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Fandom: BOYNEXTDOOR

Criado: 01/12/2025

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RomanceCiúmesPsicológicoDramaSombrioEstudo de PersonagemProsa Roxa
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Obsesión Compartida


La tensión era palpable en el aire, densa y cargada como una tormenta inminente. El apartamento, usualmente un bullicioso centro de actividad y risas, se sentía extrañamente silencioso, solo roto por el suave zumbido del aire acondicionado. Han Taesan, con los puños apretados a los costados y la mandíbula tensa, observaba a Leehan desde la distancia. La escena de hacía apenas unos minutos se repetía en su mente como un bucle tortuoso: Leehan, riendo, sus brazos alrededor de Woonhak, la cabeza apoyada en su hombro mientras el maknae le susurraba algo al oído. Era una imagen inocente para cualquiera, una simple interacción entre compañeros de grupo, pero para Taesan, era un puñal directo al corazón.

Sus celos eran una bestia voraz, hambrienta y difícil de controlar. Sabía que no tenía derecho. No eran nada. No oficialmente, al menos. Pero en su mente, en la profundidad de su ser más íntimo, Leehan era *suyo*. Su Leehan. La idea de que alguien más pudiera tocarlo, reír con él de esa manera tan íntima, hacía que un fuego irracional se encendiera en sus venas.

Woonhak, notando la atmósfera cargada, se había excusado rápidamente, dejando a los dos solos. La puerta al cerrarse resonó como un disparo en el silencio. Taesan no se movió, manteniéndose rígido, su mirada fija en Leehan.

Leehan, por su parte, se había sentado en el sofá, una pequeña sonrisa jugando en sus labios. Sus ojos, usualmente suaves y amables, tenían un brillo particular, casi divertido. Había notado la creciente incomodidad de Taesan, la forma en que sus hombros se tensaban, la manera en que sus ojos lo seguían. Y, para ser honesto, le encantaba. Le encantaba ver a Taesan perder los estribos, perder el control de su propia compostura. Era una confirmación, un dulce recordatorio de la profundidad de los sentimientos que Taesan ocultaba tan desesperadamente.

"¿Pasa algo, hyung?" preguntó Leehan con una voz suave, casi melodiosa. La inocencia en su tono era tan convincente que podría haber engañado a cualquiera, excepto a Taesan, que conocía cada faceta de la personalidad de Leehan. Sabía que esa dulzura era una trampa, una invitación a caer más profundo en su red.

Taesan no respondió de inmediato. Caminó lentamente hacia Leehan, sus pasos resonando pesadamente en el suelo de madera. Cada paso era un acto de voluntad, una lucha contra la avalancha de emociones que amenazaban con desbordarlo. Cuando finalmente estuvo frente a Leehan, se inclinó ligeramente, sus ojos oscuros clavados en los de Leehan.

"¿Por qué hiciste eso?" la voz de Taesan era un susurro ronco, apenas audible. Sus manos se cerraron en puños, las uñas clavándose en sus palmas.

Leehan inclinó la cabeza, su sonrisa se ensanchó un poco. "Hacer ¿qué, hyung? ¿Reírme con Woonhak? Es mi amigo, mi compañero. ¿No puedo?" Había un dejo de burla en su voz, una provocación que Taesan no pudo ignorar.

La bestia dentro de Taesan rugió. "Sabes de lo que hablo, Leehan. No te hagas el inocente."

Leehan se encogió de hombros, su postura relajada contrastando bruscamente con la tensión de Taesan. "No entiendo tu problema, hyung. ¿Estás celoso?" La pregunta fue directa, un dardo lanzado con precisión.

Esa palabra, "celoso", detonó algo en Taesan. La negación, la vergüenza, el miedo a ser juzgado, todo se desvaneció ante la furia y la desesperación. De repente, ya no le importaba. Ya no le importaba lo que Leehan pensara, lo que sintiera. Solo quería que Leehan lo entendiera, que Leehan supiera que era *suyo*.

Sin previo aviso, Taesan se abalanzó sobre Leehan. No con violencia, sino con una determinación feroz. Sus manos agarraron los brazos de Leehan con fuerza, aunque no lo lastimó. La sorpresa brilló en los ojos de Leehan por un instante, pero fue rápidamente reemplazada por ese brillo familiar de diversión.

"¡Hyung!" exclamó Leehan, una risa ahogada escapando de sus labios.

