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Tn cae de un portal antes de que Reiner y bertol se transformen en Titanes
Fandom: Tn x attack on titán
Criado: 17/01/2026
Tags
Isekai / Fantasia PortalAçãoAventuraDramaFicção CientíficaFantasiaMistérioDistopia
El Destino Tejido en un Suspiro
El aire se había vuelto denso, cargado con la tensión de una tormenta inminente que no era de lluvia, sino de sangre y acero. Frente a ellos, el Titán Colosal se alzaba como una montaña de carne humeante, su mero aliento una ráfaga que quemaba los pulmones y anunciaba el final de la paz precaria. Eren Jaeger, con su furia habitual chispeando en sus ojos, se preparaba para la batalla, sus espadas vibrando con anticipación. Mikasa Ackermann, la expresión pétrea, calculaba cada movimiento, cada posible trayectoria. Armin Arlert, con sus ojos azules llenos de una mezcla de terror y determinación, buscaba la estrategia, el punto débil.
Fue en ese instante, en el preciso segundo en que Bertolt Hoover comenzaría su lenta y agónica transformación, y Reiner Braun, el Titán Acorazado, se dispondría a desvelar su verdadera naturaleza, cuando el cielo se rasgó. No fue un trueno, ni el rugido de un titán, sino un sonido que desafiaba toda lógica conocida: el desgarramiento del tejido de la realidad misma.
Una fisura de luz púrpura y negra se abrió en el aire, pulsando como un corazón herido. De ella, no cayó un rayo, ni una roca, sino una figura. Una figura humana.
TN cayó sin gracia, su cuerpo girando en el aire como una hoja arrancada de su rama por un vendaval invisible. El impacto contra el suelo fue brutal, un eco seco que resonó incluso por encima del viento silbante y el vapor del Colosal. La fisura se cerró con un chasquido que hizo que los oídos de todos zumbasen, dejando solo el rastro de un leve olor a ozono y algo indescriptiblemente alienígena.
Los ojos de Eren se abrieron de par en par. Mikasa detuvo su avance, el filo de sus espadas brillando peligrosamente. Armin, con un jadeo ahogado, señaló con el dedo tembloroso a la figura inmóvil en el suelo.
TN.
El cuerpo de TN yacía inmóvil, rodeado por el polvo levantado por su propia caída. Llevaba una vestimenta extraña, de telas que no se conocían en las murallas, de corte moderno y colores que parecían sacados de un sueño. Un dispositivo brillante y complejo colgaba de su muñeca, y su cabello, de un color inusual, se esparcía por el suelo como un halo.
"¿Qué demonios…?" Eren murmuró, la adrenalina de la batalla momentáneamente eclipsada por la perplejidad.
Bertolt y Reiner, en el proceso de su transformación, quedaron paralizados. La sorpresa era un lujo que no podían permitirse, pero la aparición repentina e inexplicable de TN había congelado sus intenciones, aunque solo fuera por un instante. Incluso el Colosal pareció dudar, su respiración humeante momentáneamente en pausa.
En ese breve, pero eterno lapso, TN abrió los ojos. Eran de un color que nadie había visto antes en ese mundo, un matiz de [color de ojos de TN], y estaban llenos de confusión, dolor y, sobre todo, un terror abrumador. Su mirada se posó en el Titán Colosal, luego en el gigantesco Acorazado que Reiner estaba a punto de manifestar, y finalmente en los rostros de Eren, Mikasa y Armin, quienes la observaban con una mezcla de cautela y asombro.
Un gemido escapó de los labios de TN. No era de dolor físico, sino de una comprensión horrible que se apoderaba de su mente. Los titanes. Los personajes de su ficción. La realidad se había distorsionado de la manera más cruel y fantástica.
"No… esto no puede ser…" susurró TN, su voz ronca y apenas audible, en un idioma que ninguno de ellos entendía.
Pero la pausa duró poco. El tiempo en el campo de batalla es un tirano implacable. Reiner, recuperándose de la sorpresa, tomó la decisión. El plan debía continuar. La humanidad debía ser exterminada.
Un rayo de luz rojiza surgió de su cuerpo, y la carne de Reiner comenzó a desgarrarse y reconstruirse en la coraza impenetrable del Titán Acorazado. Al mismo tiempo, Bertolt, con una expresión de dolor y resolución, permitió que su cuerpo se disolviera en el vapor hirviente, dando paso al colosal esqueleto y músculos del Titán Colosal.
