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Inosuke y Dopico
Fandom: Kimetsu no yaiba
Criado: 29/11/2025
Tags
RomanceFofuraFatias de VidaHistória DomésticaHumorCenário Canônico
El amanecer de un nuevo comienzo
El sol se colaba tímidamente por las rendijas de la ventana, pintando la habitación con tonos dorados y anaranjados. Sabela se desperezó, sintiendo el calor del cuerpo de Inosuke a su lado. Una sonrisa tonta se dibujó en sus labios al recordar la noche anterior. Había sido todo lo que había imaginado y más. La dulzura y el respeto con los que Inosuke la había tratado, la ternura en sus ojos, la pasión contenida que se desataba en cada caricia… todo había sido perfecto.
Se giró con cuidado para no despertarlo, observando su rostro relajado. Sin la máscara de jabalí, Inosuke lucía sorprendentemente apacible, casi angelical. Sus largas pestañas reposaban sobre sus mejillas y sus labios entreabiertos invitaban a un beso. Sabela estiró una mano, rozando suavemente su cabello azul oscuro. Él emitió un pequeño gruñido y se removió, lo que hizo que Sabela retirara la mano rápidamente, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.
La vergüenza la invadió de repente. A plena luz del día, la intimidad de la noche anterior se sentía… expuesta. Aunque Inosuke ya la había visto en su estado más vulnerable, la idea de que la viera ahora, con el cabello revuelto y la cara de recién levantada, le provocaba un nudo en el estómago. Se levantó de la cama con movimientos lentos y cautelosos, buscando su ropa esparcida por el suelo.
Inosuke abrió los ojos perezosamente, observando a Sabela con una media sonrisa.
– ¿A dónde vas, eh? – dijo con la voz ronca por el sueño, su mirada recorriendo su figura desnuda con una mezcla de admiración y picardía.
Sabela se encogió, sintiendo el calor subir a su rostro. Se apresuró a recoger su ropa, intentando cubrirse lo antes posible.
– A… a vestirme – murmuró, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
Inosuke soltó una risita.
– ¿Por qué tanta prisa? Si ya te he visto todo… y me ha gustado mucho, por cierto – añadió con un guiño, provocando que Sabela se sonrojara aún más.
Ella le lanzó una almohada, que él atrapó con una mano, riendo a carcajadas.
– ¡Inosuke! ¡Cállate! – exclamó Sabela, aunque no pudo evitar sonreír. La desfachatez de Inosuke, incluso en momentos así, era parte de su encanto.
Él se sentó en la cama, estirándose como un gato.
– ¿Tienes vergüenza, eh? – preguntó, su voz ahora más suave, con un atisbo de ternura. – No tienes por qué. Estás preciosa.
Sabela sintió un vuelco en el corazón. Las palabras de Inosuke eran simples, pero venían cargadas de una sinceridad que la desarmaba. Se acercó a la cama y se sentó en el borde, con la mirada fija en el suelo.
– Es… es que es raro – confesó, su voz apenas un susurro. – Esto es… nuevo para mí.
Inosuke la tomó de la barbilla con delicadeza, obligándola a mirarlo. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad inusual.
– Para mí también – admitió. – Nunca me había sentido así por nadie. Y… y quiero que esto salga bien, Sabela. Quiero que… que seamos nosotros.
Sabela sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Las palabras de Inosuke eran un bálsamo para su corazón, disipando cualquier atisbo de duda o vergüenza. Le sonrió, una sonrisa genuina y llena de amor.
– Yo también, Inosuke – dijo, su voz temblorosa. – Yo también quiero eso.
Él se inclinó y le dio un beso suave en los labios, un beso que prometía un futuro lleno de caricias y momentos compartidos.
– Entonces, ¿qué hacemos ahora? – preguntó Inosuke, separándose un poco, pero sin soltar su barbilla.
Sabela se rió.
– Pues… supongo que ducharnos y bajar a desayunar. Los demás deben estar esperándonos.