Taesan lo levantó del sofá con una facilidad sorprendente, su fuerza impulsada por la adrenalina y la emoción desatada. Leehan no se resistió, permitiendo que Taesan lo arrastrara.

"¡Tú eres mío, Leehan!" Taesan gruñó, su voz cargada de una pasión cruda y desatada. "Solo mío."

Leehan, en lugar de asustarse o enojarse, simplemente se dejó llevar, una sonrisa aún más amplia extendiéndose por su rostro. La intensidad de Taesan, la forma en que sus ojos ardían con una posesividad tan cruda, era exactamente lo que Leehan anhelaba en secreto. Ver a Taesan perder el control de esa manera le producía un escalofrío de placer.

Taesan, sin soltar a Leehan, lo arrastró por el pasillo hasta su propia habitación. La puerta estaba abierta. De una patada la cerró con un golpe sordo que resonó en el apartamento, y luego, con la misma furia, giró la llave, encerrándolos a ambos.

La habitación de Taesan era su santuario, un espacio donde podía ser él mismo, lejos de las miradas curiosas del mundo. Pero en ese momento, se sentía como una jaula, una jaula que él mismo había construido para ambos. Soltó a Leehan, quien se tambaleó ligeramente antes de recuperar el equilibrio.

La luz tenue de la habitación, filtrada por las cortinas, creaba sombras danzantes que hacían que la escena pareciera aún más íntima y cargada.

"¿Qué estás haciendo, hyung?" preguntó Leehan, su voz ahora más seria, aunque todavía con ese matiz de diversión. Sus ojos nunca abandonaron los de Taesan.

Taesan dio un paso hacia él, luego otro, acorralando a Leehan contra la pared. La pared fría contrastaba con el calor abrasador que Taesan emanaba.

"Te estoy mostrando," Taesan comenzó, su voz baja y ronca, "que no puedes jugar conmigo, Leehan. No puedes coquetear con otros y esperar que yo me quede quieto."

Leehan se rió, una risa suave y seductora que hizo que algo se retorciera en el estómago de Taesan. "Pero, hyung, no somos nada. No oficialmente. ¿Qué derecho tienes a reclamarme?"

Esa pregunta fue un golpe, pero también una verdad dolorosa. Taesan lo sabía. Lo sabía muy bien. Pero en ese momento, la lógica no tenía cabida. Solo existía la emoción pura y desbordante.

"No me importa," Taesan gruñó, sus manos se levantaron para apoyar sus palmas en la pared a cada lado de la cabeza de Leehan, atrapándolo por completo. "No me importa lo que seamos 'oficialmente'. Para mí, eres mío. Siempre lo has sido."

Leehan lo miró fijamente, sus ojos oscuros y profundos. "Estás asustando, hyung." Pero no había miedo en su voz, solo una anticipación que Taesan no pudo descifrar del todo.

"No te estoy asustando," Taesan corrigió, su voz ahora más suave, pero no menos intensa. "Te estoy mostrando lo que siento. Lo que *eres* para mí."

La respiración de Taesan era irregular, sus ojos escanearon el rostro de Leehan, deteniéndose en sus labios, ligeramente entreabiertos. El deseo era tan fuerte que le quemaba las entrañas.

"Leehan," Taesan susurró, su voz apenas audible. "No soporto la idea de que alguien más te toque. De que alguien más te haga reír de esa manera. Me vuelve loco."

Leehan sonrió, una sonrisa pequeña y enigmática. "Y eso te gusta, ¿verdad, hyung? Te gusta esta locura."

La perspicacia de Leehan golpeó a Taesan con la fuerza de un rayo. Era cierto. Parte de él, la parte más oscura y retorcida, disfrutaba de esta intensidad, de esta pérdida de control. Disfrutaba de la idea de que sus sentimientos por Leehan eran tan poderosos que podían romperlo.

"Sí," Taesan admitió, la palabra un suspiro de rendición. "Sí, me gusta. Me gusta que me vuelvas loco. Me gusta que me hagas sentir esto."

Leehan extendió una mano, sus dedos largos y delgados tocaron suavemente la mejilla de Taesan. La piel de Taesan se erizó al contacto.

"Lo sé," Leehan dijo, su voz ahora un susurro íntimo. "Lo sé porque yo siento lo mismo por ti, hyung."

Las palabras de Leehan fueron como un cubo de agua fría y caliente al mismo tiempo. Taesan se quedó inmóvil, asimilando lo que había escuchado. ¿Sentía lo mismo? ¿Estaba esta obsesión, este deseo posesivo, correspondido?

