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Tn cae de un portal antes de que Reiner y bertol se transformen en Titanes
Fandom: Tn x attack on titán
Criado: 17/01/2026
Tags
Isekai / Fantasia PortalAçãoDramaAventuraDistopiaConsertoSobrevivênciaCenário CanônicoAngústiaViagem no TempoSombrioHorror de Sobrevivência
El eco del abismo y un nuevo amanecer
El aire se desgarró con un grito silencioso. No fue un rugido de titán, ni el estruendo de un cañón, sino el sonido de la realidad misma cediendo. Tn, con los ojos muy abiertos y el corazón martilleando contra sus costillas, sintió la vertiginosa sensación de caer al vacío. Un momento antes, estaba revisando las últimas publicaciones en su feed, discutiendo con un amigo sobre el final de su serie favorita. Al siguiente, el suelo bajo sus pies se había desvanecido, reemplazado por un torbellino de colores y formas que se retorcían como un sueño febril.
El impacto fue brusco, pero amortiguado. No contra el duro hormigón que esperaba, sino contra algo blando y orgánico. Rodó, el aliento escapándose de sus pulmones en un jadeo, y sus ojos se abrieron para encontrarse con un cielo que no era el suyo. Un cielo plagado de nubes grises y amenazantes, un sol pálido y distante que no irradiaba calor.
Se levantó con dificultad, sintiendo un leve dolor en el tobillo. La ropa que llevaba puesta, una camiseta holgada y unos jeans, se sentía extrañamente fuera de lugar en este entorno. Miró a su alrededor, la confusión nublando su mente. Había caído en un claro, rodeado de árboles altos y frondosos que parecían sacados de un cuento de hadas oscuro. El aire era fresco y olía a tierra húmeda y pino, un aroma que le resultaba familiar y ajeno a la vez.
Pero no era el paisaje lo que le heló la sangre. Fue el sonido. Un murmullo distante, un coro de voces que se acercaban, y un estruendo metálico que resonaba con una regularidad inquietante. Y entonces, los vio.
A lo lejos, en la distancia, las imponentes murallas se alzaban, grises y solemnes. El Muro María. La visión hizo que el corazón de Tn diera un vuelco. No era posible. No podía ser. Esto tenía que ser un sueño, una alucinación inducida por la falta de sueño o quizás por la comida rápida caducada que cenó anoche.
Pero el olor a metal, el sudor de los caballos y el grito de una voz autoritaria que se acercaba eran demasiado reales para ser un sueño.
Se agachó instintivamente, escondiéndose detrás de un arbusto denso. Su mente corría a mil por hora, tratando de procesar lo que sus ojos veían. El Muro María. Los titanes. Esto solo podía significar una cosa. Había caído en el mundo de "Attack on Titan". Y por la ubicación, la proximidad al Muro María, y el inminente estruendo que sentía en la tierra, sabía exactamente en qué momento había llegado.
Justo antes de que el Colosal y el Acorazado hicieran su aparición.
La adrenalina bombeaba por sus venas, una mezcla de terror y una extraña excitación. Siempre había soñado con estar en este mundo, pero nunca de esta manera, tan de repente, tan desprovista de cualquier preparación. No tenía el Equipo de Maniobras Tridimensionales, ni cuchillas, ni el entrenamiento para luchar contra titanes. Era solo una persona común y corriente, lanzada a un mundo donde la supervivencia era una lucha constante.
El sonido de los caballos se hizo más fuerte, y Tn se pegó al suelo, tratando de hacerse lo más pequeña posible. Un grupo de soldados apareció a la vista, sus capas verdes ondeando con el viento. Eran miembros de la Legión de Reconocimiento, o quizás solo soldados estacionados cerca del muro. Pero sus uniformes eran inconfundibles.
"¡Rápido, antes de que anochezca! ¡Hay que revisar el perímetro!" gritó uno de ellos, su voz rasposa.
