovilizados por grilletes de acero frío, la mantenían en una posición vulnerable, exponiendo su figura atlética y su revelador atuendo a la penumbra de la celda.
Leone escupió un poco de sangre a un lado y mostró los colmillos, aunque su transformación de Teigu estaba bloqueada por las esposas inhibidoras. Su respiración era agitada, pero sus ojos dorados seguían brillando con una chispa de rebeldía inquebrantable.
—¿Eso es todo lo que tienen los perros del Imperio? —gruñó, forzando una sonrisa burlona a pesar del dolor en sus hombros—. He tenido resacas más dolorosas que este interrogatorio.
El sonido de unas botas de tacón resonando rítmicamente contra el suelo de piedra anunció que su suerte estaba a punto de cambiar. La puerta de hierro se abrió con un chirrido pesado, dejando pasar una figura imponente que emanaba un aura de frío absoluto. Esdeath entró en la cámara con la elegancia de una reina visitando sus jardines, ajustándose los guantes blancos mientras su larga cabellera azul ondeaba suavemente tras ella. Sus ojos azules, tan gélidos como el hielo que controlaba, se posaron sobre Leone con una mezcla de curiosidad y desprecio.
—La resistencia es una virtud que admiro, pequeña leona —dijo Esdeath, su voz era suave pero cargada de una amenaza latente—. Pero la terquedad sin sentido es simplemente una debilidad que debe ser erradicada. ¿Dónde se esconde Night Raid?
—¿Por qué no vas a buscarlos tú misma, "General"? —respondió Leone, soltando una carcajada ronca—. Oh, espera, es porque mis amigos son demasiado rápidos para una psicópata que solo sabe jugar con cubitos de hielo.
Esdeath no se inmutó ante el insulto. En su lugar, caminó alrededor de Leone, observando detenidamente cada centímetro de su cuerpo expuesto. Se detuvo frente a ella, rozando con la punta de su dedo el borde del top negro de la rubia.
—He estudiado la anatomía humana durante años —comentó Esdeath, como quien habla del clima—. Sé qué nervios cortar para causar el máximo dolor y qué huesos romper para que el grito sea eterno. Pero contigo... contigo quiero probar algo más psicológico. Algo que quiebre no solo tu cuerpo, sino tu dignidad.
Esdeath se acercó al oído de Leone y susurró una sola palabra:
—Cosquillas.
El color abandonó instantáneamente el rostro de Leone. Sus ojos dorados se abrieron de par en par y un escalofrío recorrió su columna vertebral que no tenía nada que ver con el frío de la sala. Leone era famosa por su fuerza bruta y su valor, pero dentro del grupo, era un secreto a voces que era la más sensible de todos. Su piel, bendecida por los sentidos agudizados de su Teigu, era extremadamente receptiva al tacto.
—¿Q-qué? No seas ridícula —tartamudeó Leone, intentando recuperar su compostura, aunque sus piernas temblaron ligeramente en los grilletes—. Eso es para niños. No me vas a sacar nada con juegos estúpidos.
—Tus reacciones dicen lo contrario —observó Esdeath con una sonrisa depredadora—. Tu pulso se ha acelerado y tus pupilas se han dilatado. Veamos qué tan fuerte es tu voluntad cuando tus propios nervios te traicionen.
Esdeath levantó una mano y comenzó a acariciar suavemente el cuello de Leone, justo debajo de la bufanda. Las yemas de sus dedos rozaron la piel sensible con una ligereza tortuosa. Leone apretó los dientes, cerrando los ojos con fuerza.
—N-no... para... —murmuró Leone, sintiendo una burbuja de risa formarse en su pecho.
—¿Ya estamos así? Ni siquiera he empezado —se burló la general.
Esdeath deslizó sus dedos hacia arriba, detrás de las orejas de Leone, y comenzó a rascar suavemente. Un pequeño sonido, una mezcla entre un jadeo y una risita ahogada, escapó de los labios de la rubia.
—¡Je... jeje... basta! —Leone sacudió la cabeza, intentando apartarse del contacto, pero las cadenas la mantenían firme.
—Oh, esto va a ser muy divertido —declaró Esdeath.