El estruendo de sus transformaciones fue ensordecedor. Las ondas de choque sacudieron el suelo, levantando escombros y polvo. TN gritó, no por el dolor de la caída, sino por la cruda y aterradora realidad que se materializaba ante sus ojos. El mundo de la ficción se había vuelto su pesadilla.
Eren, Mikasa y Armin se vieron obligados a retroceder, protegiéndose de la fuerza de las explosiones. Cuando el polvo comenzó a asentarse, la figura de TN ya no estaba en el suelo.
Un grito de sorpresa escapó de Eren.
TN estaba ahora suspendida en el aire, envuelta en un aura luminosa y pulsante que emanaba del dispositivo en su muñeca. No volaba, sino que flotaba, como si la gravedad ya no tuviera control sobre ella. Su rostro pálido estaba contraído en una mueca de agonía, sus ojos cerrados por la concentración o el dolor.
"¿Qué… qué está pasando?" preguntó Armin, su voz temblorosa.
Mikasa, siempre pragmática, activó su equipo de maniobras tridimensionales. "No lo sé, pero no es una amenaza. Parece estar sufriendo."
Eren, sin embargo, sintió una punzada de algo más. Una conexión extraña, una sensación de que esta persona, esta aparición imposible, no era un enemigo.
Mientras el Titán Colosal se preparaba para asestar un golpe devastador, y el Acorazado avanzaba con pasos pesados, TN abrió los ojos de nuevo. Esta vez, no había terror puro, sino una determinación forzada. Una energía se acumulaba a su alrededor, el aire crepitaba.
"¡No!" gritó TN, y esta vez, su voz fue clara, resonando con una fuerza que hizo temblar el aire. Y lo más impactante: ¡hablaba en perfecto español, un idioma que Eren y los demás entendían perfectamente!
Una onda de energía surgió de TN, no explosiva, sino de contención. Los titanes, en medio de su avance, se detuvieron. No por voluntad propia, sino como si una fuerza invisible los hubiera sujetado. Era como si el tiempo mismo se hubiera estirado, ralentizando sus movimientos hasta casi la inmovilidad. El Colosal, que estaba a punto de levantar su mano para destruir el muro, se quedó con el brazo a medio camino. El Acorazado, que se preparaba para embestir, se detuvo en seco.
Los ojos de Eren, Mikasa y Armin se abrieron de incredulidad. Habían visto muchas cosas imposibles, pero esto… esto era de otro mundo.
TN, con un esfuerzo visible que tensaba cada músculo de su cuerpo, mantuvo la contención. Su rostro estaba empapado en sudor, y la luz que la envolvía parpadeaba. El dispositivo en su muñeca emitía un zumbido agudo, y pequeñas chispas saltaban de él.
"No puedo… no puedo detenerlos por mucho tiempo…" jadeó TN, su mirada escudriñando el campo de batalla, buscando algo, alguna solución. "Necesito… necesito un lugar seguro… ¡antes de que me detecten!"
"¿Quién te detecte?" preguntó Eren, dando un paso adelante, sus espadas aún en guardia.
TN lo miró, sus ojos llenos de una desesperación abrumadora. "Los que me trajeron aquí. Los que controlan esto. Si me encuentran, será el fin."
De repente, la energía que contenía a los titanes parpadeó violentamente. El Titán Colosal rugió, un sonido que vibró en los huesos de todos. El Acorazado gruñó, sus músculos tensándose contra la fuerza invisible.
"¡Se están liberando!" gritó TN, un pánico evidente en su voz. "¡Necesito moverme! ¡Necesito…!"
En ese momento, el dispositivo en su muñeca emitió un destello cegador. Una nueva fisura, más pequeña pero igual de intensa, se abrió junto a TN. Esta vez, era de un color azul eléctrico.
"¡Rápido!" exclamó TN, extendiendo una mano hacia los tres soldados. "¡Entren! ¡Es una oportunidad!"
Eren, Mikasa y Armin se miraron. La lógica dictaba que era una locura. Entrar en una fisura espacial creada por una desconocida que acababa de caer del cielo. Pero la alternativa era enfrentarse a dos titanes cambiantes al mismo tiempo, sin la posibilidad de una estrategia clara. Y había algo en los ojos de TN, una sinceridad desesperada, que los impulsó.
"¡Eren, no!" gritó Mikasa, pero Eren ya había dado el primer paso. Impulsado por su instinto y una curiosidad inquebrantable, saltó hacia la fisura.