Tn contuvo la respiración. Si la encontraban, ¿qué diría? ¿Cómo explicaría su presencia? ¿De dónde venía? La verdad sonaría a locura.
Los soldados pasaron cerca, sus botas golpeando la tierra. Tn los observó, sus ojos fijos en sus expresiones cansadas y determinadas. Eran los héroes que había admirado desde la seguridad de su pantalla. Y ahora, estaba entre ellos.
Cuando el último soldado desapareció de la vista, Tn exhaló lentamente. Su corazón seguía latiendo con fuerza, pero una nueva determinación comenzaba a formarse en su interior. No podía quedarse escondida para siempre. Necesitaba averiguar qué hacer.
Se puso de pie, su mirada recorriendo el horizonte. El Muro María se alzaba como una promesa de seguridad, pero también como un recordatorio de la inminente catástrofe. Tenía que llegar allí, o al menos a Shiganshina. Tenía que advertirles. Pero, ¿quién le creería?
De repente, un olor acre y familiar llegó a sus fosas nasales. El olor a azufre. Y luego, el temblor.
La tierra comenzó a vibrar, un sismo creciente que hizo que los árboles se balancearan. Tn se tambaleó, sus ojos se abrieron de par en par. Era el momento. El Colosal.
Miró hacia el muro, el pánico apoderándose de ella. No había tiempo para advertir a nadie. Solo tenía que correr.
Pero justo en ese instante, un destello verdoso llamó su atención. Provenía de un punto no muy lejano, entre los árboles. Tn, impulsada por una curiosidad que desafiaba la lógica, se movió hacia el origen del resplandor.
Lo que vio la dejó sin aliento.
Entre las sombras de los árboles, dos figuras estaban de pie, sus espaldas hacia ella. Una era más alta y musculosa, la otra un poco más baja y con el cabello rubio. Y el resplandor verdoso venía de sus manos.
No. No de sus manos. De sus ojos.
Eran Reiner y Bertolt.
Estaban allí, en el bosque, a punto de transformarse. Tn se quedó paralizada, el aliento atrapado en su garganta. Esto era aún más íntimo, más terrorífico de lo que había imaginado. Ver a los traidores, los responsables de tanta destrucción, en sus momentos finales antes de desatar el infierno.
Reiner, con el rostro contraído en una mueca de dolor y determinación, levantó su mano, y un rayo verde comenzó a crepitar a su alrededor. Bertolt, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, también sentía la inminente transformación. Las presiones de sus identidades, la carga de su misión, estaban a punto de explotar.
Tn sintió una punzada de compasión, a pesar de todo el daño que causarían. Eran niños soldados, víctimas de un sistema cruel. Pero esa compasión se vio rápidamente eclipsada por el terror y la urgencia.
Tenía que hacer algo. Cualquier cosa.
Sin pensarlo dos veces, Tn salió de su escondite. "¡No lo hagan!" gritó, su voz temblaba, pero era clara en el aire.
Ambos se giraron bruscamente, sus ojos fijos en ella, sorprendidos. Reiner, con su expresión endurecida, la miró con recelo. Bertolt, con un atisbo de miedo en sus ojos.
"¿Quién eres tú?" gruñó Reiner, su voz baja y amenazante. El resplandor verde a su alrededor se intensificó.
Tn levantó las manos, tratando de parecer lo menos amenazante posible. "Soy... soy de otro lugar. Vengo a advertirles. ¡Si hacen esto, causarán una destrucción inimaginable! ¡Morirán miles de personas inocentes!"
Reiner soltó una risa seca, sin humor. "Destrucción es lo que buscamos. Es nuestra misión." Sus ojos brillaron con una luz peligrosa. "No sé quién eres, pero te has metido en algo que no te incumbe."
"¡No lo entienden!" insistió Tn, sus ojos llenos de desesperación. "¡Esto no resolverá nada! ¡Solo generará más odio, más sufrimiento! ¡Conozco su historia! ¡Sé por qué lo hacen! ¡Pero hay otra manera!"