Sin previo aviso, la general hundió sus dedos profundamente en las axilas de Leone. La reacción fue inmediata y violenta. Leone soltó una carcajada estridente que resonó en toda la cámara de tortura, una risa que no era de alegría, sino de puro desespero sensorial.
—¡¡AHAHAHA! ¡¡NOOO!! ¡¡ESDEATH, PARA, JAJAJAJA!! —gritaba Leone, retorciéndose frenéticamente. Sus hombros subían y bajaban mientras los dedos de la general se movían con una agilidad diabólica en los huecos de sus axilas.
—¿Dónde están, Leone? —preguntó Esdeath, sin detener el ataque—. Solo tienes que hablar y este "juego" terminará.
—¡¡NUNCA!! ¡¡AHAHAHA!! ¡¡POR FAVOR, JAJAJA, QUITA TUS MANOS DE AHÍ!! —Leone pateaba el aire, sus botas golpeando inútilmente contra el vacío mientras su cuerpo se arqueaba por el estímulo insoportable.
Esdeath se detuvo de golpe. El silencio que siguió fue interrumpido solo por los jadeos pesados de Leone, cuyo rostro estaba ahora encendido de un rojo brillante y cubierto de sudor.
—¿Ves? —dijo Esdeath, admirando su obra—. Tu cuerpo ya está empezando a ceder. Y apenas hemos calentado.
—Púdrete... —logró decir Leone entre respiraciones entrecortadas.
—Mala respuesta.
Esdeath bajó la mirada hacia el abdomen de Leone. El vientre de la rubia estaba completamente expuesto, firme y tonificado, subiendo y bajando rápidamente por el agotamiento. La general extendió ambas manos y comenzó a caminar sus dedos por los costados de Leone, justo sobre las costillas.
—¡¡N-NO!! ¡¡AHÍ NO, JAJAJAJA!! —Leone se encogió sobre sí misma tanto como las cadenas se lo permitían—. ¡¡ESDEATH, TE LO ADVIERTO, JAJAJAJA, VOY A MATARTE!!
—Me gustaría ver que lo intentes en este estado —dijo Esdeath con frialdad, mientras intensificaba el movimiento. Sus dedos subían y bajaban por las costillas de Leone, encontrando cada terminación nerviosa, cada punto débil en sus costados.
Leone estaba perdiendo el control. Sus risas eran ahora constantes, un torrente de sonidos involuntarios que la humillaban profundamente. La leona de Night Raid, la guerrera que no temía a la muerte, estaba siendo reducida a una masa de risas y espasmos por la mujer más peligrosa del Imperio.
—¡¡AJAJAJAJA!! ¡¡PARA, PARA, POR FAVOR!! ¡¡ES DEMASIADO, JAJAJAJA!! —Las lágrimas empezaron a asomar en las esquinas de sus ojos.
Esdeath entonces cambió de táctica. Dejó las costillas y hundió sus manos directamente en la suavidad de la barriga de Leone, amasando y haciendo cosquillas de forma agresiva. Los dedos de la general se movían como si estuvieran tocando un piano frenético sobre el abdomen de la cautiva.
—¡¡G-GYAHAHAHA!! ¡¡NOOO, MI BARRIGA NO, JAJAJAJA!! —Leone se retorcía como una anguila fuera del agua. Su vientre se contraía violentamente bajo el ataque, intentando protegerse de los dedos invasores, pero no había escapatoria—. ¡¡PARA, ME VOY A... JAJAJAJA... ME VOY A DESMAYAR!!
—No te permitiré ese lujo —replicó Esdeath, disfrutando de la agonía de su oponente—. Quiero que sientas cada segundo de esta traición de tus sentidos.
Después de veinte minutos de tortura ininterrumpida en el vientre, Esdeath notó algo interesante. Cada vez que sus manos pasaban cerca del centro del abdomen de Leone, la chica soltaba un chillido más agudo y su cuerpo sufría un espasmo mucho más fuerte. La general se detuvo, manteniendo sus manos a pocos centímetros de la piel de Leone, quien jadeaba desesperadamente, con la cabeza colgando hacia adelante.