Mikasa, con un suspiro de resignación y lealtad, lo siguió sin dudar. Armin, con el corazón latiéndole en el pecho, se lanzó también, sabiendo que su lugar estaba con sus amigos.
TN, con un último esfuerzo, empujó la fisura para que los absorbiera, la energía que la envolvía fluctuando salvajemente. Justo cuando el último de ellos, Armin, cruzó el umbral, la fuerza que contenía a los titanes cedió por completo.
El Colosal, liberado, levantó su puño y lo estrelló contra el muro con una fuerza demoledora. El Acorazado embistió, rompiendo el resto de la puerta. El rugido de los titanes y el estruendo de la destrucción llenaron el aire.
Pero Eren, Mikasa y Armin ya no estaban allí.
La fisura se cerró con un chasquido, dejando solo el recuerdo de su presencia. La única evidencia de TN era el leve olor a ozono que persistía en el aire y la confusión en los ojos de Bertolt y Reiner, quienes no entendían lo que acababa de suceder. Su plan había sido interrumpido de la manera más extraña e inesperada. Los tres soldados más peligrosos para ellos habían desaparecido.
En el interior de la fisura, el mundo era una vorágine de colores y sensaciones. No había arriba ni abajo, solo una cascada de luz y sonido distorsionado. Eren sintió una presión inmensa, como si su cuerpo estuviera siendo estirado y comprimido al mismo tiempo. Mikasa se aferró a sus espadas, su rostro una máscara de concentración. Armin cerró los ojos, intentando procesar la irrealidad de la situación.
De repente, la sensación de movimiento cesó. La luz se estabilizó, y el sonido se normalizó.
Cayeron, aterrizando con un golpe sordo en una superficie blanda pero firme. El aire era diferente aquí, más cálido y con un leve aroma a tierra húmeda y algo floral.
Eren se levantó de un salto, sus ojos escudriñando el entorno. Estaban en un lugar desconocido. Un bosque. Pero no era un bosque como los de las murallas. Los árboles eran más altos, sus hojas de un verde más vibrante. La luz del sol se filtraba a través del dosel de manera diferente, creando un mosaico de sombras y claros.
A su lado, Mikasa se puso de pie, su mano ya en el mango de su espada. Armin se sentó, respirando con dificultad, su mente tratando de dar sentido a todo.
Yace en el suelo, a unos metros de ellos, estaba TN. Inmóvil, la luz que la había rodeado se había desvanecido, y el dispositivo en su muñeca estaba apagado. Su rostro estaba pálido, y su respiración era superficial.
Eren se acercó a ella, la preocupación eclipsando su habitual agresividad. "¡Oye! ¿Estás bien?"
TN abrió los ojos con dificultad. Su mirada se posó en Eren, y una pequeña, casi imperceptible, sonrisa apareció en sus labios.
"Lo logramos…" susurró, su voz débil. "Estamos… a salvo. Por ahora."
Mikasa se arrodilló junto a ella, su mirada evaluando el estado de TN. "Pareces herida. ¿Qué fue lo que hiciste?"
TN intentó sentarse, pero un gemido de dolor escapó de sus labios. "Usar… la energía de los portales… es agotador. Y el dispositivo… está sobrecargado." Señaló el artefacto en su muñeca, que ahora estaba agrietado y humeante. "Necesito… recargarme. Y repararlo."
Armin, recuperándose, miró a su alrededor. "Pero… ¿dónde estamos? ¿Y qué son esos titanes? ¿De dónde vienes tú?"
TN lo miró, sus ojos llenos de una tristeza profunda. "Es una larga historia, Armin. Una que ni siquiera yo entiendo del todo." Su mirada se dirigió a Eren. "Y esos 'titanes'… son la razón por la que tu mundo está en peligro. Y la razón por la que te necesitaba a ti… a ustedes."
Eren frunció el ceño. "¿Necesitarme a mí? ¿Para qué?"
TN cerró los ojos, un suspiro escapó de sus labios. "Para cambiar el destino. Para reescribir la historia." Abrió los ojos de nuevo, su mirada más intensa. "Porque ustedes, Eren Jaeger, Mikasa Ackermann, Armin Arlert… son la clave para salvar sus vidas. Y quizás… para salvar muchos más mundos."