"¿Qué... qué quieres decir?" Taesan preguntó, su voz apenas un hilo.

Leehan sonrió, sus ojos brillando con una intensidad que rivalizaba con la de Taesan. "Me encanta que estés celoso, hyung. Me encanta que pierdas el control. Me encanta que me quieras solo para ti. Porque yo también te quiero solo para mí."

La confesión de Leehan fue una revelación, un terremoto que sacudió los cimientos del mundo de Taesan. Todo el miedo, toda la vergüenza que había sentido por sus pensamientos "enfermos" se desvaneció en un instante. Leehan no solo no lo juzgaba, sino que *compartía* esa misma oscuridad, esa misma posesividad.

"¿De verdad?" Taesan preguntó, su voz llena de asombro y una esperanza recién nacida.

Leehan asintió, su pulgar acarició suavemente la mejilla de Taesan. "De verdad. Cada vez que te veo mirarme de esa manera, cada vez que tu mandíbula se tensa cuando hablo con otra persona, me emociona, hyung. Me hace sentir que soy tuyo, y que tú eres mío."

Las palabras de Leehan resonaron en el pecho de Taesan, llenándolo de una euforia que nunca había sentido antes. No estaba solo en su locura. Leehan, el dulce y divertido Leehan, era tan retorcido y posesivo como él.

"Leehan," Taesan susurró de nuevo, su voz cargada de emoción. Se inclinó, su frente apoyada contra la de Leehan. "No sabes cuánto tiempo he soñado con esto. Con que sintieras lo mismo."

"Lo sé, hyung," Leehan respondió, su voz suave como la seda. "Y yo también he soñado con que te atrevieras a reclamarme."

En ese instante, la barrera invisible que los había separado por tanto tiempo se derrumbó. Los miedos de Taesan, sus inseguridades, se disolvieron en la mirada compartida de entendimiento y deseo.

Taesan no pudo contenerse más. Sus labios encontraron los de Leehan en un beso urgente y hambriento. Fue un beso que llevaba consigo toda la frustración, el anhelo, la posesividad y la confesión tácita de una obsesión mutua. Leehan respondió con la misma intensidad, sus brazos se enrollaron alrededor del cuello de Taesan, tirando de él aún más cerca.

El beso se profundizó, volviéndose más demandante, más apasionado. Las manos de Taesan se deslizaron por la espalda de Leehan, apretándolo contra su cuerpo. Podía sentir el calor de Leehan, la forma en que sus cuerpos encajaban perfectamente.

Cuando finalmente se separaron, jadeando ligeramente, sus frentes todavía estaban juntas, sus ojos cerrados.

"No te voy a dejar ir," Taesan susurró, su voz ronca de emoción. "Nunca."

Leehan sonrió contra sus labios. "No quiero que lo hagas, hyung. Quiero que me ates a ti. Quiero ser solo tuyo, y que tú seas solo mío."

Esas palabras, pronunciadas con tal convicción, fueron la confirmación final para Taesan. Su "enfermedad" no era una carga, sino un vínculo. No era algo de lo que avergonzarse, sino algo para abrazar.

Taesan se separó ligeramente, miró a Leehan con una intensidad renovada. "Entonces, ¿esto significa...?"

Leehan asintió, sus ojos brillando con una mezcla de picardía y afecto. "Significa que ya no tienes que esconder tus celos, hyung. De hecho, me gustaría que los mostraras más a menudo."

Una sonrisa rara, una que rara vez mostraba, se extendió por el rostro de Taesan. Era una sonrisa llena de alivio, de posesividad, y de una felicidad oscura y retorcida.

"Con gusto," Taesan prometió, su voz un murmullo de devoción. "Con mucho gusto, Leehan."

Y en el silencio de la habitación cerrada con llave, con sus cuerpos entrelazados y sus corazones latiendo al unísono, ambos sabían que habían encontrado no solo un amor, sino una obsesión compartida, una que los uniría de formas que el resto del mundo nunca podría comprender. La puerta cerrada no era una prisión, sino un santuario, el lugar donde su amor "enfermo" podía florecer libremente. Y Leehan, con una sonrisa satisfecha, se deleitaba en la certeza de que Taesan era suyo, completamente y sin remedio. Y Taesan, a su vez, se regocijaba en la idea de que Leehan no solo aceptaba su posesividad, sino que la anhelaba. La batalla había terminado, y ambos habían ganado.
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