—Parece que he encontrado tu punto de quiebre absoluto —comentó Esdeath con una voz cargada de malicia—. Tu ombligo... es extremadamente sensible, ¿verdad?
Leone levantó la vista, el terror puro reflejado en sus ojos dorados.
—N-no... ni se te ocurra... —susurró, su voz temblando más que nunca—. Esdeath, en serio... cualquier cosa menos eso...
—¿Cualquier cosa? ¿Incluso decirme la ubicación de la base de Night Raid? —preguntó la general, acercando su dedo índice al pequeño hoyuelo en el centro del vientre de la rubia.
Leone apretó los labios, el conflicto interno grabado en su rostro. La lealtad a sus amigos luchaba contra el instinto primario de evitar la tortura que sabía que venía. Finalmente, cerró los ojos y negó con la cabeza.
—No... no te diré nada.
—Admiro tu tenacidad —dijo Esdeath—, pero me temo que mi paciencia tiene un límite. Y mi curiosidad por ver cuánto tiempo puedes reír antes de suplicar es mayor.
Leone intentó desesperadamente apartar su vientre, estirando su torso hacia los lados y tratando de meter el estómago hacia adentro para alejarse de la mano de Esdeath. Pero con los brazos encadenados arriba y las piernas sujetas abajo, no tenía a dónde ir.
Esdeath no perdió más tiempo. Hundió su dedo índice directamente en el ombligo de Leone y comenzó a girarlo agresivamente, mientras con la otra mano hacía cosquillas rápidas alrededor de la zona.
—¡¡¡IIIIIIIIHHHHHH!!! ¡¡¡AHAHAHAHAHAHAHAHA!!! —El grito de Leone fue ensordecedor. Su cuerpo se sacudió con una violencia tal que las cadenas tintinearon ruidosamente contra el techo—. ¡¡¡NOOO! ¡¡¡PARA, PARA, PARA, JAJAJAJAJAJA!!! ¡¡¡ESDEATH, POR LO QUE MÁS QUIERAS, JAJAJAJAJA!!!
Leone ya no podía articular palabras con sentido. Su mente era un caos de sensaciones eléctricas que emanaban de su ombligo y se extendían por todo su cuerpo. Era una tortura refinada, una sobrecarga sensorial que la hacía sentir pequeña, indefensa y completamente a merced de la general.
—¡¡¡GYAHAHAHAHA!!! ¡¡¡B-BASTA, JAJAJA, ME R-RIN... JAJAJAJA!!! —Leone intentó decir que se rendía, pero la risa era tan violenta que el aire se escapaba de sus pulmones antes de poder terminar la frase.
Esdeath no se detuvo. Al contrario, comenzó a usar ambas manos, una girando y presionando el ombligo mientras la otra rascaba furiosamente toda la extensión de su abdomen y costados.
—¿Decías algo, Leone? —preguntó Esdeath con una sonrisa gélida—. No te escucho muy bien sobre tus propias risas.
Leone estaba en un estado de puro delirio. Sus ojos estaban en blanco y su risa se había vuelto un sonido ronco y desesperado. Cada vez que Esdeath presionaba un poco más fuerte en su ombligo, Leone soltaba un nuevo alarido de risa incontrolable, sus músculos abdominales ardiendo por el esfuerzo constante de contraerse.
—Esto es solo el comienzo —dijo Esdeath, observando cómo la voluntad de la orgullosa leona se desmoronaba centímetro a centímetro—. Tenemos todo el tiempo del mundo. Mi ejército no tiene prisa, y yo ciertamente estoy disfrutando de este espectáculo.
Esdeath se inclinó más cerca, disfrutando del aroma del miedo y el sudor de su prisionera.
—Pasaremos horas aquí. O días. O semanas. Hasta que tu mente no sea más que un eco de estas risas y el nombre de tus amigos sea lo único que quieras gritar para que esto se detenga.
Leone solo pudo responder con otra ráfaga de risas histéricas mientras el dedo de Esdeath continuaba su implacable tormento en su punto más vulnerable. La oscuridad de la celda parecía cerrarse sobre ella, y por primera vez en su vida, la valiente Leone sintió que esta vez, la leona no sería quien daría el último zarpazo. En el reino del hielo y la tortura, solo la voluntad de Esdeath era ley, y la risa de Leone era la melodía de su derrota.