La idea de enfrentarse a los demás en el desayuno, fingiendo que la noche anterior no había pasado nada, le provocó una mezcla de nerviosismo y emoción.
– ¿Y qué les decimos? – preguntó Inosuke, con un tono ligeramente preocupado.
– Nada, por ahora – respondió Sabela. – Todavía no quiero contarlo. Quiero que sea… nuestro. ¿Te parece bien?
Inosuke asintió con una sonrisa.
– Me parece perfecto. Nuestro secreto, ¿eh? Me gusta.
Se levantaron de la cama, recogiendo la ropa esparcida por la habitación. Inosuke se dirigió al baño, pero antes de entrar, se giró hacia Sabela.
– ¿Quieres que nos duchemos juntos? – preguntó con una sonrisa pícara.
Sabela se ruborizó nuevamente, pero esta vez, la vergüenza se mezcló con un atisbo de picardía.
– ¡Inosuke! – exclamó, lanzándole otra almohada. – ¡Ya hemos tenido suficiente por una noche! Además, si tardamos mucho, sospecharán.
Inosuke se rió, entrando al baño.
– ¡Como quieras, Sabela! Pero que sepas que me encantaría repetir.
Sabela sonrió, sintiendo un calor agradable en el pecho. Las palabras de Inosuke, aunque directas y sin filtros, eran un claro reflejo de sus sentimientos.
Después de ducharse por separado y vestirse, se encontraron en el pasillo, listos para bajar a desayunar. Ambos se miraron, una chispa de complicidad brillando en sus ojos.
– ¿Preparada para fingir que no ha pasado nada? – preguntó Inosuke, con un tono divertido.
Sabela asintió, sintiendo los nervios a flor de piel.
– Lo estoy. Solo… intenta no hacer ninguna de tus bromas.
Inosuke puso los ojos en blanco.
– ¡Pero si soy un experto en mantener secretos!
Sabela lo miró con escepticismo, pero no dijo nada. Sabía que Inosuke, a su manera, intentaría ser discreto.
Bajaron las escaleras juntos, intentando mantener una distancia prudente, como si nada hubiera cambiado entre ellos. Al llegar al comedor, encontraron a Tanjiro, Zenitsu y los demás Pilares ya sentados alrededor de la mesa, disfrutando del desayuno.
– ¡Buenos días, chicos! – exclamó Tanjiro con su habitual entusiasmo. – ¡Creíamos que os habíais quedado dormidos!
Zenitsu, que estaba a punto de llevarse un trozo de tortilla a la boca, se detuvo, observando a Inosuke y Sabela con una mirada sospechosa.
– ¿Por qué tardasteis tanto? – preguntó, entrecerrando los ojos. – ¿Acaso… estabais haciendo algo indebido?
Sabela sintió el rubor subir a su rostro, y lanzó una mirada de advertencia a Inosuke.
Inosuke, para sorpresa de Sabela, respondió con una naturalidad que la dejó boquiabierta.
– ¡Qué tonterías dices, Monitsu! – exclamó Inosuke, sentándose ruidosamente en su silla. – ¡Solo estábamos… buscando mi máscara! ¡La había dejado en la habitación de Sabela!
Sabela lo miró con los ojos muy abiertos. ¡Qué excusa tan absurda! Pero, sorprendentemente, parecía haber convencido a Zenitsu, que se encogió de hombros y volvió a su tortilla.
Tanjiro y los demás Pilares, ajenos a la tensión que flotaba en el aire, continuaron con su desayuno, charlando animadamente sobre sus próximas misiones.
Sabela se sentó al lado de Inosuke, intentando actuar con normalidad. Cogió un poco de arroz y empezó a comer, pero sentía la mirada de Inosuke sobre ella. Levantó la vista y lo encontró observándola con una sonrisa traviesa.
– ¿Qué? – susurró Sabela, intentando sonar molesta, pero una sonrisa se dibujaba en sus labios.
– Nada – respondió Inosuke, bajando la voz. – Solo que estás muy guapa cuando te enfadas. Y cuando te ruborizas. Y… bueno, siempre.