El silencio se cernió sobre el pequeño claro en el bosque. El viento susurraba entre las hojas de los árboles desconocidos, llevando consigo el aroma de la aventura y lo inaudito. Eren, Mikasa y Armin, los soldados de la humanidad, ahora se encontraban en un lugar que desafiaba toda su comprensión, con una desconocida que hablaba de cambiar el destino y reescribir la historia.
El verdadero viaje, el que trascendía las murallas y los titanes, acababa de comenzar. Y con él, un futuro incierto, pero lleno de posibilidades, se desplegaba ante ellos, tejido en un suspiro de aire y el desgarro de la realidad.
Fue en ese instante, en el preciso segundo en que Bertolt Hoover comenzaría su lenta y agónica transformación, y Reiner Braun, el Titán Acorazado, se dispondría a desvelar su verdadera naturaleza, cuando el cielo se rasgó. No fue un trueno, ni el rugido de un titán, sino un sonido que desafiaba toda lógica conocida: el desgarramiento del tejido de la realidad misma.
Una fisura de luz púrpura y negra se abrió en el aire, pulsando como un corazón herido. De ella, no cayó un rayo, ni una roca, sino una figura. Una figura humana.
TN cayó sin gracia, su cuerpo girando en el aire como una hoja arrancada de su rama por un vendaval invisible. El impacto contra el suelo fue brutal, un eco seco que resonó incluso por encima del viento silbante y el vapor del Colosal. La fisura se cerró con un chasquido que hizo que los oídos de todos zumbasen, dejando solo el rastro de un leve olor a ozono y algo indescriptiblemente alienígena.
Los ojos de Eren se abrieron de par en par. Mikasa detuvo su avance, el filo de sus espadas brillando peligrosamente. Armin, con un jadeo ahogado, señaló con el dedo tembloroso a la figura inmóvil en el suelo.
TN.
El cuerpo de TN yacía inmóvil, rodeado por el polvo levantado por su propia caída. Llevaba una vestimenta extraña, de telas que no se conocían en las murallas, de corte moderno y colores que parecían sacados de un sueño. Un dispositivo brillante y complejo colgaba de su muñeca, y su cabello, de un color inusual, se esparcía por el suelo como un halo.
"¿Qué demonios…?" Eren murmuró, la adrenalina de la batalla momentáneamente eclipsada por la perplejidad.
Bertolt y Reiner, en el proceso de su transformación, quedaron paralizados. La sorpresa era un lujo que no podían permitirse, pero la aparición repentina e inexplicable de TN había congelado sus intenciones, aunque solo fuera por un instante. Incluso el Colosal pareció dudar, su respiración humeante momentáneamente en pausa.
En ese breve, pero eterno lapso, TN abrió los ojos. Eran de un color que nadie había visto antes en ese mundo, un matiz de [color de ojos de TN], y estaban llenos de confusión, dolor y, sobre todo, un terror abrumador. Su mirada se posó en el Titán Colosal, luego en el gigantesco Acorazado que Reiner estaba a punto de manifestar, y finalmente en los rostros de Eren, Mikasa y Armin, quienes la observaban con una mezcla de cautela y asombro.
Un gemido escapó de los labios de TN. No era de dolor físico, sino de una comprensión horrible que se apoderaba de su mente. Los titanes. Los personajes de su ficción. La realidad se había distorsionado de la manera más cruel y fantástica.
"No… esto no puede ser…" susurró TN, su voz ronca y apenas audible, en un idioma que ninguno de ellos entendía.
Pero la pausa duró poco. El tiempo en el campo de batalla es un tirano implacable. Reiner, recuperándose de la sorpresa, tomó la decisión. El plan debía continuar. La humanidad debía ser exterminada.
Un rayo de luz rojiza surgió de su cuerpo, y la carne de Reiner comenzó a desgarrarse y reconstruirse en la coraza impenetrable del Titán Acorazado. Al mismo tiempo, Bertolt, con una expresión de dolor y resolución, permitió que su cuerpo se disolviera en el vapor hirviente, dando paso al colosal esqueleto y músculos del Titán Colosal.
El estruendo de sus transformaciones fue ensordecedor. Las ondas de choque sacudieron el suelo, levantando escombros y polvo. TN gritó, no por el dolor de la caída, sino por la cruda y aterradora realidad que se materializaba ante sus ojos. El mundo de la ficción se había vuelto su pesadilla.
Eren, Mikasa y Armin se vieron obligados a retroceder, protegiéndose de la fuerza de las explosiones. Cuando el polvo comenzó a asentarse, la figura de TN ya no estaba en el suelo.