Leone escupió un poco de sangre a un lado y mostró los colmillos, aunque su transformación de Teigu estaba bloqueada por las esposas inhibidoras. Su respiración era agitada, pero sus ojos dorados seguían brillando con una chispa de rebeldía inquebrantable.
—¿Eso es todo lo que tienen los perros del Imperio? —gruñó, forzando una sonrisa burlona a pesar del dolor en sus hombros—. He tenido resacas más dolorosas que este interrogatorio.
El sonido de unas botas de tacón resonando rítmicamente contra el suelo de piedra anunció que su suerte estaba a punto de cambiar. La puerta de hierro se abrió con un chirrido pesado, dejando pasar una figura imponente que emanaba un aura de frío absoluto. Esdeath entró en la cámara con la elegancia de una reina visitando sus jardines, ajustándose los guantes blancos mientras su larga cabellera azul ondeaba suavemente tras ella. Sus ojos azules, tan gélidos como el hielo que controlaba, se posaron sobre Leone con una mezcla de curiosidad y desprecio.
—La resistencia es una virtud que admiro, pequeña leona —dijo Esdeath, su voz era suave pero cargada de una amenaza latente—. Pero la terquedad sin sentido es simplemente una debilidad que debe ser erradicada. ¿Dónde se esconde Night Raid?
—¿Por qué no vas a buscarlos tú misma, "General"? —respondió Leone, soltando una carcajada ronca—. Oh, espera, es porque mis amigos son demasiado rápidos para una psicópata que solo sabe jugar con cubitos de hielo.
Esdeath no se inmutó ante el insulto. En su lugar, caminó alrededor de Leone, observando detenidamente cada centímetro de su cuerpo expuesto. Se detuvo frente a ella, rozando con la punta de su dedo el borde del top negro de la rubia.
—He estudiado la anatomía humana durante años —comentó Esdeath, como quien habla del clima—. Sé qué nervios cortar para causar el máximo dolor y qué huesos romper para que el grito sea eterno. Pero contigo... contigo quiero probar algo más psicológico. Algo que quiebre no solo tu cuerpo, sino tu dignidad.
Esdeath se acercó al oído de Leone y susurró una sola palabra:
—Cosquillas.
El color abandonó instantáneamente el rostro de Leone. Sus ojos dorados se abrieron de par en par y un escalofrío recorrió su columna vertebral que no tenía nada que ver con el frío de la sala. Leone era famosa por su fuerza bruta y su valor, pero dentro del grupo, era un secreto a voces que era la más sensible de todos. Su piel, bendecida por los sentidos agudizados de su Teigu, era extremadamente receptiva al tacto.
—¿Q-qué? No seas ridícula —tartamudeó Leone, intentando recuperar su compostura, aunque sus piernas temblaron ligeramente en los grilletes—. Eso es para niños. No me vas a sacar nada con juegos estúpidos.
—Tus reacciones dicen lo contrario —observó Esdeath con una sonrisa depredadora—. Tu pulso se ha acelerado y tus pupilas se han dilatado. Veamos qué tan fuerte es tu voluntad cuando tus propios nervios te traicionen.
Esdeath levantó una mano y comenzó a acariciar suavemente el cuello de Leone, justo debajo de la bufanda. Las yemas de sus dedos rozaron la piel sensible con una ligereza tortuosa. Leone apretó los dientes, cerrando los ojos con fuerza.
—N-no... para... —murmuró Leone, sintiendo una burbuja de risa formarse en su pecho.
—¿Ya estamos así? Ni siquiera he empezado —se burló la general.
Esdeath deslizó sus dedos hacia arriba, detrás de las orejas de Leone, y comenzó a rascar suavemente. Un pequeño sonido, una mezcla entre un jadeo y una risita ahogada, escapó de los labios de la rubia.
—¡Je... jeje... basta! —Leone sacudió la cabeza, intentando apartarse del contacto, pero las cadenas la mantenían firme.
—Oh, esto va a ser muy divertido —declaró Esdeath.