Bertolt, que había permanecido en silencio, la observó con una mezcla de curiosidad y cautela. La urgencia en la voz de Tn, la sinceridad en sus ojos, era inquietante.
"¿Qué sabes tú?" preguntó Bertolt, su voz apenas un susurro.
"Sé sobre Marley, sobre los eldianos, sobre el Rey Fritz, sobre el Titán Fundador y el Titán Martillo de Guerra", dijo Tn, soltando las palabras como una ráfaga. "Sé sobre el plan de los Guerreros para recuperar al Titán Fundador. Sé sobre Eren Jaeger."
El nombre de Eren hizo que Reiner se tensara, sus músculos se contrajeran. El resplandor verde parpadeó a su alrededor. "Estás mintiendo. ¿Cómo sabes todo esto?"
"Porque no soy de aquí", repitió Tn. "Mi mundo es diferente. Es un mundo donde la historia de ustedes es... es una historia. Sé cómo termina esto si no cambian de opinión. Sé que se arrepentirán. Sé que Reiner sufrirá una culpa insoportable. Sé que Bertolt... que Bertolt morirá."
Las últimas palabras cayeron como una losa. El rostro de Bertolt se puso pálido. Reiner, por un instante, vaciló. La mención de su culpa, de la muerte de Bertolt, golpeó una fibra sensible. Eran verdades que habían estado enterrando profundamente.
El temblor de la tierra se hizo más fuerte. El tiempo se acababa.
"¡No hay otra manera!" Reiner gritó, tratando de reafirmar su determinación. "¡Es la única forma de salvar a nuestra gente!"
"¡No lo es!" exclamó Tn, dando un paso adelante, a pesar del miedo que la paralizaba. "¡Hay que buscar la paz! ¡Hay que romper el ciclo de odio! ¡No pueden seguir el camino que les han marcado! ¡Son humanos, no solo armas!"
En ese momento, el suelo bajo sus pies se sacudió violentamente. Un estruendo ensordecedor resonó en el aire, y una columna de humo se elevó por encima del Muro María. El Colosal había aparecido.
Reiner y Bertolt se giraron, sus ojos fijos en la visión. La realidad de su misión, el momento de su traición, estaba sobre ellos.
"¡Es demasiado tarde!" gritó Reiner, la desesperación mezclada con la furia en su voz. "¡Ya ha empezado!"
Tn sintió una oleada de desesperación. Había fallado. Había llegado demasiado tarde.
Pero entonces, algo inesperado sucedió.
El portal por el que Tn había caído, que se había desvanecido, comenzó a reaparecer. Un remolino de colores y luces, más pequeño esta vez, se abrió a su lado, emitiendo un zumbido agudo.
"¡Es tu oportunidad!" gritó Tn, señalando el portal. "¡Puedes volver! ¡Puedes encontrar una manera diferente! ¡No tienes que hacer esto!"
Reiner miró el portal, luego a Bertolt, luego a Tn, y finalmente al humo que se elevaba del muro. Su mente estaba en un torbellino. La misión. La advertencia de Tn. La posibilidad de un camino diferente.
En ese instante de vacilación, el portal se expandió ligeramente. Era inestable, fluctuando, como si estuviera a punto de colapsar.
"¡Reiner, no podemos!" Bertolt dijo, la voz llena de pánico. "¡Tenemos que cumplir la misión!"
Pero Reiner estaba mirando a Tn, sus ojos fijos en la sinceridad de su expresión. "¿Conoces otra manera?" preguntó, su voz casi inaudible sobre el estruendo.
"¡Sí!" respondió Tn, con la esperanza encendiéndose en su pecho. "¡Pero no aquí! ¡No ahora! ¡Tenemos que salir de aquí!"
El portal, con un último parpadeo, se abrió un poco más.