Sabela sintió cómo el calor subía a sus mejillas de nuevo. Inosuke era imposible. Pero a la vez, era ese Inosuke el que la había conquistado.
Durante el desayuno, Inosuke no pudo evitar lanzarle pequeñas miradas y sonrisas cómplices, que Sabela intentaba disimular con una falsa indiferencia. Era un juego divertido, una especie de secreto compartido que solo ellos entendían.
En un momento dado, mientras Zenitsu se quejaba de alguna araña que había visto en el jardín, Inosuke se inclinó hacia Sabela, susurrándole al oído.
– Anoche… cuando me dijiste mi nombre… me gustó mucho.
Sabela sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Recordaba ese momento con una claridad vívida. La forma en que Inosuke se había estremecido, la dulzura en sus ojos. Era el Inosuke que nadie más conocía, el Inosuke que se había abierto a ella.
– Y a mí me gustó cómo me mirabas – le respondió Sabela en el mismo tono bajo, sintiendo una punzada de emoción en el pecho.
Inosuke le dio un codazo juguetón.
– ¡Eso es porque soy el más guapo de todos!
Sabela soltó una risita, negando con la cabeza.
– Sí, claro. Y yo soy la Reina de los Demonios.
A pesar de sus bromas, la conexión entre ellos era innegable. Cada mirada, cada toque accidental, cada palabra susurrada, estaba cargada de un significado que solo ellos compartían.
Cuando terminaron de desayunar, Tanjiro propuso ir a entrenar un poco al patio. Sabela y Inosuke se levantaron de la mesa, pero antes de seguir a los demás, Inosuke agarró suavemente la mano de Sabela por debajo de la mesa, apretándola con cariño.
Sabela le devolvió el apretón, sintiendo una calidez reconfortante. Era un pequeño gesto, un secreto compartido, que les recordaba la noche anterior y la promesa de lo que estaba por venir.
Salieron al patio, donde el sol brillaba con fuerza, iluminando el jardín. Los demás ya estaban calentando, listos para el entrenamiento. Sabela y Inosuke se unieron a ellos, fingiendo normalidad, pero con la certeza de que algo había cambiado para siempre entre ellos. El amanecer de un nuevo comienzo, un secreto dulce y precioso que solo ellos guardaban en sus corazones.
Se giró con cuidado para no despertarlo, observando su rostro relajado. Sin la máscara de jabalí, Inosuke lucía sorprendentemente apacible, casi angelical. Sus largas pestañas reposaban sobre sus mejillas y sus labios entreabiertos invitaban a un beso. Sabela estiró una mano, rozando suavemente su cabello azul oscuro. Él emitió un pequeño gruñido y se removió, lo que hizo que Sabela retirara la mano rápidamente, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.
La vergüenza la invadió de repente. A plena luz del día, la intimidad de la noche anterior se sentía… expuesta. Aunque Inosuke ya la había visto en su estado más vulnerable, la idea de que la viera ahora, con el cabello revuelto y la cara de recién levantada, le provocaba un nudo en el estómago. Se levantó de la cama con movimientos lentos y cautelosos, buscando su ropa esparcida por el suelo.
Inosuke abrió los ojos perezosamente, observando a Sabela con una media sonrisa.
– ¿A dónde vas, eh? – dijo con la voz ronca por el sueño, su mirada recorriendo su figura desnuda con una mezcla de admiración y picardía.
Sabela se encogió, sintiendo el calor subir a su rostro. Se apresuró a recoger su ropa, intentando cubrirse lo antes posible.
– A… a vestirme – murmuró, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
Inosuke soltó una risita.
– ¿Por qué tanta prisa? Si ya te he visto todo… y me ha gustado mucho, por cierto – añadió con un guiño, provocando que Sabela se sonrojara aún más.
Ella le lanzó una almohada, que él atrapó con una mano, riendo a carcajadas.