Sin previo aviso, la general hundió sus dedos profundamente en las axilas de Leone. La reacción fue inmediata y violenta. Leone soltó una carcajada estridente que resonó en toda la cámara de tortura, una risa que no era de alegría, sino de puro desespero sensorial.
—¡¡AHAHAHA! ¡¡NOOO!! ¡¡ESDEATH, PARA, JAJAJAJA!! —gritaba Leone, retorciéndose frenéticamente. Sus hombros subían y bajaban mientras los dedos de la general se movían con una agilidad diabólica en los huecos de sus axilas.
—¿Dónde están, Leone? —preguntó Esdeath, sin detener el ataque—. Solo tienes que hablar y este "juego" terminará.
—¡¡NUNCA!! ¡¡AHAHAHA!! ¡¡POR FAVOR, JAJAJA, QUITA TUS MANOS DE AHÍ!! —Leone pateaba el aire, sus botas golpeando inútilmente contra el vacío mientras su cuerpo se arqueaba por el estímulo insoportable.
Esdeath se detuvo de golpe. El silencio que siguió fue interrumpido solo por los jadeos pesados de Leone, cuyo rostro estaba ahora encendido de un rojo brillante y cubierto de sudor.
—¿Ves? —dijo Esdeath, admirando su obra—. Tu cuerpo ya está empezando a ceder. Y apenas hemos calentado.
—Púdrete... —logró decir Leone entre respiraciones entrecortadas.
—Mala respuesta.
Esdeath bajó la mirada hacia el abdomen de Leone. El vientre de la rubia estaba completamente expuesto, firme y tonificado, subiendo y bajando rápidamente por el agotamiento. La general extendió ambas manos y comenzó a caminar sus dedos por los costados de Leone, justo sobre las costillas.
—¡¡N-NO!! ¡¡AHÍ NO, JAJAJAJA!! —Leone se encogió sobre sí misma tanto como las cadenas se lo permitían—. ¡¡ESDEATH, TE LO ADVIERTO, JAJAJAJA, VOY A MATARTE!!
—Me gustaría ver que lo intentes en este estado —dijo Esdeath con frialdad, mientras intensificaba el movimiento. Sus dedos subían y bajaban por las costillas de Leone, encontrando cada terminación nerviosa, cada punto débil en sus costados.
Leone estaba perdiendo el control. Sus risas eran ahora constantes, un torrente de sonidos involuntarios que la humillaban profundamente. La leona de Night Raid, la guerrera que no temía a la muerte, estaba siendo reducida a una masa de risas y espasmos por la mujer más peligrosa del Imperio.
—¡¡AJAJAJAJA!! ¡¡PARA, PARA, POR FAVOR!! ¡¡ES DEMASIADO, JAJAJAJA!! —Las lágrimas empezaron a asomar en las esquinas de sus ojos.
Esdeath entonces cambió de táctica. Dejó las costillas y hundió sus manos directamente en la suavidad de la barriga de Leone, amasando y haciendo cosquillas de forma agresiva. Los dedos de la general se movían como si estuvieran tocando un piano frenético sobre el abdomen de la cautiva.
—¡¡G-GYAHAHAHA!! ¡¡NOOO, MI BARRIGA NO, JAJAJAJA!! —Leone se retorcía como una anguila fuera del agua. Su vientre se contraía violentamente bajo el ataque, intentando protegerse de los dedos invasores, pero no había escapatoria—. ¡¡PARA, ME VOY A... JAJAJAJA... ME VOY A DESMAYAR!!
—No te permitiré ese lujo —replicó Esdeath, disfrutando de la agonía de su oponente—. Quiero que sientas cada segundo de esta traición de tus sentidos.
Después de veinte minutos de tortura ininterrumpida en el vientre, Esdeath notó algo interesante. Cada vez que sus manos pasaban cerca del centro del abdomen de Leone, la chica soltaba un chillido más agudo y su cuerpo sufría un espasmo mucho más fuerte. La general se detuvo, manteniendo sus manos a pocos centímetros de la piel de Leone, quien jadeaba desesperadamente, con la cabeza colgando hacia adelante.
—Parece que he encontrado tu punto de quiebre absoluto —comentó Esdeath con una voz cargada de malicia—. Tu ombligo... es extremadamente sensible, ¿verdad?
