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Inosuke y Dopico

Fandom: Kimetsu no Yaiba

Criado: 29/11/2025

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RomanceHistória DomésticaFofuraCenário CanônicoEstudo de PersonagemFantasia
Índice

El corazón del jabalí


Las últimas semanas en la Mansión de los Pilares habían sido un torbellino de emociones contenidas, sobre todo para dos de sus habitantes. Inosuke Hashibira, el impetuoso cazador con cabeza de jabalí, y Sabela Dopico, la Pilar de la Niebla, o simplemente Dopico para sus compañeros. Entre ellos flotaba una tensión palpable, una danza de miradas furtivas, roces accidentales y silencios cargados de significado.

Inosuke, con su habitual falta de tacto, había empezado a buscar la compañía de Dopico de formas que eran extrañamente suaves para él. En lugar de irrumpir en su espacio con gritos, a veces se sentaba a su lado en el jardín, pateando la tierra con el pie y emitiendo gruñidos que solo ella parecía entender. Dopico, por su parte, respondía con una sonrisa tímida y un rubor en las mejillas, encontrando un extraño consuelo en la presencia ruidosa del joven.

Una tarde, el sol comenzaba a teñir el cielo de tonos anaranjados y violetas. Inosuke estaba sentado en el suelo del salón principal, a solas con Dopico. Había estado observándola mientras ella leía un pergamino, sus ojos siguiendo las líneas con una concentración que lo fascinaba. De repente, soltó un gruñido.

Dopico, sobresaltada, bajó el pergamino y lo miró. "¿Qué pasa, Inosuke?" preguntó con voz suave.

Inosuke se removió incómodo. "Tú… tú eres rara," dijo, con su usual franqueza. Pero esta vez, no sonaba como un insulto. Había un matiz de curiosidad, casi de admiración.

Dopico sonrió ligeramente. "Gracias, supongo," respondió, sintiendo el calor subir a sus mejillas. "Tú también eres bastante raro, Inosuke."

Inosuke se puso de pie abruptamente, su cola de caballo bailando. "¡No soy raro! ¡Soy el gran Inosuke-sama!" A pesar de sus palabras, no había agresión en su tono. Solo una especie de nerviosismo que Dopico nunca le había visto.

Se acercó a ella, sus ojos verdes fijos en los de ella. "Pero… cuando estoy contigo… mi corazón hace 'doki doki' más fuerte." Él se golpeó el pecho con el puño. "Y no es por pelear. ¿Qué es esto?"

Dopico sintió que su propio corazón se aceleraba. Era la primera vez que Inosuke le hablaba de esa manera, de sus sentimientos internos, por más torpes que fueran. Se armó de valor, su timidez luchando contra la oleada de emoción que la invadía.

"Inosuke," comenzó, su voz apenas un susurro. "Eso que sientes… yo también lo siento. Cuando estoy contigo, me siento… feliz. Y segura. Y… y quiero estar cerca de ti."

Los ojos de Inosuke se abrieron aún más, si era posible. Parecía una criatura salvaje que acababa de descubrir una flor exótica. "Cerca… ¿como ahora?" preguntó, inclinándose un poco más.

Dopico asintió, su mirada fija en sus labios. "Sí, como ahora. Y… y más cerca aún."

El aire en el salón se volvió denso. El silencio se prolongó, lleno de la expectativa de lo que estaba por venir. Inosuke, que solía ser un torbellino de acción, se quedó inmóvil, como si temiera romper el delicado equilibrio del momento. Sus ojos se movieron de los ojos de Dopico a sus labios, y luego de vuelta.

"¿Más cerca… cómo?" preguntó Inosuke, su voz extrañamente suave, casi inaudible.

Dopico tomó una respiración profunda, reuniendo todo su coraje. Se inclinó hacia adelante, cerrando la pequeña distancia que los separaba, y sus labios se encontraron.

Fue un beso tierno, vacilante al principio. Los labios de Inosuke eran sorprendentemente suaves, y Dopico sintió una descarga eléctrica recorrer su cuerpo. Él no sabía cómo reaccionar, solo se quedó quieto, permitiendo que ella lo guiara. Al principio, sus labios estaban tensos, pero poco a poco, se relajaron bajo los suyos.