– ¡Inosuke! ¡Cállate! – exclamó Sabela, aunque no pudo evitar sonreír. La desfachatez de Inosuke, incluso en momentos así, era parte de su encanto.
Él se sentó en la cama, estirándose como un gato.
– ¿Tienes vergüenza, eh? – preguntó, su voz ahora más suave, con un atisbo de ternura. – No tienes por qué. Estás preciosa.
Sabela sintió un vuelco en el corazón. Las palabras de Inosuke eran simples, pero venían cargadas de una sinceridad que la desarmaba. Se acercó a la cama y se sentó en el borde, con la mirada fija en el suelo.
– Es… es que es raro – confesó, su voz apenas un susurro. – Esto es… nuevo para mí.
Inosuke la tomó de la barbilla con delicadeza, obligándola a mirarlo. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad inusual.
– Para mí también – admitió. – Nunca me había sentido así por nadie. Y… y quiero que esto salga bien, Sabela. Quiero que… que seamos nosotros.
Sabela sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Las palabras de Inosuke eran un bálsamo para su corazón, disipando cualquier atisbo de duda o vergüenza. Le sonrió, una sonrisa genuina y llena de amor.
– Yo también, Inosuke – dijo, su voz temblorosa. – Yo también quiero eso.
Él se inclinó y le dio un beso suave en los labios, un beso que prometía un futuro lleno de caricias y momentos compartidos.
– Entonces, ¿qué hacemos ahora? – preguntó Inosuke, separándose un poco, pero sin soltar su barbilla.
Sabela se rió.
– Pues… supongo que ducharnos y bajar a desayunar. Los demás deben estar esperándonos.
La idea de enfrentarse a los demás en el desayuno, fingiendo que la noche anterior no había pasado nada, le provocó una mezcla de nerviosismo y emoción.
– ¿Y qué les decimos? – preguntó Inosuke, con un tono ligeramente preocupado.
– Nada, por ahora – respondió Sabela. – Todavía no quiero contarlo. Quiero que sea… nuestro. ¿Te parece bien?
Inosuke asintió con una sonrisa.
– Me parece perfecto. Nuestro secreto, ¿eh? Me gusta.
Se levantaron de la cama, recogiendo la ropa esparcida por la habitación. Inosuke se dirigió al baño, pero antes de entrar, se giró hacia Sabela.
– ¿Quieres que nos duchemos juntos? – preguntó con una sonrisa pícara.
Sabela se ruborizó nuevamente, pero esta vez, la vergüenza se mezcló con un atisbo de picardía.
– ¡Inosuke! – exclamó, lanzándole otra almohada. – ¡Ya hemos tenido suficiente por una noche! Además, si tardamos mucho, sospecharán.
Inosuke se rió, entrando al baño.
– ¡Como quieras, Sabela! Pero que sepas que me encantaría repetir.
Sabela sonrió, sintiendo un calor agradable en el pecho. Las palabras de Inosuke, aunque directas y sin filtros, eran un claro reflejo de sus sentimientos.
Después de ducharse por separado y vestirse, se encontraron en el pasillo, listos para bajar a desayunar. Ambos se miraron, una chispa de complicidad brillando en sus ojos.
– ¿Preparada para fingir que no ha pasado nada? – preguntó Inosuke, con un tono divertido.
Sabela asintió, sintiendo los nervios a flor de piel.
– Lo estoy. Solo… intenta no hacer ninguna de tus bromas.
Inosuke puso los ojos en blanco.
– ¡Pero si soy un experto en mantener secretos!
Sabela lo miró con escepticismo, pero no dijo nada. Sabía que Inosuke, a su manera, intentaría ser discreto.
Bajaron las escaleras juntos, intentando mantener una distancia prudente, como si nada hubiera cambiado entre ellos. Al llegar al comedor, encontraron a Tanjiro, Zenitsu y los demás Pilares ya sentados alrededor de la mesa, disfrutando del desayuno.
– ¡Buenos días, chicos! – exclamó Tanjiro con su habitual entusiasmo. – ¡Creíamos que os habíais quedado dormidos!