Leone levantó la vista, el terror puro reflejado en sus ojos dorados.
—N-no... ni se te ocurra... —susurró, su voz temblando más que nunca—. Esdeath, en serio... cualquier cosa menos eso...
—¿Cualquier cosa? ¿Incluso decirme la ubicación de la base de Night Raid? —preguntó la general, acercando su dedo índice al pequeño hoyuelo en el centro del vientre de la rubia.
Leone apretó los labios, el conflicto interno grabado en su rostro. La lealtad a sus amigos luchaba contra el instinto primario de evitar la tortura que sabía que venía. Finalmente, cerró los ojos y negó con la cabeza.
—No... no te diré nada.
—Admiro tu tenacidad —dijo Esdeath—, pero me temo que mi paciencia tiene un límite. Y mi curiosidad por ver cuánto tiempo puedes reír antes de suplicar es mayor.
Leone intentó desesperadamente apartar su vientre, estirando su torso hacia los lados y tratando de meter el estómago hacia adentro para alejarse de la mano de Esdeath. Pero con los brazos encadenados arriba y las piernas sujetas abajo, no tenía a dónde ir.
Esdeath no perdió más tiempo. Hundió su dedo índice directamente en el ombligo de Leone y comenzó a girarlo agresivamente, mientras con la otra mano hacía cosquillas rápidas alrededor de la zona.
—¡¡¡IIIIIIIIHHHHHH!!! ¡¡¡AHAHAHAHAHAHAHAHA!!! —El grito de Leone fue ensordecedor. Su cuerpo se sacudió con una violencia tal que las cadenas tintinearon ruidosamente contra el techo—. ¡¡¡NOOO! ¡¡¡PARA, PARA, PARA, JAJAJAJAJAJA!!! ¡¡¡ESDEATH, POR LO QUE MÁS QUIERAS, JAJAJAJAJA!!!
Leone ya no podía articular palabras con sentido. Su mente era un caos de sensaciones eléctricas que emanaban de su ombligo y se extendían por todo su cuerpo. Era una tortura refinada, una sobrecarga sensorial que la hacía sentir pequeña, indefensa y completamente a merced de la general.
—¡¡¡GYAHAHAHAHA!!! ¡¡¡B-BASTA, JAJAJA, ME R-RIN... JAJAJAJA!!! —Leone intentó decir que se rendía, pero la risa era tan violenta que el aire se escapaba de sus pulmones antes de poder terminar la frase.
Esdeath no se detuvo. Al contrario, comenzó a usar ambas manos, una girando y presionando el ombligo mientras la otra rascaba furiosamente toda la extensión de su abdomen y costados.
—¿Decías algo, Leone? —preguntó Esdeath con una sonrisa gélida—. No te escucho muy bien sobre tus propias risas.
Leone estaba en un estado de puro delirio. Sus ojos estaban en blanco y su risa se había vuelto un sonido ronco y desesperado. Cada vez que Esdeath presionaba un poco más fuerte en su ombligo, Leone soltaba un nuevo alarido de risa incontrolable, sus músculos abdominales ardiendo por el esfuerzo constante de contraerse.
—Esto es solo el comienzo —dijo Esdeath, observando cómo la voluntad de la orgullosa leona se desmoronaba centímetro a centímetro—. Tenemos todo el tiempo del mundo. Mi ejército no tiene prisa, y yo ciertamente estoy disfrutando de este espectáculo.
Esdeath se inclinó más cerca, disfrutando del aroma del miedo y el sudor de su prisionera.
—Pasaremos horas aquí. O días. O semanas. Hasta que tu mente no sea más que un eco de estas risas y el nombre de tus amigos sea lo único que quieras gritar para que esto se detenga.
Leone solo pudo responder con otra ráfaga de risas histéricas mientras el dedo de Esdeath continuaba su implacable tormento en su punto más vulnerable. La oscuridad de la celda parecía cerrarse sobre ella, y por primera vez en su vida, la valiente Leone sintió que esta vez, la leona no sería quien daría el último zarpazo. En el reino del hielo y la tortura, solo la voluntad de Esdeath era ley, y la risa de Leone era la melodía de su derrota.