Cuando se separaron, Dopico tenía los ojos brillantes y una sonrisa radiante. Inosuke, por su parte, estaba completamente aturdido. Sus mejillas, normalmente cubiertas por la máscara de jabalí, estaban sonrojadas hasta las orejas, y sus ojos expresaban una mezcla de confusión y asombro.

"¿Qué… qué fue eso?" preguntó, su voz un poco ronca.

Dopico se rió suavemente. "Eso fue un beso, Inosuke. Es lo que la gente hace cuando se gusta mucho."

Inosuke se tocó los labios con un dedo, como si todavía pudiera sentir el calor de los de ella. "Me gustó," admitió, con una honestidad desarmante. "Quiero… quiero más de eso."

Dopico sintió su corazón hincharse de alegría. "También yo, Inosuke. Mucho."

El sol se había puesto por completo, sumiendo el salón en una penumbra acogedora. La luna comenzaba a asomarse por el horizonte, proyectando una luz plateada a través de las ventanas.

"Inosuke," dijo Dopico, su voz más seria ahora. "Yo… yo te quiero."

El joven cazador la miró, sus ojos verdes llenos de una intensidad que ella nunca le había visto. La máscara de jabalí, que siempre usaba, parecía más una barrera que nunca. En ese momento, deseó poder ver su rostro sin ella, para captar cada matiz de su expresión.

Inosuke se quedó en silencio por un momento, procesando sus palabras. Era algo que nunca había escuchado en su vida. Había vivido entre animales, y luego entre cazadores, donde el afecto se mostraba de forma ruda o no se mostraba en absoluto.

"¿Querer… qué es eso?" preguntó, con una vulnerabilidad que le rompió el corazón a Dopico.

Ella se acercó a él y tomó sus manos. "Querer es… sentir algo muy fuerte por alguien. Es querer protegerlo, cuidarlo, hacerlo feliz. Es querer estar siempre a su lado."

Inosuke la miró fijamente, como si estuviera tratando de descifrar un enigma complejo. "Yo… yo siento eso por ti, Dopico," dijo finalmente, su voz apenas un susurro. "Quiero que estés a salvo. Quiero que… que sonrías. Quiero estar cerca de ti. ¿Eso es querer?"

Dopico asintió, las lágrimas asomando a sus ojos. "Sí, Inosuke. Eso es querer."

Él apretó sus manos suavemente. "Entonces… te quiero, Dopico."

La declaración, tan simple y directa como Inosuke, lo llenó de una emoción abrumadora. Se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza. Él, un poco rígido al principio, pronto le devolvió el abrazo, torpemente, pero con una fuerza que le decía todo lo que necesitaba saber.

"Quiero… que estés conmigo," dijo Inosuke, su voz amortiguada en su hombro. "Siempre."

Dopico se separó un poco para mirarlo a los ojos. "Y yo contigo, Inosuke."

La noche había caído por completo, y la mansión estaba en silencio, a excepción de los grillos y el suave murmullo del viento.

"¿Quieres… que vayamos a mi habitación?" preguntó Dopico, su voz un poco temblorosa. La audacia que a veces la invadía cuando estaba en confianza ahora tomaba las riendas.

Inosuke la miró, sus ojos brillando en la penumbra. "Sí," respondió, con una simplicidad que la hizo sonreír.

De la mano, subieron las escaleras. El camino a la habitación de Dopico, que solía ser un trayecto solitario, ahora se sentía cargado de significado. Al llegar, ella encendió una pequeña lámpara de aceite, bañando la habitación en una luz cálida y suave.

Inosuke se quedó de pie en el umbral, observando la habitación con una curiosidad infantil. Era simple, con un futón en el suelo, una mesita baja y algunos pergaminos apilados.

"¿Te gusta?" preguntó Dopico, acercándose a él.

Inosuke asintió. "Es… tranquila."

Ella se rió. "Sí, es tranquila. Ven, siéntate."

Se sentaron en el futón, la luz de la lámpara proyectando sombras danzantes en las paredes. El aire estaba impregnado de una mezcla de nerviosismo y excitación. Inosuke, sorprendentemente, no hizo ningún movimiento brusco. Parecía estar esperando, sus ojos fijos en ella, como si buscara una señal.