Un grito de sorpresa escapó de Eren.
TN estaba ahora suspendida en el aire, envuelta en un aura luminosa y pulsante que emanaba del dispositivo en su muñeca. No volaba, sino que flotaba, como si la gravedad ya no tuviera control sobre ella. Su rostro pálido estaba contraído en una mueca de agonía, sus ojos cerrados por la concentración o el dolor.
"¿Qué… qué está pasando?" preguntó Armin, su voz temblorosa.
Mikasa, siempre pragmática, activó su equipo de maniobras tridimensionales. "No lo sé, pero no es una amenaza. Parece estar sufriendo."
Eren, sin embargo, sintió una punzada de algo más. Una conexión extraña, una sensación de que esta persona, esta aparición imposible, no era un enemigo.
Mientras el Titán Colosal se preparaba para asestar un golpe devastador, y el Acorazado avanzaba con pasos pesados, TN abrió los ojos de nuevo. Esta vez, no había terror puro, sino una determinación forzada. Una energía se acumulaba a su alrededor, el aire crepitaba.
"¡No!" gritó TN, y esta vez, su voz fue clara, resonando con una fuerza que hizo temblar el aire. Y lo más impactante: ¡hablaba en perfecto español, un idioma que Eren y los demás entendían perfectamente!
Una onda de energía surgió de TN, no explosiva, sino de contención. Los titanes, en medio de su avance, se detuvieron. No por voluntad propia, sino como si una fuerza invisible los hubiera sujetado. Era como si el tiempo mismo se hubiera estirado, ralentizando sus movimientos hasta casi la inmovilidad. El Colosal, que estaba a punto de levantar su mano para destruir el muro, se quedó con el brazo a medio camino. El Acorazado, que se preparaba para embestir, se detuvo en seco.
Los ojos de Eren, Mikasa y Armin se abrieron de incredulidad. Habían visto muchas cosas imposibles, pero esto… esto era de otro mundo.
TN, con un esfuerzo visible que tensaba cada músculo de su cuerpo, mantuvo la contención. Su rostro estaba empapado en sudor, y la luz que la envolvía parpadeaba. El dispositivo en su muñeca emitía un zumbido agudo, y pequeñas chispas saltaban de él.
"No puedo… no puedo detenerlos por mucho tiempo…" jadeó TN, su mirada escudriñando el campo de batalla, buscando algo, alguna solución. "Necesito… necesito un lugar seguro… ¡antes de que me detecten!"
"¿Quién te detecte?" preguntó Eren, dando un paso adelante, sus espadas aún en guardia.
TN lo miró, sus ojos llenos de una desesperación abrumadora. "Los que me trajeron aquí. Los que controlan esto. Si me encuentran, será el fin."
De repente, la energía que contenía a los titanes parpadeó violentamente. El Titán Colosal rugió, un sonido que vibró en los huesos de todos. El Acorazado gruñó, sus músculos tensándose contra la fuerza invisible.
"¡Se están liberando!" gritó TN, un pánico evidente en su voz. "¡Necesito moverme! ¡Necesito…!"
En ese momento, el dispositivo en su muñeca emitió un destello cegador. Una nueva fisura, más pequeña pero igual de intensa, se abrió junto a TN. Esta vez, era de un color azul eléctrico.
"¡Rápido!" exclamó TN, extendiendo una mano hacia los tres soldados. "¡Entren! ¡Es una oportunidad!"
Eren, Mikasa y Armin se miraron. La lógica dictaba que era una locura. Entrar en una fisura espacial creada por una desconocida que acababa de caer del cielo. Pero la alternativa era enfrentarse a dos titanes cambiantes al mismo tiempo, sin la posibilidad de una estrategia clara. Y había algo en los ojos de TN, una sinceridad desesperada, que los impulsó.
"¡Eren, no!" gritó Mikasa, pero Eren ya había dado el primer paso. Impulsado por su instinto y una curiosidad inquebrantable, saltó hacia la fisura.
Mikasa, con un suspiro de resignación y lealtad, lo siguió sin dudar. Armin, con el corazón latiéndole en el pecho, se lanzó también, sabiendo que su lugar estaba con sus amigos.
TN, con un último esfuerzo, empujó la fisura para que los absorbiera, la energía que la envolvía fluctuando salvajemente. Justo cuando el último de ellos, Armin, cruzó el umbral, la fuerza que contenía a los titanes cedió por completo.