Zenitsu, que estaba a punto de llevarse un trozo de tortilla a la boca, se detuvo, observando a Inosuke y Sabela con una mirada sospechosa.
– ¿Por qué tardasteis tanto? – preguntó, entrecerrando los ojos. – ¿Acaso… estabais haciendo algo indebido?
Sabela sintió el rubor subir a su rostro, y lanzó una mirada de advertencia a Inosuke.
Inosuke, para sorpresa de Sabela, respondió con una naturalidad que la dejó boquiabierta.
– ¡Qué tonterías dices, Monitsu! – exclamó Inosuke, sentándose ruidosamente en su silla. – ¡Solo estábamos… buscando mi máscara! ¡La había dejado en la habitación de Sabela!
Sabela lo miró con los ojos muy abiertos. ¡Qué excusa tan absurda! Pero, sorprendentemente, parecía haber convencido a Zenitsu, que se encogió de hombros y volvió a su tortilla.
Tanjiro y los demás Pilares, ajenos a la tensión que flotaba en el aire, continuaron con su desayuno, charlando animadamente sobre sus próximas misiones.
Sabela se sentó al lado de Inosuke, intentando actuar con normalidad. Cogió un poco de arroz y empezó a comer, pero sentía la mirada de Inosuke sobre ella. Levantó la vista y lo encontró observándola con una sonrisa traviesa.
– ¿Qué? – susurró Sabela, intentando sonar molesta, pero una sonrisa se dibujaba en sus labios.
– Nada – respondió Inosuke, bajando la voz. – Solo que estás muy guapa cuando te enfadas. Y cuando te ruborizas. Y… bueno, siempre.
Sabela sintió cómo el calor subía a sus mejillas de nuevo. Inosuke era imposible. Pero a la vez, era ese Inosuke el que la había conquistado.
Durante el desayuno, Inosuke no pudo evitar lanzarle pequeñas miradas y sonrisas cómplices, que Sabela intentaba disimular con una falsa indiferencia. Era un juego divertido, una especie de secreto compartido que solo ellos entendían.
En un momento dado, mientras Zenitsu se quejaba de alguna araña que había visto en el jardín, Inosuke se inclinó hacia Sabela, susurrándole al oído.
– Anoche… cuando me dijiste mi nombre… me gustó mucho.
Sabela sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Recordaba ese momento con una claridad vívida. La forma en que Inosuke se había estremecido, la dulzura en sus ojos. Era el Inosuke que nadie más conocía, el Inosuke que se había abierto a ella.
– Y a mí me gustó cómo me mirabas – le respondió Sabela en el mismo tono bajo, sintiendo una punzada de emoción en el pecho.
Inosuke le dio un codazo juguetón.
– ¡Eso es porque soy el más guapo de todos!
Sabela soltó una risita, negando con la cabeza.
– Sí, claro. Y yo soy la Reina de los Demonios.
A pesar de sus bromas, la conexión entre ellos era innegable. Cada mirada, cada toque accidental, cada palabra susurrada, estaba cargada de un significado que solo ellos compartían.
Cuando terminaron de desayunar, Tanjiro propuso ir a entrenar un poco al patio. Sabela y Inosuke se levantaron de la mesa, pero antes de seguir a los demás, Inosuke agarró suavemente la mano de Sabela por debajo de la mesa, apretándola con cariño.
Sabela le devolvió el apretón, sintiendo una calidez reconfortante. Era un pequeño gesto, un secreto compartido, que les recordaba la noche anterior y la promesa de lo que estaba por venir.
Salieron al patio, donde el sol brillaba con fuerza, iluminando el jardín. Los demás ya estaban calentando, listos para el entrenamiento. Sabela y Inosuke se unieron a ellos, fingiendo normalidad, pero con la certeza de que algo había cambiado para siempre entre ellos. El amanecer de un nuevo comienzo, un secreto dulce y precioso que solo ellos guardaban en sus corazones.