De repente, una fuerza invisible los envolvió. No fue el portal en sí, sino algo más, algo que emanaba del propio mundo. Como si el tejido de la realidad se estuviera corrigiendo, intentando expulsar los elementos extraños.
Reiner y Bertolt sintieron un tirón innegable, una atracción hacia el portal. Sus cuerpos comenzaron a levantarse del suelo, sus ojos muy abiertos por la sorpresa.
"¡¿Qué está pasando?!" gritó Bertolt, forcejeando.
"¡El portal te está llevando!" gritó Tn, dándose cuenta. "¡Tienes que irte! ¡Es tu oportunidad!"
Reiner miró a Tn, una decisión formándose en sus ojos. Una decisión que desafiaba años de adoctrinamiento, años de sufrimiento. La posibilidad de un futuro diferente.
Con una última mirada al Muro María, a la columna de humo que ascendía, Reiner tomó la mano de Bertolt. "¡Vamos!" gritó, su voz llena de una nueva determinación.
El portal los absorbió. En un parpadeo de luz y sonido, Reiner y Bertolt desaparecieron, arrebatados de ese momento crucial, de esa realidad.
Tn se quedó sola en el claro, el eco del estruendo del Colosal resonando en el aire. La tierra seguía temblando, y el humo del muro se hacía cada vez más denso. Había evitado la primera catástrofe, o al menos, había alterado su curso. Pero, ¿a dónde habían ido? ¿Y qué significaba esto para el futuro?
Miró el lugar donde el portal había estado, ahora solo aire vacío. Las implicaciones de lo que acababa de suceder eran abrumadoras. Había secuestrado a Reiner y Bertolt del momento más importante de su historia. Había reescrito el pasado, y con ello, el futuro.
Un nuevo estruendo, esta vez más cercano, la sacó de sus pensamientos. El sonido de los cañones, los gritos de los soldados. La batalla había comenzado.
Tn se sintió débil, exhausta, pero una extraña sensación de propósito la invadió. Había hecho algo. Había intervenido. Y ahora, tenía que averiguar qué hacer a continuación en este mundo peligroso y desconocido.
Se puso de pie, sus ojos fijos en el Muro María. El sol pálido comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas. Era el final de un día, y el comienzo de otro. Un nuevo amanecer, uno lleno de incertidumbre, pero también de una tenue esperanza. La esperanza de que, tal vez, esta vez, las cosas podrían ser diferentes. Y ella, Tn, una chica de otro mundo, era ahora parte de ello.
El impacto fue brusco, pero amortiguado. No contra el duro hormigón que esperaba, sino contra algo blando y orgánico. Rodó, el aliento escapándose de sus pulmones en un jadeo, y sus ojos se abrieron para encontrarse con un cielo que no era el suyo. Un cielo plagado de nubes grises y amenazantes, un sol pálido y distante que no irradiaba calor.
Se levantó con dificultad, sintiendo un leve dolor en el tobillo. La ropa que llevaba puesta, una camiseta holgada y unos jeans, se sentía extrañamente fuera de lugar en este entorno. Miró a su alrededor, la confusión nublando su mente. Había caído en un claro, rodeado de árboles altos y frondosos que parecían sacados de un cuento de hadas oscuro. El aire era fresco y olía a tierra húmeda y pino, un aroma que le resultaba familiar y ajeno a la vez.
Pero no era el paisaje lo que le heló la sangre. Fue el sonido. Un murmullo distante, un coro de voces que se acercaban, y un estruendo metálico que resonaba con una regularidad inquietante. Y entonces, los vio.
A lo lejos, en la distancia, las imponentes murallas se alzaban, grises y solemnes. El Muro María. La visión hizo que el corazón de Tn diera un vuelco. No era posible. No podía ser. Esto tenía que ser un sueño, una alucinación inducida por la falta de sueño o quizás por la comida rápida caducada que cenó anoche.
Pero el olor a metal, el sudor de los caballos y el grito de una voz autoritaria que se acercaba eran demasiado reales para ser un sueño.