El Colosal, liberado, levantó su puño y lo estrelló contra el muro con una fuerza demoledora. El Acorazado embistió, rompiendo el resto de la puerta. El rugido de los titanes y el estruendo de la destrucción llenaron el aire.
Pero Eren, Mikasa y Armin ya no estaban allí.
La fisura se cerró con un chasquido, dejando solo el recuerdo de su presencia. La única evidencia de TN era el leve olor a ozono que persistía en el aire y la confusión en los ojos de Bertolt y Reiner, quienes no entendían lo que acababa de suceder. Su plan había sido interrumpido de la manera más extraña e inesperada. Los tres soldados más peligrosos para ellos habían desaparecido.
En el interior de la fisura, el mundo era una vorágine de colores y sensaciones. No había arriba ni abajo, solo una cascada de luz y sonido distorsionado. Eren sintió una presión inmensa, como si su cuerpo estuviera siendo estirado y comprimido al mismo tiempo. Mikasa se aferró a sus espadas, su rostro una máscara de concentración. Armin cerró los ojos, intentando procesar la irrealidad de la situación.
De repente, la sensación de movimiento cesó. La luz se estabilizó, y el sonido se normalizó.
Cayeron, aterrizando con un golpe sordo en una superficie blanda pero firme. El aire era diferente aquí, más cálido y con un leve aroma a tierra húmeda y algo floral.
Eren se levantó de un salto, sus ojos escudriñando el entorno. Estaban en un lugar desconocido. Un bosque. Pero no era un bosque como los de las murallas. Los árboles eran más altos, sus hojas de un verde más vibrante. La luz del sol se filtraba a través del dosel de manera diferente, creando un mosaico de sombras y claros.
A su lado, Mikasa se puso de pie, su mano ya en el mango de su espada. Armin se sentó, respirando con dificultad, su mente tratando de dar sentido a todo.
Yace en el suelo, a unos metros de ellos, estaba TN. Inmóvil, la luz que la había rodeado se había desvanecido, y el dispositivo en su muñeca estaba apagado. Su rostro estaba pálido, y su respiración era superficial.
Eren se acercó a ella, la preocupación eclipsando su habitual agresividad. "¡Oye! ¿Estás bien?"
TN abrió los ojos con dificultad. Su mirada se posó en Eren, y una pequeña, casi imperceptible, sonrisa apareció en sus labios.
"Lo logramos…" susurró, su voz débil. "Estamos… a salvo. Por ahora."
Mikasa se arrodilló junto a ella, su mirada evaluando el estado de TN. "Pareces herida. ¿Qué fue lo que hiciste?"
TN intentó sentarse, pero un gemido de dolor escapó de sus labios. "Usar… la energía de los portales… es agotador. Y el dispositivo… está sobrecargado." Señaló el artefacto en su muñeca, que ahora estaba agrietado y humeante. "Necesito… recargarme. Y repararlo."
Armin, recuperándose, miró a su alrededor. "Pero… ¿dónde estamos? ¿Y qué son esos titanes? ¿De dónde vienes tú?"
TN lo miró, sus ojos llenos de una tristeza profunda. "Es una larga historia, Armin. Una que ni siquiera yo entiendo del todo." Su mirada se dirigió a Eren. "Y esos 'titanes'… son la razón por la que tu mundo está en peligro. Y la razón por la que te necesitaba a ti… a ustedes."
Eren frunció el ceño. "¿Necesitarme a mí? ¿Para qué?"
TN cerró los ojos, un suspiro escapó de sus labios. "Para cambiar el destino. Para reescribir la historia." Abrió los ojos de nuevo, su mirada más intensa. "Porque ustedes, Eren Jaeger, Mikasa Ackermann, Armin Arlert… son la clave para salvar sus vidas. Y quizás… para salvar muchos más mundos."
El silencio se cernió sobre el pequeño claro en el bosque. El viento susurraba entre las hojas de los árboles desconocidos, llevando consigo el aroma de la aventura y lo inaudito. Eren, Mikasa y Armin, los soldados de la humanidad, ahora se encontraban en un lugar que desafiaba toda su comprensión, con una desconocida que hablaba de cambiar el destino y reescribir la historia.
El verdadero viaje, el que trascendía las murallas y los titanes, acababa de comenzar. Y con él, un futuro incierto, pero lleno de posibilidades, se desplegaba ante ellos, tejido en un suspiro de aire y el desgarro de la realidad.