"Inosuke," dijo Dopico, tomando sus manos de nuevo. "Quiero… quiero que esto sea especial. Que sea bonito."

Él la miró con una seriedad que rara vez mostraba. "Yo también. No sé cómo… pero quiero que sea bueno para ti."

Dopico sonrió, conmovida por su consideración. "Solo… sé tú mismo. Y confía en mí."

Ella se inclinó y lo besó de nuevo, esta vez con más confianza. Inosuke, aún torpe, intentó imitar sus movimientos, sus labios moviéndose suavemente contra los de ella. Sintió sus manos deslizarse por su espalda, un toque vacilante pero cálido.

Poco a poco, el beso se profundizó. Las caricias de Inosuke se volvieron más firmes, más seguras. Sus manos se aventuraron a su cabello, enredando los dedos en sus suaves mechones. Dopico se recostó en el futón, llevándolo consigo.

La máscara de jabalí, que siempre había sido una barrera, ahora era un obstáculo entre ellos. Dopico la retiró suavemente, revelando el rostro hermoso y sorprendentemente delicado de Inosuke. Sus ojos, un verde esmeralda brillante, la miraban con una mezcla de deseo y una vulnerabilidad casi dolorosa.

"Eres… tan bonito," susurró Dopico, acariciando su mejilla.

Inosuke se sonrojó de nuevo, un color intenso que se extendía por su cuello. "Tú también," respondió, su voz apenas audible.

Él se inclinó y la besó de nuevo, esta vez con una pasión que la dejó sin aliento. Sus manos exploraron su cuerpo con una curiosidad inocente, pero también con una ternura que Dopico nunca esperaría de él. A cada paso, Inosuke la miraba, buscando su aprobación, pidiendo permiso sin palabras.

"¿Está bien?" preguntó, sus ojos fijos en los de ella, mientras sus dedos desataban el nudo de su haori.

Dopico asintió, su corazón latiendo con fuerza. "Sí, Inosuke. Todo está bien."

Con cada prenda que se deshacía, la intimidad entre ellos crecía. Inosuke, a pesar de su inexperiencia, se movía con una delicadeza sorprendente. Sus caricias eran suaves, sus besos tiernos, y sus ojos nunca se apartaban de los de ella, buscando su consentimiento y su placer.

Cuando finalmente estuvieron piel con piel, la intimidad fue abrumadora. Inosuke temblaba ligeramente, sus ojos expresando una mezcla de asombro y reverencia.

"¿Estás segura?" preguntó, su voz ronca.

Dopico le sonrió, sus ojos llenos de amor. "Nunca he estado más segura de algo, Inosuke."

Él se movió sobre ella, lentamente, con una consideración que la conmovió hasta lo más profundo de su ser. No había prisa, solo una conexión profunda y una entrega mutua. Cada movimiento era una pregunta, cada caricia una afirmación.

La noche se llenó de susurros, de respiraciones entrecortadas, y de la sensación de dos almas uniéndose por primera vez. Inosuke, que siempre había sido una fuerza de la naturaleza, se transformó en un amante gentil y atento, completamente enfocado en el placer de Dopico.

Cuando el clímax llegó, fue una oleada de emociones, de amor y de conexión. Se abrazaron con fuerza, sus cuerpos entrelazados, sus corazones latiendo al unísono.

Inosuke se acurrucó a su lado, su cabeza apoyada en su hombro, sus dedos entrelazados con los de ella. "Esto es… mucho mejor que pelear," murmuró, su voz suave y somnolienta.

Dopico se rió suavemente, acariciando su cabello. "Sí, Inosuke. Mucho mejor."

Se quedaron así, en el silencio de la noche, el uno en los brazos del otro. El corazón del jabalí, que una vez había sido salvaje e indomable, ahora latía con un ritmo suave y constante, lleno de un amor que apenas comenzaba a entender. Y Dopico, la tímida Pilar de la Niebla, había encontrado en ese corazón salvaje un refugio, un amor tan puro y honesto como el amanecer. La noche pasó, y con ella, la promesa de un futuro juntos, un futuro donde el amor no necesitaba palabras elaboradas, solo la honestidad de un corazón que finalmente había encontrado su hogar.
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