Se agachó instintivamente, escondiéndose detrás de un arbusto denso. Su mente corría a mil por hora, tratando de procesar lo que sus ojos veían. El Muro María. Los titanes. Esto solo podía significar una cosa. Había caído en el mundo de "Attack on Titan". Y por la ubicación, la proximidad al Muro María, y el inminente estruendo que sentía en la tierra, sabía exactamente en qué momento había llegado.
Justo antes de que el Colosal y el Acorazado hicieran su aparición.
La adrenalina bombeaba por sus venas, una mezcla de terror y una extraña excitación. Siempre había soñado con estar en este mundo, pero nunca de esta manera, tan de repente, tan desprovista de cualquier preparación. No tenía el Equipo de Maniobras Tridimensionales, ni cuchillas, ni el entrenamiento para luchar contra titanes. Era solo una persona común y corriente, lanzada a un mundo donde la supervivencia era una lucha constante.
El sonido de los caballos se hizo más fuerte, y Tn se pegó al suelo, tratando de hacerse lo más pequeña posible. Un grupo de soldados apareció a la vista, sus capas verdes ondeando con el viento. Eran miembros de la Legión de Reconocimiento, o quizás solo soldados estacionados cerca del muro. Pero sus uniformes eran inconfundibles.
"¡Rápido, antes de que anochezca! ¡Hay que revisar el perímetro!" gritó uno de ellos, su voz rasposa.
Tn contuvo la respiración. Si la encontraban, ¿qué diría? ¿Cómo explicaría su presencia? ¿De dónde venía? La verdad sonaría a locura.
Los soldados pasaron cerca, sus botas golpeando la tierra. Tn los observó, sus ojos fijos en sus expresiones cansadas y determinadas. Eran los héroes que había admirado desde la seguridad de su pantalla. Y ahora, estaba entre ellos.
Cuando el último soldado desapareció de la vista, Tn exhaló lentamente. Su corazón seguía latiendo con fuerza, pero una nueva determinación comenzaba a formarse en su interior. No podía quedarse escondida para siempre. Necesitaba averiguar qué hacer.
Se puso de pie, su mirada recorriendo el horizonte. El Muro María se alzaba como una promesa de seguridad, pero también como un recordatorio de la inminente catástrofe. Tenía que llegar allí, o al menos a Shiganshina. Tenía que advertirles. Pero, ¿quién le creería?
De repente, un olor acre y familiar llegó a sus fosas nasales. El olor a azufre. Y luego, el temblor.
La tierra comenzó a vibrar, un sismo creciente que hizo que los árboles se balancearan. Tn se tambaleó, sus ojos se abrieron de par en par. Era el momento. El Colosal.
Miró hacia el muro, el pánico apoderándose de ella. No había tiempo para advertir a nadie. Solo tenía que correr.
Pero justo en ese instante, un destello verdoso llamó su atención. Provenía de un punto no muy lejano, entre los árboles. Tn, impulsada por una curiosidad que desafiaba la lógica, se movió hacia el origen del resplandor.
Lo que vio la dejó sin aliento.
Entre las sombras de los árboles, dos figuras estaban de pie, sus espaldas hacia ella. Una era más alta y musculosa, la otra un poco más baja y con el cabello rubio. Y el resplandor verdoso venía de sus manos.
No. No de sus manos. De sus ojos.
Eran Reiner y Bertolt.
Estaban allí, en el bosque, a punto de transformarse. Tn se quedó paralizada, el aliento atrapado en su garganta. Esto era aún más íntimo, más terrorífico de lo que había imaginado. Ver a los traidores, los responsables de tanta destrucción, en sus momentos finales antes de desatar el infierno.
Reiner, con el rostro contraído en una mueca de dolor y determinación, levantó su mano, y un rayo verde comenzó a crepitar a su alrededor. Bertolt, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, también sentía la inminente transformación. Las presiones de sus identidades, la carga de su misión, estaban a punto de explotar.
Tn sintió una punzada de compasión, a pesar de todo el daño que causarían. Eran niños soldados, víctimas de un sistema cruel. Pero esa compasión se vio rápidamente eclipsada por el terror y la urgencia.
Tenía que hacer algo. Cualquier cosa.
Sin pensarlo dos veces, Tn salió de su escondite. "¡No lo hagan!" gritó, su voz temblaba, pero era clara en el aire.
Ambos se giraron bruscamente, sus ojos fijos en ella, sorprendidos. Reiner, con su expresión endurecida, la miró con recelo. Bertolt, con un atisbo de miedo en sus ojos.
"¿Quién eres tú?" gruñó Reiner, su voz baja y amenazante. El resplandor verde a su alrededor se intensificó.
Tn levantó las manos, tratando de parecer lo menos amenazante posible. "Soy... soy de otro lugar. Vengo a advertirles. ¡Si hacen esto, causarán una destrucción inimaginable! ¡Morirán miles de personas inocentes!"
Reiner soltó una risa seca, sin humor. "Destrucción es lo que buscamos. Es nuestra misión." Sus ojos brillaron con una luz peligrosa. "No sé quién eres, pero te has metido en algo que no te incumbe."
"¡No lo entienden!" insistió Tn, sus ojos llenos de desesperación. "¡Esto no resolverá nada! ¡Solo generará más odio, más sufrimiento! ¡Conozco su historia! ¡Sé por qué lo hacen! ¡Pero hay otra manera!"
Bertolt, que había permanecido en silencio, la observó con una mezcla de curiosidad y cautela. La urgencia en la voz de Tn, la sinceridad en sus ojos, era inquietante.
"¿Qué sabes tú?" preguntó Bertolt, su voz apenas un susurro.
"Sé sobre Marley, sobre los eldianos, sobre el Rey Fritz, sobre el Titán Fundador y el Titán Martillo de Guerra", dijo Tn, soltando las palabras como una ráfaga. "Sé sobre el plan de los Guerreros para recuperar al Titán Fundador. Sé sobre Eren Jaeger."
El nombre de Eren hizo que Reiner se tensara, sus músculos se contrajeran. El resplandor verde parpadeó a su alrededor. "Estás mintiendo. ¿Cómo sabes todo esto?"
"Porque no soy de aquí", repitió Tn. "Mi mundo es diferente. Es un mundo donde la historia de ustedes es... es una historia. Sé cómo termina esto si no cambian de opinión. Sé que se arrepentirán. Sé que Reiner sufrirá una culpa insoportable. Sé que Bertolt... que Bertolt morirá."
Las últimas palabras cayeron como una losa. El rostro de Bertolt se puso pálido. Reiner, por un instante, vaciló. La mención de su culpa, de la muerte de Bertolt, golpeó una fibra sensible. Eran verdades que habían estado enterrando profundamente.
El temblor de la tierra se hizo más fuerte. El tiempo se acababa.
"¡No hay otra manera!" Reiner gritó, tratando de reafirmar su determinación. "¡Es la única forma de salvar a nuestra gente!"
"¡No lo es!" exclamó Tn, dando un paso adelante, a pesar del miedo que la paralizaba. "¡Hay que buscar la paz! ¡Hay que romper el ciclo de odio! ¡No pueden seguir el camino que les han marcado! ¡Son humanos, no solo armas!"
En ese momento, el suelo bajo sus pies se sacudió violentamente. Un estruendo ensordecedor resonó en el aire, y una columna de humo se elevó por encima del Muro María. El Colosal había aparecido.
Reiner y Bertolt se giraron, sus ojos fijos en la visión. La realidad de su misión, el momento de su traición, estaba sobre ellos.
"¡Es demasiado tarde!" gritó Reiner, la desesperación mezclada con la furia en su voz. "¡Ya ha empezado!"
Tn sintió una oleada de desesperación. Había fallado. Había llegado demasiado tarde.
Pero entonces, algo inesperado sucedió.
El portal por el que Tn había caído, que se había desvanecido, comenzó a reaparecer. Un remolino de colores y luces, más pequeño esta vez, se abrió a su lado, emitiendo un zumbido agudo.
"¡Es tu oportunidad!" gritó Tn, señalando el portal. "¡Puedes volver! ¡Puedes encontrar una manera diferente! ¡No tienes que hacer esto!"
Reiner miró el portal, luego a Bertolt, luego a Tn, y finalmente al humo que se elevaba del muro. Su mente estaba en un torbellino. La misión. La advertencia de Tn. La posibilidad de un camino diferente.
En ese instante de vacilación, el portal se expandió ligeramente. Era inestable, fluctuando, como si estuviera a punto de colapsar.
"¡Reiner, no podemos!" Bertolt dijo, la voz llena de pánico. "¡Tenemos que cumplir la misión!"
Pero Reiner estaba mirando a Tn, sus ojos fijos en la sinceridad de su expresión. "¿Conoces otra manera?" preguntó, su voz casi inaudible sobre el estruendo.
"¡Sí!" respondió Tn, con la esperanza encendiéndose en su pecho. "¡Pero no aquí! ¡No ahora! ¡Tenemos que salir de aquí!"
El portal, con un último parpadeo, se abrió un poco más.
De repente, una fuerza invisible los envolvió. No fue el portal en sí, sino algo más, algo que emanaba del propio mundo. Como si el tejido de la realidad se estuviera corrigiendo, intentando expulsar los elementos extraños.
Reiner y Bertolt sintieron un tirón innegable, una atracción hacia el portal. Sus cuerpos comenzaron a levantarse del suelo, sus ojos muy abiertos por la sorpresa.
"¡¿Qué está pasando?!" gritó Bertolt, forcejeando.
"¡El portal te está llevando!" gritó Tn, dándose cuenta. "¡Tienes que irte! ¡Es tu oportunidad!"
Reiner miró a Tn, una decisión formándose en sus ojos. Una decisión que desafiaba años de adoctrinamiento, años de sufrimiento. La posibilidad de un futuro diferente.
Con una última mirada al Muro María, a la columna de humo que ascendía, Reiner tomó la mano de Bertolt. "¡Vamos!" gritó, su voz llena de una nueva determinación.
El portal los absorbió. En un parpadeo de luz y sonido, Reiner y Bertolt desaparecieron, arrebatados de ese momento crucial, de esa realidad.
Tn se quedó sola en el claro, el eco del estruendo del Colosal resonando en el aire. La tierra seguía temblando, y el humo del muro se hacía cada vez más denso. Había evitado la primera catástrofe, o al menos, había alterado su curso. Pero, ¿a dónde habían ido? ¿Y qué significaba esto para el futuro?
Miró el lugar donde el portal había estado, ahora solo aire vacío. Las implicaciones de lo que acababa de suceder eran abrumadoras. Había secuestrado a Reiner y Bertolt del momento más importante de su historia. Había reescrito el pasado, y con ello, el futuro.
Un nuevo estruendo, esta vez más cercano, la sacó de sus pensamientos. El sonido de los cañones, los gritos de los soldados. La batalla había comenzado.
Tn se sintió débil, exhausta, pero una extraña sensación de propósito la invadió. Había hecho algo. Había intervenido. Y ahora, tenía que averiguar qué hacer a continuación en este mundo peligroso y desconocido.
Se puso de pie, sus ojos fijos en el Muro María. El sol pálido comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas. Era el final de un día, y el comienzo de otro. Un nuevo amanecer, uno lleno de incertidumbre, pero también de una tenue esperanza. La esperanza de que, tal vez, esta vez, las cosas podrían ser diferentes. Y ella, Tn, una chica de otro mundo, era ahora parte de ello.
